Josué-Alfonso

Entre el arte y las leyes / Abogado de profesión artista de corazón PDF Print E-mail
Written by Josué-Alfonso   

 

 

 

 

 

Canto, Baile y Suspiro

Si los árboles cantan
y las hojas bailan
el mar y el cielo suspiran:
Dios cierra los ojos y sonríe
Los niños revientan en alegría
Las mujeres se mecen con sus pasos
Los hombres tiemblan ante Dios
y
los ancianos encuentran su juventud.

Cantando los árboles
y bailando las hojas
el mundo entero suspira
mientras que los recuerdos
se olvidan
y se hacen nuevos.

© Josué Alfonso

 

 

***

 Haciendo el Amor a la Romántica

Por Josué Alfonso

Mi amiga me preguntó
—descaradamente—
¿Cómo hacen el amor
los poetas?
Yo
—creyéndome poeta—
la miré en los ojos
y le dije:

Imagínate
mis manos buscando las tuyas
rozando tu piel
—casi sin tocarla—
tomándolas
—cual flor fragante—
con la ternura de un suspiro
para llevarlas
al roce de mis labios.

Imagínate
el sonido de mi voz
cantando tu nombre
al borde de tu oído
mordiendo suavemente así
—sin aviso alguno—
tu cuello
y tus labios.

Entonces
tomando tu cintura
llevaría tu pecho
al sentir de mi corazón palpitante
Emocionado
por la certeza
de aquel momento:
Besando tus ojos
Besando tus mejillas
Besando la punta de tu nariz
Y sintiendo muy cerca
—como un manto de seda transparente—
tu cuerpo
y tu ser entero.

Imagínate entonces
tu corazón palpitante
y tus manos
buscando
—ciegamente
pero certeras—
los botones de mi camisa
y el sentir de mi pecho desnudo.

Soltando una carcajada
murmuraría entre besos
que te esperaras
corriendo al estéreo
para poner un disco de Lara
(o tal vez el Bolero de Ravel)
regresando así
al aposento de nuestro encuentro
y nuestro abrazo.

Así
tomaría posesión
de tu ser entero
Al tanto que
todo lo que soy
te rendiría
en amable tributo
mi ser entero
como hombre.

La noche
La tarde
La mañana
—o lo que fuera—
tomaría posesión
de aquel instante
entre nosotros.

Nuestros cuerpos
desnudos
se encontrarían
cual agua fresca
conociendo
—por vez primera—
el sabor salado
del mar y sus olas.

Buscaría entonces
yo
la fuente de tu deseo
y con un beso
—y el suspiro
de mis sueños—
entraría
en la confianza
de tu sentir
y tus ilusiones.

Te diría entonces
que te quiero
—que eres
la chispa
de mi cariño—
y sin darme cuenta
recorrería
el manto de tu cuerpo entero
con la fragancia y el suspiro
de mi inocente deseo
cantando
—al son
de nuestro encuentro—
los momentos y las horas
de aquello que llamamos
"nosotros".

Me besarías
Te besaría
Mi sexo buscaría
el sentir de tu sexo
Y apasionados así
llegaríamos al éxtasis
una
dos
tres veces o más.

La noche entonces
se haría madrugada
y nosotros
haríamos de eso
otro momento
para que
la piel de nuestros cuerpos
yaciera satisfecha
con el calor y el abrigo
del amanecer.

Sería entonces
yo
tu amante:
Un ser
cuya huella
resaltara
en tu ser
como
el rocío de las flores en la mañana
como
el tinte de los cielos al atardecer
como
el suspiro de un encuentro inesperado
al anochecer.

Seríamos amantes entonces
—sin freno—
—sin condición—
—sin excusa—
solamente
amándonos
porque
simplemente
nacería
de nuestros pechos
aquello
que los enamorados llaman
"Amor".

© Josué Alfonso.

*** 

El Polvo de tu Recuerdo

 Por Josué Alfonso

 

El Viento travieso
—con siluetas y destreza amplia—
me ha traído
el polvo de tu recuerdo:
Cual súbito torbellino
aturdiendo mis sentidos...

Metiéndose
en mis oídos
(escuchando tu voz)
Metiéndose
en mis ojos
(contemplando tu sonrisa)
Metiéndose
en mi boca
(acariciando tus labios)
Metiéndose
en mi nariz
(respirando tu fragancia).

Rasgando
el tacto de mi piel
con la ternura
de la flor que fue nuestro amor
y que
ahora
yace marchita
bajo el manto
de lo que nunca más

será

más que

el polvo de tu recuerdo.

© Josué Alfonso

 

 

***

Fragancia de Mujer Bonita
Por Josué Alfonso 


 
Fragancia de Mujer bonita:
Cuál murmullo en el vientre de una Madre
que aún sin haber nacido
escucha y ama.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál niña infante
que sonriendo en los brazos de su Padre
ilumina los rostros de aquellos que la miran.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál chiquilla escolar
que jugando encantados a la hora del recreo
defiende al más pequeño
del grandulón y sus trampas.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál niña casi adolescente
que cuidando a sus hermanas y hermanitos
suspira con el sueño de pronto llegar a ser mujer.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál quinceañera casi niña
que sin darse cuenta cómo y cuando
dejó la casa de sus Padres
para vivir con un hombre.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál Madre joven y tierna
que hallándose sola y olvidada
a la hora del parto
clama a Dios mil gracias
por la fragancia de su recién nacido.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál mujer en su flor
que soñando todavía
con la presencia y cariño del padre de sus hijos
amanece solitaria
después de una noche en llanto.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál digna dama
que sintiendo los golpes
de aquel quien dijo amarla
se despide y sin dudarlo
toma nuevo rumbo con sus hijos.

Fragancia de Mujer bonita:
Cuál silueta femenina
que incansable y con esmero intachable
sacrifica todo
en el ímpetu para proveerle a sus hijos.
Fragancia de Mujer bonita:
Cuál musa solitaria
que al llegar la noche
y el sueño de sus hijos
siente el frío abrazo de la soledad y la añoranza.

Fragancia
Fragancia tuya
Fragancia que inspira
Fragancia que tiñe y protege
Fragancia que alegra
Fragancia que consuela
Fragancia que anima y motiva
Fragancia que fortalece
Fragancia de Mujer
Fragancia de Mujer bonita:

Tu Fragancia.

© Josué Alfonso

 

***

Viento Negro

Por Josué Alfonso


Viento negro:
Cual manto de nieve
frío
que congela mis ilusiones
tornándolas
en áridos y secos
arbustos
que pronto se queman
en súbita llamarada
cuyo humo
me ahoga
e intoxica mi mente
elevándome así
a la fría cima
de mis ilusiones perdidas
y mis sueños olvidados.
 
Viento negro:
Cual tundra muerta
que congela
mi sentir por Dios
tornándome
en bobo vagabundo
errante, ciego y hediondo:
Viento negro:
helada brisa
que entorpece mi mente
y apesta mi alma misma
con el aroma de mi pudriente ser
que ya no lucha
más ha muerto en vida.
 
Viento negro:
estupefacto sentir
que cerrando mis ojos
y ensordeciendo mis oídos
da a luz
al abortado sentir
de una ilusa felicidad
dejándome así
con la negra realidad
que pudiendo haber sido feliz
no lo soy
porque así lo he decidido.
 
Viento negro...
mi Pecado.
 
© Josué Alfonso


 

 

***

 

 Misterios Tuyos
Por Josué Alfonso

La distancia que nos separa
me platicó la otra noche
y me contó varios muchos
de los detalles tuyos
que para mí
son un misterio:
La silueta de tus labios
cuando comes
La posición de tus dedos
cuando escribes
El movimiento de tus brazos
cuando caminas.

Pasando así la noche
—platicando con la distancia—
reí a carcajadas
al darme cuenta yo
que sé tan poco de ti:
¿Frunces tu frente cuando te enojas?
¿Sientes cosquillas en la espalda o en los pies?
¿Estornudas una, dos o cinco veces?
¿Saltas o gritas cuando te asustan?

Tantos misterios tuyos
Tantos detalles de la vida cotidiana
Tuyos
ajenos a mí
tan lejos
en la distancia.

© Josué Alfonso

 
*** 
 
 Sonrisas y Palabras
 
Una sonrisa tras otra
después un momento
y muchas sonrisas más.
 
Una palabra tras otra
y después de un instante
silencio
y una mirada.
 
Instante tras instante
momento tras momento
sonrisas y palabras
y después
un recuerdo
al no vernos más.
 
© Josué Alfonso
Pan Tostado en la Mañana

Huele a pan tostado la casa
Parece que ya amaneció:
La música de la Mañana
danza
con la Luz del nuevo día
bailando todo aquello
con la fragancia seductora
del almuerzo
que la Mujer de la casa
está preparando.

Me levanto
y medio dormido
me llevan mis pasos
 —y mi nariz—
tras el olor
—hipnotisante—
del pan tostado.

Encuentro al fín
—greñuda
y medio dormida—
a la Mujer de la casa
y con un beso en la mejilla
(pues no me he lavado los dientes)
le digo:
“Buenos días
mi amor
deja que yo
haga el cafecito”.

© Josué Alfonso

 
***
Bailando Contigo
Por Josué Alfonso

Que bonita eres
cuando bailas conmigo:
Yo
maleta 
con dos pies zurdos
Y tú
 —mi Amor—
con la música adentro
haciendo fiestas del ritmo.

Parece como si fueras un sol
y yo un planeta lejano
tratando de seguir tus pasos
y yo
cojeando detrás.

Nuestras niñas
bailan como tú
y me cobijan
con sus cariños
(así como tú lo haces).
Cuando bailan
pisando mis pies
te imagino a ti
 —cariño mío—
chiquita y latosa
pidiéndome que ya te toca
tu turno
para bailar conmigo
también.
© Josué Alfonso
***
 
 Rosas Blancas
Por Josué Alfonso

Pensé mandarte rosas rojas
pero por más que busqué
no había
no las encontraban
o no me las quisieron vender
(tengo mala fama en mi pueblo).

Entonces me acordé
de aquella ancianita
que vive por la cascada
camino rumbo a la ciudad.
Recordé que un día
pasando por ahí de carrera
me fijé que en su casa tenía
un jardín de rosas.

 
Acudí a buscarla
y la encontré.

Su jardín lucía
con rosas de todos colores:
rojas, rosas, blancas, amarillas
y de muchos colores más
que ya no me acuerdo.
Mas antes de pedirle
por tus rosas rojas
viéndome ella en los ojos
con voz que resonaba
a viento y tiempo
me preguntó:
"¿y tú
muchacho
la amas?"

No sé qué pasó entonces.
Se me vino a la mente
tu rostro y tu sonrisa.
Sentí en el pecho
tu ausencia.

Me quede estupefacto.

Frente a la mirada de la anciana
no pude decir nada
ni sonreír tan siquiera.
Sólo mis ojos hablaban
brillantes
con las tres o cuatro lágrimas
que de mi pecho brotaban.
Aquella viejecita linda
sonriente
—como toda una mujer—
con un fuerte y tierno abrazo
al instante me dijo al oído:
"Lleva entonces
estas rosas blancas
pero al entregárselas
sólo mírala
 no digas nada. Y ahora vete
que estoy ocupada".

No sé cuánto tiempo
he caminado
Pero ahora estoy
frente a la puerta de tu casa
hablando solo
(contigo)
esperando
que abras la puerta
para entregarte
las rosas blancas
del jardín de aquella anciana
quien me dijo
que al ofrecértelas
no te dijera
que te amo...

© Josué Alfonso.
*** 
 
 El Colibrí Chismoso

Caminando por el parque
en la mañana
un colibrí colorado
—y con el pecho amarillo—
me dio varias vueltas volando
para acercarse así a mi oído
y contarme un chisme de ti:

Me contó
—cantándome al oído—
que en las mañanas
recuerdas mi sonrisa
que en las tardes
escuchas mi voz
y que en las noches
sueñas con mi mirada.

Escuchando al colibrí aquel
—con el pecho amarillo
y colorado—
solté la carcajada
para luego decirle:
"Mentiroso...
al que le pasa todo eso
¡es a mí!

© Josué Alfonso

 Cuando los Niños Sonríen

Cuando los niños sonríen
los ángeles cantan
y sonriendo también
suspiran.

La sonrisa de los niños
ilumina el cielo entero
como el sol por la mañana
o como la luna y las estrellas
al anochecer.

Sonriendo los niños
juegan y sueñan
saltan y cantan
y los ángeles
corren y bailan con ellos
y el Cielo entero
sonríe.

Los niños ríen
y sin darnos cuenta nosotros
traen agarrados
de sus manos pequeñitas
a los ángeles del Cielo.

Sí.

Cuando los niños sonríen
la voz del Cielo
canta y se escucha
--cual canción de cuna--
sobre la faz de la Tierra.

© Josué Alfonso

 


*** 
El problema es cuando sus amigas se burlan de Rodrigo, el "ilegal".




Otro Sueño Americano
Por Josué-Alfonso Muñoz


La niña amaneció pensando en la migra.

Se llama "Mónika", y aunque nació en Phoenix, Arizona, se pasa pensando en qué va a pasar con sus papás que nacieron en México.  Cuando tenía tres años pensaba que su papá era el más bueno del mundo. Ahora que cumplió siete años, no sabe qué pensar.

Está confundida.

Sus amigas en la escuela le hacen burla a un niño que no tiene "papeles". Vino de México hace poco, y no sabe nada de inglés, pero es muy bueno para la aritmética. Se llama Rodrigo.

Las amigas de Mónika dicen que Rodrigo es un ilegal. Mónika no entiende muy bien, pero de todas maneras defiende a su amigo. Y siempre que calla a sus amigas, se acuerda de su papá.

El papá de Mónika nació en Mérida, Yucatán. Terminó la carrera de arquitecto, pero los trabajos en su tierra eran muy pocos, y aún teniéndolos, pagaban aún menos. Por eso buscó fortuna y se vino a Estados Unidos.

Estaba recién casado con Cecilia. En plan de aventura, se vinieron y saltaron el cerco internacional. Ellos dicen que Dios fue bueno con ellos, pues cruzaron sin ningún problema: "Como si anduviera en mi casa", diría después la mamá de Mónika.

Cuando nació Mónika, su papá trabajaba en un "Filiberto’s" preparando la comida. Es un restaurant de comida México-Americana. Él estaba feliz, pues al fin ganaba para mantener a su esposa y mandarles dinero a sus papás en México. Su esposa, "Cecy", estaba también contenta pues su esposo también ayudaba a los papás de ella mandándoles dinero cada cuando que podía.

Mónika sabe de todo esto, y aunque no lo entiende, todo con su mente de niña de siete años, su corazón se lo explica. Sus abuelos tienen necesidad, y entiende que aquí en Estados Unidos hay manera de ayudarlos. Lo qué no entiende es por qué es tan "malo" eso de no tener "papeles", eso de ser "ilegal".  Sus amigas le gritan a Rodrigo: "Fuchi, ilegal"; y aunque al principio le daba risa también, pensando en su padre, a Mónika, terminó por darle coraje cada vez que sus amigas decían eso. Sabe que Rodrigo es inteligente, así como ella, y que sabe más de matemáticas que aún los niños más grandes. A pesar que no habla inglés, siempre anda contento, y siempre ayuda a Mónika cuando ella no entiende algún problema de aritmética.

Pero es ilegal.

Confundida, Mónika piensa en su padre. Como arquitecto, es también muy bueno para las cuentas. Siempre anda también contento y la ayuda en su tarea cada vez que se lo pide. Su mami, Cecy, lo cuida con fervor, siempre diciéndole a Mónika que si algún día falta ella, que se haga cargo de él. No toma, ni fuma. Todos los fines de semana saca a la familia a pasear, si se puede. Van al cine, o a comer, o al parque. Y si no hay dinero para salir, por lo menos rentan una película para verla todos juntos en la sala de la casa.  Tienen una casa que compraron recientemente. Es de tres recámaras y un cuarto familiar. Con sacrificios juntaron para el enganche de la casa, y ahora están pagando casi $700.00 al mes. Los papás de Mónika están muy contentos.

Mónika también es feliz.

El problema es cuando sus amigas se burlan de Rodrigo, el "ilegal".

Ella no sabe qué hacer. Le pide a Dios ayuda. Le pregunta a su maestra que por qué hay gente "ilegal" y gente "legal’. Le pregunta a su papá que cuando va a agarrar papeles de inmigración. Le dice a su mamá que la quiere aún si no tiene “papeles". Todas las noches se duerme rogándole a Dios que mande los papeles para que sus papás ya no sean "ilegales”.  A veces llora, cuando se acuerda de Rodrigo, y se da cuenta que sus papás son como él.

Así amaneció también hoy la niña, pensando en la migra: pensando que pudieran llegar sin aviso alguno y llevarse a sus papás por ser "ilegales"; pensando en su amigo Rodrigo—el que la ayuda con su tarea de aritmética—y que tampoco él o sus padres tienen papeles; pensando que son tantos los niños como Rodrigo, o tantos los papás como los de ella: "ILEGALES".

Así amaneció la niña, pensando en la migra; y como van las cosas, van a ser muchas las mañanas que amanezca así, confundida con el ¿por qué es "malo" no tener papeles, por qué el no tener "papeles" es razón que le arrebaten a uno de sus seres queridos, de su trabajo, de su casa, del fruto de su esfuerzo, todo por no tener papeles?

Así amanecen miles y miles de niños todos los días; como Monika, confundidos con la ley que hace del no tener papeles casi un crimen, o aún mas…

© Josué-Alfonso Muñoz S
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Me Gusta Ver tus Manos
Por Josué Alfonso


Cuando los niños tienen hambre
y andamos de carrera
(o con un poco de flojera
para cocinar)
me gusta ver tus manos
preparando sandwishes
(o “emparedados”)
para los chiquillos.

Yo
saco los ingredientes:
De la alacena
la barra de pan de trigo
los platos
vasos
y servilletas
(para poner la mesa).
Del refrigerador
busco
las carnes frías
la mayonesa
catsup
y mostaza
(y para los que les gusta
los chilitos jalapeños).

Así
al instante
contemplo tus manos
absorto
(sin darme cuenta
del barullo de los niños):

Con certeza agilidosa
bailan en movimiento
tus dos manos:
De izquierda a derecha
de derecha a izquierda
(y visceversa y medio)
se coordinan tus manos
para llevar y traer
los ingredientes:
untando
colocando
agregando
—aquí y allá—
hasta que al fín
su creación es un sandwish.

Preparado todo
y llamando a los hijos
te das cuenta
que te contemplo y sonrío.
Y preguntándome qué pasa
te respondo:
“Me gusta ver tus manos
preparando sandwishes
(o ‘emparedados’)
para los chiquillos”.

© Josué Alfonso

 

 

***

 

POESÍA DE JOSUÉ-ALFONSO

Fragancia de Mujer Bonita

 

 Cuando nos Besamos

Nuestros besos
son
cual chispas celestes
bajo el cielo marino
durante la noche de Invierno
junto al calor de una hoguera
y el rugir de las olas.

Son
 —nuestros besos—
traviesas caricias
que buscan y encuentran
ternura y anhelos
que emanan
alegría
y mucha paz.

Cuando te beso
y me besas
somos nosotros
momento e instante
que inspira  y expresa
versos mil y canciones
resonantes a ilusiones
y a murmullos que claman:
“gracias…Dios”.

  Un Desayuno Sabroso

Despertando
preparé un cafecito
para luego caminar
de la cocina al cuarto
y despertándote
ofrecerte una tacita
de aquella bebida sagrada.

Bien despiertos los dos
fue la siguiente aventura
 —nuestra—
caminar por la playa
y a carcajadas
jugar con las olas marinas.

Mojados entonces
 —y llenos de arena también—
regresamos
al punto de nuestra partida
para así
buscar el lecho de nuestros hijos
y hacerles
un desayuno sabroso.


Caminando en la Mañana

La mañana me sabe
a tu sonrisa
y una taza de café
(aunque
en ocasión
es un jugo de naranja).

El parque
resuena
al canto de las aves
y nuestros pasos
(y nuestras voces)
todo
bajo el manto
de la luz de mañanita
y la brisa fresca
jugando
con tu cabello
y el rocío
en las hojas de los árboles.

Buscando tus ojos
me hecho a correr
y al darle otra vuelta juntos al parque
(después de carcajada y media)
regresamos a casa.

 © Josué Alfonso Muñoz
 

   

 

Pero pasaron más de tres meses. Fueron casi 10 meses antes que recibieran una llamada notificación de aprobación.

Enamorado sin papeles
Un relato
Por Josué Alfonso Muñoz S.

Luis no lo podía creer.

Amy era la Mujer más linda e inteligente que había conocido—aparte de su Madre—y ahora le acababa de decir que ella también lo quería tanto como él le había dicho que la amaba.  Tenían poco más de un mes de conocerse, y los dos no habían dejado de hablarse por teléfono todos los días desde aquel primer encuentro. Siempre había pensado él que algún día se enamoraría con una mujer con quien soñara pasar el resto de sus días, pero nunca pensó que no sería una mujer mexicana como él; nunca se imaginó que sería una "gabacha", una "gringa", una "güera" y con ojos azules con quien buscara sus más íntimas ilusiones. Nunca se lo imaginó así, pero así fue.  Habló con sus padres a México, y ellos se pusieron tan contentos como él.

—Me quiero casar—les dijo. Ellos, después de preguntarle si realmente la amaba, le dieron todo el respaldo que necesita un hijo de sus padres.

Así, hicieron planes.

Amy y Luis se iban a casar un 14 de Febrero. Pensaron al principio que casarse en tal fecha era un poco cursi, pero luego no les importo lo que dijeran las demás gentes. Al fin y al cabo, era su boda, su momento esperado en la vida.

Y así fue. A pesar que sus padres no pudieron venir de México, se casaron. Tuvieron su luna de miel en Las Vegas, y regresando, empezaron el resto de sus vidas dichosos de hacerlo al lado el uno del otro.

Pero había un detalle, Luis no tenía papeles; Luis era—como dicen los ignorantes—un "ilegal".  Cuando Amy se dio cuenta, no se preocupó. Le dijo a Luis que ella—como ciudadana de Estados Unidos—tramitaría el papeleo necesario para que él pudiera estar en el país legalmente, y poder trabajar sin ningún cuidado.  Él, escuchándola, no se preocupó tampoco, confiando en su palabra, confiando en el cariño que se tenían los dos.

Buscaron en el Internet las formas a llenar para que Luis arreglara papeles. Estuvieron en el sitio web de la migra, luego en varios sitios de abogados.  Por fin, más o menos entendieron lo que tenían que hacer.

Llenaron una tal forma I-130, o petición para un "alien relative". Mandaron la cantidad requerida en dólares, con una foto de ella y una foto de él,  junto con una copia del acta de nacimiento de ella y del acta de matrimonio de ambos. Después de dos semanas, inmigración les mando un recibo de la solicitud, informándoles que tomaría unos tres meses para recibir una respuesta sobre el trámite.

Pero pasaron más de tres meses. Fueron casi 10 meses antes que recibieran una llamada notificación de aprobación.

Alegres de recibirla, leyeron la carta, que decía que sus documentos serían llevados a un lugar denominado el "centro nacional de visas", de dónde recibirían noticia de cómo seguir con sus trámites.

Esperaron...

Finalmente, llegó un paquete de documentos para pedir una cita en el consulado Americano del país de Luis; en este caso, Ciudad Juárez, Chihuahua, México. El paquete exigía que se demostrara que Luis no se convertiría en una "carga pública" si entraba a Estados Unidos legalmente. Para eso, tenía que documentar que Amy—o un conocido ciudadano o residente legal del país—ganaban lo suficiente para no ser "pobres".

Afortunadamente, Amy ganaba más de lo requerido, su profesión era en el campo de la medicina, era Doctora.

Mandaron así todo lo que les pedían.

Tres meses después, llego la ansiada cita.

Ansiosos, llegaron a Ciudad Juárez cinco días antes del día. Luis se tomó los análisis médicos, pagando todo como es debido. Amy llevó toda la documentación sobre su trabajo, segura que podría mostrar sus ingresos. Hasta compraron ropa nueva, de vestir, para que vieran la importancia que le daban a la cita ante el cónsul.

Y así, se presentaron...

Al principio, todo parecía bien. No había antecedentes penales. No había antecedentes con inmigración. No había razón de pensar que fuera a ser carga pública.  Pero luego le preguntaron a Luis: ¿Y cuanto tiempo tiene viviendo en Estados Unidos?

Ansioso, pensando que la verdad era la mejor defensa, Luis hablo con lo que era: llegó a Estados Unidos hacía más de diez años; su vida sin documentos era ya cuestión de varios años; no lo negaba.

Entonces ocurrió algo que ni Luis ni su esposa—la Gringa—Amy, imaginaban podría ocurrir, les fue negada la solicitud para arreglar papeles, la "green card" de Luis.

Pero ¿por qué? se preguntaban ellos al salir del consulado norteamericano de Ciudad Juárez. ¿Por qué?

El papel que les habían entregado solo decía: "usted necesita pedir un perdón, si quiere arreglar, por haber estado ilegalmente en Estado Unidos por más de seis meses". Decía además, que de no calificar para tal perdón, tendría que esperar diez años más, antes de poder entrar legalmente al país.

Viendo esto, Luis y Amy se miraron en los ojos. Sin decirse nada, decidieron la ruta que tenían que seguir. Decidieron seguir aquello que la ley les prohibía, pero que su amor les clamaba: sigan adelante, mujer y hombre juntos, aunque las leyes de los hombres se los prohíba. Y así fue...

Hoy, así como Luis y Amy, hay miles de parejas que—enamoradas o no—violan las leyes migratorias de Estados Unidos, porque tales leyes no les dan otra alternativa: son ilegales, porque así la ley lo pide...
 

© Josué Alfonso Muñoz

 


 

 

 


 

 

 

Ahora mismo, personas que cometen errores también se les está desterrando sin importar si tienen familias o si han cambiando.

 

Inmigración: Leyes sin Corazón

Por Josué-Alfonso Muñoz S.

Se habla y se escucha mucho sobre las leyes de inmigración en Estados Unidos. En la televisión nos presentan reportajes de propuestas para renovar la llamada ley "245i"; en la radio escuchamos a llamados expertos debatiendo la posibilidad de una nueva legalización o "regularización" de personas indocumentadas; en los periódicos leemos las promesas hechas por políticos a hispanos, sobre todo ahora que se acercan las elecciónes federales. Sí, se habla y escucha mucho sobre leyes de inmigración, pero realmente se entiende poco de dónde provienen estos reglamentos, y cómo es que nos afectan a nosotros como miembros de las comunidades inmigrantes de Estados Unidos.

¿Quién escribe estas leyes? ¿Bajo que autoridad lo hacen? ¿Cómo se determina si una ley migratoria está fuera de lo permitido al violar los derechos más básicos y humanos de los inmigrantes?

La respuesta nos lleva primero a la constitución de los Estados Unidos. En ella, el congreso de la unión tiene la autoridad plenaria y total de redactar leyes con respecto a la ciudadanía del país. Por lo tanto, de tal autoridad se deriva el poder para hacer disposiciones que afectan a las personas que no siendo ciudadanos del país, están presentes aquí: los inmigrantes, tanto con documentos como sin documentos. El congreso escribe dichos estatutos que determinan quién puede entrar y vivir en el país, y bajo qué circunstancias. Esta autoridad completa no se puede cuestionar más que en un número muy limitado de casos.

A diferencia de otros tipos de legislaciones—como las leyes que afectan el derecho a votar o de libre expresión—los mandatos redactados por el congreso con respecto a inmigración pueden justificarse siempre y cuando se pueda mostrar que se relacionan de una manera lógica a un fin legítimo del gobierno. Por ejemplo, prohibir el empleo a personas indocumentadas se justifica legalmente porque su propósito—según el congreso de la unión—es el de proteger los trabajos de aquellas personas que se encuentran "legalmente" en el país. Sea cierto o no—es lógico pensar así—es suficiente para que tal ley sea considerada dentro de lo que la constitución permite al congreso elaborar.

Es por esto que códigos que exigen la deportación de una persona que ha cometido cierto tipo de delitos se les considera constitucionales. Aún si la persona es un residente legal, con muchos años en el país, con esposa e hijos ciudadanos, con propiedades, con negocios propios, si se comete cierto tipo de crimen, las leyes migratorias indican que tiene que salir del país deportado, punto. En estos casos, no hay "perdón", no hay excepciones. Si yo soy residente legal, y cometo un error de este tipo (como los ciudadanos también lo podemos hacer), no tengo derecho a apelar o a exigir que me den otra oportunidad. Aún si ya pagué mi crimen con cárcel y multas, no importa. Sí, tal ley migratoria decreta mi expulsión del país, así tiene que ser, pues el congreso que la redactó tiene el poder plenario, y total para pasar tal ley, siendo así constitucional y completamente legal si tiene una relación lógica a un propósito legítimo del gobierno.

Hemos visto casos de personas que cometieron errores hace muchos años, y que aún habiendo pagado por estos han sido repatriados por consecuencia de las leyes migratorias. Ahora mismo, personas que cometen errores también se les está desterrando sin importar si tienen familias o si han cambiando. Y ¿por qué? Pues los estatutos que exigen tales deportaciones se justifican porque es una manera de librar al país de personas que han cometido crímenes. El propósito es de tener menos "criminales" dentro del país, y tal ley lógicamente sirve para llevar a cabo tal fin. Sea cierto o no, tal ley es constitucional.

La trágica conclusión, entonces, es que las leyes migratorias de los Estados Unidos no tienen corazón. No tienen corazón pues ante estos decretos, nuestros derechos humanos más básicos no cuentan. Bajo las ordenanzas migratorias, si soy indocumentado no tengo el derecho humano a trabajar. Bajos estas reglas, si soy detenido—con o sin documentos—y acusado de ciertos delitos, no tengo el derecho básico a consultar con un abogado o a un trámite justo ante un tribunal. Según estas medidas, si soy deportado por cierto tipos de crímenes, nunca puedo regresar legalmente a Estados Unidos, nunca más puedo regresar a ver a mis hijos o a mis padres, y si lo hago ilegalmente, tal hecho se considera otro crimen—una felonía——que puede ser duramente castigada por la ley.

Bajo las leyes migratorias de Estados Unidos muchas veces los inmigrantes podemos ser considerados menos que seres humanos. Este es el talón de Aquiles de la constitución de este gran país en el cual vivimos. Las injusticias más grandes que se están cometiendo con nuestras familias son justificadas de una manera superficial y legalista, de una manera fría y ciega, de una manera inhumana y cruel. Los inmigrantes, con y sin documentos, somos tan humanos como los que nacimos aquí; pero la ley nos puede tratar peor que a criminales si así se le antoja al congreso de la unión. Esta es la cruda realidad de las leyes migratorias que tanto se escuchan en los medios de comunicación, y entre nosotros mismos.

© Josué Alfonso Muñoz S. 2009

***Abogado de profesión, de corazón, artista.