Josué-Alfonso


| Entre el arte y las leyes / Abogado de profesión artista de corazón |
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| Written by Josué-Alfonso |
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Canto, Baile y Suspiro Si los árboles cantan Cantando los árboles © Josué Alfonso
*** Haciendo el Amor a la Romántica
Por Josué Alfonso Mi amiga me preguntó Imagínate Imagínate Entonces Imagínate entonces Soltando una carcajada Así La noche Nuestros cuerpos Buscaría entonces Te diría entonces Me besarías La noche entonces Sería entonces Seríamos amantes entonces © Josué Alfonso. *** El Polvo de tu Recuerdo Por Josué Alfonso
El Viento travieso será más que el polvo de tu recuerdo. © Josué Alfonso
*** Fragancia de Mujer Bonita
Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia de Mujer bonita: Fragancia Tu Fragancia. © Josué Alfonso
*** Viento Negro
Por Josué Alfonso
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Misterios Tuyos La distancia que nos separa Pasando así la noche —platicando con la distancia— reí a carcajadas al darme cuenta yo que sé tan poco de ti: ¿Frunces tu frente cuando te enojas? ¿Sientes cosquillas en la espalda o en los pies? ¿Estornudas una, dos o cinco veces? ¿Saltas o gritas cuando te asustan? Tantos misterios tuyos © Josué Alfonso *** Sonrisas y Palabras Una sonrisa tras otra después un momento y muchas sonrisas más. Una palabra tras otra y después de un instante silencio y una mirada. Instante tras instante momento tras momento sonrisas y palabras y después un recuerdo al no vernos más. © Josué Alfonso Pan Tostado en la Mañana Huele a pan tostado la casa Parece que ya amaneció: La música de la Mañana danza con la Luz del nuevo día bailando todo aquello con la fragancia seductora del almuerzo que la Mujer de la casa está preparando. Me levanto y medio dormido me llevan mis pasos —y mi nariz— tras el olor —hipnotisante— del pan tostado. Encuentro al fín —greñuda y medio dormida— a la Mujer de la casa y con un beso en la mejilla (pues no me he lavado los dientes) le digo: “Buenos días mi amor deja que yo haga el cafecito”. © Josué Alfonso *** Bailando Contigo Por Josué Alfonso
Que bonita eres Parece como si fueras un sol Nuestras niñas bailan como tú y me cobijan con sus cariños (así como tú lo haces). Cuando bailan pisando mis pies te imagino a ti —cariño mío— chiquita y latosa pidiéndome que ya te toca tu turno para bailar conmigo también. © Josué Alfonso *** Rosas Blancas Por Josué Alfonso Pensé mandarte rosas rojas Entonces me acordé de aquella ancianita que vive por la cascada camino rumbo a la ciudad. Recordé que un día pasando por ahí de carrera me fijé que en su casa tenía un jardín de rosas. Acudí a buscarla y la encontré. Su jardín lucía con rosas de todos colores: rojas, rosas, blancas, amarillas y de muchos colores más que ya no me acuerdo. Mas antes de pedirle por tus rosas rojas viéndome ella en los ojos con voz que resonaba a viento y tiempo me preguntó: "¿y tú muchacho la amas?" No sé qué pasó entonces. Se me vino a la mente tu rostro y tu sonrisa. Sentí en el pecho tu ausencia. Me quede estupefacto. Frente a la mirada de la anciana no pude decir nada ni sonreír tan siquiera. Sólo mis ojos hablaban brillantes con las tres o cuatro lágrimas que de mi pecho brotaban. Aquella viejecita linda sonriente —como toda una mujer— con un fuerte y tierno abrazo al instante me dijo al oído: "Lleva entonces estas rosas blancas pero al entregárselas sólo mírala no digas nada. Y ahora vete que estoy ocupada". No sé cuánto tiempo © Josué Alfonso. *** ![]() El Colibrí Chismoso Caminando por el parque Me contó Escuchando al colibrí aquel © Josué Alfonso Cuando los Niños Sonríen Cuando los niños sonríen La sonrisa de los niños Sonriendo los niños Los niños ríen Sí. Cuando los niños sonríen © Josué Alfonso
*** El problema es cuando sus amigas se burlan de Rodrigo, el "ilegal".
Se llama "Mónika", y aunque nació en Phoenix, Arizona, se pasa pensando en qué va a pasar con sus papás que nacieron en México. Cuando tenía tres años pensaba que su papá era el más bueno del mundo. Ahora que cumplió siete años, no sabe qué pensar. Está confundida. Sus amigas en la escuela le hacen burla a un niño que no tiene "papeles". Vino de México hace poco, y no sabe nada de inglés, pero es muy bueno para la aritmética. Se llama Rodrigo. Las amigas de Mónika dicen que Rodrigo es un ilegal. Mónika no entiende muy bien, pero de todas maneras defiende a su amigo. Y siempre que calla a sus amigas, se acuerda de su papá. El papá de Mónika nació en Mérida, Yucatán. Terminó la carrera de arquitecto, pero los trabajos en su tierra eran muy pocos, y aún teniéndolos, pagaban aún menos. Por eso buscó fortuna y se vino a Estados Unidos. Estaba recién casado con Cecilia. En plan de aventura, se vinieron y saltaron el cerco internacional. Ellos dicen que Dios fue bueno con ellos, pues cruzaron sin ningún problema: "Como si anduviera en mi casa", diría después la mamá de Mónika. Cuando nació Mónika, su papá trabajaba en un "Filiberto’s" preparando la comida. Es un restaurant de comida México-Americana. Él estaba feliz, pues al fin ganaba para mantener a su esposa y mandarles dinero a sus papás en México. Su esposa, "Cecy", estaba también contenta pues su esposo también ayudaba a los papás de ella mandándoles dinero cada cuando que podía. Mónika sabe de todo esto, y aunque no lo entiende, todo con su mente de niña de siete años, su corazón se lo explica. Sus abuelos tienen necesidad, y entiende que aquí en Estados Unidos hay manera de ayudarlos. Lo qué no entiende es por qué es tan "malo" eso de no tener "papeles", eso de ser "ilegal". Sus amigas le gritan a Rodrigo: "Fuchi, ilegal"; y aunque al principio le daba risa también, pensando en su padre, a Mónika, terminó por darle coraje cada vez que sus amigas decían eso. Sabe que Rodrigo es inteligente, así como ella, y que sabe más de matemáticas que aún los niños más grandes. A pesar que no habla inglés, siempre anda contento, y siempre ayuda a Mónika cuando ella no entiende algún problema de aritmética. Pero es ilegal. Confundida, Mónika piensa en su padre. Como arquitecto, es también muy bueno para las cuentas. Siempre anda también contento y la ayuda en su tarea cada vez que se lo pide. Su mami, Cecy, lo cuida con fervor, siempre diciéndole a Mónika que si algún día falta ella, que se haga cargo de él. No toma, ni fuma. Todos los fines de semana saca a la familia a pasear, si se puede. Van al cine, o a comer, o al parque. Y si no hay dinero para salir, por lo menos rentan una película para verla todos juntos en la sala de la casa. Tienen una casa que compraron recientemente. Es de tres recámaras y un cuarto familiar. Con sacrificios juntaron para el enganche de la casa, y ahora están pagando casi $700.00 al mes. Los papás de Mónika están muy contentos. Mónika también es feliz. El problema es cuando sus amigas se burlan de Rodrigo, el "ilegal". Ella no sabe qué hacer. Le pide a Dios ayuda. Le pregunta a su maestra que por qué hay gente "ilegal" y gente "legal’. Le pregunta a su papá que cuando va a agarrar papeles de inmigración. Le dice a su mamá que la quiere aún si no tiene “papeles". Todas las noches se duerme rogándole a Dios que mande los papeles para que sus papás ya no sean "ilegales”. A veces llora, cuando se acuerda de Rodrigo, y se da cuenta que sus papás son como él. Así amaneció también hoy la niña, pensando en la migra: pensando que pudieran llegar sin aviso alguno y llevarse a sus papás por ser "ilegales"; pensando en su amigo Rodrigo—el que la ayuda con su tarea de aritmética—y que tampoco él o sus padres tienen papeles; pensando que son tantos los niños como Rodrigo, o tantos los papás como los de ella: "ILEGALES". Así amaneció la niña, pensando en la migra; y como van las cosas, van a ser muchas las mañanas que amanezca así, confundida con el ¿por qué es "malo" no tener papeles, por qué el no tener "papeles" es razón que le arrebaten a uno de sus seres queridos, de su trabajo, de su casa, del fruto de su esfuerzo, todo por no tener papeles? Así amanecen miles y miles de niños todos los días; como Monika, confundidos con la ley que hace del no tener papeles casi un crimen, o aún mas…
Me Gusta Ver tus Manos
Yo Así Con certeza agilidosa Preparado todo © Josué Alfonso
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POESÍA DE JOSUÉ-ALFONSO Fragancia de Mujer Bonita Cuando nos Besamos Nuestros besos Son Cuando te beso Un Desayuno Sabroso Despertando Bien despiertos los dos Mojados entonces
La mañana me sabe El parque Buscando tus ojos © Josué Alfonso Muñoz
Pero pasaron más de tres meses. Fueron casi 10 meses antes que recibieran una llamada notificación de aprobación.
Enamorado sin papeles Luis no lo podía creer. Amy era la Mujer más linda e inteligente que había conocido—aparte de su Madre—y ahora le acababa de decir que ella también lo quería tanto como él le había dicho que la amaba. Tenían poco más de un mes de conocerse, y los dos no habían dejado de hablarse por teléfono todos los días desde aquel primer encuentro. Siempre había pensado él que algún día se enamoraría con una mujer con quien soñara pasar el resto de sus días, pero nunca pensó que no sería una mujer mexicana como él; nunca se imaginó que sería una "gabacha", una "gringa", una "güera" y con ojos azules con quien buscara sus más íntimas ilusiones. Nunca se lo imaginó así, pero así fue. Habló con sus padres a México, y ellos se pusieron tan contentos como él. —Me quiero casar—les dijo. Ellos, después de preguntarle si realmente la amaba, le dieron todo el respaldo que necesita un hijo de sus padres. Así, hicieron planes. Amy y Luis se iban a casar un 14 de Febrero. Pensaron al principio que casarse en tal fecha era un poco cursi, pero luego no les importo lo que dijeran las demás gentes. Al fin y al cabo, era su boda, su momento esperado en la vida. Y así fue. A pesar que sus padres no pudieron venir de México, se casaron. Tuvieron su luna de miel en Las Vegas, y regresando, empezaron el resto de sus vidas dichosos de hacerlo al lado el uno del otro. Pero había un detalle, Luis no tenía papeles; Luis era—como dicen los ignorantes—un "ilegal". Cuando Amy se dio cuenta, no se preocupó. Le dijo a Luis que ella—como ciudadana de Estados Unidos—tramitaría el papeleo necesario para que él pudiera estar en el país legalmente, y poder trabajar sin ningún cuidado. Él, escuchándola, no se preocupó tampoco, confiando en su palabra, confiando en el cariño que se tenían los dos. Buscaron en el Internet las formas a llenar para que Luis arreglara papeles. Estuvieron en el sitio web de la migra, luego en varios sitios de abogados. Por fin, más o menos entendieron lo que tenían que hacer. Llenaron una tal forma I-130, o petición para un "alien relative". Mandaron la cantidad requerida en dólares, con una foto de ella y una foto de él, junto con una copia del acta de nacimiento de ella y del acta de matrimonio de ambos. Después de dos semanas, inmigración les mando un recibo de la solicitud, informándoles que tomaría unos tres meses para recibir una respuesta sobre el trámite. Pero pasaron más de tres meses. Fueron casi 10 meses antes que recibieran una llamada notificación de aprobación. Alegres de recibirla, leyeron la carta, que decía que sus documentos serían llevados a un lugar denominado el "centro nacional de visas", de dónde recibirían noticia de cómo seguir con sus trámites. Esperaron... Finalmente, llegó un paquete de documentos para pedir una cita en el consulado Americano del país de Luis; en este caso, Ciudad Juárez, Chihuahua, México. El paquete exigía que se demostrara que Luis no se convertiría en una "carga pública" si entraba a Estados Unidos legalmente. Para eso, tenía que documentar que Amy—o un conocido ciudadano o residente legal del país—ganaban lo suficiente para no ser "pobres". Afortunadamente, Amy ganaba más de lo requerido, su profesión era en el campo de la medicina, era Doctora. Mandaron así todo lo que les pedían. Tres meses después, llego la ansiada cita. Ansiosos, llegaron a Ciudad Juárez cinco días antes del día. Luis se tomó los análisis médicos, pagando todo como es debido. Amy llevó toda la documentación sobre su trabajo, segura que podría mostrar sus ingresos. Hasta compraron ropa nueva, de vestir, para que vieran la importancia que le daban a la cita ante el cónsul. Y así, se presentaron... Al principio, todo parecía bien. No había antecedentes penales. No había antecedentes con inmigración. No había razón de pensar que fuera a ser carga pública. Pero luego le preguntaron a Luis: ¿Y cuanto tiempo tiene viviendo en Estados Unidos? Ansioso, pensando que la verdad era la mejor defensa, Luis hablo con lo que era: llegó a Estados Unidos hacía más de diez años; su vida sin documentos era ya cuestión de varios años; no lo negaba. Entonces ocurrió algo que ni Luis ni su esposa—la Gringa—Amy, imaginaban podría ocurrir, les fue negada la solicitud para arreglar papeles, la "green card" de Luis. Pero ¿por qué? se preguntaban ellos al salir del consulado norteamericano de Ciudad Juárez. ¿Por qué? El papel que les habían entregado solo decía: "usted necesita pedir un perdón, si quiere arreglar, por haber estado ilegalmente en Estado Unidos por más de seis meses". Decía además, que de no calificar para tal perdón, tendría que esperar diez años más, antes de poder entrar legalmente al país. Viendo esto, Luis y Amy se miraron en los ojos. Sin decirse nada, decidieron la ruta que tenían que seguir. Decidieron seguir aquello que la ley les prohibía, pero que su amor les clamaba: sigan adelante, mujer y hombre juntos, aunque las leyes de los hombres se los prohíba. Y así fue... Hoy, así como Luis y Amy, hay miles de parejas que—enamoradas o no—violan las leyes migratorias de Estados Unidos, porque tales leyes no les dan otra alternativa: son ilegales, porque así la ley lo pide... © Josué Alfonso Muñoz
Ahora mismo, personas que cometen errores también se les está desterrando sin importar si tienen familias o si han cambiando. Inmigración: Leyes sin Corazón Por Josué-Alfonso Muñoz S. Se habla y se escucha mucho sobre las leyes de inmigración en Estados Unidos. En la televisión nos presentan reportajes de propuestas para renovar la llamada ley "245i"; en la radio escuchamos a llamados expertos debatiendo la posibilidad de una nueva legalización o "regularización" de personas indocumentadas; en los periódicos leemos las promesas hechas por políticos a hispanos, sobre todo ahora que se acercan las elecciónes federales. Sí, se habla y escucha mucho sobre leyes de inmigración, pero realmente se entiende poco de dónde provienen estos reglamentos, y cómo es que nos afectan a nosotros como miembros de las comunidades inmigrantes de Estados Unidos. ¿Quién escribe estas leyes? ¿Bajo que autoridad lo hacen? ¿Cómo se determina si una ley migratoria está fuera de lo permitido al violar los derechos más básicos y humanos de los inmigrantes? La respuesta nos lleva primero a la constitución de los Estados Unidos. En ella, el congreso de la unión tiene la autoridad plenaria y total de redactar leyes con respecto a la ciudadanía del país. Por lo tanto, de tal autoridad se deriva el poder para hacer disposiciones que afectan a las personas que no siendo ciudadanos del país, están presentes aquí: los inmigrantes, tanto con documentos como sin documentos. El congreso escribe dichos estatutos que determinan quién puede entrar y vivir en el país, y bajo qué circunstancias. Esta autoridad completa no se puede cuestionar más que en un número muy limitado de casos. A diferencia de otros tipos de legislaciones—como las leyes que afectan el derecho a votar o de libre expresión—los mandatos redactados por el congreso con respecto a inmigración pueden justificarse siempre y cuando se pueda mostrar que se relacionan de una manera lógica a un fin legítimo del gobierno. Por ejemplo, prohibir el empleo a personas indocumentadas se justifica legalmente porque su propósito—según el congreso de la unión—es el de proteger los trabajos de aquellas personas que se encuentran "legalmente" en el país. Sea cierto o no—es lógico pensar así—es suficiente para que tal ley sea considerada dentro de lo que la constitución permite al congreso elaborar. Es por esto que códigos que exigen la deportación de una persona que ha cometido cierto tipo de delitos se les considera constitucionales. Aún si la persona es un residente legal, con muchos años en el país, con esposa e hijos ciudadanos, con propiedades, con negocios propios, si se comete cierto tipo de crimen, las leyes migratorias indican que tiene que salir del país deportado, punto. En estos casos, no hay "perdón", no hay excepciones. Si yo soy residente legal, y cometo un error de este tipo (como los ciudadanos también lo podemos hacer), no tengo derecho a apelar o a exigir que me den otra oportunidad. Aún si ya pagué mi crimen con cárcel y multas, no importa. Sí, tal ley migratoria decreta mi expulsión del país, así tiene que ser, pues el congreso que la redactó tiene el poder plenario, y total para pasar tal ley, siendo así constitucional y completamente legal si tiene una relación lógica a un propósito legítimo del gobierno. Hemos visto casos de personas que cometieron errores hace muchos años, y que aún habiendo pagado por estos han sido repatriados por consecuencia de las leyes migratorias. Ahora mismo, personas que cometen errores también se les está desterrando sin importar si tienen familias o si han cambiando. Y ¿por qué? Pues los estatutos que exigen tales deportaciones se justifican porque es una manera de librar al país de personas que han cometido crímenes. El propósito es de tener menos "criminales" dentro del país, y tal ley lógicamente sirve para llevar a cabo tal fin. Sea cierto o no, tal ley es constitucional. La trágica conclusión, entonces, es que las leyes migratorias de los Estados Unidos no tienen corazón. No tienen corazón pues ante estos decretos, nuestros derechos humanos más básicos no cuentan. Bajo las ordenanzas migratorias, si soy indocumentado no tengo el derecho humano a trabajar. Bajos estas reglas, si soy detenido—con o sin documentos—y acusado de ciertos delitos, no tengo el derecho básico a consultar con un abogado o a un trámite justo ante un tribunal. Según estas medidas, si soy deportado por cierto tipos de crímenes, nunca puedo regresar legalmente a Estados Unidos, nunca más puedo regresar a ver a mis hijos o a mis padres, y si lo hago ilegalmente, tal hecho se considera otro crimen—una felonía——que puede ser duramente castigada por la ley. Bajo las leyes migratorias de Estados Unidos muchas veces los inmigrantes podemos ser considerados menos que seres humanos. Este es el talón de Aquiles de la constitución de este gran país en el cual vivimos. Las injusticias más grandes que se están cometiendo con nuestras familias son justificadas de una manera superficial y legalista, de una manera fría y ciega, de una manera inhumana y cruel. Los inmigrantes, con y sin documentos, somos tan humanos como los que nacimos aquí; pero la ley nos puede tratar peor que a criminales si así se le antoja al congreso de la unión. Esta es la cruda realidad de las leyes migratorias que tanto se escuchan en los medios de comunicación, y entre nosotros mismos. © Josué Alfonso Muñoz S. 2009 ***Abogado de profesión, de corazón, artista. |