Miguel Ángel Avilés Castro

EL DIVÁN / SAN ANTONIO DE JUÁREZ Print E-mail
Written by Miguel Ángel Avilés Castro (Hermosillo, Sonora, México)   

 Al otro día, apenas clareando,  se fue derechito al patio y, no lo vas a creer, pero si el Rafa hubiera estado ahí don Lupercio lo agarra a besos: y es que aquello que sus ojos veían le significaban la perfección, el encargo deseado, la armonía artesanal insuperable.


SAN ANTONIO DE JUÁREZ

Por Miguel Ángel Avilés/Jesús Salvador Manríquez

Ese pueblo de curvas y de cuestas había de guardar para siempre en su memoria el legado de aquel hombre de perseverante hechura como lo fue Don Lupercio Manríquez  y Manríquez.
    
Desde la gasolinera  que está  a la entrada se pueden ver unas calles  apacibles que invitan a recorrerlas cuando uno pasa por ahí: son las calles de San Antonio.
    
Un antiquísimo chacuaco humea a lo lejos. Una empinada cuesta te hace sentir un vaivén emocionante en el estómago. Los carros bajan su velocidad frente a una tienda de paredes viejas y carcomidas y le dan el pase a una vaca que camina lentamente sin inmutarse. El caserío te recibe en silencio. 
   
Aquí, donde estás ahora, vivió Don Lupercio Manríquez y Manríquez, un hombre de arraigo, enamorado de su pueblo, con escolaridad apenas la necesaria, sin mucha experiencia en los menesteres públicos pero eso sí: enjundioso y terco como el solo cuando de alcanzar un propósito se trataba, sobre todo si era en beneficio de la tierra que lo vio nacer.
   
Esa fama ganada a ley fue la que seguramente ponderó el Presidente de la cabecera municipal para designarlo un día como el nuevo delegado del meritito San Antonio. Don Lupercio aceptó lleno de dicha y, emocionado, fue a contárselo a su familia, compuesta por doña Ubaldina y sus diez hijos varones, quienes contagiados por la euforia de Don Lupercio lanzaron vivas y dieron gracias a dios por hacerle justicia a tantos años de esfuerzo del nuevo delegado.
   
Don Lupercio, próximo a cumplir sesenta años, asumió su nuevo encargo y en su primer día de trabajo se puso sus mejores trapos, se relamió el cabello con una plasta de brillantina y con puntualidad inglesa, arribó al punto de la seis de la mañana a la improvisada oficina, esa abandonada Conasupo a punto de venirse abajo, donde a partir del primer lunes de septiembre despacharía.
    
Los habitantes de San Antonio estuvieron a la altura de tan distinguido nombramiento y el que no le dio palmadas en la espalda, lo fue a buscar a su casa para felicitarlo o para pedirle por adelantado que le acomodara a su hija en la primera oportunidad que tuviera.
    
Don Lupercio a nadie dejó sentido: al que no recibió en la calle, le brindó un minuto de su tiempo en la oficina. Agendó audiencias y escuchó a cuanta  gente pudo. Así se pasó las dos primeras semanas; muy tarde llegaba a su casa, sólo para caer rendido en lo ancho de la cama.
    
Don Lupercio, sin embargo, no era para estar sentado detrás de un improvisado escritorio compuesto por un destartalado comedor y un mantel que se trajo de su casa.  El sabía que la chamba estaba afuera, por lo tanto se dispuso a gestionar todo cuanto fuera de provecho para los habitantes de San Antonio.
  
Un día le pidió a Ubaldina que le alistara la muda más presentable, limpió sus botas de piel de becerro con jabón de calabaza, se atrincó el sombrero que tenía para ocasiones especiales, le encargó los pocos animales que tenía a su familia y se fue de raite para la capital. Llegó a casa de una hermana, desayunó apurado unos huevos con machaca y se arrancó a su cometido.
  
Fue con el director de obras públicas y el señor le garantizó pavimento para una calle; se lanzó con la directora del DIF Municipal y le sacó el envío de un grupo de voluntarias para cortarle gratis el pelo a los niños y dar unas pláticas sobre  adicciones; le hizo guardia al del Centro de Salud y consiguió una bola de medicinas para abastecer a la cruz roja del pueblo; le terqueó al Director de la policía y este le dio en comodato un carro que se había volcado meses antes y nadie lo había reclamado, para que lo usará como patrulla en las escasas calles de San Antonio.
   
Antes de regresarse  y por no dejar, abordó al coordinador de Cultura quien en alguna ocasión había ido a San Antonio en representación del Presidente Municipal y le explicó la razón de su visita. El joven aquel,  de incipiente barba, pantalones de tubo, camisa de rojas flores y delineada figura se le quedó viendo, le ofreció agua y lo felicitó por su esmero. Hablaron de la vez que fue para allá, le regaló un altero de folletos que no hallaba que hacer con ellos, le confesó que le apenaba mucho pero no contaba con suficiente presupuesto para apoyarlo pero vengaparaacá  le dijo y casi de la mano lo llevó a un galerón donde se arrumbaba  todo lo que se iba desechando.  Lo que crea que pueda servir de algo, lléveselo Don Lupercio, comentó el coordinador de muy buena gana, al tiempo que abrazaba al viejo y juntos empezaron a sortear caballetes, botes de pintura, mantas, torsos de barro, pinceles, cartelones, libros apolillados, cuadros rotos, mamparas, bastidores y don Lupercio echaba el ojo a todo lo que a su parecer pudiera serle útil para la vida cultural de San Antonio.
    
Don Lupercio, de pronto, clavó su vista en un rincón donde estaba una figura de gran tamaño. Se apartó de su anfitrión y se acercó con curiosidad a ese mono polvoriento que yacía recostado en la pared. Es don Benito Juárez, le indicó el joven quien ya estaba tras de él contagiado de alguna forma por la emoción de Don Lupercio. Estaba en un boulevard pero un tipo en una moto se lo llevó de corbata y nunca lo volvieron a poner. Aquí lleva como un año, termino de decir  el mandamás de la cultura capitalina.
   
Don Lupercio seguía viendo al benemérito sucio, lleno de polvo y mugre, casi intacto a no ser por la base arrancada de tajo por la moto y su nariz que se le había quebrado en el camino cuando lo trajeron unos bruscos policías días después del accidente.
  
¿Lo quiere?, le preguntó el lozano funcionario, nomás por no dejar, pues ya para entonces Don Lupercio lo llevaba arrastrando hacia la puerta, como si se tratara de un borracho.
   
Entre los dos lo subieron a la cajuela de la charanga que un día antes le había dado en comodato el director de la policía.
    
Don Lupercio pasó a despedirse de su hermana, se tremó al carro y no apaciguó la marcha hasta ver las cuestas de su querido San Antonio. Ubaldina y sus hijos lo vieron llegar y entre todos bajaron la reliquia para dejarla por lo pronto en el traspatio. En la cocina adyacente a su casa, le contó a detalle los beneficios conseguidos y ahí entre plática y comedera los sorprendió la noche.
    
Al día siguiente, muy temprano, cuando el sol empezaba apareció por entre los cerros, fue por el Gilillo, reconocido por el pueblo como el mejor resanador de San Antonio. Lo trajo a su casa y luego de mostrarle al indio zapoteco, le pidió que se lo llevara para que, cuanto antes, le pusiera la nariz que le hacía falta y de paso le diera una pintadita a todo el mono.
   
Don Lupercio, por su parte, se avocó a informarle a la gente los logros obtenidos en  la capital y anunció, emocionado, que en unos días más todos serían testigos de la colocación de la primera estatua en el pueblo.
   
San Antonio, mientras tanto, pronto se vio invadido por las cortadoras de pelo, por carros que transportaban material para el pavimento de la calle, por unos señores muy serios con bata blanca que hablaron ante una docena de gente sobre los males que acarrean las drogas.
    
El Gilillo agarró la borrachera y no tenia para cuando terminar la misión encomendada. Don Lupercio, acompañado de cuatro de sus hijos, fue a  su casa y lo increpó. El hombre, embrutecido, pretextó mil cosas: enfermó a su madre, culpó al clima, pidió más días y cuando ya se vio perdido, los corrió. Don Lupercio, frenético, observó que allá junto a unos botes de basura, tirado en un charco, estaba don Benito boja abajo, peor de sucio de cómo se lo había entregado días antes al resanador.  Maldijo tanto descuido y entre él y sus chamacos sacaron a  un Juárez batido en lodo, lo subieron a la cajuela de la ya funcional patrulla y, después de ponerle un trapo rojo en la cabeza a guisa de precaución, arrancaron indignados maldiciendo la antipatriótica peda del Gilillo.
   
Lo trasladaron de nuevo a su casa, lo bajaron con sumo cuidado y otra vez don Benito fue a dar al patio de Don Lupercio. No quiso perder más tiempo y le pidió a su hijo que fuera por el Rafa, el vocalista del único grupo musical de San Antonio que de vez en cuando trabajaba como ayudante de albañil. Le dijo lo que quería, trataron el precio y lo dejaron a solas con el de Guelatao, bajo la condición de que no se le pagaría hasta ver terminado su trabajo.
   

El Rafa fue a su casa por la herramienta, llegó de paso a una ferretería, compró yeso, estopa y cinco botes de pintura de spray y con la misma se regresó, sudoroso, a poner manos a la obra.
  
Don Lupercio fue a la cruz roja porque quería recibir personalmente unas cajas de medicinas que le había mandado de la capital, pero pidió a sus hijos que no dejaran ir al Rafa hasta que no terminara de restaurar al desfigurado pastorcito.
   
El Rafa, hombre obeso, lentes obscuros y de melena larga como la de Rigo Tovar sabía que labores como esas no le iban a caer tan fácilmente, así es que, entre cantada y cantada, no paró hasta ver concluida su tarea. Antes,  entre todos pusieron a Juárez sobre una tabla que no hacía ni tanto utilizaba Don Lupercio para matar puercos, lo lavó con la manguera y lo puso a secar para reconstruirle la nariz y uno que otro pedazo que con tanto ajetreo fue dejando en el camino.
   
El Rafa, detallista para eso de las resanadas y celoso de su trabajo, no dejo que los hijos de don Lupercio metieran las manos a la hora de darle los últimos retoques. Acabó tarde, ya cuando la noche apenas si dejaba ver la silueta de don Benito, aceptó de buena gana la cena que le ofreció doña Ubaldina, les recomendó que lo dejaran secar un par de días  y se tuvo que ir  sin esperar a don Lupercio, porque, comentó orgulloso,  lo traían muy desvelado las tocadas.         
   
Don Lupercio volvió en la madruga, y se acostó a dormir.
   
Al otro día, apenas clareando,  se fue derechito al patio y, no lo vas a creer, pero si el Rafa hubiera estado ahí don Lupercio lo agarra a besos: y es que aquello que sus ojos veían le significaban la perfección, el encargo deseado, la armonía artesanal insuperable.
   
Lo observó desde un recodo y de otro y de otro más: luego, sin quitarle la vista de encima se sentó en una piedra y así estuvo, ido, por buen rato hasta que doña Ubaldina, recién levantada y con los pelos todavía hechos un mazacote, lo volvió a la vida poniéndole frente a sus ojos una taza despostillada de café caliente.                     
   
En voz de ella escuchó las recomendaciones que había dejado el Rafa, asintió con la cabeza, aduló el excelente trabajo del músico y le dio la taza para que se la volviera a llenar.
   
Una hora más tarde, bien desayunado, ya estaba en la oficina viendo con satisfacción como desfilaban los niños del pueblo, para que unos fígaros le dejaran el pelo como dios manda y, a su vez,  anunciando a cuanto podía la venidera instalación de la estatua de don Benito.
  
Nomás pasaron los días encomendados por el Rafa, Don Lupercio le pegó unas tentaditas al de San Pablo y al cerciorarse de que ya estaba seca, a gritos le pidió un juego de sábanas a su mujer, envolvió a la pesada efigie con ellas, y, la condujo hasta su cuarto en donde la dejó recostada junto a un ropero como si fuera una momia dormida.
  
La develación fue programada y la alegría arreció por todo el pueblo. Pero don Lupercio, previsor hasta de lo más simple, no quería que la estatua, reconstruida con tanto sacrificio, fuera a correr la misma suerte que cuando estuvo colocada en el Boulevard. Si bien es cierto, San Antonio era un pueblo sosegado y de muy pocos carromatos, uno bien sabe que el diablo nunca duerme; así que lo mejor era buscar el punto menos peligroso para que no ocurriera una desgracia como la provocada por aquel motociclista.
  
Un día antes de la ocasión, don Lupercio pasó por el Rafa, le pagó la deuda y lo subió con él para decirle donde quería que instalara a don Benito. Agarraron derecho hacia el fondo del pueblo. Se pararon donde estaba un gran llano rodeado de pequeños cactus y flanqueado por un acantilado: ¡aquí lo quiero! ordenó don Lupercio con esa firmeza que lo caracterizaba.
  
Fueron por el bulto, pasaron por el material que ocuparía el Rafa y con la promesa de que sería bien recompensado, ahí lo dejó don Lupercio para que hiciera la base, pegara la estatua y dejara todo listo para el día siguiente.
  
A las ocho de la mañana, sorteando un fuerte calor tempranero, la gente comenzaba a arremolinarse frente aquella fachada imponente y envuelta con sábanas que alguna vez fueron blancas.
  
Don Lupercio y su familia llegaron vistiendo sus mejores prendas; Doña Ubaldina del brazo de su marido y seguidos por todos sus hijos cruzaron la valla formada por la gente casi levitando de la emoción y se colocaron a un lado de la estatua.
    
En cuanto detuvieron su andar, el Rafa, que ya había sido bien recompensado por don Lupercio, hizo una ademán a su grupo y de inmediato sonó una fanfarria que fue coronada con unos disparejos aplausos.
    
Después vinieron los cuchicheos y enseguida todas las miradas fueron a parar hasta donde estaba don Lupercio. El viejo enderezó el cuerpo, miró a los oyentes y de la bolsa de su camisa sacó una estampa de esas con las que tú y yo alguna vez cumplimos las tareas de la escuela y comenzó a deletrear con estridencia  la biografía que venia al reverso:

“Don Benito Juárez  nació en el poblado de San Pablo Guelatao, perteneciente al Estado de Oaxaca, el 21 de Marzo de 1806. Sus padres fueron Marcelino Juárez y Brígida García,  que eran de raza zapoteca y etc.”.
  
El resto de la gente permaneció callada guardando un ceremonial silencio. Tan presto don Lupercio dio fin a su lectura, metió la estampa a la bolsa de su pantalón, y se dispuso a develar la magna obra. Tiró de la cubierta y, en un santiamén, ahí estaba ante todo San Antonio el gran Don Benito Juárez soportado por una base altísima  que lo hacia verse gigantesco,  imponente, inalcanzable. 
  
El  Rafa, quien aún traía esos pantalones de yute embarrados de cemento, había logrado en aquella estatua, alguna vez lodosa y arrumbada, una reconstrucción de nariz, digna del mas excéntrico galán  de cine, pues ahora el Republicano la lucia respingadita, estilizada, envidiable,  con un perfil castigador que jamás hubiera imaginado el oaxaqueño, el mismo que ahora frente a el gentío, se erguía fulgurante, gracias a ese color plateado que lo cubría de pies a cabeza como resultado de las múltiples pasadas que le dio el Rafa con la pintura de spray .
  
Ese episodio quedaría grabado para siempre en la memoria colectiva de San Antonio.
   
El pueblo todo es hora que aún evoca con añoranza heroica a don Lupercio Manríquez y Manríquez, ese hombre enjundioso y terco como ningún otro.
  
Sí llegases a pasar por San Antonio, detente un rato y pídele a cualquier viejo que te cuente a detalle la historia de esa estatua.
 
Yo se que todavía lo recuerdan todo. Hasta el nombre de los perros que, con furia, noche tras noche le estuvieron ladrando al luminoso don Benito durante poquito más de dos semanas.

© Miguel Ángel Avilés

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“El tomarle las huellas dactilares y la foto al niño, al momento de entregarle su uniforme gratuito, no afectará al menor en el futuro, sino al contrario, le dará mayor seguridad. En todos los países desarrollados tienen éste programa y funciona…”


ANTECEDENTES PENALES: la Innovación… ¿la Innovación?
Por Miguel Ángel Avilés

El espectacular anuncio que hizo el Gobernador Guillermo Padres del sistema que reduce el tiempo en la expedición de la carta de no antecedentes penales, de cuatro horas a diez minutos y del Sistema de Consulta de Registros Penales puede resultar para los incautos una idea moderna y de vanguardia como él mismo la anunció, pero frente a la ley y los estudios serios sobre el tema esto significa un retroceso.

No se como le haría el coordinador de la oficina de Innovación Gubernamental Marco Paz Pellat para venderle esta ocurrencia como la gran transformación legal y burocrática, lo cierto es que nunca se le dijo, o diciéndoselo, Padrés Elías pasó por alto que esto riñe con las actuales doctrinas penitenciarias y laborales las cuales consideran que la exigencia de la carta de no antecedentes penales es ilegal y discriminatoria. 

Es verdad que desde hace muchos años tanto en el ámbito privado como en el ámbito de la administración pública en sus tres niveles de gobierno, la piden como parte de los requisitos para establecer una relación contractual de trabajo.

Pero ¿de dónde viene o de dónde emana esta exigencia? y sobre todo ¿cuál es su fundamento legal para darle una categoría de una condición sin la cual no tienes la posibilidad de ser contratado o de otorgársete un permiso para desempeñar un trabajo propio y lícito?
 
Entonces encontramos que esencialmente es una vieja inercia que arrastramos como sociedad y por ende el poder público, en un momento dado, también incorpora esta costumbre a su práctica burocrática
 
El fundamento legal para pedirla no se encuentra por ningún lado de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
 
En cambio si hay disposiciones constitucionales que se pueden ver violentados con esta práctica que el nuevo Sonora endurece, quedando así a la zaga de foros a nivel nacional o de otros Estados de la República Mexicana donde ya hay debates e iniciativas de ley para desaparecerla o de plano en otros han anunciado su desaparición o han propuesto que se considere delito contra la dignidad de las personas el que dentro de la administración pública o en el sector privado se condicione el derecho a laborar solicitando la presentación de la carta de antecedentes penales como son los casos de Coahuila, Distrito Federal, Nuevo León y Campeche, por citar tan sólo algunos ejemplos.
 
El artículo 1 constitucional consagra la garantía de igualdad y al respecto consigna lo siguiente: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el genero, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.
 
Así mismo el artículo 18 constitucional establece que el sistema penitenciario se organizará sobre la base del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley.  
 
Los abolicionistas de este requisito coinciden en señalar que en nuestro sistema de justicia penal las personas que, por circunstancias diversas son sujetas a procesos penales y más aún en los casos en que fueron sentenciadas y cumplieron con sus condenas en los Centros de Readaptación Social, su reinserción a la sociedad, se convierte en el inicio de una nueva condena.  Lo anterior, porque el estigma de la carta de no antecedentes penales es un obstáculo para encontrar un empleo digno, incorporarse a la dinámica productiva, y dejar atrás la vida en prisión. Además, esto de algún modo estaría negando en forma tácita los éxitos que tanto se presumen en materia de readaptación social dentro de los penales.
 
Pero el genial innovador en programas gubernamentales Platt Pellat, quizá con el temor de que el nuevo Sonora se vea superado por gobierno Arizonense con prácticas de este tipo, no nada más encalló su barco para no llevarlo a la desaparición que en otras partes se esta dando al respecto, sino que, lo que venia siendo un quehacer segregacionista a cargo sólo del Estado, hoy sin ningún empacho lo compartirán con el sector empresarial pues, fervoroso, el Gobernador informó que el sistema también estará disponible para las empresas que así lo soliciten, las cuales requerirán el equipo y el software necesario, para realizar esta consulta en sus propias instalaciones.
 
Esto último, con lo cual se le  pudiera dar cátedra a la mismísima gobernadora  Jan Brewer, es un fichaje de facto, puede ser una muy cuestionada herramienta discriminatoria para los aspirantes a un trabajo y pone en riesgo la privacidad de las personas que de antemano y bajo el prejuicio y la discrecionalidad serán consideradas como delincuentes, en forma muy semejante a la que se llevó a cabo con los niños y niñas que recibieron sus uniformes escolares.

En tanto la CEDH reacciona, es importante precisar, porque el anuncio de este programa no lo hace, que el Código Penal de Sonora si se contempla un apartado sobre antecedentes penales pero su contenido es muy claro:

ARTÍCULO 16.- Hay reincidencia siempre que el condenado a una pena privativa de libertad, por sentencia firme dictada por cualquier tribunal de la República o del extranjero, cometa un nuevo delito después de ser legalmente amonestado.

Los antecedentes penales prescribirán, con todos sus efectos, si el condenado no incurre en un nuevo ilícito, en un término igual al de la pena impuesta, que no será menor de tres ni mayor de quince años, y que se contará a partir del cumplimiento de la sanción o del otorgamiento de cualquier beneficio de libertad.

Cuando el sentenciado se evada, el término a que se refiere el párrafo anterior comenzará a contar desde la prescripción de la pena.

ARTICULO 17.- No producen reincidencia:
I. La sentencia dictada por cualquier tribunal de la República o del extranjero, si el hecho que la motivó no tiene el carácter de delito en la legislación de Sonora o en la Federal;
II. Los delitos políticos y Culposos.
III. Las sentencias que impongan penas de reclusión menores de seis meses.

ARTICULO 18.- Cuando una autoridad solicite informes sobre antecedentes penales de una persona, a los archivos de policía, se le expedirán íntegros. Cuando los pida el interesado, sólo comprenderán las sentencias condenatorias ejecutorias, siempre que no haya transcurrido el plazo de prescripción a que se refiere el artículo 16.
 
De todo esto-sobre todo de lo último- nada precisa la primicia anunciada. La única bondad aparente no es la eliminación del pago ya que la magnánima sabiduría del señor Paz Pellat no dio para tanto. Lo es, si acaso, la disminución del tiempo y el trámite para expedirla.
 
Resulta, sin embargo, que cuando esta se gestiona por un particular luego de hacer una larga, larguísima cola que ya quisieran hacerla pero para recibir una despensa o material de buena calidad para reconstruir los destrozos provocados por las inundaciones, se les expide, así en greña, justamente sin contemplar esa advertencia tan importante que prevé el artículo 18 arriba citado, sin precisar si tal o cual dato se refiere a una sentencia condenatoria ejecutoriada o sin aclarar si uno de esos antecedentes ya prescribió.
 
El que además estos datos-los tuyos, los míos, los de cualquier persona- se ponga en manos del sector empresarial para utilizarlo en forma discrecional como cernidero a la ahora de “fomentar” el empleo, es de sumo cuestionable. 
  
Aún así, el gobierno del Estado lo considera como una idea moderna y de Vanguardia.  No obstante, poco consecuente ha sido con este plan, ya que en su gabinete aparece más de un funcionario al que se le sigue un proceso o debiera estársele siguiendo.
  
Peor aún, cuando se trata de salir en defensa de este auténtico fichaje obsesivo y a granel, no comisionan al más idóneo.  Para muestra he aquí lo que dijo el Secretario de la SEC cuando saltaron las críticas contra el registro dactilar y fotográfico de los menores beneficiados con uniformes escolares.

“El tomarle las huellas dactilares y la foto al niño, al momento de entregarle su uniforme gratuito, no afectará al menor en el futuro, sino al contrario, le dará mayor seguridad. En todos los países desarrollados tienen éste programa y funciona, no veo la razón del porqué en Sonora no pueda contar con él”.

La entidad ya contaban con una base de datos para prevenir posibles delitos en el futuro y sólo se está ampliando y adecuando la información para tener el reconocimiento pleno del niños y del joven.

“Nosotros siempre hemos sentido la necesidad de que haya identificación plena del niño, no estamos tomando los datos para meterlos en una urna”, dijo.

“Hay países que les toman las huellas hasta de las plantas de los pies”, resaltó.
 
En fin, a lo mejor todo lo que se consiga opinar en torno a este trascendental acto de gobierno sean puras boberías. Dejémoslo entonces nada más como un mal necesario. Todo sea por garantizar de aquí en adelante la seguridad de este Estado libre y Soberano de Sonora.  Veámoslo como un dique, como una infalible labor preventiva. No vaya a ser que el día de mañana un indecente se cuele y llegue a ser Gobernador.  

© Miguel Ángel Avilés

*** 

 Se vale soñar. Con el fin de abatir este flagelo de las drogas, se le puede proponer al gobierno mexicano que convenga con estos malosos y a cambio de reducirles sus condenas, ellos pudieran colgar los guantes, y así, como lo hicieron en su momento los grupos guerrilleros que andaban en la clandestinidad y que ahora hasta son representantes populares, aquellos logren meterse también al redil de lo público y competir como cualquier otro honorable, distinguidísimo empresario de esos que tantos hay en nuestro país.

LEGALIZAR LA DROGA…
                                       Por Miguel Ángel Avilés                                        

                    
Para el Chuy Manríquez y esos grandes
amigos de La Paz, como una apuesta a 
la vida…

A estas alturas de mi vida no he consumido más drogas que no sean de las consideradas legales o que no hayan sido ordenadas por un médico.  Soy adicto, eso sí, al café, a un par sólo un par, cuando mucho otro par más otro par de cervezas Light bien frías, a un caballito de un buen tequila validado por el CRT, a los tacos al pastor que venden cerca de mi casa y a una infinita variedad gastronómica; también a las siestas, al fútbol, mucho al futbol, a cualquier tipo de música, a un buen libro,a practicar el arte gastronómico, a los viajes cuando se puede, a escribir tonterías, a la lucha libre, a la charla con los amigos que son innumerables y párale de contar.
Soy, además, un irremediable admirador de la belleza femenina. 

De ahí en fuera, que yo recuerde, no tengo otros vicios.

Con estas confesiones que no volveré a repetir, trato de dejar constancia desde ahorita que lo que voy a decir enseguida no tiene ningún interés o beneficio personal: Estoy a favor de la legalización de la droga.

Las razones para estarlo son infinitas y no voy a inventar ninguna. Mejor me remito a estas que en la revista Forum puntualizó Juan Carlos Hidalgo y que si no quieren leerlas, tienen la opción de saltarse hasta donde más adelante retomo el tema:

La legalización pondría fin a la parte exageradamente lucrativa del negocio del narcotráfico, al traer a la superficie el mercado negro existente.

La legalización reduciría dramáticamente el precio de las drogas, al acabar con los altísimos costos de producción e intermediación que implica la prohibición.

Legalizar las drogas haría que la fabricación de dichas sustancias se encuentre dentro del alcance de las regulaciones propias de un mercado legal. Bajo la prohibición, no existen controles de calidad ni venta de dosis estandarizadas.

El narcotráfico ha extendido sus tentáculos en la vida política de los países. Importantes figuras políticas a lo largo de Latinoamérica han sido ligadas con personalidades y dineros relacionados con el tráfico de drogas.

Legalizar las drogas acabaría con un foco importante de corrupción. Los gobiernos dejarían de malgastar miles de millones de dólares en el combate de las drogas, recursos que serían destinados a combatir a los verdaderos criminales: los que le violan los derechos a los demás (asesinos, estafadores, violadores, ladrones, grupos terroristas).

Con la legalización se acaba el pretexto del Estado de socavar nuestras libertades con el fin de llevar a cabo esta guerra contra las drogas.

Legalizar las drogas desactivará la bomba de tiempo en la que se ha convertido Latinoamérica, especialmente países como Ecuador, México, Bolivia y Colombia.

En una sociedad en donde las drogas son legales, el número de víctimas inocentes producto del consumo y la venta de estupefacientes se vería reducido substancialmente.

La legalización conducirá a que la sociedad aprenda a convivir con las drogas, tal y como lo ha hecho con otras sustancias como el alcohol y el tabaco.

Agréguesele a lo anterior la propuesta que en su momento hizo la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, presidida por Fernando Henrique Cardoso, Ernesto Zedillo y César Gaviria, tres ex presidentes que han tenido que lidiar con el problema, a revisar las políticas de prohibición del consumo individual y a considerar otros enfoques "que traten el problema de las drogas más como un asunto de salud pública que como una guerra".

Lo que está diciendo esta gente es que la estrategia que se ha seguido hasta ahora ha sido un fracaso.  A pesar de la lucha frontal que según se ha dado en contra del narcontráfico tenemos que en Estados Unidos, por ejemplo, el número de personas mayores de 12 años que consumieron alguna droga ronda los 20 millones, una cifra que ha permanecido estable por lo menos desde el 2002, según los datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos federal.  Peor aún, según las autoridades estadounidenses, hoy los cárteles mexicanos controlan el tráfico de drogas en por lo menos 230 ciudades norteamericanas, y el año pasado hubo más de 370 secuestros, en su mayoría ligados al narcotráfico, en la ciudad fronteriza de Phoenix, Arizona.

En México, hasta 2010 se reportan cerca de 30,000 asesinatos ocasionadas por la guerra contra el narco, de los cuales un número importante corresponde a los asesinatos cometidos en Ciudad Juárez . La estadística no es exagerada pues incluye—además de las bajas de los cuerpos armados federales y de las bandas de narcotraficantes—a civiles sin nexos con el narcotráfico, jóvenes, niños y periodistas.

Además, el negocio de las organizaciones criminales en varias partes de la república se ha ampliado y ahora incluye la extorsión de “impuestos” a negocios legítimos. Así mismo el armamento de los carteles mexicanos es mayor y mejor que el del gobierno mejor armado de la república.  Aparte de eso, México no sólo es un país por el que transita la droga hacia Estados Unidos, sino que se ha convertido también en un país de consumidores de ilícitos.

Con esos momios en contra, las cuentas triunfalistas que pueda sacar Felipe Calderón  en  esta lucha,  o es mera demagogia o no es más que la dañina consecuencia de haberse zampado todo el material bibliográfico de Miguel Ángel Cornejo y Leonardo Stemberg.

Puede ser también que el señor ande tan enredado y sin saber qué hacer que un día le de por implementar una estrategia y al día siguiente otra.

Precisamente el martes pasado admitió que no ha sabido explicar qué está haciendo su gobierno en el combate al crimen organizado: "No hemos sabido explicar qué estamos haciendo; por qué lo estamos haciendo; qué es lo que estamos viendo a nuestro alrededor", dijo.

En todo este galimatías, le daremos un voto de confianza y le creeremos que en realidad quieren combatir el narcotráfico y no solamente a determinados cárteles para fortalecer a otros.

Por eso, de entrada, debemos darle la bienvenida al tema que el presidente abrió sobre la legalización de las drogas.

Un asunto nada sencillo y si muy espinoso que enfrente tendrá una pared de altas dimensiones, sobre todo de quienes siendo los beneficiados por este multimillonario juego, saben muy bien que con la legalización el gran negocio se acabaría. 

Su resistencia es entendible. Ya lo dijo el año pasado el hombre de Georgia, Estados Unidos David T. Johnson, director de la oficina de narcotráfico internacional del Departamento de Estado: En el negocio de las drogas en México participan directamente unas 150.000 personas que mueven capitales hasta por 25.000 millones de dólares. Adicionalmente, unas 300,000 personas participan en el cultivo de marihuana y opio, declaró David T. Johnson en una audiencia ante el subcomité de operaciones extranjeras de la Cámara de Representantes.  Esa cantidad de protagonistas produjo unas 18 toneladas de heroína en 2008 y casi 16.000 toneladas de marihuana, orientados directamente al mercado estadounidense.

Estas son algunas de las cifras del mercado negro a las que se refiere Juan Carlos Hidalgo y es precisamente con su legalización cómo se pondría fin a la parte exageradamente lucrativa del negocio del narcotráfico.

Aquí es cuando uno entiende por que hay toda una avalancha publicitaría para vendernos la idea de que traer el manejo de las drogas al terreno de la licitud, sería un caos.

Lo otra, no menos importante, es la desinformación y la valida ignorancia de mucha gente que cree que la legalización de la droga será un cheque al portador para que esta circule sin restricciones de salud y jurídicas alguna por el libre mercado.

Pero una cosa es la desinformación de la gente común y corriente y otra es la cascada de sandeces que pueden llegar a decir algunos líderes de opinión con clara influencia en la población. Este último rol, parecen estar jugando algunos personajes locales, quienes, con sus declaraciones, nos hacen pensar que viven en una realidad aparte.

El titular de la SEC, Óscar Ochoa Patrón, con ese toque de humor involuntario que lo caracteriza,  mencionó que afectaría a la juventud tal como sucediera cuando se permitió comercializar en los medios de comunicación el tabaco y se incrementó su uso.

“Yo veo muy peligroso el aprobarse el hecho del uso y comercialización de estupefacientes porque lógicamente aumentaría en los jóvenes y quizás hasta en los niños”, expresó.

El diputado y Presidente del PRI en Sonora, Roberto Ruibal Astiazarán, consideró que los sonorenses no están preparados para debatir el tema de la legalización de las drogas, ya que Sonora es aún un Estado conservador.

De entrada, Ruibal Astiazarán rechazó la aprobación al consumo de drogas en México, aunque dijo que debe realizarse un análisis para conocer más del tema (en su caso si que le hace falta).

El comisionado de Fomento al Turismo, Javier Tapia Camou, opinó ayer que la legalización de las drogas lejos de beneficiar perjudicaría al sector, ya que se vendría un turismo más violento a los lugares de diversión.

“Ahorita tenemos un turismo sano de esparcimiento (sic) y en caso de una legalización de las drogas se vendría un turismo más agresivo”.

Como no saben que esto tendrían un riguroso control en su consumo tanto en el ámbito legal como en el de salud pública, algunos, como estos funcionarios, han llegado a pensar que será tanta la libertad en su uso, que la Cocaína, la Marihuana, las Anfetaminas, las Meta-anfetaminas, el Éxtasis, el Ritalin, el Herbal Ecstasy/Efredina, el Crack, la Heroína, Designer Drugs el  PCP, LSD, los Hongos, los Inhalantes, los Esteroides y en fin, todo lo que pueda meterse un adicto, estarán formando parte de la canasta básica al siguiente día de su legalización.

Pues figúrese que no es así. Para quien estaba con el alma en un hilo o, en todo caso, para quienes ya se les estaba haciendo agua la boca, mi obligación es decirle que esto no es cierto.

Sé que esta aclaración no será suficiente. Se también que en cuanto el crimen organizado mundial lea esta columneja, lanzarán una cruzada para restarle toda credibilidad a lo que digo y contrarrestarán estos irrebatibles argumentos con un reforzamiento mediático para que la gente siga creyendo que la legalización la droga sería la perdición total sobre todo de nuestros jóvenes.

Mientras eso sucede y antes que un comando de sicarios me descabeche, o un francotirador me ejecute desde lo alto de un mezquite cuando yo vaya a comprar mi dotación de tacos al pastor que venden cerca de mi casa, me mantendré estoico en este teclado para insistir en que el asunto de la legalización de la droga no traería consigo el resultado catastrófico que han logrado venderle a la creencia ciudadana.

Debido a esta equivocada idea muchos piensan que, liberada la droga, usted la podrá encontrar en cualquier punto, incluyendo en el changarro de la esquina.   

Entonces surge una paranoia colectiva y agarra vuelo al grado tal que todo mundo está a la expectativa de lo que pasará una vez que se logre su despenalización.

Se cree así, erradamente, que un adicto contumaz podrá ir al OXXO, o a Ley o a Soriana y que, con toda displicencia, podrá adquirir en el departamento instalado para ello, su bolsa de coca, su paquete de marihuana o su cajita de cristal como si adquiriera maizoro, o canela o un quintal de harina.

Ya veo seguramente a los adictos de mi barrio esperando a que yo pase a su lado con gran indiferencia rumbo al Wal-Mart, para tirarme con un billete a fin de que les traiga, por favor, medio kilo de cristal, una cajetilla de cigarros de marihuana y lo que sobre, de mocochango.

Desgraciadamente hacia allá va  la creencia.

Otros suponen que se establecerán cadenas o franquicias de todos estos productos y se anunciarán en la tele y se promocionará cada fin de semana como gancho, el día de la Coca y la verdura.

Tampoco, no es por ahí.

Se cree incluso que estas novedosas empresas darán facilidades de pago y venderán la droga a crédito como lo hacen con sus productos la tienda Coppel  o cualquier mueblería de su preferencia.

No. Para nada. Pero no falta el que se deje sorprender y crea que de pronto llegará una motocicleta a la casa del vecino y, desde la puerta, el conductor le gritará:

—Señor: ¡el abono de la mota!

Sé que esto es difícil de entender. El narco esta haciendo su parte y el gobierno, por más que nos digan otra cosa, no esta haciendo totalmente la suya.

Por eso, recalco,  el pueblo se cree el cuento de que no tardará una semana a partir de su legalización para que encontremos muchachos por aquí, adolescentes por allá, todos muertos y con una jeringa en el brazo, mientras que en la tienda departamental de enfrente se anuncia, con edecanes y toda la cosa, gran remate de heroína, LSD, peyote y colitas de borrego de finísima calidad.  

Es cierto que la impunidad en el país va en ascenso pero, bendito seas dios,  todavía no llegamos a tanto. Eso no más falta: que El Mayo Zambada apadrinará una generación del Tec. de Monterrey, por ejemplo, y que al Chapo Guzmán, ya ranqueado en la lista de Forbes, le fuera entregada por el Congreso de la Unión la medalla Belisario Domínguez.

Entonces sí: este columnista se tendría que ir, como Jaime López y El Piporro, por cigarros a Hong Kong.

O a lo mejor no. Quizá aquí también vale explorar y quien quite que, con la legalización, logremos meter al terreno de lo legal hasta a los propios narcotraficantes.

Se vale soñar. Con el fin de abatir este flagelo de las drogas, se le puede proponer al gobierno mexicano que convenga con estos malosos y a cambio de reducirles sus condenas, ellos pudieran colgar los guantes, y así, como lo hicieron en su momento los grupos guerrilleros que andaban en la clandestinidad y que ahora hasta son representantes populares, aquellos logren meterse también al redil de lo público y competir como cualquier otro honorable, distinguidísimo empresario de esos que tantos hay en nuestro país.

De este modo, en un tiempo no muy lejano, el Congreso de la Unión, en  mancuerna con la Secretaria de Gobernación, pudieran organizar por  primera vez, digamos en el Estadio Azteca o en el Auditorio Nacional, el Primer Congreso Nacional de Narcotraficantes radicados en México.

A fuerza de proponer, se me ocurre que lo pudiera patrocinar Televisa, TV Azteca y, claro, la Cóca-Cola para que no falten los chescos.

De igual manera, así como lo hace la FIL, se pudiera tener cada año a un país invitado para que nos hablara de su experiencia en esta  lucha. A mi me parece bien que el primero sea Colombia, el cual, desde luego, quedaría registrado en la historia como el padrino de este gran proyecto.

También se pudiera tener mesas de trabajo o conferencias magistrales que estuvieran encabezas por un sicario, un tirador, un burrero o un narcomenudista.

A mí, la verdad, todos estos gananciales que nos arrojaría  la legalización de las drogas se me hacen maravillosos.  No se a ustedes….

© Miguel Ángel Avilés

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En el corazón del puerto, venida de un pueblo cercano hacia donde apunta el sur, yacía atendiendo el Restaurante La Preferida una mujer de párvula edad pero de belleza incuestionable que le bamboleó los ojos a Luís Pérez Meza una noche de desvelo, luego de acabar su espectáculo en la mejor cancha de esa incipiente ciudad.

LUIS PÉREZ MEZA PUDO HABER SIDO MI PADRE.
Por Miguel Ángel Avilés

Si no fuera por mi voz, que ofende a cualquier cuando canto, yo alargaría la sospecha de que Luis Pérez Meza, pudo haber sido mi padre.

Don Ignacio, que así se llamaba Don Luís, nacido por cierto en la Rasta, Municipio de Cosalá Sinaloa, fue un caminante y probador de todos los oficios.  Del dúo "Chico y Nacho" pasó con otros dos más para formar cuatro y dar vida al Grupo Los Parrangos para debutar después como solista y, al tiempo, merecer la identidad de “El Trovador del Campo”, un bautizo facturado por algunos a Pedro de Lille y otros a Matilde Sánchez, "La Torcacita” que conducía un programa en la XEW hasta donde fue a parar quien alguna vez pensé que podía ser mi padre.

Luis Pérez Meza, también boxeador mucho antes, y con ese furor aprendidito en el ring, anduvo dando la pelea como cantante de alto registro aquí y allá, por el mundo con el trío Culiacán junto con "el Negrumo" y "El Gordo Villarreal" o después como solista hasta llegar a  internacionlizarse y  europear por buen tiempo, mientras decidía volver a sus México y andar su Sinaloa de punta a punta por todas estas regiones del llamado alguna vez Estado de occidente y de ahí cruzar el golfo de California alguna vez, no se que tantas, a lo mejor esperando que lo irradiara una luz pitonisa y le dijera quedito al oído, ya no sé si iniciados los años cincuenta o pasaditos, que en La Paz B.C.S podía estar un amor a quien cantarle.

En el corazón del puerto, venida de un pueblo cercano hacia donde apunta el sur, yacía atendiendo el Restaurante La Preferida una mujer de párvula edad pero de belleza incuestionable que le bamboleó los ojos a Luís Pérez Meza una noche de desvelo, luego de acabar su espectáculo en la mejor cancha de esa incipiente ciudad.

Aquel recuerdo es un tesoro que mi madre no ha querido desenterrar todo completo: hubo miradas y acercamientos y  ambos únicamente saben lo que pasó. Don Luis ya no prefirió las Europas. Anduvo cruzando mares, buscando amor por algún tiempo, no se que tanto y ahí lo esperaba esa dama con la suficiencia de quien conoce el yo de la belleza. Menudo era Luis en esos años de edad escasa todavía y menudo era el platillo que prefería para atenuar el desvelo, antes que el hígado de Cahuaca tan solicitado por otros como manjar exclusivo de la casa.

Este tomar de manos y esas miradas de regocijo mutuo fue efímero. Es lo que me cuentan y no quiero inventar: no vaya a ser que la maldición me caiga por difundir amores. Amores de tiempo atrás cuando aun todos sabían verse a los ojos y a la cara. Para cantar o para decirse cosas que sólo las guarda con dulce añoranza el corazón.

© Miguel Ángel Avilés 
 
 

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Pero así como se nos somete, se nos alinea, y se nos da licencia condicionada para ser peatón legalizado, peatón de a deveras, peatón cosmopólita, peatón de punta, peatón de tercera generación... 

 

LOS PEATONES

Por Miguel Ángel Avilés

Para Humberto, ese hombre bueno y amigo de café en el mercado que hoy se fue (temprano) para siempre.

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores.  Pero hay quienes luchan toda la vida a pie por toditita la ciudad: esos son los peatones.

No hay nada que los detenga: ni el calor, ni el frío, ni el smog, ni el polvo, ni la lluvia, ni la desesperanza. Ni los baches, ni las distancias, ni los perros bravos, ni el peligro de las bocacalles, ni los carros fantasmas dados a la fuga. Nada. Ni la friega diaria, ni los zapatos rotos, ni la mierda en la suela, ni las gotas de sudor mugrosas que percuden los cuellos, ni el horario, ni los semáforos en…

Los peatones son de otro mundo. Mejor dicho: viven en otro mundo. Los peatones son animales en peligro de expansión: se les puede ver de pronto aquí y a los pocos minutos allá del otro lado. Los peatones son como coyotes con la rabia: andan y andan y andan sin descanso. Para ellos (para nosotros corrige este columnista) no hay pared que nos detenga. Para lo peatones no hay placas, ni tarjetas de circulación, ni nos someten a la verificación corporal, ni optamos por la magazín o la Premium ni nos empujan cuando quedamos tirados, ni arrollamos a nadie a gran velocidad.

Los peatones no son bien vistos: los choferes le hacen la mueca, le voltean la cara, le rechinan las llantas en el charco para bañarlos,  los vuelven invisibles como seres menores. Los peatones no tienen escondrijo, puedes voltear a vernos cuando quieras. Los encuentras en Hermosillo, en Tijuana, en Barcelona, en Paris, en el Distrito Federal, en Cuévano, en Madagascar, en Guaymas, en Rosarito, en Cabo San Lucas, en Belice, en Puebla, en Tokio, en el Congo y, en el planeta Marte, será un peatón lo primero que encuentren antes de encontrar oxigeno o agua o soledad o resignación.
Es más: los peatones están hasta en la ley de tránsito, casi a fuerzas, como dándonos chancita de pertenecer a este orbe y a esta urbe. Aquí en Sonora casi se nos impone alguna ofrenda para poder transitar en ella o se nos trata como bebé. Y si no es cierto, cruce usted el renglón y lea:    

ARTÍCULO 1o.- La presente Ley es de interés público y de observancia obligatoria en el Estado de Sonora. Tiene por objeto regular el tránsito de vehículos y establecer las normas a las que se sujetarán sus conductores y ocupantes, así como los peatones.

ARTÍCULO 150.- Queda prohibido rebasar a cualquier vehículo que se haya detenido frente a una zona de paso a peatones, marcada o no, para permitir el paso a un peatón que cruce la vía.

ARTÍCULO 177.- Los peatones deberán cumplir las disposiciones de esta Ley, las indicaciones de los Agentes de la Policía y Tránsito y los dispositivos para el control del tránsito.

ARTÍCULO 178.- Los peatones transitarán por las aceras de las vías públicas y sobre las zonas destinadas para este objeto, evitando interrumpir u obstruir en cualquier forma la fluidez del tránsito.

ARTÍCULO 179.- Queda prohibido jugar en las vías públicas, ya sea en la superficie de rodamiento o en las aceras, así como transitar por estas en patines, triciclos u otros vehículos.

ARTÍCULO 180.- Cuando existan aceras, estará prohibido a los peatones caminar por la superficie de rodamiento. Cuando no las haya, transitarán por una zona mínima de 1.50 metros paralela a la alineación de la manzana. En las zonas rurales deberán circular por el acotamiento y a falta de éste, por la orilla de la vía, dando el frente al tránsito.

ARTÍCULO 181.- Los peatones que empujen o que lleven objetos voluminosos, podrán utilizar la superficie de rodamiento si su circulación por la acera pudiera constituir un estorbo considerable para los demás peatones; en este caso, circularán lo más cerca posible de la orilla de la acera.

ARTÍCULO 182.- Todo peatón deberá cruzar las vías públicas en las intersecciones o en las zonas marcadas para tal efecto, excepto cuando se trate de zonas suburbanas, o rurales que podrán cruzarse por cualquier punto, debiendo siempre ceder el paso a los vehículos.

En los lugares donde haya pasos a desnivel para peatones estos están obligados a usarlos.

Ningún peatón cruzará la intersección diagonalmente, excepto en los casos en que los dispositivos para el control del tránsito lo permitan.

Entre dos intersecciones contiguas controladas con semáforos, los peatones sólo cruzarán la calle en las zonas de paso marcadas para el efecto.

ARTÍCULO 183.- Los peatones deberán tomar todas las precauciones al cruzar una vía y no irrumpirán intempestivamente la superficie de rodamiento.

ARTÍCULO 184.- Iniciado el cruce de una vía, los peatones no deberán demorarse sin necesidad.

ARTÍCULO 185.- Los peatones deberán transitar por la mitad derecha de las zonas de cruce.

ARTÍCULO 186.- Los peatones que no se encuentren en completo uso de sus facultades y los menores de 8 años de edad, deberán ser conducidos por personas aptas al cruzar las vías, los invidentes deberán usar bastón blanco, a fin de que puedan ser distinguidos por los conductores. Los carentes de sentido del oído deberán usar brazalete amarillo.

ARTÍCULO 187.- Las personas con discapacidad que se desplacen en sillas de ruedas u otros medios especiales, no deberán transitar en la vía pública a mayor velocidad que la de marcha normal de los peatones.

ARTÍCULO 188.- Ninguna persona debe ofrecer mercancías o servicios a los ocupantes de los vehículos, repartirles propaganda o solicitarles ayuda económica; solicitar transportación en que no sean de servicio público autorizado, ni ofrecerse para cuidar vehículos.

Pero así como se nos somete, se nos alinea, y se nos da licencia condicionada para ser peatón legalizado, peatón de a deveras, peatón cosmopólita, peatón de punta, peatón de tercera generación, peatón calificado, peatón clase vips,  metropeatón, peatón de sangre azul, también hay otros- como Jaime Sabines, que nomás así, por el puro gusto de nombrarnos, nos canta:    

“Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.
Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!
Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón.

Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.”

© Miguel Ángel Avilés

 

…es algo así como la escenificación de aquel beso que se dieron una de las rehenes y uno de sus captores a manera de despedida luego de la liberación después de tenerlos algunos días retenidos a raíz del asaltó el Kreditbalken, de Estocolmo Suecia…

EL TRANSPORTE URBANO Y EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO
Por Miguel Ángel Avilés

Los concesionarios del transporte urbano tienen secuestradas a las autoridades que debieran meterlos en cintura.
 
Este secuestro no es de ahorita, ni desde meses atrás en que estos bribones hicieron la más reciente solicitud de aumento a la tarifa. Este secuestro ya lleva años, muchos años.
 
Sexenios van y sexenio llegan y los tunantes, cebados como están desde el día que le tomaron la medida a los que con la ley en la mano debieran de traerlos cortitos, se han aprendido muy bien el camino y por eso, cada vez que quieren, anuncian sus peticiones y amenazan con hacer esto o aquello si el Estado no los complace con el alza o un buen subsidio a manera de rescate.
 
Pero este secuestro ha sido tan duradero que las víctimas, en este caso las autoridades del transporte tal como lo son  el Titular del Poder Ejecutivo, ósea el gobernador; El Congreso del Estado, para la autorización de tarifas cuya facultad como papá caliente quiere declinársela al Gobernador; el  Secretario de Infraestructura Urbana y Ecología que hasta ahora no cumple con su obligación de informar al congreso que los concesionarios hubiesen cumplido las condiciones fijadas en 2006; el Titular de la Unidad Administrativa competente de la Secretaría de Infraestructura Urbana y Ecología; Los Delegados Regionales de Transporte; y Los Inspectores de Transporte del Estado en lo que se refiere al ámbito estatal y Los ayuntamientos de los Municipios del Estado o la Dependencia que los mismos determinen y  Los Inspectores de Transporte Municipal en lo relativo al ámbito municipal, parecen estar padeciendo ya el Síndrome de Estocolmo.
 
Este síndrome es definido como una reacción psíquica en la cual la víctima de un secuestro o persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía.
 
Esto justamente parece estar pasando entre autoridades y concesionarios, pues de acuerdo al trato que estos reciben por parte de los primeros, no se aprecia que los quieran reprender con las sanciones que prevé la ley luego del desafío que le hicieron con el reciente paro camionero o los desacatos a las obligaciones impuestas como condición cuando fueron autorizadas las actuales tarifas, o las pugnas taberneras que se cargan los dos principales cárteles que agrupan a los concesionarios, o las constantes excesos que ameritarían el retiro de la concesión o el negarse a prender los aires acondicionados.
  
No, no se ve por ningún lado la fuerza del Estado, por el contrario lo que existe es una vil condescendencia hacia esto señores y, como en el síndrome de Estocolmo, también se observa  tanto en el rehén o la víctima (las autoridades del transporte) como el autor del delito(los concesionarios) que ambos persiguen la meta de salir ilesos del incidente y por ello cooperan entre sí. Los rehenes (las autoridades del transporte) tratan de protegerse, en un contexto de situaciones que les resultan incontrolables por lo que, desdeñando el interés público,  tratan de cumplir los deseos particulares de sus captores. (Los concesionarios).
 
Con lo anterior no nada más se es omiso dejando que estos hagan y deshagan sin recibir sanción alguna, sino que además se pisotea el interés público y social que la Ley que regula este servicio  tutela, el cual, como la misma lo señala, se define en los principios básicos siguientes:

I.- El transporte en general, es de los factores fundamentales que promueven el desarrollo productivo, económico y social de la Entidad, de lo que deriva la responsabilidad del Estado y los Municipios, asegurarse preste con la eficiencia y eficacia que demanden las necesidades de la población, debiendo al efecto, proveer por cuantos medios estén a su alcance, las medidas y acciones que garanticen su desarrollo;

II.- El transporte colectivo de personas, es el medio de traslado más usado diariamente por la mayoría de la población, con el propósito de ocurrir a los centros de trabajo, de prestación de servicios educativos, salud, comercio, recreación, entre muchos más, significando la fuente y vida de la actividad económica y social de la entidad, de lo que deviene, que este servicio sea básico y de primera necesidad para la sociedad sonorense, por tanto, la trascendente e ineludible responsabilidad del Estado y los Municipios, en las respectivas esferas de su competencia, de velar y preservar que el servicio público de transporte se preste en forma continua, uniforme, regular, permanente, segura, digna y acorde a las exigencias de la actividad social y productiva de la población, cuidando que el medio ambiente, la ecología y el patrimonio cultural e histórico de los sonorenses no sea afectado;

III.- Los usuarios del servicio público de transporte, son los destinatarios de la prestación de este servicio; por lo que es imperativo que sus necesidades de traslación, forma, condiciones, calidad, accesibilidad y oportunidad sean el centro y punto de partida del Ejecutivo del Estado y de los Municipios, en las esferas de su competencia, para planear, organizar, ejecutar y evaluar la prestación del servicio público de transporte; acogiendo  tal premisa esta Ley para establecer y garantizar los derechos y obligaciones de los usuarios del servicio; y

IV.- El Servicio de transporte público que tiene derecho a recibir el usuario, debe estar fincado en el pago de una cuota o tarifa justa y razonable, que conjugue el interés del destinatario del servicio, con la inversión y costo de la prestación; en caso que se concesione, el Estado debe garantizar al concesionario, la ganancia mínima que haga económicamente redituable la prestación del servicio, sin perjuicio de su obligación de salvaguardar los principios antes consignados y evitar que se generen prácticas monopólicas o de concentración por los concesionarios de este servicio público. “

Ya hemos dicho hasta el cansancio que jurídicamente no es posible autorizar el aumento a la tarifa y no sólo eso, sino que la actual no debería de operar ya que nunca se cumplieron con los requisitos que el propio Congreso del Estado les impuso el 10 de Junio de 2006. Esto parece ignorarlo o lo pasa por alto la actual presidenta de la Comisión del Transporte Eloisa Flores quien a la fecha, aun teniendo suficientes herramientas legales con que apoyarse como lo es sobretodo el incumpliendo a todas las obligaciones que le impuso el mismo congreso al que pertenece, no ha tenido el talante para ponerle punto final a este problema a través del cabildeo del dictamen que debiera hacer y en el cual se niegue la petición que hacen los concesionarios.

Este sortilegio que logran los concesionarios con nuestras autoridades para conseguir subsidios y una sospechosa tolerancia frente a sus tropelías es algo así como la escenificación de aquel beso que se dieron una de las rehenes y uno de sus captores a manera de despedida luego de la liberación después de tenerlos algunos días retenidos a raíz del asaltó el Kreditbalken, de Estocolmo Suecia cuyo hecho sirvió para bautizar así a esta conducta.
 
Lo que uno teme es que en este caso de enamoramiento entre las autoridades del transporte hacia sus captores los concesionarios esté ocurriendo algo muy parecido a lo que sucedió con Patricia Hearst, aquella mujer perteneciente a una acaudalada familia de San Francisco California, patricia  Hearst,  que en 1974 fue secuestrada por un grupo guerrillero pero dos meses después fue fotografiada con un rifle de asalto durante el atraco de una de las ramas del banco Hibernia y más tarde se supo que se había comprometido con las ideas del ejercito que la secuestró, ocurriendo así un caso extremo del síndrome de Estocolmo. Casi como algo conciente, casi como un convencimiento.
  
Traducida a nuestro conflicto camionero sería algo así como si de pronto, ciertos personajes políticos que hoy son autoridades del transporte, aparecieran de pronto en forma directa o indirecta gracias a un prestanombre, como uno de los tantos favorecidos con una o varias concesiones y más comprometido con este grupo que con el interés general que deseamos los usuarios, razón suficiente para entender porque siempre han sido tan blandos
  
Aunque viéndola bien, eso no sería un caso extremo del síndrome de Estocolmo como el que sufrió Patricia Hearst. Eso sería complicidad a secas y un vil cinismo. 
 
© Miguel Ángel Avilés

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Después me solicitaban  que les precisara en ese momento el día exacto en que había hecho la compra ya que era la única forma en que el gerente podía hacer un esfuerzo y ayudarme.  

   
WALMART OTRA VEZ… ¿Y PROFECO?
Por Miguel Ángel Avilés

Hace menos de un año adquirí un refrigerador en la tienda Walt Mart. Antes de los tres meses y en pleno verano el aparato se descompuso. Si quieren enterarse del peregrinar que pasé tratando de que dicha tienda se responsabilizara de la mala calidad de sus productos y de la pasividad e inoperancia que guarda la Procuraduría Federal del Consumidor para proteger los derechos del consumidor puede buscar en Google la crónica que hice al respecto y que se titula WALMART: ¿AL CLIENTE LO QUE PIDA? PROFECO-SONORA: UNOS SÍ, OTROS  NO.

Lo que les quiero comunicar ahora es que el autodoméstico de nuevo se descompuso y esta tarde que acudí a tan distinguida tienda, viví una experiencia semejante a la del año pasado. Tres empleadas del departamento de atención al cliente se disputaron el primer lugar para inventar absurdos en la modalidad de requisitos, que sólo cubriéndolos, tendré derecho a que me hagan válida la garantía.

El colmo fue cuando, al decirles que después de casi un año y suponiendo uno que  no habría que traerla en el bolsillo, pues creíamos haber comprado en una tienda seria y de prestigio, no teníamos el recibo de pago a la mano, me contestaron que ellos tampoco ya que-contrario a toda lógica fiscal y contable- periódicamente se deshacían de los comprobantes y facturas de ventas (Sic). Después me solicitaban  que les precisara en ese momento el día exacto en que había hecho la compra ya que era la única forma en que el gerente podía hacer un esfuerzo y ayudarme.

(Moraleja: si usted adquiere algo-lo-que-sea- enmarque el recibo o la factura y consérvela por el resto de su vida, tatúese además en su antebrazo, la fecha exacta de esa compra por si la ocupa y memorícese uno a uno de los renglones que, con letra casi imperceptible, aparecen en la garantía que a regañadientes nos entregan pero que, al momento de la venta, nunca nos lo advierten).  

Entre los ejemplos que me pusieron para hacerme entrar en razón y les pudiera entender su “lógica” es que yo estaba corriendo con mucha suerte, ya que otros-como los que adquieren ahí una laptop u otro equipo de cómputo- solo tiene siete, siete! días para reponerle con un uno nuevo , el aparato que se hubiera dañado, de lo contrario apenas merecerán que la tienda lo mandé con un técnico para que lo reparé, con el riesgo de que tenga que pasar por todo estos avatares que aquí les estoy contando.

Creo que en la medida en que toleremos estos abusos, en esa medida perdurarán, sean en esta tienda, en otra o en el propio servicio público donde se encuentra ubicada la delegación sonora de la Procuraduría Federal del Consumidor, al cual hasta la fecha no ha dado muestras contundentes de que esta sirviendo al objetivo para la cual fue creada.

Ya con esta me despido, no sin antes citarle, a manera de ejemplo, algunas revelaciones de inconformidad que compañeros de mi mismo dolor de varios lugares de orbe, incluido Hermosillo, han dejado en el ciberespacio con respecto walmart:
     
Denuncia 1:

“Después de Navidad 2007 trate de regresar un trenecito que el niño que lo recibió no le gusto. Total, su padre había perdido el recibo (que yo les di para que ellos regresaran el juguete).

Yo termine yendo a la tienda y sin recibo. Me tarde como 20 minutos tratando de razonar con empleados incompetentes que me aseguraban que no iban a poder regresar mi dinero (como unos $45 dólares), o darme crédito de tienda. La registradora ya no tenia el tren en inventario (3 días después de Navidad! - Wow! que bien organizados están!).

Cuando por fin me canse, fui a buscar al gerente general de la tienda. Me atendió un joven atento. Después de recitar mi letanía nuevamente y por 3ra. vez, me pidió que regresara a la Caja de Servicio al Cliente para que me regresaran mi dinero.

Moraleja: No pierdan el tiempo con empleados que no tienen autoridad para arreglar su (s) quejas”.

Denuncia 2:

“El día de reyes, unos amigos y yo decidimos comprar una rosca de reyes, total que fuimos a Wal-Mart al de San Manuel.
El caso es que... compramos el mencionado pan y al llegar descubrimos que una cucaracha viva estaba adentro de la Rosca.

Inmediatamente fuimos a la mencionada tienda y exigimos ver al gerente y al Gerente de Perecederos. El gerente y el wey de Perecederos no sabían ni en donde meter la cabeza, ya que le estábamos diciendo un chin... de insultos como una tienda de "mediana categoría" (jajaja), no tiene higiene en sus departamentos.Total, que ya no compro nada en los Wal-Mart, después de esto quede decepcionado y asqueado de esa in... tienda”.

Denuncia 3

“El 20 de mayo acudí a comprar una pantalla cuyo monto no era de aquellos por los que se traen en cambio en la bolsa. Al hacer el pago con mi TDC, por el monto se pidió llamar al Banco, toda vez que esas compras en el suscrito no son usuales. Después de esperar una hora para que el supervisor se dignara a llamar al banco, me dijo: "la maquina dice que no le autoriza", aventando mi tarjeta. Llamé al banco para pedirles autorización de liberar el cargo y me dijeron que no tenían problemas, solo que requerían la llamada de Walmart. Total, ni el gerente, ni el supervisor quisieron hacer la llamada, es más, solo fingieron hacerla para librarse de mí. Estuve en toda esta monserga dos horas y salí sin éxito, con coraje e impotencia de que ni el mismo gerente me dijo cínicamente: es que ahorita hay mucha gente y no podemos distraernos en una sola compra...una compra que de verdad amigos era considerable pues era una pantalla que vale unos miles...”

Denuncia 4:

“Saque una tarjeta de crédito de Walt-Mart hace un año, con la cual saque una cámara fotográfica digital,y un asador, la verdad es que pagué dos veces más su valor, y las personas que contestan en servicio al cliente son muy groseras. Hablan muy temprano sin importarles que uno trabaje tercer turno, una vez que me atrasé con un pago, me llegó una hoja de que habían enviado mi cuenta con un abogado, yo debía como $700 pesos y en papel decía que debía como $2500, siendo que ya habían hablado a mi casa y yo había acordado pagar ese fin de semana.Al hablar al servicio al cliente me dijeron que hiciera caso omiso de ese papel. Entonces yo me pregunto ¿para que hacen eso? Para asustarlo a uno, para amenazar o ¿qué? La verdad es que yo ya no quiero saber nada más de tarjetas de crédito”.

Denuncia 5:

“Trabajo en Wal-Mart desde hace unos meses y me he podido dar cuenta de la jodidez de jefes que tengo, las quejas que he podido leer en esta página acerca de esta empresa, creo que están más que justificadas, pero creo que los que trabajamos ahí no tenemos mejor suerte ya que tenemos que hacer el ridículo en cada junta que tenemos en la mañana, nos hacen bailar el estúpido baile del pato a la fuerza, después de las seis de la tarde no podemos comer ni ir al baño y ay de el que no le vaya al América porque es el equipo del gerentillo general. Muchas veces he querido hacer efectivas garantías vigentes, pero como es pérdida para la tienda te devuelven el dinero en una tarjeta de regalo y cuidado porque si no te fijas no te reembolsan todo tu dinero. Podría seguir contando muchas cosas más, pero no es necesario si es que han estado alguna vez en un apestoso Walmart”.

© Miguel Ángel Avilés

 

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 No mis amigos, no me estoy refiriendo al domicilio de tan ilustre señor, ni tampoco me dejo influenciar por la corriente Bazbazista, ni por los acreditados métodos de investigación policiaca que el caso Paulette nos aportó. Lo que pregunto es que si ya escudriñaron, como posible móvil, en las pugnas internas que se carga el Partido Acción Nacional…

EL JEFE DIEGO: ¿YA BUSCARON EN SU CASA?
Por Miguel Ángel Avilés

El jefe Diego está secuestrado y México también. A mi me preocupa en que desenlaza esta historia sobre Diego, pero más me preocupa la situación de mi país.
 
Y es que ya éramos tantos y parió la abuela. Esta forma tan monotemática en que se van poniendo a la vista los problemas en México, no todos necesariamente de gran importancia, parece el cuento de nunca acabar.
  
Apenas el año pasado, por ejemplo, un supuesto terrorista que en realidad sólo traía una bruta peda, secuestra un avión y eso basta para que nos entretengan durante una semana en horario triple A con este alboroto que como tantos ocurren en este México donde nuestros gobernantes (de mayor peligroso que el aparente terrorista), al darnos razón de ello, ponen frente a las cámaras unos semblantes de infinita seriedad que contrastan con sus humorísticas declaraciones.
 
Como ese hay muchos más: la fábula del chupacabras, ese animal imaginario mitad Carlos Salinas-mitad Elba Esther Gordillo que ganó estatus de leyenda urbana por ser un depredador y tener garras tan peligrosas como las de cualquier político actual; o aquel de la vidente conocida como La Paca y utilizada por la PGR como su investigadora profesional; la historia de los tres náufragos que sobrevivieron por largos meses ante un contratiempo de esa naturaleza, a base de alimentarse con carne humana, según dijeron, y con sendas parvadas de gaviotas que sucumbieron ante su hambre y que a causa de eso ahora están en peligro de extinción allá por Australia.
 
O el hecatombe que nos anunciaban con la llegada de la influenza HN1, una enfermedad que si bien requería cuidado, fue el pretexto para acuartelarnos en una alienación social que no dejaba lugar para el menor cuestionamiento, pero si para jugosas ventas de cubrebocas, placebos y un gel comercializado en cantidades industriales que llegó para quedarse; o el homicidio en grado de tentativa contra Salvador Cabañas en el BarBar que al inicio parecía la mera consecuencia de un junior mal ocasionado como lo es el JJ, pero al pasar de los días afloraron mayores elementos para suponer una posible vendetta entre un grupo empresarial y sus ex socio televisa en medio de la cual quedó el Paraguayo como saldo de este pleito entre rufianes del poder.     
 
De Paulette, ay dios, ni que decir. Únicamente sumarnos a la incredulidad generalizada y el descontento traído por las ineptitudes de la autoridad ministerial, quizá no tanto por las conclusiones a las que arribó ayudada por la ciencia, sino por haber desechado la línea de investigación que temía un suicidio decidido por la menor quien, al ver tanta armonía en el seno familiar, decidió cortar por lo sano y escapar por la puerta falsa.  
Antes de acusar sin miramientos a nuestras instituciones que nos mantienen interrumpidamente al filo de la butaca en medio del suspenso para salirnos al final con una idiotez, habremos de pensar primero que las autoridades mexicanas en el fondo son generosas y, antes de resolver un caso con eficiencia, optan por entretenernos por unos días, de lo contrario esto no tendría chiste y cundiría la suspicacia si se antepusiera la prontitud y a la expeditez.

Ahora es el secuestro del Jefe Diego lo que nos trae en la congoja. Pero hoy que el Gobierno Federal y la oligarquía a la que pertenece el Queretano nos tratan de decir que esta vez si viene el lobo y que, contrario a las anteriores series que pertenecían al genero de la ficción, este largometraje si corresponde al México costumbrista, muy pocos lo creen o le restan seridad.

Y no se cree—al menos del todo—porque este país tiene años de estar secuestrado: lo secuestró la mentira, la demagogia, el abuso de poder, la desconfianza, la desesperanza, el hartazgo, la injusticia, la farsa, los cacicazgos, la burla, la desigualdad, la indolencia, la complicidad, la basura de políticos que se apoltronan en el confort de sus propios partidos: el hambre de muchos ante la gula insultante de unos cuantos. 

Todo esto es lo que abona esos despiadados comentarios que se hacen en las redes sociales contra una persona. Todo eso es lo que provoca que no se confíe (ni por los propios allegados de Diego) en las autoridades encargadas de perseguir un delito de esta magnitud. Todo eso es lo que hace cada quien tenga y cada cual tenga su teoría sobre el móvil del secuestro de un hombre tan poderoso ayer, pero tan indefenso, tan nada en estos momentos.

La Guerrilla, el crimen organizado, un cartel en específico, el trueque entre una mafia (la que tiene secuestrado a Diego) y otra (a la que pertenece Diego y que gobierna a este país), son algunas de las muchas líneas de investigación que se atisban en los diarios, en los círculos de poder, en la clase política, en las voces de la gente de a pie.

Es preocupante que en este tragogordo nacional dos poderes-uno fáctico y uno legítimo- se hayan hecho a un lado. Televisa se silenció por cuenta “propia” como si también formara parte de la familia de Diego y no fuese un medio de comunicación cuyo fin es informar. A la PGR, el órgano del ejecutivo encargado de perseguir los delitos del orden federal, se le pidió—por las buenas—que se hicieran a un ladito porque las negociaciones serían de tú a tú entre entre los plagiarios y la familia de Diego. (Hasta ahorita todos hemos entendido que esa alusión a “la familia de Diego”, es la familia consanguínea, no la familia política ni mucho menos la familia Michoacana).

Una familia que por el momento tan angustioso que están pasando, habrá que guardársele un mínimo de respeto. No sería yo de los que aventarían el sombrero al aire si esta historia tiene un desenlace fatal. Pero tampoco soy de los que, aprovechándose de la ocasión, tratan—convencidamente o no—de volver ilustre a un hombre que tiene ganados a pulso los epítetos que uno pueda encontrar para un abogado y un político que se ha enriquecido gracias a traficar con todo el bastión que le permiten sus influencias.

Si por cada enemigo que este señor se ha echado a cuestas se abriera una línea de investigación, haría falta papel para hacer constar la comparecencia de todos ellos cuando fueran citados a declarar; sin embargo, resulta oportuno hacerles una pregunta a los rastreadores del paradero de Diego: ¿ya buscaron en su casa?

No mis amigos, no me estoy refiriendo al domicilio de tan ilustre señor, ni tampoco me dejo influenciar por la corriente Bazbazista, ni por los acreditados métodos de investigación policiaca que el caso Paulette nos aportó. Lo que pregunto es que si ya escudriñaron, como posible móvil, en las pugnas internas que se carga el Partido Acción Nacional, entre los doctrinarios y la ultraderecha de origen católico, la guerra intestina entre la ultraderecha misma, léase Tecos v.s.  Yunque-Muro, que se disputan los restos de los "Legionarios de Cristo" que a su vez cuenta, solamente en México, con inversiones por más de setenta y cinco mil millones de dólares y que pudiera ser el verdadero telón de fondo de todo esto.     
 
Hagamos memoria y recordemos  que la llegada de Calderón a la candidatura del PAN a la presidencia, se logró a contrapelo de la postura de la ultraderecha panista que, en el 2005, constituía el pilar más importante del Presidente Fox ya que estos impulsaban a Santiago Creel como su candidato, de suerte tal que al ganar el actual presidente aprovechando su relación con la vieja estructura partidista, prácticamente se queda solo por lo que, al entrar a la presidencia, hizo acopio de todas las fuerzas políticas panistas que no tenían un origen en la democracia cristiana (los viejos sinarquistas), y  con los grupos y posturas ideológicas de los fundadores del PAN, donde algunas vez anduvieron los padres de Calderón y de Gómez Mont mientras que el hoy secuestrado Fernández de Cevallos laboró por algún tiempo en el despacho del licenciado Manuel Gómez Morín, líder fundador indiscutible del panismo.
 
Ese distanciamiento entre los doctrinarios (gente con ideas políticas liberales) y la democracia cristiana (Yunque-Muro y Tecos), se refleja en la manipulación que la presidencia ha hecho de la dirección del PAN, la punga del presidente con Espino Barrientos (cabeza visible de la corriente de ultraderecha citada), y se pone mucho mas álgido en la medida que se acercan elecciones que perfilan la elección del 2012.
 
En suma, hay más intereses en riesgo en la lucha interna de la derecha mexicana, que los intereses en riesgo en la lucha entre el Estado Mexicano y los cárteles del narcotráfico (si es que este sigue siendo uno de los considerados como posible responsable del secuestro de Diego) porque en la lucha de la derecha se juega el poder político más importante del país (la presidencia) y una cantidad de inversiones en millones de dólares, inconmensurablemente mayor que la de todo el narcotráfico mexicano junto.
 
Por eso no es de extrañarse ni resulta ocioso destacar las bravatas que sobresalieron en el marco de la XXI Asamblea Nacional Ordinaria del Partido Acción Nacional, que se celebró en el Distrito Federal el pasado fin de semana:  

“Lo que hay que hacer es reorganizar nuestras filas; por eso, lo que hay que hacer es dejar de dividirnos; por eso, lo que hay que hacer, es dejar atrás precisamente las rencillas, las disputas por los cargos, las disputas por los puestos políticos y unirnos para la gran misión de seguir sirviendo a México desde el Gobierno. Es la hora de que Acción Nacional despierte y vuelva a unirse nuevamente, como una sola fuerza; que demos la espalda a quienes pretendan dividirnos; que nos unamos más que nunca y vayamos por lo que es lo nuestro, que es el apoyo ciudadano”, proclamó Calderón el sábado, sin destinatario aparente.   
  
“Le tomo la palabra al presidente Felipe Calderón Hinojosa en su llamado a dejar atrás pleitos, resabios del pasado y todo aquello que pueda ser fuente de división en el PAN”, reviró el domingo Santiago Creel, casi como admitiendo una alusión.  Dijo que es bueno que ese llamado venga por parte del Presidente de la República, dado que su grupo es el que ha venido ejerciendo mayoría dentro del partido.

“Y es importante que esa mayoría, hoy ya cambiada por la integración del nuevo Consejo Nacional, acepte apertura, acepte un diálogo, acepte el poder incluir a quienes han estado del otro lado de la mesa en cuestiones de índole interna, y que nos unamos todos juntos para enfrentar lo externo.
  
Es por eso que si se siguen todas las huellas de los responsables de este secuestro contra el encumbrado hombre, quizá pudieran conducirnos a los adentros de su casa. De su casa política. Y estar ahí muchas respuestas de lo que le está pasando a Diego, aunque no necesariamente las encontremos en las recónditas orillas de una cama.

© Miguel Ángel Avilés

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Fíjate que de quien te hablo, es una persona que siempre tuvo una  trayectoria intachable, una  conducta honesta y muy responsable para su trabajo, sin embargo con la mano en la cintura un día  cualquiera le dijeron que ya no se presentara y  que firmara la renuncia porque necesitaban la plaza. ¿Cómo ves?”
 

 

 
POSTADA SOBRE LA VIOLENCIA LABORAL

Por Miguel Ángel Avilés

A raíz  de la reciente entrega titulada Violencia Laboral (o Mujer v.s. Mujer) en la cual se exponía la violencia de este tipo que en sus distintas manifestaciones viene aflorando con cierto despotismo en algunas dependencias estatales y municipales, y que se ejemplificaba con el caso de Marcia Contreras, llegaron a la dirección electrónica de esta columna, varios comentarios que no sólo constatan lo anterior, si no que nos advierten que el tema es más común y preocupante de lo que parece.  Respetando la confidencialidad de sus autores para no acarrearle perjuicio en su fuente de trabajo, doy paso a cada uno de ellos:

Mujer del sector público:

“Ándele: como le pasó a alguien muy cercano a quien paradójicamente le entregaron un reconocimiento por sus 30 años de servicio y 15 días previos a la "celebración" le pidieron el puesto de manera¨"voluntaria". Que ironía ver que tantos años de servicio, no tengan validez para quienes llegan a tener el poder en sus manos, y sólo les interesa acomodar a quienes les acompañaron en campaña sin tomar en cuenta  tantísimos años entregados al servicio del  Gobierno del Estado.  Fíjate que de quien te hablo, es una persona que siempre tuvo una  trayectoria intachable, una  conducta honesta y muy responsable para su trabajo, sin embargo con la mano en la cintura un día  cualquiera le dijeron que ya no se presentara y  que firmara la renuncia porque necesitaban la plaza. ¿Cómo ves?”

Profesionista y Maestro Universitario:

“Marcia ha demostrado desde mucho tiempo atrás lo que vale como persona comprometida con la lucha social en general y particularmente en la búsqueda de la equidad de género. En lo personal, no le veo rumbo al "nuevo sonora" y es una verdadera desgracia que lo poco bueno que tenían lo estén desaprovechando.”

Lector no registrado:

“¡Ándele!  Así es como se hace algo efectivo contra una injusticia, con nombres, datos y situaciones concretas que exhiben públicamente las arbitrariedades y a quienes las cometen, no que ojalá porque eso del ojalá ya no se funciona ante la falta de vergüenza generalizada, sino están obligados a corregir en este caso del que estando usted enterado le ruego no quite el dedo del renglón hasta que se reinstale a la dama sacrificada, como hay tantas que no tienen quien exhiba lo que les pasa pero no deben quedarse calladas.”

Trabajador del sector público:

“Caray, pareciera que estás en el sector público porque así están sucediendo las cosas.”

Maestro Universitario:

“Interesante. Mi esposa y yo hemos sido objeto (afectado, por supuesto) de este fenómeno laboral. No crea que nuestro apego por las causas sindicales-laborales tenga una explicación intrínseca a nuestro carácter aguerrido y liberador del oprimido; en parte sí, pero en gran proporción ha sido porque hemos sido tratados de manera diferencial en todo nuestra ya larga carrera profesional (21 años aproximadamente) y hemos tenido que aprender a sobrevivir en esta implacable selva académica pletórica de fauna indómita y escarpados territorios, ante los cuales hemos pagado ya nuestra cuota de salud. Por eso es que estoy interesado en el tópico. Además de que escuché hace más o menos un año, en un foro sindical, que las abogadas del Bufete Jurídico Universitario se referían también a este asunto: expusieron respecto a su definición y origen de estudio, pero no fueron más allá respecto a los mecanismos de defensa del trabajador involucrado en este fenómeno.

Maestra y escritora:

“Así es, esta violencia se ha generalizado. Me consta de un caso en particular en Navojoa. Una pariente mía, con veinte años de trabajo previos, es tratada en esta forma, como tú lo señalas.”

Lectora y estudiosa de los medios:

“Por cierto hablando de Silencio, también podríamos sumar a la lista a la directora de DIF Hermosillo, que por razones obvias ha pasado a un segundo plano, cuándo en realidad es ella quién debería asumir el papel que por escrito le corresponde. Es deplorable el lugar que se le da a María del Carmen Tonella Trelles como títere y como si estuviera de adorno. En ocasiones hasta se asombra si alguien la quiere entrevistar a ella y no a Marcela... es increíble!”

Es cuanto, autoridades del trabajo…

© Miguel Ángel Avilés


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…“la discriminación en la contratación de la víctima o no respetar su  permanencia o condiciones generales de trabajo, la descalificación del trabajo realizado, las amenazas, la intimidación, las humillaciones, la explotación y todo tipo de discriminación por condición de género, incluyendo su estado de gravidez”.



VIOLENCIA LABORAL (O MUJER V.S. MUJER)
Por Miguel Ángel Avilés

Le llaman mobbing que quiere decir “linchamiento emocional en el trabajo” y puede consistir, entre otras formas, en descalificación del desempeño del empleado o de la empleada, asignarle cargas mayores, magnificar sus errores, ignorarlo o amenazarlo verbalmente, hostigar  y desde luego provocar la renuncia o de plano despedirlo sin causa justificada.
   
Otros efectos pueden depender de la resistencia emocional de la persona, pues es común que la víctima se someta a tortura psicológica y deriva en fenómenos como el ausentismo laboral o ausencia de compromiso del trabajador o la trabajadora con la institución.
En cualquier de estas formas, destaca un mismo padrón: el acoso laboral.
   
Las investigaciones al respecto precisan que el mobbing se relaciona con la lucha por el poder y lo peor del caso es que va en aumento sin que aparentemente nadie haga nada.
  
Esto puede ser lo que esta ocurriendo en algunas dependencia del gobierno estatal y, particularmente, en algunas dependencias del gobierno municipal de Hermosillo, por citarlos sólo como ejemplo para aproximar el tema, porque este fenómeno es a nivel mundial.
  
Lo anterior se da con más frecuencia al inicio de cada trienio o cada sexenio, con la “sólida” explicación de que “así es esto” pero pareciera que en los gobiernos iniciados apenas hace unos meses bajo la pomposidad  de “ El Nuevo Sonora”, la violencia laboral  se ha hecho más notoria, más visceral, más revanchista y, porque no decirlo, más torpe.
  
Cuando Eduardo Bours asumió la gobernatura se puso en práctica el famoso redimensionamiento que en teoría se justificaron diciendo que había un exceso en las contrataciones y en la creación de puestos por lo cual habría que ajustar la planta laboral del gobierno estatal y bajo esa premisa se dejó sin empleo a mucha gente. En realidad lo que se quería era sacar a unos para meter a otros. Asi de simple.
 
Según palabras del propio Guillermo Padrés, Eduardo Bours, le dejó una entidad endeudada y con una mayor plantilla de burócratas, cuyo gasto salarial y de operación aumentó 54 por ciento en cinco años, hasta llegar a 5 mil 678 millones de pesos. 
 
Para remediar esto, el actual gobernador hizo sus propios ajustes. Al menos eso fue lo que se dijo. Pero en realidad lo que se quería era sacar a unos para meter a otros. Asi de simple también, aunque los actuales operadores han sido más abruptos que el cajemense y eso ya es decir mucho.
 
Aquellos encubrieron los despidos en el famoso eufemismo del “redimensionamiento”.  Estos, por burdos o por sinceros, han sido mas directos: “es que ocupamos la plaza” “es que son instrucciones del señor gobernador” “Es que son compromisos de campaña.”
 
A esto pudiéramos llamarlo como la expresión máxima del mobbing. Al fin y al cabo como dicen los expertos, dicho abuso esta íntimamente relacionado con la lucha por el poder.
  
La otra versión ya la describimos al principio: es una violencia laboral que se caracteriza por la presencia de comportamientos violentos de una o varias personas sobre otra u otras de manera continúa durante cierto tiempo con la intencionalidad de aniquilar o destruir en forma psicológica al trabajador o la trabajadora con actos inmediatos o con amenazas.
  
El superior o la superiora jerárquica  ejercen esta violencia hacia la víctima, criticando su trabajo sobre todo en público, y desplegando un terror ya sea en forma individual o a todo el grupo de trabajo.
  
Pueden también practicar la famosa ley del hielo, es decir, provocar que nadie le hable a la víctima o que la aíslen. Otra vía para expresar esa violencia es la calumnia o la ridiculización en público o en privado o la exposición a la burla o la encomienda de tareas inferiores a sus competencias o a ponerla a realizar actividades humillantes, sin reparar en el golpe que se le pega a la autoestima de la víctima o la  inevitable depresión que le ocasiona.
   
Esto puede originarse con varios propósitos: para conseguir un “escarmiento” porque, desde el prejuicio o la predispoción  de la que genera la violencia, estuviste en la anterior administración y siysolosí eres una corrupta, una enemiga, una mala persona.
   
También puede darse por revanchismo. Este lo llega a ejercer alguna persona que pudo ser despedida en anteriores administraciones y luego que su partido se ve favorecido con el voto, vuelve engangrenada del alma, tratando de poner “orden” en pro de una supuesta honestidad que no tuvo cuando se beneficiaba de las prebendas en los años previos a su cese. 
   
Ándele: como lo que está pasando en algunas dependencias del municipio de Hermosillo la cual se rubrica por algunas con una singular sentencia: “es que ahora tenemos el poder”.
   
Hay una violencia laboral que puede establecerse dentro de la violencia llamada opaca. Esta es sutil pero permanente, digamos que es un invisible cuchillito de palo para que alguien se harte y renuncie. Incluso puede tener dos caras: en una de ellas se felicita a esa persona en público como un valuarte imprescindible de esa fuente de trabajo durante todos sus años como trabajadora, pero por otro, ya a solas, se le está pidiendo en forma constante de diversas maneras que deje el cargo porque viene otra a ocupar su lugar no precisamente con la misma capacidad que la que esta por irse de manera “voluntaria”.

Ándele: como lo que le pasó a Marcia Contreras, honesta y comprometida mujer desde hace muchos años a quien en días muy recientes se le hizo un reconocimiento público por la institución para que laboraba y la semana que acaba de pasar fue despedida para que otra persona ocupara su lugar.

¿Qué si para quien laboraba Marcia?: para el Instituto Sonorense de la Mujer, al cual se entregó en cuerpo y alma sin poses ni snobismos, exponiendo incluso su propia salud.
 
A esta mujer no la mirarás con una chocante pose disertando sobre el tema. Tampoco la verás en busca de reflectores viendo este fenómeno desde la distancia y con una engolada voz por el simple afán de lucirse. Menos es de las mujeres que son una erudición en datos y estadísticas, en incendiarios discursos cada 8 de Marzo, en estudios desde el escritorio permitida por la tranquilidad de una beca o de un puesto, o de una fundación en torno a la perspectiva de género, pero que a la hora de rifárselas por sus pares, algunas de estas se escabullen del pronunciamiento público para defender un caso concreto o no se suman a una protesta contra estos actos porque les pasan de noche o porque desde su compromiso partidista o su “prudencia” intelectual no lo ven políticamente correcto hacerlo.
  
Ella, en cambio, puede considerarse una precursora de muchos logros en la lucha real y constante del feminismo en Sonora, entre los que se encuentra el formar parte actualmente del Consejo Consultivo de Atención y Desarrollo de las Mujeres de Hermosillo, la  creación del Comité de desarrollo comunitario de la Colonia Eusebio Kino, el impulso, junto con varias  mujeres más, de la Ley de Prevención y Atención de la Violencia Intrafamiliar para el Estado de Sonora o lo que ahora es la Ley De Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Sonora.
 
Esta última ley, por cierto, señala en su artículo 8 que constituye violencia laboral: “la discriminación en la contratación de la víctima o no respetar su  permanencia o condiciones generales de trabajo, la descalificación del trabajo realizado, las amenazas, la intimidación, las humillaciones, la explotación y todo tipo de discriminación por condición de género, incluyendo su estado de gravidez”.
 
Tal violencia la genera indistintamente el hombre o la mujer, aunque los casos que he visto recientemente han sido de la mujer hacia la mujer.
  
Hay otros tipos de violencia que se puede ejercer en forma indirecta a partir de hacer como que la virgen les habla o, sencillamente, guardar silencio ante estos hechos.
  
Ándele: como el silencio que hasta ahora han mantenido la Directoras del Instituto Hermosillense de la Mujer y la Directora del Instituto Sonorense de la Mujer en todo este enrarecido ambiente laboral que nos ha traído el nuevo Sonora, por ejemplo.      
  
© Miguel Ángel Avilés

 
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Es cierto que es una ley controvertida y que representará costos. Arizona es un Estado con crisis presupuestaria y ante ello se ha planteado un aumento de los impuestos a las ventas estatales.


NOTAS SOBRE LA LEY SB1070 Y OTROS MALES
Por Miguel Ángel Avilés

Para quienes la impulsaron, es una ley que ayudará a combatir con fuerza legal lo que en su país consideran uno de sus principales males: el proceso migratorio, ese proceso que va desde la nostalgia, el destierro, la ilusión, los sueños, la indolencia, el espejismo, la muerte.

Para quienes desde acá se encuentran replegados en su trinchera empresarial o política, es una promulgación que merece un colérico rechazo, pero no tanto como para  que de una vez por todas ellos mismos empezaran a tomar medidas, cada quien en el ámbito de su competencia, con el fin de que hombres, mujeres y niños no sigan cruzando el desierto como la gran apuesta o la última esperanza para encontrar el sosiego económico perdido en su propio país.

Aun cuando deberán transcurrir los noventa días para que entre en vigor, dentro de la maquinaria legislativa ya se dio un gran paso; en medio de un reclamo ensordecedor, con una interminable oposición de voces contra su aprobación y con las inminentes protestas de todo tipo que quedan por venir, la gobernadora de Arizona Jan Brewer, garabateó su firma al calce del documento que le fue puesto ante su vista, sobre esa mesa de paño negro y de este modo quedó promulgada la que se ha identificado como la ley SB1070 y que, básicamente, tiene por objeto criminalizar con pena hasta de seis meses de cárcel y una considerable multa a todo aquél que se encuentre ilegalmente en el país y sancionar a su vez a quien ose contratar o transportar a una persona que no acredite su legal estancia en el país. Además, contiene disposiciones para permitir que los ciudadanos presenten demandas contra las agencias gubernamentales que impidan el cumplimiento de las leyes de inmigración.

Es cierto que es una ley controvertida y que representará costos. Arizona es un Estado con crisis presupuestaria y ante ello se ha planteado un aumento de los impuestos a las ventas estatales. Si a esto se le suma la posibilidad de un boicot comercial por parte de un sector de nuestros connacionales y del futuro castigo del voto hispano y el desacuerdo de Barack Obama la cosa se pone más difícil aún. En ese contexto, que para algunos gobernantes mexicanos sería suficiente para abortar cualquier intento de empujar hasta su aprobación una iniciativa, por más que haya nacido desde los grupos más radicales y racistas, no se puede regatear la habilidad que tuvo Jan Breuer para llegar a esta etapa legislativa. Esta mujer de aspecto lúgubre, huérfana de padre cuando tenía once años, con un hijo fallecido en 2007 de cáncer, de gran experiencia acumulada hasta antes de ser gobernadora, sobre todo como líder de alto nivel de disciplina por uno, o también llamado látigo en la política de partidos cuyo objeto principal es, ni más ni menos, garantizar el control de la toma de decisiones en un proceso formal parlamentario, hizo lo necesario para que al final llegara la ley a sus manos y promulgarla.

La ley establece que para hacerse cumplir, se faculta a  los agentes policiales para interrogar a cualquier persona en torno a su status migratorio y para ello, basta que el facultado observe en alguien la más ligera sospecha de que está pisando suelo norteamericano ilegalmente, luego de que “dijo adiós con una mueca disfrazada de sonrisa y le suplico a su Dios crucificado en la repisa el resguardo de los suyos.Y perforó la frontera como pudo”.

Esta sospecha de ilegalidad podrá tipificarse en alguien si el agente supone que ha realizado algunas de estas conductas: entrar sin autorización ni control, mantenerse más allá del periodo autorizado después de la entrada legal o por violar las condiciones de entrada legal: si el sospechoso entró legalmente sin la inspección, entonces el sospechoso podría ser clasificado como un "Visas de No Inmigrante Overstayer" o una "Tarjeta de Cruce Fronterizo Violator"; si el sospechoso entró ilegalmente sin inspección, sería clasificado como un “evadido de los Inspectores de Inmigración y Patrulla Fronteriza”.

Tal facultad, sin embargo, será discrecional y riesgosamente arbitraria, pues quedará a juicio del agente en turno, nada tolerante ni respetuoso de la diversidad racial ni de los derechos humanos, quien con el sólo hecho de que le nazca la corazonada, podrá someter a hostigadores interrogatorios a cualquier persona para saber si se encuentra legalmente en ese país.

En toda esta vorágine desatada por dicha ley, están los que aún ignoran sus alcances, y quizá hasta su existencia y son los que ahorita probablemente se están internando en territorio norteamericano después de padecer por días las inclemencias del tiempo o los abusos de un pollero y luego de dejar atrás, como en una fúnebre carrera, a otros connacionales que yacen muertos de sed en el desierto.

También están los que, viviendo ya en ese territorio, andan a salto de mata desde mucho antes de la promulgación de la ley y más lo andarán  si esta disposición entra en vigor.

Se encuentran además los que tanto en territorio mexicano como en territorio norteamericano se han solidarizado siempre y cuántimas lo harán ahora en favor de los que estarán expuestos a los embates racistas que subyace no tanto en la ley misma, sino en la norma que la nutre y en los grupos que la impulsaron.

En esta suma de inconformidades e indignaciones, están también las que aparentan serlo: declaraciones, advertencias, pesares y pronunciamientos de quienes ven la paja en el país ajeno y no la viga en el que gobiernan.

Esto que ahora resulta desde luego reprobable y que es de algún modo una práctica común de muchos Minutemanistas confesos o encubiertos, no vienen a ser más que un modus operandi discriminatorio y abusivo, cuyo ámbito espacial de aplicación, con la aprobación de una ley o no, tiene la voz de arranque desde el Río Suchiate que marca la frontera occidental entre México y Guatemala, pasa por todo el territorio mexicano y desemboca en Estados Unidos.

El que se pronuncien todos los actores políticos nacionales o estatales-sea el presidente de la República, sea el Gobernador Sonorense Guillermo Padres—  pasando por cancilleres, representantes populares o las cámaras empresariales— es loable en la coyuntura de la aprobación de esta amenazadora ley, pero también significa una voz incongruente, hipócrita y falsa, que mientras se levanta por lo que hace otro gobierno con los nacionales que tuvieron que irse para allá, nada hacen en concreto para que otros más no se sigan yendo.

La investigadora Ana Elena Barrios, de Enlace-Equipo Comitán lo dice mejor: “Cuando se habla generalmente en México de migración, se suele hablar de la frontera norte, que es la noción inmediata y en términos de la exigencia que le hacen los mexicanos al gobierno de Estados Unidos para el respeto de sus derechos, sin embargo, se suele ignorar que México es un país muy importante de tránsito y destino de migrantes, de personas centroamericanas que cruzan y llegan al sur de México a trabajar o van hacia Estados Unidos pero son víctimas de graves abusos personales y laborales.”
 
Este tipo de abusos se propagan hasta Sonora y lo mismo los comete un policía, que personal de migración o unos de esos empresarios metidos a políticos que suelen enganchar a jornaleros agrícolas del sur del país o de Centroamérica para traerlos a laborar en condiciones miserables; o una persona que enarbola un regionalismo rancio y suele ser profundamente discriminatorio con los que llama “guachos” o “oaxaquitas”;  o una autoridad estatal o municipal  que persigue a ese otro al que fácilmente puede pasar por encima de sus derechos constitucionales sin que nadie les ponga un alto. Muchos de estos atropellos se hacen precisamente  a partir de lo que tanto se le cuestiona a esta ley: la simple sospecha.

Recordemos nomás la sui géneris política criminal que con el espaldarazo del entonces presidente de la CEDH, Jorge Sainz Félix, puso en práctica el Ayuntamiento de Nogales, Sonora, cuando a éste lo encabezaba el alcalde Marco Antonio Martínez Dabdoub en contra de las personas que llegan a laborar a ese municipio.

El señor ex alcalde confesó, en su momento, el registro o el fichaje que hacían a los trabajadores de algunas empresas para prevenir el crimen y justifica su panacea anteponiendo razones que en el fondo no únicamente suenan rudimentarias e inútiles, sino además resultan discriminatorias.

“Sucede que quien comete un delito en el Estado de México o en Guerrero, siente que al irse a Nogales se fue a la región extranjera, entonces mantenemos la prevención a nivel de registro de personas que van llegando a la ciudad”.
     
Por eso suenan chocarreras las múltiples declaraciones que en estos días se han dado como si verdaderamente les importara al grado del sollozo, la situación de los mexicanos: “esta ley desentierra conceptos que debieron quedarse en pasaje oscuros de la historia, como la época Nazi o el Apartheid, tales como discriminación y racismo, los cuales actualiza y legaliza”, dice, por ejemplo, un patriótico Manuel Ignacio Acosta Gutiérrez, cual si la historia lo registrara como un genuino defensor de la causas sociales a la hora de las definiciones.   
   
Esta nueva ley vendrá a ensombrecer todavía más la política migratoria actual, pero debemos tener el prudente juicio para no olvidar que la misma no es causa sino consecuencia de la pobreza de miles de mexicanos que no se ha sabido  ni se ha querido combatir por quienes cual si fuese probados defensores de los derechos humanos, hoy  dan muestras de sus habilidades histriónicas y se enronquecen fustigando a esta ley, pero que por pasarse los días y los años en la ignominia de sus frívolas e intrascendentes carreras electoreras en pro de sus mezquinos intereses personales o de grupo, nada de efectivo hacen en el ámbito de las políticas públicas para que un jefe de familia, solo o con toda ella deje sus pobrísimos bártulos que tiene como patrimonio y se arriesgue a irse rumbo al norte, a pesar de saber que la muerte es una de las caras de esa moneda que lanzan al aire cuando emprenden ese viaje muchas de las veces sin retorno.

© Miguel Ángel Avilés







 

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“Y yo te digo: Cuando alguien se va alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado.”

 

LOS FANTASMAS DE DOUGLAS
Por Miguel Ángel Avilés

El lenguaje, ese gran río de palabras, puede ser un disparo hermoso que infaliblemente va y pega con dolorosa dulzura en   pleno corazón. 

Un libro es una contemplación: agua en el fondo, agua inevitable que al asomarnos a él, nos pone frente a nuestro propio reflejo.

Los Fantasmas de Douglas, de Virginia Hernández, es un libro de cuentos pero también puede ser una obra en once actos que después de la tercera llamada nos coloca frente a frente con esa atmósfera que recubre al proceso migratorio y que va desde la nostalgia, el destierro, la ilusión, los sueños, la indolencia, el espejismo, la muerte.

Es el contar, a través de historias duras, la intentona, siempre inclemente, casi nunca con final feliz, de esas criaturas que han liado sus bártulos allá en la tierra del nacimiento y del sentimiento, con la sola idea de llegar a la frontera, moverse en la frontera, pasar por la frontera, parapetarse en algún lugar de la frontera o cruzar hacia el otro lado por la frontera.

Sí, la frontera: esa que ha de verse, en efecto, como la  colindancia que divide a la adversidad mexicana del porvenir norteamericano, pero, sobre todo, como la última apuesta y la última esperanza de algunos para encontrar el sosiego económico perdido en su propio país. Irse, esperar, estacionarse, pernoctar, regresar o quedarse: en esta baraja de opciones esta la disyuntiva que se guarda a veces indefinidamente en la maleta repleta de quimeras que pesa en sus alforjas. Otros, no sé si los más, que también buscaban esto, lo único que encuentran es la muerte.

En estos cuentos brota, salta y está a la vuelta de cada página un combustible que les es común: la necesidad, que no ilegalidad, ese escurridizo concepto atribuido a los migrantes para confrontarlos, como si fueran sus caras, contra un sol ardiente: esa legalidad aparentada, una legalidad ficción, una legalidad podrida, agrietada que representa en escena una gran farsa donde dos actrices, la nación y la justicia, ejecutan un dialogo como escrito ex profeso, para dos envejecidas putas.

Compromiso, indignación, defensa, combate en el frente de batalla. Nudo en la garganta, denuncia, reporte o saldo de los daños de lo que hemos sido, de lo que estamos siendo en el iracundo tema de los migrantes. Todo esto pudiera ser este éxodo de historias que marchan rumbo al norte en un trote solitario, árido e infecundo pero que gracias a la prosa liviana, verosímil, diáfana y, creo que vale decirse, sabrosamente Rulfiana, esquivan la seductora trampa del panfleto y enderezan el rumbo hacia ese oasis fresco y dulce donde siempre abrevará con gozo la buena literatura.  

Quién de los dos sufre más pena: ¿el que se va o el que se queda? entona con añoranza esa canción y antes de responder uno mismo con pedante análisis, Cesar Vallejo emigra desde su tumba como ánima, como fantasma y obsesionado como siempre ante el problema de la vida y de la muerte, el poeta me echa una manita ofrendándome con delicadeza su sapiencia solidaria:

“Y yo te digo: Cuando alguien se va alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado.”

Ir rumbo al norte es ir cargando con un retrovisor sobre nuestra propia vida a cuestas que nunca dejas de ver. En el primer cuento nombrado Miramar, es un hombre a la mitad del río el que lleva en ancas ese pasado para contarle los recuerdos como una última canción de cuna a su hijo Chinto que no lo sabe o no lo quiere saber muerto como él quedará después, luego, enseguidita, a poco rato de que las balas han dado en el blanco:

“Mira, mijo, como se ven las luces de la ciudad; si hasta parecen luceros colgados del firmamento. Como racimos de mangos.”

“¿Te acuerdas de los mangotes que daba el árbol del camino a Miramar? Eran de lo de Gertrudis Sánchez. La ramas salían a encontrarnos al camino…y pos si a los mangos se les antojaba cruzarse los linderos, uno no tenía la culpa.”

¿Dónde están situados cada uno de estos hechos? ¿Dónde los cuentos de Los Ángeles, Calera, Huachinango, Puré, Misa de seis, El desierto, Tecún Umán (la pequeña Tijuana), La Cacería, El hombre en el río? ¿Dónde está lo corpóreo, el espíritu, los huesos hechos polvo, el recuerdo, la memoria, el olvido, el riesgo, el sacrificio, los deseos y las ansias de Juan, de Alminta Peinado, Paz Monteón, Don Ladislao, sus demás hijos. Donde el último respiro y donde la última exhalación de Albita de dos años y Jaime de Siete, de la propia voz del Desierto, del Padre Felicitas, de Rubén cazado a mordidas por lo perros y rematado con un balazo en el pescuezo por esos hombres de español masticado montados a caballo; o de Lupe el niño-adolescente que desde Veracruz se vino de trampita en los trenes o de aventón en los camiones hasta la frontera y un día, luego de guarecerse con otros más en un galerón oscuro como su final, fue encontrado muerto en el desierto de Arizona “con claros indicios de haber sido violado numerosas veces”.

“Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Y no es que ellos queden en la casa, sino que continúan en la casa” me responde de nuevo el propio Vallejo y se va volando quien sabe a qué refugio.

Yo, mientras tanto, diviso un cielo azul grisáceo que se entiende por  toda la orilla de Tijuana, de Nogales, de Piedras Negras, de Juárez, de Laredo, de Reynosa, y siento la llegada de un vientecito fresco y sureño de esos que hay allá por Zacatecas, por Jalisco, por Guanajuato, por Ciudad Hidalgo, Chiapas.

Y cuando señalo a esta última se aparece retadora, pesadamente frente a mí, la descomunal seño Torina, la de Guaraparí, indolente lenona de Tecún Umán, uno de los principales centros de prostitución de Centroamérica.

Tecún Umán, sí, ahí donde también habita “el Tambuco”, un hombre negro de lamosos dientes disparejos, con severo retrazo mental que una vez llego de las Antillas y que ahora se afana como enterrador.

Estas son algunas de las criaturas que se alojan en el libro de Virginia Hernández, una autora que contrario a lo que hacia el Tambuco con los muertos, ella, convertidos en fantasmas, los exhuma y nos los presenta en carne viva a través de estos relatos.

Están ahí, en fila como yendo a la tierra prometida y justo en medio de todos partiendo el libro en dos, como muro, como franja, como malla, como un río bravo creciente y sumamente peligroso, está ese cuento que obvié con intención líneas arriba: Southwest, el que deja constancia del hombre blanco personificados por esos rancheros de Douglas que apuntan hacia el sur con sus rifles de caza entre las manos.

Estos cuentos, sin duda, pueden leerse como un palindroma literario. Inícielos de norte a sur o de sur a norte. En ambos polos, aún con el dolor que los parió, estará esperando al lector una frontera: La belleza.

María Elena López Ramírez a quien la autora dedica el libro, nuevamente ahora puede sentirse satisfecha: su hija, Virginia Hernández, le ofrece con esta obra, una prueba irrefutable más de que le aprendió a imaginar sin miramientos.

© Miguel Ángel Avilés

 

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…nosotros no podemos tener la misma actitud, por lo que es necesario que pare esto porque si no al rato va a ser una guerra de poder…

DIPUTADOS LOCALES: CANDIL DE LA CALLE…
Por Miguel Ángel Avilés

Son así: a la hora de discursar sobre un tema cuya oposición o defensa los viste de un populismo quimérico y lucidor no hay nadie quien los pare en tanto su retórica hueca no los arrastre hacia el empeño de su palabra y del compromiso real con una causa justa y concreta.

En el marco de la XXI Conferencia Legislativa Fronteriza, creyendo quizá que de sus interlocutores obtendría una opinión digna de grabarla en una placa,  la presidenta de este organismo que agrupa a representantes de los diez estados que comprende la franja fronteriza México-Estados Unidos, la senadora por el Estado de California, Denise Moreno Ducheny, solicitó conocer de los legisladores sonorense su opinión sobre la iniciativa SB 1070  la cual busca que cualquier autoridad de Arizona pueda solicitar documentación a extranjeros que se encuentren aquí, a fin de que demuestren su status migratorio, sin importar el lugar donde se encuentre la persona.

Dicen que para cuando la funcionaria terminó de hacer su pregunta, ya había, como en un salón de clases, un racimo de manos levantadas dispuesto sus dueños a ser los primeros en responder con raras gesticulaciones e impostada voz lo que la anfitriona les pedía.

Aquello parecía la aplicación del examen de Enlace y estudiosos que son nuestros legisladores sobre los temas fronterizos, cual si se hubieran contactado previamente en sesión espiritista con Cesar Chávez, nadie se quedó sin complacer a la senadora Moreno Ducheny.

El diputado Córdova Bon sostuvo que esta medida le abonaría a la creación de más conflictos y a la desestabilización de las relaciones entre los estados de Sonora y Arizona, porque además de violar las garantías individuales, generaría un clima de resentimiento hacia los ciudadanos de este País.

El diputado César Augusto Marcor Ramírez, con la misma agudeza intelectual con que aborda el tema de los graffiti, al respecto consideró que, de aprobarse esta iniciativa, después podría pasar lo mismo en California, Texas, Nuevo México y otros, hasta extenderse a toda la Unión Americana.

 “Lo estamos sintiendo como un tipo de racismo, si vemos en las noticias que una persona agrede a otra por no ser de su color, imagínense que estemos en algún evento social, van a hacer lo que quieran con nosotros o con nuestros hijos, de manera que va a llegar el momento de no saber nada de tener que venir a Estados Unidos, y en México nosotros no podemos tener la misma actitud, por lo que es necesario que pare esto porque si no al rato va a ser una guerra de poder”, aseveró.
 
El diputado Marco Antonio Ramírez Wakamatzu no se iba aquedar a tras y sostuvo que cada Estado tiene el derecho de proteger su seguridad externa, pero existen mecanismos que no permiten llegar a estos extremos, pues la iniciativa SB 1070 es humillante, por lo que es necesario cuestionarse qué tantos recursos no se están invirtiendo por parte de los gobiernos locales y federales de ambos países en planes estratégicos, desarrollo transfronterizo, fronteras amigables, entre otros.

El diputado Moisés Ignacio Casal Díaz dijo que son tiempos de buscar la unidad, de cerrar filas y por ello los legisladores de Arizona deberían analizar de nuevo la iniciativa SB 1070, y que los miembros de los diez estados de la CLF elaboren un posicionamiento conjunto.

La diputada Gorgonia Rosas López, no se iba a quedar atrás y con esa fina elocuencia que la caracteriza cuando toma el uso de la voz, calificó como lamentable que exista tal discriminación y racismo, por lo que sería prudente que los legisladores de Arizona analicen de nuevo la iniciativa y que la Gobernadora de Arizona no la apruebe, como hace años la entonces gobernadora de esta entidad, Janet Napolitano, rechazó una propuesta similar.

“México es de ustedes también y jamás los golpearíamos como legisladores; todos los seres humanos somos iguales. Yo sí me siento bastante molesta por esta iniciativa y pido a mis compañeras senadoras que por favor lleven un posicionamiento inmediato al Congreso de la Unión”, aseveró.
Dicen que cuando acabaron sus discursos, la senadora por California, Denise Moreno, tenía los ojos llenos de agua y se le quebraba la voz de la emoción por tan insurgentes palabras de nuestros legisladores.

Quienes estuvieron ahí afirman que vieron posarse en su hombro una imagen etérea que semejaba la figura en pequeño de don Genaro Estrada. “Discúlpelos, señora, no saben lo que dicen”, pronunció quedito el espíritu del mazatleco y luego salió volando con la rapidez de un búho.

La noticia corrió como pólvora por las vertiginosas mechas que son ahora las vías cibernéticas. La senadora no se dejó influenciar por el susurro de don Genaro y por la cara embelesada que mostró después de la excelsitud con que discursaron nuestros legisladores sonorenses, algunos opositores a la fuga de cerebros llegaron a temer de que al finalizar la Conferencia Legislativa Fronteriza, la Arizonense propusiera que estos representantes populares mexicas adquirieran su residencia efectiva en el país vecino y de esta forma se pudiera aprovechar su talento del cual apenas le había dado una probadita.   

Antes de que esto sucediera, nuestros legisladores pescaron en el aire la mezquina intención de la senadora y prefirieron permanecer los siguientes días como unos perfectos idiotas sin aportar ya ninguna aquilatada idea con tal de no ser presa fácil de la seducción norteamericana.

Ha de ser porque en el fondo, por mas que uno suponga que nomás van de Shopping previamente viaticado, en ellos impera la cordura y el espíritu nacionalista, ese que se vio reflejado en la furiosa oposición a la iniciativa SB 1070 y que aquí en su agenda legislativa hay muchos pendientes que también tienen que ver con el maltrato y los actos inconstitucionales en contra de los trabajadores en este caso que laboran en el sector público, pero que, estando en sus manos la posibilidad de restituir algunas disposiciones hacia el camino de la ilegalidad, no lo hacen. Y no lo hacen porque ignoran la propia materia prima que tienen para hacerlo o porque sencillamente—contrario a su saltado pecho revolucionario que mostraron a la hora de arengar allá contra la iniciativa que amenaza a los migrantes, las que tienen aquí, no les importan.

Por ejemplo, dentro de la ristra de iniciativas que yacen  en espera de sus discusión en el congreso local, está la que se encuentra registrada bajo folio 757-58 y que propone derogar la fracción II del artículo 42 de la Ley del Servicio Civil para el Estado de Sonora, a fin de evitar que con posterioridad esta disposición no fuera utilizada para mandar de la noche a la mañana a tanta gente a la calle, tal como se hizo al inicio del sexenio de Eduardo Bours donde se impulsó un proceso de redimensionamiento de la burocracia que significó el despido masivo de 1071 servidores públicos y la desaparición de 1341 plazas, con la complacencia de todas sus huestes y por supuesto con el silencio de todo el sector empresarial que hoy supuestamente no duerme ante la creciente ola que significa el desempleo.
 
Tal como se demostró en su momento, esta medida—que en mucho se parece a la impulsada por el nuevo Sonora para saldar compromisos de campaña y emplear a los leales—no solamente contravenía las leyes reglamentarias aplicables sino que además, el precepto que invocaba el Gobierno del Estado para fundar su arbitrariedad, es decir, la fracción II del artículo 42 de la Ley del Servicio Civil para el Estado de Sonora violaba los postulados constitucionales en materia del trabajo.

Por eso el más alto tribunal de la República, tuvo a bien resolver en contradicción de tesis que en, efecto, el artículo 42, fracción II de la Ley del Servicio Civil para el Estado de Sonora relativo a la supresión de plazas excede lo dispuesto en el numeral 123, apartado B, fracción IX de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado.

Este resultado, incluso, dio pie a la contradicción de tesis que aparece bajo el rubro: PLAZAS. EL ARTÍCULO 42, FRACCIÓN II, DE LA LEY DEL SERVICIO CIVIL PARA EL ESTADO DE SONORA, RELATIVO A LA SUPRESIÓN DE AQUÉLLAS, EXCEDE LO DISPUESTO EN EL NUMERAL 123, APARTADO B, FRACCIÓN IX, DE LA CONSTITUCIÓN Y EN LA LEY FEDERAL DE LOS TRABAJADORES AL SERVICIO DEL ESTADO.

Esa iniciativa apelaba al propósito de encaminar las normas jurídicas que rigen a Sonora por el atajo del Estado de Derecho que ante todo siempre debe de prevalecer, para que en posteriores ocasiones no se imponga la voluntad de la arbitrariedad, pero sobre todo para atenuar un poco la penuria por la que atravesó toda esa gente que aquel día de buenas a primeras se quedó sin trabajo.

Sabemos que los legisladores viajeros regresarán exhaustos, pero luego de un par de días de meritorio descanso, se presentarán al recinto con la aviada suficiente para combatir con enjundia las leyes ilegales que tiene aquí, tal como sulfuradamente lo hicieron allá.    

© Miguel Ángel Avilés  
 

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...bastará decir que alguien es narco, primero para estigmatizarlo ante la opinión pública y sus propios familiares y segundo, para no desentonar con esa criminalística a la mexicana donde la prioridad es investigar todo sobre la víctima y, si el tiempo lo permite, ahí veremos quienes fueron los presuntos responsables de su muerte.  

QUIEN LES MANDA (o Criminalística a la Mexicana)
Por Miguel Ángel Avilés

Puede que uno no lo sepa y que la policía mexicana esté a la vanguardia de los procedimientos que mundialmente se aplican en la búsqueda y el estudio material del crimen.

Puede que uno lo ignore y el Estado mexicano esté innovando con formas sui géneris de perseguir el delito y pronto seamos el referente de los principales centros de inteligencia de la orbe, quienes estarán ávidos de poner en práctica nuestros métodos para poder esclarecer sus más sonados casos.

Puede.

Pero aun cuando así fuera, la lógica me gana y  no logró entender como está eso de que cuando aquí en México se ejecuta a una persona, la primera línea de investigación de la autoridad ministerial apunta hacia la propia víctima.

IDENTIFICAN CADÁVER ENCONTRADO EN MONTECARLO

Como presunto traficante de armas al servicio de un grupo del crimen organizado y con dos nombres diferentes fue identificado por la Procuraduría General de Justicia del Estado el hombre que fue hallado sin vida en una casa del "fraccionamiento Montecarlo”.

Y a las cuántas horas, teniendo como fuente a la mismísima autoridad investigadora que debiera estar persiguiendo al que quedó vivo no al que quedó muerto, ya sabemos toda la partida de antecedentes de este último.

“Un comunicado de la Policía Estatal Investigadora revela que dentro del domicilio de la víctima, en la casa número 25 de la cerrada Alzate, se localizaron un fusil AR-15, cinco cargadores, chalecos tácticos y evidencia sobre la comercialización de armas.”

Antes que otra cosa pase, yo propongo que iniciemos los trámites para conseguir la declaratoria y registro de la denominación de origen de esta criminalística a la mexicana tan peculiar.

Recordemos, con una definición estándar, que la criminalística es una ciencia auxiliar del derecho penal cuyo objetivo es el descubrimiento, explicación y prueba de los delitos, así como la verificación de sus autores y víctimas.

Es decir, si bien es cierto que con su auxilio se busca conocer todo lo que rodeó al acto criminal, lo que aquilatará su utilización e importancia  es el lograr saber a través de ella quién pudo cometer tal acto y en su momento poder aprehenderlo.

Pero el estilo mexicano le pega una rasurada a ese propósito y luego de averiguar todito sobre el ejecutado y poco sobre el ejecutor, se da por bien servido con esto para reservarse la averiguación y sobre el probable responsable termina por saberse poco o nada.

MATAN EN PLENO DÍA A DOS EX JUDICIALES

Dos ex agentes de la desaparecida Policía Judicial del Estado fueron ultimados a balazos ayer por la mañana cuando se encontraban dentro de una antojaría en la colonia Balderrama de Hermosillo.

La Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) informó que uno de los ejecutados era Germán Lugo Norzagaray, de 73 años, quien en los últimos años se le vio como activista social y colaborador en un medio de comunicación.

El otro fallecido era su sobrino Jorge Gastón Lugo Moreno, de 46 años, quien en 1997 fue dado de baja de la extinta PJE por consumo de drogas, luego se reincorporó en el 2000 y dos años después presentó su renuncia.

“El vocero de la fiscalía del Estado declaró que la probable relación de al menos uno de los ejecutados con el narcotráfico se establece como la línea más fuerte de investigación sobre el móvil del crimen.”

VINCULAN AUTORIDADES A EJECUTADO CON "NARCO"

Según los primeros datos que arrojaron las investigaciones, alguno de los dos hombres que fueron asesinados la mañana del pasado viernes tiene antecedentes de vínculos con otros casos relacionados al narcotráfico, informó Guillermo Padrés Elías.

TENÍA NEXOS CON EL NARCO EJECUTADO EN CUERÁMARO

Los avances de la investigación confirman que el móvil del asesinato sí tiene nexos con el narcotráfico y que está relacionado con el asesinato de su primo Daniel Jaime Martínez el pasado 11 de julio, según afirmó el Procurador de Justicia Daniel Chowell Arenas el lunes pasado.

HALLAN A OTRO EJECUTADO EN SANTA ANA PACUECO;  PRESUMEN ERA "NARCO"

Ayer en Santa Ana Pacueco fue localizado el cuerpo de un hombre que fue ejecutado de un balazo en la cabeza, la víctima fue encontrada en el interior de una camioneta último modelo.

Fuentes allegadas a la investigación, presumen que José Manuel Ramírez Macías tenía nexos con el narcotráfico y al parecer era el cabecilla de la banda de los "Garbanceros" que opera principalmente en La Piedad, Michoacán.

INVESTIGAN VÍNCULOS CON NARCOS DE DOS EJECUTADOS EN CANCÚN

Rubén Darío Fuentes fue ejecutado, aparentemente, por trabajar para las dos células del narcotráfico en Cancún. El hombre que fuera baleado en el billar "El Marqués", fue reconocido como miembro del grupo de "Los Pelones" y, al parecer, había decidido tener "doble tirada" y por ello fue asesinado, de acuerdo con un reporte que publica el periódico Por Esto! de Quintana Roo.

En los primeros informes obtenidos sobre el caso, se ha encontrado que Darío Fuentes perteneció al grupo del Cártel de Sinaloa en el año 2000, cuando fue detenido por el traslado de drogas.

TENÍA EJECUTADO ANTECEDENTES: PJE

La víctima fue identificada como Andrés Ramírez Durán, de 30 años de edad y quien tenía su domicilio en Avenida San Nicolás 11507, en el primer sector de la colonia Las Puentes, informó Alejandro Garza y Garza, subprocurador de Ministerios Públicos.

Agregó que la principal línea de investigación es que el ahora occiso tenía nexos con el crimen organizado y últimamente se dedicaba al robo masivo de vehículos, por lo que todo hace suponer que se trate de una venganza por parte del crimen organizado.

IDENTIFICAN A VÍCTIMAS

Los ocho cuerpos calcinados y cuatro más acribillados hallados en una zona rural de las inmediaciones de la capital nayarita el martes, corresponden a un presunto jefe del narcotráfico local y a parte de su banda.

Con esto, a la gente le llega un mensaje claro de la autoridad: quien les manda, por eso los mataron. Pero la sociedad, tan receptiva que a veces es, da como válido el actuar del poder ejecutivo, a través del órgano ministerial y con lo único que se queda es con un tétrica moraleja: no pises terreno fangoso porque vas a terminar igual que ese.

LAMENTA MUERTE DE EX JUDICIAL

Como lamentable consideró el gobernador Guillermo Padrés Elías el asesinato del ex jefe de grupo de la desaparecida Policía Judicial del Estado, Juan Antonio Contreras Domínguez, muerto a balazos cuando salía de su despacho en la colonia Centenario.

Padrés Elías mencionó que las líneas de investigación marcan claramente lo que ya había dicho, de que las personas que se dedican a actividades ilícitas relacionados con el crimen organizado tienden a tener altas las posibilidades de ser heridos o de perder la vida ante lo cual hace un llamado a los jóvenes y la ciudadanía en general para que se alejen de esas actividades y se cuiden de este tipo de "hechos lamentables.”

“Por eso el mensaje es muy claro para nuestros jóvenes, para la sociedad”, continuó, “ayúdennos, aléjense de esa actividad, o las personas que se dedican a esa actividad, porque la violencia ahí radica, en las personas que se dedican al crimen organizado”.

Como medida preventiva dentro de la gente común y corriente puede que esté bien. Con esa política criminal tan aleccionadora no creo que haya muchos voluntarios que quieran correr con la misma suerte que el tipo que yace tirado en la calle ante las estupefactas miradas de curiosos, reporteros y autoridades, pero en el fondo esto se presta para justificar una inactividad institucional ante estos hechos, con la complacencia, incluso, de la propia sociedad.

La acción penal, sin embargo, se extingue sólo por las siguientes causas: la muerte del delincuente (no de la víctima), el indulto, la amnistía, el perdón o consentimiento del ofendido, la prescripción y, del algún modo, la rehabilitación, con los bemoles que esta última pueda tener. 

Entre éstas no se encuentra el que el ofendido o la víctima -en este caso el ejecutado- cuente con antecedentes penales -formales o informales- o que traiga en su haber varios fierros en la lumbre. No obstante, la autoridad se atribuye una facultad de facto, y luego de dar santo y seña sobre la biografía no autorizada del ejecutado, que a pesar de saber todo sobre él nunca lo detuvo, ahora le es útil para cortar por lo sano cualquier indagatoria.

No se trata de negar una realidad ni tampoco asumir la defensa de quienes, de acuerdo a las afirmaciones tan categóricas del Estado, eran unos derechohabientes del crimen organizado. Con la alta credibilidad que tiene el buen gobierno, no tendríamos porque dudar de su dicho.

Pero no olvidemos que en esta hostilidad nacional, ha muerto sin deberla pero sí temerla, mucha gente de la sociedad civil, entre ellos estudiantes, niños, mujeres y para encubrir la torpeza del batallón compuesto por el comandante en jefe Felipe Calderón, sus huestes de verde olivo y los tres niveles de gobierno o por haber perdido la brújula criminológica y que los hace pensar que los homicidios sólo se cometen a causa del tráfico de estupefacientes, bastará decir que alguien es narco, primero para estigmatizarlo ante la opinión pública y sus propios familiares y segundo, para no desentonar con esa criminalística a la mexicana donde la prioridad es investigar todo sobre la víctima y, si el tiempo lo permite, ahí veremos quienes fueron los presuntos responsables de su muerte.

EDIL LIGA A VÍCTIMAS EN DURANGO CON NARCOS

Daniel Delgado, presidente municipal de Pueblo Nuevo, Durango, donde el domingo fueron ejecutados 10 jóvenes y niños, dijo que gente cercana a las familias de las víctimas relacionan a los fallecidos como familiares de narcotraficantes, por lo que el crimen podría ser una venganza.

A pregunta sobre si los niños podrían ser familiares de narcotraficantes, el Edil dijo:

"Algunos sí, no puedo afirmar que todos. Personas que conocen a las familias dicen que los niños son familiares (de narcos)... es lo lamentable".

AUTORIDADES INVESTIGAN VÍNCULOS ENTRE EJECUTADOS Y DELINCUENCIA

La PGR y la PGJE fortalecieron la hipótesis de que las víctimas de la reciente masacre de 15 estudiantes y civiles en Ciudad Juárez, podrían tener relación con la delincuencia, luego de localizar en el domicilio donde se realizaba la fiesta estudiantil, dos fotografías de armas de gruesos calibres.

TEC DE MONTERREY: MUEREN A TIROS DOS ALUMNOS DE EXCELENCIA. VÍCTIMAS FATALES NO ERAN SICARIOS

Las dos personas que murieron el viernes en Monterrey luego de un enfrentamiento entre sicarios y militares no eran criminales, sino alumnos de posgrado becados por excelencia académica en el Tec de Monterrey.

SI VAN A DAR LA BATALLA QUE SEA DE FRENTE: GÓMEZ MONT

Ante el incremento de la violencia en el estado de Tamaulipas, el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont, exigió a los representantes del crimen organizado que no se amparen en agresiones contra inocentes.

"Si van a dar la batalla, que lo hagan de frente, porque en el gobierno federal no estamos embozados".

De seguir con esa bravata y con tan envidiable autoestima, muy pronto los veremos regresar de esta guerra entonando en coro, a manera de terapia, esta canción:

Se acabaron los bandidos
se acabaron los pateros
y ya se están acabando
a todos los pistoleros…

© Miguel Ángel Avilés

 

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 Pero la sangre llama y hubo de venirse a Hermosillo este año porque ya no quería extrañar más a la familia: la de origen.

A LA CAZA DEL GALLO CLAUDIO (…O EL OTRO COMBATE)
Por Miguel Ángel Avilés

Le apodan El Gallo Claudio desde su adolescencia, cuando empezó a  cambiar de voz y sus palabras se escuchaban en dos tonos, en dos inflexiones que pa recía que al hablar, alguien, en coro ladino, le estaba haciendo segunda.

José Roberto Murillo Gastelum, alias El Gallo Claudio, no está  esa  tarde del 28 de enero cuando el barrio El Jito de la ciudad  de   Hermosillo es sitiado por la tropa. Han llegado al barrio al mando de la superioridad y la ostentación de la fuerza (bruta). Hasta pararse en dos chuecos callejones entraron quemando llanta más de siete unidades de distintas corporaciones policíacas.

En la retaguardia, cercanas a la casa de la cultura y con las  torretas encendidas, están dos patrullas en media calle impidiendo el paso de los carros que venían del norte. En la calle Revolución, la boca grande que apunta hacia los primeros callejones del Jito, están otras patrullas dos besándose de cofre a cofre e impidiendo que pasen los carros que vienen del sur.

El corazón del barrio se encuentra atestado de muchas más. Muchas.

La zona parece una gran discoteca a cielo abierto: las luces de las torretas destellan por doquier. Los radios sueltan voces etéreas en claves ensalzadas por sus interlocutores que parlan misteriosos entre sí.

En el corazón del Jito se cruzan gatos y perros espantados. Los vecinos se repliegan en las orillas de las bocacalles y otros, desde de sus casas de agrietado material y de lavaderos a medio caer, ven con asombro morboso a ese  escuadrón vestido de negro y enmascarado que está a la espera de la señala de ataque.

En el corazón del Jito llora un niño y las mujeres se aconsejan y se van.

Allá en lo alto, como si de él fueran a descender, sobrevuela un helicóptero y en su puerta donde les pega el aire fuerte están dos hombres expectantes con arma larga en mano, en franca posición de tiro.

La puerta de la casa del Gallo Claudio es abierta con escasa delicadeza y los agentes entran temerariamente aventando todo lo que esté a su paso.

Es así como inicia la ejecución de la orden de cateo número 52/2010, librada por el Juzgado Sexto Federal Penal Especializado en Cateos, Arraigos e Intervención de Comunicaciones.

En la casa sólo están los hermanos Héctor Julio y  Martín Murillo Noriega. El primero es el papá del Gallo Claudio, el segundo es su tío. Los agentes van por ellos hasta el patio donde estaban y le preguntan con voz tronante  que si de quien era la casa.      

A los dos los sacaron del domicilio y continuó el operativo. En esa casa vive desde hace muchos años don Héctor Julio. En el fondo, en un cuarto remozado por el mismo, habita El Gallo Claudio con su esposa y sus dos hijas. Esa tarde no esta ninguno de los dos. José Roberto, El Gallo Claudio anda para el centro de la ciudad, su esposa Raquel Mendoza anda en la costa de Hermosillo.     

Los guardianes del orden ya andan empujando cada puerta, ya andan escudriñando cada mueble, ya andan husmeando cada huella. El cuarto del Gallo Claudio y la casa de su papá ya son un desbarajuste. Un cajón quedó allá, un colchón está en el borde la cama y los agentes, prestos, acarrean aparatos hacia fuera de la casa donde vive el Gallo Claudio. 

La orden de cateo número 52/2010 va perdiendo rumbo. Como si encontraran una veta para su infalible indagatoria, los encapuchados de negro recogen uno, dos, tres, cuatro uniformes militares. Los elementos de la unidad Mixta de Atención al Narcomenudeo no cesan en su afán por dejar ese territorio a salvo del crimen y, por el marcado peligro que, según ellos,  han de representar para la sociedad, acopian, según cuentan los afectados, unas botas, unas fotos del Gallo Claudio y de su hermano, un DVD, un X-Box, un Play station.

La prensa al día siguiente es parcial en el reporte: “El operativo realizado por efectivos de la Procuraduría General de la República en la colonia El Jito, en Hermosillo, concretó el arresto de tres presuntos distribuidores urbanos de enervantes y droga asegurada además de indumentaria tipo militar”.     

El Gallo Claudio no se ve por ninguna parte. Su padre y su tío están ahora a merced de los uniformados. No obstante, nunca se los llevan detenidos. La lógica invita a pensar que nada se ha encontrado que pueda ameritar su aprehensión.      

Además de las botas, un DVD, un X-Box, un Play station y los uniformes militares, nada se llevan que puedan ser materia que acredite esa tan perseguida distribución urbana de enervantes.     

Don Héctor Julio y don Martín no son tomados prisioneros. Por eso la lógica otra vez impera: en esa casa—al momento del operativo—no se encontró ninguna droga (se testifica).      

Pero el boletín refriteado días después en algunos medios, enjuicia diferente, tanto que parecería referirse a otros hechos: “Ahí aseguraron catorce envoltorios con marihuana con un peso total de 99 gramos, 8 envoltorios con cocaína, con un peso de 5 gramos 700 miligramos, una báscula gramera (y) un cartucho… una maleta con indumentaria tipo militar y documentación diversa a nombre de José Roberto Murillo Gastélum y Héctor Julio Murillo Noriega”.      

En estos dos últimos datos, no mienten: en el cuadro del fondo del domicilio de Don Héctor, si había, si encontraron y se llevaron una maleta con indumentaria tipo militar y documentación diversa a nombre de José Roberto Murillo Gastélum y Héctor Julio Murillo Noriega”.       

La maleta con indumentaria tipo militar que causó suspicacia en los agentes y una parte de los documentos pertenecen al Gallo Claudio. El resto de papeles pertenecen a su papá, que por vivir ahí, es lógico—como lo hace cualquier ciudadano normal—que los tenga bajo su resguardo.       

El 12 de Enero de este año, José Roberto Murillo Gastelum, alias El Gallo Claudio volvió a Hermosillo, luego de permanecer destacamentado por casi cinco años en la localidad de San Quintín, municipio de Ocosingo, Chiapas como cabo de sanidad. Es decir, El Gallo Claudio acababa de causar baja como militar y nada tiene de extraño que tuviera en su casa esos uniformes los cuales estaba por entregar en esta zona.      

El Gallo Claudio, si el censo está actualizado, era uno de los 1233 habitantes que en promedio pueblan esa región Chiapaneca.      

Pero la sangre llama y hubo de venirse a Hermosillo este año porque ya no quería extrañar más a la familia: la de origen. Aquí pretende ingresar al ISPE pero ha de volver a tramitar eso papeles que ya había correteado porque ahora están en poder de un representante de la ley, como parte de las delicadas evidencias halladas en la casa situada en la casa ubicada en el callejón Mina que reventaron los prácticos agentes.        

Mientras ese empleo venía, El Gallo Claudio guardaba catorce mil pesos en su cuarto, como parte de la liquidación y fondo de ahorro cuando causó baja del ejército. Con ellos pretendía sobrellevarla él, su esposa, y sus dos hijos: el que venía en camino y otro que apenas tiene ocho meses de nacido. La tarde del 28 de enero, como le hiere esa fecha, porque ese dinero también desapareció.        

El Gallo Claudio no sabe donde quedó por que él andaba en el centro. Jura que no tiene ningún vínculo con los hechos que motivaron la orden de cateo. “Habla con el bueno”, le sugirieron en la Unidad Mixta de Atención al Narcomenudeo como si ese fuera el camino infalible que había que andar para su exoneración.          

El Gallo Claudio piensa en voz alta y dice ahí mismo que presentará una denuncia. “¿Estás seguro?” lo inquiere su interlocutor, en una encubierta, ambigua advertencia para que la piense bien antes de dar ese paso.          

Su papá, Don Héctor Julio, optó por otras instancias y fue a interponer una queja ante la CEDH. De la misma, hasta ahora, no se les ha informado ningún avance o si de plano el organismo declinó al respecto por razones de competencia. Piden, eso si, que en este tema su presidente no recurra a la manía de declararse neutral como lo ha venido haciendo hasta ahora con otros temas.       

El despliegue de un día antes no impide que “El Gallo Claudio” reanude sus ejercicios diarios y, como siempre, tal como lo llegó a hacer antes, tal como lo viene haciendo desde que llegó de Chiapas,  va a correr rumbo a La Sauceda y de regreso es interceptado por unos llamativos agentes que siguen peinando el área. Le palpan todo el cuerpo, le preguntan donde vive, le solicitan con singulares modales, que les de su nombre: José Roberto Murillo Gastélum, responde El Gallo Claudio, sin ambages y les apunta hacia la casa donde vive. Los abordantes no repararan por dichas generales y el Gallo Claudio, sudoroso, sigue al trote su camino.     

En insuperable coordinación, las autoridades de los tres niveles de gobierno han continuando haciendo su trabajo en pro de ponerle fin a esta enraizada delincuencia, todo con la firme idea de regresarnos el sosiego. Los medios haciendo su labor, ponen su granito de arena en esta cruenta  batalla y lo difunden: “Drogas, armas, cartuchos y personas detenidas resultaron en tres cateos realizados el viernes por la Policía Federal Ministerial en un operativo conjunto con agentes estatales y municipales en las colonias El Jito y Piedra Bola de Hermosillo”.        

A la hora de atacar a estos temibles distribuidores urbanos la fuerza pública no escatima en equipo y material humano con tal de brindar seguridad y abatir este flagelo: “Después de casi dos semanas de un primer operativo contra el “narcomenudeo, decenas de policías de los tres niveles de gobierno en alrededor de 30 patrullas regresaron al barrio de El Jito en busca de drogas”.      

Los resultados son insuperables. Además de un par de detenidos que, a decir de los lugareños ya andan libres, el arresto de otras dos personas que se encontraban con cigarrillos de marihuana, un arma de fuego, calibre 9x18 mm., con su respectivo cargador, dos pistolas calibre 22 y 16 cartuchos, lo confiscado en estos operativos puede considerarse como histórico:

Catorce envoltorios con marihuana con un peso total de 99 gramos, 8 envoltorios con cocaína, con un peso de 5 gramos 700 miligramos 3 gramos 900 miligramos de cocaína y 2 gramos 800 miligramos de marihuana. 16 envoltorios con 70 gramos 200 miligramos de cannabis, 28 envoltorios con metanfetamina que arrojó un peso de 2 gramos 300 miligramos y 2  bachas cigarrillos de marihuana que dejaron a medio fumar el par de individuos arrestados.     

Vaya que esta guerra contra la maldad viene fuerte y parece no haber concesiones: el hampa del mundo tiembla y, huidiza ante tan duros golpes, ya piensa seriamente en abandonar este impúdico negocio.  

© Miguel Ángel Avilés

 

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Don Manuel le señaló lo que acababa de hacer y lo que pudo haber ocasionado y la dama en respuesta le recriminó burlescamente el por que traía a esas niñas como pasajeras: “¿no pudiste subir a más?”, preguntó la dama con una puya deslindadota, con una ironía de mala calidad.

DON MANUEL Y UN CAFRE (rumbo a la sección 54 del SNTE)

Por Miguel Ángel Avilés


Don Manuel es un señor de edad avanzada que se gana la vida trabajando en su taxi. Su taxi es de modelo atrasado pero don Manuel se esfuerza (y le cuesta) para traerlo presentable ante sus clientes.
Don Manuel pues, es una buena persona que todos los días sale de su casa a trabajar honestamente. 

El viernes 5 de marzo cerca de la una de la tarde él estaba en su sitio y ahí fueron solicitados sus servicios por unos pasajeros de los cuales, uno era adulto y cuatro eran menores de edad que acaban de salir de la secundaria. Don Manuel echó las mochilas de las niñas a la cajuela y con el debido cuidado se dispuso a salir, pero hubo de frenar de improviso porque otro carro de manera brusca, como si le urgiera llegar a su destino, golpeó la carrocería del carro de Don Manuel y, a pesar del tráfico de esa hora, hizo por avanzar a toda consta. 

La conductora de ese carro se percató de lo que hacia, vio que  Don Manuel llevaba pasaje, supo que había golpeado el carro de este  pero aún así, sin inmutarse al respecto, insistió en avanzar y lo hizo en forma arriesgada pasando la confluencia de la calle Rosales y Boulevard Hidalgo, convertida en un verdadero cafre.

Para entender el contexto semántico de esta palabra y luego no vayan a decir que injurio, habremos de recordar que el término cafre, se utiliza en México para designar a una persona detrás del volante de cualquier vehiculo automotor que infringe constantemente las ordenanzas y reglamentos de tránsito urbano y de carreteras. Usualmente se trata de personas despóticas y engreídas que, al provocar un accidente, tienden a apabullar o intimidad a otro involucrado, nunca se aceptan culpables de nada.

Ante tal definición, ya no nos cabe la menor duda: esta persona que dañó-aunque leve-el patrocinio de don Manuel y que pudo lesionar a los pasajeros, es un cafre.

Ella no hizo por pararse para ver lo que había hecho o cuando menos para pedir una disculpa. Don Manuel la miró como avanzaba casi doscientos metros y también cuando la dama (pensando tal vez más que nunca en el lema sindical “Unidos somos mejores”) hizo por meterse al estacionamiento “Hermanos Moreno Yepiz” de la sección 54 del SNTE cual si fuera para ella el refugio de su impunidad.

Fue hasta que se percató que don Manuel la había seguido cuando ella detuvo su marcha en la rampa que está a la entrada del estacionamiento y como si fuera la agredida, no la responsable del percance, se bajó con tal desfachatez echando mano a sus fierros como queriendo pelear e increpó a Don Manuel cual bravucón borracho en una cantina que se indignan con el de la mesa de enfrente porque este le llamó la atención por sus ofensas.
 
La dama—sin dar tiempo de nada—increpó a don Manuel y primero le reprochó del por qué la había seguido. Don Manuel le señaló lo que acababa de hacer y lo que pudo haber ocasionado y la dama en respuesta le recriminó burlescamente el por que traía a esas niñas como pasajeras: “¿no pudiste subir a más?”, preguntó la dama con una puya deslindadota, con una ironía de mala calidad.
 
Don Manuel le pidió respeto y le señaló los daños provocados a su carro que si bien eran leves, lo obligaban a poner de sus nimios bolsillos para afinar lo estropeado y pintarlo. “Como eres de exagerado”, “¿qué le hice, dónde,  qué le hice?, no sea escandaloso” acusó la dama en tono despectivo,  sin el mas mínimo respeto hacia don Manuel que a pesar de todo, la exhortaba a la cordura.  “Sólo déme cuando menos para lo de la pintada” le propuso don Manuel, ya para entonces indignado por tanta desvergüenza de la dama.
 
Ella sonrió con cinismo y dejando a don Manuel sin respuesta, engallada tomó su celular y comenzó a llamar, mientras caminaba alrededor del carro que conducía, una  camioneta Dundstar GL color verde de la marca Ford, modelo 1995, con número de serie 2FMDA5143SBA92327 y con placas VYW3632.
 
No es la única vez que a bordo de dicho carro se cometen estas faltas. El 25 de Febrero de 2009 fue infraccionada por estacionarse en zona prohibida o peligrosa y según boleta número 546863 se le impuso una multa por $354.18. El 14 de Enero de este 2010 de nuevo fue infraccionada por estacionarse en zona prohibida o peligrosa y según boleta número 697475 se le impuso una multa de $641.76. No sabemos si las habrán pagado, pero si ve a este carro transitando por ahí, mejor sáquele la vuelta.
 
El bólido conducido por la dama, esta a nombre de Guadalupe Leticia Acuña Núñez quien por cierto, al menos que sean homónimos, aparece en la lista de aportaciones de simpatizantes en especie en campañas federales electorales (sic) del Partido Nueva Alianza, ese mismo que fue creado a propuesta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que es liderado por la insurrecta, la casi indigente maestra Elba Esther Gordillo y que en Sonora, hoy  en día ante el Congreso Local, está representado por los diputados Daniel Córdova Bon, Jorge Antonio Valdez Villanueva y Oscar Manuel Madero Valencia. 
 
Don Manuel—el taxista no el diputado—nada sabe de todo esto. Mucho menos milita en un partido político (a lo mejor porque él si tiene cosas que hacer).
 
Don Manuel (a lo mejor también por eso) es una persona decente y trabajadora (de nuevo me refiero al taxista, no al diputado).  Sólo le reclamaba a la dama que tomara conciencia de lo que había hecho y que cuando menos se dignara a cubrierle los gastos que él erogaría. La dama, después de unos minutos, fue a su carro y de su bolsa extrajo doscientos pesos y se los entregó con desdén a don Manuel. ¡Llorón!, le soltó a don Manuel cuando este recibía el dinero. Quisiéramos pensar que lo hizo a manera de desahogo o a lo mejor nomás para darnos la última demostración de su finura.
 
© Miguel Ángel Avilés

 

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¿Quién por omisión o comisión dejó que encendiera la primera chispa? ¿Quién el fuego? ¿Quién el humo y los lamentos? ¿Quién las muertes, las muertes, las muertes, las muertes, las muertes, las muertes?

A quien corresponda
Por Miguel Ángel Avilés

Estas preguntas se hicieron pocos días después de la tragedia. Algunas, para deslindar o para reconocer o evidenciar responsabilidades, ya quedaron respondidas. Las más, aún no tienen respuesta. Al cumplirse otro mes de esa indeleble tragedia, aquí están de nuevo para que se terminen de contestar o se formulen otras. Por “Yeyé, Emilia”, “El Plinchipe”. Por todos los demás que murieron. Por todos los que están heridos para siempre. Por nuestra memoria. Por nuestra vergüenza.


¿De quien es el inmueble de donde vino la explosión? ¿Por qué se permite la operación de una guardería frente a una gasolinera? ¿Quién reparará el daño moral a los deudos de las víctimas? ¿Cuántas guarderías más hay en estas mismas condiciones? ¿Qué relación de parentesco o amistada guardan los propietarios de la guardería y del inmueble de donde vino la explosión con el gobernador del Estado o con otros funcionarios públicos? ¿Todas las guarderías se encuentren en la misma situación de riesgo? ¿Quien responderá por esta responsabilidad objetiva o riesgo creado? ¿Por qué tan escaso personal para tantos niños y niñas en una guardería? ¿Por qué no han sido atendidas las demandas del personal de las guarderías que han manifestado las explotadas condiciones de trabajo de que son objeto? ¿Es verdad que varias guarderías se encuentran en similares condiciones que la ABC como la guardería que se encuentra en la calle Galeana y Blvd. Serna? ¿Es verdad que esta mencionada guardería es de los mismos dueños de la guardería ABC? ¿Se cumplieron con todos los requisitos para abrir una estancia infantil, tales como licencia de sanidad correspondiente, permiso de incorporación otorgado por la dependencia encargada de la educación pública, presentación de dictámenes periciales que demuestren las condiciones idóneas de las instalaciones equipo y mobiliario, estableciendo el número de niños que pueden albergar? ¿Por qué se permitió que la guardería ABC estuviera construida con material sumamente inflamable como era el techo? ¿Quién no previo esto y quién no ordenó los ajustes necesarios? ¿Pueden hacer público copia de la licencia de salud que acredite que el inmueble reunía las condiciones de higiene y de salud, copia de la constancia de uso de suelo para utilizarlo en servicios educativos expedido por la autoridad municipal correspondiente, y copia del dictamen de Protección Civil? ¿Se hicieron las supervisiones necesarias por parte de las autoridades correspondientes desde antes de su apertura hasta antes de tan lamentable tragedia? ¿Si se hicieron por qué no se llevaron a cabo los ajustes necesarios para prevenir un siniestro como este? ¿Esta guardería ABC cumplía con todos los requisitos Norma Oficial Mexicana NOM-167-SSA1-1997, PARA LA PRESTACION DE SERVICIOS DE ASISTENCIA SOCIAL PARA MENORES Y ADULTOS MAYORES que tiene por objeto establecer los procedimientos para uniformar principios, criterios, políticas y estrategias en la prestación de servicios y desarrollo de actividades en materia de asistencia social a menores y adultos mayores? ¿En cumplimiento a dicha norma y para ofrecer servicios de asistencia social de calidad a los usuarios, esta guardería contaba con infraestructura e instalaciones que les permitan llevar una vida digna y segura, que comprenden Acceso principal por medio de explanada para dar seguridad y protección al público usuario, acceso al área de servicios generales distante del acceso principal, acabados lisos, de preferencia con materiales existentes en la región, en pisos interiores, en áreas de alto flujo como vestíbulos y salas de espera, deben emplearse materiales resistentes, antiderrapantes y de fácil limpieza, en pisos exteriores, se debe utilizar materiales resistentes naturales o artificiales, en pisos donde se requiera agua como sanitarios, baños y vestidores, de deben utilizar materiales antiderrapantes,area física con dimensiones suficientes para albergar el área de gobierno que comprende dirección, recepción, vestíbulo, acceso y oficinas administrativas de acuerdo al tamaño del establecimiento y su estructura, el área física para los usuarios se debe determinar en función de las actividades y equipamiento específico de cada local, clima y asoleamiento de la localidad para su correcta orientación? ¿Esta guardería dio cumplimiento a las disposiciones emitidas por el Programa Nacional de Protección Civil, en función a los riesgos a los que están principalmente expuestos (incendios, sismos, inundaciones, entre otros) y a la Norma Oficial Mexicana NOM-001-SSA2-1993, que establece los Requisitos Arquitectónicos para Facilitar el Acceso, Tránsito y Permanencia de los Discapacitados a los Establecimientos de Atención Médica del Sistema Nacional de Salud? ¿De acuerdo a estas disposiciones contaba área física para el personal, con dimensión suficiente, iluminada y ventilada; baños y vestidores separados por sexo; número de muebles de acuerdo al tamaño y reglamento de construcción vigente en la entidad? ¿El establecimiento contaba con la  Prevención contra incendios de acuerdo al Reglamento de Seguridad y Siniestros vigente en la entidad federativa o localidad? ¿Se contaba con la capacidad necesaria de agua almacenada para el uso en caso de siniestros, atendiendo a lo que establezca el reglamento de bomberos? ¿Había detectores de humo instalados en el techo y conectados a un tablero con indicadores luminosos, accesible para el personal indicado? ¿Habia, de acuerdos a dichas normas colocación de extintores en lugares estratégicos y sistema de alarma de emergencia sonoro, que se pueda activar mediante interruptor, botón o timbre estratégicamente colocado y accesible al personal? ¿Había la ubicación de señalamientos apropiados de tamaño mayor que el usual, para que orienten al usuario en caso de desalojo y puertas de salida de emergencia con la dimensión necesaria y dispositivos de fácil operación? ¿Por qué utilizaron en los techos materiales inflamables o que producían gases y humos tóxicos cuando esto lo prohíbe dichas normas? ¿Quién no supervisó esto y quién omitió prevenirlo? ¿La unidad Estatal de Protección Civil la cual esta subordinada a la Secretaría de Gobierno está cumpliendo cabalmente con su  objeto ejecutar las políticas, programas y acciones de protección civil en la entidad con el fin de salvaguardar a las personas y su patrimonio y entorno, así como el funcionamiento de los servicios vitales y estratégicos, en casos de riesgo, emergencia, siniestro o desastre? ¿Se están dictaminando y autorizando, con toda transparencia y pulcritud los servicios en materia de protección civil como programas internos, procedimientos para la colocación de señales de protección civil, programas de mantenimiento de instalaciones, planes de contingencia, sistemas de alerta, dictámenes técnicos,  peritajes, establecimiento de unidades internas, revisión de proyectos de factibilidad? ¿Realiza con eficiencia y eficacia La unidad Estatal de Protección Civil los actos de inspección a fin de constatar el cumplimiento de las disposiciones relativas a la constitución de unidades internas y a la formulación y aplicación de los programas internos a cargo de los establecimientos? ¿De acuerdo a la propia Ley 161 de Protección Civil para el estado de Sonora el servicio de bomberos está cumpliendo con la aplicación de las medidas de prevención necesarias para evitar incendios, en la circunscripción territorial del municipio de que se trate? ¿Los operadores o propietarios de esta guardería habían presentado un diagnóstico de riesgo en materia de protección civil a la Unidad Estatal o al ayuntamiento? ¿Quién expidió este diagnóstico y por qué razones se expidió en estas condiciones? ¿Cuándo fue la última vez que esta guardería fue supervisada? ¿Por qué no se ordenaron las adecuaciones necesarias o por qué no se tomaron las medidas preventivas para llevarlas acabo? ¿A qué se refería el exgobernador Eduardo Bours cuando el 7 de Junio en la mañana llegó a la casa de Antonio Salido y Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, se sentó en la sala y, palabras más, palabras menos, les advirtió “prepárense para todo”?  ¿Por qué Daniel Karam sigue al frente del IMSS? ¿Qué tan inocente es en todo esto Juan Molinar Horcasitas, ex director del IMSSS? ¿Es el IMSS quien, a manera de distracción, a gritado en todos meses “agarren al ladrón?” ¿Qué autoridad fue omisa al no prevenir esta tragedia? ¿Qué más hay en el fondo de todo esto? ¿Quién por omisión o comisión dejó que encendiera la primera chispa? ¿Quién el fuego? ¿Quién el humo y los lamentos? ¿Quién las muertes, las muertes, las muertes, las muertes, las muertes, las muertes?  

© Miguel Ángel Avilés

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Paquita era hija única. Sus padres la habían tenido ya muy grandes cuando las esperanzas de un embarazo estaban por perderse.

 SOY PAQUITA
Por Miguel Ángel Avilés

Me acuerdo cuando en el 2006 se pusieron de moda los cuellos ortopédicos. Mi amiga Paquita trajo por buen tiempo uno y no perdía ocasión para hablarnos, según ella con gran elocuencia,  de su esguince cervical.
    
Paquita no sabía qué era eso porque nunca se le dio lo del estudio pero durante varias semanas anduvo muy estiradita como jirafa vendada.
    
Génesis, una amiga en común, me dijo que no le creyera nada. Que en realidad lo del choque era una vil mentira. Lo que pasa es que no hallaba como destacar el fin de semana en el boulevard y entonces inventó lo del choque por alcance.
    
A su  papá  le contó, atribulada, que  anoche por poco y se matan cuando venían de la escuela  pero de no haber sido por Alexis, su novio, la verdad, papito, no te lo estuviera contando.
    
“A tiempo escuché que me gritó: ¡¡¡el carro babosa!!!  y yo nomás frené con los ojos cerrados y sentí el golpe.  Alexis se puso guapo con los policías y con el señor del otro carro. De lo contrario ahorita te estuviéramos hablando desde la comandancia para que fueras a sacarnos.”, dijo Paquita, con excelso dramatismo.
    
Su papá le creyó todo. Ese mismo día fueron con el médico y ella llegó al consultorio diciendo que traía un dolor insoportable en la nuca. “A de ser un esguince” diagnosticó compungida  mientras su papá y  el  médico le ayudaban con sumo cuidado a subirse a la camilla para revisarla.
    
Paquita era hija única. Sus padres la habían tenido ya muy grandes cuando las esperanzas de un embarazo estaban por perderse. El señor, don Justiniano Paredones y de Castro (así solía presentarse ante la gente) laboró toda su vida en el servicio público y  hoy,  recién jubilado, ocupaba sus horas como gestor para que no le ganara la tiricia, según decía, pero entre otras cosas también para completar los gastos que originaban los estudios de su hija en esa Universidad privada. La señora, doña Flor de Paredones, mujer de fina estampa y de impostada alcurnia, lisa como una tabla, pasaba la mayor parte del día volando en su carro legalizado y brincando de casa en casa para vender zapatos en abonos entre sus amigas.
   
Este esfuerzo familiar había conseguido que Paquita no careciera de nada para vivir. Que no pidiera Paquita que no estuviera de inmediato frente a ella. Creció rodeada de mimos y de infinitas complacencias; Un llanto de Paquita era una orden castrense para que papá y mamá estuvieran como un rayo a su lado.
   
Así creció Paquita en medio del orgullo y de la adulación de sus padres. Ella supo responderles y los llenó de dicha cada vez que pudo. Doña Flor todavía  parece verla en la explanada del Osito Mandarín, su kinder, vestida de Oruga y dando unos brincos disparejos junto aquellos niños que no atinaban a encontrarle el ritmo a esa canción.
  
Paquita cursó la primaria en el castillo del rigor y del tormento. Sus padres coincidieron en que lo mejor para su hija era ese colegio recién estrenado que ofrecía como el gran remedio educativo la enseñanza de valores y el dominio garantizado del idioma ingles.                                     
   
Con desbordante orgullo, don Justiniano iba y dejaba a Paquita y ella se bajaba corriendo de aquel carro que lucia en su vidrio delantero las calcomanías de la organización que amparaba a los dueños de los carros ilegales.    
   
Paquita entraba arqueada llevando en su espalda esa enorme mochila en cuyo interior iba casi una papelería entera. El edificio de color azul y  recién construido, contaba con un filtro a la entrada y luego un pasillo largo, muy largo que te llevaba a los salones.
   
En el filtro siempre te encontrabas con Miss Virginia, la directora, una mujer entrada en años, pero con una belleza que no era capaz de ocultarse en ese hábito que portaba.
   
Paquita nunca la pudo olvidar, menos olvidaba las veces que la detuvo en el filtro de la entrada porque sus papás no habían pagado la colegiatura. Ella se sentía como una pulga que aplastaban mientras que, en tumulto, los que no tenían ningún retraso en sus mensualidades, pasaban junto a ella indiferentes, como un tropel de búfalos desbocados.
  
Eso y más quedaron tatuados en la memoria de Paquita. Miss Pingüino, como le decían los alumnos,  dirigió ese Colegio  por más de diez  años y durante ese tiempo la disciplina fue la constante para todo el alumnado.
  
Paquita, por supuesto, nada más estuvo seis, los suficientes para entender que aquello que habían elegido sus papás como la mejor alternativa distaba mucho de ser la garantía para alcanzar la erudición.
   
Claro que eso no lo gritó para que vinieran en su auxilio y la rescataran de ese suplicio. Por el contrario, salvo los chascos en el filtro de la entrada cuando no habían pagado su colegiatura, el resto, el transporte escolar en autobuses de lujo, el impecable uniforme de falda a cuadros, los concursos deportivos con otros colegios, la capilla en el propio terreno, las inmaculadas maestras que venía a ser la parafernalia del colegio,  eran herramientas muy útiles a la hora de apantallar con su presunción de niña bien a sus amigas del barrio.           
   
En eso, Don Justiniano y doña Flor eran sus mejores aliados ante los papás de sus amigas, los suyos se convertían en unos pavoreales cada vez que hablaban de su hija. Abordaban el tema premeditadamente y presumían a quemarropa estas ventajas que, según ellos, le significaba tener allí a Paquita.
   
Esto fue un acicate para la niña pues, a pesar de las maldiciones que pudo echar en contra de miss Pingüino por la disciplina que imponía, el resto lo compensaba sintiéndose parte de aquel círculo de amigas con quienes convivía en el salón  y con las cuales intentaba competir a cada instante.
    
Así, según las circunstancias que se le fueran presentando, Paquita tuvo que decir que ella también conocía Las Vegas, que muy pronto iría con sus papás a Europa, que a finales de año cambiarían de carro, que a su perra la habían comprado en una veterinaria y no que se la había regalado una tía a quien no le gustaban las hembras, que su casa eran de dos plantas con cochera al frente y no una de interés social que aún debían.
    
Esa tormenta de invenciones tuvo que construir Paquita para sobrevivir en aquel mundo ajeno y no ser excluida de las fiestas, o de la comida en casa de una amiga o de los paseos que hacían cada fin de cursos a un renombrado centro recreativo de la ciudad.
   
Hay veces que se le vienen a la mente esos días, sobre todo aquel donde tuvo que apelar a un dolor de estómago cuando todos decidieron hacerle una fiesta sorpresa a las maestra de la materia de Valores, Miss Olga, en un lujoso restauran de comida francesa.
   
Entonces se excusó diciendo que le había caído mal una langosta que comió y que mejor prefería quedarse en casa viendo una película en su nueva televisión de plasma.
   
Ese día también lo recuerda porque llegó muy triste a su casa por no haber ido a esa comida y su mamá, tratándola de consolar, le dio la sorpresa de que había preparado unos ricos quelites con arroz blanco especialmente para ella.
   
Entre esos aprietos y ahogos creció Paquita. Cuando se graduó de la primaría fue verdaderamente un gozo pero a la vez un alivio que experimentaba a solas porque ante sus padres y sus compañeros de grupo lucía llena de dicha y orgullo por haber pertenecido a esa generación y por supuesto a ese plantel tan de renombre.

Paquita, sin embargo, escondió la dulzura quien sabe donde y como si hubiera sufrido un exorcismo, pasó de ser una niña atormentada por las inclemencias de su vida a una señorita vestida por la autosuficiencia y el encono, la petulancia y la altivez que no en pocas ocasiones le acarreó aborrecimientos y rivalidades con sus nuevos compañeros de secundaria.
  
Eso le costó que buena parte de su grupo muy pronto le aplicara la ley del hielo tanto a ella como a cinco amigas más de similar perfil que no perdían oportunidad para sojuzgar con cualquier detalle a quien se les pusiera enfrente.  
 
Don Justiniano y doña Flor también padecieron el nuevo temperamento de Paquita. Lo vivieron en su casa y lo vivieron cuando la llevaban al colegio.  Allá le fastidiaba la comida y les reprochaba la fachada de su recámara o la marca de sus tenis o la falta de una computadora. Acá les pedía que ya vendieran ese carro o que le compraran uno propio.
 
Todo esto le resultaba muy útil cuando sus papás la cuestionaban por sus bajas calificaciones. Una vez les llegó a decir que la habían reprobado en no sé qué materia porque no llevó una Lap Top como el resto de sus compañeros de salón. Sus padres compraron el engaño, se sintieron apenados, empeñaron sus anillos de matrimonio y de inmediato fueron a Telmex para sacarle una en abonos.
  
Don Justiniano amenazó con ir con la maestra responsable para pedirle disculpas  a nombre de su hija. Paquita lo paró en seco y le exigió que por ningún motivo se les fuera ocurrir visitar el plantel para interceder por ella.
   
Esa era la Paquita que tanto en su casa como en la escuela conocían. Porque he de decirles que una vez encerrada en su cuarto donde podía pasarse horas sin que permitiera ni una molestia, Paquita cruzaba el umbral de su otro mundo y rumiaba para sí la impotencia que sentía de vivir con esa mascarada en todo momento y ante toda la gente. Se colocaba sus audífonos y ahí, acostada en su cama, musicalizaba su soledad y tarareaba por horas su escondido sufrimiento. De vez en cuando, corría las cortinas y se ponía a contemplar por la ventana ese otro mundo, un espejo donde no se reflejaba.
   
Entonces, sólo entonces, dejaba correr una lágrima la cual se deslizaba por esas mejillas habitadas por múltiples barros tan maldecidos por la vanidad de Paquita.
  
Don Justiniano y Doña Flor, uno de allá para acá tramitando placas y correteando licencias, la otra vuelta loca con el carro lleno de zapatos visitando a sus amigas, bordaban, temerosos, un pronóstico para los contrastes que veían en su hija y terminaban atribuyéndole todo a su adolescente desarrollo.
  
Pero el techo se les vino encima cuando la niña exigió su quinceañera. El zarpazo de Paquita los sorprendió una mañana a la hora del desayuno. Don Justiniano se puso blanco y miró a doña Flor como pidiéndole auxilio quien del puro agobio se derramó aceite caliente en una mano.
  
Don Justiniano se echó al agua con un préstamo y Paquita pudo cumplir así su sueño. Esa noche llovió torrencialmente y la ceremonia del vals cantado por Chayanne desde una bocina de música programada, se llevó a cabo en esa pista  de baile que parecía alberca. Paquita, armada en cólera, maldijo una y otra vez a la naturaleza y a cuanto pudo, por haberle arruinado una de los momentos mas esperados de su vida.
  
Esta ceremonia tuvo lugar el mismo año que Paquita dejaría la secundaría. De haberles entregado las calificaciones finales antes del jolgorio, a la recién festejada quinceañera no le hacen ni la misa.                  
  
Por la cabeza de don Justiniano ya había pasado la idea de ponerla en una preparatoria pública. Su esfuerzo estaba llegando al límite. Pero las calificaciones de Paquita y el grito en el cielo que pegó doña Flor cuando le insinuó que había llegado la hora de sacar a la niña de aquel colegio, lo condenaron irremediablemente a continuar en el suplicio.
  
Hagan lo que ustedes quieran dijo don Justiniano y diciendo esto, azotó la puerta y salió encolerizado. Paquita y doña Flor nomás se vieron y hasta ellas llegó el rechinar de las llantas cuando el carro se alejaba de la casa.
  
Esta enfurecida, la más severa que le habían visto en muchos años, sirvió, en apariencia, como una sacudida en una y en la otra. La mamá planeó, sin decir palabra, la manera  siempre infalible de ponerlo feliz cuando estuvieran a solas. La hija prometió mayores esfuerzos para estudiar mucho.
  
La euforia les duro casi dos meses. A don Justiniano se le vio sonriente y se dijo convencido que valía la pena tirarse a matar a diario con tal de que su criatura llegara a la cima del éxito, algo que tarde que temprano alcanzaría poniendo muy en alto el apellido Paredones.
   
A Paquita le había sentado bien el desarrollo; tanto que de los barros en la cara sólo quedaban unas pequeñas grietas rojas e insignificantes que poco a poco se fue quitando con pomada de la campana y mascarillas de jabón palmolive con azúcar. A juzgar por las miradas de los hombres del salón su figura no era para pasar desapercibida. El pelo le creció hasta los hombros y se lo empezó a lavar con manzanilla para verse nórdica como sus amigas, las caderas embarnecieron y sus ojos de miel resaltaban junto a esas largas pestañas. Su vaivén al andar no era sino la provocación de quien se sabía bella y deseable por esas miradas varoniles que no la dejan de ver cada vez que se podía.
    
Estaría en el patio del colegio cuando  sus ínfulas fueron a dar al piso al ver llegar a la directora acompañada de una mujer que a pesar de los años conservaba esa belleza que se acentúa con la madurez y los cuidados. Miss Pingüino estaba frente a ella  ahora como la nueva directora del tercer nivel.
    
Trató de anteponer el disimulo y voltiose de espaldas para seguir con la bulliciosa plática que tenia con sus amigas. Pero una voz que ella mismo sintió como si viniera del más allá, la interrumpió:
    
 ¡¡¡Francisca Paredones!!! Exclamó con escandaloso acento Miss Pingüino.
    
Paquita dio la vuelta sólo para mostrar, sin más remedio, una cara fosforescente donde confluyeron por un instante ciento de emociones.     
   
¡¡¡Miss Virginia!!! Contraatacó ella, con igual sorpresa, y sin poderlo evitar de pronto se vio en el filtro de la primaria, detenida y ametrallada por las quejas de Miss Pingüino y su inapelable decisión de no dejarla entrar hasta que sus padres se pusieran al corriente con los pagos.  
   
Se rafaguearon con preguntas y ambas—con una dulzura infinita—se desearon parabienes. Ahí fue cuando Paquita probó por vez primera la dulzura de un cigarro. Les arrebató uno a sus amigas que se le fumaban a escondidas, no entró a clases y se refugió en un mutismo que le duró hasta el día siguiente.
    
Doña Flor y su marido la vieron ojerosa y sin mediar interrogación alguna, concluyeron que se debía a la carga de los exámenes finales.
    
El estilo personal de Miss Pingüino comenzaba a tener presencia en esa prepa: ya no más minifaldas, ya no ninguna gorra, ya no el cabello largo o pintado en los varones, ya no más morosos en el pago de la colegiatura.
   
“Miss Virginia es una puta” leyeron atónitos varios alumnos y algunos profesores que llegaron antes que cualquiera esa mañana. Ahí estaba la leyenda escrita por fuera de uno de los salones que se encuentran a la entrada.
     
La osadía causó conmoción en el plantel entero. Miss Pingüino mandó borrar  la ofensa  y trató de ocultar el episodio. Ajustó la disciplina y tomó medidas que para ella resultarían aleccionadoras. Corrió a dos jóvenes porque llegaron con el cabello pintado de verde y advirtió que no volvería a pisar esa escuela todo aquel al que se le encontrara fumando.
    
Santo remedio.
    
El plantel entero pareció enderezar el rumbo y esto dejó dormir en paz a Miss Pingüino.

***

Pasan de las ocho de la noche. Paquita escucha su música y, pensativa, le echa un vistazo al techo. Luego se para y se queda quieta mientras ve por la ventana. No puede dormir. Desde hace días papá y mamá no le preguntan nada sobre la escuela. Sabe que pronto acabará el bachillerato y la verdad no tiene idea para donde va agarrar.
   
¡¡¡Mis Pingüino es una Zorra!!
    
Ahí, en la entrada del platel y  escrito en una cartulina, la agresión se refrendaba.
    
Paquita, retraída, entregó a sus padres lo que enviaban de la escuela.
   
El fin de la preparatoria había llegado. Don Justiniano leyó la invitación para la clausura, la abrazó y le hizo de nuevo la promesa de darle un carro. Doña Flor terció y se soltó llorando.      
    
Esa noche Paquita tuvo pesadillas. Se soñó bailando vestida de Oruga y dando unos brincos disparejos. Miss Pingüino la veía y se burlaba de ella. Paquita despertó sobresaltada cuando clarito sintió que su mamá le tomaba de la mano y se despedía de ella para siempre. Se volvió a quedar dormida y no despertó hasta que su papá tocó a la puerta.     
    
Él y doña Flor le traían una sorpresa. Le vendaron los ojos y la llevaron al patio. Ahí la descubrieron y Paquita casi se desmaya cuando ve frente a sí un jeep también legalizado.
   
En el irían días después a la clausura.
   
Paredones López Francisca de la Flor, anunció el maestro de ceremonias y  ellos se levantaron como resortes para aplaudirle a su hija desde los últimos asientos del auditorio.
  
Al baile no fueron don Justiniano y doña Flor porque Paquita les dijo que no podían ir los padres.
   
Pasó por ella Alexis, otro de los graduados y volvió hasta las cuatro de la mañana.
   
Durante la vacaciones ellas los convenció para que la inscribieran en la misma universidad a la que entrarían sus mejores amigas y desde luego Alexis. Doña Flor le dijo que no se le pudo haber ocurrido mejor idea y esa misma noche, a su manera, se encargó de arrancarle el sí  a don Justiniano.
  
Ahí tienen entonces que Paquita entró a la Universidad.
  
Alexis, para entonces su novio, fue el maestro de tiempo completo en sus clases de manejo, tanto que el muchacho se adueñó del jeep casi por dos meses.
   
Él fue el que los llevó y los trajo con el doctor cuando Paquita inventó lo del esguince. Don Justiniano para estas fechas había tenido que vender su antiguo carro para pagar la colegiatura y le pidió a su yerno, quien todavía no soltaba el jeep, que por favor pasara por su hija para que la llevara a la universidad.  
   
Paquita anduvo varios días muy alzada gracias a ese estorboso cuello. Era apenas su primer semestre en la carrera de Ciencias de la comunicación. Muy pronto mi hija saldrá en la tele, advertía henchida doña Flor. Pero todavía le faltaban cuatro años para eso, porque, como les decía al principio, en ese entonces andamos por el 2006.
  
No pasó ni una semana para que se olvidara del esguince. A los días salió con que necesitaba frenos y queriendo o no convenció a Don Justiniano para que la llevara con un dentista y se los adaptaran.
    
Ahora viaja feliz en el Jeep en compañía del Alexis, pelando los dientes adornados con incómodos trozos de fierro. Pero no quiere manejar, asevera, hasta que papá le compre un lujoso celular de manos libres.                
                                      
© Miguel Ángel Avilés

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…una loción para dama, 3 control remoto y una bolsa para dama.  8 latas de cerveza, ropa interior para dama -tangas- y una caja cerrada conteniendo juego para adultos.



POBRE TEO

Por Miguel Ángel Avilés


Pobre Teo, cuando no le llueve le llovizna. Primero le llueven un rosario de acusaciones en su contra por diversos delitos de carácter federal,  y luego le lloviznan malcriadeces en lo que aún le queda como patrimonio ahí en tan hermoso puerto donde le echaron el guante las fuerzas Reales de Felipe Calderón.
 
Pobre Teo.  

Eduardo Teodoro García Simental, alias "El Teo", "K-1" o "El tres letras", fue detenido el pasado 12 de enero por elementos de la Policía Federal en el fraccionamiento FIDEPAZ de la bella capital sudcaliforniana , y actualmente se encuentra recluido en el penal de máxima seguridad de El Altiplano, úbicado en Almoloya de Juárez, Estado de México.
 
De acuerdo a los diversos boletines refriteados por la prensa, el angelical gordito enfrentará cargos por los delitos de  secuestro, homicidio, robo con violencia, extorsión y delincuencia organizada, por enlistar lo menos.
 
Pobre Teo.
 
Luego del fuerte operativo por tierra y aire que inició la policia federal poquito antes de las seis de la mañana de ese martes, a bordo de helícopteros,autobuses y vehículos que “parecían particulares”, con decenas de elementos portando armas largas, el Teo, como le dijeran los Martínez, cayó en la redes del león.
 
Las crónicas coinciden en que se escuchó una explosión en la zona, segundos después cinco helicópteros sobrevolaban el domicilio ubicado en Pez Vela y Sardina, número 710, teniendo que forzar la puerta principal para entrar (supongo que porque primero tocaron y el Teo no les abrió)
 
Después una de las aeronaves aterrizó en la colonia Fidepaz y en ella se subieron unas maletas negras.
 
Alrededor de las 8:00 horas los elementos se retiraron en su totalidad despegando en aeronaves desde el aeropuerto de La Paz, que ahí tenían en cortito a poco más de cinco kilómetros del punto en que se realizó el operativo.
 
El Teo fue llevado más tarde hasta la ciudad de México, y la zona permaneció acordonada, impidiéndose el tránsito por espacio de dos horas hasta concluir la acción.
 
Pobre Teo. 
  
Tras de sí quedó su casa marcada con el número  710 de la calle Pez Vela esquina con Delfines, del Fraccionamiento FIDEPAZ, ese lujoso conjunto habitacional cuyos pobladores electrónicamente anuncian: ESTAMOS COMENZADO CON UNA NUEVA ETAPA, Y POR ESO: EL COMPROMISO DE VIVIR EN ARMONIA CON LOS DEMAS QUE VIVEN EN NUESTRO ALREDEDOR.
  
La vuelta al mundo le han dado en particular las imagenes de esa casa de pulcro color blanco con tres creciditas palmeras al frente, algunas más pequeñas en los jardines, con amplio tercer piso, tres recamaras, una sala de estar y alberca con jacussi.  Ahí, y a sus alrededores corre un airesito fresco que viene del mar que la zona tiene a junto.
 
Esa zona, y en particular la propia, era la que por obias razones debio de quedar resguardada, asegurada, fuertemente custodiada, pero a los dos días, por ejemplo, sin obstáculo y sin vigilancia policial, un grupo de reporteros pudo entrar a la residencia haciendo constar que la puerta principal se encontraba abierta con la puerta desintegrada y sin ninguna señal de advertencia.
  
Pobre Teo.
  
Y es que así como lo hicieron los reporteros, varios más lo pudieron hacer.
  
Lo hicieron algunos curiosos no más para saber como vive alguien gracias a los frutos de la delincuencia organizada.
 
Lo hicieron fulano, mangano, perengano y otros tantos, y también lo hizo, para mayor desgraciada del Teo, la delincuencia desorganizada.
   
Solidarios con el caído, algunos vecinos del exclusivo fraccionamiento FidePaz, que solicitaron el anonimato, ya habían denunciado a las autoridades judiciales que, ante la falta de vigilancia, la lujosa residencia del Teo, estaba siendo saqueada por vándalos.
   
Y si las fuerzas del orden ya habían apañado a tan afamado malhechor, cuantimas aprehenderían a unos bizantinos pelafustanes de cuarta.  Faltaba más.
    
Sin necesidad de espectacular operativo con helícopteros, autobuses y vehículos que “parecían particulares”, con decenas de elementos portando armas largas, primero se detuvo a  Héctor (el nombre completo no lo pondremos para no exponerlo a la represalia como sí lo hicieron otros medios) de 18 años quién fue sorprendido por los uniformados cuando salía junto con otras dos personas de ese domicilio. Cuando este robo se cometió,  las 4:30 de la madrugada  marcaba el reloj.
     
Más tarde se registró un segundo robo, al filo de las 17:00 horas. Fueron detenidos  a quienes, por las razones ya mencionadas nomás lo mencionaremos como Daniel de 19 años, y un menor de edad.
     
Como si el daño patrimonial en contra del Teo  no fuera bastante,  a las 19:50 horas del día del mismo domingo 17 de Enero fueron detenidos por los municipales preventivos,  Pedro de 18 años de edad, y Cristian de 26 (también obviaré sus apellidos pues han de imaginarse que de saber el Teo de esta afrenta que le hicieron estos muchachos, la venganza privada en su contra puede ser peor que la pena que le impongan nuestros representantes en la tierra del Estado de Derecho.
  
Pobres muchachos.
  
Yo no sé cómo sorteará la justicia estos dos roles que a partir de la detención de estos peligrosos sujetos, jugará el Teo. Por un lado y a estas horas ya tiene el carácter de procesado por la ristra de delitos tanto del fuero común como del fueron federal que ya anuncié. Por el otro, ante la justicia sudcaliforniana, el Teo tiene el carácter de ofendido por los robos y los daños cometidos sin consideración alguna en su contra, y es el Ministerio Público local su legítimo representante ante tales ilícitos.
  
De plano no me imagino a dicha representación social pidiéndole al Teo que presente y ratifique su denuncia  por estos hechos. Tampoco me imagino a la PGR haciendo del conocimiento de la autoridad competente de lo qué pasó en la casa que habrían de resguardar. Mucho, pero mucho menos, me imagino al abogado particular o de oficio de los muchachos detenidos ofreciendo pruebas de descargo a favor de sus defensos: una ampliación de declaración del Teo, una reconstrucción de hechos en el ya popular domicilio, ahí ante la deleitable alberca con jacuzzi, un careo entre el Teo y los muchachos, una diligencia de identificación y devolución de lo robado al ofendido Teo.
  
Pobre abogado.
  
Por cierto, se me pasaba algo que pudiera ser toral en este embrollo. Cuando se menciona lo robado por estos intrépidos muchachos, en los tres robos  se da fe como materia del botín,  de singulares objetos como los siguientes: 
  
Prendas de vestir, así como lociones y otros objetos propios para damas.  17 Shorts, 7 faldas, una faja para dama, 8 blusas para dama, 10 ganchos para ropa, un suéter, 5 pantalones para dama, 4 toallas para baño, una cobija, 2 cobertores, una almohada, una pantalla plana marca Sony, un par de huaraches, 21 diademas para dama, 5 pinturas para uñas, 2 desodorantes, 2 cepillos para pelo, 3 rizadores para pestaña, una loción para dama, 3 control remoto y una bolsa para dama.  8 latas de cerveza, ropa interior para dama -tangas- y una caja cerrada conteniendo juego para adultos.
 
Aquí es cuando me nace la duda sin en verdad el Teo era un peligroso narcotraficante o simplemente era un humilde fayuquero.
 
Pobre Teo.

© Miguel Ángel Avilés

 
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He sido testigo de agarrones de puertas a los usuarios, de caída viejitos, de unidades destartaladas, de vidrios quebrados, de mentadas de madre mutuas entre algún chofer y otros tantos pasajeros, de atropellados, de choques por la imprudencia del operador del camión...

 

 
TRANSPORTE URBANO: TARIFA ILEGAL
Por Miguel Ángel Avilés


El autor de esta columna es un irremediable peatón y si algún servicio conozco y uso a diario es el servicio de transporte.

Desde que llegué a Hermosillo allá por 1984 cuando la primera pesera que agarré me aventó (no me bajó) y a la fecha sigo haciendo uso de los camiones.

He sido testigo de agarrones de puertas a los usuarios, de caída viejitos, de unidades destartaladas, de vidrios quebrados, de mentadas de madre mutuas entre algún chofer y otros tantos pasajeros, de atropellados, de choques por la imprudencia del operador del camión: un joven quien apenas asoma la cabeza por encimita del volante; y este era un gato con los pies de trapo y los zapatos al revés ¿quieres que te lo cuente otra vez?
  
Retraso de ruta, prepotencia de los chóferes –uniformados o no uniformados— unidades que todavía parecen vagones de la montaña rusa, cafres al volante del camión que pone el riesgo al pasaje y al tercer vehiculo contra quien a punto hemos estado de estamparnos, vuelteros o acompañantes del chofer que además de ir distrayendo al susodicho, van estorbando en la puerta de la unidad: exigencias altisonantes de las credencial  a los adultos mayores y a los estudiantes, así vean a estos con uniforme, una mochila, cuadernos y todo distintivo que lo que uno menos supondría es que son astronautas; no uso en todas la unidades de la caja que controlaría el cobro del dinero al pasajero, y algo muy, muy importante porque esto amparara el reclamo de un seguro de accidente o de vida del pasajero: la no entrega de boletos al momento que uno paga la tarifa como ocurre en cualquier ciudad moderna, omisión que se ha denunciado hasta el cansancio pero el Director del Transporte y el de SIDUE sólo hacen como que la virgen les habla.
   
Por eso, ahora que de nuevo los concesionarios reinciden en sus métodos de chantaje para lograr un aumento a la tarifa o mas subsidio por parte del gobierno del Estado sin merecerlo, me dan ganas de calificarlos como vividores, abusivos, gorrones, disolutos, inservibles, oportunistas, perversos, gandayas, holgazanes, inconscientes, pero no lo hago, nomás porque según dicen los que saben, que los epítetos en exceso en un texto no son muy recomendables.  
  
El adjetivo, atestiguan los filólogos, es el rey de la dificultad a la hora de manejar el lenguaje.
  
Ellos dicen también que tendríamos que acometer la labor de abandonar el empleo del adjetivo para insultar, denigrar o satanizar al prójimo. Por eso evito mejor llamarlos en tono mas candente.
  
Para no echármelos encima pues, me limitaré a decir entonces que los concesionarios, transportistas y demás grupúsculo que los acompaña son simplemente unos ilegales, porque no se constriñen al marco de la ley, no tanto a la Ley de Transporte para el Estado de Sonora  cuya violación en complicidad con las autoridades estatales ya es moneda de uso corriente, sino tan siquiera en la ley que autoriza el aumento de la tarifa como lo es la aprobada por el Congreso del Estado en el 2006.
 
Verán ustedes: el 10 de Junio de ese año y luego de agotadoras jornadas de trabajo por parte de los diputados, primero en comisiones y después en el pleno para aprobarla, fue publicada en el Boletín Oficial, la Ley número 247 QUE ACTUALIZA LAS TARIFAS DEL SERVICIO PÚBLICO DE TRANSPORTE EN LA MODALIDAD DE PASAJE URBANO EN EL ESTADO DE SONORA, cuya parte expositiva no era si no una escurridiza verbosidad para justificar tal aumento y una refinada forma de ceder ante los chantajes de los transportistas quienes por enésima ocasión se  salían con la suya.
 
La bandera que enarbolaban era la de todos, toditos los años: buscar rentabilidad y eficiencia en la operación del servicio, lo que se traduciría-otra vez el mismo cuento- en satisfacción para el usuario. Nada de esto se consigue y sino lo creen ahí están por ejemplo la ruta Palo Verde-5 de Mayo cuya buen parte de las unidades parece que las acabaran de levantar de una volcadura. 
 
Aún así a esta gente se le han dado generosos créditos que tiene un aval o deudor solidario de por medio: el gobernador en turno.  Esto se convierte en un círculo perverso: Avalados por anteriores gobiernos, los concesionarios, cebados,  solicitan créditos millonarios que no pagan; el Estado les ayuda a cubrir esos pasivos y, vuelta a lo mismo, avala nuevos créditos que tampoco pagan.
 
El truco es viejo y lo repiten ahora, haciendo mutis con su propia historia: se solicita un aumento mayor al deseado para lograr este último, solicitan apetitosos subsidios y sintiéndose “insatisfechos” con lo que terminan por darles no se sienten obligados a mejorar el servicio.
 
Pero basta hacer una retrospectiva de la última década para percatarnos que de grano en grano llenan su buche los concesionarios.
  
En 1990 la tarifa era de $.50, en 1995 subió a $ 1.00, en 1996 aumento a $2.00, en 1998 llegó a $2.50, en 1999 ya era de $ 3.00, en el 2000 se fijó en $3.50, el 5 de Enero de 2002 se incremento a $4.00 y el 10 de Junio de 2006 se aprobó el cobro de $5.00 en tarifa ordinaria y $3.00 pesos en tarifa especial
  
Su gula no tiene fin. Sin embargo, en la ley ya citada que autorizó la tarifa actual esos eternos compromisos nunca cumplidos, se tradujeron en condición para que pudieran cobrar lo que ahora cobran, de lo contrario, quien no acatara esas disposiciones seguiría cobrando la tarifa anterior.
  
Traducido a la realidad esto quiere decir que buena parte de las actuales unidades deberían cobrar $4.00 en tarifa ordinaria y $ 2.00 en tarifa especial. Mas claro: la  tarifa de $5.00 y $3.00 pesos que pagamos es un cobro ilegal
  
Para que no salgan los señores con que este usuario los calumnia, he aquí lo que dice textualmente el cuerpo de esa ley:
   
ARTÍCULO ÚNICO.- se actualizan las tarifas del servicio público de transporte, siempre que se cumpla con los artículos transitorios siguientes, en la modalidad de pasaje urbano, para que los concesionarios puedan cobrar cinco pesos en tarifa ordinaria y tres pesos en tarifa especial, en este último caso, la tarifa aplicará todos los días del año y durante todo el horario de prestación del servicio en ambos casos.
                               

T R A N S I T O R I O S

Artículo Primero.- la presente ley entrará en vigor el día de su publicación en el boletín oficial del gobierno del estado. Para la aplicación de la tarifa a que se refiere la presente ley, la secretaría de infraestructura urbana y ecología deberá remitir previamente un informe a la mesa directiva o a la diputación permanente del congreso del estado, según sea el caso, del cumplimiento de las disposiciones contenidas en los siguientes artículos transitorios.

Articulo Segundo.- previo a la entrada en vigor de las tarifas, la secretaría de infraestructura urbana y ecología realizará las acciones que resulten necesarias para garantizar un aumento en los horarios, preferentemente nocturno, de prestación del servicio público de transporte en la modalidad de pasaje urbano en el estado.

Articulo Tercero.- únicamente podrán aplicar el cobro de la tarifa referida en el artículo único de esta ley, los concesionarios que acrediten ante la secretaría de infraestructura urbana y ecología:

I.- haberse adherido al programa de modernización de transporte del gobierno del estado (suba) cuyas líneas de acción son: rediseño de rutas, sustitución de unidades, infraestructura, sistema de pago y control de ingresos y organización.

II.- haber implementado un sistema eficiente de pago y de control de ingresos por el cobro de la tarifa.

III.- haber adquirido y tener vigente un seguro de viajero y de responsabilidad civil contra daños a terceros.

IV.- haber acreditado los programas de capacitación implementados por la secretaría de infraestructura urbana y ecología tanto para concesionarios como para conductores de las unidades prestadoras del servicio.

V.- en el caso de los conductores de las unidades de transporte, porten durante la prestación del servicio el uniforme que los identifique como tales.

VI.- que la o las unidades prestadoras del servicio cuentan con los señalamientos especiales que indiquen gráficamente el significado de los tipos de necesidades de las personas con discapacidad o debilidad visual al hacer uso de las unidades de transporte público en la modalidad de pasaje urbano para que puedan ser auxiliados por cualquier persona en los formatos o modalidades aprobados por la propia secretaría de infraestructura urbana y ecología.

Artículo cuarto.- para los efectos del informe referido en el artículo primero transitorio de esta ley, la secretaría de infraestructura urbana y ecología deberá remitir un documento que contenga la especificación de las unidades que cumplieron satisfactoriamente con los términos previstos por esta ley y que están en condiciones de aplicar el cobro de la tarifa actualizada así como el calendario para la sustitución de unidades prestadoras del servicio público de referencia conforme a los términos establecidos en el programa de modernización de transporte del gobierno del estado (SUBA).

Las unidades que conforme a dicho informe no cumplan con los términos de esta ley seguirán cobrando la tarifa de cuatro y dos pesos en tarifa ordinaria y especial, respectivamente, para tal efecto, la secretaría de infraestructura urbana y ecología, por conducto de la unidad administrativa competente, implementará un programa de identificación de las unidades con el objeto de que los usuarios del servicio público de transporte puedan conocer fácilmente la tarifa vigente que cada unidad prestadora del servicio está en condiciones de cobrar conforme a lo dispuesto en esta ley.  

    
La expresión normativa ahí está y es fría. Yo pudiera decir que buena parte de los concesionarios y la pasividad de las autoridades del transporte, han ignorado estos artículos transitorios y siguen con muchas prácticas de antaño.
    
Pero es el Congreso del Estado quien tiene la última palabra ante su nueva solicitud. Siendo así, yo les haría a nuestros representantes populares, dos propuestas:
    
Que antes de tomar cualquier decisión se examine a pie juntillas la ya menciona ley 247 a fin de que se verifique con el soporte probatorio necesario, y el resultado se haga público, si a la fecha ya se cumplieron todas y cada una de las obligaciones previstas en los artículos transitorios de este ordenamiento, las cuales significaban la condición para que tal aumento surtiera efecto, y en caso de que esto no haya ocurrido, se proceda en los términos que en dicha disposición se indica debiendo volver en su caso a la tarifa que estaba autoriza con anterioridad a la fecha de la aprobación de la citada ley.
    
Que una vez hecho lo anterior y cuando decidan incluir en el orden del día este tema, se traslade provisionalmente la residencia de los poderes del Estado a un camión urbano, de preferencia a uno de esos armatostes que aún andan funcionando por la periferia y asimismo se declare como recinto oficial para el asentamiento de esta legislatura  a cualquiera de esta unidades.
    
Finalmente, con fundamento en lo dispuesto por el artículo 124, fracción III, de la Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Sonora, le solicito se consideren las presentes propuestas como de urgente y obvia resolución, y se dispense el trámite de comisión, para que sea discutido y decidido, en su caso, en esa misma sesión ordinaria.
         
Mientras tanto, sobre los concesionarios del transporte, ya no diré un adjetivo más porque luego me lo reprochan los filólogos.
        
© Miguel Ángel Avilés


 

 

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Cual si en ella se condensara toda su obra, estos valerosos personajes fueron conocidos, por el común de la gente, más por una frase en particular que según dijeron que por el resto de lo que hicieron o dejaron de hacer en su paso por esta vida. 


 FRASES CELEBRES
Por Miguel Ángel Avilés

Cuándo estábamos en la primaria era común que los maestros nos hablaran con orgullo de las frases celebres que nos habían legado para la posteridad los hombres y las mujeres ilustres que nos dieron patria.
  
Si nos aprendíamos la frase, el mentor se daba por conforme cual si nos hubiéramos aprendido de pe a pa la biografía de estos insignes personajes fuesen de la independencia o fuese de la Revolución Mexicana, y con ello era un hecho que la materia estaba pasada.
  
Sobre esta gente a lo mucho nos decían dónde y cuándo nacieron, dónde, cuándo y cómo murieron, qué frase célebre se habían aventado y párale de contar.
  
Pocas veces supimos que más hacian: si a Guerrero, Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, la Corregidora, los Hermanos Serdán, a Juárez, a Lerdo de Tejada o a Madero, Villa, Zapata, Carranza, Obregón les gustaban los huevos estrellados o revueltos, si padecían insomnio, si les pegaba migraña (a Morelos sí, dicen), si roncaban como leones o dormían como bebes, si alguno estaba enfermo de almorranas, si otro era un glotón o tenia un platillo favorito , si se engorilaban cuando pisteaban, si sufrían estreñimiento, si cuando niños jugaban a las muñecas o a las escondidas, a los trastecitos fueran indistintamente hombre o mujer, si eran unos lirones para las siestas, si tenían un doble frente a espaldas de su esposa o de su esposo, si se levantaban tardísimo o eran de los que ya andaban parados nomás se asomara el alba, si alguien eran piromaniático o sonámbulo o mitómano o cleptómano (bueno, de estos últimos hasta la fecha hay muchísimos), si practicaban algún deporte, si les gustaba sopear el pan en el café, si les gustaba bañarse a diario o eran medios ariscos para eso del shower, en fin.
  
Pero esto poco importaba; la idea que nos vendieron de toda esta gente es que eran gente omnipotente, casi sobrenatural que habían llegado a este México a dejarlo rechinando de limpio en su desarrollo, en las condiciones de vida de la gente, en su defensa  contra cualquier amenaza extrajera.  
  
Cual si en ella se condensara toda su obra, estos valerosos personajes fueron conocidos, por el común de la gente, más por una frase en particular que según dijeron que por el resto de lo que hicieron o dejaron de hacer en su paso por esta vida.
   
El respeto que se les guardaba, se lo ganaron a pulso porque para bien o para mal, sus actos públicos en pro de la nación para bien o para mal, jugaran en el bando de los rudos o los técnicos, lograban trascender al grado de tatuarse para siempre en la historia de México.
  
Esas frases nacían de la sapiencia, del arrojo, del compromiso nacionalista, del amor por México, de la excelsitud, y sobre todo del alto coeficiente intelectual de su autor. Eran palabras que tenían la magia de envolver un acto de lealtad y valentía.
 
Con el pasar de los años, el control de calidad se fue perdiendo, y poco a poco los pensamientos de la clase política fueron careciendo de finura. Las actuales frases, lejos de pedirle a las nuevas generaciones de escolapios que se las aprendan, hay que hacer todo lo posible por que las olviden.
    
Si le echamos un ojo a los libros, nos encontramos con notables, frases de antaño como, por ejemplo, “La patria es primero” de Vicente Guerrero, (aunque dicen que, encabronado con su españolizado papá, la frase completa fue: “Señor, usted es mi padre, pero la patria es primero)”.  “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, de don Benito Juárez García (a quienes algunos niegan su autoría).  “Si tuviera parque no estaría usted aquí”, atribuida al general Pedro María  Anaya, en su momento presidente de México en sustitución de Antonio López de Santana”.  “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” de Porfirio Díaz.  “Para servir a la patria nunca sobra el que llega ni hace falta el que se va”, de Venustiano Carranza.  “Las ideas del filósofo apoyan la acción política del hombre”, de José Vasconcelos; y claro, aquella de "Levanten esas armas, ¡Los valientes no asesinan!", famosas palabras que saliera del liberal y gran escritor mexicano Guillermo Prieto.  Las dijo al interponer su cuerpo entre el presidente de la República Benito Juárez, y los soldados de la guardia del sublevado Félix Zuloaga, quienes pretendían fusilarlo. Cuenta don Guillermo en sus memorias que él prosiguió la defensa con la palabra, sin saber lo qué decía y, con un involuntario tono alburero, culminó así: "Si quieren sangre, bébanse la mía".  Cuentan algunos historiadores que algunos miembros del pelotón lloraron y le pidieron perdón a Benito Juárez, quien siguió con vida, y con él, el férreo liderazgo que permitió la restitución definitiva de la República en la segunda mitad del siglo XIX.
   
Estas son apenas algunas de las memorables. No nos alcanzaría este espacio para citar otras tantas por el estilo.
   
Lamentablemente la inspiración de nuestros gobernantes se vino a pique y cuando menos pensamos las frases fregonas eran cosa del pasado.
    
Con los siguiente tres presidentes ya se dejaba ver cierta cursilería demagógica y ya no se sabía si su frase era una adivinanza o una porra.  Adolfo Ruiz Cortines: “Todas las libertades menos una: la libertad de acabar con las demás libertades”; Adolfo López Mateos: “A mi izquierda y a mi derecha está el abismo. Yo soy de extrema izquierda dentro de la Constitución”.  Gustavo Díaz Ordaz, “La calumnia no me llega, la infamia no me toca, el odio no ha nacido en mí”.
    
Así, en un abrir y cerrar de ojos llegaron los 70´s y Don Luís Echeverría Álvarez ya estaba en el trono para legarnos palabras tan profundas como esta: “Ni nos beneficia ni nos perjudica... sino todo lo contrario”.  Luego vendría el insigne José López Portillo para lucirse con aquella de que “Defenderé el peso como un perro”, sin precisar tan siquiera la raza de perro que escogería para defender nuestra moneda pues no es lo mismo asumirse como un iracundo pit bull que como un inofensivo chow chow.
    
Esto, definitivamente, fue un parteaguas porque de ahí pal real todo fue sandez y ocurrencia. La bobería cundió como epidemia y hasta la fecha es hora que la frivolidad no desaparece de la boca de los políticos.
  
"Ni los veo ni los oigo". "Los candidatos con los candidatos y los ex presidentes con ex presidentes".  “Tengo menos amigos de los que dicen y más de los que esperaba".  “No se hagan bolas”, son algunas de las profundas frases que puso en circulación el prestigioso Carlos Salinas de Gortarí.
     
“El que se mueve no sale en la foto”, afirmaría sabiamente Fidel Velásquez.
     
“Me dieron una hermana de usted, compañero.  A mí nadie me da línea”.  “El chiste no es orinar sino hacer espuma”.  “El único amigo que uno puede tener es un peso en la bolsa”,  inscribiría con grandilocuencia Leonardo Rodríguez Alcaine.
     
Y así vendrían más y muchos más tanto en el plano Nacional como Estatal. Este espacio sería interminable si voy citando uno por uno.    
     
Pero vale la pena alargarnos otro poquito, pues sería ingrato pasar por alto las frases que a partir del 2000 nos han compartido los principales actores políticos.
     
Esta nueva generación sin duda la encabeza Vicente Fox: “Superáremos estos obstáculos y dejáremos atrás a alacranes, alimañas, sanguijuelas, tepocatas, víboras prietas y demás arácnidos que se atraviesen en el camino”. "Yo sí necesito mi pensión porque no he robado, yo sí la necesito, de eso vivo (...), porque regresar ahorita a buscar chamba está cañón, está grueso".  “No hay duda de que los mexicanos están haciendo trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer”.  “Ahora sí me siento cargando la piedra del Pípila”.  "Necesitamos la varita mágica de Harry Potter”.  "Sí hice muchas travesuras de chiquito y las ando haciendo también de Presidente".  "Pemex es igual a la Virgen de Guadalupe, son símbolos para los mexicanos que deben manejarse con mucho cuidado".  "Ya hoy hablo libre, ya puedo decir cualquier tontería, ya no importa... Total, yo ya me voy".
      
A Fox le seguiría los pasos  Santiago Creel ex-secretario de Gobernación: “En México ya no hay intocables” ¡Que se defienda como hombrecito!” “Los invito a dejar atrás...la cultura del sospechosismo”.
      
Roberto Madrazo no se quiso quedar atrás y pronunció:”Hasta piensan que las mujeres son lavadoras.  Las mujeres no son lavadoras aunque lo parezcan”. “El único que puede derrotar al PRI en 2006 es el propio PRI”.
     
“El que se va, se calla.” atinaría a decir por su parte el ex-secretario de Gobernación  Francisco Ramírez Acuña antes que se fuera el mismo.
      
En el plano de la llamada oposición, y cuando lo que queda de la izquierda aún lo trataba como si fuese una epifanía, Andrés Manuel López Obrador, los representó muy bien con estás: “¡¡¡No hablo ingles, además para eso va a haber traductores, además me da tiempo pa' pensar!!! “A mi denme por muerto”.  “Soy indestructible”.  “¡¡¡Cállate Chachalaca!!!
    
Hay algunas de este sexenio que no se si son amenazas o nos están terapiando para lo que vendrá después, como esta de Felipe Calderón: "O actuamos ahora o perdemos a México".
    
Él mismo agarra aire y retorna a la casa de la risa con estas: “Paulatinamente hemos recuperado el imperio de la ley". “Nuestras metas son claras: Recuperar la seguridad, combatir la pobreza y crear empleos para los mexicanos".
  
Creo que ya es hora de que vayamos haciendo una criba con todas estas frases y estos cien y doscientos años, pueden ser el mejor pretexto, la más apropiada coyuntura para quedarnos con sólo aquellas que de verdad merezcan la pena grabarse con letras de molde, de oro y de sol.
  
Compatriotas: urge un control de calidad al respecto y si creen que exagero, aquí les dejo como muestra este botón, a cargo de Rafael Acosta “Juanito”: “¡Viva México, viva Iztapalapa! ¡Viva mi abuelita!”
   
Por lo pronto, ni hablar: ¡que Vivan!

*Escucha de lunes a viernes el programa de radio Sicofante (www.sicofante.com), transmitido desde Pensilvania por el escritor mexicano Alejandro Ramírez Arballo a partir de las 8:00 de la noche tiempo del pacífico.
      
© Miguel Ángel Avilés

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 Palabras más, palabras menos, eso mismo dijo Luis pero a su manera.

 

 MI AMIGO LUIS Y NUESTRO IDIOMA
Por Miguel Ángel Avilés

Mi amigo Luis, que es maestro universitario y mejor persona, me regaló el libro Los 1001 años de la lengua española del autor Antonio Alatorre. Aunque mi amigo Luis lo niegue, yo estoy seguro que en el fondo me lo dio para que por fin, con la ayuda de este ejemplar, yo aprenda a escribir bien o para que no cometa tanta barrabasada con el lenguaje cuando estoy escribiendo.

Alatorre narra la historia de la lengua española en un libro no técnico destinado a lector de la calle, el lector general, al que compra libros sin otra finalidad que leerlos.

Luis suele conversar con pasión sobre este tema; es especialista en lingüística y sin percatarse quizá o reservándose el cobro de sus honorarios para cuando yo ya quede pulidito, algo muy, muy difícil, me ha compartido muchos de sus conocimientos al respecto.

Tengo muchos mas amigos, quizás más de los que merezco, y de todos tengo algo que contar. Por ejemplo, tengo una amiga, de la cual obviamente no diré su nombre, que un día me la encontré y me salió con la novedad que se iba para el otro lado a perfeccionar el inglés. Al escucharla, yo, con toda inocencia, le sugerí que por qué mejor antes no se quedaba aquí en México a perfeccionar primero el español.

No creo que la causa haya sido este comentario pero desde entonces  mi amiga no me ha vuelto a buscar para confiarme algo. No sé si atendió mi sugerencia o si ahora es toda una políglota; al que sí he seguido viendo es a mi amigo Luis, y cada vez que lo hago casi lo termino agarrando del brazo para que no se vaya porque las conversaciones con él, las cuales siempre están salpimentadas con un gran sentido del humor, se tornan muy interesantes. Claro, por lo que dice Luis, no por lo que digo yo.

Me lo encuentro entre el departamento de blancos y carnes frías de una cadena comercial, o en un café o en su fuente de trabajo o en una reunión de sano esparcimiento y hacemos (hace él, más que nada) un análisis lingüístico de algún tema vigente de la nota roja, o lo someto a científico interrogatorio sobre un tema que por ahí yo traiga pendiente en relación a lo que él sabe, o recojo de él lo que para mi son novedades conceptuales como pudiera ser el significado de idiolecto, entonación, idiotismo o cualquier otro giro o expresión idiomática; me sugiere un libro (de seguro, con la misma intención que comentaba al principio), o le pongo a consideración alguna idea o algún texto literario de mi autoría; o se sumerge en las variantes dialectales del español o me cuenta sus experiencias como maestro de latín, porque también sabe un resto y ha dado clases de latín (aunque debo de aclarar que las charlas que tenemos él y yo siempre son en español).
 
Una vez estábamos entrados con cualquiera de estos temas, y contagiados tal vez por Alex Grijelmo, hacíamos una defensa apasionada del idioma español.
 
Citemos para contextualizar, que este autor “defiende el idioma español frente a las amenazas y ataques que sufre: la fuerza invasora de lo anglosajón, los problemas que afectan al sistema educativo, la extensión de las nuevas tecnologías y el mal uso que a menudo hacen de él los hispano-hablantes. Una reivindicación del español, pero no a costa de otras lenguas sino en diálogo enriquecedor con todas ellas.”
 
Palabras más, palabras menos, eso mismo dijo Luis pero a su manera. Por ejemplo, Licenciado, dijo, refiriéndose a mí, porque así me dice: “para ingresar a ciertas escuelas, te hacen examen y te exigen conocimientos mínimos del inglés, pero nunca te hacen un examen para evaluar tus conocimientos sobre el español, nuestro propio idioma”.
 
Luis tiene razón, y no hacen ese examen quizá porque en su optimismo educativo las autoridades dan por hecho y están convencidísimas de que todos lo dominamos a la perfección, lo cual nos cierto, y como prueba tenemos esta columna y cualquier pronunciamiento de cualquier representante popular cuando lo entrevistan.  
 
Con todos sus doctos comentarios y sobre todo con ese último, sumado al reciente libro ya mencionado que me regaló, Luis otra vez me ha dado una gran lección de vida e indirectamente me ha orillado a que yo tome una decisión con carácter de irrevocable que se las resumo así:
 
Resulta que hasta estas alturas de mi existencia siempre he sido extremadamente bruto para aprender el idioma inglés, y tal vez los estudiosos de la programación neurolingüística dirán que predispuse a mi mente, pero ni los maestros de la secundaria, ni Inglés Sin Barreras, ni Harmon Hall, ni mi sobrina Arely pudieron hacer algo por mi. Al respecto pues, no tengo remedio. Me rindo.
 
Pero dios sabe porque hace las cosas (lo qué no entiende es porque nosotros las echamos a perder), así es que si ya no daré ni un paso en el aprendizaje del inglés, entonces, como reto para este año que comienza, haré lo posible, subrayo lo po-si-ble por aprender lo mas que pueda el idioma español y, como sugiere Grijelmo, se los advierto, lo defenderé apasionadamente.
  
Sé que buena parte de esta colosal tarea que me he propuesto, ya lo hace la Real Academia Española, ese organismo que se dedica a la elaboración de reglas normativas para el idioma español y a trabajar por la unidad del idioma español en todos los territorios en los que se habla, pero no está demás que cada uno de nosotros le demos su ayudadita.
  
Usted, incluso sin proponérselo, lo puede hacer. Ya ven a Cantinflas quien con su idiolecto, es decir, con su muy personal forma de hablar, aportó, creo que sin intención, el verbo cantinflear, una palabra que fue reconocida por la Real Academia de la Lengua Española en 1992 y que puede consistir en el expresarse con frases, o palabras incoherentes, incompletas o fuera de orden, ya sea para intentar confundir o convencer a otros de que él tenía la razón aún cuando no necesariamente fuera ese el caso o el hablar sin parar, soltar frases inconexas de manera convincente, dar vueltas a un mismo asunto, pero sin terminar nunca de explicarlo.
  
Ándele: así como la redacción de esta columna o como cuando habla Manlio Fabio Beltrones, o Chucho Ortega o Cesar Nava o Gómez Mont.
  
Exacto: como cuando Felipe Calderón nos expone, en cadena nacional, la situación actual del país.
  
Pero el diccionario de la RAE se está modificando constantemente y siempre está a la espera de propuestas de adición, supresión o enmienda que se quieran hacer a través de comisiones académicas.
  
¿Que esperamos? El México de los últimos años, específicamente en lo que se refiere a nuestro gran flagelo como lo es el narcotráfico, ha acuñado palabras que, por lo reiterado de su uso diario en los medios de comunicación o en boca de nuestros gobernantes, ya son comunes, tanto que a lo mejor ya merecen proponerse ante la RAE para que se oficialicen.
  
Yo, por ejemplo, sugiero estas: encobijar, empozolar, entambarenteipar, encajuelar, narcomensaje, narcomanta, levantón. Ustedes y desde luego mi amigo Luís, deben de tener otras. Sé que harán conmigo una defensa apasionada de nuestro idioma español.  Ahí poco a poco, como lo quería hacer mi anónima amiga con el inglés, ya verán que lo iremos perfeccionado. Esperaré propuestas pero de antemano, mis amigos, thank you very much.
 
© Miguel Ángel Aviles

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Y cuando se los digo, no pudo evitar recordar al señor aquel que, sintiéndose muy imprescindible después de algunos días de farra, llegó gritando con la buena nueva a su casa: ¡ya volví!!...pero desde la cocina se oyó una voz de mujer que replicó con gran indiferencia: ¿ah sí, a poco te habías ido? 

 

 

He vuelto

Por Miguel  Ángel Avilés

He vuelto. Anduve por ahí tratando de componer el mundo pero no pude. Primero, porque mis limitaciones son mayores a las que pensaba y segundo, por que este mundo en el que nos toco vivir, salvo prueba en contrario, no tiene remedio. Al menos por ahorita. Pero una gitana leyó mi mano y me ha dicho que el futuro es muy caprichoso y voluble, de tal suerte que este nubarrón que cubrió a mi fracasada encomienda, mañana  puede convertirse en un cielo despejado y, entonces sí, mi titánica misión habrá sido cumplida. Se los juro. 

Por lo pronto aquí estoy de nuevo, desempolvando este espacio y queriendo decir muchas cosas que de tantas, no se por donde empezar.  Pudiera ser por el principio, me gritan los convencionales como tallándome en la cara la obviedad, pero ahí esta la clave y de paso esta su error: son tan infinitas las formas de por donde abordar un tema que no necesariamente tengo que empezar por el principio. Es mas, para que se le quite a mis detractores, romperé con el modelo tradicional del cuento de entrada, nudo y desenlace y empezaré por donde a mi me de la gana.

Por ejemplo, puedo empezar diciéndoles que la guerra que vive México a los niveles político, ideológico, económico, tecnológico, militar e informativo entre los dos principales bloques, narcotraficantes y autoridades, me tiene de sumo preocupado. No alcanzó a distinguir si dicha guerra es una guerra regular, entendida como  aquella que se establece entre dos ejércitos estructurados que utilizan tácticas convencionales, o una Guerra irregular considerada como la que se establece entre un ejército regular y grupos inestables, no regulares de combate. Apuesto a que serán ustedes lo que me sacarán de la duda, por eso no debo preocuparme,  pero para ir avanzado, por lo pronto la consideraremos simplemente como una bruta matazón.

Eso si: para efectos de imagen en el exterior creí oportuno remachar, dejar muy muy claro que esta cruenta batalla se da entre el crimen organizado y nuestras legítimas autoridades, como dos bandos antagónicos, irreconciliables, ya que luego de tantas noticias que evidencian la confabulación que desde tiempos inmemoriales ha tenido la famia con los guardianes del orden, la opinión pública nativa ya les da la categoría de sinónimos.

Al respecto y nomás por una tonta idea de cuidar “el que dirán” o salir con que “la droga sucia se lava en casa” con respecto a los extranjeros que arriban al país, no soy de la idea de que se tenga  que andar con simulaciones y cosas por el estilo, sino que hay que dejarles muy claro a estos, por ejemplo a través de un tríptico que se reparta en las puertas de llegada de los aeropuertos o con el apoyo de la agencias de viajes, que lo que pudieran leer en los periódicos, ver en la tele, o peor  aun, presenciar en plena calle de cualquiera de las ciudades que visiten, es el México de hoy, el real y que de ninguna manera se trata de una de las tantas representaciones escénicas que, como si volviéramos al pasado o como si estuviéramos en el lugar de los hechos de aquellas matazones,  seguramente habrán de planear los organizadores para celebrar el centenario de la Revolución Mexicana y el bicentenario de nuestra bendita independencia.

No, en ninguno de las Hummer blindadas que entran escoltadas por carros de modelo reciente a los pueblos, por más triunfante que se les mire llegar a sus ocupantes, va alguien vestido de  Agustín de Iturbide. Tampoco ese que en la línea fronteriza va cargando un enorme costal repleto de una hierva verde al parecer marihuana, es el pípila, ni el desconocido que le cortaron la cabeza de un machetazo y de un solo tajo está representando el papel de Hidalgo, nomás para que la gente pueda saber como pasó el cercenamiento del padre de la Patria.

Esto no nada mas hay que aclararlo para deslindar a la comisión organizadora de los festejos del centenario y bicentenario, de cualquier apología sádica y monstruosa que quisieran imputarle. Es cierto que han de querer que las nuevas generaciones de nutran sobre lo que pasó en aquel entonces, pero no creo necesario que sus recursos didácticos tengan que ser tan reales.

También hay que hacerlo para que la gente no camine tan campante por regiones dominadas por las fuerzas reales del narco u ocupadas por un destacamento de militares, pues en ambos casos puede ser peligroso.   

Sepan entonces pues que la ejecución de unas gentes cuando estos transitaban en su modelo 2009 en pleno centro de cualquier ciudad, no es una dramatización de la famosa decena trágica.

Señores, tengan presente
que el día nueve de febrero
Mondragón y Félix Díaz
Se alzaron contra Madero [...]

Terminaron los combates
el dieciocho de febrero,
quedando allí prisioneros
Pino Suárez y Madero.

Ahora que si usted escucha que se canta algo como lo anterior, entonces posiblemente sí se ande recordando en alguna plaza, en alguna estación de radio, este acontecimiento y ahí, ni hablar, pare oreja pa que se entere como se dieron esos hechos que duraron mas o menos diez días y que culminaron con el asesinato de Madero y Pino Suárez.

Pero debo de advertirles que no toda fiesta que se esté haciendo de aquí al otro año, tiene que ver con las celebraciones de estas dos históricas fechas. Porque también es probable que en una plaza, en una privada o en un pueblito, haya luz y sonido, se lancen disparos al aire y sin parar una banda desgarre notas como estas:

Está de parranda el jefe
lo tenemos que cuidar
recuerdo la vez pasada
cuando se puso a tomar
se llevo una jovencita
al salir de aquel lugar
Pa' variar tiene visita
es su amigo el coronel
y esta bien acompañado
por la reina que usa el
vale mas sacar la nuestra
por que nos va amanecer
Que le traigan lo que pida
a mi amigo el coronel
cuando el jefe esta de buenas
no se mide en complacer

Cuando vea y oiga esto, primero, no vaya a creer que es en honor de algún insurgente o de algún caudillo revolucionario o por el sólo placer de vivir en este México independiente y, segundo, por la seguridad de usted y los suyos, acelere el paso y aléjese de ahí de inmediato.

Lo que sí no me queda claro es si esta crisis que estamos padeciendo y que a todos ¿a todos? nos trae bocabajeados, es real o es una dinámica de sensibilización impulsado por la propia comisión organizadora para que, desde la empatía, los mexicanos de ahora nos demos cuenta lo jodida que estaban las condiciones prerrevolucionarias. Si  es lo último, hay que reconocer la efectividad de la dinámica, pues todo no has quedado bastante claro, hagan de cuenta como si estuviéramos ahí, por lo que no veo para que tenemos que seguir con el ejercicio. 

Ya para terminar, les comparto que me ha llegado un comunicado conjunto de la presidencia de la República y el gobierno del Distrito Federal para aclarar que lo que se descubrió hace unos días en un inmueble supuestamente de Rehabilitación de Alcoholismo y Drogadicción,  de la Delegación de Iztapalapa de la capital mexicana, en donde se encontraban al parecer más de 100 personas privadas de su libertad como esclavos y que eran explotadas laboral y sexualmente, no guardan ninguna relación con los festejos conmemorativos de aquel glorioso día 6 de diciembre de 1810 cuando  el héroe de la Independencia, Miguel Hidalgo, Generalísimo de América, abolió la esclavitud.

Yo les creo. Y es que estoy convencido que si se pretende recordar las conquistas del pasado, hay que hacerlo con los frutos del presente y no como si estos doscientos y cien años hayan trascurrido en vano. Que caray.

Pero bueno, así como uno no sabe a veces por donde empezar, tampoco sabe en que momento pondrá fin. Son mas cosas las que le quería contar, pero nos ganó el tiempo. Ahí se las iré contando poco a poco.

Esta vez nomás les quería decir que he vuelto. Y cuando se los digo, no pudo evitar recordar al señor aquel que, sintiéndose muy imprescindible después de algunos días de farra, llegó gritando con la buena nueva a su casa: ¡ya volví!!...pero desde la cocina se oyó una voz de mujer que replicó con gran indiferencia: ¿ah sí, a poco te habías ido?

© Miguel Ángele Avilés

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El México contemporáneo es una gran puesta en escena.


TERRORISTAS
Por Miguel Ángel Avilés

El México contemporáneo es una gran puesta en escena. No acabamos de salir de un acto cuando ya iniciamos el otro.

Ahora tenemos que un tipo secuestró un avión y de pronto llegamos a pensar que era el banderazo de salida para la tercera guerra mundial. Así, con esa grandilocuencia, empezó a correr la noticia ese día 9 del mes 9 del año 2009.

Pero el aparato de seguridad se puso en práctica y, en una cuantas horas, todo estaba bajo control. De acuerdo a las primeras imágenes y crónicas televisivas parecería indicar que algún miembro de la organización terrorista Al Qaeda o de la ETA había caído prisionero, gracias a la efectividad del gobierno Mexicano.

Ahí estaba frente a nosotros el facineroso: se nos presentaba como el mejor ejemplo para entender el Tratado Antropológico Experimental del Hombre Delincuente, escrito por el doctor Cesar Lombroso.  Un tipo de gesto aterrador, horripilante, (la etapa intermedia entre el simio y el hombre como afirmaba el doctor Veronés) pero, sobre todo, con un alto grado de peligrosidad. Era Juan Molinar Horcasitas, el secretario de Comunicaciones y Transportes, quien en breve entrevista con Joaquín López Dóriga, confirmaba que un avión de Aeroméxico, vuelo 576 de la ruta Cancún-México, estaba secuestrado por tres sujetos de quienes se desconocía su nacionalidad, aunque se presumía que eran de origen sudamericano.

El suspenso nos invadía. El terror, principal propósito de estas gentes, comenzaba a expandirse por todas las regiones del planeta.

La primera demanda de los extremistas ya estaba en curso: que quieren hablar con el presidente. Esa noticia se propagó como fuego en palma seca.

Los minutos transcurrían y la zozobra se generalizaba. Sin embargo, dos horas más tarde, las fuerzas reales de Felipe Calderón, para tranquilizador respiro de nuestro país y el mundo entero, habían controlado la situación y los fanáticos rebeldes, gracias a Dios, estaban asegurados. 

Nos dijeron.

Media docena de saboteadores bajaban esposados de la nave. No obstante, otra vez la labor policiaca a la mexicana había metido las cuatro deteniendo a la brava a un puñado de inocentes, entre ellos a un diputado, quizá porque al interrogarlo él les dijo que era del PT y ellos, científicamente, de volada han de haber llegado a la irrefutable conclusión que dichas letras significan Puro Terrorista.

Subsanado su error, terminaron por reducir la lista de detenidos a solamente uno.

De este modo pudimos ver en pantalla a ese tipo de cuidado, de sumo riesgo para el país, con rostro bonachón como si no quebrara un plato pero, según se ha nos ha dicho hasta ahora por varios medios, con probables vínculos con el crimen organizado: se trataba de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, quien en conferencia de prensa detallaba el operativo para rescatar a los pasajeros que venía en el vuelo y nos informaba que el temible secuestrador del avión de Aeroméxico había sido identificado como Jósmar Flores Pereira, de origen boliviano.

Sobre la detención de por lo menos otros seis pasajeros del vuelo, García Luna explicó que esto ocurrió porque el pastor religioso había dicho que su conducta se produjo a partir de una revelación divina y que eran tres los que estaban realizando el acto. Y en efecto, así lo dijo el señor, pero en su revuelta mental se refería nada mas y nada menos que a la santísima trinidad, lo cual nos conduce a sospechar que si el secretario no es desengañado a tiempo, capaz y que gira instrucciones a sus agentes para que fueran en búsqueda del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y que a como a diera lugar se los trajeran en carácter de presentados.

Casi para terminar y como si esto fuera lo menos importante de la noticia, el intachable funcionario precisó que el secuestrador no portaba ninguna arma, ni explosivo, y que lo que presentó a la azafata fue una simulación.

Por eso digo que el México contemporáneo es una gran puesta en escena. Y es que en realidad lo que ante la vista de todos se quiso exponer como la hecatombe para potenciar la supuesta efectividad de nuestras fuerzas armadas (de valor), no era sino la consecuencia de una mala, muy mala resaca de un hombre en estado de embriaguez que andaba amanecido, por decirlo así con cierta elegancia.

Y que no hay que pasar por alto el dato de que el avión salió de Cancún y quien conozca éste paradisiaco lugar, habrá de coincidir conmigo que es casi imposible evitar una noche de farra en tan apetecible destino turístico.

Si se trata de ser tan contundentes, como los fueron nuestros burócratas encargados de la seguridad nacional, podemos aventurarnos a decir, quien quite y sea la verdad real, que José Marc Flores Pereira, de 44 años, de por si ya alienado por su delirio bíblico, se echó sus buenos alipuses una noche antes, sin reparar que su vuelo salía muy temprano y, con esa entonación patria, llegó al aeropuerto casi exigiendo su tequila, casi exigiendo su mezcal.

La demora de estos transportes es pan de todos los días y José Marc, con la descompensación a flor de peda, no iba a esperar hasta estar cómodamente sentado en el fuselaje para hidratar su robusto cuerpo, amén de que las líneas aéreas no se caracterizan por dar apetecibles manjares a sus viajantes.

Eso motivó que el andino, por si sí o por si no, se abasteciera con dos latas de Jumex, las cuales hasta esa mañana (quién sabe ahora), no aparecían dibujados en los señalamientos aeroportuarios como objetos que no puedan subirse abordo y por lo tanto él lo hizo.

Por eso ahora se ve en las imágenes a un José Marc muy orondo, portando estos mortales objetos en la sala de espera.

Con ellos más unos alambritos más su fanatismo religioso, más su cuasidemencia a cuestas, abordó a la hora indicada sin ningún contratiempo.

Pero ya arriba (y esto de “arriba” puede tener múltiples acepciones) y con una cruda en aumento nadie se está quieto, menos si hay descomunal turbulencia a miles de metros de altura.

Es muy probable—y me atrevo a decir que aquí es donde nació toda la confusión que luego la convirtieron en algo parecido a la llegada del anticristo o a la versión II del atentado al World Trade Center—que al ver que José Marc iba y venía, una de las siempre bellas azafatas, celosas guardianes del orden, le comunicó al capitán los desfiguros que andaba haciendo por todo el pasillo el amanecido y polifacético personaje.

El capitán—sujeto emisor—se comunicó a torre de control y en un muy castizo lenguaje les dijo: “me ha sido comunicado por mi asistente que un tipo, biblia en mano, trae un avión”.

Esto trajo consigo que, dando al traste con los conceptos básicos dentro de la comunicación, se empezara a jugar al ya famoso juego del teléfono descompuesto.

En torre de control, el encargado (al que por razones de método llamaremos sujeto receptor) no muy familiarizado con el lenguaje popular o muy dogmático en el intercambio comunicativo, entendió de manera literal eso de que “trae un avión” y ahí tenemos que puso en revolución a la nación entera.

En segundos todas las tropas federales habían acordonado el aeropuerto de la ciudad de México, y el planeta entero tenía los ojos puestos para conocer el desenlace, mismos que de primeras a primeras se temía que fuera de mortales dimensiones…

Rezos, estrategias, llamadas, rumores cruzados, vertiginosa información, medición de riesgos, resguardos de los pozos petroleros, coordinación de los tres poderes, en alerta toda la comunidad internacional, fatalidad por el famoso día 9.9.9 y los segundos se hacían minutos, y los minutos, horas.

En cuanto se tuvo el primer acercamiento con el supuesto pirata aéreo (y esto de “pirata” puede tener múltiples acepciones), de inmediato se le lanzó la pregunta de rigor en este tipo de negociación:

—¿Qué quieres?

—Un Presidente—atinó a decir un sudoroso José Marc con voz traposa.

—¿¿¿Un presidente???—Le reformularon los interlocutores.  Obviamente, dicen que ratificó con desesperación el andino.  Y ante esa nueva confusión comunicativa, ignorantes del contexto que envolvía al trasnochado José Marc y convencidos estos de que se estaba negociando con un iracundo saudí, o con un enfermo kamikaze, trasmitieron la exigencia y enseguida se empezó a decir que los frenéticos terroristas querían hablar con Felipe Calderón Hinojosa.

Unas horas de angustia más.

Para cuando la mayoría ya orábamos por la integridad del jefe supremo de las fuerzas armadas mexicanas para que saliera con vida de esto, y nos siguiera llevando por el provechoso camino que ahora nos conduce, las cadenas televisas se enlazan en vivo con quien llegamos a pensar que se trataba del terrorista de marras, pero era Juan Molinar Horcasitas, el Secretario de Comunicaciones y transportes, quien, victorioso, nos regresa la calma al anunciarnos que las fuerzas de seguridad tomaron el avión en una acción inesperada para reducir a los secuestradores y rescatar a la tripulación que permanecía en la aeronave.

El México contemporáneo es una gran puesta en escena.

Por un lado, se trasmitía en vivo y a todo color el momento en que un experto, con un traje como de apicultor de esos que laboran en los alrededores en la crianza de las abejas o como ese que usó Neil Armstrong en su arribo a la luna, desactivaba con sumo y quirúrgico cuidado un par de maletas que contenían el letal artefacto confeccionado con dos mortíferas latas de Jumex y unas radiactivas lucecitas.

Por el otro, se presentaba ante los medios de comunicación a este hombre que más que terrorista parece un líder charro del SNTE que, como ya se está viendo, por el desvanecimiento de las acusaciones o por su inimputabilidad, nada le pasará por las conductas que llevó a cabo, pero para entonces ya habrán echado a andar toda la maquinaría ministerial y judicial con los costos que esto implica.

Después de saber lo que pasó, pienso que hubiera bastado inmovilizarlo y trasladarlo al Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social “El Torito” para aplicarle una indolente sanción de hasta por 36 ejemplares horas.  Nada más.

© Miguel Ángel Avilés

 

*** 
El sábado el compromiso se cumple puntualmente. El refrigerador vuelve a cobrar vida.

                             
                      
WALMART: ¿AL CLIENTE LO QUE PIDA?
PROFECO-SONORA: UNOS SÍ, OTROS  NO.

Por Miguel Ángel Avilés


 
Me la creí. Llegamos a pensar que todo producto que vende Nueva Walmart de México  S. de RL de C.V., por ser nuevo era infalible y que no se descomponían al poco tiempo de haberlo comprado.

Me la creí. Por que, a decir de sus propios portales electrónicos “el gigante mundial de la gran distribución por antonomasia se ha transformado en ejemplo paradigmático del conocimiento del cliente”. Me la creí por que esta empresa se jacta de que “los analistas son unánimes: la piedra angular sobre la que descansa el éxito de Wal-Mart es el conocimiento exhaustivo de sus clientes”.

Me la creí y con esa confianza que ahora invita al engaño acudimos a comprar un refrigerador cuyo precio no es como para darlo de propina.

Pensamos que lo echaríamos a andar y que nos duraría más de diez años con la lealtad que duró ese que, ya agotada la maquina por vieja, iba a ser sustituido por este que recién habíamos adquirido al contado en esta compañía de origen estadounidense, considerada la más grande minorista del mundo.

Pero una tarde de agosto, la gran adquisición de pronto paulatinamente dejó de helar hasta dejarlo de hacer por completo. Vino el coraje pero luego nos tranquilizó la creencia de que bastaría acudir a Wal-Mart y que, soportado en su aparente seriedad, nos darían nuestro lugar como clientes, poniéndole atención inmediata a la contingencia que había sufrido el mentado electrodoméstico.

Así, ilusos, con documentos de compraventa por delante  nos apersonamos frente al mostrador de atención a clientes y planteamos la contrariedad.

Una mujer de cabello de color descuidado y cara de permanente rigidez, escuchó, sólo me escuchó y llamó a quienustedesquieran- el nombre me lo reservo para proteger a los inocentes-quien, después de escuchar el motivo de mi presencia, me dice que lo sentía mucho, que él nada por día hacer porque la garantía con  Wal-Mart había fenecido un mes posterior a la compra.

Le pregunté lo que aparentemente es un absurdo, pero que esta y muchas tiendas con la complacencia de las autoridades supuestas protectoras del consumidor, todavía no alcanzan a fundarlo desde lo legal en un contrato de compraventa como el que había ocurrido hacia un par de meses: ¿en que disposición legal se basan para imponer, con toda desventaja para el cliente, un término tan breve en un aparato como este?

“Son la políticas de la empresa” intentó explicar el muchacho cuyo nombre me lo reservo para proteger a los inocentes. “Lo que se puede hacer es llevarlo con el proveedor para que se lo arreglen” y me hizo pensar de pronto que el refrigerador lo había comprado en la segunda del Tianguis del Paloverde y no en una compañía de origen estadounidense, considerada la más grande minorista del mundo.

—¿Entonces ustedes nomás irían por él a la casa y lo llevarían con ellos? Pregunté como para desvanecerme un poco de mí ya naciente encabronamiento.

—No, si nosotros no vamos por él. Usted lo tiene que traer y nosotros nos llevamos para allá, precisó el joven cuyo nombre me lo reservo para proteger a los inocentes.
    
Suspiro hondo de mi parte, y la memoria echada a andar para saber   
quien, con un carro apropiado, me pudiera auxiliar en esa irremediable misión y así evitarme la pena de ir como el pípila por todo el periférico.

El empleado cuyo nombre me lo reservo para proteger a los inocentes, pudo ver en mi cara el reflejo de mi conmoción, pero ante mi pregunta obvia de que para cuando quedaría listo, soltó el pilón de su candorosa, casi obligada frialdad:

“—pues a veces se tardan como un mes…”

¿¿¿Un mes??? Repregunté asombrado quizá para arañar la posibilidad de que había escuchado mal…

(“Los analistas son unánimes: la piedra angular sobre la que descansa el éxito de Wal-Mart es el conocimiento exhaustivo de sus clientes”).

Como defensa, a lo mejor como imploración para que se condoliera de alguien que puede quedarse hasta un mes sin refrigerador, le pinté una rápida monografía sobre el clima de Hermosillo en estas fechas: El clima es caluroso y extremo, llegando en ocasiones a superar los 45°C en verano…traté de que entendiera lo que significaba quedarse sin refrigerador en estas temporadas…traté, mucha otras cosas traté. 

Todas recibieron una mirada impersonal, un silencio como de estudiante que no se sabe ninguna respuesta en un examen oral.
Le pedí la dirección del lugar a donde habría  de llevar sin remedio el mueble y su sinceridad me asustó: la verdad no se donde queda, pero le voy a dar un número a donde puede llamar. A lo mejor ellos pueden ir por él, dijo como esperanzándome.  Se perdió por unos minutos y regreso con un trozo de papel arrancado de una hoja en el cual venía anotado un número….una, dos, tres llamadas el fin de semana y, lógicamente ¿lógicamente? no contestaron.

El lunes en la mañana ya había consecuencias de la inutilidad del refri: las mayoría de lo productos estaban echados a perder o en vías de…Pasadas las dos de la tarde, arranqué hacia la PROFECO, ese organismo para la defensa de los derechos del consumidor en México (aquí pueden soltar cualquier expresión).

Me recargué en el mostrador que está a la entrada y como si fuera el hombre invisible, dos mujeres siguieron su conversación cual si no hubiera llegado nadie.

La que ahora sé que se llama Zulma Gutiérrez se me quedó viendo y me inquirió con un “que se le ofrece” seco y reclamante como si me hubiera introducido a un domicilio privado.

Le conté lo que pasaba, le expuse el trato de la empresa Wal-Mart, le platiqué el remedio que me daban y creyendo que ahí la llevaba yo con mi intento de lograr su comprensión, interrumpió:

“—Te voy a ser sincera: nosotros No entramos con  Wal-Mart,…para citar al proveedor nosotros le damos un procedimiento. ¿No has hablado al teléfono de quejas?”(sic)

Le aposté a mi paciencia y creyendo que ello sería infalible ante sus incongruencias, desenfundé el conmovedor argumento del clima en Hermosillo.

Fallé. Cual si lo tuviera ensayado, arguyó: “Todo esto lleva un procedimiento…siempre y cuando se niegue el servicio, pero ellos no le han negado el servicio, concluyó, y yo de pronto pensé que me había metido a una nueva oficina de atención a clientes del propio Wal-Mart y a no a la instancia que defiende al consumidor.

No me di por vencido—que pareciera que ese es su propósito ante el usuario—y recurrí a toda una gama de métodos didácticos para hacerla entender que su trato, lejos de eficientar el servicio público, lo volvía inoperante, morosamente oficinesco.

Conseguí una victoria pírrica: bueno, si procede su queja, pero les pondría cita(a los proveedores) como para el 20 de septiembre (ella también hacia su luchita por lograr, como lo ha de hacer con tantos otros, que me diera por vencido y que me fuera mucho al demonio.

Por poco y lo logra conmigo, estuve a punto de aventar todo y utilizar mi refrigerador como ropero, o para jugar a las escondidas o tirarlo en el patio y agarrarlo como almacigo para sembrar hortalizas.

Perro agarré aire y le pregunté si no contaban con una sala mediadora para casos que requirieran premura…

El mismo trato: no, no contamos con eso.

Inhalé, exhalé…Inhalé, exhalé y puse de mi parte: ok, entonces tómame la queja.

—No, ya no se puede.

—¿Cómo que ya no se puede? ¿Por qué?, inquirí desesperado, como si en el aeropuerto me estuviera dejando un vuelo y no me dejaran pasar a la plataforma de despegue.

—Porque las quejas por comparecencia sólo se reciben de 8:00 a 2:00 de la tarde…

—Pero si apenas pasan de las 2:00...llevó más de media hora aquí...Me interesa interponer la queja.

—Ah pues tráigala por escrito…las quejas por escrito se reciben de 8:00 a 3:00 y verbalmente de 8:00 a 2:00 de la tarde…sentenció con un velo de prepotencia, esa criatura que nace de la ignorancia, de la tosquedad y en el ambiente, lo juro, sentí la presencia de Héctor Suárez representando a todos sus personajes de su memorable programa de “¿Qué Nos Pasa?”

Al borde de la embolia le hice una última pregunta que a lo mejor debió ser la primera:

—¿Usted que puesto tiene aquí?

—No sé, pero soy Licenciada (sic).
 
Me sobrepuse de mi perplejidad y pedí hablar con el delegado Javier Neblina, ese hombre con rostro de niño, tan dado a aparecer ante los medios como un funcionario atento y eficiente, merecedor de nuevas oportunidades de proyección personal en el gobierno de la alternancia.

De eso estaba convencido cuando entre a su oficina, de eso quedé convencido cuando salí de ella.

Porque me la  creí. Mirada de aparente asertividad, retórica de funcionario eficiente, reproches para su empleado como Zulma a quien, después de exponerle su manera tan cálida, tan profesional para atender a la gente, como algo común, sólo atinó a reprochar su inexperiencia.

Luego hizo llamadas, preguntó por Rene Callejas, sobre quien más tarde sabría que estaba a cargo de la mesa de conciliación inmediata, esa instancia que, según Zulma, no tenía la dependencia donde labora diariamente.

Hace promesas, anota mis datos, sugiere que al día siguiente presente la queja por escrito—claro en el estricto horario para ello—y me manda a mi casa contento, muy contento, digamos como creyendo que Neblina Vega era un funcionario de resultados y no un simple militante partidista que trae mas puesta su mirada en lo que le presagian los siguientes días de nombramientos sexenales.

Una hora mas tarde Rene Callejas está sonando en mi celular. Su amabilidad es elocuente, dispuesto a escuchar y poner remedio a mi penuria que no es exclusiva de un loco, sino que ejemplifica otras odiseas que a diario de vive como consumidor gracias al abuso del mercado y la pasividad de las autoridades encargadas de protegernos.

Me ilusiono, le aclaro que no quiero trato preferente, pero si lo llamo a que sus finas atenciones encomendadas, según me dijo, por el propio Delegado, se traduzcan en soluciones concretas.

Esa misma tarde rastreo telefónicamente a la que ahora sé que se llama Electro Industrial, centro de garantía de LG y Samsung. Una voz amable de mujer del otro lado del auricular se presenta y escucha toda la incidencia que motivó mi llamada. Toma datos, registra reporte y anuncia que, contrario a lo que advertía Wal-Mart, ellos vendrán por el aparato, pero será hasta cinco días después. La conmuevo con mi monografía climática y queda en tres.

Mientras tanto, al siguiente día, voy y cumplo con el encargo de Javier Neblina. Queja en mano pido a la Licenciada Zulma que me la reciba pero me pasan a una mesa y luego a otra.

Ahora estoy frente a la que, según su blusa, se llama Sandra Cota. Le acerco el escrito para que me lo reciba. Lo hace, pero antes precisa: “No soy oficial de partes, soy abogada resolutora…a mi nomás me encargaron el sello”. Y lo estampa sobre el escrito original y una de las copias.

Pregunto por René Callejas pero el encargado de Conciliación inmediata no está. Las  promesas de ayer, no se han cumplido hoy.
Trato de hablar con Neblina vega para decirle que cumplí al pie de la letra con su pedimento. Me afirman que está ocupado, que tiene a dos gentes con él, que será difícil que me atienda, por que va a salir.

La puerta de su oficina se abre y voy hacía a él para informarle. Se le ve inquieto, evasivo, la empatía de un día antes ya no parece tanta, tampoco se ve ya la voluntad que aparentaba su labia. Parece que los modales de Zulma ya contagiaron a sus superiores.

Me voy de ahí, no sin antes pedirle al delegado que cuando menos me preste un refrigerador. Risas de su parte.

Al siguiente día llamo y me atiende Martha Zavala pero no hay noticias sobre mi queja. René Callejas, el encargado de Conciliación inmediata no ha vuelto a llamar.

Un día más e insisto. Ahora es miércoles y me atiende Oralia Murguía. Su atención es fina y su voz es un arrullo, una tonada melodiosa que deberían de aprender varios de sus compañeros. Afirma que tiene el escrito de mi queja en sus manos y un recado para Rene Callejas, pidiéndole que me llame para saber como va su famosa conciliación inmediata. Le subrayo que no estoy pidiendo ningún trato preferente, a lo mucho es un llamado para tener un servicio público eficiente.   

El jueves fildeo a Electro Industrias. Equivocan el horario pero vuelven en la tarde y ahí estamos recibiéndolos, contándoles la repentina descompostura del aparato. Son Juan y Ramiro los que vienen a cumplir la orden de trabajo. Son tipos sencillos, asalariados, con la vocación de servir. Pronunció sus nombres y suena como si me refiriera a un dueto de música norteña. Rastrean el daño y tienen una hipótesis. El mes con el que amenazaba el de Wal-Mart se convierte en un día para otro, incluso quieren traerlo el fin de semana para asegurase que no falle. Sin tanta palabrería mediática, ellos resultan eficientes. Los dos salen cargando el refregirador. Pareciera que llevan un ataúd metálico de esos que proporciona el DIF.  

De la queja aún no hay novedades. Han pasado cinco días desde que se interpuso y más de diez  de que el producto adquirido en Wal-Mart  se vino a pique. Tampoco ha vuelto a llamar en encargado de conciliación inmediata, Rene Callejas.

El sábado el compromiso se cumple puntualmente. El refrigerador vuelve a cobrar vida.

Pasan los días y no he vuelto a saber nada de mi queja. Ninguna notificación, ningún palabra traducida en acciones.

Ahora es miércoles pero no quiero recibir otra descortesía de esas con las que la Licenciada Zulma Gutiérrez acostumbra recibir a la gente que acude a PROFECO. Solicito información por la vía telefónica y ahí está de nuevo esa voz fina y melodiosa de Oraría Murguía. Habla con transparencia y me da el número de expediente de mi queja, pero asegura que aún no se señala fecha para la audiencia porque se intentará la Conciliación inmediata a través de René Callejas.

Le manifiesto que el producto ya quedó. Quiero saber, sin embargo, que fin tendrá mi queja y que hará la Procuraduría por esta acción del proveedor.

Mi asunto puede ser un asunto menor, muy menor. Pero este caso aparentemente singular, es el pan de todos los días tal como ahora lo hizo Wal-Mart, o lo puede hacer un establecimiento, o el changarrero mas abusivo de la esquina con la gente.

Por fortuna la PROFECO ya nos anuncia en su stock la llegada de Consuman, el personaje de historietas creado por ellos mismos y que representa al defensor de los consumidores.

Bendito sea dios: me ha vuelto el alma al cuerpo.

Yo lo propongo como nuevo delegado cuando el actual se vaya.

Pero antes que eso suceda debo de agradecerle a este último todas sus atenciones. Sobre todo la conciliación inmediata: fue insuperable.

Antes bien, ya fui a la delegación de la Profeco a desistirme de la queja.

Si al principio acudí a sus instalaciones fue porque me creí toda la retórica que dice su portal sobre su visión, su misión, sus líneas estratégicas institucionales.

Sí, de la mejor buena fe, todo se lo creí. Pero esta vez solamente.

© Miguel Ángel Avilés

 

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Ante ello, El Diván exhorta a los lectores a fin de que seamos solidarios con el Secretario para que tanto él como el señor Gobernador, puedan tener así, la responsabilidad que no tuvieron antes. 


         

                                                                                  

DE LA INFLUENZA A LA CONFIANZA PASANDO POR LA SOLIDARIDAD
Por Miguel Ángel Avilés

Cuando en el mes de abril el tema de la influenza sobresaltaba a todo México y la alerta sanitaria aumentaba a escala cuatro, Eduardo Bours aprovechó uno de sus monólogos que les dictaba cada lunes a los reporteros, para anunciar al respecto que se cancelaban las clases porque—y así textualmente lo dijo— “la Secretaría de Educación acababa de soltar el comunicado (sic), y—aclaraba—que “lo estamos haciendo básicamente por solidaridad con las autoridades nacionales” nos parece que es lo correcto(…) que en solidaridad(…) es lo correcto que hagamos(sic)… no tenemos ningún caso, si fuera por nosotros no se amerita, no tenemos ningún, pero lo que tenemos que hacer es—y vuelve a subrayar—es solidarizarnos con la medida.”

Los muertos para entonces habían aumentado, con un buen número de estos en el DF,  a 149 y la Organización Mundial de la Salud advertía que estábamos en riesgo de que este mal se convirtiera en una pandemia.

El señor menospreció las recomendaciones oficiales de un asunto de salud tan importante y como si todo lo No Sonorense fuera un apartheid y como si Sonora fuera una reserva de nórdicos superhombres que estuvieran blindados o fueran inmunes ante cualquier contingencia de esa magnitud, mandó un irresponsable mensaje a la población de que aquí no pasaba nada y eso motivó seguramente que todo mundo se relajara pensando  en verdad que la influenza nos haría lo que el viento a Juárez.

Por su parte, su fiel escudero en este rubro, el Secretario de Salud de Sonora Raymundo López Vucovich, dando un pasito pa delante y otro para atrás, primero como que quiso ser profesional y refiriéndose a esta enfermedad reconoció que “estamos viviendo esta crisis en nuestro país y en el mundo” pero enseguida pudo más el sometimiento político hacia su jefe y remarcó por sobre todas las cosas, como si fuera lo definitivo, que en Sonora “no tenemos ningún caso ni sospechoso ni probable…” con ganas casi de decirnos:  y pobre de aquel cabrón que manifieste algún síntoma, porque se puede enojar el señor gobernador.

Para colmo y contrastando con lo que preventivamente se estaba haciendo en el entorno nacional, donde se suspendieron ferias como las del meritito Aguascalientes, o se evitaron las concentraciones masivas  en otros espectáculos como en los estadios de futbol, aquí, concretamente en Hermosillo, no sólo no se ordenó la suspensión de inmediato de la Expo ganadera, el rentable negocio de muchos empresarios de esa rama en contubernio con las compañías cerveceras, si no lo que es peor: por conducto del Presidente de la propia Unión Ganadera Jorge Luís Molina Elías, se llegó a invitar expresamente, por los distintos medios, a que no dejaran de asistir a dicho evento, probablemente por el temor fundado de que, ante el provisorio llamado de que no se asistiera a eventos masivos, la gente no fuera  y de esta forma se le escurrieran de las manos los millones de pesos que le significa esta fiesta que año tras año ofrenda la bondadosa oligarquía Sonorense al tan descuidado esparcimiento popular.

A casi seis meses de estas desafortunadas declaraciones, la situación ya no parece ser tan ajena como las veía Bours Castelo desde el púlpito de su soberbia. Hoy, quizá por el descuido en las tareas preventivas que tanto se pedían desde el centro del país, tal vez por el sosiego que irradió el gobernador con su declaraciones y que eso trajo consigo que la comunidad bajara la guardia ante un problema de esta naturaleza, o por el cause natural que ha seguido esta enfermedad viral, Sonora refleja una prevalencia inquietante que dista mucho de los cantos de victoria que hace un semestre se oían por los rumbos de palacio de gobierno donde, creyéndose exentos de todo riesgo y considerándose quizá  mas sanos que un eremita, avisaban que nomás atenderían las instrucciones por un simple espíritu solidario con las medidas anunciadas desde el centro del país y punto.  

Y es que de aquel tranquilizante de “no tenemos ningún caso ni sospechoso ni probable” vitoreado por López Vucovich, hoy él mismo informa y reconoce que el estado de Sonora registra 154 casos positivos de influenza AH1N1 y 189 de influenza estacional
ocurridos principalmente en los de Hermosillo, Guaymas, Cajeme, Navojoa, Nogales, Magdalena, San Luis Río Colorado, Benito Juárez, Ures y Puerto Peñasco.

Dichas cifras fueron anunciadas justamente después de ocurrir en Hermosillo el primer deceso en Sonora por influenza A H1N1 el cual recayó en el joven rocaportense de 29 años Miguel Ángel Hernández Yocupicio, según consta en el acta de defunción folio 47093 expedida por el Registro Civil del Estado de Sonora la cual cita como causa de su muerte “Neumonía por influenza A tipo H1N1”.

Esta persona había estado recluido alrededor de dos meses en el Centro de Readaptación Social de Puerto Peñasco, y a los días de salir empezó a manifestar algunas señales del padecimiento, pero luego de ser atendido en un nosocomio local y no responder al tratamiento, fue remitido al Hospital General del Estado en Hermosillo, donde estuvo aislado hasta el día de su fallecimiento.

A propósito de aquel espíritu solidario que hace meses invocaba el ya casi ex gobernador Sonorense hacia los afectados por este mal que supuestamente nos era ajeno, los familiares de Hernández Yocupicio, en voz de su hermana Yadira, negaron haber recibido ayuda para la compra del medicamento llamado Tazocin, el cual no estaba en existencia en el Hospital General y fue adquirido por la familia durante alrededor de 10 días, con todo lo que eso significaba
pues cada dosis inyectable tiene un costo de 600 pesos y había días en que les solicitaban hasta cinco, por lo que el gasto ascendía hasta 3 mil pesos diarios.

“Lo estamos haciendo básicamente por solidaridad con las autoridades nacionales” “no tenemos ningún caso, si fuera por nosotros no se amerita, no tenemos ningún” afirmaba en abril él, de Cajeme con la  infinita altivez que lo caracteriza.

Sin embargo, cuando la lumbre ya nos llegó a los aparejos, el propio Raymundo López Vucovich, ese mero que hace meses nos vendía la confianza de que “no tenemos ningún caso ni sospechoso ni probable”, ahora contrastantemente anda del tingo al tango disertando con evidente  intranquilidad sobre el particular y no desaprovecha ningún micrófono para ahondar sobre esta enfermedad y pedirnos que tomemos las medidas preventivas necesarias.

Pero precisamente este lunes al término del taller interinstitucional “Preparación y respuesta contra la influenza” el mismo López Vucovich tuvo que confirmar la segunda muerte por influenza en Sonora la cual recayó en un hombre de 35 años de la capital del Estado.

“La influenza llegó para quedarse” dijo categórico el pasado viernes por la noche en entrevista televisiva con “Fano” Campoy.

Y aunque no lo crean, luego de un sin fin de recomendaciones, también habló de tener responsabilidad en el abordaje de este tema.

Ante ello, El Diván exhorta a los lectores a fin de que seamos solidarios con el Secretario para que tanto él como el señor Gobernador, puedan tener así, la responsabilidad que no tuvieron antes.

© Miguel Ángel Avilés

 

 

 

 

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Jugábamos a los pronósticos.  No quedaba de otra: “Aquí andan abajo”, “Los internos están armados”, “Van a subir”, “Tomaron a las internas”, “Ahí vienes pa´ca”, “¿Y Alejandro?”...

 
 

 UNA HORA DE BALAZOS
(A 15 años de aquel trágico motín…)

Por Miguel  Ángel Avilés

Le prometí a Lino que hablaría con el Director sobre su asunto y me retiré de la sala de abogados. Al fondo, comiendo cocos y saludando a los internos, Alejandro, el director del penal y el comandante observaban tranquilos los últimos avances de la construcción que albergaría a la población penitenciaria de alta peligrosidad.  Faltaban quince minutos para la una de la tarde y otros diez para la llegada de la muerte que, como entró, salió de ese previsible e inolvidable martes 23 de Agosto en el Centro de Readaptación Social de Hermosillo….

—Allá anda adentro—les dije a los archivistas que preguntaban por Alejandro y, como de costumbre, me reí de ellos y ellos de mí.  Luego pretendí salir del centro, pero no pude: al bajar las escaleras grises, amplias, vi a todos los custodios correr hacia el cuarto de armas y avanzar armados, sorprendidos, temerosos, dispuestos, con los ojos multiplicados, rumbo a la Ayudantía.
       
Las primeras gotas de plomo sobre el techo y los oídos, avisaban que la lluvia de balas no cesaría durante buen tiempo.
       
Corrimos al archivo casi a gatas, rascando el piso.El enfrentamiento había dado inicio. En la otra oficina, la de la Dirección General, el licenciado José Said Morúa estaba perplejo, en espera de que su presión arterial subiera hasta el tope. Todavía no llegaba el señor Tostado a regañarlo para que saliera; junto a él, algunas trabajadoras y un montoncito de internas, entre las que se encontraba la esposa del interno—y hoy occiso—Antonio Zazueta, copartícipe del intento de fuga. La dama había solicitado minutos antes la presencia del propio licenciado Morúa en el área femenil. Que deseaban hablar con él, decían insistentes, hasta que prefirieron subirlas; y ahora, frente a los hechos, en pleno zafarrancho, se mostraba apacible, sabedora, enterada, a diferencia de las demás que, atónitas, escuchaban, refugiadas en el baño, lo que afuera era ya una tragedia.
        
Pero algunos lo desconocíamos.  Sólo la incertidumbre estaba con nosotros. Un disparo, otros más, muchos disparos, semejaban los juegos pirotécnicos de un 15 de septiembre.  Enseguida los vidrios y los gritos, las grietas, lo grueso.  Martín intentó comunicarse con la Policía Judicial. Imposible: el tiroteo arreciaba y lo devolvió. Hasta más tarde nos daríamos cuenta de que estaba herido. Un rozón le rubricó un recuerdo en su antebrazo.  Los nervios y el no saber qué pasaba, terminaron siendo un buen sedante para ignorar por un momento su mala suerte.
 
Jugábamos a los pronósticos.  No quedaba de otra: “Aquí andan abajo”, “Los internos están armados”, “Van a subir”, “Tomaron a las internas”, “Ahí vienes pa´ca”, “¿Y Alejandro?”, “¿Y Alejandro?”, “Alejandro anda adentro”, Alejandro ya había caído.  Nunca estuvo contemplado en el plan frustrado de los prófugos.  Pero de pronto estaba en interiores y eso cambió obligadamente los planes de los que, a sangre y fuego, estaban dispuestos a pelarse—Aprehendieron al responsable del departamento tutelar y lo amenazaron.  Lo trasladaron rumbo a la sala de guardas.  Ahí también sorprendieron a la trabajadora social.  Los desconcertó la aparente tranquilidad de ésta, cuando, en medio del alboroto, sólo les pidió a los presentes que le cuidaran la agenda que traía.  Fue la pausa que aprovechó para zafarse de sus captores y correr, hecha la mocha, hacia los patios que dan al Departamento de Ayudantía. Para entonces, “El Cantinflas” y Alejandro forcejeaban.  Mario Moreno terminó imponiéndose: un disparo en el abdomen y otro atrás de la oreja izquierda acabaron así de fácil, así de doloroso, con la vida de un hombre responsable.
          
Al archivo, refugio de quince desesperados, nomás llegaban el tracataca de los cuetazos y el impacto de los vidrios rotos, el swing de los disparos rozando la paredes y el intercambio de insultos y amenazas, ambientadas con palabras que los diarios acostumbran censurar: “¡Tira el cuchillo, cabrón!” “¡Suelta a la niña, hijo de la chingada!”, “¡No, mi hija no!”. De repente, otra vez la guerra: un comandante de rehén y otro dirigiendo a los custodios.  Cerca de la comandancia caería otro interno.  Entre los blancos están la frente de Rocío y las extremidades de su madre.  El esposo reclamaba desesperado una ambulancia y el Cereso se convertía así en el territorio de sálvesequienpueda.  Para colmo, otro elemento se incorporó a nuestra trinchera: “el gas lacrimógeno” que, como el humo de las hornillas, se colaba por los ojos y venía entonces el ardor y el lloriqueo. Nada sabíamos con certeza.  Ni que Alejandro iba herido, ni cuántos serán los internos amotinados, ni quiénes eran los rehenes, ni… ni… entonces llegó el miedo en serio, no el miedo acobardado, “zacatón”, de “yo le corro”, sino el miedo a la desgracia, a que estuviera sucediendo lo que se pudo haber evitado, a encontrarse en la antesala de la muerte, a ver morir a un custodio que arriesgó su vida por novecientos pesos mensuales.
   
Aprovechamos una calma y avisamos por el interfón que estábamos arriba, que no dispararan hacia acá.  Las matas de higo estaban podadas a balazos, los guardias iban y venían de un lado a otro con el rostro de un gato tras la ventana durante un chubasco,  “¡Rápido, rápido!”, junto a la sala de armas, tres cuerpos, como reses, formaban un asterisco de sangre.  Adelantito, pegado a la puerta principal, dos internos más convertidos en una sola mancha roja, estaban a punto de irse pa´l otro mundo.  La vista se nos paralizó un momento ante la escena.  Nos apuraron.  Afuera, el mundo entero: altas y bajas autoridades, policías, judiciales, todos los judiciales, extraños, llantos, madres de internos, la prensa apresurando la presea noticiosa y el camarógrafa buscado una cara larga y—por desgracia—halló la mía.
            
Los rumores se disputan la primicia: fue por esto, fue aquél, fue por aquello. Las armas las tenían enterradas, las trajo bajo el yeso del antebrazo un interno que, días antes, estuvo en el hospital. Alejandro no tiene nada…Alejandro acaba de morir. Los antimotines entraron, los internos disparaban al helicóptero que sobrevolaba el centro, seguían armados, queman la biblioteca.  Continuarán las cosas. Adentro hay más de seis muertos. La confusión no tiene pies ni cabeza.
      
Después vendrían las condenas.  Los golpes de pecho.  El dolor, de traje, que olvidarán mañana…

 © Miguel Ángel Avilés

 

 

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Era una esquina cómplice, una casa al aire libre donde se inventaban glorias presentes y prósperos vaticinios.    

 

JULIA YA NO VA A VOLVER

Por Miguel Ángel Avilés

Víctor solía morirse de risa cada vez que pasaba por aquella casa. Por eso en el barrio adquirió una fama de loco que nunca se pudo quitar.

Todas las mañanas, a la hora en que el mundo se desquicia, donde los carros van y vienen, donde los niños caminan en un solo bostezo rumbo a la escuela, y donde las señoras, menos doña Julia, se quedan en sus casas para hacer lo que el santísimo disponga, Víctor se empuja un café caliente y sale de prisa rumbo al módulo de teléfonos celulares donde trabaja desde hace seis meses.
     
Él llegó a ese barrio en los años sesenta, debido a que a su padre le habían asignado el cuidado de una empacadora de pescado, y junto a su aún incipiente familia, tuvo que viajar desde el puerto de ilusión hasta el puerto de esperanza como don Higinio le llamó a ese lugar desde que pisaron tierra.
    
Víctor apenas andaba por los ocho años, era flaco, de poco pelo, con su cara llena de manchas blancas como pequeños mapas, y no tenía entonces más pendientes que la escuela, los juegos durante toda la tarde, y su programa favorito: El Gran Chaparral, mismo que pasaban después de las novelas que por nada del mundo se perdía su mamá.
    
Ella, al igual que don Higinio, había nacido del otro lado del mar. También María Estela, la hermana mayor de Víctor y todos, pero ésta, había muerto antes de cumplir tres años a causa de la imprudencia de un borracho que la hizo volar algunos metros con su carro viejo. Cuando pasó esto Víctor todavía no nacía; Juan Antonio sí, y fue él quien de un de repente vio caer a su hermanita desde el cielo como una muñeca destartalada ese inolvidable día que jugaban a la pelota en la banqueta.
  
Víctor escuchó esa historia muchas veces. Algunas en boca de doña Estelita como todos le decían a su mamá en el barrio, otras por plática de los vecinos y parientes más viejos; a Juan Antonio en cambio nadie le podía sacar una palabra de eso, aunque dicen que cuando éste se fue para los Estados Unidos, lloró como un niño abrazado de su papá, y todos sabían que el motivo de su llanto no era nada más por ese viaje.
  
A los primeros días que Juan Antonio partió, a Víctor se le hacia inmensamente solo el cuarto inacabado de material que por varios años compartieron. Fue por esas fechas cuando le empezaron a dar esas rarezas a la hora que dormía por las noches. Un doctor diagnosticó, en palabras traducidas por su mamá, que todo esto venia de su malnacencia  y que tendría que aprender a vivir su vida sorteando esos ataques y esas repentinas encorajinadas que le daban a Víctor.
  
Don Higinio se lo llevaba de vez en cuanto a la planta para que se distrajera pero como le empezó a agarrar sabor al dinerito que le daban los amigos de su papá por lo mandados que les hacía, su mamá ya no lo dejó ir porque temía que abandonara la escuela.
  
Resulta entonces que a Víctor le llegó la adolescencia muy pegadito a su mamá. Con tanto alejamiento de su padre, tenia que estar con un ojo a su vida y con otro a la de su jefita, como él la nombraba ante el resto de la gente. Su jefita le correspondía enteramente: Amanecían juntos, comían juntos, hacían la tarea juntos, veían la tele juntos: ella vivía emocionada con Rina, y él aguantaba callado pero muerto de la desesperación para ver enseguida “El Gran Chaparral”.
  
Los dos coincidían en algo: odiaban que alguien llegara cuando estaban más emocionados frente al televisor.     
   
Doña Julia, la entrañable vecina ya de muchos ayeres, podía presumir de todo: de su bello esposo ya fallecido, de Puebla su tierra natal, de su mole que le salía como para ofrendárselo a los dioses, de su artificial cabello ensortijado, de su casa recién ampliada con un préstamo de la Infonavit, de sus amplísimas caderas, incluso de su perro “Killer” que le habían donado hará unos meses los del antirrábico del ayuntamiento; pero no de su prudencia porque ésta no tenia lugar en sus modales. Por eso Víctor y su madre hervían de coraje cuando tocaban a la puerta pues estaban seguros que era doña Julia acompañada del “Killer” quienes sin la menor vergüenza entraban rozagantes, y ella se dejaba caer como aerolito en el primer sillón que la recibía en la sala, mientras el perro husmeaba unos segundos, y luego se echaba impasible al lado de su dueña.   
  
Las visitas de doña Julia eran de carrera larga por lo que Víctor y su mamá se turnaban, no siempre de buena gana, para atenderla. Y es que era inoportuna con mucho tino: le empezaba a contar a su interlocutora que ya no aguantaba a la gente del barrio, que un día de estos agarraría sus tambaches y se regresaría a Puebla; hacía esto justo cuando Ofelia Medina protagonizaba un sublime enfrentamiento con Carlos Ancira, y la famosa actriz estaba a punto de levantarse de la silla de ruedas para estrangular a su acérrimo rival en la novela. Doña Estelita acaso oía su cantaleta lejanamente pero no despegaba los ojos del televisor. En cambio Víctor, como para matar el tiempo, no quitaba la vista de las aún gruesas y macizas piernas de Doña Julia, lo único natural y rescatable que le quedaba a su figura.
  
Tan pronto finalizaba Rina, Víctor se aplanaba en el sillón, y buscaba la postura mas cómoda para disfrutar por media hora de los sanguinarios enfrentamientos entre blancos y apaches, de las voz del tío Buck, del corrosivo sentido del humor de Manolito Montoya y de la Jovial belleza de Linda Cristal en su dulce y abnegado papel de Victoria, la fiel  esposa de John Cannon.
   
Este ritual nocturno casi guardaba para ellos la misma necesidad que comer, o dormir o ir al baño. Pero todo tiene su final, y eso le pasó a la telenovela donde los buenos vivieron felices para siempre y también al Gran Chaparral que un día de tantos salió del Aire para poner en su lugar un aburrido documental sobre animales que a Víctor lo trajo encolerizado por un buen tiempo.    
  
Doña Estelita pronto le agarró el sabor a la nueva telenovela, pero Víctor –ya más crecidito- prefirió hacer ronda con sus amigos que diariamente se juntaban en la esquina debajo de ese poste aluzado donde se sentaban a disfrutar sus  correrías.
   
Era una esquina cómplice, una casa al aire libre donde se inventaban glorias presentes y prósperos vaticinios.   
  
Hasta allá se oía el grito de doña Estelita cuando estimaba que ya era muy noche para que Víctor anduviera en la calle. Éste fruncía el ceño, y contestaba refunfuñando ahivoy, pero extendía su promesa por largo rato, sabedor de que en el fondo, ese llamado era el viejo truco dormilón de su mamá para que doña Julia, quien ya llevaba como todos los días un par de horas con sus cantaletas, levara anclas y agarrará camino para su casa con todo y Killer.
  
Víctor y sus amigos dejaban el poste cuando ya todo estaba en silencio y las luces de sus casas empezaban a apagarse. Víctor trotaba hacia la suya, y según le pareciera, iba a dormirse en su cuarto o se tiraba cual flaco y largo era a lado de su madre.
  
Una noche como tantas Doña Estelita apenas siente cuando Víctor cae en la cama. Pasan de las doce y ambos duermen. Doña Estelita explaya sus ronquidos en diferentes tonos, Víctor se empieza a mover en un solo pedacito como culebra y de su boca sale una nube de saliva blanca. Sus movimientos aumentan descompuestos, y sus ojos van y vienen en un blanquear extraviados. Entonces le atiza un codazo involuntario a doña Estelita quien despierta ofuscada y, en penumbras, observa a Víctor que le estira las manos y le quiere decir algo con voz traposa pero se muerde la lengua y su cuerpo se pone duro como un animal disecado. Doña Estelita le habla por su nombre, le grita por su nombre, llora con angustia, y le empieza a sobar con ternura todo el lado izquierdo hasta que Víctor va aflojando el cuerpo y enderezando la boca a su estado normal. Poco a poco se va quedando dormido tranquilamente, mientras doña Estelita en sollozos lo acaricia como a un niño y ruega a dios que ya amanezca.                
   
A partir de entonces doña Estela aumentó la vigilia sobre su hijo. Cuando don Higinio venia los fines de semana, hablaban de eso, pero todo quedaba en un pendiente y después cada quien volvía a sus tareas. Don Higinio regresaba a la planta, Doña Estelita se metía en sus quehaceres, y Víctor sorteaba su tiempo ahora en la escuela y los amigos de la esquina, esos que, por condición de doña Estela para dejarlo salir, tenían que andarlo fildeando, como decían ellos, para que no le fuera a pegar la tatagüila   
    
Doña Estelita, sin embargo, no dejó la angustia y las preocupaciones. Por el contrario,  siguió con los cuidados y no perdía ocasión para tener a su hijo lo más cerca posible. Aparte de los medicamentos que le prescribió el doctor, el epamín  y el fenobarbital, Víctor tenía que someterse además a todo experimento casero que recogía su mamá entre los vecinos con tal de que se le quitara la malnacencia. 
   
Bebió te de cebolla y de raíz de Cholla, comió huevos crudos en ayunas, condimentó sus comidas con polvo de víbora de cascabel, tomó caldo de iguana, se empinó sendos vasos de leche tibia en la noche antes de acostarse, probó un brebaje de miel con saliva, le pusieron sebo con cal en las uñas de los pies, le zamparon una cucharada sopera de nuez moscada molida que por poco y se les ahoga, le colocaron en sus calcetas unos algodones empapados con orines de becerro lepe y le untaron cataplasmas de estiércol de gallina en todo el  pecho.   
   
Lo flotó con creolina una mujer embarazada, le sobaron todo el cuerpo unas cuatitas, le dieron fuertes ramalazos en la espalda con un manojo de Pirul, le retacaron su almohada con hojas de ruda, lo hicieron que se bañara con agua helada muy de mañana, lo convencieron de que entrará de rodillas a la iglesia de la colonia, quemaron una camisa de él y le dieron las cenizas mezcladas con aceite de oliva, y le pasaron una y otra vez la cola de un gato negro por  todo el brazo izquierdo.
  
Doña Julia no se quiso quedar atrás y también puso de su parte. Un mañana que Víctor aún estaba acostado y somnoliento llegó con un extraño ungüento en un frasco de mayonesa, le pidió a doña Estelita que la dejará a solas con él y cerró la puerta. Luego puso su mano en el pecho de Víctor y espesó a tallar con delicadeza al tiempo que repetía: Jesús, María y José, recuerda que hay padre, que hay hijo y que hay espíritu santo y cura a este hombre que al igual que todos nosotros es tu hijo.  Lo dijo quedito y luego más fuerte casi hasta implorar a gritos la letanía. Después fue bajando su mano poco a poco sin dejar de sobar con la aromática pócima a Víctor quien ya para entonces había abierto sus ojos. Doña Julia no se anduvo con miramientos y empuño con suavidad el pene ya erguido de su paciente. Víctor volvió a cerrar los ojos y doña Julia, en cuclillas, terminó con su encomienda, deseada desde no se cuanto tiempo. 
   
Desde esa entonces jamás regresaron las convulsiones. Doña Estelita no daba crédito al milagro y bendijo en todo momento las muestras de solidaridad que recibió de los vecinos. A doña Julia, en gratitud, le regaló una medalla de oro con la virgen de Guadalupe que por muchos años había guardado para cuando se ofreciera y le pidió que no dejara de darle las vueltas a su muchacho, y que por favor le diera sus flotaditas de vez en cuando para que no fueran a volver esos arranques.
   
Doña Julia cumplió con deleite ese mandato, y siguió frecuentando a Víctor para desaparecer en definitiva los resabios de sus males. Se encerraba con él y pasaban buen rato a solas mientras doña Estela se zambullía en la televisión o regaba alguna mata.
   
Víctor recuperó el ánimo pero ya no se reintegró a la escuela. Se dedicó a buscar trabajo y no tardó mucho en emplearse como ofis boy en una empresa de telefonía celular.
    
Su progreso coincidió con la sorpresiva noticia de doña Julia de quien en uno de sus habituales arranques explotó diciendo que estaba harta de la gentuza del barrio y que definitivamente se regresaría a Puebla.
    
Doña Estela pegó el grito en el cielo y le rogó que no se fuera. Pero la decisión ya estaba tomada y a doña Julia ya nada la haría cambiar de parecer.
    
La noche anterior a su partida, Doña Estela la invitó a su casa, le preparó un pozole y ya como para no dejar le hizo el último intento para convencerla de que se quedara. Fue imposible. Doña Estela se soltó llorando y la abrazó por buen rato. Entre sollozo y sollozo le dijo que no la esperará al día siguiente, que no iría a despedirla porque se le resultaría muy doloroso verla partir. Doña Julia apenas atinó a decir que estaba bueno, moqueó también, y después de no sé qué tantas recomendaciones mutuas se fue para su casa.    
   
Serían como las tres de la mañana cuando doña Julia escuchó que tocaban a su puerta: abrió  con cuidado y se encontró con la cara estragada de Víctor que la miraba fijamente. Ninguno de los dos habló nada, pero doña Julia no lo sintió como otras veces. Ella esperaba un buen apretón de despedida, Víctor sin embargo se echó a sus brazos, comenzó a llorar como un niño y le rogó que no se fuera. De nuevo doña Julia fue tajante. Víctor quiso llevar sus manos más abajo y ella lo atajó. Entonces la abrazó con fuerzas y le arrancó la bata de un tirón. Doña Julia pegó un grito pero de inmediato él le tapó la boca. Forcejearon y terminaron en el piso. Víctor se le montó encima, y sus manos como pinzas la tomaron de su cuello. Apretó y apretó con todas sus fuerzas y doña Julia coleteaba como un pez fuera del agua hasta que hubo un vencedor. Ya inerte la penetró en repetidas ocasiones, la subió a la cama y le repitió la suerte. Después fue a la cocina y agarró un cuchillo. Ya para entonces los ojos de Víctor estaban desorbitados, y miraban sin mirar seguramente como uno de esos indios que en tantos y tantos episodios vio contender en El Gran Chaparral.  Víctor alzó el puñal y lo dejó caer en la humanidad de doña Julia cuantas veces pudo. Enseguida se lo puso en la cabeza, y comenzó el escalpe. En un instante sus manos empapadas de sangre comenzaron a quedarse con pedazos del cuero cabelludo de doña Julia.
  
Terminada la faena, se sentó en la cama, la miró ahí tendida como una res, se incorporó y comenzó a arrastrar a doña Julia hasta medio patio. Como pudo escarbó lo suficiente como para que cupiera los despojos y una maleta que estaba lista para el viaje. Finalizada la inhumación, dispuso de un colchón viejo que yacía en el patio y lo colocó sobre la tierra fresca. Acto seguido caminó furtivamente hacia su casa y se volvió a acostar.
  
Desde entonces Víctor ya no era el mismo. Su mamá  le notó algunos desvaríos  pero hacia como que no se daba cuenta mientras no le volviera la condenada malnacencia.
    
Nadie reparó en la partida de doña Julia. Víctor por su parte siguió de mandadero en su trabajo.
    
Sus patrones confiesan que es un tipo raro pero muy cumplido: Se levanta muy temprano, se empuja una taza de café caliente y sale de prisa rumbo al módulo.
    
Los vecinos, eso sí, no lo bajan de loco porque aún se muere de risa cuando pasa ligerito por enfrente de esa casa.

© Miguel Ángel Avilés

 

 

El Chino Lam se presentó pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos.

EL TRAJE NUEVO DEL GOBERNADOR
Cuento Infantil

                                                      Por Miguel Ángel Avilés                                                      

Hace muchos años en Sonora había un Gobernador tan aficionado a los trajes nuevos que, muy fachoso y altivo, él, gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.

No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos o montar a caballo y hacer sus cabalgatas. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y para cada conferencia de prensa que en realidad era uno monólogo, una veneración y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Gobernador está en el vestuario”.

La ciudad  del sol en que vivía el Gobernador era muy alegre y bulliciosa; eso sí: con un montón de calor y con baches por aquí y por allá. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y gente que quería cruzar para el otro lado y una vez, cuando al gobernador ya le quedaban sólo unos meses en su cargo, se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que hacian teguas y sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

—¡Ah jodido!, deben ser vestidos magníficos!—pensó el Gobernador—. Si los tuviese, podría averiguar qué elementos de mi gobierno y del PRI SONORA son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos.  Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-—. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico y varias cajas de huevo repletas de…huevo para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y, al igual como lo hacen los diputados, simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

Me gustaría saber si avanzan con la tela—, pensó el  Gobernador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo.  No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

“Enviaré a mi hombre de confianza a que visite a los tejedores” pensó el Gobernador—. Aunque su cara no le ayude, es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él”.

El Chino Lam se presentó pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. “¡Dios nos ampare!”—Exclamó el dirigente de YO CON SONORA para sus adentros, abriendo sus rasgados ojos como naranjas agrias —. “¡Pero si no veo nada!”. Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color rojo y el dibujo con el venado y el escudo de Sonora.  Le señalaban el telar vacío, y el pobre Chino seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. “¡Dios santo!”—pensó—. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea tan inútil para el cargo como “El Pano”, “El Basaldúa, “El Ulises Cristópulos” “El Maloro”, “El Bebo”, “El Pato” y  “la Flor?  No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela.

—¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? —preguntó uno de los tejedores.

—¡Oh, precioso, maravilloso!—respondió el chino mirando a través de los lentes Ray Ban que se había puesto para no ser reconocido—. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Gobernador que me ha gustado extraordinariamente.

—Nos da una buena alegría—respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El ex secretario  tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Gobernador; y así lo hizo.

Los estafadores, dando machetazo a caballo de espadas, pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías, allá en un rincón de unas escombrosas oficinas de la Secretaría de Hacienda que alguna vez fue usada para guardar importantes documentos que un buen día terminaron por quemarse a causa de una chispa de un cooler—dijeron los voceros del gobernador—o de una explosión—consignaba el habla popular—que a su vez incendió de inmediato el techo de una guardería subrogada por el IMSS a unos acaudalados entre los que se encontraba una pariente de Margarita Zavala, la esposa del Primer Mandatario de la Nación y  que servía para embodegar a cientos de niños de los cuales 47 fallecieron y muchos mas quedaron heridos en ese inolvidable incendio que la ciudad del sol y todo el mundo no olvidará por siempre.

Fue así como poco después el Gobernador envió a otro funcionario de su confianza—Roberto Rubial Astiazarán, el Presidente del PRI Estatal—a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

—¿Verdad que es una tela bonita?—preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

“Yo no soy tonto—pensó el Chico Maravilla—, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta”. Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

—¡Es digno de admiración!—dijo al Gobernador.

Todos los moradores de la capital de Sonora hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Gobernador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar.  Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras además del Vaquero y el resto de la fórmula priista, se encaminó hasta aquella bodega abandonada donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

—¿Verdad que es admirable?—preguntaron los dos honrados dignatarios—. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos—y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

“¡Cómo!—pensó el Gobernador—. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para Gobernador y menos para candidato a la Presidencia de la República?  Sería espantoso, con que cara podría yo ver a Elba Esther Gordillo”.

—¡Oh, sí, es muy bonita!—dijo—. Me gusta, la apruebo—. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Gobernador: —¡Oh, qué bonito! —, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente.

—¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!—corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Gobernador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales y les entregó la medalla “orgullosamente Sonorense” y les regaló de pasó un Paquete Sonora con carne clasificada, machaca, Bacanora, coyotas, Jamoncillos y chiltepines.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados al calor del bacanora, sin prender el cooler y con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron:

—¡Por fin, el vestido está listo!

Llegó el Gobernador en compañía de sus caballeros principales y un manchón de reporteros, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

—Esto son los pantalones. Ahí está la casaca.—Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña y chiquita como si fueran para un niño de esos que fallecieron el inolvidable 5 de Junio; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, más precisamente esto es lo bueno de la tela.

—¡Sí!—consintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

—¿Quiere dignarse Vuestra Majestad a quitarse el traje que lleva—dijeron los dos bribones—para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Quitose el Gobernador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y agarrando al Gobernador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

—¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente!—exclamaban todos—. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

—El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle Rosales—anunció El Rorro, legendario maestro de Ceremonias.

—Muy bien, estoy a punto —dijo el Gobernador—. ¿Verdad que me sienta bien? —y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los chicos de la sub 17, es decir esos críos que componen la fórmula priista tales como “El Pano”, “El Basaldúa”, “El Ulises Cristópulos”, “El Maloro”, “El Bebo”, “El Pato” y  “La Flor”, eran los  encargados de sostener la cola y bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Gobernador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle Rosales y las ventanas, decía:

—¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Gobernador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!, expresaban extasiados los arzobispos Carlos Quintero Arce y José Ulises Macias, quienes ahí mismo planearon publicar al día siguiente un desplegado en la prensa para felicitar al gober por tan hermosísimos atuendos.  

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

—¡Pero si no lleva nada! —exclamó de pronto un niño de la colonia Y GRIEGA, de esos a los que la actual candidata del PRI, Flor Ayala Robles Linares,les llamaba “mugrosos” cuando dirigió al DIF estatal y que se caracterizaba por su altivez y prepotencia hacia la gente humilde que acudía a su oficina pero nomás recibía de ella su desaire.

—¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia!—dijo su padre, un ex trabajador de COMERCIAL VH; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

—¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

—¡Pero si no lleva nada!—gritó, al fin, el pueblo entero. ¡¡¡¡el Gobernador va desnudo!!!!.

Aquello inquietó al Gobernador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: “Hay que aguantar hasta el fin, que ya me quedan unos meses y si gana el vaquero me quedarán de perdida otros veinte años mas”. Y siguió más altivo que antes; y la ayuda de cámaras empresariales, la oligarquía, la iglesia y una parte de la prensa, continuaron sosteniendo la inexistente cola hasta que terminó el sexenio.

Después de eso, este hombre aparentemente probo, significó la nada.

FIN

© Miguel Ángel Avilés

 

“México llora por la ambición de unos cuantos”

 
GUARDERÍA ABC: LA PRIMERA MARCHA…
Por Miguel Ángel Avilés

Justo en el corazón de la ciudad se encendió la primera vela. Enseguida se encendieron más y en el ambiente quedó un olor a cera fúnebre. La marcha había salido una hora antes desde la guardería ABC, el lugar de la tragedia y para las 7:00 de la tarde el contingente atravesaba el vado del río para encontrarse con el cerro de la campana y, a sus pies, las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia: la misma.

Ahí, como durante el trayecto, otro montón de gente se sumó al tumulto. Sólo se escuchaban los murmullos y un ruido largo como de silencio.

Apenas era el quinto día de la desdicha, del amargo recuerdo donde murieron cuarenta y cuatro niños por el humo y por el fuego.
En esa marcha: la rabia, en esa marcha: el coraje, en esa marcha: las lágrimas y el color blanco de paz y de pureza como la que tenían cada uno de los niños hasta antes que ardiera todo el almacén que se utilizaba como guardería.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

Hermosillo está consternado. Sus habitantes están consternados. Tuvo que ser la muerte los que los sacara a la calle.

La cita era a las 6 de la tarde, una tarde ardorosa que recibía a hombre y mujeres y niños a las afueras de la Guardería ABC, subrogada por el IMSS a una familia de pudientes.

Los carros se ven unos a otros. El tránsito a esa hora pico se embotella. El sol, como el fuego, empieza a buscar refugio. La cara de un niño se levanta en esa foto que lleva esa joven que marcha sin decir nada mirando un punto fijo.

“México llora por la ambición de unos cuantos”

Otra manta de fino material acusa al IMSS. Un letrero en la espalda de dos muchachas reprueba la corrupción y exige justicia. Otro acusa al Gobernador del Estado Eduardo Bours. La marcha avanza y paraliza el tráfico. Los cuerpos de policía se concentran en cada crucero en cada cuadra. De las radios de las motocicletas salen órdenes y claves descompuestas.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

Un señor encorvado camina a paso lento con la ayuda de su bastón pero no baja la guardia. En las aceras la gente observa solidaría y mitotera, en las esquinas otras tantas se van sumando, se van sumando.

El nombre de la niña Lucía Guadalupe Carrillo Campos se lee grabado en una cartulina. En otra sus fotos y otra vez su nombre: Lucía Guadalupe Carrillo Campos.

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo…”.

Ya se ve la capilla San José. Pasamos los barrios de tierra y polvo. Ya del sol casi nomás queda un pedazo. Pasamos la capilla San José y como salidos de la indignación, dos voluntarios desde su carro de viejo modelo reparten agua a los sedientos.

5 de Junio de 2009: repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

¿Quién atiende las pérdidas? ¿Quién la frustración y la impotencia? ¿Quién la herida para siempre?

¡Fuera! Fuera! gritan las voces disparejas a Petra Santos. Los partidos quieren acarrear agua para sus molinos pero los buitres se ven obligados a volar por donde llegaron.

Ahí se agazapan otros: los que quieren que no se toque a un responsable. Traen todo preparado, cargan mantas elegantes contra el IMSS, no quieren insultos para Bours.

Un garrafón con agua de sandía refresca de nuevo las gargantas. Villa de Seris también tiene algo que decir. Por ahí, por acá otros se van metiendo en las filas desordenadas.

Prensa de todas partes atrapa a la señora y a su hijo, al gringo que no baja su letrero: Catrina Bush, ABC Bours. Radio Bemba también ahí está de nuevo dando voz a los que no la tienen.

Pimpon es un muñeco
muy guapo y de cartón
se lava las manitas ♫
con agua y con jabón ♫
se desenreda el pelo ♫
con peine de marfil
y aunque se de estirones
no llora ni hace así


Son canciones para ellos: los que ahí están, los que no están, los que se fueron: niños dormidos, niños quemados, niños de humo, niños de ardor y de lamento.

En la tienda hay, en la tienda hay
un periquito azul
entre 2 pajaritos ♫
es muy popular ♫
y platicador ♫
y tambien muy bonito
buenos días (y aplaudían) ♫ ♫ ♫
buenos días (y aplaudían)
así nos saludaremos
buenas noches (y otras aplaudían)
buenas noches (y la señoras aplaudían)
así nos despediremos.


No, ya no cante, señora, ya no cante: su canción me duele. Ande, mejor tome un globo blanco, ande. Son para usted, ande, tomé uno y reparta los demás.

El desfile avanza y crece. Si lo ves hacía atrás apenas se divisa la última gente, si lo ves hacia adelante ya dejó el boulevard Vildósola y enfila por La Rosales.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

¿Tres mil? ¿Cinco mil? ¿Seis mil? Quien sabe pero son un chingo.

“Bours: a como vas, los responsables van a ser los niños…. ¡cárcel a los culpables!”

Ya se está en la confluencia de la Rosales y la Doctor Paliza: ¡A Palacio!! !A Palacio!!!, ¡A Palacio!!!

La marcha se enciende, ¿Qué pasa? ¿¿Qué pasa?? Dos motos tapan la bocacalle. Los reporteros gráficos se arremolinan. La maquinaria enviada por el Gobierno del Estado no evita que un contingente tome rumbo a palacio. La CTM le falla al Gobernador, Bárbara Gutiérrez le falla al gobernador. Un grupo de jóvenes pide que no se alcen contra Bours. La estrategia no funciona y ahí va un buen tumulto hacía la Plaza Zaragoza. Hasta acá, poco antes de llegar al correo, la marcha se descompone, quiere deslucir, avanza confusa y sorprendida.

Ya se ven los linderos de la Universidad. Están próximas a cumplirse dos horas de camino. Las velas encendidas aumentan. La madrina de Lían, una jovencita demacrada pero estoica, carga la foto de este en lo alto. Lían avanza como si ahí estuviera, Él ya no está, pero si marcha su madre, una mujer que no alcanza los cuarenta pero a cinco días de la muerte de su hijo parece de más años: Luce desvelada y pálida.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

Frente a Palacio de gobierno se lanzan botellas y se maldice y retumba una consigna: asesino!!, asesino!!. El coraje de más de cien revienta contra el gobernador. Alejandro Pardo esta irreconocible y brota en cólera porque la marcha se le va de las manos, lo rebasa y se rasca su pelona como quien se encuentra en serio aprieto.

La otra parte de la marcha va tomando la plaza Emiliana de Zubeldía, toda la calle Rosales y las escalinatas del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora. La plaza, desde el primer día de la tragedia luce, ese altar de cruces blancas que forman un triangulo. En medio algunos juguetes y las flores con aroma a muerte junto a la penumbra de varias veladoras.

¿Cinco mil? ¿Seis mil? ¿Siete mil?, ¿Quién los cuenta? ¿Dónde está la autoridad, donde? ¿Dónde el Estado y el orden? ¿Dónde la respuesta y los expeditos resultados?

43 niños muertos gracias a la corrupción, a la negligencia, al desprecio, a la avaricia. 43 niños muertos, 43.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

Pasó en Hermosillo cuando Felipe Calderón era el Presidente de la República, cuando Eduardo Bours era el Gobernador de Sonora y cuando Ernesto Gándara presidía la capital. ¿Quién responde? ¿Quién? ¿Por qué hasta que la muerte no alcanza, por qué?

En la tienda hay, en la tienda hay
un periquito azul
entre 2 pajaritos
es muy popular ♫
y platicador
y tambien muy bonito ♫
buenos días
buenos días ♫
así nos saludaremos
buenas noches
buenas noches
así nos despediremos.


Sobre las escalinatas se van apilando las veladoras. Algunas se derriten y la cera cae ardiendo en el cemento como cayó el techo derretido en los cuerpos de esos niños y esas niñas.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

El gigante edificio y el silencio. La plaza abarrotada y el silencio. La calle testa y el silencio. De pronto una voz como un llamado. De pronto una voz como un reclamo. De pronto una voz como una rabia. Desde abajo, en la acera, se ven un teni y un huarache que ya no tienen dueño. Las veladoras le dan cobijo con un soplo de luz que se disipa. De nuevo las voces aisladas. La intentona por ahogar el descontento vuelve a la carga. Bárbara Gutiérrez hace su parte y arremete con todo contra el IMSS. Una gran manta la secunda y abajo a media calle, el líder de la CTM, Javier Villarreal se nota satisfecho: la trampa parece funcionar.

Un grito contra Bours los desconcierta y otra vez Bárbara Gutiérrez embiste contra el Seguro Social y pide que trasladen a los niños a Sacramento: Está jugando su rol, a eso la mandaron.
Pero el descontento les pasa por encima: en una esquina va metiéndose a empujones esa manta ya deshilachada:

“Bours: a como vas, los responsables van a ser los niños…. ¡cárcel a los culpables!”.

Las cámaras de televisión y los flachazos no se hacen esperar y van por la mejor toma y el mejor ángulo. El grupo de jóvenes instruidos para la ocasión tratan de cubrirla. Hay jaloneos y de pronto aquello asemeja una asamblea sindical.
Pero de nuevo los incómodos: en el primer piso Ismael Ochoa, confeso panista, lanza balbuceos y alharacas que se va apagando poco a poco en medio de reflectores y micrófonos que le revolotean en la boca. Oscar “El Pollo “Medina sobresale con su voz estridente. Othoniel Ramírez ya no se ve.

¿Por qué de nuevo están aquí? ¿Por qué quieren conducir y enlodar desde el confort de su pereza cada movimiento? ¿Por qué no entienden que ya estorban? ¿Por qué no impera la prudencia?

La gente se va haciendo menos. El cansancio y la molestia parece que hacen mella.

¡¡Bárbara: bájate!! Se escucha de pronto y luego varias veces: ¡¡Bárbara: bájate!! ¡¡Bárbara: bájate!! ¡¡Bárbara: bájate!! Se multiplican las voces y la líder poco a poco se escabulle por la retaguardia como no queriendo pero termina por bajarse. Otro raund que pierde la estrategia de los asesores del gober.

En lo alto siguen los pesares ahora en un megáfono. Ya hay mucha menos gente. Antes devino uno que otro rezo y las fotos de los niños en lo alto y unos globos blancos hacia el cielo. Una señora de cabello cobrizo y alborotado explota su dolor por la muerte de su hijo y derrama su impotencia. Otra más se desgañita enfurecida y consigue la atención de los reporteros.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

En el Boluvard la noche parece que va transcurriendo como siempre. O quien sabe.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

En un acto desesperado, Alejandro Pardo toma la palabra y manifiesta su decepción por lo politizado de la marcha. Arremete contra un enemigo impersonal y recibe como respuesta el abucheo de algunos de los pocos que quedaban. En su partida se detiene y discute acalorado con una mujer treintañera y con un pasado confuso que no escucha. Alejandro no se percata que de arriba ya le están replicando con el mismo tono y decide abandonar el lugar a paso largo mientras que atrás lo despide una rechifla.

5 de Junio de 2009, repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca.

Una voz perdida sugiere el día de la siguiente marcha. Esa voz consigue un consenso medio forzado. La cera de las velas se va consumiendo rápido, así de rápido como se fue la vida de estos 44 niños.

5 de Junio de 2009 en Hermosillo Sonora: repítanlo una y otra vez para que no se olvide nunca. Nunca.

 

***

Apuntó hacia la mesa: llegó la hora, imaginé una sopa, frijoles, salsa, cualquier guisado, un café de grano, “cuando tu llegaste a mí yo ya te estaba esperando"...

 

 

LA MEJOR AMIGA

Por Miguel Ángel Avilés C.

Desde el primer día que llegué a su casa, doña Tomy me declaró la guerra. Dijo que acomodara mis petacas en un rincón de la cocina y luego, con melosa voz, me pidió que levantara los trastes de la mesa y los lavara todos.
Pensé que bromeaba y que no tardaría en servirme la comida, pero entendí que hablaba en serio cuando sacó del trastero una bolsa de jabón Ariel, y procurando no tirarme los trastes que se apilaban sobre mi cabeza, me la puso junto a la boca para que la agarrara con los dientes. “Y, ¿cómo está tu mamá?”, preguntó con exagerado interés a sabiendas que por obvias razones, yo no podía pronunciar palabra. Un sonido gutural salió de mi garganta y ella dijo: “Ah, qué bueno”, como si le estuviera confirmando el bienestar de mi jefecita, pero en realidad yo le pedía que me acomodara el sartén que estaba a punto de caer sobre mis pies. Deposité los trastes en el zinc. Doña Tomy agarró un plátano del frutero, mordió la mitad y fue conmigo para confesarme el gusto que le daba el tener en su casa al hijo de su mejor amiga.
Guardé silencio. Me recargué en el fregadero para no caer desfallecido, y mientras ella me indicaba el cuarto donde dormiría, distraje la mente para no pensar en la comida, y el desvío me condujo hasta la sala de mi casa: Yo llegaba de la calle, en la consola de la sala “Los Broncos de Reynosa” tocaban quedito Paso del Norte, y ahí estaba mi madre ataviada en una bata azul presagio como túnica y pegada al teléfono, ofertándome, subiendo la voz y cerrando el trato con doña Tomy, y ésta, ni tarda ni perezosa, dijo sí, quecomoquenofaltabamás, que cuando quiera y que ahí estaba su casa y que por lo del costo no se preocupara, que donde comen tres, comen cuatro y mi madre insistía en que yo era buen muchacho: “y que los vas a ver, no te vas a arrepentir...” y le repetía: “ya te digo, sabe planchar, sabe lavar, sabe hacer comida...”, y de pronto mi piel se puso negra, mis brazos se ensancharon, mis labios crecieron y el balón mojado de cuero que se agazapaba en mis verijas, aumentó de peso, y se aferró sobre mi tobillo como grillete y mi madre le agradecía a doña Tomy y le colgaba y me decía: “Mira, ella es”, y señalaba en el álbum una foto amarillenta: “Tengo más de quince años que no la veo... pero es muy buena gente”, concluyó. Y enseguida vi clarito cuando agarró del buró unas tijeras para podar y cortó el extremo de una tripa larga y seca que me unía a ella y, casi ausente, viendo al infinito, es decir, al perro de la casa, paróse y dijo ceremoniosamente: “Levántate y anda”, y no se refería al perro sino a mí, y alcé mis naves y caminé sobre el agua, pero arriba de un barco y mi madre, tan pronto me vio zarpar, le dio el pitazo a doña Tomy, y doña Tomy comunicóle a sus cuatro hijos de mi arribo, y les pidió que no se preocuparan, que era buen muchacho, que sabía hacer comida, que sabía planchar, que sabía lavar; y ellos como siempre, ni la oyeron; probaron los sagrados alimentos, volvieron a reñir, la más grande se levantó llorando y yo subí los escalones y toqué a la puerta, y me abrió una señora que no se parecía en nada a la que me señaló mi madre en esa foto, pero sí era viuda como mi madre, y me lo comunicó antes que le dijera mi nombre y yo viera su pelo cenizo, a leguas lavado con detergente, pero menos feo que su falda de pliegue, y esos zapatos de pico como su nariz, y me presentó y me dijo: “pasa”, y estiré la mano y casi me la agarra con la puerta cuando la cerró, bienvenido y un sin fin de cortesías; saqué una carta de la bolsa de mi camisa, arrugada la entregué, mi nariz recibió una horneada de guisado, y fui paciente, y le hice plática, y yo esperaba contestación, pero la mirada de ella estaba puesta en esa hoja de cuaderno scribe; los ojos se abrían, leía interesada, tal vez era la posdata sobre mis virtudes, serían las recomendaciones, o mi endoso en propiedad, sabrá Dios, y me puse de pie para conocer a la familia que posaba en un retrato que colgaba en la pared; y mis piernas trémulas me desconocieron, pensé: “Ahorita me repongo”, y doña Tomy seguía leyendo la carta, la dobló, se la echó al seno, se lo vi, estaba flácido, caído, fue un instante, caminé en silencio, la seguí: “Pon tus petacas en esa esquina”, sugirió; pensé: ¡Ah! viene la comida o vendrá la desmayada. Apuntó hacia la mesa: llegó la hora, imaginé una sopa, frijoles, salsa, cualquier guisado, un café de grano, “cuando tú llegaste a mí yo ya te estaba esperando”, sentenció de pronto, y todavía sonreí, recordando al de Guanajuato y su nariz se arqueó, salían pelos de sus fosas, la vi vestida de negro, ojeras de ceniza, una verruga en el pómulo, y sobrevolando sobre su escoba por entre el refrigerador, la estufa, la alacena; el artefacto fallaba, el quemador prendía de su falda de pliegue, el humo, toda ella incendiaba, yo palidecía, ella quesque gritaba; el hambre es canija, tomé los cubiertos, hablé a sus chamacos: “¡Niñooooos, ya está la comida!”. Y nadie vino: Que más al rato, que comerán después y me senté a la mesa, agarré los cubiertos, en un plato cupo toda, aderecé los pliegues de su falda, pinché sus senos y saltó la carta: voraz dispuse del primer bocado: era un sabor indescriptible, mordía su oído, ¡aah!, le repetí su cantaleta: ¡sabe hacer comida!, ¡sabe planchar!, ¡sabe lavar! Hasta que me harté.
Después, con mucho gusto, le fui obediente y lavé todos los trastes que estaban en la mesa...

 

© Miguel Ángel Avilés
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