Manuel Murrieta S.

Escriviviendo / ¡CULTURADOOR RENUEVA SITIO WEB! Print E-mail
Written by Manuel Murrieta Saldívar (Turlock, CA)   

 ¡CULTURADOOR RENUEVA SITIO WEB!

Este nuevo diseño es más dinámico y accesible, facilita la distribución y lectura de los textos, destaca las imágenes, se puede comentar y compartir los contenidos a través de redes sociales.  Es un sitio web mejorado que se suma a las etapas claves que ha experimentado Culturadoor desde su fundación para entrar más de lleno en el periodismo electrónico de contenido literario y cultural en lengua hispan desde los Estados Unidos…

CULTURANEWS

Portada del número 19 de Culturadoor,    primer ejemplar como periódico tabloide
Por Culturadoor.com/Redacción

MODESTO, CALIFORNIA. 19 de Agosto de 2010.- A partir de esta fecha, www.culturadoor.com, que publica literatura y periodismo cultural en español, pone en marcha  nuevo diseño web que mejora su presentación, incluye opciones para mayor difusión de su contenido y facilita la edición y la pronta colocación de material gráfico, de textos y publicitario. Todo para que el visitante acceda, se informe, comparta y comente los  contenidos del portal de manera más fluida y placentera.

Así lo dio a conocer su director fundador, el Dr. Manuel Murrieta Saldívar, quien además informó y agradeció que este paso cualitativo se está dando gracias a la beca “minigrant”, recibida por la Oficina de “Service Learning” de California State University-Stanislaus (CSU-STAN),  junto con otros patrocinadores del suroeste norteamericano y del área de Modesto, California desde donde se produce Culturadoor.com.

Explicó que el nuevo diseño es más dinámico y accesible, facilita la distribución y lectura de los textos, destaca las imágenes y los espacios de los patrocinadores; igualmente, resalta en ventanas especiales sección de videos,  galería fotográfica, el archivo electrónico así como el impreso que incluye artículos publicados en periódico tabloide de años anteriores.  De esta manera, todos los textos publicados en Culturadoor en ambas versiones, digital e impreso, podrán ser consultados de forma permanente.

Murrieta agregó que las secciones quedan mejor desglosadas y destacables e incluye “Creaciones Escolares”, para textos estudiantiles de creación e investigación literaria así como de periodismo cultural; “Culturanews” para noticias relacionadas con el quehacer cultural latinoamericano, dentro y fuera de Estados Unidos; “Cobertura Especial”, donde el director y personal de Culturadoor.com hacen periodismo cultural cubriendo de manera directa eventos, encuentros literarios, congresos, etc.

Incluye también “Poesía”; “Reseñas”; “Entrevistas”; “Crónicas”, para impulsar este género sin límite de espacio; “Ensayos”, un puente entre el especialista y el lector en general; “Narrativa”, cuentos, relatos, historias de vida; “Artes escénicas”, teatro, cine, tv. Y una sección en inglés que difunde letras y tema latinoamericano en idioma anglo.
En el nuevo diseño—abundó Murrieta—los patrocinadores y anunciantes podrán disponer de una mejor visibilidad y presentación de sus “banners” y animaciones los cuales se destacan en los márgenes del portal, en el centro del mismo, así como en interiores.  Se incluye además sección de “enlaces”, la opción de “Patrocinio” para  quienes deseen apoyar el proyecto, entre otras selecciones.

El Dr. Murrieta, precisó también que el nuevo Culturadoor.com incluye elementos como los de todo periódico digital: se puede compartir contenidos a través de Twitter, Facebook, You Tube, además de poder suscribiste a las cuentas propias de Culturadoor en estas redes sociales. Los contenidos cuentan a su vez con la opción de imprimir, enviar por correo electrónico y un espacio especial para comentarios. Destaca además un foro público.

Este mejorado sitio web se suma a las etapas claves que ha experimentado Culturadoor desde su fundación en enero de 1995 cuando Murrieta se desempeñaba como estudiante de posgrado en Arizona State University-Tempe. El proyecto inició como sección cultural del semanario El Observador de Phoenix, Arizona, que dirigiera el reconocido periodista internacional Leonardo Reichel Urroz.

Culturadoor se convertiría en diciembre de 1995 en el primer periódico tabloide exclusivamente cultural y literario publicado en español en Arizona,  con el número 19 ya que continuaba la serie de sección cultural de El Observador.  A partir de octubre de 2004 empezó su era digital con su propio dominio, culturadoor.com, llegando a ser uno de los primeros portales electrónicos dedicado a las letras y la cultura en español del noroeste de México y suroeste norteamericano.

Desde septiembre de 2007 a la fecha se publica exclusivamente en versión digital desde el área de Modesto, California  y ahora, agosto de 2010, actualiza y renueva sus diseños y contenidos para entrar más de lleno en el periodismo electrónico con contenidos exclusivamente literarios y culturales en lengua hispana. Entre sus  colaboradores que han participado e impulsado este proyecto, tanto con escritos, asesoría, edición o patrocinio han destacado figuras como Justo S. Alarcón, Miguel Méndez, David Alberto Muñoz, Manuel de Jesús Hernandez, David W. Foster, Eve Gil, Jorge Celaya, Antonio Leal, Carlos Manuel Rivera, Antonio Cárdenas, Oscar L. Cordero, Leo Cervantes, Saúl Cuevas, Julián Vázquez, Jorge y Teresa Valdivieso, Maria Sergia Giral Steen, entre muchos otros.

Finalmente, el Dr. Murrieta, maestro de literatura chicana, mexicana y latinoamericana en CSU-STAN, invitó a lectores, estudiantes y colaboradores a visitar el nuevo sitio, integrarse a sus redes sociales y a enviar colaboraciones para su consideración y publicación.  Hizo un llamado a empresarios, mecenas, promotores e instituciones culturales, a patrocinar Culturadoor.com; igualmente invitó a colegas editores, “blogueros”, autores, periodistas culturales, casas editoriales, etc. a establecer intercambios de colaboraciones, de textos, de enlaces y otro tipo de acuerdos  a fin de continuar preservando y  difundiendo la lengua hispana, las culturas latinoamericanas y fronterizas, desde el norte de California.

Visite el nuevo sitio en: www.culturadoor.com

 

*** 

 …Aunque después seré distinto, muy distinto, debido a esas variaciones infinitas que adquiero por influencia de este ambiente que todo lo contagia: seré chicano, pero también cholo, pachuco o pocho, quizá Mexican-American, me nombrarán un “Latin” junto a boricuas, guajiros, chapines, guanacos, nicas, catrachos, che’s, que sin piedad también se ofertan por aquí…oh well, estos “Spanish speakers”, estos “brown latinos”,  they all are the same  con o sin papeles, “Hispanic”, como me clasifican en cualquier “solicitud”, ¡oh!, perdón, en cualquier  “aplicación”, aplication, debo decir aplication…

Los destinos del inmigrante
HACIA LA OTREDAD (NORTE) AMERICANA
Por Manuel Murrieta Saldívar

Incluso antes del cruce late ya mi mexicanidad errante, mi dinamismo vital que todo lo abarca, hasta las llanuras congeladas de Alaska, desde Nogales, Ciudad Juárez o Tijuana… brinco el alambrado nocturno, me escabullo entre los punzantes patios de la garita y, radares y sensores burlados, me repongo en algún escondrijo y surjo límpido dentro de algún autobús Greyhound rumbo a...Pos yo también me voy, en pos de la oportunidad, tras los dólares y mi ración posmodernista, el status social o intelectual, la seguridad del confort, el inglés como palanca hacia ¿el “American dream”?...sí, pero primero mis sueños, mis pesadillas, porque a veces soy jornalero sin documentos oculto en los desagües de las autopistas y en otras aparezco como renombrado inversionista, cónsul o profesionista descubriendo pasmado las ventajas de las computadoras globales, la diplomacia lingüística de la metrópoli yanqui.  Después, lo sé muy bien, convertiré el dolor en dólar, tan sólo con mi aguante corporal, con aventarme, resistiendo y resistiendo las campañas anti-todo, las de los “minutemen-sos” y de las radios conservadoras. Porque en esta tierra apetecida me dicen que el cielo y el dinero son el límite, si es que no me para algún dispositivo especial de la “migra”, la que me hace los mandados, que instala cada vez más retenes en la autopista o florecen sus verdes y blancas camionetas en alguna esquina urbana, ¡sorpresa! y a correr:  “¡chin  #$%&*?\=...no puede ser!”...Pero no se alarmen, señoras y señores, existen otras modalidades, hay niveles, licenciado, hay niveles doctorcito, más dignos a mi estatus.  Porque si prefiero hacerlo más cómodo, sin “coyote” y ya del otro lado, frente a la misma estación del “bus” contrato un “shuttle” por unos 40 dólares, me deja en donde yo lo ordene en San Antonio, en Tucsón o en San Diego, pero primero el chofer, aún de apariencia morena, me preguntará si traigo documentos legales y nada prohibido en mis maletas “porque no quiero problemas”.  Claro, lo convencional es que baje la ventanilla de mi auto, muestre la mica láser o pasaporte, tramite la visa bajo cualquier excusa convincente de acuerdo a mi presupuesto y a la mirada del agente migratorio…si “sólo voy por dos o tres días”,  luego de la gastadera y diversión en Disney, en Miami o en Las Vegas me regreso (?), ya sabes, como mexicano pudiente no tengo ninguna necesidad de estarme más, ¿para qué?:

—Si me va requetebién con los jefes de jefes, ni de chiste abandono mi país para siempre.  Si para eso trabajan los gringos—y saben poner a trabajar a los demás—para ofrecernos su patria como un gran supermercado, ¡ja ja!, ¡sírveme otra!...

¿Y qué tal si llego por aire?, visado en el primer mostrador del aeropuerto de Los Ángeles, Phoenix o Chicago, ¡y zas!, en un instante estoy en la fila primera del primer mundo que a todos nos cobija y nos exige democracia, maestro, neoliberalismo, sea del rango que sea, debo respetar la cola, la revisión del equipaje, tener cuidado con mis ideas de dialéctica profunda, no se aceptan radicales, aquí no hay influencias Sr. gobernador… Todos debemos respetar al agente de migración mi general, el chequeo del permiso de trabajo mi querido artista, mi influyente intelectual, el sacrificio lo vale porque me esperan las compras en el mall, los topless bar de diez dólares por “table dance”, las exposiciones “hightech” y los supercongresos, la escenografía de oropel, la ciudad como set cinematográfico, ¡a las cajas automáticas del CitiBank!, ¡directo al JC Penny’s, Sears o Macy’s!, rápido, quiero cumplir mis pequeños rituales de consumo que tanto me alegran y que serán tema de plática….ahhh, esas boutiques que envidiarán a mi regreso, esos hospitales con sus helipuertos, esos casinos con martinis gratis, visitas que no toman más de cinco días—si es que me devuelvo—con sus noches en el Holiday Inn, si no, pues en el Howard Johnson o ya de perdida en el Motel Six o el “No Tell Motel”. 

En verdad no importa la vía, ni la estrategia, si en serio traigo la intención de “hacer la América”, como lo hicieron mis ancestros, ejerzo mi derecho al paraíso, intento mi cuota de riqueza, mi ración de progreso y (pos) modernidad, mis quince minutos de fama por lo menos en la tele, con “Don Francisco” o con “Cristina”, esos programas que me seducen y me aceptan como público o protagonista, sea yo un lavaplatos o un letrado…no me importa, yo quiero mi pepita de oro en California aunque sea un siglo y medio después de la fiebre aquella, a nadie le incumbe cómo venga, ni lo que diga o haya dicho antes del abordaje, ni los papeles y pretextos que presente al temido dador de la visa que cotizo…De veras, no es broma, estoy dispuesto a superar la barrera del idioma, el shock cultural, me siento capaz de domar la fiera de la nostalgia, los llamados obsesivos de las distintas madres que me dejan me dejan, madre querida, madre adorada, madre patria, ¡mamacita! que se quedan atrás, atrás, atrás… y ahora sí siento que me adentro, que me enfrento en serio con los gringos, ¡con los gringos! mucho más allá de la línea, mi conquista mexicana, no me basta recuperar la zona fronteriza, voy más p’al Norte, árabe invadiendo la Iberia, español conquistando Mesoamérica, inglés después del Mayflower escapando de su rey, azteca en pos de Aztlán…historia que repito para habitar lo mío y la siguiente opción ya no es San Isidro, Alburquerque o Yuma, sino Washington, Chicago y hasta la misma Nueva York, toda esa zona conurbada que yo no sé cómo me espera,  hay que llegar y después a ver pa’ dónde, ahí se va, a ver qué sale, me aviento y me vale…

Mientras tanto me instalo y rápido exploro, sudo, negocio, engaño, sacrifico mis sentires, se me desborda la fe, cualquiera que yo tenga, prendo veladoras a la Guadalupana, al Señor de los Milagros o me sumerjo en la lectura de la Biblia evangelista, el Libro del Mormón, si me dejo seducir por las iglesias protestantes que me piden el diezmo a cambio de la fe que reclama la nueva nación.  Claro, también ahorro, me denigro para acumular más fuerzas de puro rencor, forjo imágenes de triunfos falsos, o reales, bailo quebraditas, cumbias, salsa o rock, lloro y compro VCR’s, rento orgías de videos, servicios de satélite o cable, ¡arriba las Chivas o el América, en vivo!...compito con documentos que existen en segundos, cuando existen, o leo muy poco porque el ocio me resulta muy caro.   Es que extraño mi terruño, siempre deseo regresar, y cuando ya no soporto, me escapo hacia los bares en busca de mi chica, mi chico inalcanzable, no ¡alcanzable!, sí, ha de ser alcanzable para sobrevivir asegurada la “green card”.  Y lo logro, papá, mamá, padrino, abue, ¡ya la estoy haciendo!...todo se vale carnal, todo, ¿verdad mi profesor?, ¡a poco no mi manager!, a sus órdenes señor embajador, lo que usted corrija mi abogado de migración...

Pero por mientras me descubro haciendo labores tan inverosímiles cuando yo, ingeniero de aquella universidad mexicana, me transformo en un flamante cocinero en el  restaurante especializado en freír alitas de pollo.  Luego soy locutor de origen ranchero, primaria como máximo nivel escolar, pero adentro de tecnificadas cabinas de baile o radiales divirtiendo a mis paisanos con el “filing” grupero y del pasito duranguense.  Y así levanto el “raiting”, para mis disqueras y mis músicos, elevo las ventas de las cadenas de radio  mucho más que las sofisticadas estaciones en inglés. O me convierto en un activo agente de publicidad de la TV en español, pequeño celular en mano, diamante en la corbata, rentada limusina y encarnizada lucha por el mismo mercado mexicano-boricua-cubano-centro-sudamericano.  Y me asomo como estudiante sin problemas de visa, soy el hijo afortunado, el júnior de familia industrial o ganadera venida a menos, soy el sobrino del coronel, el nieto de aquel gran empresario “cuando la época del pri-gobierno”...apenas así, porque el curso de inglés me cuesta unos tres mil de dólares con duración de dos meses, nada más para empezar.  Ya inscrito en la State University me las arreglaré.

O voy en bola, me uno a cientos de compas recién bañados y perfumados como yo, después de la forzada jornada en la fábrica o el campo agrícola del Mr. Farmer, y observo el ritmo de mis botas en la pista de baile, música norteña y banda sinaloense;  soy raza a la caza de la morra de la noche, no me importan sus formas, ni que horas antes haya sido mucama en el Sheratton, sirvienta del arquitecto o cocinera del científico políglota… ¿Y qué tal si me estreno como capitalista de la era global? Orgulloso de vender la mexicanidad en todas su presentaciones: huaraches, artesanías, joyería, videos de los Almada y otras narcopelículas, picaps y camionetas usadas muy bonitas; fundo semanarios para coleccionistas de faltas de ortografía,  pongo taquerías al pastor o carne asada, servicios de “taxes” envíos de dinero tarjetas telefónicas celulares cortes de pelo se hacen limpias y amarres hierberías libros de autoayuda y horóscopos trámites de inmigración cien dólares la cita…

¿Y si fracasa mi negocito? ¡Ningún lamento!, yo lo aguanto todo, me regreso a ser proleta, jornalero en la esquina de las cinco de la mañana, retando a los “rednecks”, a los supremacistas blancos que con sus catalejos desde lejos me ven como una hormiga en ese campo de golf donde levanto la basura; se topan conmigo en el aparatoso Home Depot con mi gafete que todavía dice “Pablo”, no Paul.  Y de repente saludo, todavía se me sale un ¡Quiúboles!, en lugar de un ¡Hi!, porque soy el mexicano nómada, el que constantemente acaba de llegar, el sufridor, con mi caparazón de resistencia, noble cuando estoy saciado, dispuesto a todo cuando no, emerjo desde todos los confines, dizque de turista, dizque de compras, voy a visitar dos días a mi tío, es que me dijeron de una laptop muy delgadita que venden en Best Buy, sólo termino las clases y me regreso, dizque de aventura, de necesidades, de exilio, de autoexilio, pero lentamente, en el fondo, cargo el atrevimiento de quedarme...

¿Más ejemplos?: soy periodista, mecánico y profesor con envidiable trayectoria pero, tú sabes, el desempleo y las amenazas de los machos de mi tierra, esos que sí mandan matar. Y ahora estoy aquí compitiendo para cuajar el más atractivo proyecto teniendo como límites los dólares, la imaginación y los contactos; soy cantante vernáculo que ofrece a domicilio el exotismo del mariachi haciendo esfuerzos por grabar mi primer “demo”, o incursiono de camarógrafo espontáneo, cineasta potencial para bodas, bautizos y quinceañeras conduciendo un “bmw” destartalado pero imposible de adquirir en mi pueblito.  Y ya en las alturas me cuelo como “broker”, intermediario de empresas, tarjetas de presentación en dos idiomas, porque yo trabajo para el libre comercio, la vanguardia empresarial, manejo cifras de seis dígitos a través de faxes y correos electrónicos.  Y por las tardes de café, regreso a mi celular o a mi residencia donde me espera el “voice mail” con nuevas instrucciones sobre el mercado de bienes raíces, la lectura del Wall Street y la consulta del Market Place en internet…tengo derecho, percibo claramente que he estado aquí, este era nuestro territorio, óyeme, si aquí se hablaba español primero, presiento que llevo aquí mucho tiempo, aunque para otros apenas he llegado, de cualquier manera ya me infiltré hasta en el Capitolio, recuerdos de mi Palacio Nacional, estoy como ministro hispano junto a senadores y el mismísimo presidente, y le asesoro, “don’t panic, be hispanic!”...y me apapacha, me festeja cada 5 de mayo porque soy la prueba de que la discriminación no existe, mírenme, hasta dónde he llegado, ¡claro que sí se puede!  Soy el máximo ejemplo, aprovechen la oportunidad...

He llegado, he estado antes aquí, y cuando tengo tiempo de reflexionar, de despertar, descubro que mi República  no es territorial sino cultural, qué remedio, lo mío lo traigo adentro, mi México nunca lo dejo, se viene conmigo donde quiera que voy, ahora estoy nítido, soy mexicano, sin dudas de identidad en cuanto llego…aunque después, muy pocos me lo dicen, muy pocos me lo explican, seré distinto, muy distinto debido a esas variaciones infinitas que adquiero por influencia de este ambiente que todo lo contagia: seré chicano, pero también cholo, pachuco o pocho, quizá Mexican-American, me nombrarán un “Latin” junto a boricuas, guajiros, chapines, guanacos, nicas, catrachos, che’s, que sin piedad también se ofertan por aquí…oh well, estos “Spanish speakers”, estos “brown latinos”,  they all are the same, todos son iguales, con o sin papeles, “Hispanic”, como me clasifican en cualquier “solicitud”, ¡oh!, perdón, en cualquier  “aplicación”, “aplication”, debo decir “aplication”,  porque en esta mi nueva vida, si hablo inglés no hay barreras, como me lo repiten a cada rato, a dale que dale, como exigiendo, si no es bilingüe, que se chingue!...
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Este texto forma parte de la obra “La gravedad de la distancia. Historias de Otra Norteamérica”. Más sobre el autor y esta obra en: http://www.orbispress.com/imagenes/imaginacion/la-gravedad-de-la-distancia.htm

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  Esas luces, allá, en las excavaciones verticales, algas de la intemperie que esperan la huida de algún sol,
me exigen asomarme y que los beba como sueños, los astros ahí, a la salida, volando el desierto, volando en despoblado, como si fueran la plata de una mina sin cueva…

LOS ASTROS EN EL CACTUS
Por Manuel Murrieta Saldívar

Amplios, en las elevaciones,
los astros arrullan a las calles desde los precipicios del cielo…

bajan escaleras de calor,
huelen la vida que emana de los techos
cometas, aerolitos,
planetas que suspiran a la sombra de los atardeceres,

los astros del desierto,
collares únicos que portan abanicos de apenas dos colores,
ilusos de frescura,

yo siento que te hablan sin importar la hora
¿no miras que te sonríen enormes,
con esa frente negra, y colas y rayos y estelas como leche?,

los astros del desierto son mi luna,
no existe piedra que los imite
ni agua que los atrape,

arenas de la altura,
madrugada tras madrugada me rotan en la mano
licuando el viento cuando caen hechos día,

los astros,

gases inundados de latidos, secos entre el cactus y el monte,

los miro desde abajo, pobre de mí,
ahí están aparentemente estables
con un chorro de billones de tiempo y de destiempo como cama

apenas si me ven, soy insecto sin lluvia,
siempre yo lejano, siempre yo abajo,
donde oscilan las pelotas de los niños
donde voy por frutas al supermercado
donde me carcome un retiro del banco
mientras las placas teutónicas se expanden
sin saber de dioses ni de especies ni de seres atacándose…

solitario de mí,
los astros, dunas de galaxias,
arriba como bólidos desconocen la suerte,
parece que me aman y te aman
vigilando nuestra estancia aunque no se den cuenta,

directa y sin reflejos son la vida, ellos inventan otras vidas
y nosotros un vello de conciencia para saber que existen,

esas luces, allá, en las excavaciones verticales,
algas de la intemperie que esperan la huida de algún sol,
me exigen asomarme y que los beba como sueños,

si, ahí están gratuitos todavía,
sin muros
sin códigos de barra,
los astros ahí,
a la salida,
volando el desierto, volando en despoblado
como si fueran la plata de una mina sin cueva,
ahí, tranquilos, eternamente atentos a cualquier inteligencia,
al más chiquito amor,
enamorando siempre
a la espera de tu ojos
como madres infinitas alimentando a un hijo...

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Más del autor en: http://www.orbispress.com/colecciones/manuel_murrieta.htm

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En la  región donde se inventan los “ IPhones” y los “IPads”,  vanguardia tecnológica mundial, a Silvio sólo le basta un simple micrófono, una guitarra acústica sin cables y su voz… lo demás se lo deja a su poesía…

Genialidades de Silvio Rodríguez
Por Manuel Murrieta Saldívar

OAKLAND, CALIFORNIA. - Las ciudades de la bahía no se andan con medias tintas para mostrar una  liberalidad que incomoda a los conservadores: durante el intermedio del concierto de Silvio Rodríguez ingresa al escenario una joven funcionaria, habla en español y anuncia la entrega de sendos reconocimientos al cantautor oriundo de la Cuba comunista.  Las autoridades de San Francisco y Oakland se lo otorgan por su música que “reivindica y hace valorar al amor, por su postura contra el neoliberalismo y el imperialismo que ha provocado ‘nuestro país’”. Si, así lo dice, mientras en las primeras butacas se encuentran oficiales de las alcaldías y a unas cuantas millas el poderoso centro financiero con sus bancos imperiales como el  Transamerica o el Wells Fargo.

Silvio en cambio, en livais y camisa azul sin fajarse,  sencillo como un amigo que se saluda en la banqueta, recoge tranquilamente los diplomas y, entre el estruendo de aplausos, agradece al público y sale para continuar el intermedio…apenas lleva una hora  de su histórico concierto del 12 de junio y ya hizo retumbar el Paramount Theatre, con su decorado art deco y sus 3500 espectadores que estuvimos ahí de todas las razas y sexos y, de seguro, de todas las ideologías, o al menos así debió ser.           

Porque Silvio mismo, en las pocas palabras que pronuncia,  se encarga de confirmar la dimensión de su concierto: “es la primera vez en mi vida que piso suelo californiano”. Y confiesa, para la algarabía de los presentes, su satisfacción de estar aquí donde “sé que hay muchos latinoamericanos, muchos mexicanos!”...y entonces el estruendo de gargantas…genial, sí, acaba de echarse al público a la bolsa sin apenas tocar nada.

Y las consignas emblemáticas y a toda garganta no cesan, tónica de todo el concierto.  ¡Viva Cuba Libre!,  pronuncian con acentos caribeños y sudamericanos, mientras que a mi lado responden ¡Viva Cuba libre, chingado!, para resaltar la mexicanidad.  Otros mencionan nombres íconos de la izquierda latinoamericana, ¡Santiago de Chile!, ¡Roque Dalton!, o el ¡Te queremos Silvio!,  paráfrasis del “Queremos tanto a Julio (Cortázar)” de la Nicaragua sandinista… Incluso recibe un “¡Qué Dios te bendiga!”, a pesar del ateísmo que se achaca al comunismo pero, sobre todo, a pesar de que ha interpretado la pieza “Cita con ángeles”, en la que algunos de ellos, en momentos de tragedia, como la de Hiroshima o el asesinato de Luther King, brillaron por su ausencia o “no cumplieron su función de guardianes”,  explica ingeniosamente en uno de sus diálogos más largos...

II

Pero Silvio, a pesar de las aclamaciones y alaridos, no se distrae un ápice, concentrado, va a lo suyo, el genio del creador.  Abre el ritual con la pieza “En el claro de la luna”,  luna no como la de afuera, que  apenas se refleja opacada por las luces industriales de los puertos monstruosos y por los enormes puentes que aterrorizan en la noche por los suicidios que suceden ahí a veces.  Y Silvio empieza a conmovernos…es un concierto en vivo, pero su voz es todavía tan fresca y entonada que parece que escucho uno de sus discos, elevado a la enésima potencia.  Esta sensación se refuerza, admirando la maestría de las interpretaciones, cuando notamos que todo lo producen tan solo cuatro músicos. 

Porque a la izquierda de Silvio maniobra el de las percusiones con un equipo de batería muy completo;  a su derecha inmediata los sonidos de viento, flauta metálica y clarinete, a cargo de su mujer, Niurka González, y más allá dos guitarristas, el del requinto y el del cuatro cubano. Y eso es todo.  Este cuarteto que cobija a Silvio es suficiente, producen un sonido abundante, que penetra melódicamente por los resquicios del auditorio, todos los espacios, sonido fino pero voluminoso que parece provenir de una sinfónica.

Además, no requiere escenografía alguna, ni efectos de luz, nada sintético o pistas pregrabadas, nada de eso, nada de artificialidad, nada de videopantallas, danzantes o coristas como atractivo visual. No es necesario, todo es producido por manos y voces humanas ahí, con maestría y  destreza, con pasión y calidad, y, me temo, con perfección absoluta para ir directamente al corazón, a la inteligencia, al deseo de entregarse por un mundo y un amor mejor. 

He aquí, pues, otra genialidad: en la  región donde se inventan los “ IPhones” y los “IPads”,  vanguardia tecnológica mundial, a Silvio sólo le basta un simple micrófono, una guitarra acústica sin cables y su voz… lo demás se lo deja a su poesía, mezcla de realismo social, surrealismo, realismo mágico y poderosas metáforas simbólicas, todo hecho canción, canción  clásica al instante—Sueña lo que hago y no digo/Sueña en plena libertad/Sueña que hay días en que vivo/Sueña lo que hay que callar.

III

Sabedor de lo que su presencia provoca en este imperio tan odiado y tan temido, pero a la vez tan visitado,  Silvio no hace oratoria ni discursos, es decir, en buen mexicano, no tira rollo.  Antes de una que otra pieza, se limita a pronunciar frases claves,  incisivas, como esa de “¿hay cubanos aquí?”… para recibir entonces la algarabía de los que son o se sienten  cubanos.  Pero no surge ninguno de los otros,  como los que se aparecieron en su concierto de Nueva York el pasado 4 de junio afuera del Carnegie Hall,  confrontándose a gritos ideológicos con quienes hacían cola portando cualquier señal del Che… 

Aquí en Oakland no, porque al exterior del Paramount suceden situaciones contrarias a las esperadas: a menos de una hora de iniciar, hay estacionamientos disponibles en las aceras ¡casi frente al teatro!,  y gratis, para ahorrarse al menos diez dólares del parking oficial.  No se observan largas filas ni pancartas en pro o en contra de nada, es una audiencia digamos “civilizada”, con buenos modales que desesperan, sin aspavientos, trato respetuoso, lo que hay que admirar en esta ciudad que registra altos índices de violencia en los trenes ligeros o en los guetos periféricos. 

Sí, todo tan tranquilo, antes del evento la gente toma café y postres en las caferías de los alrededores,  un solitario revendedor busca fondos para actividades culturales en Centroamérica,  se ve un puestecito de incienso y artesanías, una mesita para repartir volantes y únicamente un carrito de “hot dogs” como si  fuera un puesto de tacos al pastor defeño. Vaya, ni siquiera el tráfico, los autos circulan normalmente, sin cláxones que afecten al oído o embotellamientos que obstaculicen intersecciones.  A uno no le queda más que ingresar al escenario dada la falta de atractivos y movimientos de afuera. 

IV

Y, claro, adentro ya es otra cosa, otro ambiente.  Se entra con fluidez, sin apretujamientos, para encontrar una muchedumbre de “look” intelectual y progresista, entiéndase como se entienda, con o sin camisetas del Che,  pero dominan la vestimenta informal,  de tejido y color latinoamericano, nada de fracs o ajuares de noche, vaya, ni siquiera “business casual”.  Y todavía hay varones con greña larga, o corta, pero despreocupados y cómodos con sus relucientes tenis “converse”,  su plática que emana lecturas, enojo ecologista o cuestionamientos a un Obama corporativo.

 Incluso, se escuchan conversaciones en un español  perfecto, casi sin acento,  parlado por anglosajones bilingües entre latinoamericanos activistas de varias generaciones, no se sabe si exiliados o nativos, pero igual de comprometidos con causas sociales.  Bueno, al menos todo esto imagino mientras observo desde el barecillo del lobby, tomando una budwieser en botella de plástico ya que el barman  explica, eso sí, en inglés: “es la única que marca que vendemos, no hay más”, entonces le paramos, ya estamos listos.

Suena así la primera llamada desde un timbre electrónico, pasamos a nuestros asientos sin ningún caos, exactamente a nuestras butacas meticulosamente numeradas sin margen de error, como nos lo señala la acomodadora.  Y bajo la bóveda del recinto, se observa al aforo, uno no sabe cómo es que tantos miles que habitan en USA llegaron a convertirse en “silviófilos”, vienen en auto desde Sacramento, Stockton o  Modesto o en tren desde los múltiples distritos de ciudades mitológicas como la misma San Francisco, Berkeley o Alameda. 

Ya sentados, continúan las pláticas entre los que se conocen en ese mismo instante, o entre los que llevan años de lucha social, emanando recuerdos de guerrillas en Centro y Suramérica, marchas promigrantes, menciones de nobles ideales entre sonrisas de los que todavía sueñan y luchan por crear una humanidad más justa.  Pero estos primeros minutos son también de incredulidad, de confirmar el saberse aquí, es verdad que el músico más emblemático de la única nación comunista americana esta aquí, frente a nosotros, en las entrañas del mismísimo monstruo yanqui como insistía en llamarle el cronista José Martí.

Sí, es verdad, le han otorgado visa a Silvio Rodríguez después de 30 años, lo han dejado entrar, no se puede concebir, ¡hay que aprovechar!  Qué hará, qué dirá, cómo reaccionará, en unos minutos lo sabremos mientras soportamos la expectativa, el nervio de estar a punto de atestiguar un acto único…

V

…Hasta que pasaditas las 8 PM el concierto empieza sin retrasos desprogramadores que impliquen pagos extras a niñeras o regaños familiares por llegar tarde.  Pero Silvio, para ir calentando el ambiente, no aparece de inmediato, en otra de sus genialidades, sino que nos prepara no para una entrada triunfal ni escandalosa: los músicos inician sin él a fin de entrenar nuestros oídos con las guitarras y las percusiones de la trova cubana clásica, cuerdas y ritmos que recuerdan el golpeteo de las olas en los malecones habaneros.

Al concluir la pieza entonces sí, aparece primero Niurka,  tez blanca, cabellera oscura larga y medio rizada, portando su flauta metálica… y tras ella viene ya Silvio entre el zumbido de aplausos y voceríos,  ya está aquí, el provocador de nostalgias y cambios culturales desde hace más de tres décadas, el que inspira a otros, escritores, músicos y activistas.  Es decir, su imagen real es diametralmente distinta a la potencia, imponencia y alcance de ser mito viviente, de su creatividad aclamada hasta las lágrimas por millones.

Y empieza a cautivarnos, a construir de inmediato una burbuja de amor, de poesía y de deseo de justicia social,  edifica una fraternidad al instante, escudo protector contra los derrames de petróleo en el golfo, contra el racismo institucionalizado, el regreso de la cultura Wild West,  el desmoronamiento mexicano por la narcoviolencia y la impunidad de infanticidios,  contra las recesiones, los ataques a barcos humanistas, los despidos laborales,  los, etc. etc.…

Y es que Silvio nos aplica otra dosis de su estrategia, de su genialidad, durante todo el concierto: la respuesta no está en el viento, ni en traer flores a San Francisco, como lo proponían desde aquí en la época “jipi”, no, la respuesta está en la creatividad, en la imaginación, en esa poesía y musicalidad que funciona como catalizador.   Porque una vez realizada la catarsis, hay que seguir viviendo y trabajar con  felicidad, con la felicidad que la acción da, como se nota en las caras de los que estamos aquí y que no dejamos de vibrar.

El mismo Silvio se pone de ejemplo: vuelve a entrar en acción, sin dejos de cansancio o de enfado, cuantas veces lo solicitamos, “¡otra, otra, otra!”,  hasta por cinco veces, para deleitarnos con “Te doy una canción”,  “A dónde van” o con el “Unicornio azul” sin que le importe las más de 2 horas y media que lleva trabajando.  Nosotros exigiendo y él cumpliendo, como si nadie quisiera que desapareciera la confraternidad que se deriva del disfrute estético que satura al Paramount Theatre.

Somos insaciables, en efecto, queremos que no acabe, pero Silvio nos vuelve a dar la última lección: al salir del escenario para ya no regresar, va con el pecho erguido, brazos casi  en jarra, con mirada y caminar seguro, toda esa estampa que denota “misión cumplida”.  

Se retira no sólo con los reconocimientos otorgados por estas ciudades santuarios de indocumentados y promotoras de matrimonios gay,  se retira plenamente convencido de que su arte lo ha vertido sobre nosotros para inspirar cambios que contrarresten esos otros derrames, esos de petróleo, de incendios en guarderías, de decapitados, esos de injusticias humanas que nos siguen destruyendo….y así se va,  sin pronunciar jamás otra palabra,  él va seguro de su praxis, así, de planeta en planeta buscando agua potable y con su cañón de futuro…

© Manuel Murrieta Saldívar

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 La vida vuelve con el roce de todo el gentío encima, un parto, escucho un solo tronido, estoy entre el gemido de la masa... el canto del gol... todo el estadio se levanta, se eriza como los poros de un clímax erótico que no cesa, en un festejo justificadamente irracional de aquella inmensidad de desconocidos que alguna vez y por instantes fuimos todos hermanos…


Del libro: La gravedad de la distancia. Historias de otra Norteamérica
CRÓNICA MUNDIALISTA

Todas las imágenes tomadas en el estadio Rose Bowl, Pasadena, California.
Archivo de Culturadoor.com


SIMÓN GOLÍVAR EN EL ROSE BOWL
Por Manuel Murrieta Saldívar 
 

Los mundiales de futbol habían llegado a casa por la televisión y nunca imaginé ser testigo de un partido en carne y hueso. Goles, porristas, olas y jugadores siempre en la lejanía de la Ciudad de México, Madrid, Buenos Aires o Roma, hacían que terminara pateando la pelota en el bulevar de enfrente o en el parque más cercano rumiando las derrotas mexicanas. Hace algunos años, llegó a Estados Unidos un mundial de futbol, yo surcaba la vida adulta y la sociedad me exigía altos grados académicos y vidas rutinarias como de gente grande pero yo no estaba cansado de niñez ni adolescencia: mi corazón volvió al revoloteo con el juego sin importar los intereses que lo manipularan. Fue entonces, con los recursos que da cierta madurez, que alguien de los nuestros pensó romper la tradición y se atrevió a ser protagonista en un estadio norteamericano cercano a la frontera: mi hermano Joaquín regresaba de Dallas, Texas, contando maravillas de confraternidad, repartía souvenirs, coreaba a Corea y a España y transmitía la euforia del empate a 2 en aquel partido inaugural. Relaba también el esfuerzo anglosajón por interesarse en este “deporte sin chiste” que había invadido como venganza a la nación. Cómo me daba envidia y admiración, Joaquín era un conquistador que había derrotado a la televisión por haberse metido directamente al “Cotton Bowl”:

—No sean pendejos, si tienen chanza, vayan, es una chingonada—decía para rematarnos el hígado.

II

En cambio yo, soltero y acurrucado, seguía con la comodidad vía satélite sufriendo la derrota dada por Noruega, el primer triunfo mexicano contra Irlanda que me secó la garganta, hizo saltar en un abrazo a tíos y sobrinos, lagrimear a las mujeres de todas las edades y, por esas misteriosas asociaciones de los símbolos, aumentar el amor a la patria, no la oficial ni en abstracto, sino la de los sufridores mexicanos, donde estemos, cuando nos anda llevando la tristeza. Inclusive, contagiado por el Distrito Federal—esos que toman el Ángel y se apropian de la avenida Reforma—salí a buscar o crear relajo, ahí, en Hermosillito, en mi provincia beisbolera, norteña, sonorense, atónita e indiferente pero en el fondo feliz. Ondeé la bandera, grité Viva México, rapidito, antes de que llegara la derrota...porque todos sabíamos que llegaría. Fueron goces efímeros, viajes astrales que aliviaron en segundos las tragedias terrestres de candidatos muertos, de guerrilleros inesperados, de oposiciones frustradas, la inminencia de una elección presidencial de incertidumbre. Y como la vida forcejea, se impone, exige retomar los causes, sólo interferida ahora por los juegos, continué mis obligaciones hasta que México empató a Italia un domingo casi solitario: cuando el delantero Marcelino García hizo el gol ya me encontraba en Tucson, Arizona, sin familia a quien abrazar. Michel y Pete, intentando emocionarse ayudados con la edición especial de la revista Newsweek, me apoyaron asustados al retumbar mi voz en el complejo departamental que luego se perdió entre el aire tucsonense sin recibir respaldo alguno. Imaginando cómo sería en México, lamenté no haber postergado la salida—y es que la vida se nos impone—porque este empate-triunfo que nos puso en la siguiente ronda, estaba destinado ser el último disfrute. En efecto, la derrota llegó y me fulminó en Scottsdale, en la TV de un Robert Chaikin amexicanado que entendíó el dolor, la desgracia nacional al fallarse el primer tiro de penal contra Bulgaria, el regreso de la esperanza cuando la tapada del portero Jorge Campos, el silencio sepulcral, los chines y chines que produjeron los otros dos tiros fracasados que nos eliminaron. Robert respetó mi soledad cuando me puse a buscar teorías que explicaran lo “enano del mexicano” en momentos culminantes como escribiera el “best seller” sonorense Oscar Monroy.

III

 ¿Y ahora con cuál equipo nos quedamos? ¿Por quién continúa la esperanza?, preguntó después mi sentimiento nacionalista expandiéndose ya a nivel continental, hurgando en todo tipo de mestizajes étnicos, caribeños, afrolatinos. Y mientras ocurría la expansión sucedió lo inconcebible: Steve Allen—el bato loco para sus amigos—seducido por el Mundial había asistido a dos partidos y desde Los Ángeles me reportó del circular de boletos en el mercado negro...la consciencia se me iluminó, precisamente cuando dejaba de ser menos mexicana y más latinoamericana, porque lo único que me quedaba era Brasil para satisfacer mi regionalismo. En tanto, las actividades de Arizona absorvían la vida pero hacíamos resquicios para la TV y sus sopresivas eliminaciones del torneo — ¿Alemania, eliminaron a Alemania?—comentadas brevemente en la escasa academia del verano, durante un telefonazo o en un sportbar casi indiferente al “juego del hombre”. Así, entre lecturas y clases, por no dejar pasar marqué el número del revendedor de Los Ángeles que me había dado Steve en sus ociosidades. Resultó ser toda una empresa experta en la usura deportiva, satisfacción a la pasión del cliente con entradas para cualquier juego, atención a larga distancia vía fax y tarjeta de crédito, sacándole el doble al precio original. Fue de tal eficiencia capitalista que el agente reveló, para mi sorpresa, que tenía los boletos que quisiera, para los partidos que quisiera, mas no a los precios que yo quisiera. Y entonces me llegó el susto ante la posibilidad real de acudir a un juego del Mundial por vez primera...colgué, casi tiré el teléfono que exigía una respuesta y aguanté el respiro, robé a la Historia un espacio para reflexionar: ¿ir al Mundial?, será posible, porque mi antecedente tercermundista lo impedía, simplemente no podía aceptar que tuviera acceso a un solo juego de semejante evento, uno siempre acostumbrado a la periferia, mirarlo todo desde las rendijas...en efecto, bastaba volver a marcar y negociar con el agente:

—Sí..deme uno, one ticket!—¿Pero para cuál partido?  

IV

Mi presupuesto decidió que para la semifinal— ¿la final?, olvídate, más de 500 dls. —de un miércoles 13 julio en el estadio Rose Bowl de Pasadena, 4:30 P.M.; entonces, si los dioses mayas, quechuas y de la santaría carioca y caribeña daban el gane a Brasil contra Holanda, god!, estaría viendo a Romario y Bebeto contra Suecia o Rumania. Ese viernes había qué decidirse porque el agente advertía que más tarde el boleto costaría el doble de los 160 dls. ofertados, máxime si triunfaban los brasileños. Y lo aparté:

—Pase a recogerlo con su identificación, estamos sobre el bulevar King frente al coliseo de Los Ángeles—dijo con voz de espía.

Con el boleto asegurado, el gol del carioca Branco hizo olvidar mis deudas, derribó la barrera holandesa poniendo a Brasil 3 a 2 en la semifinal y permitió que los fuera a ver en persona sin la tergiversante televisión derrotada así de nuevo: mis ojos contra las cámaras y los locutores, ¿qué tánto era real y cuánto de invento y manipuleo?

V

Pude cumplir con las obligaciones académicas sin estar presente en Tempe, Arizona y el martes ya estaba en Pasadena, con la ayuda de amigos verdaderos, apreciando mi boleto con la niñez que me quedaba; a tal grado, que hice un “flash back” para valorarlo como en los años setentas pensando guardar el talón, el invaluable recuerdo para la posteridad. Cuando arribé al clímax del Rose Bowl el medio día del miércoles 13, apenas noté la zona residencial que lo rodea porque, desde el Colorado Blvd. y el Orange Grove, hervía una cultura del juego manifestada en reventa de boletos, negocios familiares de limonadas y estacionamientos en garages privados, camisetas y llaveros piratas a bajos precios, policías listos no para la Copa sino para la Tercera Guerra Mundial impidiendo el acceso más allá de aquellos eficientes bulevares. Y mientras bajé a la hondonada donde se erige el estadio, por fin me iba sintiendo mundialista por vez primera: “batucadas y torcidas”, seguida por una corte multinacional de relajientos en ascenso, cargaban en un carrito de supemercado los seis kilos de la bandera USA-Brasileira, aquella vista en la tele, como agradeciendo al anfitrión; las explanadas proyectaban una arquitectura futbolística de balones flotantes, brisa artificial en ductos plásticos, posters de enormes jugadores, Macdonald’s móviles versus pizas, tacos y noodles, limusinas no aptas para mortales, los dinámicos anuncios de “nuestros patrocinadores”. Y entre los espacios libres el hormigueo de aficionados, irresistibles como espectáculo adicional, alegría en variantes infinitas incluyendo gritos retadores, vítores ofensivos sin violencia. Era un fluir de invitaciones sutiles y declaradas, de bienvenidas a quien se decidiera unirse al rito deportivo catalizado por miles de gargantas incógnitas, envidia del político y del pastor que busca clientela repartiendo biblias posmodernas, Jesús “the ultimate goal”. Porque es una gran sorpresa no sólo visualizar a suecos y brasileños: toda la Humanidad representada, seres descubriéndose a sí mismos, conjunción de la evolución y del eclectisismo racial, oportunidad para el que busca practicar el pacifismo o realizar interpretaciones sociológicas “para llevar”, de prisa, trata de abarcarlo todo, relator, porque no hay tiempo para la reflexión profunda: vikingos-noruegos fotografiándose con sus antiguos enemigos mexicanos; beldades suecas, blusa y chortsitos pecadores, ofertando su figura a un dólar por foto a los libinidosos del planeta; pintores-mercaderes anglos convirtiendo tus facciones en colores de banderas; el espectro hispano, sin la menor conciencia de clase, agradeciendo con porras a Univisión la cobertura completa del torneo mientras las cámaras producen la catarsis, el clímax contemporáneo de fama al instante y no te acuestes a dormir, perdiéndose la noción de sí, uniéndonos al universo que comprueba que existes, que eres privilegiado protagonista a diferencia de los otros 2 mil millones de espectadores sin boleto, hey, mira, aquí está el mío y saludos a la family! Es imposible hacer tesis y disertaciones de todo, pero también ocurren transculturizaciones al instante, nunca estudiadas por ningun Ph. D.: si mi equipo no llegó a la semifinal o la final, no importa: me convierto en brasileño por minutos y la gozo como un nativo de Río de Janeiro en carnaval. Igual que yo, así andan japoneses, coreanos, árabes verdeamarillos de los pies a la cabeza, ridículamente preciosos, proeza de simpatía trasnacional que no ha logrado ningún Trust o Enterprise neoliberal: ¿para qué ahondar entonces en las uniones peruanosileñas, argentinariocas, brasilombianas, mexicaleiras con sus lábaros binacionales ondeando al ritmo de samba antes, durante y después del gol?—siguiendo al gurú de congas y silbatos, retando la vigilancia impecable que nunca mira al juego, sino a nosotros, al graderío invadido por la exótica “latin culture” erizada cuando hacemos la orgía de la ola.

VI

Y toda esta masa está ya, estalla en el estadio, está-dio, está dios mío!, es verdad tanta humanidad reunida a la cual me integro, con seso y corazón, desde el asiento 16, fila 40, sección D, detrás de la portería donde el nuevo rey Romario mete el gol, uf!, noz hizo sufrir hasta el segundo tiempo...al fin, 1-0 contra Suecia... y entonces el tumulto, el derrumbe que me cae encima, estoy en las fauces de la multitud realizada, desfogándose, “desautomatización de los sentidos”, iniciando el respetuoso insulto, con mímica escatológica, contra los suecos que hasta entonces se callan...Porque el gol es lo infinito, tanto como la insistencia y la culminación de muchos ya meritos, el arroyar fuerte de Brasil, lo invicto del duelo intercontinental, el gol que logra en la práctica, dentro y fuera de la TV, el ideal de Simón Bolívar que estaría azuzando a la porra americana para la liberación definitiva de los traumas: Brasil igual a toda América, solito contra Europa, Holanda, Suecia, Italia, Alemania, Rumania, Bulgaria; Brasil reivindicando a mestizos, indígenas, caribeños y afros, pobres, deudores y limosneros contra vikingos, nórdicos, romanos, teutones y visigodos, ricos, egoistas y cobradores; Brasil dignificando al continente para superar la tragedia colombiana con el autogol de la narcomuerte, olvidar los penaltis mexicanos al aire y a las manos del portero búlgaro, superar la expulsión del exquerido Maradona, minimizar los titubeos bolivianos, reconocer el avance futbolístico de los angloamericanos y familiarizarlos más con América porque esta es una serie mundialista en serio y no local como el beis o el basquet. Brasil, imán de identidad, un reconquistador, Simón, carnal, todo un Bolívar, un Simón Golívar haciendo sentir la utilidad del regionalismo, apasionado “y lindo” cuando despierta noción de pertenencia continental, colectividad comunicada, cópula con los otros, objetivo común que por vanal es efímero pero el pretexto del gol no se olvida…La vida vuelve con el roce de todo el gentío encima, un parto, escucho un solo tronido, estoy entre el gemido de la masa en Pasadena... el canto del gol... todo el estadio se levanta, se eriza como los poros de un clímax erótico que no cesa, que continúa hasta tocar la Copa, que arraiga al “soccer” para siempre en angloamérica, en un festejo justificadamente irracional de aquella inmensidad de desconocidos que alguna vez y por instantes fuimos todos hermanos…

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 La gravedad de la distancia. Historias de otra norteamérica.

Por Manuel Murrieta Saldívar

200 páginas. Primera Edición 2009. Editorial Garabatos.
Hermosillo, Sonora, México. ISBN: 978-607-7670-04-9

“Una obra poliédrica como la vida misma”.

Prólogo del Dr.Armando Miguélez. Academia Language Institute. Alicante, España

En La gravedad de la distancia destaca un narrador multifacético que cambia de perspectivas según describe a un personaje, a un ambiente o a las sensaciones psicológicas. Es crónica, novela o autobiografía debido a ese yo escurridizo que se mueve como pez en el agua entre los géneros narrativos y en diferentes ópticas. En cualquier forma la obra se defiende a sí misma: la pericia de Manuel Murrieta Saldívar en el manejo del lenguaje y el tempo de la narración, permiten que el lector pase sin apenas enterarse de un género a otro. La habilidad narrativa da homogeneidad junto al contenido: las peripecias de personajes por las geografías de los Estados Unidos y por la biografía del narrador, brotando una visión desmitificante de lo norteamericano desde lo mexicano fronterizo o del hispano en USA. A pesar de lo complejo en géneros y vivencias, fluye con asombrosa facilidad y podría inaugurar un estilo de escribir sobre los EEUU para el siglo XXI: interesan las vivencias en la Unión Americana pero sin análisis ideológico que le valga, recrea desde dentro, desde el interior. Murrieta hace íntimo el viaje, los personajes viven la experiencia y la cuentan pasando olímpicamente los contrarios. Es, pues, una obra poliédrica como lo es la vida misma para sentir el gusto por los detalles humanos en este novedoso estilo de narrar a la distancia y dentro de otras Norteaméricas…


Dr.Armando Miguélez.
Academia Language Institute. Alicante, España


ÍNDICE/CONTENIDO

CAPÍTULO 1
NORTEAMERICANOS FAVORITOS
El riesgo de toparse con el Dr. Anderson… 19
Las lecciones involuntarias de Mr. Krekler… 26
Sabré cómo agradecer… 34

CAPÍTULO 2
AHORA SÍ ME ADENTRO
¿Dónde está Hermosillo?... 45
Hacia la otredad (norte) americana… 53
Phoenix Sol… 60

CAPÍTULO 3
DESTINO ALMA MATER
Día cero en el campus… 67
Zapata y Paz de ida y vuelta… 72
El pérsimo de California… 76

CAPÍTULO 4
METROPOLHISPANIC
Los Ángeles a borbotones… 85
Mi Miami mía, bajo las autopistas… 89
Encantos de Albuquerque… 95

CAPÍTULO 5
URBES EN MI OCIO
Chicago era un deshielo… 105
San Francisco de arriba… 114
San Francisco de abajo… 121

CAPÍTULO 6
MARCADO POR TUS FECHAS
Mi amor, las torres han caído… 133
El trabajo posnavideño… 136
Liberando amor en Washington, D.C…. 139
Ilegal power… 145

CAPÍTULO 7
SPORTCULTURE
Bombardero de serie mundial… 155
El aire cibernético del básquet… 163
Simón Golívar en el Rose Bowl… 168

CAPÍTULO 8
PARA LAS ISLAS AMOR
Puerto Rico total… 179
Escapes al son del reguetón… 186
La soledad de tanta isla… 192

Manuel Murrieta-Saldívar (Ciudad Obregón, Sonora, México), doctor y maestría en letras hispanoamericanas por Arizona State University-Tempe y licenciado en letras hispanas por la Universidad de Sonora. Ha sido periodista, escritor, editor he impartido talleres de periodismo y creación literaria en Sonora, Arizona y California. Premio estatal de periodismo en Sonora por crónica en prensa y ganador en tres ocasiones del Concurso del Libro Sonorense. Su obra periodística, académica, crónicas y relatos de viaje incluyen México, Estados Unidos y Europa en obras como Mi letra no es en inglés; De viaje en Mexamérica; Gringos a la vista; Háblame a tu regreso; La grandeza del azar: eurocrónicas desde París. Actualmente reside en el área de Modesto, norte de California, donde se desempeña como investigador y profesor de literatura y cultura chicana, mexicana y latinoamericana en California State University, campus Stanislaus. Representa a Escritores de Sonora, A.C. en Estados Unidos, es fundador y director general de Editorial Orbis Press (www.orbispress.com) y de la publicación electrónica Culturadoor.com

*** 

HISTORIAS DE OTRA NORTEAMÉRICA.

Volviendo a Vivir: entrevistas con don José Águilar. Un renacer sin adicciones sirviendo al migrante.

SIEMPRE SE VUELVE AL NORTE


Imágenes: archivo de Editorial Orbis Press

Por Manuel Murrieta Saldívar
www.orbispress.com
—2DA. PARTE.—

BUENO, DON JOSÉ, EVIDENTEMENTE QUE USTED NO FUE ALCOHÓLICO SIEMPRE. PODEMOS COMENZAR COMENTANDO QUE EN LAS PRIMERAS ETAPAS DE SU VIDA NO LE SEDUCE EL MUNDO DEL ALCOHOL, EL AM-BIENTE “NEGRO” PODRÍAMOS DECIR QUE LUEGO LO ATRAPARÁ, SINO QUE CONVIVE NORMALMENTE.

—Sí, mira, yo vengo de una familia sin muchos problemas de bebida, respetada y hasta con gente estudiada. Mi problema vino en mi adolescencia y en mucho producto del ambiente de mi barrio en Guadalajara y posteriormente al emigrar a Estados Unidos.

¿PUEDE RESUMIR CÓMO ERAN AQUELLOS TIEMPOS?

—En esos días yo estaba entregado a Dios. Hacíamos tardea-das, algunos grupos musicales contribuían y ahí comenzó parte del problema. Entre las convivencias sanas empezamos a consumir y a proveer vino y droga a los músicos que lo solicitaban. Estábamos construyendo una iglesia y necesitábamos su cooperación para juntar fondos. Su construcción era de pura cantera y yo era uno de los organizadores. Por cierto ahorita nadie me lo reconoce. Había mucho movimiento y luego la cosa se puso grande, vaya, hasta el grupo de Los Fredy`s nos ayudaron. Ellos son de cerca de ese barrio en Guadalajara.

ENTONCES FUE BEBIENDO, ¿PERO NO NOTABA QUE SE EXCEDÍA?

—Sí, era de altas y bajas, recuerdo que pude caer más bajo en el alcohol pero no fue así porque conocí a una muchacha, Lety, hermana de un amigo. La primera vez que la invité a salir me mentó la madre, pero después hicimos buena amistad y luego queríamos casarnos. Sin embargo, su protectora me exigió que primero tuviera una casa para ella. Fue cuando decidí venirme a Estados Unidos para poder juntar dinero y comprarle la casa.

¿POR QUÉ LUEGO LUEGO ESTADOS UNIDOS COMO FUENTE DE DINERO, NO PENSABA EN OTRAS OPCIONES?

—Por el hecho de que en México no hay trabajo, no puedes juntar nada de dinero, si trabajas nunca ganas lo suficiente, siempre estás jodido. Yo allá nunca vi la posibilidad de poder comprar casa. Además ya tenía un hermano en California y la estaba haciendo bien.

¿SI NO LO HUBIERA TENIDO DE TODOS MODOS HUBIERA EMIGRADO?

—Sí. Pablo, un primo hermano, vino de vacaciones a Gua-dalajara y me invitó a que nos fuéramos al otro lado. Me dijo, tengo familiares allá que nos pasan; pero llegando a Tijuana me “cuenteó”. En la central de autobuses encontramos una muchacha y le dijo a mi primo: por doscientos dólares te pongo en Los Ángeles, ahorita mismo. Mi primo traía cien dólares pero yo no, yo traía sólo lo que costó el pasaje. Mi primo se fue con ella y me dejó solo y sin dinero ¡En una frontera que es un pinche desmadre! Después me fui a buscar a mi tía Toña que vivía en Tijuana. Me había traído su dirección por si las dudas. No me lo vas a creer, pero cuando encontré su casa, abrió la puerta y me vio—estoy seguro que me reconoció—y lo único que dijo fue: “A usted no lo conocemos. Lárguese de aquí”...

Un poco después, encontré la casa de una prima lejana que ni me conocía, pero yo sí a ella, creo que se llamaba Carmen, ella me trató muy bien. Carmen le llamó a mi hermano, el que estaba en el otro lado, y lo convenció de que me ayudara con el dinero para pagarle a un “coyote” que me cruzara, fíjate, sin conocerme ella. Cuando nos dispusimos a pasar la frontera hasta lonche me echó. Brincamos la línea y nos fuimos sin parar hasta Torrance, California. Al llegar le hablé a mi hermano para que le pagara al “coyote” por mi traslado pero lo único que me contestó fue un: ¡Vete a la chingada! ¡No esperes ni un cinco! Le pregunté que por qué le había dicho a mi prima Carmen que sí me iba ayudar, y me dijo que ella no tenía por qué andarse metiendo en estas cosas.

Uno de los que habían pasado junto conmigo me dijo que no me preocupara, que él me daría trabajo; él compraba bicicletas descompuestas, las arreglaba y las volvía a vender. Estuve trabajando con él por unos días y después fui a buscar a mi hermano de nuevo, pues, a pesar de lo que había pasado, yo aún lo extrañaba. Cuando me vio frente a la puerta de su casa casi se volvió loco de gusto pues esos días él pensaba que, a causa de que él no quiso pagar por mí a los “coyotes”, éstos me habían matado así que se deshacía en abrazos.

TENÍA USTED COMO QUINCE AÑOS Y TRAÍA EL SUEÑO DE COMPRAR UNA CASA PARA CASARSE...

—Si, más o menos esa edad y quería dinero suficiente para comprar la casa, regresar a Guadalajara como le había prometido a mi novia, casarnos y quedarme allá.

SE INSTALA ENTONCES EN EL ÁREA DE LOS ÁNGELES, ¿CUÁNTO TIEMPO ESTUVO?

—Como un año y tres meses. Yo extrañaba a mi novia y un día le dije a mi hermano: Ya me voy a regresar porque parece que nunca voy a poder juntar lo suficiente para comprar la casa. Y él me dijo: si te vas a regresar a Guadalajara, deja aquí el dine-ro que vas a necesitar para el “coyote” la próxima vez. Yo le dije que no pensaba regresar al norte y él me respondió, como profetizando, “el que viene al norte una vez, siempre vuelve”. Y no quiero que después me estés pidiendo dinero, porque tú sabes que yo a veces trabajo y a veces no.

Yo le entendí y le dejé trescientos dólares para lo que se ofreciera en el futuro. Tomé el avión a Guadalajara y nos pasamos unos días inolvidables mi novia y yo. Fui a hablar con la protectora de mi novia pero no le permitió casarse conmigo. La señora me puso las cosas bien claras: O juntas todo el dinero necesario para la compra de una casa o a ella no la dejo casarse contigo.

Decidí regresar a California de nuevo, mi hermano tenía razón, pero esta vez sí me aseguraría de juntar la totalidad del dinero para la casa. Conseguí trabajo en una imprenta en Pico Rivera y ganaba buen dinero sólo que yo vivía con unos chavos que tomaban a diario y yo también empecé a tomar seguido. Me fue tan bien que en poco tiempo reuní no sólo para comprar no una sino tres casas. Pues regresé a Guadalajara.

¿CUÁNTO TIEMPO LE LLEVÓ?...ENTONCES SE REGRESA...

—Como unos ocho meses. Ya en Guadalajara fui a buscar a mi novia. La encontré bajando del autobús pero la traía un hombre abrazada. Se veía que venían muy contentos. Yo creo que lo que menos esperaba ella era encontrarme ahí. ¿A poco eres tú?, me preguntó. No, soy un espíritu, le contesté. Yo entendí lo que estaba pasando y me alejé de ahí. Yo sabía que la culpa era mía pues yo nunca le escribía. Aunque al principio la culpé a ella...se fue siguiéndome tratando de explicarme por qué andaba con él, me decía que eran sólo amigos y al último me convenció de que siguiéramos juntos. Bueno, pues, la perdoné y quisimos que todo siguiera igual.

Pero esa misma noche volví a hablar con su protectora. Al llegar ante ella le dije: lo prometido es deuda, señora, aquí tengo el dinero no para una casa sino hasta para tres, le insistí. Ella se puso a mirarme de esa forma odiosa con que siempre me miraba y me la soltó de repente: No doy mi autorización ni así, ni de ninguna forma, así que lárguese de aquí o llamo a la policía; usted no es el tipo de hombre para mi protegida.

Después de eso todavía seguimos con nuestra relación por algún tiempo, pero la cosa se fue enfriando. Yo ya no vi nada claro y me fui gastando mi dinero con mis amigos en fiestas, parrandas y borracheras hasta que mi madre me sugirió que me fuera otra vez al otro lado porque me estaba echando a perder demasiado rápido. Volví a California y a los tres meses me llegó una invitación de mi novia para su boda. ¡Y me regreso de volada! La busqué pero no la encontré por ninguna parte. Entonces me la pasaba de borrachera en borrachera. Después me dije: bueno, ya está casada, si la encuentro le voy a deshacer su matrimonio y en ese momento decidí regresarme otra vez.

¿POR QUÉ LE MOLESTÓ, YA HABÍAN TERMINADO LA RELACIÓN, NO?

—Me molestó porque al recibir la invitación yo lo tomé como una burla. Ella me había jurado que yo iba ser el único. Ella no se casó con él por amor, nunca lo quiso y, hasta la fecha, creo que esa mujer sigue enamorada de mí.

¿QUÉ SUCEDE ENTONCES PARA QUE SE QUEDE MÁS TIEMPO EN USA?

—Bueno, lo que pasaba era que yo ya estaba madurando y sentía la necesidad de tener una familia. Me sentía muy sólo.Tenía ya como 18 ó 19 años de edad pero el hecho de estar lejos de la familia me hacía preguntarme: ¿Qué estoy haciendo? Me gustaba ir a los bailes, salir a conocer otros lugares, pero me empecé a enviciar mucho en el alcohol porque, entre otras cosas, los amigos con quienes vivía tomaban a diario. Éramos doce personas que vivíamos juntos y todos traíamos cerveza a la casa, pues se juntaban montañas de “doces” de cerveza, y toda nos la bebíamos. Al principio no me afectaba, pero al rato empecé a faltar al trabajo hasta que el patrón se hartó de los pretextos y un día me co-rrió. Después fui a conseguir ayuda por desempleo para poder sobrevivir.

¿CÓMO PODÍA RECIBIR AYUDA DE DESEMPLEO, YA ERA RESIDENTE?

—No, pero en ese tiempo no investigaban tanto. Estuve reci-biendo ayuda durante más de un año. Bueno, pues pasó el tiempo y me mudé de departamento, me fui a Maywood, California. Y más de lo mismo: éramos alrededor de veinte personas y al llegar del trabajo, llegábamos con un “doce” cada uno.

Pero en ese tiempo conocí a otra muchacha y nos ena-moramos. Pronto decidimos casarnos y pusimos la fecha pero, como yo no podía conseguir trabajo, decidí posponer la boda. Ella lo tomó como que yo estaba perdiendo interés, y al poco tiempo me cortó; y esto me hundió más en la borrachera.

Después conocí a unos amigos que se dedicaban a hacer papeles chuecos. Yo tenía que sobrevivir de alguna manera así que me acerqué a ellos a ver qué podía hacer; vi que ganaban buen dinero, sólo que empecé a tomar demasiado y no le entré mucho a esa chamba.

¿NO PENSÓ EN ESTUDIAR ALGO?

—Mira, cuando se es joven se piensa que tiene uno la vida por delante; yo decía: ahí después, ahí después. Un día me decidí a hacer algo por mí y me fui a cursos de capacitación; aprendí de todo, pero me desesperaba no poder encontrar trabajo. El ambiente en que yo vivía estaba lleno de alcohol y drogas y era muy difícil para mí. En ese tiempo conocí a un amigo, El Güero le decían. A mí me gustaba mucho su forma de ser pues no le tenía miedo a nada; nunca medía las consecuencias de nada. Yo le decía que él era así por causa de su ignorancia, y él me decía: no es por mi ignorancia, por mis güevos que los traigo bien puestos.

Así que mientras estuve viviendo con El Güero y con otro compa, El Pillo, estuve ganando mucho dinero haciendo movidas chuecas, como papeles de migración. Llegué a ganar hasta tres mil dólares en una semana pero pronto me cansé de lle-var esa vida. Un día hablé con el dueño de la cantina que frecuentábamos y le platiqué que yo quería encontrar un trabajo decente y él me consiguió uno. Sólo que pedían papeles buenos, jejeje, yo mismo me “confeccioné” mis documentos y así entré a trabajar; era una fábrica de lámparas. Me alejé de la vida de “desmadre” que llevaba y para estar mejor renté un cuarto para mí solo.

Un poco después conocí a una paisana, una muchacha de Jalisco y al poco tiempo se fue a vivir conmigo. No pasó mucho tiempo para cuando me di cuenta de que era muy alocada y muy celosa Así estuvimos por unos meses, luego salió embarazada, y un día me vio platicando con otra muchacha y de puro coraje se provocó el aborto—ya tenía más de siete meses de embarazo—se dejó caer al suelo varias veces para lastimarse ella y al feto.

Pero mi niño nació vivo aunque a los tres días murió en mis brazos. Lo que más me dolió y me marcó para siempre fue que no tuve dinero para pagarle al hospital, y no me entregaron el cuerpecito. Yo estuve ahí cuando lo hicieron cenizas. Dejé de ir al trabajo, conseguí bastante alcohol y me encerré en un cuarto a emborracharme. Esa borrachera duró alrededor de una semana.

Una noche estaba yo llorando, cuando de pronto oí unos pasitos como de niño caminando hacia mí, vi la cortina de la puerta moverse como por manos invisibles. Yo no lo podía creer. ¿Será la borrachera o qué?, pensaba yo. Entendí que no podía ser mi hijo por que él todavía no caminaba y luego oí una vocecita que dijo “sí, soy tu hijo, Dios me permitió venir a consolarte. No llores, Dios así lo quiso. Si tú lloras yo no podré descansar”, así me dijo. Al ratito escuché sus pasitos alejándose. En ese momento me di cuenta que la vida para mí no había terminado y empecé a sentir una gran tranquilidad; me llené de ánimos y me di un baño. Después, con más bríos, fui a buscar a mi novia y la encontré borracha, tuvimos un pleito y me fui de ahí. Decidí salir a buscar trabajo y tuve suerte pues me aceptaron en mi empleo anterior.

ME HABÍA MENCIONADO QUE ESA ACTIVIDAD DE LA VENTA DE DOCUMENTOS FALSOS Y QUE PRODUCÍAN DE 200 A 300 DÓLARES DIARIOS. ES MUCHO DINERO. ¿QUÉ SUCEDIÓ CON TODOS ESOS DÓLARES?

—Mira, el dinero mal habido nunca rinde, todo ese dinero se gastaba en las cantinas; nos rodeábamos de las mejores viejas...fueron años desperdiciados. En ese tiempo yo no sabía ni qué quería. No tenía claro si quería estar en México o en Estados Unidos. Era una confusión total.

Unos días después, al salir de la fábrica, me encuentro a mi novia, la del aborto, y me pidió perdón, me dijo que la culpa había sido de ella. En las condiciones en que yo estaba, pedirme perdón y que yo la perdonara fue lo más fácil y nos volvimos a juntar. Nomás que las cosas se pusieron más difíciles, ella se descontrolaba a veces y trataba de matarme; hubo veces en que, de noche, algo me hacía despertar y la veía con el cuchillo en la mano a punto de brincarme encima. Me volví a alejar de ella y empecé a vivir con un paisano mío de nombre Blas.

¿QUÉ CLASE DE TRABAJO HACÍA DONDE LO VOLVIERON A ACEPTAR ? —Era una fábrica. Yo era pintor, pintaba lámparas industriales. Estuve unos días trabajando tranquilo y de repente, esta chava empieza a ir a buscarme al trabajo, me armó unos escándalos y me corrieron de esa chamba.

¿Y QUÉ ES LO QUE QUERÍA ELLA CON USTED?¿MOLESTARLO, SACARLE DINERO?

—No. Quería que regresáramos, pero yo ya no sentía nada por ella. Después regresé al barrio y me puse a trabajar en enderezado y pintura de autos callejeros, o sea, yo hacía esos trabajos en la calle.

ESPERE, ANTES DE QUE CONTINÚE, ESA MUCHACHA CON LA QUE VIVIÓ, ¿QUÉ FUE LO QUE LE VIO? ¿CÓMO SURGIÓ ESA RELACIÓN SI USTED HABÍA TENIDO YA OTRAS MUJERES DE LA VIDA NOCTURNA, MUY ATRACTIVAS, ME HABÍA DICHO?

—Lo que pasa es que me sentía muy solo. La soledad en que yo vivía me hizo fijarme en ella, y sobre todo, yo pensaba que viviendo con una muchacha de alguna forma era una responsabilidad y eso pudiera alejarme de los vicios, además, yo no pensaba estar con ella toda la vida.

¿Y USTED NO CONSIDERABA LA POSIBILIDAD DE CONSEGUIRSE UNA MUJER MENOS COMPLICADA?

—Es que en el ambiente donde yo vivía sentía que no merecía nada mejor. Después llegó mi hermano y lo emplearon en la compañía donde yo había trabajado. Yo no sé por qué lo querían tanto a él. Se iba por temporadas a otros trabajos y, cuando regresaba, le daban el empleo de nuevo. De todos modos, a mí me empezó a ir bien de carrocero a domicilio y renté una casita; conocí a un amigo de Veracruz y se fue a vivir conmigo, yo le llamaba “mi pistolero” porque estaba chaparrito. Me cayó bien porque era como yo: aventado. Después conocí a un “pollero” que traía gente de Tijuana, se llamaba Carlos, empezamos a llevarnos a todo dar. Él era uno de los “meros meros”, en ese entonces yo vivía por rumbos de Villamar. La gente de ahí era buena, aunque fueran puros polleros, drogadictos, pero son de esa clase de personas que se quitan la camisa para dártela si la necesitas; se quitan el taco de la boca para brindártelo. Yo los criticaba por la forma tan buena onda que actuaban conmigo pero ellos me decían ¡Chinga tu madre!

ENTONCES, REGRESANDO A SU TRABAJO DE CARROCERO, ¿CUÁNTO TIEMPO DURÓ HACIÉNDOLO?

—Alrededor de un año. Pero de vez en cuanto sucedían sorpresas que te alegraban la vida, algo que no pasaba habitualmente, como ese día en que llegó mi amigo el “Coyote” y nos pusimos a asar carne y a tomar unas cervezas. Más tarde me dijo él que fuéramos a Huntington Park a comprar ropa. Cuando llegamos a la tienda me ordenó que escogiera lo que quisiera. Yo pensé que nomás estaba de fanfarrón, él se metió la mano a la bolsa y sacó un puñado de billetes y me dijo que traía más de cuarenta mil dólares, para que no estuviera yo de incrédulo. Me compró ropa de toda, pantalones, trajes, joyas, etc. Así era él conmigo algunas veces porque yo también lo alivianaba mucho cuando se encontraba sin dinero. Volvimos a la casa y vio que no había mucha comida, me llevó a la tienda, compró provisiones como para un mes, y para rematar, me dio ochocientos dólares. Le pregunté que de dónde traía tanto dinero y me contestó que a lo que él se dedicaba daba ganar muy buen dinero. Y me dijo que si quería trabajar con él iba a tener que correr mucho porque en este “negocio” hay que ser muy buen corredor. Me preguntó que si podía llegar a mi casa cada vez que se ofreciera, le dije que por supuesto, que no lo dudara, cuantas veces fuera necesario. Después, cuando regresaba de sus negocios, siempre me llevaba a comprar ropa.

¿QUÉ EDAD TENÍA USTED EN ESE ENTONCES?

—Tenía ya como veintitantos años. Un día llegó con una mu-chacha que se trajo de Tijuana y rentó una casa para ellos, pero cada vez que tenía oportunidad venía a visitarme y, preocupado por mí, siempre me preguntaba si necesitaba algo. En ese tiempo conocí a la que hoy es la mamá de mi hijo. Ella pasaba seguido por la casa...

CONTINUARÁ…

Más sobre la obra Volviendo a Vivir: entrevistas con don Jose Aguilar
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 HISTORIAS DE OTRA NORTEAMÉRICA
“Tuve el vicio del trago, hice y padecí muchas tragedias, y puedo recaer, por eso quiero contarte de mi historia, algo habrá de servir, aunque sea para salvar a una sola vida, antes de que acabe la mía”...

Don José Aguilar en su juventud, migrante en Los Ángeles, California. Imágenes: archivo de Editorial Orbis Press

PARA SALVAR UNA VIDA...
Por Manuel Murrieta Saldívar
www.orbispress.com 

Iba saliendo de un establecimiento comercial en Phoenix, Arizona, cuando una voz ronca y profunda me abordó: “Escuché que se dedica al periodismo y a escribir”, me refirió, “me gustaría hablar con usted”. Era un hombre de facciones gruesas, moreno y corpulento, curtido por el trabajo y los embates de la vida. Eso supuse al sólo mirarle; podría haber encontrado más, pero él portaba unos lentes contra el sol que me impidió sondear a través de sus ojos. “Claro, por supuesto, estoy a sus órdenes”, le respondí amable, creyendo se trataría de un rutinario asunto de publicidad o de cubrir algún evento, como es lo que se propone en esos pequeños negocios que sostienen al periodismo hispano en esta zona. “Aquí tiene mi tarjeta, llámame por favor, necesito su opinión y creo que le puede interesar”, me provocó. Leí su nombre, José Aguilar, su puesto, Director General, su negocio Volviendo a Vivir, y su giro, centro de rehabilitación, actividad no muy común, al igual que la mía, por estos rumbos.

A los días volví a escuchar por el auricular esa voz rasposa ahora como venida de un abismo, que hacía preguntarme el origen de esa condición fonética. Entonces decidí, conmovido, acudir en persona al local de don José, quizá para evitar que hiciera un mayor esfuerzo al hablar por la línea. Cuando llegué al recinto, ubicado en la zona marginal del suroeste de Phoenix, no me pregunté, como debería, qué demonios estaba haciendo yo allí, sino que me impresioné al comprobar que, en efecto, operaba un centro para rehabilitar alcohólicos. Porque se traba de una simple casa—aunque al entrar se percibe cierto olor a alcohol desvanecido, se aprecian las caras rojas de internos recuperándose entre ollas y sartenes preparando comida. Las recámaras estaban repletas de literas, los closets eran depósitos de libros, herramientas y cajas, la sala un como auditorio con su pódium donde se adivinaba que surgían grandes testimonios orales.

También recorrí un pasadillo secreto que me llevó a una especie de “bunker” aislado de todo, contaba con una computadora, un teléfono, una televisión y un pequeño sofá en cuya mesita, en efecto, había una pistola, “por si las moscas”. Y ahí estaba, entre el juego de sombras y el poco sol que se traslucía, don José, como contento dándome una bienvenida: “Qué pasó Murrieta”… escuché por vez primera esa frase que la repetiría muchas veces. “No te asustes por esto”, me advirtió refiriéndose a todo el recinto y apelando a la ingenuidad que a veces suelo transmitir.  “No se preocupe—reaccioné—como periodista estoy acostumbrado a todo tipo de ambientes, desde una suite presidencial hasta un prostíbulo”, ocultándole así el impacto que me produjo ingresar a su morada. “Qué bueno que así sea, porque esto apenas es el comienzo, siéntate, si quieres beber aquí sólo hay agua y refrescos ”, me sugirió. “Ya averigüe de ti, creo que eres la persona adecuada para lo que quiero hacer”...

“Si me permite—intervine —primero dígame por qué tiene esa voz así, tan rasposa, ¿es normal o está usted enfermo?”. “De eso quiero hablarte—abundó—la voz la tengo así por ha-ber bebido mucho, es la voz de ex alcohólico, de uno que se está rehabilitando, la voz de un ex vagabundo o del ‘homeless’ buscando un trago o dónde dormir”.

De inmediato recordé a los “alcoholitos” del Jardín Juárez de Hermosillo, Sonora, a los de las cantinas de Nogales, a los del centro de Los Ángeles o los del Encanto Park de Phoenix, preguntándome siempre cómo habían llegado a esa condición. Y, sobre todo, si lograban escaparse de ella. Y ahora, a juzgar por sus palabras, tenía a uno frente a mí, picando mi curiosidad, recuperándose, salido de ese infierno, poniéndose a mi disposición, porque don José propuso: “Si, fui un alcoholito, homeless borracho y quiero contarte mi historia, tú sabrás que hacer con ella”.

Don José en la actualidad, sobreviviendo, rehabilitándose…

Podría saber entonces—podríamos todos saber—cómo es que un ser humano llega a los límites de la autodestrucción, cómo visualiza a la sociedad que lo olvida, a quiénes culpa y por qué. Y, sobre todo, podríamos saber cómo es que uno de ellos logra transformarse hasta casi ser un abstemio. “Tuve el vicio del trago, hice y padecí muchas tragedias, y puedo recaer, por eso quiero contarte de mi historia, algo habrá de servir, aunque sea para salvar a una sola vida, antes de que acabe la mía”...

Ya no se dijo más, y en esa soledad, sin testigos, hicimos el acuerdo, sin documentos ni nada que firmar, solamente encendí mi grabadora y durante días nos pusimos a platicar. Así brotaría el libro Volviendo a Vivir. Entrevistas con don José Aguilar, combinación de periodismo y narración literaria, así empecé a escuchar pasajes de penurias, decepciones y humillaciones, las de “los fracasados del sueño americano”, como se titula el capítulo IX. Sin embargo, también capté que habría un final feliz. En efecto, noté que don José había encontrado una misión que le estaba dando los últimos respiros: rescatar a los migrantes mexicanos, a los latinos en general, víctimas del alcohol para evitar que continúen los mismos dramas, reintegrarlos a la sociedad, a la búsqueda de la felicidad material y espiritual.

Porque el alcoholismo es más fácil que prenda en condiciones de crisis. Nacido en un poblado de Jalisco, México, don José emigró adolescente a California, trabajó como obrero habitando en departamentos junto a decenas de paisanos para ahorrar dinero en hospedaje. Pero en las convivencias encontró como muchos refugio en el alcohol y comenzaron los despidos del empleo...ingerir cervezas de más, también le produjo inestabilidad emocional y varias enfermedades como cirrosis y hepatitis al transcurrir los años. Enfermo y abandonado, deambuló como pordiosero, mendingando bebida y comida, durmiendo en parajes de donde resurgiría, precisamente, cual ave fénix en la ciudad de Phoenix: entre el vagabundeo escuchó de un centro de rehabilitación a donde acudió—poniendo como condición, para dejarse llevar, que le dieran una cerveza, a manera de despedida simbólica—para ya no salir de ahí jamás. Y no porque no se recuperara, sino al contrario: lo hizo tan rápido y tan bien que acabó como director general del organismo que lo rescató.

Don José reestructuró no sólo la base organizativa, sino también la económica, la de atención a los internos e incluso la física de ese recinto que opera a todo vapor en condiciones humildes. A las vueltas del tiempo, empezó a escuchar que le llamaban Padrino de parte de cientos y cientos de mexicanos, latinos y hasta de migrantes europeos que rescata de la bebida. Don José lo revela así, con esa poderosa voz y el brillo de la satisfacción en los ojos:

—Después de una vida de desorientación, de dependencias y sufrimientos, aquí encontré el sentido de vivir, por eso le cambié el nombre a este centro, se llama “Volviendo a Vivir”. Descubrí que mi misión es ayudar al prójimo y ofrecerle toda mi experiencia, conocimientos, para el funcionamiento de este lugar que rescata a alcohólicos y dragaditos.
He aquí, pues, pasajes claves y el perfil de vida de don José, en sus propias palabras, con toda su frescura y habla personal, en estas entrevistas fruto de los encuentros casuales y del trajín cotidiano. Y, claro, fruto también de aquel periodismo que todavía busca en las calles la noticia transformadora o el personaje anónimo que cambia no sólo la rutina de un día sino a veces la de toda la vida…

CONTINUARÁ…

© Manuel Murrieta Saldívar

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Como tal, Manuel Murrieta-Saldívar, autor de “La grandeza del azar: eurocrónicas desde París”,  no necesita poseer a la capital francesa  para lograr una autodefinición propia, solamente desea observarla y captarla.  Su propósito no es conseguir la validación de la metrópoli porque el autor no la requiere.

Desconstruyendo a París,  la ciudad letrada, desde el norte mexicano


 
El autor en la urbe francesa. Imágenes: archivo Editorial Orbis Press


Por Mía Lilly
—California State University, campus Stanislaus —

 

Ninguna otra ciudad ha proveído una destinación literaria tan consistente para Hispanoamérica que París.  Esta ciudad ha sido invocado por escritores e intelectuales igual como metáfora de un amplio espectro de deseos  y de diversas imágenes, como la vida de bohemia, el prestigio social, calles sensuales parisinas y la política revolucionaria (Schwartz, 1).  Por mucho años, la cultura urbana, latinoamericana, designó a París como el centro cultural idealizado, hegemónico de la modernidad europea (Schwartz, 1).  La mitificación de la gran urbe llegó a ser tan extensa, que el contacto con la ciudad misma se hizo problemático para muchos escritores (Jones, 14).  Sin embargo, durante esta época, ningún autor realmente exploró a este problema, prefiriendo reproducir nociones bastantemente estandarizadas de los encantos o peligros de la metrópoli sin cuestionar su modelo (Jones, 15).  No fue hasta mediados del siglo XX que los literatos latinoamericanos comenzaron a contestar abiertamente e insistentemente la complejidad que acompañaba al deseo de representar a un lugar que se había convertido tan común en el arte y en la literatura (Jones, 15).  El estatus privilegiado de París y su imagen de jerarquía social y cultural se sometió al escrutinio. 

Siguiendo los pasos de varios escritores latinoamericanos que habitaron a París, como Rubén Darío, Amado Nervo, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, el periodista, escritor y editor mexicano, Manuel Murrieta Saldívar, se traslada a la capital francesa, encaminado por el azar, en su quinto libro.  Murrieta, quien ha sido galardonado con el Premio Estatal de Periodismo por Crónica en Prensa y ha tomado primer lugar en tres ocasiones en el Concurso del Libro Sonorense, explora la imagen de la ciudad concebida en Latinoamérica y cuestiona esa creación, descontruyéndola en un terreno literario, lingüístico y social.  La desconstrucción consiste en exponer cómo se ha formado esta urbe a partir de procesos históricos y acumulaciones metafóricas, mostrando que lo axiomático dista de serlo.  En otras palabras, “la desconstrucción revisa y disuelve el canon en una negación absoluta de significado” (Ribadeniera, 1).  El propósito de este trabajo es demostrar cómo Murrieta retoma el París letrado de sus antecesores y lo desconstruye a través de la crónica, presentando una novísima visión de la ciudad en La grandeza del azar: eurocrónicas desde París, publicado en 2006. 

Portada de la obra

La grandeza del azar cuenta la historia del viaje azaroso de Murrieta desde Hermosillo, México hasta París, Francia, de donde continúa a España, Italia y Holanda.  Como testimonio, el París que Murrieta presenta no es el de Cortázar ni de Fuentes; no es una ciudad donde personajes se enredan dentro de un laberinto de alegorías sobre la alienación y la búsqueda de la identidad, ni un mundo en donde los metros se utilizan como medios de transporte a esferas fantásticas (Schwartz, 31).  El París de Murrieta es real, basado en experiencias concretas y datos históricos.  Por ejemplo, en “Una torre que no sirve para nada,” el relato sobre la Torre Eiffel se mezcla con hechos.

"A principios del siglo XX la Eiffel no sólo se aprovechó para experimentar con las primeras transmisiones inalámbricas sino que, una vez probada su eficacia y utilidad, se instalaron antenas y aparatos para la transmisión permanente de ondas de radio…la torre estaba salvada y lo demás es historia: desde ahí se interceptaron mensajes en clave que culminaron en la detención de la célebre espía Matta Hari o ayudaron a liberar a París de los alemanes durante la II guerra mundial" (Murrieta, 39).

Los hechos históricos no sólo se utilizan para enriquecer al testimonio sino que también son elementos importantes para el cronista.  La crónica, como género periodístico, agrupa comentarios sobre una serie de hechos de la actualidad, apoyados de testigos estantes (Definición ABC).  De esta forma, el autor utiliza datos esenciales a lo largo de su obra.
Igual que varios de sus predecesores, Murrieta se encuentra un poco desilusionado con París.  Referencias literarias, folletos turísticos, fotos de la Torre Eiffel y películas francesas habían creado una capital francesa “leída” y mitificada en su mente. 

"Mi París, construido en el cultivo de las letras, libros de texto, películas de arte y comerciales, más las noticias que llegaron a mi terruño en Hermosillo, es el de todos, el de muchos: un París embrujador e inquietante, tierno y acogedor que aún no logro encontrar allá afuera y que supongo está ahí, esperándome" (Murrieta, 12).

Este material había implantado un collage de alusiones literarias y aspiraciones dentro del autor.  Sin embargo, al estar físicamente en la urbe parisina, su expectativa del sitio mercadeado, utópico que había sido inculcado en él debe ser ajustada a lo que realmente experimenta.  El desencanto comienza cuando se da cuenta que París es más materialista de lo que se imaginaba al no poder encontrar un apartamento de precio razonable para alquilar: “Nunca supuse que París mostrara cierta agresividad al estilo de Norteamérica, sociedad que uno ya aprendió a sortear con alguna frialdad” (Murrieta, 14).  En “Hablando Franco,” se le atribuye una presencia personificada y anti-heroica a la gran urbe.  El aparte presenta a París como un participante silencioso en un diálogo con el cronista.  La ciudad parisina es una fuerza persistente con la cual el autor debe reconciliarse estética y políticamente. 

"…deberías saber, París, que no haces lo suficiente por los que venimos únicamente a disfrutarte y aprender de ti.  Todo lo invaluable que posees deberías de ponerlo más a nuestro alcance porque no sólo a ti te pertenece.  ¡Y es que cobras hasta para subir al Arco del Triunfo o mirar la tumba de Napoleón!" (Murrieta, 33).

Por lo tanto, la fraternidad e igualdad que él asocia con el país no resulta ser una realidad. 

Como se aludió previamente, la intertextualidad ejerce un papel sumamente importante en La grandeza del azar.  Murrieta la utiliza en un intento de reconciliar la versión anticipada de París, basada en lecturas y en su propia imaginación, con su situación actual. 

"Desde la esquina con la avenida Raspail, hasta más o menos la estación del metro “Montparnasse Bienvenues,” se localiza una serie de establecimientos, entre ellos los famosos cafés literarios como La Rotonde, Le Select, La Dome y La Coupole…En busca de inspiración, relax o como centro de trabajo, a ellos acudieron, no yo, sino una infinidad de consagrados entre los que destacan James Joyce, Ionesco o Jean Paul Sastre…Con tristeza azul, a la francesa, noto que algunos de estos recintos se han norteamericanizado tanto, como La Couple donde acudía Henry Miller, que el cronista en busca de folklore sufre una especie de decepción" (Murrieta, 78).

La ciudad de la luz no resulta a la altura de su creación literaria y su dominio como centro de fecundidad y estimulación artística se ha acabado.

"¿Y qué fue de La Boheme?...a juzgar por lo que aparece ahora frente a mí, es un bar que acabó como centro de reunión para convivencias moderadas…es decir, parecen utilizar toda esa parafernalia para desanimar al desaliñado artista que ose solicitar un trago a cambio de un poema o un cuadro posimpresionista.  De bohemia quedaría sólo el nombre y su historia para atraer turistas" (Murrieta, 77).

Ahora todo lo que permanece son los vestigios del París literario—el Moulin Rouge con sus precios que “espantan…aunque incluyan champaña” y los pintores del sector Montmarte que “eternizan al turista, a lápiz, a tinta o al oleo” (Murrieta, 76-77).  En síntesis, la ciudad de la vida de bohemia se ha convertido en un eje capitalista.   

Servilleta del mítico bar La Coupole

Inicialmente, el carácter capitalista, norteamericano de París resulta sorprendente para el cronista.  Sin embargo, este carácter pronto revela algo más profundo.  El dominio cultural que se le atribuía a la capital francesa en la literatura sólo permitía una imagen: París como epicentro de donde nace y se extiende la cultura. 

"¿Viajarán ahí las gentes que cuidan y alimentan a las cigüeñas que vuelan desde ti, ocupadísimas, hacia las maternidades del mundo? – por cierto, aún no las he visto, ¿dónde las tendrás?" (Murrieta, 32).

Murrieta descubre que no sólo lo parisino sale a impregnar a otras sociedades sino que también lo extranjero penetra a la ciudad.  Es por esta razón que la urbe exhibe atributos norteamericanos.  En “La vida en azul”, uno ve cómo la música estadounidense, al igual que en Hermosillo, México, es un notable cultivo en las estaciones de radio francesas. 

"Quizás, pero ante la insistencia cierta vez hasta interpreté que los franceses también creían que escuchar artistas norteamericanos era una manera de ser contemporáneos, como lo hacíamos nosotros por aquellas décadas en el norte mexicano" (Murrieta, 65).

Aún más asombroso es que la ciudad de la luz, cultura que se aprecia por siempre estar al avante de la moda, continúa palpando música añeja, como graciosamente agrega Murrieta: “Fíjate, desde aquel entonces ya éramos cosmopolitas, sin salir del barrio y nosotros sin saberlo” (Murrieta, 68).  Además, la metrópoli no sólo es afectada por las culturas hegemónicas como la de los Estados Unidos; culturas menos proliferadas también ejercen influencia, transformando varios de sus distritos.

"…nadie nos dijo que la estación Tolbiac era el centro del barrio chino.  Que salir hacia cualquier rumbo de la parada Gare du Nord era encontrarse con marroquíes y tunecinos ofreciendo cabrito casi como tacos al pastor…Y al otro extremo encontrarse con hindúes ofreciendo el aroma de canela y clavo…" (Murrieta, 49).

París, entonces, es una ciudad ocupada por extranjeros, no una ciudad habitada por una población homogéneamente francesa como el cronista imaginaba: “Se me revela un París oculto que nadie me había contado ni había leído” (Murrieta, 172).  De hecho, casi se podría decir que la presencia francesa es mínima sino inexistente en varias de las crónicas.  La grandeza del azar presenta un plano fragmentado, dispersado, multivocal y cosmopolita.

Mapa del metro parisino

El París utópico de dominio cultural resulta ser ilusorio.  Durante el Boom, las obras de los autores latinoamericanos expatriados insistían en exponer, invadir, explotar y dominar a la gran urbe en búsqueda de una identidad nacional propia (Schwartz, 7).  Sin embargo, la realidad parisina era tan diversa y tan irreal que resultaba elusiva, victimizando a los personajes que intentaban poseerla (Jones, 114).  La ciudad devoraba a estas figuras desterradas, consumiendo su salud, dignidad, cordura y ahorros (Schwartz, 23).  Como novísima literatura, “los grandes metadiscursos como la obsesiva búsqueda de la identidad” no son una preocupación en La grandeza del azar (Garganigo, 671).  Como tal, Murrieta no necesita poseer a la capital parisina para lograr una autodefinición propia, solamente desea observarla y captarla.  Su propósito no es conseguir la validación de la metrópoli porque el autor no la requiere.  Él es un cronista y París su proyecto, nada más y nada menos.  Por consiguiente, el autor no termina destruido por la urbe.

Documentando sus reacciones al enfrentar la realidad de sus previas suposiciones, los relatos de Murrieta sirven como una guía turística, humorista y desmitificadora para los hispanos.  El cronista, como escritor novísimo, abandona las estructuras complejas, características del Boom, por una forma accesible al lector, presentando su crónica en un estilo sencillo e informal, casi como una conversación entre amigos.  Con una prosa ligera, llena de comentarios jocosos pero reveladores, Murrieta nos divierte y entretiene hasta la última página.

En conclusión, Murrieta descontruye a París a través de un testimonio cándido, tangible y creativo.  Explorando el mito de la vida socialista, artística y de bohemia parisina, el cronista desmiente a la gran urbe que tanto fue apreciada por Gutiérrez Nájera y luego transformada en una zona fantástica por Julio Cortázar.  En La grandeza del azar, la capital francesa se revela como una ciudad constituida de inmigrantes, con una cultura heterogénea como cualquier otra capital.  Además, la metrópoli francesa no resulta esencial para la autodefinición ni para la experiencia artística del autor.  Al contrario, es Murrieta quien termina definiendo y recobrando a la ciudad letrada que tanto ha persistido como un icono para muchos escritores latinoamericanos. 
 

Obras Citadas

“Definición de crónica.”  Definición ABC.  10 Oct. 2008.  Web.  30 May 2009.

Garganigo, John F. et. al.  Huellas de las literaturas hispanoamericanas.  New Jersey: Prentice
 Hall, 2002.

Jones, Julie.  A Common Place: The Representation of Paris in Spanish American Fiction
 London: Associated University Presses, Inc., 1998.

Murrieta Saldívar, Manuel.  La grandeza del azar: eurocrónicas desde París.  México:
 Instituto Sonorense de Cultura, 2006.

Ribadeneira, Agustin.  “Definiciones.”  Deconstructivismo/Textos.  Red A4IU de blogs de
 arquitectura, 14 Feb. 2007.  Web.  30 May 2009.

Schwartz, Marcy E.  Writing Paris: Urban Topographies of Desire in Contemporary Latin
 American Fiction
.  Albany: State University of New York Press, 1999.

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“De eso quiero hablarte, propuso, la voz la tengo así por haber bebido mucho, es la voz de ex alcohólico, del vagabundo o 'homeless' buscando un trago o dónde dormir. Hice y padecí muchas tragedias, y puedo recaer, por eso quiero contarte de mi historia, algo habrá de servir, aunque sea para salvar a una sola vida, antes de que acabe la mía”... 

Volviendo a Vivir

Manuel Murrieta Saldívar

Entrevistas con don José Aguilar

120 páginas. Serie Realidad. Periodismo y Literatura # 6.

Primera Edición 2009

ISBN: 1-931139-56-3

 

Iba saliendo de un establecimiento comercial en Phoenix, Arizona, cuando una voz ronca y profunda me abordó. “Escuché que se dedica al periodismo y a escribir”, me refirió, “me gustaría hablar con usted”. Era un hombre de facciones gruesas, moreno y corpulento, curtido por el trabajo y los embates de la vida. Eso supuse… “Aquí tiene mi tarjeta, llámame por favor, creo le puede interesar”, me provocó. Leí su nombre, José Aguilar, su puesto, Director General, su negocio, Volviendo a Vivir, Centro de Rehabilitación. A los días volví a escuchar por el auricular esa voz rasposa. Entonces decidí, conmovido, acudir en persona con don José, quizá para evitar que hiciera un mayor esfuerzo al hablar por teléfono. Cuando llegué al recinto, ubicado en zona marginal, me impresioné al comprobar que, en efecto, operaba un centro para rehabilitar alcohólicos. Luego de los saludos le pregunté: “¿Por qué tiene esa voz así, es normal o está usted enfermo?”. “De eso quiero hablarte, propuso, la voz la tengo así por haber bebido mucho, es la voz de ex alcohólico, del vagabundo o 'homeless' buscando un trago o dónde dormir. Hice y padecí muchas tragedias, y puedo recaer, por eso quiero contarte de mi historia, algo habrá de servir, aunque sea para salvar a una sola vida, antes de que acabe la mía”...Al verle y escuchar su honesta confesión, remotamente pensé, podría saber entonces —podríamos todos saber— cómo es que un ser humano llega a los límites de la autodestrucción, cómo visualiza a la sociedad que lo margina, a quiénes culpa y por qué. Y, sobre todo, podríamos saber cómo es que logra transformarse hasta ser un abstemio. Ya no se dijo más, solamente encendí mi grabadora y durante días nos pusimos a platicar. Así brotaría este libro, así empecé a escuchar pasajes de penurias y humillaciones, pero también capté que habría un final feliz. Don José, migrante de Jalisco, México, había encontrado una misión que le daba los últimos respiros: salvar a las víctimas del alcohol para evitar que continúen los mismos dramas y reintegrarlos a la sociedad. Por eso ahora escucha que le llaman Padrino de parte de cientos y cientos de mexicanos, latinos y hasta de migrantes europeos que rescata de la bebida. Don José lo reveló así, con su poderosa voz y el brillo de la satisfacción en los ojos: “Después de una vida de desorientación y sufrimientos, aquí encontré el sentido de vivir. Descubrí que mi misión es ayudar al prójimo, ofrecerle toda mi experiencia, conocimientos, para el funcionamiento de este lugar que rescata a alcohólicos”. Extrayendo desde el fondo de su ser ese impulso sagrado de volver a vivir, don José, con sus propias palabras, narra con frescura pasajes claves y el perfil de su vida en estas entrevistas fruto de los encuentros casuales y del trajín cotidiano... pero también fruto de aquel periodismo que todavía busca en las calles la noticia transformadora o el personaje anónimo que cambia no sólo la rutina de un día sino a veces la de toda la vida…

Manuel Murrieta Saldívar
California State University-Stanislaus
Modesto, California,

***Manuel Murrieta-Saldívar (Ciudad Obregón, Sonora, México), doctor y maestría en letras hispanoamericanas por Arizona State University-Tempe y licenciado en letras hispanas por la Universidad de Sonora. Ha sido periodista, escritor, editor he impartido talleres de periodismo y creación literaria en Sonora, Arizona y California. Premio estatal de periodismo en Sonora por crónica en prensa y ganador en tres ocasiones del Concurso del Libro Sonorense. Su obra periodística, académica, crónicas y relatos de viaje incluyen México, Estados Unidos y Europa en obras como Mi letra no es en inglés; De viaje en Mexamérica; Gringos a la vista; Háblame a tu regreso; La grandeza del azar: eurocrónicas desde París. Actualmente reside en el área de Modesto, norte de California, donde se desempeña como investigador y profesor de literatura y cultura chicana, mexicana y latinoamericana en California State University, campus Stanislaus. Representa a Escritores de Sonora, A.C. en Estados Unidos, es fundador y director general de Editorial Orbis Press (www.orbispress.com) y de la publicación electrónica Culturadoor.com

 

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Hacer este viaje lingüístico de regreso: traerles un libro en español producido en América, fruto en mucho de quienes hemos sabido ser los continuadores de la lengua hispana; y presentarlo aquí, en España, como si la madre patria lingüística recibiera el fruto de sus hijos, 500 años después de habernos hecho hablar nuestro lenguaje…

PRESENTAN EN SEVILLA, ESPAÑA, LA OBRA

El español, baluarte del humanismo: literatura, lengua y cultura

Presídium que presentó la nueva obra de la Asociación Hispánica de Humanidades (AHH). De izquierda a derecha: Dra. Teresa Valdivieso, quien dio las palabras de presentación y fue nombrada nueva directora de publicaciones de AHH; doctora Ellen Mayock, Vicepresidenta de AHH; doctor Jorge Valdivieso, Presidente de AHH y Dr. Manuel Murrieta Saldívar, profesor en California State University-Stanislaus y director general de Editorial Orbis Press, productora de la obra presentada.

A continuación, palabras pronunciadas por el Dr. Manuel Murrieta Saldívar, durante la presentación del libro:

Exclusiva de Culturadoor.com (texto e imágenes)

Día de publicación: 25- Junio- 2009

SEVILLA, ESPAÑA, JUNIO 24.- Ni en mis mejores sueños, ni en mis más sanas ambiciones, imaginé que las lecciones recibidas por la doctora Valdivieso en Arizona State University, las aplicaría en producir libros para ella misma. En esa época estudiantil, me estaba ella entrenando y yo convirtiéndome en un defensor del español. La doctora nos dejaba decenas de ejercicios para dominar la rigurosidad de la cita, la evidencia bibliográfica, la precisión estilística. Todo este aprendizaje, meticuloso y detallado, lo confieso, no sólo me ayudó a doctorarme pero, los más valioso, me produjo una seguridad tal que de académico y autor me atreví también a convertirme en editor.

 

Don Jorge Valdivieso, izquierda, anunció que culmina su periodo de director de publicaciones de la AHH
pero continúa como presidente del organismo.

Ya graduado, una mañana memorable, Teresita y don Jorge, a quien ahí me presentó, nos encontramos para desayunar en el campus de Arizona State: lo que me propusieron fue mi verdadera titulación, mi mejor calificación: me confiaban nada más y nada menos producir libros para la Asociación Hispánica de Humanidades (AHH). Y cuando los comenzamos a hacer fue como pasar a formar parte de una selecta cofradía: ya era yo un baluarte, o, como diría don Jorge, un verdadero escudero de la lengua hispana.

 

 

Durante la lectura de estas palabras en sesión especial en el Hotel Bécquer, Sevilla

Esta función de vigía adquirió más trascendencia cuando hice mayor conciencia de donde estábamos: los Estados Unidos de Norteamérica y la frontera con nuestro México. Es decir, la zona donde actualmente se habla mayor español en el mundo y donde, a su vez, y quizá por ello, es constantemente amenazado, no sólo por el bombardeo de la influyente cultura y lengua anglosajona, sino hasta por intentos de leyes extremas como el “english only”.

Empecé a visualizar que los Valdivieso, como cien años atrás lo hicieron los periodistas de habla hispana en el suroeste de Estados Unidos, eran los defensores y continuadores de aquel español introducido por los misioneros y colonizadores como Alvar Núñez Cabeza de Vaca, fray Junípero Serra, el padre Eusebio Kino o Francisco Vázquez de Coronado. Si ellos plantaron la primera lengua europea en lo que después sería el suroeste de la Unión Americana, desde sus aulas y residencia en Arizona, los Valdivieso la continuaban ahora con un español riguroso, bibliográfico, investigativo.

Valdivieso y Murrieta distribuyen copias a los autores incluidos

Lo más sorprendente es que yo estaba ahí, como protagonista, participando como un privilegiado, limando nuestro baluarte lingüístico para enfrentarme contra las “entrañas del monstruo”, como diría José Martí. Sin la guía y confianza de humanistas como los Valdivieso, sin su amor por la lengua y la rigurosidad de la investigación, generaciones como la mía no tendríamos la seguridad del editor, la metodología del académico y la creatividad del autor, es decir, no formáramos parte de esta cofradía que no sólo protege, sino que hace crecer el español en Norteamérica. Y, por supuesto, tampoco tendría ahora la oportunidad de estar aquí con ustedes, haciendo este viaje lingüístico de regreso: traerles un libro en español producido en América, fruto en mucho de quienes hemos sabido ser sus continuadores; y presentarlo aquí, en España, como si la madre patria lingüística recibiera el fruto de sus hijos, 500 años después de habernos hecho hablar, evolucionar y, por supuesto, enseñado a defender nuestro lenguaje sin importar ya fronteras…

Libros distribuidos a los ensayistas incluidos en “El español: baluarte del humanismo”.
Mayor información sobra esta obra en: http://www.orbispress.com/imagenes/sabermas/el_espanol.htm

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                                  Dr. Ramon Vega de Jesús                              Dr. Manuel Murrieta Saldivar

BOLETÍN DE PRENSA/PRESS RELEASE
Invitan a participar en Mesas Redondas en España
El español en Estados Unidos

TURLOCK, CALIFORNIA. Mayo 23.-  “El español en Estados Unidos: literatura y educación”, es la mesa redonda a la que se invita a participar y que se llevará a cabo en el marco del V Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Humanidades (AHH), en Sevilla, España, del 24 al 27 de junio de 2009.  La mesa, a la que convoca California State University –Stanislaus y Editorial Orbis Press, ambas con sede en esta ciudad, trata de destacar y poner en contexto la importancia del español en Estados Unidos y la zona de frontera, a sus escritores latinos que residen en este país que ya alcanzó el segundo lugar en el mundo con más hispanoparlantes después de México.   Esta temática, será abordada en mesa redonda similar a la cual también se convoca, y que se llevará a cabo en Madrid, del 29 de junio al 1 de julio de 2009, dentro del Congreso Intercontinental de la XXIX Asamblea General de la Asociación de Doctores y Licenciados Españoles en los Estados Unidos (Spanish Professionals in America), ALDEEU, en el Instituto Universitario de Investigación en Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá de Henares.
           

En ambas mesas fungirá como moderador general y de temas literarios, el Dr. Manuel Murrieta Saldívar, autor, editor y académico de literatura chicana, mexicana y latinoamericana  de California State University, Stanislaus, de Turlock, California.  Igualmente, el co-moderador de temas de educación será el Dr. Ramón Vega de Jesús, coordinador del Programa de Graduados, del Teacher Education Department, de la misma institución californiana. 


Murrieta y Vega de Jesús, consideraron su participación como una magnífica oportunidad para la promoción del quehacer literario hispano y de las prácticas educativas que se producen entre los latinos de Estados Unidos, comunidades a quienes representarán en estos dos congresos europeos. Ambos académicos opinaron que sus intervenciones son ocasión favorable para actualizarse y profundizar en el papel que juega actualmente el español a nivel global y su relación con la cultura hispana de Norteamérica y la frontera con México.

La ALDEEU, con sede en Woodside, New York, y la AHH, en Lexington, Virginia, son organismos académicos que por décadas vienen promoviendo las humanidades hispánicas dentro de Estados Unidos;  han sido no sólo testigos sino también protagonistas de la enseñanza y la investigación del español en esta zona del mundo.  Al menos cada dos años organizan este tipo de actividades para el intercambio de investigaciones y análisis sobre las humanidades hispánicas.
Sus directores ejecutivos, como los doctores Teresa y Jorge Valdivieso,  docentes de gran trayectoria en Arizona State University y en Thunderbird School of Global Management, en Tempe y en Glendale, Arizona, respectivamente, han reconocido el impacto del español en Estados Unidos, observado y estudiado en directo la evolución de las letras y la actividad editorial hispana del área.  

Por ello, no sólo han invitado en ésta y en previas ocasiones a la Editorial Orbis Press (www.orbispress.com ), fundada hace más de diez años por el Dr. Murrieta, sino confiado la edición y producción de obras de alta envergadura académica.  En esta ocasión, han incluido las mesas redondas con los temas ya mencionados he invitado a Murrieta a formar parte del presídium que presentará en el congreso de Sevilla la nueva obra de AHH, El español, baluarte del humanismo: literatura, lengua y cultura, dirigido por el Dr. Jorge Valdivieso, también presidente de AHH y director de publicaciones.  

Valdivieso confirmó que, al igual que en ocasiones anteriores, en ambos congresos participan decenas de académicos de prestigiadas universidades no sólo de Iberoamérica y Norteamérica, sino del mundo entero interesados en el fenómeno literario y cultural hispano y su impacto en la sociedad global.   

La AHH es una organización académica y cultural sin fines de lucro, dedicada a la promoción de las humanidades hispánicas en los Estados Unidos y en otros países. Desde 1988, ha desarrollado una intensa labor en el campo del humanismo hispánico, fomentando el estudio y el intercambio de conocimientos, por medio de este tipo de congresos y de publicaciones especializadas, resultado de la investigación en las letras, las ciencias y las artes en todos los países de habla española. Mayor información sobre este organismo en: http://www.asociacionhh.org/

La ALDEEU, por su parte, es una asociación interdisciplinaria, sin fines de lucro, que agrupa a españoles residentes en los Estados Unidos y a todos aquellos profesionales “amigos de España” dedicados a todas las ramas del saber.  Fue creada en 1980 por un grupo de inquietos profesionales con el objeto de proteger, difundir y fomentar la cultura española en los Estados Unidos. La ALDEEU siente la necesidad de sensibilizar al mundo profesional acerca de la importancia de mantener una estrecha comunicación entre todos los campos del saber y, en trance de globalizarse, abre sus puertas a todo el mundo académico como el foro intercontinental más adecuado para tender puentes de unión entre España y América.  Mayor información en: http://www.iuien-uah.net

Las propuestas de participación para las mesas redondas están siendo recibidas  hasta el 12 de junio en la modalidad de trabajos de investigación académica o bien de creación literaria que se ajusten al tema de “El español en los Estados Unidos: literatura y educación”, incluyendo la zona fronteriza,  y pueden ser dirigidas al Dr. Manuel Murrieta. 

Mayor información y contacto en:  This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it , o, This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it ,  teléfonos en California: (209) 664-6825 y (209) 250-0127. Se ha abierto también un portal electrónico con la información al respecto la cual se actualiza con frecuencia y donde se hace ya la cobertura periodística de ambos congresos y los recorridos por España: http://www.culturadoor.com/congreso.htm

Contacte al autor: This e-mail address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it