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Written by David Alberto Muñoz (Phoenix, Arizona)   

Todavía estoy aquí… ¿qué será la muerte no sé?  Unos hablan de vida eterna… otros dicen que ya no hay más… algunos profetizan nuevas dimensiones… y otros ni siquiera intentan entender…

Un relato

Por David Alberto Muñoz

 

Miré tu rostro arrugado por tantas miradas.  Aquel resplandor juvenil se esconde cada día con más terquedad.  Pintas tus labios como si fuese una ley divina y pareces llorar crónicamente sin poder parar.

Mi propio caminar se hace más lento.  Las canas ahogan el negro color de mi pelo, mientras que mi mano derecha parece ya no obedecer  mis razones. 

—Estás viejo Gerardo.

—Yo prefiero morir joven.

—Ya se te pasó el tiempo.

Es verdad, han pasado ya muchos años.  Aquel cuerpo joven y fuerte está cansado.  La mente parece estar más afilada que nunca.  Cómo hubiera querido saber lo que sé hoy hace cincuenta años.  Mis extremidades se están descomponiendo.   Ya no escucho bien.  Necesito que me cambien las mangueras.  Los dobles sentidos se me escapan.  El simple llegar a la puerta para abrirla me toma toda una eternidad. 

—Estás viejo Gerardo.

No lo he podido aceptar.  Quiero vivir otros trescientos años.  Saber adónde llegará la tecnología.  Mirar a mis nietos casados, con sus propios hijos.  Poder besarte en los labios arrugados mientras mi mano toca tus pechos caídos, y mi miembro intenta alcanzar la altura para mostrar lo que tú significas para mí.

“Cómo se ve la vida distinta desde el otro lado”. 

Los candidatos a la presidencia ya tienen tu edad o están más jóvenes que tú.  Los que eran grandes para ti se están muriendo.  Tus propios amigos ya descansan en la tumba presagiando tu final. 

—¡Ya déjate de tonterías!  Estás viejo Gerardo.  Todos nos vamos a morir.

—Yo prefiero morir joven.

—Ya se te pasó el tiempo.

Tengo sueños raros.  Mi infancia mesclada con mi vejez.  Mis logros derribados por mis fracasos.  Mis amores sepultados por mis aventuras, y mis deseos borrados por mis propios fallos.

—¡Ya cállate Gerardo!  Eres muy melodramático.  Cuándo te mueras, te mueres y ya.

Todavía estoy aquí… ¿qué será la muerte no sé?  Unos hablan de vida eterna… otros dicen que ya no hay más… algunos profetizan nuevas dimensiones… y otros ni siquiera intentan entender…

—Estás viejo Gerardo… cuándo lo vas a entender.

No sé… tal vez nunca… porque la fuerza de la vida es lo que nos mantiene luchando por vivir. 

Cuando yo me muera no quiero funerales ni llantos… quiero una fiesta y que todo mundo se embriague a mi salud… celebrando mi vida, mis logros, mis fracasos y todos mis amores en medio de la vida humana que ya también está cansada de tanto existir…

—Yo prefiero morir joven.

—Ya se te pasó el tiempo.

Sí, gracias a la vida ya se pasó el tiempo… pero no lo podemos evitar.

—Ya estás viejo Gerardo… por favor…

Sí… la vida ya me alcanzó…

Ni modo…

La vida es corta… hay que vivirla antes de que se te esfume de las manos.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

***

Se partieron todito el hocico por ella.  Como animales, mientras ella simplemente sonreía con un placer que fue el mismo que te provocó aquella noche cuando le robaste un beso, y ella acercó su cuerpo al tuyo.

 

Muy temprano de mañana

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Esa noche te destrozó todito, ¿verdad?  No te hagas, bien sabes que después que le robaste ese beso cayó  sobre ti un peso inmenso que hasta le fecha no lo puedes deshacer.  Te enamoraste literalmente de esa mujer. 

¿Cómo  fue que pasó?  ¿Estás loco?

Ya me lo imaginaba.  Siempre has sido muy atrabancado.  Acuérdate nada más de qué estaba pasando exactamente.  El pleito con Carlos, la separación de tus padres, ese pinche vicio que tenías tan arraigado, la forma en que el amanecer te descubrió en aquel taxi mientras ibas de regreso a tu casa.

Discúlpame Rodrigo, lo que sucedió esa noche es mejor que te lo guardes.  La gente no entiende nunca.  Nada más juzga sin comprender los motivos.  Además, recuerda lo que Irene te dijo.

—Cuando era niña, era muy penosa.  No me gustaba hablar con la gente.  Vivía con mi abuela que fue la que me crio.  Vivíamos en una casa inmensa.  En el segundo piso mi abuela tenía un teléfono.  No estoy segura de por qué pero todas las tardes mientras ella tomaba una siesta, yo me subía y marcaba números, así al azar, y me ponía a platicar con la persona que contestaba. 

—¿De verdad?—le preguntabas.

—Sí, conocí mucha gente de esa manera.  Con el paso de los años creo que fue de esa forma cómo conocí a mis mejores amigos.  Carlos y su familia, a tus papás, y a ti por supuesto.

Mira Rodrigo, Irene no tuvo la culpa de nada.  El pleito fue entre Carlos y tú.  Lo de Irene es circunstancial.  Sí, ya sé que vas a decir que parezco abogado pero es la verdad.  Métete en la cabeza que le tenías mucho coraje a Carlos.  Desde que eran chiquitos competían el uno con el otro.  Hasta parecían hermanos de sangre.  A todos lados iban juntos.  ¿Con quién fuiste por primera vez a un burdel, no fue con él?  Tus primeras copas las tomaste con él.  Terminaron juntos la carrera.  Eran amigos de toda la vida pero siempre le tuviste mucho coraje y fue por Irene, reconócelo. 

Tus padres la conocieron así, sí, por teléfono.  Se les hacía muy curioso que una niña de seis años agarrara el teléfono para platicar con la gente.  Tus papás empezaron a pelear en esa época.  Por cosas de la vida.  El tiempo tiene la tendencia a matar el amor, el cariño.  Si no lo riegas o lo podas de vez en cuando, se muere, y esa persona que era tu propia alma se convierte en tu peor enemigo.  Fue lo que le pasó a tus padres. 

No te acuerdas cómo le preguntabas si no tenía hermanos, amigos, o papás, pues no.  Era ella solamente con su abuela; Irene es una mujer muy inteligente Rodrigo, date cuenta.  Recuerda lo qué sentiste cuando fue a verte esa última vez.  Pensabas que tenía interés en ti, bueno, anhelabas que estuviese interesada.  La manera en la que la mirabas.  Se te notaba a leguas.  Nunca has podido ocultar tus emociones.   Ella bien que lo sabía.  Recuerda la primera vez que la tocaste.  Estaban en el cine, ella coqueta como siempre traía puesta una minifalda y discretamente empujaba sus piernas hacía tu asiento.  Y tú de pendejo pusiste tu mano sobre su pierna y ella, en lugar de retirarla, la dejo ahí encajándola en su vientre hasta que se le dio su regalada gana para luego aventarla con violencia. 

Tú sudabas y sudabas, fue cuando empezaste a tomar de más.  Irene nada más se reía en tu propia cara con ese carácter dulce, erótico, manipulador que siempre tuvo.

—¡Cállate!

Cuando Carlos se dio cuenta ya era demasiado tarde.  Andaban detrás de la misma mujer.  Se partieron todito el hocico por ella.  Como animales, mientras ella simplemente sonreía con un placer que fue el mismo que te provocó aquella noche cuando le robaste un beso, y ella acercó su cuerpo al tuyo.

Recuerda lo que te dijo.

—Crecí sola, sin ninguna supervisión.  Mi pobre abuela hizo lo que pudo pero llegó el momento en el que yo hacía lo que yo quería.  Siempre he sido así.  La vida se me hace corta para perder el tiempo en tonterías.  Si quieren partirse la madre, pártansela, a mí qué.  Pero no piensen que el ganador me va a tener, yo soy de quién me da la gana y punto.

Rodrigo, Rodrigo, entiende, Irene hace lo que quiere.  ¿Por qué mejor no tratas de cuidarte más?  ¿Qué no tienes una relación con Patricia?, ¿qué me dices de tus hijos?  Ya estás viejo para andar en estos trotes, ¿no crees?.  Date cuenta Rodrigo, sólo le robaste un beso…y lo lograste por ella así lo quiso.

¿La quieres?  ¿La deseas?  ¿La necesitas?  ¿La esperas?

Al menos lograste lo que buscabas, le robaste un beso…un momento de su vida, un instante que quedó grabado en tu mente, lo demás, al final de cuentas vale madre.

Tomaste ese taxi saliendo del burdel, y de pronto te diste cuenta que ya amanecía, y tú, seguías igual que siempre, recordando ese beso que le robaste… sí… rumbo a tu casa, muy temprano de mañana.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Ese día me gané el respeto de todos mis compañeros en la clase, porque no permití que continuaran humillándome.

Culpabilidad

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

¿Cuándo me siento culpable?  No estoy seguro…cuando siento que hice algo malo. 

¿Por qué debo de pedir perdón si lo que yo hago no me hace sentir culpable?  A veces creo que eso de la culpabilidad fue una invención humana.  Nos lo meten desde que estamos chiquitos.  Nada más para asustarnos y controlarnos porque podemos ser muy latosos.

—No hagas esto, no hagas aquello, y pórtate bien porque el diablo te va a llevar.

¿A dónde?

Preguntaba.

—A ese lugar donde se llevan a los niños mentirosos, a los chamacos malos que no obedecen a sus mamás, a los irrespetuosos y groseros como tú.

Con el tiempo la culpabilidad puede desaparecer.  No sé qué será, hay quienes dicen que uno se hace más desvergonzado, que ya no le importa absolutamente nada, que llegamos al libertinaje, y que esa es la peor condición en la que podemos estar.  Pero también hay quienes dicen que cuando logramos librarnos del yugo de sentirnos culpables, es cuando realmente empezamos a vivir.

¿Tú qué crees?

A mí toda la vida me dijeron que todo era mi culpa. 

—Si se rompe el vidrio es por tu culpa, si tus hermanos se pelean es por tu culpa, si los niños en la escuela no prestan atención es porque tu has de haber estado hablando y haciendo relajo.  Si repruebas es tu culpa porque no estudiaste.  Si hay hambre en el mundo es porque no te acabaste los frijoles sabiendo que hay niños en África que se están muriendo de hambre.   Por tu culpa la moral se está yendo por los suelos porque siempre tienes malos pensamientos, y además te estás masturbando cada rato.  ¡Cómo te has hecho cochino!  ¡Es más…!  Por tu culpa mataron al señor Jesús.  Tú eres la causa de que él sacrificara su vida por tus pecados.  ¡Eres un demonio hecho carne!

Entonces todo es culpa mía. 

—¡Sí!

En la escuela todos me pegaban.  Siempre fui chico de estatura y los muchachos más grandes me daban unas madrizas que para que les cuento.  Un día me cansé y peleé con una furia incontenible.  Te cansas de que te estén jodiendo todo el tiempo.  Ese día le saqué sangre a uno de los Marcoquio, eran unos hermanos que llegaron a la escuela a echar pleito con todo mundo.  Él se llamaba Roberto Marcoquio, era el más chico.  Y pues la mera verdad no me sentí culpable.  Me sentí a toda madre y grité de gusto.  Ese día me gané el respeto de todos mis compañeros en la clase, porque no permití que continuaran humillándome.

¿Es eso malo?  ¿Es eso “pecado”?

Ya sé que todos se me van a echar encima, a decirme que el pleito no es bueno, que es mejor amarnos unos a otros.  Pero yo creo que cuando no te tratan bien, todos tenemos un punto donde explotamos.  Y yo exploté.

Desde entonces no me gusta escuchar cosas negativas.

—¡Arrepiéntete pecador que el fin del mundo se acerca!  Eres muy chafa y tienes que aceptarlo.

Sí, soy muy chafa… que más les puedo decir.

Después de todo la culpa es mía, ¿verdad?

¿Cuándo me siento culpable?  Cuando no escucho a mi amigo que sólo desea ser escuchado.  Cuando soy egoísta y no comparto un pedazo de pan con mi vecino.  Cuando teniendo la capacidad de ayudar no lo hago.  Cuando me limito sólo a ver lo que tengo enfrente, lo que me enseñaron siempre, y no lo que está verdaderamente a mí alrededor.

Pero cuando nada más me gritan y me dicen: “Eres culpable, acepta tu pecado o tendrás la separación eterna de Dios.  Entiende que estás mal.  ¿Por qué no aceptas el amor divino, el perdón de Dios?

Si ese es el amor divino, no lo quiero.  ¿Cómo puedes amar destruyendo tu propia creación?  Un padre castiga pero nunca puede destruir a sus críos…

Al menos yo no podría, y por eso me dicen que debo sentirme culpable… porque estoy mal.

Me llamo culpabilidad, y mi trabajo es convencerlos a todos, aunque hay veces en que ni yo mismo estoy convencido.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

***

Esteban volteó y miró el cuerpo de una mujer…Sus ojos eran verdes y su cabello oscilaba entre el rubio y el café oscuro.

Los poros de tu cuerpo

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Todavía podía respirar el aroma que brotaba de su cuerpo.  Sus manos mantenían el sudor de otro ser, le temblaban.  El corazón parecía palpitarle a mil kilómetros por hora.  A cada instante, acercaba su mano a su nariz, deseoso de rescatar aquella perdida memoria que ya estaba impregnada en su cuerpo.

Era el aroma de mujer.

Todo parecía regresar a la normalidad.  La rutina, tradición que practicaba desde hace ya muchos años, lo acariciaba como buscando resguardo; los rostros de cada una de las personas con la cuales entraba en contacto a diario, de alguna forma mágica se habían reintegrado a su existir.  Eran esas figuras dantescas que su abuelo le había mencionado aquella tarde cuando no pudo verlo.

Nunca conoció a su abuelo paterno.

Su mismo caminar, se apresuraba afanoso en busca del recuerdo.  El poder recordar se convertía en su mejor aliado.  Deseaba vivir en esa dimensión estética donde se pierde la razón y solamente el sentir domina los corazones.

Aquella madrugada había despertado casi a media noche.  Sin saber qué hacer, estaba detenido en el cuarto de las nostalgias.  Las sombras de sus memorias de cuando en cuando cruzaban por su cuarto murmurándole al oído cosas impronunciables.

Él, sentado frente a la ventana de su habitación, se columpiaba con los mismos dioses del maíz, mientras que su libido producía más deseo en sus propias entrañas.  Su miraba se perdía entre los sonidos vacíos que la noche regalaba.  En medio de una obra de teatro totalmente absurda y llena del sabor de la nada, un hombre buscaba entender lo que jamás será comprendido.

No sabía qué hacer.

—¿Esteban?

—¿Qué?

Era su conciencia.

—Tengo que hablar contigo.

Esteban volteó y miró el cuerpo de una mujer que parecía ser una diosa.  Era alta, esbelta, de un cuerpo bien formado.  Vestía un elegante traje negro.  Tenía en su cuello un collar de perlas.  Sus ojos eran verdes y su cabello oscilaba entre el rubio y el café oscuro.

Creo que su cuerpo era trasparente...más bien estaba desnuda...

—¿Es mi conciencia? —se cuestionó Esteban.

Ella se acercó dulcemente, besó la mitad de sus labios y acarició su pelo.  Esteban la abrazaba casi como un niño abraza a su madre.  Por un momento, él detuvo el tiempo, acariciando las piernas de su propia razón se perdía en el estúpido placer del momento;  mientras que ella, desnudaba sus pequeños pechos para provocarlo, y ambos quedaban mitificados en los anales del placer humano.

—¿Qué tienes?—preguntó ella.

—No sé.

—Necesitas aclarar tu mente.

—¿Para qué?

—Para que puedas  ver más allá de los poros de tu cuerpo.

Esteban se levantó violentamente.  De repente parecía haberse molestado por las palabras de aquella mujer.  La miraba una y otra vez con ojos de enojo.  Lanzaba sus brazos al aire en señal de cólera.  Murmuraba reproches inventados en la antesala de la lujuria. 

—No te entiendo.  Siempre has sido muy evasiva.  Nunca sé lo que quieres.  Si hablo o me quedo callado estoy en las mismas.  Apareces cada vez que se te da la gana.  Haces que me sienta culpable de mis decisiones.  Me seduces a tu antojo y por si fuera poco te burlas en mi propia cara de mis infantiles reacciones.  No te entiendo.  ¿Quién eres?  ¿Qué quieres de mí?  ¿Por qué sucede esto?

—Esteban—dijo ella con mucha dulzura.

—No puedo escapar de mi propia conciencia.  Eres como un aguijón en la carne que se empeña en hacerme sangrar.  Cuando no estás cerca ardo en pasión por tenerte, cuando estás presente, ahuyentas mi propio deseo con mis propios temores.

Aquella noche Esteban descubrió, que no podía entender a su propia conciencia.  Ella, se burlaba mansamente de él, permitiendo que sus manos acariciaran todo su cuerpo.  Mientras que él, seguía luchando por entender o lograr deducir, que hay detrás del corazón de una hembra.

Era tan sólo el aroma de ella, que ya brotaba de los poros de su cuerpo.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Pero todo se me hace tan superficial.  Las mismas pláticas que tenemos a diario con la gente en el trabajo, todos hemos caído en una extraña rutina de la cual no podemos o no queremos escapar. 

Cómo duele…cómo duele compadre

Un cuento  

Por David Alberto Muñoz

 

El otro día me quedé en casa porque la espalda se me torció.  ¡Cómo duele compadre!  Es como que le están metiendo a uno un cuchillo en la mera espalda, y usted no puede hacer nada al respecto.  Me estaba poniendo los pantalones de mezclilla que mi madre me había regalado en mi cumpleaños, y sin esperarlo, sentí un dolor que de plano me dobló.

A mí eso me pasa de vez en cuando.  ¿Se acuerda la última vez que tuve el mismo problema?  Me duró por una semana.  Creo que entre más viejo se pone uno, la cosa va a estar peor.  Yo me hago valiente no sé crea.  Me muevo e intento caminar aunque me duela.  Nunca había pensado en el privilegio que es el poder agacharse compadre, lo que significa simplemente el poder caminar.  Pero ni modo, tengo que esperar a veces varios días para que el mentado dolor se me vaya.  Después de todo es lo único que puedo hacer.  ¿No?  Ni modo que nada más me la pase chillando cada vez que me tuerzo.   

El cuerpo humano es una maravilla compadre.  El poder de recuperación, la forma en que el mismo cuerpo nos avisa que algo anda mal.   

Pero en fin, lo que quería platicarle es que como tuve que quedarme en casa sin poder moverme, tuve mucho tiempo para pensar.  De repente me entró lo filósofo y empecé a hacer un harta de reflexiones. 

No se ría compadre, es en serio.

Pues le cuento que mi vieja me dejó el teléfono, mi celular, la computadora y los dos controles para poder entretenerme viendo televisión o metido en la Internet, y se fue a trabajar.  A veces me pregunto ¿por qué tiene que haber no sólo dos sino hasta tres o cuatro controles para prender la televisión, el cable, el satélite o el Wi-FI?  Yo me hago bolas compadre.

Pues como le decía,  ¡ay compadre, cómo es morbosa la gente!  Y lo digo sin desear que se mal interpreten mis palabras.  Y bueno, yo seré el primero en confesar mi culpabilidad pero la mera verdad somos una bola de morbosos, cochinos mal pensados, dicho siempre con el debido respeto.  No le miento, pero desde las siete de la mañana un montón de programas uno tras otro, donde muestran a personas con problemas de índole sexual. 

—Soy pintor y a mi esposa no le gusta que pinte mujeres desnudas…mi novio se metió con mi mamá y no sé qué hacer…no sé si mi hijo es de mi esposo o de mi mejor amigo…soy lesbiana y mi familia no me acepta porque dicen que la Biblia me condena…mi marido ya no puede hacer el amor y no quiere tomar viagra…mi esposa ya no se arregla como cuando estábamos recién casados…mi abuela anda de promiscua con un montón de muchachos, y mi abuelo no dice nada…

La mera verdad me quedé mudo nada más de ver cuánto amarillismo pasan por televisión.  Y no se crea que nada más en español, en inglés también, y creo que hasta en japonés, ruso y portugués. 

Ya me salió un verso sin esfuerzo. 

Pero  lo peor del asunto, es que los mentados hosts, se la dan de muy sicólogos moralistas con ideales religiosos.  Al final del programa emiten su juicio, y mandan a medio mundo a la chingada.  ¡No hay derecho compadre!   Y qué me dice del público en general, nada más le gusta juzgar y escandalizarse del prójimo.  Yo creo que ese es uno de nuestros grandes problemas.  No la pasamos juzgándonos unos a otros.  ¿A poco no compadre?  ¡No se haga!  Cuando conocemos a una persona la miramos de arriba para abajo, y emitimos nuestro juicio que por regla general no es muy positivo.

La verdad somos muy hipócritas en esta sociedad donde vivimos. 

Debo de admitir que al menos al principio pues como que le llama a uno la atención esos temas. Sobre todo si las invitadas son de buen ver, pa que más que la verdad.  Pero después de un rato de ver la poca inteligencia de todos los invitados, y no que yo sea muy inteligente compadre pero óigame usted, un médico que se metía con sus clientas en el mismo consultorio.  ¡No mames!

Además, se da uno cuenta que lo único que desean es ser los ganadores del supuesto debate, y pues la mera verdad me enfado.  Pero no dejo de preguntarme ¿en qué condiciones está nuestra sociedad?

¡No manche compadre!  Ya parezco el sabio Platón, ¿no? 

Mire usted compadre, se habla tanto en la actualidad de valores, moralidad, familia, se dice incluso, que el reino rojo azul es una nación cristiana.  ¿Cristiana?  ¡Por favor!  El otro día encarcelaron a dos muchachos gringitos por cierto, solamente por ayudar a trasportar a dos indocumentados que encontraron en el desierto.  ¿Usted cree?  Y los cargos que les van a poner, son por intento de tráfico humano de ilegales.

Yo no entiendo a la gente que vive en este país.  Y sí, ya sé que yo también vivo aquí.  Pero es como que todos estamos hipnotizados, esta sociedad es la sociedad del entretenimiento.

¿Y bueno a poco a usted no le gusta pasársela suave?

No, pues eso sí, a quien no le gusta pasársela a toda madre, pero por favor, después de un rato todo aburre, incluso el placer, y fíjese bien quién se lo dice compadre.

¿No estaré enfermo compadre?  De la mente quiero decir, porque la verdad a veces pienso muchas cochinadas.

No se burle compadre.

No sé, espero que no.  Pero todo se me hace tan superficial.  Las mismas pláticas que tenemos a diario con la gente en el trabajo, todos hemos caído en una extraña rutina de la cual no podemos o no queremos escapar.  Vamos de la casa al trabajo, del trabajo a la casa, es todo lo que hacemos: trabajar.  A nadie le gusta conversar los unos con los otros, van las personas a comer y cada quien metido en su celular, con el mentado Facebook y el twitter, y yo no sé qué más. 

Todo mundo quiere pretender que todo está bien, que no hay ningún problema.  Incluso en los noticiaros, no se ha dado cuenta compadre, todo es puro crimen, asesinatos, madres que arrojan a sus niños desde el puente Golden Gate, violaciones, abusos sexuales de menores, pequeños poblados donde la gente toma la ley en sus propias manos.  ¡Todo está muy loco compadre, pa qué más que la verdad!

Ese día me la pasé entre el dolor de mi espalda y el loco panorama que tenía ante mis ojos.  ¡Qué raros somos los seres humanos!  A veces me gusta pensar que todos estamos locos, o como dice mi suegra:

—¡Cada quién su religión!

Y pues la mera verdad es la única manera en la que no se vuelve uno loco.  Cada cabeza es un mundo.  Yo no sé en qué viajes se va la gente.  En el trabajo por ejemplo, un día te saludan y hasta beso te dan, y el otro ni siquiera voltean a verte.  No sabes si andan de buenas o de malas.  Hay gente muy voluble compadre, hay gente muy amargada, pero eso sí, también hay gente a toda madre.  ¡Eso qué ni qué!

Tal vez es eso precisamente lo que significa estar vivo, ¿no compadre?  El luchar día a día por subsistir, el intentar preparar a nuestros hijos de la mejor manera posible; el gozar de los momentos absurdos de la existencia humana, y saber llorar cuando las cosas no salen tan bien.  Lo curioso es que todos estamos condenados a morir en el mismo instante de nuestro nacimiento.  Y la tragedia más grande es el estar vivo…nos guste o no tenemos que vivir… ¿Usted me entiende compadre? 

¿Sabe qué compadre?  Gracias a Dios estamos vivos.  Para bien o para mal ¿no cree usted?  Lo importante es no amargarse, no ser envidiosos, porque la envidia carcome compadre.  Hay que tratar de ser lo mejor que pueda uno ser ¿no?  Pues yo creo que sí compadre. 

En fin, esos fueron los pensamientos que brotaron en mí el otro día que me torcí la pinche espalda.  ¡Cómo duele compadre!   Cómo duele…y no necesariamente el dolor físico, sin el malestar que todos sentimos algunas veces al estar vivos.  Pero claro, no todo es tragedia, si ponemos un poquito de nuestra parte, la vida puede ser muy bonita… ¿no compadre?

Pero sí…cómo duele compadre…cómo duele…

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

***

Por momentos, no parece ser una competencia futbolística, más bien es una competencia a ver quién canta más fuerte su himno nacional. 

Identidad fragmentada…gol

Por David Alberto Muñoz

 

Yo veo futbol cada cuatro años.  No sigo los partidos tan de cerca como quizás lo hice en mis días de juventud.  Cuando me preguntan:

—¿Viste el juego?

Sólo respondo que no, seguido de identificarme con mi equipo de siempre, los pumas de la universidad.

Pero cuando llega el mundial de futbol, siempre me pego a la televisión para verlo.  Es ya todo un ritual en mi hogar.  La familia se agrupa frente a la mentada caja idiota, y con botanas y chelas, disfrutamos de un juego donde la pasión de un gol domina casi a todo el planeta.

Tengo la conciencia de que mucha gente se ha opuesto al actual campeonato mundial de futbol ,debido a las acciones del gobierno brasileño sobre sus propios ciudadanos que enfrentan verdaderamente un problema no sólo económico, sino social.

Sin embargo, recuerdo que durante los juegos olímpicos del 68, el gobierno mexicano andaba matando estudiantes entre otras personas en Tlatelolco, de manera que no me sorprende lo que hagan los gobiernos.  Todos los países estamos oprimidos de distintas maneras, tal vez unos más que otros, pero este fenómeno humano es de toda la vida, desde que surgió el ser humano sobre el planeta tierra, ha habido individuos que utilizan el poder para beneficiarse sólo ellos.

Pero en esta ocasión, deseo hablar de un aspecto positivo que la fiesta del mundial ha traído en especial este año. 

Por momentos, no parece ser una competencia futbolística, más bien es una competencia a ver quién canta más fuerte su himno nacional.  De pronto me doy cuenta que todos los seres humanos estamos orgullosos de nuestras tierras.  El orgullo se ve en los rostros no sólo de los equipos sino también de toda la gente que ha asistido al mundial.  Con rostros elevados muestran un orgullo muy humano.  Como decimos en México, todos tenemos nuestro corazoncito. 

Y lo que más me ha llamado la atención, es el ver el gran gozo producido por esa meta del futbol soccer, cuando el balón atraviesa los dos marcos convirtiéndose en un gol, el rostro de todo mundo cambia, por unos cuantos segundos todo se olvida, si nuestro equipo ha logrado meter un gol, todos los problemas desaparecen, todas las cargas se vuelvan ligeras, nada, absolutamente nada importa más que esos segundos de un extraño placer futbolístico, donde puedes abrazar incluso a un desconocido, a alguien que no conoces identificándote con esa persona simplemente por el hecho de ser, de provenir del mismo suelo.

Creo que ese es el mayor valor del deporte, el unir a un mundo en total conflicto, un planeta que actualmente se está autodestruyendo, unirlo con una pelota y cuatro arcos, donde se juegan 90 minutos, y el premio mayor es el ser el campeón del mundo.

Ojalá pudiéramos usar la misma energía en todos los ámbitos de la vida humana. 

Pero en fin, por lo antes dicho, con todo el respeto que mis conciudadanos humanos se merecen, a mí, me encanta ver cada cuatro años el mundial de futbol.

¡Y qué viva México!  Y también USA… identidad fragmentada…gol…

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Fui a la sede del evento y me dijeron que empezaría hasta las cuatro de la tarde.  Eran a penas las dos. Hasta fui a las cantinas en busca de mis colegas.

Al calor de las Horas…

Por David Alberto Muñoz

 

Hermosillo, Sonora, México.- Los tiempos cambian, las situaciones parecen nunca dejar de moverse.  Con el paso de los años descubrimos que quizás toda aquella ira que traíamos dentro de nosotros, se vuelve más melancólica.  Vemos los escenarios que nos tocó vivir, y de alguna manera, exhibimos nuevos patrones de comportamiento, distintas maneras de ser, las personas a nuestro alrededor, se convierten en símbolos que dan coherencia a nuestra identidad, somos escritores, poetas, narradores, performadores, músicos andantes, académicos, seres humanos al final de cuentas que desenmascaramos de alguna forma, la compleja experiencia humana, y tal experiencia, ya ha sido trasformada por el tiempo, por los problemas, por la vida misma que ha continuado esculpiendo nuestro carácter, nuestro yo, lo que hemos llegado a ser ya teniendo canas en las sienes. 

PRINCIPIO

Partí con las expectativas de siempre.  Pasarla bien y al mismo tiempo indigestarme de literatura.  He tenido la oportunidad de estar presente creo ya más de diez años en Horas de junio, y cada vez, el saber que veré a viejos amigos y compañeros, me hace sentir como niño chiquito, un mancebo a quien le permiten salir a jugar a la calle con sus amigos.

Al entrar a México, descubrí lo aculturado que estoy a las tierras del tío Sam.  Venía manejando con mucho orden, respetando todas las leyes de tráfico.  Escandalizándome de cualquier chofer, ya sea de camión o automóvil, que osara hacer algo en contra de la “ley”, regidora al menos en teoría, de la vida de todos los que viven en tierras rojo azul.

De pronto, los carros me pasaban por la derecha y la izquierda.  Casi me pegan.  No les importaba rebasar en curva.  Desperté de pronto del idilio que tengo de vivir ya por más de 30 años en suelo estadunidense.  

—¡Agarra la onda cabrón!  Abre los ojos o te va a llevar la chingada.  No hay de otra.

***

El camino era conocido.  Mire mi país con cierta nostalgia, casas sin terminar, vendedores ambulantes,  restaurantes abandonados, grandes residencias en medio del desierto, llanterías en medio de la tierra de nadie, estaciones de PEMEX cobrando cinco pesos por usar el baño, expendios de cerveza, cables de electricidad atravesando calles y avenidas,  la estatua de Colosio, quizás, último símbolo de la esperanza mexicana.

Al parar en los pequeños poblados, carros de la policía federal rebasaban a todos los automovilistas sin preguntar absolutamente nada.   A media carretera, un camión con carga agrícola se volteó.  Estuvimos parados por casi una hora.  Observaba gente mirando los coches  pasar con rostro indescifrable.  Se respiraba un aire a desierto, hacía un calor de la chingada, y sin embargo, desde el mismo suelo lleno de víboras y lagartijas, se desprendía una belleza enorme de un desierto que ha sido testigo de siglos y siglos de historia.  De pronto, se me hacía muy verde el desierto, como que en esta ocasión encontraba a Sonora llena de una paradójica hermosura, que combinaba añoranza  con juventud, morriña con euforia, abatimiento con brío.

HERMOSILLO ME RECIBE

Después de algunas horas llegué a la capital Sonorense.   Me recibió desnuda, sin pena alguna, brillaba con un curioso resplandor que tal vez era, que el día anterior habían roto el record de la ciudad más caliente en todo el mundo.  Me dirigí hacia el lugar donde se nos hospedaría.  El calor era insoportable, pero a la misma vez, te abrazaba con un raro sentir erótico que te excitaba y provocaba.

Me registré.  Subí a mi cuarto y me instalé.  Levanté el teléfono para darme cuenta que no estaba conectado.  El mismo cable de la bocina se caía con tan sólo levantarlo.  No había llegado nadie, bueno, al menos al hotel.   No pude conectarme al Internet.  Salí como loco intentando encontrar a alguien.   Parecía no haber alma alguna.  Fui a la sede del evento y me dijeron que empezaría hasta las cuatro de la tarde.  Eran a penas las dos. Hasta fui a las cantinas en busca de mis colegas. 

Nadie.

Con cierta resignación decidí refugiarme en un restaurante local, y comer a mis anchas la comida sonorense dando tiempo a que las horas pasaran.

FINALMENTE

Poco a poco empezaron a llegar los participantes del décimo noveno encuentro de escritores, este año dándole un tributo a Saúl Ibargoyen.  Los abrazos no se hicieron esperar.  Todo era una atmosfera de fiesta, de ardor literario.  Un sinfín de amigos, colegas y compañeros estuvieron presentes en más de 23 mesas literarias.  El maestro Ibargoyen dejó caer el peso de su poesía sobre cada uno de los presentes.  Hubo mesas de todas clases, gente que vino desde Panamá, toda la zona noroeste de México, del suroeste de los EUA.  Fue muy particular el darse cuenta de que muchos de los asistentes han visto el desarrollo literario de sus compañeros.  Súbitamente, algunos descubrimos que la edad ya nos ha alcanzado, que nuevas generaciones viene de abajo para presentar su visión de la vida, de la existencia humana. De las condiciones políticas del país, de la sociedad, la cultura literaria vive, a pesar de que actualmente mucha gente ha sido absorbida por los redes sociales, por el mercantilismo, por fuerzas tal vez enemigas de la cultura.  Sin embargo, existen individuos que desean continuar escribiendo, desean ser la voz de su generación, existen las voces subalternas, las oficiales, las contra-estatarias, al igual que los discursos alternativos.  Todos enfrascados en un debate literario, cultural, una fuerza que no puede ni debe de desaparecer del mapa humano.

DETRÁS DEL ESCENARIO

Este año, el haber realizado Horas de junio fue prácticamente una hazaña lograda por los compañeros miembros del comité organizador.  Los tiempos son difíciles,  pero una vez más el deseo de salir adelante y llevar la cultura a una plataforma para que sea escuchada no pudo ser detenida.  Ninguna de las 27 mesas fue cancelada.  El trabajo de escritores consagrados y de nuevas figuras (casi adolescentes) hizo acto de presencia.

Sólo una persona que ha organizado un evento de esta índole sabe lo difícil que puede llegar a ser.  Pensemos simplemente en la logística, individuos llegando a la ciudad de distintos punto del país.  Hay que recogerlos, darles hospedaje, alimentarlos, llevarlos a las distintas sedes del encuentro, preparar boletines de prensa, lidiar con los conflictos que pueden surgir en cualquier momento.  Es un trabajo inmenso, de prácticamente 24 horas al día.  Y resulta muy curioso, que quizás, las personas que más aportan a las horas, no son necesariamente los escritores, sino las personas que están detrás del escenario, manejando camiones, respondiendo preguntas de algunos literatos que a veces nos pasamos de listos pensando que somos los únicos, sin darnos cuenta del gran valor del trabajo de muchos.  Los edecanes, los que se encargan de preparar la comida, de informar al asistente así como al público en general, qué está pasando, cuál es el siguiente movimiento.  Los que limpian los lugares después de que todos ya nos hemos ido.  Hay un gran número de personas a las cuales debemos de agradecer su trabajo para poder haber logrado realizar el festejo de los diez y nueve años de Horas de junio.

Además, están las personas que nos abrieron el espacio en la radio, para leer nuestras locuras hechas textos, nuestras telarañas mentales convertidas en letras que llevan una infinidad de emociones.

No podemos dejar de mencionar los momentos que recordaremos quizás de por vida.  Los encuentros en el Pluma Blanca, donde nos dijo el cantinero:

—En el Pluma blanca todo se puede.

Los desayunos, donde la sobre-mesa duraba bastante, hablando de identidades trasfronterizas, encuentros con personas que no mirábamos desde hace ya mucho tiempo, o tal vez, conociendo al nuevo amigo del mentado Facebook, así como el escuchar tango o música de rock mientras las copas iban y venían, y la gente se paraba a bailar con el que estuviera a su lado mientras esperaban en la cola para que les sirvieran sus tacos de carne asada al estilo sonorense. 

Recuerdo una compañera que dijo:

—Tal vez no se acuerden de la poesía que leí, pero si nos vamos acordar de estos momentos.

Sí, momentos de euforia, de tranca, una embriaguez literaria, combinada simplemente con el haber logrado asistir a un momento donde nos sentimos acogidos por todos los presentes, y se tomó en cuenta nuestro trabajo literario.

DESPEDIDA

Como todo en la vida las cosas terminan.  Y cada año debemos de despedirnos para continuar con nuestra vida diaria, nuestros problemas y logros, nuestras amistades y amoríos, nuestros textos y su desarrollo.  Mientras tengamos vida, seguiremos escribiendo.  Como me dijo una compañera:

—¡A escribir se ha dicho, a huevo!

Y de esta forma, dejamos la capital sonorense, donde hacía un calor de la chingada, donde bebimos dos o tres  caguamas en una hora debido al ardor, donde reímos, lloramos, sentimos, buscamos, anhelamos o simplemente vivimos un segundo más de nuestra compleja experiencia humana.

Hasta la próxima, si los dioses del maíz lo permiten. 

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Antonio comenzó a sudar temblando casi de terror.  Mónica sonreía satisfecha en espera de más, mientras que Juanito simplemente se alegraba y continuaba con su peculiar examen sosteniendo en sus manos aquella pala excavadora de mentes y corazones.   

La pala

Por David Alberto Muñoz

—¿Cuánto te costó? 

—No sé.

—¿Cómo qué no sabes?

—La verdad no tengo la menor idea de cómo llegó a mis manos.  De la noche a la mañana apareció enfrente del jardín de tu casa.

En las manos de Juanito, descansaba lo que parecía ser una pala de acero forjado con una imagen dibujada que se antojaba ser un laberinto.  La figura delineaba casi todos los colores disponibles al ojo humano, mientras que en la parte superior, en el mango, una luz roja brillaba constantemente emitiendo un curioso sonido.

—Yo nunca he visto algo así.

—Fíjate bien tío Toño, si intento usarla una especie de alarma comienza a sonar.  

El adolescente de apenas trece años de edad intentó penetrar la tierra bajo sus pies y al instante aquella herramienta emitió un fuerte sonido que hizo que toda la vecindad se diese cuenta de que algo estaba pasando.

—Pues está muy interesante Juanito, pero, ¿para qué la puedes usar?   

—No estoy muy seguro, pero creo que es para excavar la mente y los corazones.

—¡No seas payaso! 

—Estoy hablando en serio tío.

—Y yo soy Caperucita Roja. 

A distancia, Mónica, la hermosa vecina de Toño se aventuraba lentamente hacía donde estaban el arquitecto Antonio Delgado y su sobrino Juanito.  Era una mujer en el clímax de la vida, bonita, sensual y con muy buen carácter.  Vestía un hermoso vestido con rayas horizontales negras y blancas.  Tenía del lado izquierdo una apertura que mostraba generosamente sus piernas, mientras que su cabello negro que le caía hasta la cintura, adornaba coquetamente a la mujer.

—Buenas tardes arquitecto.  ¿Cómo está?  ¿Juanito?

—¿Qué tal Mónica?  Tenía tiempo de no verla.

—Hola Moni—expresó el chico.

—Usted tan guapa como siempre.

—Favor que usted me hace arquitecto.  Pero ¿dígame?  ¿Qué es ese ruido que escuché hace unos momentos?

—Pues mi sobrino encontró esta pala enfrente de mi casa.  Es algo muy raro, cada vez que desea penetrar la tierra con ella, un sonido infernal se deja escuchar.

—Yo le digo a mi tío que es una herramienta para excavar la mente y los corazones.

—¡Juanito, cállate por favor!  ¿Qué va a pensar Mónica de ti?

—De verdad Moni, es un instrumento que puede escarbar el instinto y los espíritus.

Mónica sonrió amablemente.  Toño obviamente se molestó con el comentario del joven.

—Bueno y ¿cómo trabaja? —cuestionó la mujer poniendo su mano izquierda sobre su barbilla.

—Mira Moni, vamos a hacer la prueba.  Yo les voy hacer varias preguntas y tú me respondes lo primero que venga a tu mente, y tú también tío.

Ambos asentaron con la cabeza teniendo en mente distintas posibilidades. Para Toño, todo era una mentira proveniente de la mente de un chavalo en pleno desarrollo de la pubertad, mientras que para Mónica, todo representaba un interesante juego que tal vez podría distraerla por unos cuantos minutos.

—Está bien—dijo Juanito tomando la pala con firmeza en sus manos—¿Qué tiene la vaca cuatro y la mujer sólo tiene dos?

—¡Juan de Dios de los Delgado!  ¿Qué clase de pregunta es esa?

—Una pregunta muy normal arquitecto.  Déjame pensar… ya sé, las piernas Juanito.

La pala produjo un sonido como el que hacen las maquinas de tragar monedas en Las Vegas cuando se es ganador.

Mónica aplaudió y con más interés se preparó para la siguiente pregunta.

—¿Qué entra en el centro de las mujeres y sólo detrás de los hombres?

—¡Juan por el amor de Dios!

—No arquitecto, me temo que no.  Creo que más bien es la letra “E”.

Antonio comenzó a sudar temblando casi de terror.  Mónica sonreía satisfecha en espera de más, mientras que Juanito simplemente se alegraba y continuaba con su peculiar examen sosteniendo en sus manos aquella pala excavadora de mentes y corazones.  

—¿Qué es blando, y en las manos de una mujer se torna duro?

El arquitecto lanzó un grito deseando callar a su sobrino.

—El esmalte de uñas Juanito, no cabe la menor duda.

Para este momento, Toño ya no podía ni respirar.  Se limpiaba la garganta cada tres segundos; se sacudía la cabeza como deseando que la misma tierra se lo tragara.  Volteaba a todos lados; intentaba cambiar la conversación, pero Mónica parecía estar muy interesada.

—¿Qué tiene las mujeres en medio de las piernas?

—¡Ya estuvo bien Juanito!  ¡Se acabo este estúpido juego!    

—¿Pero qué le pasa Toño?  ¿Se siente bien?

—La mera verdad no, me siento de la patada.

—Vamos a ver, ya sé, las rodillas.

—¿Qué palabra principia con la letra C, termina con la letra O, es arrugado y todos lo tenemos atrás?

Antonio sintió morirse en vida ante aquella ridícula situación.

—Esa sí está difícil Juanito.  ¿Qué podrá ser?  ¡Ya sé!  El codo.

—Muy bien, pues eso muestra que tu mente y corazón no están podridos con malos pensamientos Moni.  Pero tu tío, tienes la mente bien cochina.

—¡Óyeme!  ¿Cómo te atreves a decirme eso chamaco grosero?

Súbitamente, Mónica se despidió alegando que tenía muchas cosas que hacer. 

—Bueno arquitecto, me despido, ya platicaremos otra vez.

—Mónica no, por favor, usted perdone, es mi sobrino...—Antonio balbuceaba casi tartamudeando. 

—¿Perdón, por qué? 

—Pues…por…estos muchachos de ahora…usted sabrá…ya ve usted cómo es la juventud actual…no…por nada. 

Mónica estrechó con firmeza la mano del arquitecto para después despedirse cariñosamente de Juanito; lo besó tiernamente en los labios, y además, se acercó cuidadosamente a su oído para decirle en secreto:

—Tienes más colmillo que tu propio tío. 

—Gracias Moni.

El adolescente y su tío quedaron solos.  De inmediato el arquitecto le reprochó a su sobrino:

—¡Condenado chamaco, no me vuelvas a hacer eso!  ¿Entiendes?

—¿Hacerte qué tío?  Además, yo no fui.  Fue la pala.  Ya ves que tenía razón.  Tú eres como todos los hombres.  Nada más estás pensando en…

—¡Ya cállate!

Fue entonces cuando la pala soltó un sonido que era muy semejante al de una carcajada burlona.

—Te dije tío, esta pala es para excavar la  mente y los corazones.

© David Alberto Muñoz

***Parte del libro La medicina de la fe y otros cuentos de David Alberto Muñoz en espera de pronta publicación.

 

***

Trabajo leído el 22 de mayo, 2014 en la presentación de la novela Hombres valientes de Guillermo Munro en el consulado de México en Phoenix Arizona EUA.

Hombres valientes

Por David Alberto Muñoz

 

¡Buenas noches!  Estoy inmensamente agradecido por la invitación a ser parte de este panel que está presentando la novela Hombres valientes de Guillermo Munro Palacio.  Agradezco a Monica Michelle, quien fue la persona que se acercó a mí originalmente, al Cónsul General de México en Phoenix, Arizona, el Embajador Roberto Rodriguez Hernández, a mi compañero panelista, Hugo Rene Oliva, al consulado de México por tener este importante evento cultural en nuestra ciudad, y en especial a Guillermo, persona que conozco ya desde hace algún tiempo, desde el 16 de mayo de 1996, cuando me hiciste el honor de firmar tu novela Las voces viene del mar, donde me decías y cito: “Para David Muñoz, deseo que esta crónica novelada sea de tu agrado y que sea un puente de amistad entre nosotros”.  Y creo que sí Guillermo, tu trabajo como hombre de letras no sólo se ha convertido en un puente de comunicación entre ambos lados de la frontera México-Estados Unidos, sino que es actualmente, la voz de más de tres culturas que han creado una increíble hibridad dentro del suelo que pisamos.  Hablo de la cultura, mexicana, la chicana y la estadunidense.

Seré breve en esta noche, creo que todos estamos ansiosos de escuchar al maestro Munro conversar y leernos de sus últimas letras.  Sin embargo, sí considero prudente mencionar algunas cosas sobre el excelente trabajo literario que Munro ha dejado no solo para nuestro deleite sino también para futuras generaciones de lectores.

Hombres valientes es una novela histórica, narrada en forma de crónica, llena de intrigas, luchas por el poder político, violentos asesinatos, deseos de controlar territorios ya convertidos en peculiares zonas mitológicas, donde el dinero o el oro se daba prácticamente a cualquier persona que lo deseara conseguir, con la única condición de establecer su señorío por medio de la violencia y la imposición. 

La acción transcurre en un área disputada por ambos países, durante una época de caos, cuando encontramos no sólo mexicanos y estadunidenses, también se cuenta con la presencia francesa, la representación nativa indígena, los llamados “filibusteros”, una verdadera conglomeración de personas enfrascadas en una “eterna” batalla por controlar un territorio que iba y venía, que era manipulado, invadido, vendido, un desierto donde el sol continua quemando nuestros rostros levantando los cuerpos de aquellos que yacen sepultados en su suelo.

Pierre Francisco Garnier, es un joven periodista a quien se le encarga investigar ciertos sucesos trágicos ocurridos hace 20 años.  Estamos hablando de 20 años antes de 1896.  Específicamente, la ejecución de alrededor de 100 gringos a quienes se les acusó de querer invadir Sonora, pese a que ellos decían ir a proteger a los ciudadanos de los ataques de los comanches.  

Con esta intención en mente, Pierre se incrusta en una zona desértica donde con la ayuda del único sobreviviente, Charles Evans,comienza no sólo a conocer a los protagonistas de la historia, sino que también surgen en su vida individuos que le cautivaran más allá del corazón, como la hermosa Filomena Aínza, viuda de Henry Crabb, un filibustero.  Ente, de quien se enamoró platónicamente el joven periodista, cuyas descripciones de ella, están llenas de una intención algo curiosa.  Cito:

“Era de la misma edad de mi madre y me sentí apenado porque Doña Filomena era atractiva y hasta cierto punto sensual.  No podía evitar admirar sus detalles” (42).

Encontramos también al profesor  Román Aragón, hombre de 62 años, amante del buen vino, los quesos y la buena comida, quien ayudó a Pierre, a entender qué estaba sucediendo desde el punto de vista histórico.   

Y hay muchos personajes más, Charles Pindray, Henry Alexander, Raousset-Boulbon, el general Ignacio Psequeira, William Walker en fin, tendrán que leer la novela para saber los pormenores de cada uno de ellos.

Pero en esta ocasión deseo utilizar el marco teórico de Néstor García Canclini, quien en su libro titulado Culturas híbridas (1989), nos dice que la modernidad disminuye los papeles de lo popular y lo culto mas no los elimina, en este contexto, Canclini utiliza los conceptos críticos de la desterritorialización y la reterritorialización,  para dar a entender el impacto de los sucesos históricos.  Tengan en cuenta que estoy trasportando el concepto a los 1800s.  El resultado sin embargo, es el mismo, si tomamos en cuenta que dentro de los territorios de la Alta y Baja California, Arizona y Sonora durante esta época, cientos de miles de personas realizaban este cambio territorial casi a diario, es entonces cuando podemos entender el gran valor de la novela.  Estos individuos se desterritorializaban de sus lugares de origen, para reterritorializarse en nuevas tierras.  Iban de Sonora para Alta California, buscando oro, viajaban desde Texas hasta Sonora en busca de fortuna, los territorios cambiaban culturalmente no sólo territorialmente.  Las identidades que tanto argumentamos hoy en día los chicanos, mexicanos y estadunidenses estaban siendo creadas.  De aquí, la novela de Munro, presenta los inicios de estas identidades culturales vigentes actualmente, que estaban y están hasta cierto punto el día de hoy, enfrascadas dentro de una lucha por el poder político. 

Munro nos habla del tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, de cómo en 1832 un tal Monsieur Remontel, propietario de un restaurante, exige al gobierno mexicano, el pago de “seiscientos mil pesos alegando que unos oficiales mexicanos y sus tropas se han comido algunos pasteles de su negocio negándose a pagar”.  Esto dio lugar como muchos de ustedes lo saben a la guerra de los pasteles en 1838.  Además, de hablar de Antonio López de Santa Ana y su puesta en el poder más de siete veces por lo menos.

Guillermo Munro nos ofrece una verdadera lección de historia con pincelazos literarios.  Sin embargo, lo que logra en realidad desde mi punto de vista personal, convertir a Munro en una vaca sagrada, y lo digo sin temor a equivocarme, es que por medio de esta novela, Munro se convierte en la voz de todo el pueblo del noroeste de México y del suroeste de los Estados Unidos.  Es una voz que reconoce que las culturas se acostumbran a la violencia (93).  Y dentro de este trasfondo cultural, surge un gemido popular, un subconsciente colectivo, que desea expresarse por medio de las peculiaridades de cada individuo, o grupo existente.

Mucho se ha criticado a escritores como Carlos Fuentes que escribió una novela titulada La frontera de cristal, pero nunca vivió en la zona fronteriza.  Se critica también a Xavier Velazco por intentar dar una visión de lo que es esta zona de la frontera dentro de un marco completamente artificial.

Pero la voz del maestro Munro, representa no solamente el haber nacido en esta zona, sino el haber sido parte de la creación cultural por más de 50 años, siendo la voz de la cultura popular, el analista de la hibridad creada por la modernidad y lo culto, entendiendo por “cultura” las manifestaciones artísticas del pueblo Sonorense.  Quién mejor condicionado que el maestro para escribir este trabajo que nos dice entre muchas otras cosas:

“La patria mexicana, norteamericana, francesa, o mundial es y ha sido, en su mayor parte, un torbellino de intrigas y pasiones” (90). 

“Los políticos son un mal necesario” (91).

“Que se nos recuerde cómo una nación fuerte, valiente,…patriota” (93) que sabe cómo desempeñarse.

“Indios ignorantes y testarudos” (152).

“Ya basta de que los pinches gringos nos maten como a conejos por cualquier pendejada” (84).

“La Biblia está llena de muertes y asesinatos y es algo natural en los humanos, desde el inicio de la creación…” (94).

“… los argonautas del desierto…” dijo el capitán Heintzelman (162).

¿De dónde surgen todas estas voces?  Brotan de la pluma y el corazón de un autor que ha vivido en medio de estos movimientos sociales, políticos y religiosos.  Un ser humano que conoce la naturaleza nuestra, un individuo que entiende la necesidad del orgullo de tener una patria, no importa de dónde vengamos.

“Que se nos recuerde como nación…” (93).

Y esta voz ya ha roto fronteras, ya no puede quedarse dentro del discurso oficial, o quizás se ha convertido en parte del mismo, porque va mucho más allá de las ideologías doctrinales, más allá de los estereotipos creados, idealizados y justificados.  Las realidades expresadas en las páginas de Hombres valientes representan no sólo la historia de millones de personas que les tocó vivir en estos territorios.  Sino también esa extraña trasformación cultural que se ha llevado a cabo por los últimos 100 años.  ¿Cómo fue que llegamos a invadir el norte culturalmente, con nuestra comida, nuestra música e incluso nuestro idioma? 

Porque siempre hemos estado aquí.

Esas historias de gente que no entendía el lenguaje del “otro”, han sido trasformadas por la presencia de personas no sólo sonorenses, sinaloenses, chihuahuenses que ya ha echado raíces de este lado de la frontera.  Este país ya nos ha adoptado, esta nación que ya es también nuestra.  

Nuestra historia se remonta a poblaciones nombradas con nombres hispanos, a figuras quienes no saltaron la frontera, la frontera los saltó a ellos.

Y sin embargo, también encontramos individuos abrazando ambos lado del Border, ambas culturas.  Si por un momento descartamos las intrigas, los pleitos, las matanzas que ambas naciones han cometido, descubriremos esa voz representada en el trabajo de Munro, esa voz que “gime en el desierto” buscando ser reconocida, es el pueblo del que estoy hablando, la nación indígena, estadounidense, mexicana, chicana, hispano parlante, o gringa-parlante si así lo prefieres, que muestra al final de cuentas nuestra eminente humanidad.

Esta es la voz que he encontrado en el trabajo de este hombre, Guillermo Munro Palacio, un gran escritor, un gran maestro, pero sobre todo, un gran ser humano.

Muchas gracias maestro por concederme este honor.

© David Alberto Muñoz

Obras citadas

Garcia Canclini, Néstor.  Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo.  México: 1989.

Fuente, Carlos.  La frontera de cristal.  Editorial Alfaguara.  México: 1995.

 

Munro Palacio, Guillermo.  Hombres valientes.  Editorial Porrúa.  México: 2014.

 

 

***

La contaminación es total, no hay escape, en el mismo momento del nacimiento de un nuevo ser, de su llanto proviene ese mal que ha destruido a toda la humanidad, me, myself and I.

Egolatría

Por David Alberto Muñoz

 

El ambiente está muy tóxico.  Un oleaje de egoísmo acapara el sentir de toda la gente.  La ciudad se mira sudada, gotas de reproches caen por las mejillas hinchadas del mentado: me, myself and I.   Nadie parece importar más que el pronombre “yo”. 

Yo necesito… yo deseo… yo crítico…

Son tres listas puestas a la entrada de la ciudad donde todos escribimos con la intención de logar simpatía o destrucción para el prójimo. 

Así, camuflada de buenas intenciones, el suburbio se desliza con la presión alta en frustraciones, su rostro refleja a un niño haciendo berrinche mientras que otros la miran con cierta compasión.   Es una ciudad tóxica, respirando gases venenosos provenientes de cada uno de sus propios habitantes.  La contaminación es total, no hay escape, en el  mismo momento del nacimiento de un nuevo ser, de su llanto proviene ese mal que ha destruido a toda la humanidad, me, myself and I.  

—No seas payaso, si tú no piensas en ti, a nadie más le importa.  Además, hay que ser positivos.  No todo es malo. 

La maestra de tecnología está enojada porque no le ofrecen contrato.  Y el mentado deadline es este viernes, y si no le ofrecen nada, se va a quedar sin trabajo… El ebrio manager de Wal-Mart se estrelló por andar texteando y manejando al mismo tiempo…  Además, es un pinche borracho que ya ni sabe cuál es su nombre… A la muchachita que vive en la esquina le encanta ir a provocar a los viejos rabos verdes que se juntan todas las mañanas en el parque Oso a jugar ajedrez.  La miran con lascivia, pero a ella le gusta provocar, le gusta excitar a los viejos… Los gorditos que van todos los días al McDonald's, siguen de metiches porque quieren saberlo todo, el cómo, el cuándo y el por qué… metiches… 

El ambiente está muy tóxico.

Yo necesito que me respeten…

Yo deseo una casa más grande, mejor sueldo, un carro nuevo, mejores prestaciones en el trabajo…

Yo crítico a Don Juan porque es un sinvergüenza, anda con Vanesa, Ana y Rosalba, desgraciado… a Leopolda también, porque es una presumida… ¿quién se cree que es la tipa esa tan coqueta?  Yo critico al volado de Dionisio que piensa que todas las mujeres andan locas por él, ni que estuviera tan guapo… y que me dicen del vanidoso de Adán, que no hace otra cosa más que hablar de él, una otra vez otra vez, sí, me myself and I… y que se espera de la envidiosa de Eva, que nada más se fija qué tiene uno o qué no tiene…

—No seas así, es mejor dar que recibir ¿qué no?

Sí.

—¿Entonces?

El ambiente está muy tóxico…

Ya nadie puede respirar…

Yo necesito más dinero porque lo que gano no me alcanza.  Yo deseo tener a Minerva, porque está bien buena.  Yo crítico a Juan Ignacio porque no le gusta estar en su casa.  ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo sin esperar recibir nada a cambio?  ¡Sé sincero!

—Bueno, si así lo pones, tal vez nunca, o quizás, cuando era un niño y vi que Juanita tenía hambre y no tenía que comer.  Le regalé mi plato de frijoles.  Y mi mamá me dijo: “Eres un niño muy dadivoso”.  No sabía que quería decir esa palabra.  Pero eso me hizo sentir muy bien.

¿Por qué todo lo hacemos con la intención de sentirnos bien?

Sí, el ambiente está muy tóxico…pero a lo mejor…a lo mejor es que me acabo de dar cuenta lo egoísta que soy, lo egoísta que eres…y lo egoísta que seremos…

—No Narciso, hay algo que se llama buen corazón, hay gente que se entrega sin pedir nada a cambio, hay personas que aman de verdad sin esperar absolutamente nada.

Disculpa… pero eso es imposible… todos somos egoístas… Sí… siempre será el me, myself and I

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

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Me contaba de su pueblo.  Decía que venía del municipio de Urique, que las mujeres en su tierra tenían que ser muy fuertes y trabajadoras porque si no, no lograban conseguir marido.

Las ganas

Por David Alberto Muñoz

Siempre me gustó verla desnuda, cuando se iba a acostar, yo la espiaba desde la ventana del baño de arriba, daba a su cuarto.  No tenía cortinas.  Se quitaba su blusa estampada de colores, floreada, y sus faldas,  se ponía hasta cuatro que para lucir más esponjada, decía ella.  Se levantaba los senos mientras se observaba en un espejo que estaba debajo de un pequeño tocador. 

No ha de haber tenido más de 18 o 19 años cuando mucho.

Yo ardía en deseo.  ¡Cuántas veces no me masturbé pensando en ella! 

Era la sirvienta de mi casa.  Se llamaba Bimorí, su nombre significa niebla, venía de la sierra tarahumara.  Era muy morena pero con un rostro de ángel, de diosa, sí, era miembra de las hijas de los dioses del maíz. 

Bien que se daba cuenta que yo la espiaba pero nunca hizo nada.  Se dejaba querer.  Permitía que la viera, en algunas ocasiones la podía tocar brevemente.  A veces, cuando estaba lavando los trastes me dejaba acercarme para levantar sus faldas, y ver sus calzones de color crema mientras ella se hacía la desatendida y yo tocaba lo que podía.  Cuando se cansaba reaccionaba violentamente casi empujándome.  Me decía que en su cultura la mujer nunca expone su cuerpo después de los 6 años de edad, aunque esté casada, porque eso está mal.

—Mi Bennet hace el amor con mi Zing vestida—Así le decía a sus padres.

Me contaba de su pueblo.  Decía que venía del municipio de Urique, que las mujeres en su tierra tenían que ser muy fuertes y trabajadoras porque si no, no lograban conseguir marido.   Que cuando se casaban el matrimonio era a prueba por un año.

Las llegué a mirar correr por toda la sierra, mi padre nos llevaba a mis hermanos y a mí a trabajar con los tarahumaras… ellas corrían soltando las piernas en la bajada hacia Urique, haciendo volar sus huaraches... eran más fuertes que cualquier hombre.

Ella era una muchacha muy inteligente.  Cuando estuvo en mi casa mi madre le enseñó a leer y a escribir.  La llegamos a encontrar más de una vez leyendo libros que mi padre tenía. 

Cuando platicaba me hipnotizaba literalmente.  Me emboba con su forma de hablar, con el tono de su voz, con todo el deseo que provocaba en mi cuerpo.

Cuántas veces no traté… ella se esfumaba como humo de cigarro, dejando su aroma impregnado sobre mi rostro.  Con una calma desesperante aventaba mi mano hacia un vacío dejado por el aire de su propio respirar que creo escuché latir junto con mi corazón.

Hasta que un día… mi deseo se cumplió… ella se vistió muy a la usanza de la mujer occidental, con una faldita bien corta, sus piernas cubiertas por unas medias de color carne; mostraba sus grandes senos detrás de una apretada blusa color azul celeste; se hincó junto a mi cama, mirando al suelo… esperando solamente a que yo actuara…no sé por cuánto tiempo estuve ahí parado como idiota…solamente viéndola…me dio miedo… 

No sé por qué, a lo mejor estaba muy niño todavía, o a lo mejor temí no poder hacerlo bien… La verdad…no sabía cómo hacerlo…

Ella se levantó una vez que se dio cuenta de mi torpeza…no haría absolutamente nada. 

¡Pendejo!

Me miró con esos ojos negros, grandes, oblicuos, para tomar la barbilla de mi rostro y sonreír con mucha decepción y lástima.  

—No eres hombre todavía…déjame ya en paz por favor…

A los pocos días se fue de la casa.  Después supe que había regresado a la sierra tarahumara, se había casado y tenía un niño… 

Pero quedó en mi mente por siempre… Bimorí, a veces pienso en ella cuando estoy haciendo el amor con otra mujer… no lo hago por mal o deslealtad, o infidelidad como dicen algunos… es que… me quedé con las ganas…la mera verdad me quedé con muchas ganas de tenerla…

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Un fuego recio se desplomó sobre aquella mujer cuando escuchó tales palabras

La clase

Por David Alberto Muñoz

 

—¿Por qué no viniste al concierto?

Preguntaba la maestra con voz dura. 

Aquel niño de apenas ocho años de edad, volteaba para todos lados como buscando salida.

—Contéstame Rafael.  Te estuvimos esperando.  Tenías que cantar el solo de la canción, además, todos tus compañeros estuvieron aquí y a tiempo. 

La maestra Rodriguez era maestra de música.  Tenía ya más de 15 años de trabajar en esa escuela donde se recibían niños nuevos todos los días.  Más de una vez podrías encontrarla escupiendo sus frustraciones con algún colega.

—El problema es que no tenemos constancia.  Vivimos en una zona de apartamentos.  La gente que vive ahí es muy pobre.  Cada mes nos llegan nuevos niños.  Están con nosotros uno o dos meses y después, cuando los padres no pueden pagar la renta se van.  Es una población muy incierta.  Van de un lado a otro.  Es muy frustrante tratar de enseñar de esa manera.

—Ese no es problema tuyo Adriana.  Haz tu trabajo solamente y se acabo.  Tú no tienes la culpa que esos mocosos sean unos groseros y mal hablados.

—No todos Lorena—respondía la joven educadora—entre cien de ellos que son muy problemáticos, siempre hay uno que rompe la regla.

—Pues a mí todos se me hacen igual, y ya me voy que tengo que ir a lunchear.

Adriana Rodriguez solamente la observaba con ojos de compasión.  Ella, era miembro de otra cultura, de otra manera de ser.  Le habían inculcado compasión por el prójimo, en especial los niños que atendían sus clases. 

Cada año se encargaba de preparar conciertos con todos los estudiantes, no sólo el enseñarles qué era la música, las notas, los ritmos, las claves, y hasta geografía, porque los niños tenían que saber dónde nació el compositor de las canciones que tocaban o cantaban.

—¿Alguien me puede decir dónde nació Tchaikovski?

 —En Rusia maestra.

—Muy bien, y ¿dónde está Rusia en el mapa?

—Al norte de China.

—¿Y cuál es una de sus composiciones más conocidas?

Todos los niños gritaban al mismo tiempo:

—¡El lago de los cisnes!

Para Adriana era un orgullo ver el conocimiento que sus niños obtenían. 

Esa vez, Rafael le había quedado mal.  Por regla general, él era un muy buen chico, respetuoso, algo inquieto pero la música parecía calmarlo y darle algo especial.

—No te entiendo Rafael.  Tenías tantas ganas de cantar las cantatas del maestro Juan Sebastián Bach.  ¿Qué pasó?  ¿Te dio flojera?  Porque a veces tienes la tendencia a ser medio flojo, pero este semestre has mejorado inmensamente.  ¿Qué pasó Rafa?

El niño la miraba con ojos de clemencia.  Volteaba para todos lados.  Se rascaba la cabeza cada tres segundos.  Limpiaba su garanta e intentaba hablar sin tener éxito.

—Ven, siéntate aquí, junto a mí.  Quiero que me digas la verdad.  Tú sabes muy bien cuál es la diferencia entre la verdad y la mentira ¿verdad?

—Sí maestra.

—Pues quiero que me digas la razón por la cuál no estuviste en el concierto.

El niño pensó cautelosamente…

—Dime mijo, sólo quiero saber la verdad.

Después de una larga pausa.

—Es que metieron a la cárcel a mi mamá.

Un fuego recio se desplomó sobre aquella mujer cuando escuchó tales palabras.

¡Cómo era posible!  Estos son niños, criaturas de no más de diez años.  ¿Dónde están sus padres?  ¿En que ambiente se encuentran?  ¿Cómo pueden ser tan crueles con ellos?  ¿No hay alguien a quien le importen?  ¡Dios mío no es posible!

—Ven Rafa, déjame abrazarte.

Y mientras los brazos de Adriana recogían el pequeño cuerpo de Rafael, ella lloraba lágrimas por aquella criatura, que sin pensarlo, dejó descansar su rostro sobre el hombro de la maestra Rodriguez.

Pinche vida cabrona…no tienes madre…

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Nuestro mundo ha cambiado y continúa cambiando… Hay quienes dicen que muy pronto, al nacer el bebé, se le hará una pequeña incisión en el cerebro, donde se pondrá su tarjeta de computación para que la criatura pueda desde pequeño utilizar todas las vías tecnológicas disponibles al ser humano.  Ah, y también será el lugar para darle un “upgrade” cuando fuese necesario.

 

Un nuevo técnoevangelio

Por David Alberto Muñoz

 

Le tecnología parece habernos invadido.  No sólo esto, sino qué también ya controla nuestras acciones diarias, nuestros movimientos, quizás, me atrevo a decir, casi cada uno de nuestros pensamientos.

No sólo existe la ya conocida computadora, que por momentos bien puede parecer del siglo pasado (y lo es), hoy en día, ya podemos cargar con una gran cantidad de información en la mano.  Me refiero a nuestros teléfonos, no solamente podemos llevar nuestros correos electrónicos, también encontramos nuestro calendario, además los medios sociales que nos siguen a donde vamos.  La comunicación moderna ya es casi al instante.  Y ten mucho cuidado en no tomar más de diez segundos en responder, porque se puede molestar la gente.   Esta actitud, ya es considerada una falta de respeto al prójimo.

Uno de estos días durante mi jornada laboral, al salir de clases, observo el comportamiento de mis alumnos, y lo he visto más de una vez, los estudiantes de inmediato revisan su teléfono, porque se les pudo haber pasado algo importante.   El mensaje del amigo, el último video subido a Facebook por la chica más popular de la escuela; la regañada de la novia o madre dependiendo de tu edad, aunque hoy en día ya nada me sorprende.  También, tenemos que leer las frases que cientos de miles de personas ponen en sus muros, frases de sabiduría, de enfado, de enojo, no puede faltar la persona que siempre está molesta con medio mundo; enlaces de programas de televisión, fotos de la comida que vamos a comer, de las bodas a las que hemos asistido o participado personalmente, de cómo nos mirábamos en la niñez, ahora con eso del día del niño, y no olviden la conciencia política, cada marcha que ocurre en todo el mundo, con reformas, protestas, policías golpeando gente, libros que hemos leído, programas de televisión o películas favoritas, respuestas a preguntas, ¿quién soy como mito, como filosofó, como personaje popular?, también, subimos nuestros trabajos, en mi caso, libros que  he escrito, actividades literarias realizadas o por realizar, piezas musicales compuestas, videos de la música de nuestra generación, simplemente imágenes de parranda, de bohemia, de todo esto y mucho más, que es lo que viaja en nuestras redes sociales, en el mentado Twitter y demás, que por cierto yo no tengo una cuenta.

Pero el otro día, vi a un compañero de facultad, también bien metido dentro del mismo universo, mandando y recibiendo mensajes, texteando, o tal vez, simplemente platicando.  Camine hacia el lugar donde sacamos copias para encontrarme ahora con una profesora, del sexo opuesto, metida en la misma acción.  Si he de ser sincero, al caminar por todos los cubículos del segundo piso del lugar dónde trabajo, creo que no vi a ningún individuo sin ese objeto que ya se convirtió en una verdadera adicción de principios de siglo: el IPone, el Android,  o como se llame la última novedad tecnológica, el futuro ya nos conquistó, y todos, absolutamente todos, estamos atrapados dentro de sus garras. 

¿Qué hacíamos hace veinte años que no contábamos con toda esta tecnología?  ¿Cómo llegábamos a ciudades que no conocíamos y lográbamos conocerlas sin una aplicación de mapas?, ¿o cómo se dice?  GIS, Geographic Information System, por sus siglas en inglés.  

Nuestro mundo ha cambiado y continúa cambiando.  Ya existe un nuevo técnoevangelio.  Hay quienes dicen que muy pronto, al nacer el bebé, se le hará una pequeña incisión en el cerebro, donde se pondrá su tarjeta de computación para que la criatura pueda desde pequeño utilizar todas las vías tecnológicas disponibles al ser humano.  Ah, y también será el lugar para darle un “upgrade” cuando fuese necesario.

Me pregunto ¿en que mundo vivirán mis nietos?  ¿Cuándo quizás desaparezca el papel? , y sí de por sí, ya pasamos una cantidad increíble de tiempo frente a la computadora o el teléfono, me atemoriza el pensar que perderemos tal vez el olfato, o esa vena cerebral que nos hace detenernos para oler las flores del campo.

Aunque pensándolo bien, la tecnología moderna bien se puede comparar con la invención de la imprenta.  Las ideas comenzaron a fluir con mayor rapidez. Poco a poco el mundo se fue adaptando.  Al igual que hoy en día, el acceso a la información nos facilita infinidad de cosas.  En mis tiempos para obtener información teníamos que ir a la biblioteca, revisar aquellas tarjetitas que había e ir a buscar lo que necesitábamos.  Hoy en día lo único que hay que hacer es un “googoolazo”, y todo está a nuestro alcance.   Además, nos podemos mantener en contacto incluso saltando el charco.  Y tal vez, con un sentimiento medio narcisista, mostramos nuestras vidas, nuestros encuentros, nuestros pleitos, nuestros prejuicios, nuestra muy peculiar forma de ser.

Al final del día, medito, y concluyo que existen dos elementos vitales que nunca podrán desaparecer de la cultura humana, aunque encontremos nuevas formas de realizarlos: leer y escribir.  Ayer por la noche leí un libro completo de José Emilio Pacheco por el Internet.  Ya he recibido una colección del reciente desaparecido maestro Gabriel García Márquez, y en estos instantes estoy escribiendo no con pluma y papel, sino en un “ordenador”,  computadora o como se le diga.

El pensamiento humano es lo más valioso que poseemos.  El discernir los argumentos con sus premisas y conclusiones, no sólo el captar las ideas, sino el lograr desarrollarlas, afinarlas, incluso eliminarlas o por qué no, mejorarlas.  Y de esta manera, descubrir en ese proceso la belleza literaria, cuando por azares del destino logramos combinar sujeto, verbo y complemento, adornándolos con adjetivos o cambiando tiempos que van, desde el pasado al subjuntivo, pasando por el pluscuamperfecto, llevando de alguna forma una emoción humana al papel, o a la pantalla.

El mundo en el cual vivimos está medio loco, y nosotros otro poco, pero gracias a los dioses del maíz, la mente y el corazón humano, todavía gobiernan nuestras existencias, no el Facebook, ni el Twitter, ni la tecnología, sino más bien el complejo sentir humano.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Un gato sorprendía brincando bardas ajenas cuando la luz de una luna llena escupía destellos de serenidad.  Una alma sospechosa caminaba por el parque pretendiendo tener el secreto de la vida, y una niña observaba detrás de la ventana los golpes que le daban a un pobre individuo que por no tener donde dormir, se había acostado en una banca de un vergel.

Calibre

Por David Alberto Muñoz

Despertó de madrugada.  Estiró sus piernas dándose cuenta que la sábana de su cama estaba rota. 

“Siempre me pasan estas cosas”, pensó.

Sus labios estaban secos completamente.  Los sentía partidos igual que ladrillos acomodados con cemento barato mostrando cierta suavidad pero provocando sed en su cuerpo. 

Los ojos le ardían mientras el oído izquierdo le punzaba por el agua que le había entrado, ya que todos los días se levantaba temprano para ir a nadar.  Hasta el color del pelo le estaba cambiando. 

¡Se estaba haciendo güero!

Sacudió su rostro aventando al aire ese hedor a caño que de pronto las grandes ciudades permiten oler.  De su cuerpo partículas de mugre se embarraban con los recuerdos de las cantinas, mujeres y meseras, ya algo pasadas de peso, que lo atendieron sonriendo simplemente en busca de una buena propina. 

Era un martes por la madrugada.  Aunque los días ya no tenían la misma importancia que antes.  Un tedioso malestar a rutina lo había invadido hasta el punto que su mismo nombre se le antojaba aburrido, fastidioso, inoportuno.

—Nicolás Pocaventura  Risamedas de Calibreposerio.

—Yo no sé por qué tengo este nombre tan mamón.

—No te apures Calibre—así le decían sus amigos—Todo es cuestión de actitud.  En la vida hay que ver las cosas con un sentimiento ecuánime.  No cualquiera es como tú.

—¡Eso sí!  ¡Lo qué sea de cada quién!

Los ruidos de una mañana asegurada exigían atención inmediata.  Un gato sorprendía brincando bardas ajenas cuando la luz de una luna llena escupía destellos de serenidad.  Una alma sospechosa caminaba por el parque pretendiendo tener el secreto de la vida, y una niña observaba detrás de la ventana los golpes que le daban a un pobre individuo que por no tener donde dormir, se había acostado en una banca de un vergel.

—¿Calibre?

—¿Qué?

—Tengo miedo.

—¿Miedo de qué?

—Esa es la cuestión, no sé.

—¿Cómo qué no sabes?

—¡No sé! 

—¡No seas idiota!

—Es la verdad.  Todas las noches me acuesto temblando.  Ya ves cómo hace calor en esta pinche ciudad.  Pero siento la presencia de alguien que me quiere hacer mal y tiemblo de pánico.  ¿Me entiendes?  Siento que alguien de repente me va a dañar y no puedo explicarlo.

—¿Qué pasa entonces?

—Eventualmente me quedo dormido.

Calibre soltó una carcajada fuerte, clara, lanzando al viento su humanidad.

—¡Hay de pendejos a pendejos!  Mira carnal, todos tenemos miedo, y ¿sabes qué?  Todos nos tenemos que aguantar.  ¡Aguántate!

De pronto la ciudad cobró vida.  Automóviles se deslizaban a gran velocidad.  Empleados limpiaban las entradas de los negocios mientras que en ciertas esquinas, hombres de aspecto anómalo se paraban observando la escena con un sentido de piedad.

Miles de personas conducían metidas en un cubículo privado.  Algunas hablaban por teléfono, otras cantaban cambiando la estación de radio, mientras que ciertas maldecían a medio mundo por obstruir su camino.

La rutina de todos los días controlaba a todos los presentes.

—¡Hay que trabajar!

—Yo trabajo todos los días, incluso los domingos.

—¿A poco?

—¡Me cae!

—¡Te cae tu madre, nadie puede trabajar todos los días!

—Pues yo sí.  ¿Qué vamos hacer?  Si trabajas por lo menos tienes dinero para comprarte tus chelas los viernes y sábados.  Le puedes comprar a tu hijo el balón de fútbol que te ha estado pidiendo.  Tal vez, puedas llevar a tu esposa al concierto de Luis Miguel.  O al menos vas a poder pagar el seguro del carro, tu casa, las mentadas utilidades, el aire acondicionado que se te descompuso porque ya está bien viejo, y además, los intereses en todas las tarjetas de crédito que tienes, y que como pendejo gastaste cuando te empedaste con tus cuates, y se fueron todos al burdel.

—¡No Calibre!  Esa no es la cosa.

—¿Cuál es la cosa entonces?  Venimos a trabajar, no hay más.  Si no trabajas te mueres de hambre.  “Sudaras el trabajo con gotas de tu frente y la mujer se enseñoreará de ti”. 

—¡No chinges Calibre!

—¡Sí chingo!  Es la verdad.  Mira nada más a tu alrededor.  Todo mundo trabajando para subsistir.  Unos están mejor que otros.  Y hay a quienes les gusta su trabajo.  No lo voy a negar.  Pero al final de cuentas todos estamos condenados a vivir.  Sí, de vez en cuando te escapas y haces tu desmadre pero después de la juerga, lo mismo de siempre, la rutina, las mañanas donde despiertas cansado, las quejas de los compañeros del trabajo, las responsabilidades que tienes que cumplir.  ¿Me entiendes?  Todo es respirar el aliento del trabajo.  Y aunque no tengas trabajo también te aburres.  Y si tienes suerte tendrás una mujer que te aguante, alguien con quien pelear y hablar pendejada y media.

—¡Pinche Calibre!

Sí, despertó de madrugada.  Estiró sus piernas dándose cuenta que la sábana de su cama estaba rota.  Fue entonces  cuando descubrió que estaba vivo… y de pronto se dio cuenta…que la vida ya se la había ido…

 

 © David Alberto Muñoz

 

 

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Vergüenza

Por David Alberto Muñoz

 

¿Por qué sentimos vergüenza al estar desnudos?

No sé… hay gente que le gusta desnudarse y otra que se tapa hasta la cara. 

No sé por qué.

Cuando nos caemos en público no es tanto el dolor que sentimos sino la vergüenza lo que hace que nos levantemos y sigamos adelante a la mayor brevedad. 

Eso siempre nos causa risa.

Otra vez, no sé por qué.

A mucha gente le da vergüenza mostrar su cuerpo tal y como es.  Me acuerdo que mi tía Sofía, nos decía:

—Yo nunca he dejado que su tío me mire completamente desnuda.  Eso está mal, es pecado.

¿Por qué le ponemos ese adjetivo a ciertas acciones?

¿La desnudez es pecado?  ¿Qué no todos nacimos igual?  Aún los viejos traen desnudez debajo de su ropa.

Cuando el niño descubre sus manos, mamá se lo celebra.  Cuando descubre sus pies, mamá se lo celebra.  Cuando descubre su sexo, mamá lo castiga.

—¡No te agarres ahí!  Eso es pecado.

¿Por qué nos da vergüenza sentir placer?

No sé, la vergüenza es una turbación del ánimo, te puede deprimir.  Te puede encender el color del rostro, te pones rojo de “vergüenza”.  Y todo, ocasionado por alguna falta cometida a “la moral”, o por alguna acción deshonrosa y denigrante, propia o ajena. 

Por eso al escribir nos desnudamos completamente, ya sin vergüenza, descubrimos que la inmoralidad es la muestra de nuestra propia tragedia.

¿Por qué sentimos vergüenza al estar desnudos?

Porque no nos hemos dado cuenta que por más cosmético que le pongamos, seguimos siendo humanos, con defectos y cualidades, con amoríos y odios, con logros y fracasos, y bajo nuestras ropas, descubrimos la desnudez de nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestro ser.

¿Por qué sentimos vergüenza al estar desnudos?

Porque no nos hemos dado cuenta que al morir, regresaremos a la desnudez, aunque quieran vestir nuestros cuerpos.

© David Alberto Muñoz

 

 

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En ocasiones no era ya necesario hablar, los adjetivos ya no encontraban significado, los substantivos se confundían con los pronombres mientras que los artículos cambiaban de lugar en medio de frases nunca terminadas

La Confesión

Por David Alberto Muñoz

 

Estaba sentado en la mesa de la cocina.  Se miraba cansado, ya algo grande.  Sus cienes eran adornadas por algunas canas.  Humedecía sus labios a cada rato.  Sus ojos estaban clavados en el piso, al igual que una planta forzada a querer adornar sus alrededores.  Respiraba tranquilo, si acaso de cuando en cuando tosía levemente para darse cuenta que todavía permanecía.  A su lado, un café humeante acariciaba su olfato dándole el deseo de seguir viviendo.

Era Don Andrés, padre de Victoria, la muchacha que hace ya muchos años decidió quedarse a cuidar a su padre cuando éste fuera viejo.

—No es justo Vicky.  Debes de salir más.  Sal, vete con tus amigas o con tu novio o con quien tú quieras.  No es justo que estés aquí cuidándome todo el santo día—hablaba Don Andrés con voz ronca de experiencia.

Victoria sólo lo miraba con rostro de lastima. 

—Lo que no me parece justo apá es que usted tenga que pasársela todo el santo día sin nadie que lo ayude.  Yo me acuerdo muy bien lo activo que era. Todo el tiempo trabajando, me acuerdo que siempre jugaba con nosotros.  Mi madre lo quiso mucho.  Hasta el último día de su vida siempre nos dijo, cuiden a su padre, él es un tesoro.

—¡Ah chamaca!  Tonteras de tu madre.  Pásame un cigarro.

La muchacha tomó una cajetilla que estaba sobre la estufa.  Sacó unos cerillos de un cajón y se lo entregó a su padre, quien con rostro de enfado se dispuso a fumar el letal humo.

Victoria se acercó a su padre.  Le acarició  la cabeza que ya casi no tenía pelo.  El viejo simplemente se dejó querer.  Cuando Vicky lo abrazó se derritió literalmente entre sus brazos.  Le pidió el tabaco a su papá y fumó con placer junto a su progenitor.

Ambos permanecieron en silencio por un buen rato.  En ocasiones no era ya necesario hablar, los adjetivos ya no encontraban significado, los substantivos se confundían con los pronombres mientras que los artículos cambiaban de lugar en medio de frases nunca terminadas.

—¿De qué se arrepiente apá?

—¿Cómo?  No te entiendo.

—Me va a decir que no tiene una cosa que le hubiera gustado hacer.  Ya no soy una niña apá, ya conozco la vida, y a los hombres, me he dado cuenta que muchas veces no hacemos las cosas por temor, o miedo, o yo qué sé.

—¿Tú te arrepientes de algo? —cuestionó Don Andrés.

—Pues la verdad creo que no.  Quizás me hubiera gustado irme a estudiar al otro lado pero fue cuando murió mi amá y no se pudo.  A lo mejor si lo pienso con más cuidado puedo encontrar alguien que me movió el tapete pero la mera verdad, no.  Yo decidí quedarme con usted después de la muerte de mi madre.

Don Andrés la miró con ojos de juicio.  Miles si no es que millones de imágenes llegaron a su mente.  ¿Habría algo de lo cual Andrés Rentería Martinez pudiera haberse arrepentido?

Respiró profundo.  Apagó el cigarro en sus manos.  Se levantó con cierta lentitud y camino hacía la ventana de la sala.  Miró un hombre maduro lavando su carro.  Una mujer ya de edad cortando flores de su jardín.  Una niña jugando en su triciclo, y una pareja de adolescentes muy entretenidos con el cuerpo el uno del otro.

De pronto voltea a ver a su hija y le dice:

—Sí Victoria, si tengo un gran remordimiento.

La muchacha se sorprendió.  No era la primera vez que le había preguntado tal pregunta.   Es más, ya estaba resignada a no escuchar palabra alguna de su padre.  Lo miró con ojos de asombro. 

—De verdad apá, ¿me va a decir qué es lo que le remuerde la conciencia?

—Mira hija, sólo escúchame.  No sé si me vas a poder entender pero ya estoy viejo y las cosas que decimos los viejos a veces pueden no tener importancia para los demás.  Pero no quiero morirme sin decirle a alguien lo que viví, lo que pudo haber pasado y lo que decidí.

Vicky ni siquiera parpadeaba.

—¿Te acuerdas cuando me fui a trabajar al otro lado?

—Claro que me acuerdo apá.  Estuvo fuera de la casa como ocho meses si no es que más.

—Pues en ese tiempo conocí a una mujer.

—¡Y le puso los cuernos a mi amá!

—¿Me vas a escuchar o no?

—Perdón apá.

—Era una mujer muy hermosa...se parecía a la Doña.

—¿A María Feliz?

—Sí, tenía su pelo largo, rizado, sus ojos a mí se me confundían, había días en que los veía verdes y otros negros o café oscuros no sé.  Sus labios eran gruesos y bien formados.  Tenía la mirada profunda, te perturbaba, además no se andaba con juegos, te decía en tu cara lo que pensaba de ti.  Cuando la conocí traía un reboso rojo, igual que el color de su pinta labios, portaba dos aretes de esos grandes, redondos, creo que eran de plata, sus ojos discretamente maquillados, y tenía un lunar de lado izquierdo de su rostro.  Era la misma diva que había visto desde que era yo un niño.

—¿Y qué pasó apá?

—Desde que la vi tuve la impresión de haberla conocido desde siempre.  Sentía que sabía todo de ella, que ella sabía hasta mi más íntimo secreto.  Salimos varías veces, le encantaba cantar, bailar, en fin…

—¿Y se enamoró de ella?

Don Andrés observó la joven figura de su hija.

—No sé muchacha... no fue amor de relación, de pareja…fue como un juego pero no de jugar…no sé si me entiendas…ella me dijo, estoy deseosa de tus caricias,  del ataque de tus labios, de la embestida de tu hombría… ¡Te das cuenta!

—Pues no tenía pelos en la lengua.

—No, era muy alegre, muy arrebatada, muy especial…

Victoria observaba a su padre con sumo cuidado, intentando descubrir que había más allá de sus palabras.

—¿Pero sabes cuándo me desarmó completamente?

—¿Cuándo?

—Cuando me dijo: soy tuya desde que me besaste…

—¡Ah apá!  Esta romántica la historia.  ¿Qué pasó pues?

—Nada, absolutamente nada.

—¿Cómo que nada?

—Por algún motivo no pudimos vernos.  Cuando quise buscarla, su madre me dijo que había fallecido.

—¡Qué!  No joda apá, no sea mentiroso.

Don Andrés sonrió con cierto remordimiento.

—No hija, no son mentiras, te confieso no fue amor, o a lo mejor si lo fue, pudo haber sido placer o no…la mera verdad no sé…pero cómo hubiera deseado tenerla aunque hubiese sido una sola vez…

—Ay apá…ya le salió lo poeta…—expresó Victoria con una sonrisa en sus labios—pues una cosa sí le prometo, si eso me pasa a mí, yo no voy a dejar pasar la oportunidad.

—Chamaca de porra, ven para acá.

Ambos se abrazaron, descansando el uno en el otro.

Fue la confesión de Don Andrés, ante su hija Victoria.

© David Alberto Muñoz

 

 

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A mí se hace que exagera.  Elenita es buena persona.  Que sea medio liberal pues es normal ¿no cree?  Es de otra generación.

Rutina y separación

Por David Alberto Muñoz

 

Se divorció de él porque no lo quería.  Así de sencillo.  Su mirada fuerte no dejaba ver ningún reproche, ningún sentimiento de coraje, enojo o desprecio.  Simplemente un día se levantó, y decidió separarse  del hombre con el cual había vivido ya más de treinta años.  Todos le preguntaban, ¿por qué Elenita?  Ella casi sin expresión decía porque ya no lo quiero.  ¿No me creen verdad?  Los sentimientos cambian y a veces el mismo amor puede desaparecer.  Aunque en mi caso, nunca lo quise.  Sólo para salir de mi casa me casé, para según yo, evitar la autoridad de mis padres.   Y bueno, salí de Guatemala para entrar a Guatepeor.

En los últimos años ni le gustaba estar con él, en la cama.  Duele decirlo pero llegó a provocarle asco.  ¿Por qué Elenita?  Le preguntaban, pues porque después de tantos años de tener que aguantar a un hombre encima de ti, te enfadas, te molesta, te da asco, respondía con esa voz segura que hasta decían por ahí se le había hecho más varonil.

Era el chisme de toda  la colonia.  La señora Tere del 14 se escandalizó tanto porque ella era muy religiosa, decía que Dios odia el divorcio, que así dice la Biblia, y cuando Elenita empezó a salir con otros hombres pues no la bajaba de puta ya se han de imaginar.  Se juntaba con todas las viejas chismosas nada más para murmurar  e inventarle mentira y media a Elenita.

La maestra pensaba distinto, sí, la que vivía en el 18, era maestra de sicología en la prepa, en el CCH, Colegio de Ciencias y Humanidades, sonaba bonito ¿no?  Pues ella decía que una mujer tiene todo el derecho a separarse de su marido si ya no lo quiere.  Y además, tiene no solamente el derecho legal, sino también el derecho moral de meterse con quien a ella se le antoje. 

En la colonia le decían la mujerzuela liberal, porque siempre andaba ayudando a los chamacos que salían con su domingo siete, como Esthercita, cuando Jaime la embarazó, fue precisamente ella, la maestra, la que habló con los papás y arregló para que tuvieran al niño porque según esto decían ellos lo querían tener.

También hubo vecinos como los de 12 y el 22 que estaban más neutralizados, o más bien, más en medio, ni fu ni fa.  Don Benito siempre decía, no anden de borloteros, mejor ni digan nada, porque más pronto cae un hablador que un cojo.  Y pues sí, tuvo toda la razón, después del divorcio de Elenita, dos parejas más salieron divorciadas, aunque en esos casos todos dicen que los maridos andaban de sinvergüenzas como todos los hombres.   Pero en el caso de Elenita, no, ella lo dijo muy claramente ante todos en la colonia, yo nunca lo quise, por eso me divorcio.

Le hicieron la vida imposible.  Ella se hubiera quedado a vivir en la colonia, estaba contenta, sobre todo después que se fue el susodicho marido.  Pero la gente es bien lenguaraz, le inventaron aventuras al por mayor, hasta con el padrecito Juan, no miento.  Apenas salía de su casa y todos se le quedaban viendo, con una mirada de juicio, querían quemarla literalmente.

Lo curioso fue que al poco rato, Elenita entró en la universidad, mientras todos en la colonia gastaban su tiempo hablando mal de la susodicha, la mujer terminó un titulo universitario, consiguió trabajo con una empresa de las grandes, y logró independizarse totalmente de todos en la colonia.

—A mí se me hace que tuvo que acostarse con todo el profesorado para que le dieran el mentado titulo—hablaba Doña Tere, la sacerdotisa de la cuadra.

—Pero Doña Tere, la misma maestra fue quien le consiguió el puesto, es como asesora sicológica de los empleados—respondía Magda, vecina de ambas por muchos años.

—Pues a mí que no me venga con esas cosas de la maestra  “sicoloca”.  Esos son nada más pretextos para hacer cochinas delante de Dios.  En mis tiempos uno tenía que pagar sus faltas, hoy en día le echan la culpa a todo mundo, a los papás, a los maestros, o incluso a la familia nada más para salirse con la suya y hacer sus sinvergüenzadas.

—No sea así Doña.  ¿A poco usted nunca cometió un error en su juventud?  Además, ella dice que nunca quiso al marido.   No se acuerda lo borracho que era, y que andaba con un montón de movidas.  Todos aquí en la cuadra nos dimos cuenta.  ¿A poco no tenía derecho a rehacer su vida?

—Mira Magda, todos hemos cometido errores, pero esa vieja es una volada, va con el rostro en alto diciéndole a toda la gente lo qué hace, no le importa lo que digan los demás.

—¿Y por qué a usted le importa tanto lo qué diga la demás gente?

—Pues así me enseñaron.  ¿Tú crees que en algún momento dado a mí no me dieron ganas de irme con un amante?  Lo puede hacer pero no lo hice.  ¿Y sabes por qué?   Porque tengo principios, porque no soy ninguna putita que se acuesta con cualquiera.

—¡Ay Doña!  A mí se hace que exagera.  Elenita es buena persona.  Que sea medio liberal pues es normal ¿no cree?  Es de otra generación.

—¡Sí, de la generación maldita!—gritó desesperada la Doña.

***

Elenita se levantaba todos los días a las cinco de la mañana.  Tenía dos hijos, de diez y doce años.  Les daba su desayuno y les preparaba unas tortas para lo hora del recreo.  A prisa, por regla general, tenía que tomar el autobús para llegar hasta la estación del metro,  y de ahí trasbordar líneas para dejar a sus retoños en una escuela privada, donde la maestra, la que vivía en el 18, les había conseguido becas a los dos. 

Cada mañana se tardaba alrededor de una hora en dejar a sus hijos en la escuela y otros cuarenta minutos en llegar a su trabajo. 

Ahí, se enfrentaba a diario con hombres que se creen los grandes conquistadores, y la acosaban no sólo con palabras sino en ciertas ocasiones con gestos y movimientos grotescos.

Trabajaba todo el día, asesoraba no sólo a los empleados, había creado un grupo de mujeres para hacerles saber que era el acoso sexual.  A las seis de la tarde salía corriendo nuevamente para tomar un cocodrilo, y llegar a la escuela de sus hijos.  Los levantaba y se iban nuevamente al metro para alrededor de las 8:30pm, llegar a su hogar, si bien les iba.

Entonces, preparaba la cena, bañaba a los niños, se encargaba que hicieran la tarea, los ponía a dormir, y una vez que se encontraba ya sola, trabajaba en los proyectos que le habían asignado en su trabajo.

Si llegaban las doce de la noche y se iba a dormir era por mucha suerte.  Por regla general lograba cobrar el sueño a eso de las 2 de la mañana.  Para al siguiente día repetir, sin incluir lo que hacía el fin de semana, lavar, limpiar y llevar a los niños a ver una película o de compras a Aurrera.    

Y es precisamente por todo esto, que cada vez que podía, hacía con su cuerpo lo que le daba la regalada gana, sin importarle el qué dirán, no me mantienen, no me ayudan en nada, lo que hago es cuestión mía y se acabó.  Si me meto con alguien a nadie le importa, si es más joven que yo es asunto mío, si es un viejito mejor cállense, ¿o les debo algo?

—¡Váyanse a la chingada con sus santidades y sus buenos deseos de moral!

Entonaba aquella mujer su cántico humano, en medio de juicios, miradas e hipócritas conclusiones.

Si, era Elenita, siguiendo la rutina de su separación.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Volteó para ver lo que siempre había visto, una mujer madura con ganas de conversar.  Un hombre cansado deseoso de hablar.  Un joven confuso anhelando platicar con su papá.

Errores

Por David Alberto Muñoz

 

Ya tenía varias horas en aquel bar que se le figuraba ser de una película de Hollywood.  Todas las botellas estaban curiosamente acomodadas.  Había un gran espejo de fondo.  Todo estaba brillando, pulcro, limpio, que de pronto se preguntaba: ¿por qué casi no hay gente?  

Volteó a su alrededor para ver dos o tres gatitos refugiados en una noche de viernes, solitarios, con sus tristezas y dolores, sus pobres orgullos y descuellos, con sus supuestas alegrías e insatisfacciones.

La mesera era una joven muchacha.  Blanca de piel con pelo rojo, aún en la oscuridad se podían ver las pecas que adornaban su rostro.  Su pelo largo y rizado recogido en una cola de caballo adornaba aquel semblante lleno de un indiscreto entorno.  Se le antojó como que interfería demasiado en su trabajo.  Pueden meterse sus pelos en los tragos y causar problemas. 

Hablaba con bastante articulación.  Se le hizo raro.  Hoy en día los jóvenes no articulan, hablan a lo bestia, sin ninguna enunciación. Además, la muchacha de no más de 25 años sonreía, tenía carisma, lograba que te sintieras bien.

—¿Qué le sirvo joven?

Con esas palabras se lo ganó.

—Gracias por lo de joven.

Ella se río con cierta complacencia.

Él, intentó aquella ya antigua costumbre de capotear frente a la doncella para ver si la dama caía.  Cuestión a lo cual, la chica pareció no percatarse o simplemente no estar interesada.

—¿Qué se le antoja señor?

“Ya me bajaron de joven a señor, y me mandaron a la reverenda chingada”.  Pensó

—Tráeme un coñac. 

—¿En las rocas?

“No chamaca pendeja.  El coñac no se enfría, se calienta para darle ese sabor que sólo los dioses merecen”.  Gritó para sí mismo.

—No, dámelo derecho con un vaso de agua a un lado.

Ella lo miró con ojos de asombro y se retiró no sin antes sonreír una vez más.

Su mirada se perdió nuevamente en el bar.  Algunas personas llegaban.  El típico hombre solitario, que aparece con una confianza increíble teniendo la conciencia que todos lo miran, pero a los dos minutos se desvanece su seguridad para verse reflejado en el espejo de frente toda la noche siendo amamantado por su soledad. 

La mujer súper maquillada, que se sienta en la barra con la actitud  de no desperdicies mi tiempo, si no logras llamar mi atención en tres segundos, vete mucho a la chingada; ella, ya con algunos años de más pero con cuerpo delgado, siempre consigue platicar con alguien que la pagará la cena y la bebida, para luego despedirse con un beso y nada más. 

Los tres varones jóvenes que andan de parranda pero no saben adónde ir, y terminaron en aquella barra cuyo nombre ya nadie recordaba, entre bromas repetidas y maldiciones, entre albures y groserías mal pronunciadas, entre miradas perdidas y alcoholes derretidos en sus cabezas.

La pareja celebrando su aniversario, con las risotadas de la señora a la que ya se subieron las copas, y de pronto, empieza a confesar quién es, dónde vive, qué hace, cuánto dinero tiene, a garganta abierta,  mientras la mirada del varón no puede evitar ver a la hembra guapa sentada frente él, con la pierna cruzada, con un escote sin pudor, fumando un cigarrillo de esos largos y con boquilla, escupiendo de cuando en cuando sus encantos.

—Aquí tiene señor.

Aquella acción lo sacudió. 

Lo trajo a la realidad de un viernes por la noche en una de tantas urbes contemporáneas, nadando en medio de cocodrilos, tiburones y mantarayas.

Le sirvieron sus coñac en una copa de Martini.  Venía helado.  Alzó los ojos como para reclamar pero de pronto se detuvo, qué más da, mientras sepa bien a lo mejor me gusta más frío.

Tomó la copa y bebió de la misma. 

Aquel sabor lo hizo pensar en su vida. 

“Ésta es una bebida de dioses”.  Se dijo.

Ya no deseaba seguir cometiendo los mismos errores, las mismas faltas ya lo enfadaban, pero no sabía qué hacer.  Siempre terminaba en el mismo bar, todos los viernes a la misma hora y en el mismo lugar.  Tal vez era muy rutinario, tal vez quedó atrapado en el tiempo y no se dio cuenta que envejeció.  A lo mejor todo es falso y nada importa, o a lo mejor todo importa y no hay falsedad.  Puede que esté enviciado del placer, o quizás ese vicio es el mismo deseo de vivir…

—¿Me puedo sentar?

Volteó para ver lo que siempre había visto, una mujer madura con ganas de conversar.  Un hombre cansado deseoso de hablar.  Un joven confuso anhelando platicar con su papá.  Una muchachita caliente en espera de la experiencia del hombre vivido.  Un ser intoxicado en toda su necesidad.

Y fue cuando se dio cuenta…sí…se dio cuenta…siempre caigo…

—¿Recuerda al maestro José Alfredo Jimenez?

—¡Cómo no!  ¿Quién no conoce sus canciones?

—Pues creo que como dice una de sus canciones…siempre caigo en los mismos errores…

Pidieron una botella más…hablaron de todo menos de sus intimidades…no mencionaron sus amores y fracasos…sus deseos o inapetencias, sus perezas o apremios, y así, maldiciendo sus raras existencias, recordaron todas sus molestias, todos esos sentimientos de desconcierto que son parte de la vida, todo esa mierda que todos probamos, y escondemos con muchas máscaras, para al final de cuentas darnos cuenta que estamos vimos, y lo único que podemos hacer es vivir…

Se levantó al final de la noche, pidió un taxi, y se fue a su casa sabiendo que ya no puede seguir cometiendo los mismos errores.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Pasamos un rato muy a meno, platicando nuestras últimas experiencias, compartiendo momentos que en ocasiones es difícil vivir, ya que nuevamente la rapidez del mundo moderno no nos presta tiempo para sentarnos simplemente a conversar.

Foto cortesía del autor

 

En tierras tijuanenses

Por David Alberto Muñoz

 

Tijuana, B.C., México.-  Despegué desde mi adoptiva ciudad de Phoenix, Arizona, había iniciado mi mentado Spring Break, una semana durante el semestre de primavera que todos los que trabajamos en los medios educativos esperamos con deseos de descansar y adelantar muchos proyectos.  Ambiciones que tal vez son demasiado altas para con la vida moderna, ya que la rapidez, la urgencia que nos presenta el diario vivir actual, bien puede detener no sólo nuestros motivos laborales sino también nuestros deseos sean estos íntimos o no, no importa, la vida no discrimina, nos toca igual al pobre que al rico, al anciano o al joven, al inmigrado o al que permanece en su tierra, al varón o a la hembra, la compleja experiencia humana es como un juego de mesa que todos jugamos, y a veces nos toca ganar, y otras perder, sin embrago, por instantes nuestra existencia bien puede convertirse en una travesura de los dioses o el destino, que arbitrariamente nos mueve, nos hace llorar, reír, enfadarnos, o sosegarnos.   Y pese a todo esto, descubrimos de pronto que la belleza de la existencia humana es precisamente la rara compleja oportunidad de vivir, y sentir qué es lo que realmente significa respirar y estar vivo.

Con este pensamiento medio filosófico manejaba rumbo a Tijuana, Baja California, México.  Había recibido la atenta invitación de Ana Karina Balderrábano, actual dirigente de literatura en la CEART Tijuana.  Además, había conseguido que mi amiga y compañera poeta, Olga Gutiérrez García presentara la obra. 

LLEGADA

Al llegar a la ciudad de Tijuana, muchos recuerdos vinieron a mi mente; viví en susodicha ciudad hace ya muchos años, durante mis mocedades.  Tendría yo alrededor de 22 o 23 años, y bien recuerdo que todos los fines de semana mis amigos y yo nos íbamos a las quinceañeras, o en momentos de atrevimiento nos pasábamos a dar una vuelta por la conocida Avenida Revolución.

En esta ocasión la ciudad se me figuró ser un ente urbano moderno, la sentí  fresca, joven, con un potencial que ha permanecido pese a que hace ya algunos años, la metrópoli enfrentó dificultad con el crimen organizado.

Seguí quizás por instinto una de las arterias principales de la ciudad que me llevó a una avenida dividida por varias glorietas, las que más me llamaron la atención fue la glorieta de Lincoln, al mirarlo frente a mí casi haciendo una caravana no pude evitar el preguntarme qué hacía el mentado señor en TJ. 

 

Más adelante, me encontré con la estatua de Cuauhtémoc, se me hizo más normal pero no debo de olvidar que ya por muchos años, Tijuana ha sido influenciada por el lado estadunidense de la frontera, San Diego, California, que también es suelo conocido, ya que asistí a la escuela preparatoria o High School del lado del tío Sam.

Intenté encontrar las señas del lugar donde iba a estar hospedado pero de pronto me sentí como cualquier turista, en una ciudad que según yo conocía pero que de pronto se me hacía totalmente ajena. 

Tomé mi teléfono celular para darme cuenta que no servía.  Me lleva la que me trajo.  Decidí meterme en un Sanborns para hablarle a mi anfitriona, y después de haber tenido que comprar una tarjeta telefónica de 30 pesos, y descubrir que no servía, y más aún, escuchar al jovencito vendedor decirme:

—Esa ya no es culpa mía Señor.

Total, estuvimos jugando a las escondidas por casi 20 minutos, yo dando vueltas como loco en la glorieta de Cuauhtémoc y mi anfitriona, buscándome dentro del centro comercial donde después descubrimos había dos Sanborns.

POR FIN NOS ENCONTRAMOS

Finalmente descubrimos donde estaba el uno y el otro.  De inmediato Karina me dice, sígueme, faltan 20 minutos para que empiece la entrevista, pues adelante.   El manejar en México es otra experiencia totalmente diferente al deambular en un automóvil en el lado norte de la frontera.  Reina el desorden, los carros se te meten aunque no haya carril, la policía detiene a quien ellos piensas podrán sacarle mordida, no necesariamente a quien comete una infracción de tránsito.  Me pegue al carro de Karina como chicle, no podía quedarme atrás y perderme, me dio gusta el darme cuenta que todavía me queda algo de chilango.

Finalmente, llegamos a la estación que resultó ser una estación no sólo de radio sino de televisión.  Me hubieran dicho para maquillarme.  A los pocos minutos me ponen el micrófono y me pasan a la sala de filmación y realizan una muy buena entrevista.

HORA DE COMER

Recibimos una llamada de Olga Gutiérrez García que nos invitaba a comer antes de la presentación.  Sin la menor demora partimos hacía el restaurante Fonda de la 20, donde se sirve comida regia, y vimos a la poeta, escritora, y además colaboradora de Peregrinos y su letras, Olga, que entre paréntesis parece tener un parentesco con enriKeta luissi, pero eso ya es otra historia.

Pasamos un rato muy a meno, platicando nuestras últimas experiencias, compartiendo momentos que en ocasiones es difícil vivir, ya que nuevamente la rapidez del mundo moderno no nos presta tiempo para sentarnos simplemente a conversar.  Se nos unió también la compañera poeta Sharon Vázquez, y en medio de un brindis con coñac nos dispusimos a dirigimos al lugar citado para presentar nuestro trabajo.

PRESENTACIÓN

Frente a un grupo selecto que incluyó amigos de ya varios años como Mónica Morales Rocha, Oralia Rodriguez, y el periodista del semanario  ZETA de Tijuana, Enrique Mendoza entre otros, se presentó nuestra última aventura literaria.

Gutiérrez García nos habló de la forma en la cual las telarañas se entretejían igual que la vida diaria.  De cómo los personajes eran reales y bien trabajados, de la forma en la cual cada uno de nosotros debemos vernos reflejados de alguna manera en este libro, y además hizo alusión, a que al final del libro en el cuento “Las putas y el mar”, Muñoz termina con una poesía.

Decidimos leer juntos, y gustó bastante la lectura de “Me case con un pelado”, donde ella hizo el papel de padre, y Muñoz el de la mujer confesándose.  Además leímos juntos, los “Diálogos fronterizos”, que son pequeños monólogos que van desde el inmigrante común y corriente, hasta el anglo sajón, pasando por los dreamers, y la gente vieja que ya no sabría qué hacer si la deportaran. 

El publicó cuestionó sobre el concepto de las telarañas, cuestión a la que Muñoz expresó que una telaraña es hermosa, en ocasiones el insecto se tarda gran parte de su vida construyendo su hogar, y de la misma manera en que costó tanto trabajo hacerla, se puede destruir en un instante.  Así parece ser la vida misma, tardamos años en lograr tener o hacer nuestras cosas, y todo se nos puede ir de las manos en unos segundos.  Así es la vida humana, arbitraria, sin sentido, absurda en ciertas ocasiones pero a la misma vez, bella y hermosa.

TERMINÓ (BUENO, A MEDIAS)

Se tuvo el vino de honor, se tomaron las fotos necesarias, se subieron al mentado Facebook, y terminó la noche en un ambiente literario, de reto intelectual, y sobre todo, de amistad,  para que todos los que tenemos la oportunidad de escribir, continuémoslo haciendo.

Le pregunté a Karina si había otros planes, me informó que debido a ser media semana no se había planeado nada, porque al siguiente día la mayoría de la gente tenía que trabajar.

Nos despedimos con besos y abrazos agradeciendo la presencia de todos…

Bueno, eso fue casi todo, mi compañero anfitrión de la vida nocturna y yo, nos fuimos a hacer el recorrido de a huevo, por la vida de noche de la ciudad.  Caminamos por la mentada Revolución, fuimos a varios bares locales, atravesamos por la famosa Coahuila donde enfrente de los burdeles había bandas norteñas tocando a todo volumen.  Pensé en tomar fotos pero no me atreví, me iba a ver como un pinche turista con su camarita tomando fotos de un fenómeno muy particular, pero en fin, recorrimos la vida nocturna de Tijuana para terminar comiéndonos unos tacos en El Taconazo.

Al siguiente día la cosa continuó…pero eso ya es cosa familiar y no quiero enfadarlos con detalles de familia.

TJ, hasta la próxima.

© David Alberto Muñoz

 

 

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CONOCIMIENTO

Por David Alberto Muñoz

 

Estaba sentado en medio de estudiantes.  

Me sentía invisible. 

Todos se miraban muy niños.

Escuché sus palabras.

“He is very good but hard.”

“I don’t think he understand young people.”

“I’m sorry he can be an ass.”

—A lo mejor, sabe demasiado y ya se perdió en el conocimiento.

Eso me gustaría pensar.

Me levanté y fui a saludar a la profesora.

Estaba haciendo una evaluación.

Y mi propio conocimiento me cuestionó.

“He only knows he knows nothing at all.”

Chingada… a la hora de la hora el mismo conocimiento también vale madre…

Sí… el conocimiento…

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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¿Qué hay entonces de la libertad de religión que fue precisamente el motivo por el cual los “peregrinos” vinieron primero a estas tierras?

SB 1062

Por David Alberto Muñoz

 

Phoenix, Arizona.- El homosexualismo no es nada nuevo.  Desde que el ser humano surgió dentro del planeta tierra, este tipo de comportamiento ha sido en muchas culturas aceptado, incluso alentado, en otras condenado, y en algunas, alabado como una muestra de la diversidad humana que llega incluso al área sexual.

Existen infinidad de estudios sobre no sólo la homosexualidad, también el lesbianismo, el bisexualismo, y recientemente el transgénero, que es un reciente fenómeno humano que ha salido del closet.

Lo que está sucediendo en el estado de Arizona parece el capítulo o un acto de una obra del teatro de lo absurdo, a la forma de Eugène Ionesco, Martín Esslin, Samuel Becket, Alejandro Jodorowsky, por mencionar sólo algunos.   

La base del argumento es que cualquier individuo tiene derecho a negar servicios a personas gays basado en sus creencias religiosas.

Está bien, eso quiere decir que si mis creencias religiosas apoyan el no darle servicios a los cristianos por ser yo musulmán, eso está bien.  O si de alguna manera, mis principios morales consideran a una persona negra no estar a la altura de mis creencias, puedo hacer lo mismo.  Es más, por qué no incluimos a todas las minorías, a las mujeres, a los retrasados mentales, a las personas que no sepan leer ni escribir, siempre y cuando el principio se establezca en las doctrinas de una religión.

En este caso el verdadero punto no es, si uno está o no de acuerdo con el estilo de vida homosexual.  La humanidad entera al menos en el oeste, ha debatido la idea por siglos y siglos.  La cuestión en el caso actual, es el ver que la mayoría de los que apoyan la ley SB 1062 son gente conservadora de religión cristiana. 

Yo pregunto: ¿Qué acaso no la Biblia enseña a amar al prójimo?  ¿No nos instruye la Biblia para ayudar al llamado “pecador”?  ¿No fue el mismo Jesús de Nazaret el que nos dio muestras de amor para con las prostitutas, los bebedores y los “pecadores” en general?  ¿Qué la Biblia no dice “vence con el bien el mal”, o pon la otra mejilla?

La intención de mis palabras es hacer la afirmación que esta ley promueve la discriminación diciendo: los que no estén de acuerdo conmigo, no les vamos a dar servicios, no hospedaje, no alimentación, no fotografías etc.

¿Qué hay entonces de la libertad de religión que fue precisamente el motivo por el cual los “peregrinos” vinieron primero a estas tierras?

Un principio básico de los Estados Unidos de América es la separación de la iglesia y del estado.  El estado no tiene ningún derecho a decirnos qué debemos creer, qué religión debemos de seguir, o qué línea ideológica debemos defender.  Y si queremos esta libertad ¿cómo podemos exigir que el estado nos permita discriminar con aquellos individuos que no “son como nosotros”? 

Recuerdo el diálogo entre Doña Florinda y su hijo Kiko, en el ya icónico programa mexicano El chavo.

—¡Vámonos tesoro, no te juntes con esta chusma!

—¡Chusma, chusma!

Raras veces expreso mis posiciones sobre todo en cuestiones políticas, pero en esta ocasión es ridículo lo que quieren hacer.  Algunos senadores que votaron por la medida ya se han retractado. 

Todos conocemos a una persona gay, muchas veces pueden ser nuestros amigos, es posible que en nuestras familias tengamos uno.  Como dijo alguna vez en un cuento mi amigo el escritor, Roberto Manzo Robledo:

—¡En todas las familias hay un joto porque si no algo anda mal con la familia!

Vivimos en el siglo XXI, tenemos muchos retos, problemas y complejas condiciones por resolver.  ¿Por qué perdemos el tiempo regresando a los años 50 dónde no permitíamos que los negros se sentaran en los mismos lugares que las blancos?  ¿Por qué regresamos a los años 20 cuando no se le daba derecho a la mujer de votar?  ¿Por qué nos entercamos en regresar a la era de negarle los derechos civiles a la gente basados en nuestras creencias, principios o religiones personales?

Ojalá lo pensemos mejor, porque si no, ya nos llevó la reverenda chingada.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

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Es como nosotros vs ellos, o síganme los buenos

¿Dónde está el amor?

Por David Alberto Muñoz

 

—¿Oye?

—¿Dime?

—¿Qué vas hacer para celebrar el día del amor?

—Pues la mera verdad nada.

—¿Cómo de qué nada?

—¿Para qué?  No tiene caso.

—¿No has escuchado que Dios es amor?

—Sí, la religión dice que Dios es amor.

—No es la religión, es Dios mismo.

—¡AY!  A veces me cuesta trabajo entender eso.

—¿Por qué? 

—Pues yo pregunto: ¿Dónde está el pinche amor del mentado Dios?   Porque es un dios muy enojón que si no haces lo que él quiere te manda al infierno.

—Lo que pasa es que tú no entiendes.  Y por favor no uses esas palabras disonantes.

—¡No seas mamón!  ¿No dicen que Dios da oportunidad?  Que Dios no obliga a nadie.  No hablan de no juzgar para no ser juzgados.

—Pues claro.  ¿Qué más quieres?  Dios te está regalando la salvación en bandeja de plata.

—Tampoco, tampoco, se la pasan diciendo que aquí en este mundo hay que sufrir para heredar la vida eterna.  ¿Oh no?  Hay que tomar la cruz de cada día, y sufrir, sufrir y sufrir, sólo así ganaremos la vida eterna.  No nos hagamos pendejos.  Si no confiesas con tu boca que Jesús es el señor quedarás condenado por toda la eternidad a vivir en fuego eterno.  ¡AH!  Pero eso sí, Dios te ama.

—No, la cosa no es así y tú lo sabes.

—Pero ese es el mensaje que han estado predicando por siglos y siglos.  Es como nosotros vs ellos, o síganme los buenos.  Discúlpame, pero si realmente existe un Dios, yo no creo que sea tan gacho.  Esa es una mentalidad cerrada, un discurso exclusivista, el mundo dónde vivimos es muy diverso carnal.  Si realmente Dios es amor, él o ella o lo que sea no nos va a juzgar por no estar de acuerdo con él.  Dime una cosa.

—¿Qué?

—¿Estás 100% de acuerdo con tus padres?

—No pos no, hay cosas en las que no.

—¿Qué tal tu mujer?

—¡Menos!

—Y el hecho de que no estés de acuerdo con ellos no quiere decir que no los quieras, que no sientas un verdadero amor por ellos.  ¿O no?  ¿O los vas a condenar simplemente por no estar de acuerdo contigo?

—¡Pues no pero…! 

—Ahí está el asunto.

—¡Mía es la venganza dice el señor!  ¡Él te castigará por tus palabras!  ¡Pagarás con tu alma el haber blasfemado en contra de Dios!

—No San Pablito apóstol de yo estoy bien y tú estás mal; hay que ser realistas, honestos, la cosa no es así.  ¿Es más, sabes qué?

—¿Qué?

—I rest my case, sí, lo repito, I rest my case, precisamente hoy, cuando se celebra el día del amor.  El amor es dar sin esperar nada a cambio.... ¿Si me entiendes?  Dar... sin esperar nada a cambio.  Ese amor del que me estás hablando es muy egoísta.  I rest my case.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

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Aquella mañana me di cuenta... Y fue cuando recibí esa llamada que perturbó mi existencia.

La llamada

Por David Alberto Muñoz

 

Recibí una llamada en medio de una junta de la mesa directiva. Por momentos no recuerdo con claridad cuál fue realmente mi reacción. Todo se me confundió en el cerebro. Las locas propuestas hechas por Pulido, la voz de ratón de Nora, quien por un extraño motivo, conforme la junta continuaba, seguía subiéndose la falda más y más, y además, se le pegaba demasiado al Lic. Allende. Cómo olvidar los ojos de Mariano, estaban literalmente dormidos; el Ing. Anaya observaba sus propios planos con demasiada insistencia, mientras que yo, recibo una llamada de la escuela de mi hijo que me dice:

—¿Sr. Acosta?

—Para servirle.

—Su hijo se acaba de pelear con otro estudiante. Necesita usted venir de inmediato a recogerlo. Está en la dirección y el director de la escuela necesita hablar con usted lo antes posible.

No recuerdo con certeza que fue lo qué dije. Balbuceé algunas palabras intentando tener una clara imagen de lo que había sucedido. Mi secretaria me tomó la mano con mucha simpatía, y a la usanza femenina, la acercó a su pecho, mientras que yo, al igual que siempre, reaccionaba con un muy masculino retardo ante esos gestos de cariño.

Nora por su parte, se levantó abriéndose de piernas para que yo pudiera ver su ropa intima, que por cierto era de color perla. Nunca entenderé a las mujeres, quieren atención, desean ser el centro de la vida misma, y cuando uno las busca, te rechazan.

Pulido nada más hizo cara de molesto y se salió al balcón a fumar un cigarro mentolado, de esos que son muy populares en México, solamente porque los hacen en el otro lado de la frontera.

—Necesita ayuda Sr. Acosta—habló finalmente Mariano con mucha educación.

—No—respondí—Disculpen ustedes, pero tengo que retirarme.

Salí de mi oficina como alma que se la lleva el diablo. Mi hijo, sí, mi hijo se había peleado en la escuela. ¿No es posible? Él es un niño bien educado. Cuántas veces no le había dicho a su madre que quizás lo estamos sobreprotegiendo, pero que ¿él se vaya a los golpes? No, eso no lo puedo entender.

Atravesé por el circuito interior de Río San Joaquín rumbo al teatro Ofelia.  Recuerdo muy bien que precisamente ahí, estaba ya hace muchos años la Glorieta de Los Hongos. Decían las malas lenguas que tenías que tener cuidado si no podrías pasar el resto de la eternidad dando vueltas como menso.

Pude ver a la distancia la cervecería Cuauhtémoc que está precisamente detrás de la escuela de mi hijo. Hace ya muchos años, la escuela tenía un inmenso terreno. Ahora ya nada más están como carne de sándwich entre el VIPS y los campos de fútbol de la cervecería.

Ahí asistí yo a mi escuela primaria y secundaria. Ahora es simplemente un colegio más entre tantos que hay, el Colegio Alarcón.

Llegué finalmente al citado lugar y me pasaron de inmediato a la oficina del director; yo esperaba encontrar un señor mal encarado con bigote y peluquín, como lo fue el director Castillo, que estuvo en la escuela mientras yo era estudiante. Sin embargo, quien resultó ser la máxima autoridad dentro del colegio fue una atractiva mujer de aproximadamente cuarenta años de edad. Tenía un cuerpo bien formado, se miraba firme; su piel era morena clara, y sus ojos eran verde oscuros; estaba peinada hacia atrás, con cola de caballo.  Se llamaba Teresa Fonseca.

—Sra. directora, mil disculpas. ¿Qué pasó? —hablé casi con desesperación.

—Si me hace usted el favor—respondió aquella mujer, con voz pausada y segura—Señorita Directora.

De cuando acá nos volvimos tan sensitivos. Recuerdo que al menos a mí, me enseñaron que una señorita era alguien que era virgen. En aquel momento no pensé que la susodicha señorita Fonseca fuese un alma pura de Dios. Si lo sabré yo.

—Usted perdone señorita Fonseca—ella permanecía con su pierna cruzada y su vestido levantado a una altura decente de acuerdo con los patrones de mi cultura, pero sin dejar ese sentimiento de provocación, arma que utiliza la mujer en contra o a favor del varón.

—Pudiera usted decirme qué fue exactamente lo que sucedió. Su secretaria solamente me dijo que mi hijo se había peleado con otro estudiante debido a un intercambio de palabras.

—¿Amparo? Hágame el favor de traer al estudiante Acosta.

—Enseguida señorita directora.

Me observaba con extrema curiosidad. Sus ojos iban desde la punta de mi cabeza hasta el suelo que pisaban mis zapatos, los cuales ese día no había boleado por tanta prisa que había tendido la semana anterior.

Me dio vergüenza.

Aquella mujer no se movía. Al contrario, deslizaba su cuerpo no necesariamente coqueteándome, sino más bien retándome, haciéndome ver que ella, no era como las mujeres comunes y corrientes.

Al menos eso fue lo que atravesó mi mente.

—¡Papá! —gritó mi hijo al verme. Se lanzó a mis brazos y comenzó a llorar.

—¿Qué pasó Javier?

—Papá, es que me colmaron la paciencia. Ya no aguanto tanta carrilla.

Volteé a ver a la señorita Fonseca, y con los ojos le demandé una explicación.

—Sr. Acosta, su hijo le rompió la nariz a otro estudiante. Además, intentó patear a dos maestros que querían detener el pleito, y por si fuera poco, aventó a mi secretaria en el piso… ¡Yo sé que Javier no es un mal muchacho, pero nunca lo había visto tan enojado!… Si esto vuelve a pasar, no tendremos más remedio que expulsarlo de la escuela.

Por un momento me quedé atónito. No sabía que decir. Javier siempre había sido un buen niño. Con sus cosas como todos, pero no con la capacidad de hacer lo que me estaban diciendo.

—¿Javier? ¿Es cierto lo qué me dice la señorita directora?

—Sí papá, pero es que ya me colmaron la paciencia. Todo el tiempo me dicen que soy un maricón, que nada más soy un niño de papi, que mi madre es una cualquiera, que mi papá es un hijo de la ching...

—¡Javier!—gritó fuertemente la señorita Fonseca—¡Ese lenguaje no es aceptado aquí!  Si tus padres te permiten usarlo, allá ellos.

Ambos nos miramos con ojos de cautela.

—Yo me encargaré de este asunto señorita Fonseca. Deme nada más algunos días y Javier regresará como siempre ha sido, un buen muchacho.

Salimos de aquel lugar con la cabeza medio alta. Creo que el orgullo nos levantó a los dos. Al ir viajando en el automóvil, el silencio se convirtió en nuestro amante. No sabía qué decirle. Las palabras se perdían en mis labios y no lograba emanar ningún vocablo que tuviese sentido.

De repente, él comenzó a decirme la forma en la cual todos en la escuela lo trataban. Con coraje, con saña, como deseando hacerlo a un lado. Me platicó de Arturo, el muchacho al cual nadie le ganaba a los golpes; él siempre se salía con la suya; le robaba la torta o se bebía su refresco sin siquiera preguntarle. Además, estaba el Sobrino, que le gustaba constantemente agarrarle las nalgas a Yolanda para después echarle la culpa a Javier.  Sin poder faltar la maestra Pérez, mujer representante del estereotipo de la típica maestra de mediados de siglo XX. Que en cierta ocasión, no le había permitido ir al baño a Javier, y él, se había visto forzado a orinarse en el pantalón.

No recuerdo con certeza qué fue lo que hice. Mis movimientos quedaron perdidos entre las sábanas de una realidad que ya no conocía y una fantasía que me seducía.  Sólo Dios sabe cuánto tiempo pasó.  Fue como el estar perdido en un laberinto inmenso intentando salir sin saber exactamente cómo.

Aquella mañana me di cuenta que era padre. Ese niño era mi hijo, me necesitaba, corrió de inmediato a verme, soltó toda su frustración sobre mí.  Ese día me di cuenta que ya no estaba solo, Javier era mi hijo.

Y fue precisamente cuando recibí esa llamada que perturbó mi existencia… que me di cuenta que era padre de otro ser humano.

Intente ayudar de la mejor manera. Eso es todo lo que podemos hacer los padres, ¿no? ¿Tratar de ayudar?

No sé… Aquel día recibí una llamada… Y mi vida no ha sido la misma desde entonces…

Javier es mi hijo, y necesita mi ayuda.

Aquella llamada cambió mi vida.

Me di cuenta de que era padre...

 

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

 

***

Los ojos de Nachito de pronto saltaron... Sintió ganas de llorar.

Nachito

Por David Alberto Muñoz

 

Nachito estaba bastante asustado.

Se había escondido detrás de la puerta que daba a la recamara de sus padres.

Éstos, sólo discutían como si fuera el fin del mundo.

—Mira Elena, me tienes que escuchar.

—Estás loco Ignacio, ¿a quién se le ocurre semejante locura?  Hay que decir las cosas como son.

—Pues es precisamente lo que he estado tratando desde hace más de media hora pero tú te niegas a escucharme.

Nachito escuchaba con mucho miedo.  No estaba seguro qué sucedía.  No era nada nuevo que sus padres discutieran pero en esa ocasión, las cosas habían llegado a más.  Lo podía sentir.  El estómago le temblaba. 

—¿Qué pudo haber sido? —pensaba— A lo mejor mi papá gastó mucho dinero con sus amigos, o llegó borracho, o tal vez mi mamá está enojada porque casi nunca la saca a comer, o al cine, o a bailar.  Hace rato que no le compra ropa.  ¿Por qué chingados están peleando?  No me gusta que peleen.

—¡No Ignacio, no tienes madre!

—Con mi madrecita no te metas.

—¡Con tu madre, tu abuela y tu tía!

Elena de pronto perdió el control.  La única forma de reaccionar ante aquel difícil momento fue el llorar, intentando contener sus lágrimas.

Ignacio la vio con ojos de ternura, sintió compasión por su mujer.

—Discúlpame Elena, no era esta mi intención.

—No claro, sólo querías pasar un momento a toda madre ¿no?  Fue sólo un instante de placer.  No fue nada, ¿verdad?

Ella se levantó con su propio orgullo y caminó hacia la sala.  Nachito ni siquiera se movió.  Ni ella ni él se percataron de su presencia.

—Escúchame por favor Elena. 

—No trates de burlarte de mí Ignacio, no nací ayer.

—No me estoy burlando mujer.  Al contrario, porque te respeto tanto tengo que decirte lo que siento.

—¿Qué me quieres decir?  ¿Qué estabas caliente y por eso te metiste con esa mujerzuela?

—No Elenita, las cosas no son así.

Los ojos de Nachito de pronto saltaron.  Ese era el problema, su padre le había sido infiel a su mamá. 

Sintió ganas de llorar.

Ignacio siguió a Elena hasta la sala.  Sacó un cigarro.  Le ofreció uno a Elena quien lo tomó, y esperó que su marido lo encendiera para luego sentarse en uno de los sillones e intentar discernir qué estaba pasando.

—¿Desde hace cuánto tiempo? —cuestionó Elena.

—No más de dos semanas.

—¡AH!  Eso es distinto.  Imagínate nada más si me hubieras estado poniendo los cuernos por años y años.

—Me permites hablar—dijo Ignacio con tono paciente.

—Por supuesto, ¿quién soy yo para detenerte?—escupió sarcásticamente Elena.

—Mira Elena, trata de entenderme.

—¿Qué te he hecho cabrón?  ¿Me puedes decir qué hice para que me pagues de esta forma?

Ignacio tomó aire.

—No me has hecho nada, eres una buena mujer, cuidas de Nachito, de los niños, de mí, de nuestro hogar.

—¿Entonces?  ¿Por qué te metiste con esa pinche puta?

—No es una puta Elenita.

—¡Perdón!  ¿Por qué se metió usted con su santidad?

El humo salía de los pulmones de Ignacio.  Se levantó con cierta desesperación.  Movía su cabeza de un lado a otro.  Se podía notar un raro sentimiento de sinceridad en él.

Elena lo observaba con ojos de juicio, por momentos casi de odio.  Deseaba que la tierra se la tragara en ese preciso momento.

—¿Alguna vez te has preguntado por qué sí podemos amar a dos padres en lugar de uno solo?

La pregunta sorprendió a la mujer quien intentaba darle sensualidad a su ente.

—¿Cómo dices?

—¿Qué si alguna vez te has preguntado porque se nos permite amar a dos padres y no a uno solo?  Podemos amar a dos hijos, o más, tenemos más de tres o cuatro amigos a quienes podemos querer sin ningún juicio de la gente.  ¿Por qué se nos juzga cuándo tenemos dos amantes?

Elena no supo cómo reaccionar.  Simplemente lanzó sus brazos al aire y emitió un raro sonido gutural de incredulidad.

—Hablo en serio Elenita. Siempre se nos dice que no debemos de querer más a un hijo que a otro, que debemos de ser ecuánimes en el amor para con nuestros padres.  ¿O no? ¿Cuánta familia tenemos?  Primos, hermanos, tíos, sobrinos y yo qué sé.  ¿Dime si no es cierto?  Pero cuando tenemos la osadía de ser honestos, y decir que tenemos dos amantes el mundo se nos viene encima… Yo entiendo, es lo que se nos ha enseñado por siglos.  Todos somos egoístas, queremos todo para nosotros, los demás que se vayan a la chingada.  Pero cuando una persona provoca un sentimiento de amor en ti, no puedes rechazarlo.  ¿O sí?  No sé si me entiendas pero eso es lo que me pasó… amó a dos mujeres con todo mi corazón… ¿Qué?  ¿Estoy loco?  ¡Dime!  Es la verdad… ¿entiendes?

Elena miraba directamente a Ignacio a los ojos, con una total desilusión, no podía entender, tal vez no quería entender, lo único que ella sabía era que su marido le había sido infiel.

—¡Mamá! ¿Qué pasa? —saltó de las sombras Nachito para abrazar a su madre con mucha fuerza.

—Nada mi amor… no pasa nada.

***

Desde aquel día nunca volví a ver a mi padre.  Mi madre nos llevó a mis hermanos y a mí a otra ciudad.  Salimos como huyendo, escapando de un no sé qué.  Mi madre nunca habló de la razón, jamás nos dijo nada.  Ya de grande pienso con frecuencia sobre qué pasó realmente ese día.  Yo sí le creí a mi papá.  Pero mi madre no.  Lo he buscado pero nadie sabe qué pasó con él.  A lo mejor se fue con su otra amante.  A lo mejor huyó de sí mismo, a lo mejor cayó prisionero de sus propias perspectivas, o tal vez, simplemente murió en su propia sinceridad… creo que jamás lo sabré… Lo que sí sé es que desde aquel día quedó una duda en mi mente… ¿se puede amar a dos personas al mismo tiempo?  ¿O tal vez es puro cuento cómo pensó siempre mi madre?  No sé… pero la verdad, prefiero no saber…

Nachito

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Ambos suspiraron, y regresaron a trabajar

Domingo y Nicolás

Por David Albertto Muñoz

 

—¿Qué te pasa Domingo?  Estás muy pensativo.  ¿Qué tienes?

—Pues estoy pensando.

—¿En qué?

—No sé… en la vida, en tantas injusticias que se ven.

—¡Dirás en la inmortalidad del cangrejo!  Mejor ponte a trabajar en lugar de estar ahí sentado con la cara de idiota dizque pensando.

—¡Ay Nicolás!  Tú no me entiendes.

—¿Qué quieres que entienda?  No sé si te has dado cuenta pero en este mundo se necesita trabajar si quieres comer.  Una cosa es que de vez en cuando te pongas a pensar tus pendejadas pero otra muy distinta que te pases todo el día ahí sentándote con tus pinches reflexiones filosóficas.

—No seas así Nicolás.  Estoy hablando en serio.  Los humanos tenemos capacidad de pensamiento, es menester usarlo ¿no crees?

—Mira Domingo, la mera verdad, a veces pienso que el pensar te puede traer más problemas que soluciones.  Acuérdate, cuando tuvimos la huelga de los trabajadores, tú y todo el pinche comité discutiendo que si era aceptable la propuesta del negocio o no, que si las variantes estaban en acuerdo con los datos entregados al comité de huelga por los líderes laborales, que si nuestra decisión requería más coco y no sé qué más chingaderas.  ¿Qué pasó al final de cuentas?   De tanto pensar nos quedamos sin trabajo.

 —Ese no es el punto.

—¿Cuál es el punto entonces?

—Que no debemos de permitir que aquellos que controlan los medios de producción nos dominen con amenazas de perder el empleo.  Somos el pueblo y debemos pelear en contra de la opresión económica.

—¡Ay Domingo!  ¿Y para qué?  Para que al final de cuentas siempre la gente con poder haga lo que se le de la gana.  Tú y yo somos gente trabajadora, y por más pensamientos que atraviesen nuestra mente no dejamos de ser trabajadores.  No tenemos nada de poder.  Somos simplemente una especie de muñecos que por el simple hecho de llevar alimento a nuestra mesa, en ocasiones hacemos hasta lo que nunca imaginamos hacer.   Es la realidad Domingo, ¿por qué no quieres verla?

—Mejor ya cállate.  No me dejas pensar con cuidado.  Tenemos que juntarnos para planear una estrategia razonable.

—¿Razonable?

—¡Sí, razonable!

—Por el amor de Dios, no sabías que el hambre es cabrona.   

—¡Qué te calles te digo!

—Sí Domingo, el hambre es cabrona, al final de cuentas todos tus ideales y sueños de igualdad o grandeza personal valen madre.  ¿Y sabes por qué?  Porque lo que mueve al mundo es la comida, el tener que comer, el poder llevar alimento a tu boca.  ¿Qué pasa cuando la gente se ve sin alimento?  Empiezan a pelear, comienzan a destruirse unos a otros.  Y fue lo que nos pasó a nosotros.  Por andar de pendejos con ideales y mamada y media, de pronto, llegaron unos cabrones igual de hambrientos que nosotros, o tal vez más, e hicieron lo que tenían que hacer para poder comer.

—No seas así Nicolás.  Sin ideales somos como animales, sin pensamiento somos simplemente seres guiados por nuestros instintos.

—No Domingo, no por nuestros instintos, más bien por nuestras necesidades humanas.  Si no comemos, nos morimos, si no trabajamos nos moriremos de hambre.  Discúlpame, pero un pedazo de pan en sus circunstancias vale más que todo tu pinche discurso de ideales y demás.

Ambos suspiraron, y regresaron a trabajar.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Pedigrí

Por David Alberto Muñoz

 

Si no hay café para todos, no habrá para nadie.

Ernesto ‘Che’ Guevara. (1928-1967) Revolucionario argentino.

 

La palabra proviene del latín pedís grus, que significa, “pie de grulla”.   La grulla es un ave zancuda que tiene pico prolongado, alas grandes y redondas que se para sobre un pie cuando se posa.

Actualmente la palabra se utiliza de varias maneras, para denominar la genealogía de un animal o para un documento en el que costa el linaje de algún individuo e incluso, para referirse al “historial criminal” de alguien.  “Daniel tiene pedigrí en robo de autos”.

Lo curioso es darnos cuenta de que nuestro pedigrí emocional se relaciona con cada individuo del mundo. 

—A mí me rompieron el corazón.

—A mí también.

—A mi tía la engañó un macho desgraciado que además le robó todo su dinero.

—A la tía de Joaquín también.

—A Don Gilberto le puso los cuernos su esposa porque no cumplía con su deber de cama.

—A mi primo Margarito le pasó lo mismo.

—Mi abuelo murió porque una noche se levantó y se comió unos frijoles que estaban sobre el refrigerador.

—El mío también pero él comió moronga.

Me pregunto: ¿cuál es la verdadera diferencia entre los seres humanos si todos reímos, lloramos y soñamos?

—El pedigrí compadre, es el pedigrí… porque no todos reaccionamos igual, pero muy probablemente a todos nos pase lo mismo.

© David Alberto Muñoz 

 

 

***

…ya no tene la sangre de la serpiente.

Yasmine

Por David Alberto Muñoz

Nunca te has preguntado ¿qué es el placer?  Desde que tengo uso de razón descubrí que me sentía bien jugando con mi cuerpo; mi madre a veces llegaba a darme unas buenas nalgadas por mañoso, e incluso me llegó a llamar cochino.  La primera vez me asusté.  No estaba seguro de por qué ella reaccionaba de esa forma.  Yo me sentía muy bien.  Fue curioso el darme cuenta que me permitían jugar con todo mi cuerpo, mis manos, mis pies, mi estomago, mis piernas, mis ojos, hasta mis caderas, pero cuando toqué mi sexo de inmediato una voz de sargento me decía:

—¡Ahí no te agarres!

Conforme fui creciendo descubrí que existen muchas otras clases de placeres.  El placer de comer; el saber deleitarse con un exquisito manjar donde el paladar domina tu ser y te lleva a un recóndito lugar donde puedes disfrutar sin pensar absolutamente en nada.  No sé si me explique.  Parece ser que cuando comes toda la sangre se te va al estomago.  De manera que no puedes pensar muy bien.  Te quedas simplemente extasiado disfrutando de una atrancada que te metiste con la mentada comida mientras tu cerebro literalmente deja de funcionar.

¿Nunca has comido romeritos?  ¿O un arroz con lentejas?  ¿O qué tal una sopa de aguacate?   Me acuerdo que mi madre nos preparaba un pozole con tepache que para qué te cuento.  Lo preparaba enjuagando muy bien el maíz, y le quitaba las cabecitas que podían haberle quedado.   Nos decía que de no hacerlo no floreaba.  Después lo ponía a cocer con agua hasta que estaba suave.  Las carnes las preparaba aparte, cocinándolas con cebolla y sal, y cuando estaban ya suaves las partía en trozos.  Los chiles anchos los molía con su agua de remojo y el orégano lo cocía en la olla donde estaban los granos de maíz.

¡Le salía delicioso!

Cuando entré en la secundaria descubrí el placer de la lectura.  Los libros se convirtieron en mis amigos.  De verdad, pasábamos horas juntos.  A veces un libro te puede escuchar mejor que cualquier persona.  Ellos me contaron tantas cosas que llegó el momento en el cual ya no supe distinguir entre la realidad y la palabra.  Porque algunas veces también me mintieron, pero yo ni cuenta me daba.  Me hipnotizaban con toda su verborrea que ahora que lo pienso nos puede enajenar a todos.

Pero, ¿sabes?  Algunos placeres no son aprobados por la sociedad.  Sobre todo las cosas que tienen que ver con el sexo.  ¿No sé por qué?  Todos los humanos lo hacemos.  Bueno al menos yo.  La gente es muy curiosa.  Quiere que seas exactamente como ellos te imaginan.  Y cuando se da cuenta de que eres totalmente diferente te mandan al infierno.  Como a mí. 

Todas las mañanas salía para ir a trabajar.  Soy empleado en una empresa de ventas.  Vendemos productos para animales y mascotas.  Desde suéteres para perros y gatos, hasta tortugas, lagartijas, víboras de todas clases y camaleones.  Siempre me han gustado ese tipo de animales.  No sé por qué.  Siento que por el hecho de causar repulsión a muchas personas merecen prestarles más atención.  Son los desperdicios de la naturaleza.  Había veces en que llegaba a la casa con una boa sobre mi cuello y mi madre gritando literalmente me mandaba para fuera.  Los vecinos nada más se asomaban y yo podía ver a las madres llevándose a sus hijos muy asustadas.  No podían faltar aquellos que se acercaban y hasta acariciaban a la boa que estaba más dormida que despierta.

Así fue como la conocí.  Me vio un día con una serpiente al cuello y se me acercó.  Se llamaba Yasmine.  Ella fue quien me enseñó que el placer y el dolor son casi la misma cosa.  Era una mujer alta, joven relativamente, de piel negra, con labios gruesos y amplias caderas, sus pechos eran grandes y sus manos fuertes.   Cuando se arreglaba, a mí se me figuraba ser una diosa bajada de la montaña de la Mujer Muerta, Yebel Musa.  ¿No conoces la historia?Es una montaña de 839 metros sobre el nivel del mar, en Marruecos, las últimas colinas del Atlas magrebí, que se apaga en el estrecho, entre Ceuta y Tánger. Lo que la hace única es su perfil de mujer tendida con los ojos cerrados...unos dicen que está dormida, y otros que está muerta.  Algo así como el Iztaccíhuatl,  pero en fin, muerta o dormida, ya es todo un mito, y a mí Yasmine se me figuraba ser Yebel Musa.

Danzaba al estilo africano y después de algunas semanas de salir juntos me dijo que ella era sacerdotisa del vudú.  Al principio yo pensaba que nada más se estaba burlando de mí.  Pero poco a poco comenzó a platicarme del culto a las serpientes, de los sacrificios de animales y el empleo de la posesión como forma de lograr comunicación con deidades procedentes de África.

La primera vez que la vi en trance, todo me pareció ser un teatro de esos que puede uno ver en cualquier circo.  Pero poco a poco ella me fue mostrando que había mucho más en su comportamiento.  Algo que iba más allá de mi estúpida realidad deseosa de ser diferente por medio de vender reptiles. 

Me golpeaba cuando estábamos juntos.  Si yo deseaba acariciar su cuerpo lo permitía por unos cuantos segundos para luego lanzar sus fuertes golpes contra mí; en ocasiones, levantaba un lazo que era una cuerda con un nudo corredizo en uno de los extremos, me sacudía el rostro con ese instrumento casi religioso para ella, que después de varias veces, comenzar a excitarme solamente con el simple hecho de verlo.  

Lentamente…muy lentamente comencé a disfrutar del castigo.  No sé por qué lo llamo así.  A los dos nos daba placer.

Ella me hablaba de Olorun y Obatala, de la gran batalla que ambos pelearon antes de ser expulsados de este mundo.  Y además, me platicaba de todos los dioses que surgieron posteriormente.

Yo en realidad no entendía mucho.  Lo qué sí sabía era que Yasmine me provocaba un inmenso y extraño placer.  El placer de lo prohibido, el placer de hacer algo que quizás dentro de nosotros mismos, pensamos no debemos de hacer.  ¡Hizo conmigo lo qué quiso!  Me hundía en medio de esos dos señores que adoramos todos los seres humanos, el dolor y el placer.  Cuando lograba dominarme con toda su sensualidad, su violencia me sacudía literalmente llevándome a lugares que todavía no logro comprender.

—E’ el place de vivi’…e’ el place de tolo’…

Repetía una y otra vez con acento color de cebra mientras me apaleaba con raras caricias que ya no logro saber si eran dulces o atemorizantes.

Yasmine me enseñó el verdadero significado del placer.  Complacencia en sentirse maltratado.  El disfrute de la placenta algo convexa, donde nace el cordón umbilical que se corta produciendo dolor y a la vez dando la vida misma.  Una rara delicia quizás no emanada en el instante de hacer el acto, sino más bien antes, cuando pensaba en lo que podría ocurrir al estar con ella. 

Era una desesperación al no poder entrar al templo sagrado.  Ese lugar prohibido del cual provengo.  Descubrimiento de mi propia máscara que esconde al final de cuentas mis más complejos sentimientos gritando con desesperación: ¡Yo deseo placer!

Nadie lo acepta, nadie lo menciona, pero todos lo pensamos.   Tal vez estamos encadenados simplemente por el placer…o por el dolor… pero a nadie le gusta decirlo.

Un día Yasmine me llevó al monte.  No recuerdo con certeza dónde ni cómo llegamos ahí.  Lo qué sí recuerdo es su rostro ardiente en calentura, su cuerpo desnudo sollozando, exigiendo placer.  Sus ojos se retorcían y gemía con un llanto que creo no haber escuchado jamás.  Esa vez sí sentí miedo.  Su misma voz cambiaba, como que estaba poseída.  Pensé por un momento que todo era parte de algún rito del vudú pero ella se miraba tan distinta.  Yo no podía excitarme, tenía mucho temor.  La misma presencia de Yasmine achicaba mi cuerpo al ser golpeado salvajemente por aquella extraña mujer llena de sensualidad convulsionándose como si estuviera llena de demonios.

—Vete—dijo finalmente con voz sana—No quiero verte más.

—¿Por qué?—le pregunté de inmediato.

—Porque ya no tene la sangre de la serpiente.

Sonrió con una sonrisa que todavía intento descubrir si fue de burla, compasión o cariño.  Levantó sus ropas y se alejó con mucha calma.  Se llevó su propio aroma que desapareció como por arte de magia.  Comenzó a llover y los cielos rugían como exigiendo algo…  Ella tenía razón, ya no poseía la sangre de la serpiente. 

Jamás volví a verla.  Desde entonces como serpientes y bebo su sangre, intentando rescatar el dolor convertido en placer o quizás el placer convertido en dolor que Yasmine me enseñó.

Todos me dicen que estoy loco, que me convertí en un brujo al estar con esa mujer diabólica.  Pero no, el placer que me dio fue inmenso, aunque algunos lo quieran ver como una aberración a la naturaleza. 

Aquella noche perdí la sangre de la serpiente…se llamaba Yasmine…y yo aprendí algo… cómo se sintió el diablo cuando descubrió que el placer es lo mismo que el dolor…

© David Alberto Muñoz

 

 

 

***

She was teaching a history class like always.  I took her by the arm and we went into a small hallway behind her classroom and next to the faculty lounge.

 

Ants

A short story

By David Alberto Muñoz

I have always been fascinating by ants.  The typical ant colony is usually centered on one or more egg-laying queens. The smaller worker ants are males and they care for the queen and her eggs.  They both have wings. The male's life-span is short. Only the queen can begin a new colony.  I guess what impresses me the most is one female for many males.  Or should I say many males for one queen.

***

That afternoon I found myself taking a break in the midst of my own anxiety.  At work, everyone was pressuring me to become a machine without sensations.  They wanted me to have a plain brain with no reactions, no intelligent questions, no polemic alternatives.  It was quite obvious they just wanted to maintain the status quo, the tradition, that which I have hated almost all my life, an existence without a challenge, a way of life full of expected conclusions, plain regularity without the element of adventure, risk, menace.  Everybody was the same!

She came out of the principal’s office.  She was not necessarily a beautiful woman.  Her face was harsh and her body reminded me of an older woman with extra flesh in her stomach and cellulitis all over her legs.  Yet, somehow, she seemed to be a radiant individual exiting from the gates of hell for eating the forbidden fruit, becoming the siren of temptation.

Her name was Sally Murray.  She was a history teacher.

She looked at me almost with indifference.

We have been going out for about a month.  The expectation of sex was there.  Both of us were wondering when.  I felt like a teenager once again waiting for the right moment.  It was all crazy!  It’s not like she was a virgin or me!  It was just our foolish humanity.

The night was coming down upon the city.  It had a full moon and the wind was quiet.  All the crickets were singing their choir song, and the ants could only do what they do best, move in the midst of their own labor.

It was almost time to go home.

I decided to stay and wait for Sally.  That creature somehow had produced in me a strange sensation of attraction.  I am not certain what it was, but she was driving me crazy.  I wanted to listen to her voice.  Who knows?  Maybe she was sweet and sexy or highly annoying?  Perhaps her voice was twangy.  But it didn’t   matter to me.   I was just a math teacher, divorced twice, and I had not had any sex in months.  That’s the truth.

I sat in front of her classroom waiting.  Almost everyone else had left already. 

When she finally came out she looked so assertive.  Her skin was somehow dark.  Her hair was straight coming down to her shoulders.  She was wearing a blue skirt up to her knees and a white blouse with an extra open button showing a delicate breast most men would love to touch. 

She had presence. 

Many times I have told her she could be a queen, just like the ants.

"Are you waiting for me Mr. Virchis?”

“Yes, Ms. Murray.  I wanted to talk to you about the field trip for my class next week.”

“Ah!”

“Would you like to go and have some coffee or a drink or something?”

Her eyes glanced directly upon my own and I could not do anything else but to smile like a child in front of his father.

"Is there anything else that is in your interest?”

After a few minutes of complete noise made by the cars passing by, the students making out in the park and the dog barking from behind a fence, I finally said:

“Yes Sally.  I am very curious to see you in your underwear.”

Almost immediately she slapped me in the face a walked away with such a hurry that I believed I have spoiled my chances. 

“Sally I’m sorry!  I didn’t mean it that way!  Please…wait!

She didn’t even look back.  After she left only the smell of her tires, I saw a small piece of paper in the floor in front of her classroom that appeared to be shaped in the form of a heart.   I picked it up, it said:

“I’ll be waiting for you at home.  Sally M.”

God damn it!  I don’t even know where she lives!  It is ridiculous we’ve been going out for a few weeks but we always meet in a restaurant or a movie theatre or in a bar, never at her house.

I ran like crazy towards the administration building.  The principal, Dr. Torres, was still there with his face of stone, chewing gum, hoping to get out soon and smoke a cigarette.  Linda, the secretary, was checking her pantyhose because she had a date that night and she would not have any time to go home and change.  Joe, the custodian, saw them all with desperation.  He wanted to clean and go home.

I entered the office and told Linda:

“Can you give me the address of Ms. Murray please?

“Why?”

I almost hit her with my own fists!

“I need to place her address in the application for my next fieldtrip.”

“That’s not necessary.  With your own is more than sufficient.”

“You don’t understand.”

“What is it I don’t understand?”

“Linda!”

“Roberto!”

“What?”

“I’m sorry Mr. Virchis.  But why do you need to have Ms. Murray address?  There is the issue of privacy you know.”

After breathing heavenly, finally I just let it out.

“Listen Linda, I need to see her about a student who is causing problems in my class and I think he is taking history too.  He might be dangerous.  You know what I mean?  Anyway, I need to speak to her personally.”

She looked at me with the eyes that appeared to be the inquisition in the flesh.

“Sure…and I am Red Riding Hood.”

She grabbed a piece of paper and wrote Sally’s address.

I ran like a soul searching for Sheol and got in my car ASAP.  I finally was going to get some.  My God!  It’s about time.  I could see her already, laying on her bed wearing only her naked body waiting for me! 

I was driving like a mad man.  Suddenly, I saw a red light flashing on the back in my mirror.  No!  God dam!  It was the police!

I pulled aside and try to be as calm as I possibly could be.

“May I have your license and registration sir?”

“Yes, of course.”  I said with a strong sense of security.

“You were driving over the speed limit.”

“What?  I don’t know what happened.  I thought I was going 25.”

“No sir, you were going 55 in a 35 mile zone.”

“Shit!  I mean…shoot…no what I really mean is how could that happened?”

“Can you step out of the vehicle please?” 

“Why?  I’m not drunk!”

“Have you been drinking?”

“Well, at lunch I had a couple of beers, and then Mr. Jimenez invited me a small sip of vodka, but to say that I am drunk is to overstate it.”

“Please step out of the vehicle.”

“I was kidding!  Listen officer I am on my way to an emergency and I would appreciate it if you just would give me my ticket!”

“Would you?”

“Would I what?”

“I think you had too much to drink.”

“No, I haven’t drunk at all; all I said was a joke!”

“Yes…please turn around.”

“Why?”

“Turn around!  You are under arrest.”

“What!  I have rights you know, and you are violating them.”

“If you don’t cooperate I will have to use force.” 

“Fuck you!  You won’t do any such things because I know the law and the law says…”

***

Two days after I went back to work.  Everybody was asking me what happened.

“What did you do Roberto?”

“Were you drunk?”

“Somebody saw you throwing punches at the police.”

“They say you took PCP and became extremely violent.”

“I understand.  Don’t worry about it.  We all go through that face.”

“Ms. Murray is very disappointed.  She says you guys had a date that night.”

“She looks hotter than even man!  If you don’t move fast I am going to take your place.”

The first thing I did after listening to everybody’s comments was to go into Sally’s classroom.  She was teaching a history class like always.  I took her by the arm and we went into a small hallway behind her classroom and next to the faculty lounge.

“Sally, I need to apologize.  I meant to go to your house that day, but I didn’t know the address, and I got so excited when Linda finally gave it to me that I was speeding and the cops stopped me, and then, well, the whole thing got out of hand, they threw me in jail, and there were these guys who made my life miserable, and well…I…I…well…that’s what happened.”  

She looked at me with the eyes of a mother lecturing her son before he got a good spanking.

“Listen Roberto, all you wanted was to see me in my underwear.  I waited in my bed just wearing my panties and my bra for more than two hours.  You didn’t come.  I got up, got dress, and closed the chapter.”

“But you don’t understand the police…”

“Hush…it doesn’t matter anymore.  We are just like ants Roberto.”

“What? 

“We are just like ants?

“What do you mean?”

“Imagine for one second that we are.  One ant tells the other one I will be at the anthill waiting for you.  She waits and waits and waits, but he never shows up.  Why?  Because as he tried to return to the anthill someone tried to step on it, and the kids left all their toys in the way, plus the dog was burying a bone blocking every possible avenue, so he had to take the long route.  By the time he finally gets there she had babies by another ant scout who did come in time to please the queen.”

I was completely speechless.

“Roberto, just let it go.  Sometimes when things don’t happen in the moment, it probably will never happen.  We are just like ants.  You see?  Just like ants.”

She smiled, kissed me softly on the lips, and turned around.  I don’t think I ever saw her again.

Maybe she was right; maybe we are just like ants.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

Instrumento del placer

Se me apareció un tipo que parecía ser vendedor de enciclopedias.  De esos con traje de color negro percudido, camisa blanca y corbata de rayas.  Su rostro era de color moreno, la mera verdad estaba bien prieto.  Tenía el toque de antaño.  Como si hubiese salido de una de esas películas de los cuarenta.  Su cabello, cuidadosamente peinado hacia atrás, con vaselina.  Sus labios gruesos volteaban de cuando en cuando como para pedir permiso por su presencia.  Tenía su pancita de cervecero, aunque decía que él no tomaba.  Me miró con mucha solemnidad.  Me dijo:

            —Mira cabrón, tu mujer está en cinta.  Yo sé que todavía no te la coges, pero no importa.  Así se vino la cosa.  Dice mi patrón que es de él.  No te apures.  Él se va a encargar de todo.  Lo único que te pide es que la recibas y la trates bien.  Tú ya sabes.  Después de algún tiempo va a ser tuya, de verdad.  Nada más aguántate un poquito.  Tienen que ir a la delegación de Pantitlán a registrarse, si no, no van a poder recibir beneficios del estado.  Creo que es mejor para ti y para ella ¿no?  De cualquier manera tú ecuánime nada más.  Si te portas bien, el patrón te va a dar todo, incluso la vida eterna.  No a cualquiera le ofrece eso.  Nada más piensa con cuidado.  Y bueno, pórtate bien y ahí después hablamos. 

            Me dirigí a la casa de Moira.  Así se llama ella.  Cuantas veces no me presumía que su nombre significaba la diosa de la fortuna y del destino.

            —¡No manches!—le decía—Tú te crees la mamá de Chita y todo el tiempo nada más andas de parlanchina presumiéndole a medio mundo. 

            Era una mujer muy hermosa.  Tenía unas curvas que para que le cuento.  Tenía ángel la mera verdad.  Cada vez que sonreía, yo me derretía literalmente.  Sólo me imaginaba cómo sería estar con ella.  Creo que eso fue todo.  El hecho de no poder poseerla sino hasta casi ya más de un año.  Pues ya se ha usted de imaginar. 

            Cuando me llegó la noche ya podrá figurarse.  Lo más chistoso es que fue tan rápido.  Yo pensaba que me iba a pasar unas dos horas cuando menos.  Pero no, fueron nada más cinco minutos, y a lo mejor me estoy haciendo favores.  ¿Lo puede comprender?  Más de un año para pasar solamente cinco minutos de placer.  No hay derecho…la mera verdad…no hay derecho.

            Aquella noche estaba haciendo mucho frío.  Creo que hubo una helada.  Se podía sentir hielo en los dientes. 

            Cuando llegamos a Pantitlán, pues yo no me acordaba dónde estaba la mentada delegación, andaba tan cansado que yo nada más quería echarme un tequila y después irme a dormir por más de diez horas.  Sí, así me sentía.

            Ella se quejaba cada rato.   

            Yo entiendo, estaba esperando bebé.  Pero cuando sabes que no es tuyo pues…no puedes evitar el sentirte un poquito ofendido. ¿No?  Usted dígame, si su vieja le sale con domingo siete, pues ¿qué va hacer?  Ni modo que la mande a la chingada.  Aunque le confieso que por momentos eso pensé.

            En cada lugar donde nos deteníamos, nos decían que ya no había cuartos.  Que desde hacía más de dos meses todos los cuartos estaban reservados.  Hasta llegué a decirles que simplemente nos dieran un lugar para dormir.  Bueno…yo ya sabía que esa noche no iba a dormir.  Las viejas se enojan si no estás con ellas cuando dan a luz.  Claro, si tú sabes que es tu hijo, te vale madre, pero si andas nada más ahí como pendejo, cargando los pecados de otro, pues como que te lleva la chingada y nada más la miras con enojo mientras que ella se encabrona y te grita que te vayas, que regreses, que yo no sé qué.

            Por fin llegamos a un taller mecánico.  El maestro me dice:

            —Pues si quieren pueden dormir allí, aunque está muy sucio, todo lleno de grasa y pues usted sabrá.

            —¡Muchas gracias patrón!—le dije.

            Entramos al lugar y la mera verdad era un cochinero que no acabo de contarle.  No nada más la grasa de los carros, polvo, basura, herramientas por todos lados, pedazos de cartón de esos que usan los mecánicos para no ensuciarse tanto, hasta botellas de caguamas de esa baratas que compran los borrachos de a de veras.  Era un santo cochinero con rezos, Aves Marías y confesiones que yo nada más miré al cielo y grité:

            —¡Quién soy yo para andar aquí de carga hijos!  ¡El que lo mete no cumple lo que promete!  Palo dado... ¡Adiós loquita!

            Total, ahí estaba yo nada más con la cara de santo compungido escuchando nada más los gritos de la Moira, y aguantando los trancazos que me daba cada vez que le venían las mentadas contracciones. 

            —¡Mira nada más dónde retraes pinche Jenofonte hijo de tu chingada madre! 

            —Querrás decir dónde te traigo mi amor.

            —¡Cállate hijo de mala madre!

            —No…con mi mamá no te metas…

            —¡Con tu madre y contigo!

            Si por lo menos hubiera tenido el placer, me cae que sí me aguanto…pero así…nada más por pendejo…no, no hay derecho.

            De pronto los animalejos empezaron a llegar.  De veras, las cucarachas salieron yo no sé de dónde, hormigas, escarabajos, tijerillas, chinches, babosas, hasta gusanos cogolleros, picudos, de esos del tabaco en tomate. 

            Total era un verdadero desmadre.  La Moira gritando maldición y media.  Yo nada más viéndole las piernas abiertas con malos pensamientos para qué más que la verdad.  Usted disculpe, pero cuando no conoces la maleza pues te llama la atención.  ¿O no?

            Yo ya no sabía ni qué hacer.  Nada más le abanicaba aire con una revista que por cierto tenía una vieja bien buena en la portada.  ¡Sí, ya sé que me van a decir macho mexicano cabrón hijo de tu chingada madre!  Pero es la verdad.  Todos los hombres somos iguales, no podemos ver a una mujer sin desearla.  Dicho con el debido respeto, porque yo también tengo madre, hermanas, hijas y mujer, y pues creo que mi tío es de los otros.

            En fin, cuando menos lo esperaba, y ya maldiciendo mi propia existencia, el niño sacó la cabeza.  Se miraba nada más el pelo negro algo abultado.  Yo le decía a la Moira:

            —¡Ya viene vieja!—aunque claro, no era todavía mi mujer.

            Ella se enojaba y me gritaba:

            —¡Ya me has dicho eso más de veinte veces!

            —¡Pues así es la cosa!  ¡Si no te gusta pues yo ya me voy!

            —No Jenofonte, ayúdame por favor, tú no sabes cómo duele el tener hijos.

            En aquel momento no lo sabía.

            Después de más de diez horas, finalmente nació mi Justiniano. 

            Mucha gente me ha preguntado qué por qué le pusimos así.  Pues yo creo que Justiniano va a traer justicia al mundo.  Él va a ser completamente ecuánime con todos sus clientes.  Cuando lo busquen le dirán:

            —Justiniano, reza por nosotros y pídele a tu santa virgen madre Moira que nos ayude.

            Él observará con mucha compasión la circunstancia;  obrará de acuerdo con sus mandatos celestiales.  Porque últimamente yo he creído que lo de mi Justiniano fue algo de un poder divino.  De verdad, no cualquier individuo nace de una virgen.  Bueno… eso me dijo el señor que parecía vendedor de enciclopedias…

            De cualquier manera ese niño ha sido una gran bendición para nosotros.  Es muy trabajador, muy respetuoso, y además, nos defiende cuando los policías nos quieren cobrar que porque dizque proteger mi negocio.  ¡Sí cómo no!  Nada más andan de zopilotes mala mierda.  Dicho con el debido respeto nuevamente.  Me he hecho muy mal hablado en mis años de viejo.

            Pero una cosa sí les digo, Justiniano ha sido la bendición más grande que mi matrimonio pudo haber recibido.  Estoy muy orgulloso de él.  Me encanta cuando todo mundo me dice:

            —Es igualito a usted Don Jenofonte.

            Yo nada más me inflo y le jalo los cabellos a ese muchacho que ya es todo un hombre.

            A veces no sé qué pensar. 

            Cuando me llama papá, cuando busca en mí consejo, apoyo, cuando cuestiona mis acciones, mi actitud, cuando descansa su cabeza sobre mi hombro, cuando me doy cuenta que pase lo que pase él siempre será mi hijo.  Es entonces cuando el mal pensamiento de pensar que otro ser lo engendró me fulmina el alma.

            Pero no,  Justiniano es mi hijo, y Moira es mi mujer…y yo…yo soy simplemente un instrumento del placer…

 © David Alberto Muñoz

***Del libro: Tejiendo telarañas, 2013.  Capitulo: Telarañas religiosas.   A la venta en esta página de Internet y amazon.com

 

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El cinismo ya controla nuestra respirar.  No creemos en nada ni en la misma virginidad… hablo de la virgen María,  Guadalupe, o la del Pilar…

Escucha

Por David Alberto Muñoz

 

Nunca entenderé a la gente.   

Somos animales en celo constante buscando extraviarnos en unos segundos de placer. 

Con las lenguas metidas en otras bocas, y las manos sintiendo la humedad de otro sexo.

Todo mundo se queja de todo. 

Los hombres son unos desgraciados que no saben amar y respetar a la mujer. 

Las mujeres no saben lo que quieren, y nada más quieren decirte qué hacer. 

Los jóvenes no han desarrollado su cerebro, y desperdician su tiempo en niñerías mientras los viejos con toda esa supuesta sabiduría se amargan de no poder ser lo que algún día fueron.

Caminas por las calles de cualquier metrópolis y ves lo mismo de siempre.  Vidas intentando descubrir un supuesto secreto, un deseo inventado en la imaginación nuestra, que intenta logar mantener la sonrisa en el corazón.

Hay algunos que no sienten nada.  Otros sienten de más.

Sin faltar por supuesto aquellos que se ofenden de todo.

La bandera estadounidense estará a media asta en honor a Nelson Mandela. 

¡La bandera se debe dejar a media asta sólo en honor a un soldado que murió por este país, no por alguien de Sudáfrica!

El producto comercial de SpaghettiOs mostro un spaghettio elevando la bandera norteamericana, en celebración a un aniversario más de Pearl Harbor. 

¡Eso es un insulto a los que murieron en Pearl Harbor!

La compañía se tuvo que disculpar.

Todo mundo se ofende, ya no sabemos ni qué expresar.

Los comunistas siguen con su discurso de izquierda que no ha evolucionado en los últimos 20 años.

Todo sigue igual.

La derecha prosigue diciendo que el gobierno no se debe meter en las vidas privadas de los ciudadanos y que los impuestos deben de bajar.

Igual sigue todo.

Los creyentes auguran un cielo, y la segunda venida de un Cristo que arreglará finalmente todo y nos pondrá a cada uno de nosotros en nuestro lugar.

¡Amén así sea!

Los ateos no dejan de decir que la ciencia es el dios del nuevo siglo, nosotros nos basamos en evidencia, no en sueños de fe.

Mientras los agnósticos sonríen diciendo: “No sabemos absolutamente nada, esa es la verdad”.

Sea así por toda la eternidad… así ha sido siempre…

Las redes sociales están en su clímax.  Todos subimos fotos intentando aparentar en ocasiones algo que no es, o algo que sí es pero nadie nos cree, o tal vez, algo que ni nosotros mismos imaginamos pero que una vez editado por nuestro software mental, tiene sentido al menos en nuestra mente… y suponemos que todos los demás entenderán, comprenderán o al menos sabrán de nuestra existencia, ya que la envidia se desprende de nuestros propios poros sudando inseguridad y fingiendo serenidad.

Al menos sabemos lo  que todos los demás están haciendo.

La soledad crece en medio de la tecnología.  Después de tantos siglos de existencia no nos hemos dado cuenta que el contacto debe de ser humano, no por medio de circuitos abiertos o cerrados, líneas inalámbricas de Internet, citas a ciegas preparadas por date.com donde se promete encontrarnos una pareja ideal o quizás, nuestras expectativas van más allá de la cruda realidad.

Unos beben ahogándose en alcohol y drogas, otros rezan u oran dependiendo de su denominación,  sofocándose en su dios, algunos descubren que su labor es darle conciencia social al mundo, e inventan causas fundamentadas en su propio escenario, algunos otros se pierden en al arte, pintar, escribir, esculpir no importa, lo importante es crear.

Hay quienes dicen que el humano es una pasión inútil.

Otros difieren, los humanos somos hijos de Dios.

Mientras surgen aquellos que dicen: “Yacemos en un mundo incomprensible donde lo mejor es ser felices a toda costa y nada más”.

El cinismo ya controla nuestra respirar.  No creemos en nada ni en la misma virginidad… hablo de la virgen María,  Guadalupe, o la del Pilar, para que al final de cuentas todas sean las mismas, ¿no es eso verdad?

Mientras algunos niegan con la cabeza diciendo: “Disculpa, pero tú estás mal”.

Nunca entenderé a la gente.  Con trabajos logro platicar conmigo mismo, y por más que desee apartarme de todos, reconozco mi propia necesidad.  Soy un ser social y necesito de los demás.

Pero cómo me gustaría que en lugar de insultarnos… simplemente pudiéramos hablar… y sobre todo… sobre todo… aprender a escuchar.

Nunca entenderé a la gente… pinche vida cabrona… esa parecer ser la única realidad.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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En el trabajo todo mundo a la “carrera”, ya ni tiempo de platicar con nadie, todos tenemos tantas cosas que hacer que yo me pregunto: ¿Por qué chingados andamos todos así?  Hasta parece que estamos en competencia los unos con los otros

A la carrera…

Por David Alberto Muñoz

 

Creo que el tiempo ya camina más rápido que yo.  Se me va de las manos literalmente.  Entre todo el acelere que todo mundo se trae y las responsabilidades ya parece no haber tiempo para nada.

Todo se hace a la carrera.  Desde que Dios amanece ando de prisa.  Tengo que ir a trabajar pero antes yo me baño porque los chilangos somos gente limpia y no podemos andar oliendo a patas.  Además, a mí me gusta desayunar, dicen que es el alimento más importante del día.  Aunque claro, yo empiezo mi dieta todas las mañanas, pero para a la hora de lonchar ya se me olvidaron mis loables propósitos porque ando a la carrera. 

El otro día tuve que ir al correo a dejar un paquete, cómo me caen gordos todos los que trabajan ahí.  No que sean mala gente pero me apresuran, me irritan, me dijeron que no podía mandar la caja que traía ya lista y preparada.  Me mandaron a una esquina y tuve que comprar una caja especial y hasta diurex, así le decíamos a la cinta adhesiva o al tape o como quieran ustedes decirle a lo que pega papel en las cajas, la pared o el escritorio.

Me trataron como si fuera un pendejo y eso molesta compadre, nos enchilamos hasta los más tranquilones.

Luego voy saliendo y me tardé como una hora hasta llegar al trabajo,  no está tan lejos, lo que pasa es que había un tráfico de la chingada.  A vuelta de rueda íbamos en el freeway.  Cuando volteé, veía como todo mundo estaba con la mirada metida en sus celulares. 

Con razón hay tantos accidentes de este lado de la frontera.

Ya llegado a la chamba tenía como media hora, no libre pero más o menos, entonces decidí arreglar lo de mis prestamos de estudiante, porque como soy pobre tuve que pedir prestado al gobierno, y sí me prestaron, pero cuando menos lo pensé, tenía una deuda que si te digo se te van a caer los calzones.

Pues te cuento que descubrí que son un montón de organizaciones, y no hay a cuál irle; unos son los que tienen los préstamos, esos nada más quieren joderte; otros se encargan de cobrártelos, son como agencias de cobro o algo así; otros te ofrecen planes de pago, pero no sin antes sacarte una buena lana, total que ya no sé cómo le voy a hacer. 

Todo mundo te dice una cosa distinta.

En el trabajo todo mundo a la “carrera”, ya ni tiempo de platicar con nadie, todos tenemos tantas cosas que hacer que yo me pregunto: ¿Por qué chingados andamos todos así?  Hasta parece que estamos en competencia los unos con los otros.

¿Competencia de qué?

Que necesito esta firma y la carta oficial… pues para salir del programa necesita dos solicitudes, bueno, aquí les decimos aplicaciones, firmadas por la persona que le da empleo… si quieres dejar la clase tienes que salirte pero la fecha límite ya fue hace tres o cinco semanas… va usted a necesitar una nueva evaluación para poder continuar recibiendo ese dinero… PLEASE!!! 

Por la noche las cosas no se detienen, tengo que planear mis actividades del día siguiente.  Si tengo suerte veo a mi familia brevemente cuando estamos comiendo a la “carrera” un pollo Kentucky o una hamburguesa de Burger King.  Para después seguir con lo que tenía que hacer la noche anterior, y que se me atrasó por querer adelantar el plan de trabajo unas cuantas horas.

No sé… entre más viejo el tiempo camina más rápido.  Recuerdo cuando era niño, una tarde de domingo era eterna.  Hoy se me va como un aliento sin pausa ni espera.

¿Valdrá la pena vivir así?  No sé… a veces me pregunto… en ocasiones diría yo que sí… pero en otras preferiría detenerme a observar mis alrededores para no perder contacto con la realidad, o no caer en ser simplemente una máquina, un robot haciendo cosas sin pensar.

Sí, el tiempo me gana, ya no lo puedo alcanzar… ojala descubramos más adelante la forma en la cual podamos congelar el tiempo, y lograr hacer mucho más cosas.   

Me lleva la chingada… ya ni tiempo para reflexionar…

 

© David Alberto Muñoz

 

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Speech pronounced at the closing of the VI Gathering of Writers in the USA/Tribute to Stella Pope Duarte by David Alberto Muñoz

November 22, 2013 at Arizona State University

Buenas noche, good evening.

Tonight I want to welcome you to the closing of our VI Gathering of Writers in the USA/Tribute to Stella Pope Duarte.  Before I mention a few words about our special guest, I need to thank our sponsors for their support for this activity. Chandler-Gilbert Community College, Arizona State University, School of International Letters & Cultures, MACHE (Maricopa Association of Chicanos for Higher Education).  For the last six years, these organizations have believed in the necessity to educate not only our students but also our communities.  Their support has been an essential part of this event.  Thank you all for believing in our community.

Also, I want to take a few moments to thank my wife, Mireya Muñoz and my daughter Mirita Muñoz, because en las buenas y en las malas, siempre han estado conmigo, they have always been with me.

All of these people have believed in the expansion of knowledge through culture, through creative ways that somehow will help each and every one of our populations understand, tolerate and work together for a purpose.

To speak about Stella Pope Duarte is to speak about an icon from the Mexican American community.  And I believe I am not exaggerating.  Stella was born and raised in the Sonorita Barrio in South Phoenix; she comes from el barrio “Ése.”  She was raised in this city and she knows the realities of our people.

She has written extensively, Women Who Live In Coffee Shops and Other StoriesIf I Die in Juárez, her master piece in my personal view.   Let Their Spirits Dance, published by HarperCollins, 2003, a novel in which she connects the Mexican-American experience with the veterans of Vietnam.  It is the story of a family that after its son was killed at war, the entire household goes to Washington D.C. to touch the Vietnam Veterans Memorial, connecting this way our Hispanic, Latino or Mexican-American culture to this red, white and blue nation, that for some families have always been home and for others, like me, it has become mi casa.

I could present a critical essay about the worth of this writer.  But instead, I prefer to talk about the human being. I have known Stella for some time now.  We meet in different venues, events, dinners, breakfast etc.  But in the last 6-8 months, I have managed to know this woman, not only by talking to her but by reading her literary legacy.  She turns out to be, a revolucionaria in her own time, a visionary prophetess, an individual who listened to a vision she had which some critics have described as a: “magical weaver with a sure hand and a pure heart…”  

¡Tremenda la mujer!

Stella, tonight we want to give you a tribute, because your work has inspired thousands of young writers and women to continue struggling como dice el Muñoz in this “complex human experience.”  Because by writing about characters from every day life perhaps we can see ourselves in them and their struggles have become our own, and their consistency to go forward has created a new layer in the Mexican-American identity, for although, we can still remember the famous quote from Cesar Chavez, “Sí se puede”.  Today, the voice you have rescued is the voice of those that somehow got trapped in this side of the border.  One day they woke up to discover it was not longer their nation, it was no longer their language, it was no longer their home.  And instead of running away to try to find refuge.  They raised their heads and look forward, and began participating within their new land, and even went to fight, risking their lives for an ideal that at least theoretically is the spinal cord of this nation: the concept of freedom. 

I have many friends that have shared with me how as they got back from the war, they were rejected.  For some strange reason, those individuals could not appreciate, could not understand the sacrifice made by members of the Latino community.  That is not fair, that is not just, that is not right. 

However, we are all aware that in spite the fact that some people want to erase our presence and our history in the USA.  WE are still here, and furthermore, we are not going anywhere, no vamos a irnos.  Some Hispanics have served in the arm forces of this nation.  This nation has become our nation; we are as Americans as apple pie, and your work Stella, your work, has helped build bridges, puentes de comunicación, between all our communities and those communities that for some reason have tried to ignore our presence.

Damas y caballeros, ladies and gentlemen, please help me welcome the woman we honor this evening, a mother, a daughter, yes, also a wife at some point, una revolucionaria de verdad, a writer, please welcome: Stella Pope Duarte.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Como mi primo Pedro, que nada más se la pasa presumiendo todo lo que compra, su troca, su casa, su televisión de LED, con HDTV de 60 pulgadas, que su Samsung  Galaxy II y chingadera y media

Absurdo

Por David Alberto Muñoz

 

Me levanté por milagro de Dios.  Creo que ni me di cuenta de lo que había hecho el día anterior.  Fue unos de esos momentos cuando sabes que no sabes nada, cuando intentas evitar la mirada del prójimo no por temor, más bien por vergüenza.  ¿Vergüenza de qué?  No estoy seguro todavía.

Fui al baño a orinar.  Siempre es lo primero que hago en las mañanas.  Después como robot programado me lavo la cara para después cepillarme los dientes y a paso lento caminar hacia la cocina para prepararme un café.

Esa mañana traía en la mente la canción de Lola la Grande, Paloma negra.

¡No!  No me había emborrachado la noche anterior, al contrario, hasta había corrido por media hora antes de acostarme.  Muy tempranito, me aventuré en el parque que este frente a mi casa, donde a veces veo figuras del teatro de lo absurdo, me cae de Dios.  Un hombre campirano con sombrero y bigotes al estilo Don Porfirio, con sus botas de vaquero que camina como lo hacía en su pueblo natal todas las mañanas, simplemente observando el movimiento rutinario e insólito, perezoso y fulminante, terco e inestable a la vez. 

Sí, era un amanecer dentro de una ciudad urbe.

Un niño de alrededor de diez años de edad corría con su backpack rumbo a la escuela.  Venía de ese lugar donde construyeron un complejo de apartamentos, y todo mundo dice está lleno de drogas, prostitución y todo mal conocido por la humanidad.  A veces me pregunto cómo le harán los maestros.  Mis amigos me dicen que todas las mañanas ven y escuchan lo groseros que son los papás.  Le gritan a los maestros hasta de que se van a morir.

Una mujer con apariencia de ser mexicana, camina muy derechita moviendo sus brazos de un lado al otro.  Su pelo largo recogido; menea sus curvas que las gringas no tienen, y de cuando en cuando se levanta los pechos que son enormes pero normales para una mujer hispana.

Bueno, eso pienso yo.

A distancia, ya dentro del parque, siempre tiene que haber un negrito jugando con un skateboard.   A mí se me hace como que ya está grandecito para andar jugando con esas chingaderas pero la gente me dice: ¿a ti que te importa?

Todos sospechamos de él.  Yo sé que eso es malo pero hoy en día ya no puedes confiar ni tu propia madre, porque cuando menos lo piensas te sacan el cuchillo y te lo meten.  Precisamente hoy escuché en las noticias que el hijo de un senador le había metido un cuchillazo a su papá. 

¿Por qué?  Sólo Dios sabe.  También escuché que un gobernador o no sé qué era, se le arrestó cuando quiso comprar cocaína.  Pendejo, era miembro del Tea Party.  Eso si me dio risa. 

Por eso yo prefiero callarme el hocico y no criticar a nadie porque más pronto cae un hablador que un cojo.

De cualquier manera hoy desperté, y fue la primera vez que pensé que nada tiene sentido.  Imagínate qué pasaría si de pronto no tenemos ambulancias, o policías, o más bien trabajadores que levanten la basura.  ¿Sí me explico?  ¿Piensa qué sería si toda la infraestructura de la sociedad de pronto desapareciera?

Como en las Filipinas ¿no?  De pronto despiertas y ya no tienes ni agua, ni comida, ni ropa ni nada.  Intentas buscar ayuda pero te das cuenta que todos están en las mismas condiciones.  No hay gente tratando de arreglar los cables de luz, ni tampoco médicos que estén curando a los heridos.  La gente muerta comienza a descomponerse y te empiezas a desesperar pero no importa que tanto grites y patalees, todo va a seguir igual.

A veces pienso que los humanos somos nada más unos pinches animalitos que hemos logrado organizarnos un poco, y se nos ha subido a la cabeza.  Sólo cuando estamos en condiciones como esta es cuando nos volvemos muy humanos.

Como mi primo Pedro, que nada más se la pasa presumiendo todo lo que compra, su troca, su casa, su televisión de LED, con HDTV de 60 pulgadas, que su Samsung  Galaxy II y chingadera y media.  Para luego venir y contarnos que su mujer lo dejo porque ya no lo aguantaba.

Me da risa.

Hoy desperté y me di cuenta por primera vez que nada tiene sentido.  La gente buena se muere, tiene accidentes, o como el hijo de mi compadre, de la misma edad que el mío, y se murió a la edad de doce años, le dio leucemia.  Eso no es justo.  Yo sé que hay gente religiosa muy buena onda pero yo les pregunto: ¿Por qué a veces si es que Dios existe pasan tantas injusticias?  Cuánta gente sin trabajo, cuando muertos en las Filipinas, cuántas mujeres violadas por todos lados.  Y ya sé eso del problema del mal que dijo un tal San Agustín. 

Perdóname pero yo no entiendo, esas ya son chingaderas.

Y luego para acabarla de amolar, los políticos desgraciados que nada más se andan haciendo pendejos contradiciéndose unos a otros, insultándose sabroso, culpando de todos los males del pueblo,  al “otro”. ¡Qué les va a importar la gente!  De este lado de la frontera se dice mucho que todos somos pagadores de impuestos, tax payers, pero a quién le va importar eso.  Sólo durante las elecciones.  Todo lo demás vale madre.

Hoy me levanté por milagro de Dios.

Y creo que por esto… sí… por todo esto… yo prefiero vivir.  Por que la mera verdad, todo lo demás es un pinche absurdo…

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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La cita

Por David Alberto Muñoz

 

Martín vino a recogerme ayer por la tarde.  Vestía una guayabera color perla y unos pantalones grises.  Sus zapatos estaban boleados y traía en la mano derecha el anillo de graduación de la High School

Se miraba muy guapo.

Yo me puse la falda de mezclilla que me regaló mi tía Rosie hace dos semanas, con una blusa azul cielo.  Traía tacones y un collar de perlas, bueno, de fantasía, el que me dio mi amá como hace un año. 

Me miraba coqueta pero decente como siempre me han dicho en mi casa.

Al salir todo cambió.

Martín se emborrachó y acabó en la cama con Rita.  Yo me fui con William el quarterback de la escuela.  Le tenía muchas ganas.  Martín se agarró a golpes con miembros del equipo de soccer de la Alameda High School.  Yo me agarré de las greñas con Jennifer, la novia de William.

Como a eso de la una de la mañana Martín y yo nos vimos enfrente de mi casa.

Así habíamos quedado.

Mi apá ya nos estaba esperando.  Miró a Martín con ojos de juicio.  Luego me vio a mí con rostro de inquiesidor.

Hi Dad!

Le dije. 

Para después besar a Martín en la mejilla y soplarle al oído:

Thank you Martín.  Nos vemos next week.

“Good nigth Patty.  Buenas noches señor González.  Disculpe usted si me pasé un poco de la hora pero ya sabe usted cómo somos los jóvenes.  Mil disculpas y que pasen buenas noches”.

Mi apá solamente sonrió mientras me abrazaba y yo le cerraba el ojo a Martín.

Profecito mi apá, no es que no se de cuenta pero prefiere creer algo que no es.

Fue sólo otra cita con Martín.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

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A veces me dan ganas de llorar, pero my brother Jimmy me dice no seas chillona pinchi Chata.  Así me dicen, Chata, my real name is Soledad. 

Cholita, tell me the truth

Por David Alberto Muñoz

 

“¿Cómo está el mundo Chata?  Is everything OK?  Come on, tell me truth.”

No sé, really, I don’t know, todo está muy loco.

La hija de la Helen se fue con el Fredy, porque dicen que ya andaba pregnant.  Al Chuco lo arrestaron otra vez por violar su parole, además he had a gun under his bed.   The mean sheriff  sigue chingando y chingando.  Hay quienes dicen que un día de estos he’s going to lose.  Ojalá, pero ya no le va a servir a la Patricia porque a su novio ya me lo deportaron para Mexico.

Está muy difícil encontrar trabajo.  The other day mi primo Jacob told me that he is making minimum wage washing dishes en el restaurant de los chinos.  Y los chinos son bien mean.

Mi amiga Natalie me contó the other day que tuvo que cogerse two guys at the same time.  Because no tenía money para pagar la rent.  I told her: ¡qué cochina eres esa!  Pero well, creo que a ella le gustó after all.

Mi apá está en el hospital porque es un drunk.  Está todo tubeado con tubes you know.  Me dice que everything is going to be OK.  Yo no sé.  Mi tía Chole me dice que es un desgraciado y que cuando se emborrachaba he used to hit my Mom and my brothers, my sister and me.  Yo no me acuerdo.

A veces me dan ganas de llorar, pero my brother Jimmy me dice no seas chillona pinchi Chata.  Así me dicen, Chata, my real name is Soledad.  I don’t like that name.  ¿Sí sabes qué significa?  Loneliness… it’s very sad y no me gusta.  Me gusta Chata better.

Un día quisiera nada más irme.  Get real high and go to another city.  Nunca ver a my family again.  It’s not that no los amo but… they can be a real pain.  Nadie te escucha, todos te pegan because you are the smallest one en la familia, y… sometimes mis hermanos me agarran las chichis y me meten la mano down there ya tú sabes… A mí no me gusta but I’m used to it… even my Dad used to do it… and my Mom siempre se quedaba callada aunque lo hacían frente de ella.

Por eso cuando me preguntas  ¿cómo está el mundo Chata?  Is everything OK?

I don’t know… todo está muy loco… I say is pretty fucked up… yes…  Sorry, no me gusta decir bad words… pero es la puritita verdad.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

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Existen entre nosotros maestros, profesores de universidad, médicos, abogados, empresarios, ministros, técnicos de computación, actores, músicos, cantantes, e incluso aquellos que simplemente escogieron el dedicarse a hacer lo que les gusta: su arte.

Un changarro literario

Por David Alberto Muñoz

 

Cd. Obregón, Sonora, México.- Cada evento literario posee su propia característica, su propia peculiaridad.  Incluso cuando se viaja más de una vez al mismo encuentro, descubrimos que las situaciones, lecturas y convivios no suelen repetirse exactamente igual, todo lo contrario, las letras tienen la tendencia a tomar control total de las circunstancias, utilizando a los poetas, narradores, ensayistas y demás, como simples vehículos de una tradición que nos ha tocado vivir a cada uno de nosotros. 

En esta ocasión, llegamos a Cd. Obregón, estado de Sonora, México,  para descubrir una ciudad que se me figuró ser joven,  una urbe fresca, poseedora de intrigantes manifestaciones culturales que van desde de lo más popular hasta lo altamente literario.  Pese que su aeropuerto es pequeño, goza de un modernismo que me hizo recordar la terminal de Madrid, por sus altos techos y pasillos anchos.  Al llegar al lugar donde se nos entregaría nuestro equipaje, un grupo de soldados me recordó que la zona incluye la posibilidad de violencia debido ya sea al narcotráfico o crimen organizado, que ya es toda una institución en suelo mexicano.

EMPRENDIMOS

Habíamos partido desde la ciudad de Phoenix, Arizona haciendo escala en Hermosillo, tierra que ya me adoptó desde hace muchos años para llegar al XI Encuentro Internacional de Escritores: Bajo el asedio de los signos 2013.

Tenía ya demasiados años de no estar en tierras obregonenses.   Si acaso, una pequeña memoria escondida en el baúl de mis recuerdos, alimentaba mi excitación de poder estar una vez más en el templo de las letras, de la palabra escrita, para comunicar muy a nuestra manera un instante más en este corto camino de la existencia humana.  Yo mismo me decía tener más bien una fotografía perdida en el zaguán de mi mente, ya convertida en un mito que no lograba poner una imagen clara en mi cerebro.

Llegué barriéndome literalmente, después de haber experimentado una cancelación de vuelo, cierta ineficacia de la línea área por la cual volé (prefiero no mencionar nombres), que por poco me hacen un “out”. 

Después de estarme” texteando back and forth”, como dice los güeros, explicando mis circunstancias particulares, me recoge el compañero José Ruiz junto con su señora esposa, quienes  resultaron ser excelentes anfitriones proporcionando la oportunidad de alcanzar el evento que ya corría con cierta prisa frente a mí.

Sin pausa alguna, me llevaron de inmediato a la Biblioteca Pública Jesús Corral Ruiz donde tenía mi primer compromiso, el compartir una mesa de homenaje a Don Miguel Méndez junto con Rubén Meneses y Gloria del Yaqui.

Vi infinidad de amigos, viejos conocidos, los rostros en ocasiones se confunden asegurándonos ya el haberlos saludado o tal vez frecuentado, todos se pierden entre abrazos, apretones de manos y besos de aprecio, así como también pude entablar nuevos lazos de amistad.  

Estaban presentes Daniel Camacho Higuera, Miguel Ángel Aviles, Ignacio Mondaca, Francisco Morales, Guillermo Munro, Elia Casillas, Mario Alonso, José Javier Villareal, Claudia Chávez, Jesús Noriega, Fernando Muñoz (mi hermano perdido pero esa es otra historia), Juan Carlos Abril, Silvia Rousseau, Carlos Sarabia, Leobardo Sarabia, Selene Ramírez, encargada de presentar mi libro, sin faltar por supuesto los organizadores, Juan Diego González, la queridísima Mara Romero y por supuesto el maestro poeta, Juan Manz.

¡Fueron muchos, sé que no los menciono a todos, no se vayan a enojar, “please”, no lo hago a propósito!

Tuve el privilegio de hablar del trabajo de Méndez, del valor de su obra, de cómo influyó él en el nombre de nuestra organización del lado norte de la frontera México-Estados Unidos, José Javier Villareal se acercó a mí para decirme:

—Yo no conocía a Méndez, gracias por abrirme los ojos.

—Gracias—respondí con voz de agradecimiento.

—No, gracias a ti, de verdad—reveló.

También, pude escuchar las reflexiones de Rubén y Gloria sobre el icono chicano que me dejó como herencia la introducción a mi libro Tejiendo telarañas.

El ambiente era de compañeros, de amigos, rodeados de ese manto que es “la compleja experiencia humana”; pese a que todos los escritores poseemos un ego bien inflado, el invitado de honor fue siempre la palabra escrita.  

La poesía, de un alto nivel literario, habló de cuitas, amores mal encontrados, violencias buscadas, amistades descubiertas, erotismos bien diseñados.  Los narradores lanzábamos oraciones construidas entre tres esdrújulas y dos diptongos, entre sujetos verbos y complementos, no en ese orden necesariamente.  El humor proyectado no le quitaba a los textos su alto nivel literario, al contrario, nos hacía ver a todos los presentes nuestra humanidad tal cual es.

Hablamos de pasados encuentros, de amistades ausentes, de cómo los eventos literarios se juntaron en las mismas fechas este año.  Platicamos a gusto, hablamos de proyectos en proceso de ser alcanzados, de trabajos todavía no terminados, de letras que hemos imaginado, y que están a punto de quedar plasmadas en papel y tinta.  Y de la misma manera, cada uno de nosotros, compartíamos el “descubrimiento” que es tan difícil publicar, ya que aquellos que dominan el mundo literario es un pequeño círculo elite, sin embargo, no han logrado borrar la presencia de cada uno de nosotros.

Pronto confesamos que publicamos como podemos, incluso, cabe mencionar que al llegar al evento, se nos entregó entre otras cosas el libro ya impreso con todas las ponencias del asedio.  Mi compañero Jorge Isaac Guevara Encinas, con una envidiable paciencia se acercaba a cada uno de nosotros para pedir que le firmáramos esta antología que ya es parte de nuestras propias colecciones.  Descubrí que el lema de Peregrinos y sus letras, en realidad se lleva a cabo por todos aquellos que escriben.

¡A escribir se ha dicho!

DE NOCHE EN EL CHANGARRITO

Hubo por supuesto momentos de esparcimiento.  Una de las tardes me escapé de las lecturas para apreciar la catedral de la ciudad que se me hizo muy moderna.  Había un grupo de mujeres corriendo en tacones en un evento para levantar fondos para el cáncer de mama. Una joven escolta ensayaba en el parque central, parecía una tarde en una provincia mexicana.

Además, vimos varias obras de teatro, escuchamos y participamos en  bohemia.  Por las noches después de la cena terminábamos en un bar llamado El Changarrito, un folclórico lugar adornado con fotos de Pedro Infante, María Feliz, Pedro Armendáriz, Sara García y Prudencia Griffel, entre tantas otras figuras de antaño, así como una pared con imágenes de la lotería mexicana, El valiente, La muerte, La sirena.

Entre risas, copas, y brindis de amistad, la plática raramente se desviaba de lo literario, pero también el lado humano surgía, recuerdos de aquellos seres que ya han partido delante de nosotros, amistades que se fortalecen, e incluso música norteña que dio lugar a todo un cuento:

—Hasta ese momento, teníamos los minutos contados. Afuera, estábamos seguros, un escuadrón de carasmalas preparaban el arsenal con que nos darían chicharrón. Todo por lo que ellos tomaron como una desaire el respeto que quiso imponer una mujer bonita...después del segundo "no", al menos uno de aquellos, olvidó la galanura y se mostró tal cual era: un pelafustán vestido de hombrecito, de esos que a la primera provocación que le hiere su autoestima, saca su fierro como queriendo pelear…   Autor Miguel Ángel Avilés.

Entre brindis, algarabía y demás, todos poseíamos el deseo de alargar nuestra presencia dentro de aquel instante un segundo más.

Al salir hacia fuera para fumar un cigarrito, me encontré con José, el “bouncer” del bar, quien me contó historias macabras, dignas de un día de los muertos, que algún día cercano escribiré en una colección de cuentos, le prometí; aquel joven alto, de escasos 25 años de edad, es testigo ocular de la a veces violenta tendencia que viven algunas poblaciones mexicanas. 

CAVILACIÓN

Ya masticando el encuentro con más cuidado, me percato que las artes no pueden ser detenidas.  Aunque a veces no existan lugares para ensayar, para pintar, esculpir o incluso escribir, el verdadero artista las realizas no con el deseo de conseguir la fama y el reconocimiento, (a fe de que si llega no la vamos a rechazar), sino más bien con el deseo de ser apreciado y respetado por la gran labor que realizamos todos los que escribimos.

Existen entre nosotros maestros, profesores de universidad, médicos, abogados, empresarios, ministros, técnicos de computación, actores, músicos, cantantes, e incluso aquellos que simplemente escogieron el dedicarse a hacer lo que les gusta: su arte.

Gracias a todos los compañeros por su presencia, por sus pláticas, por su amistad.  Gracias a los organizadores que realizaron en verdad un increíble trabajo que no se detiene, al contrario, continúa adelante, abriendo brecha en medio de la apatía de algunas instituciones, en medio de una sociedad que no le gusta leer, pero también en medio de la realización de muchas personas que todavía creen por loco que parezca, que la vida hay que vivirla, y escribir al respecto, para que una vez entregados nuestros cuerpos a la santa Muerte, algún futuro lector pueda levantar nuestros libros y decir: “Así es la compleja experiencia humana”.

Hasta la próxima.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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La gente dice que me volví loco.  Creo que ya ni duermo.  No sé… no me importa…

168 horas

Por David Alberto Muñoz

Descubrí que moriría en una semana.  No me dio miedo.  No sé por qué.  Todo me pareció tan normal.  Creo que al doctor le afectó más que a mí.  Todos me miraron con rostro de misericordia… por no decir de lástima.  Cuando le dije a Rosa se puso a llorar.  No sé por qué.  Todos nos vamos a morir, tarde o temprano, la única diferencia es que yo sé la fecha y la hora.  Me lo dijo el doctor.

—Sr. Beltrán, tiene usted una semana de vida, o alrededor de 168 horas en total.

Suena menos tiempo cuando piensa uno en las horas ¿no? 

—¿Qué tienes?—me preguntó Rosa.

—Mi corazón se descompuso.  Ya no puedo sentir amor.

—¡Estás loco!  De amor nadie se muere.

—Ese no es el problema.

Intenté explicarle pero no me escuchó.  No es cuestión que alguien me haya destrozado el corazón como dicen por ahí.  Lo qué pasa es que ya no puedo sentir absolutamente nada.  Todo se me hace indiferente.  Ya no tengo compasión por los demás, mis recuerdos se esfumaron, no tengo memoria de nada, lo único que sé es que voy a morir en 168 horas y al menos a mí, ya no me importa.

La gente dice que me volví loco.  Creo que ya ni duermo.  No sé… no me importa, tengo mucha curiosidad de ver qué voy a encontrar después de la muerte.  Cada quien tiene su teoría.  Hay aquellos que dicen que el morir es como un nuevo nacimiento, otros juran que la muerte es el fin de tu existencia, mientras otros aseguran que hay un cielo para los buenos y un infierno para los malos.  Yo no sé… yo sólo tengo curiosidad.

Rosa se enojó conmigo, no sé por qué… siempre hago algo mal. 

En mi trabajo me hicieron una despedida.  Todos mis compañeros me abrazaron deseándome lo mejor.  Algunos estaban muy contentos porque iban a poder tomar mi puesto, otros medio tristes porque decían que ya no iban a tener con quien platicar en la hora del lonche. 

—Rafael, te vamos a extrañar.

—¡Qué bueno que se va ir el mentado Sr. Beltrán!  Me cae bien gordo el tipo.

—¿Con quién voy a coquetear los lunes por la mañana?  Rafaelito es muy chulo y buena gente.

—¡Es un pendejo!

—Si ves a mi madrecita, dile que al rato la alcanzo.

Los humanos somos seres muy raros, sobre todo cuando te quitas todo sentimiento del corazón, nuestro comportamiento es verdaderamente animal.  Siempre matándonos unos a otros, de discutidas o literalmente; somos muy chismosos, hablando de los demás aunque no los conozcamos, nos creemos más que nadie, en ocasiones nos convencemos de tener la razón y nos encanta meter los cuerpos debajo de la sábana para morder las mismas lenguas que penetran nuestra boca.

Descubrí que sólo tenía unas horas de vida… pero ya no me importa… yo sólo tengo mucha curiosidad de ver qué viene detrás de la muerte…

Me quedan 144 horas de vida… ahora me doy cuenta… la vida nunca cambiará.  Todos caminamos como autómatas, robots construidos para pronunciar frases huecas provenientes de almas llenas de sangre que fluye desde el corazón.

—Buen día…

—Crédito o debito…

—¿Cómo está usted?

—Muy bien, muchas gracias.  ¿Y usted?

Me acostumbré a no sentir nada, me acostumbré a la rutina de no afligirse, de no pensar, de no existir… por eso voy a morir en 120 horas, porque mi corazón ya no puede sentir amor, ni nada… Rosa no entendió, no quiso, no pudo, no era prudente.

Rafael Beltrán ya dejó de existir.  No importa cuando muera, en 96 horas, en 72, en 48, en 24, o en unos minutos… ya no importa… porque ya no tiene corazón.

Yo tengo mucha curiosidad por ver qué viene después de la muerte.

© David Alberto Muñoz  

 

 

 

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Parece ser muy sencillo: “Yo estoy bien porque nunca me equivoco…”

La inquisición

Por David Alberto Muñoz

 

—Dicen que la inquisición española fue creada para prevenir y combatir las herejías dentro del pueblo cristiano.  Pero ¿sabes qué?

—¿Qué?

—La documentación que tenemos muestra una crueldad institucionalizada que plasmó esa mentalidad absolutista que permanece en muchos de los discursos actuales.

—No te entiendo, ¿qué quieres decir?

—Tienes que creer lo que nosotros decimos.

—¿Por qué?

—Porque esa es la voluntad de Dios.

—¿Y tú cómo sabes cuál es la voluntad de Dios? ¿Cuál Dios?  ¿El hebreo, musulmán, el hindú o el Cristiano?

—¿A poco hay más de uno?

—No mencionaste a los dioses del maíz.

—¡Pues tienes que creer lo que yo digo si no te vas a ir al infierno!

—Yo no creo en el infierno.

—¡Hereje!  ¿No has leído la palabra de Dios?

—Yo soy ateo, gracias a Dios.

—¡Arrepiéntete pecador!  ¡Reconoce tu pecado, tu vileza, tu falta de entendimiento!

—No manches, en el manifiesto comunista dice explícitamente que Dios no existe.  A mí se me hace que son ustedes los herejes.

La escena cambia de repente.  Los herejes no son los que no creen en Dios más bien son los que creen en Dios.

—¿Entonces?  ¿A quién hay que perseguir?

—A los malos.

—¿Y quiénes son los malos?

—Los que no están de acuerdo con nosotros.

Parece ser muy sencillo: “Yo estoy bien porque nunca me equivoco…”

—Sí, así surge Satanás, el hijo de las tinieblas, el ángel de luz, el dios egoísta, el destructor de valores, el mentiroso, el perverso adulador, el asesino, el criminal, el pinche cabrón que no piensa igual que yo…

Esta es la verdadera inquisición.  El no poder respetar a quien piensa de forma distinta.

—Me lleva la que me trajo.

© David Alberto Muñoz

 

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DESIERTO

Por David Alberto Muñoz

 

El sol golpea tu rostro con cólera.  Gotas de sudor caen como cascada sobre un suelo ardiente.  La mirada se te pierde detrás de las visiones apocalípticas escritas por algún poeta loco.  Y el ardor de tu rostro, seca tu boca mientras intentas saborear la sal de tu propio cuerpo.

De pronto pierdes la conciencia, de pronto el calor te tambalea, para finalizar viendo tu propia sombra junto a un nopal, un cactus, erecto, simbolizando el semen de tu propia genética.

Es el desierto dibujado por un atardecer encontrado.

Es el desierto, lleno de infinidad de posibilidades.  Lugar donde la planta crece sin agua, donde el viento calienta la atmosfera para dar lugar a la víbora, el alacrán, y las lagartijas.

Es el desierto, donde vives, atrapas y sueñas, donde gritas, esperas y mueres.  Es el desierto… donde todavía late tu corazón.

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Del libro: Tejiendo telarañas, Editorial Peregrinos y sus letras, 2013.

La niña manca

Por David Alberto Muñoz

Don Roberto Aparicio Infante era el cacique del pueblo de Jaltenango de la Paz en el estado de Chiapas, México.  Jaltenango era un pequeño pueblo con menos de 10,000 habitantes.  Don Roberto por suerte o designios del destino se había convertido en el amo y señor de la comarca.  Era un buen hombre, sin mucha educación pero inteligente; era muy exigente pero con principios éticos que su padres le habían inculcado.  Recompensaba el trabajo arduo pero también castigaba la ineficiencia y la flojera.  Sabía respetar la dignidad del prójimo pero también le gustaba salirse con la suya.  Se levantaba siempre de madrugada para cabalgar frente al palacio municipal rumbo a sus bodegas donde almacenaba café que era lo que cultivaba.

Aquella mañana leía arduamente los diccionarios que le había proporcionado uno de los maestros del pueblo, los cuales no parecían proporcionar la respuesta que él buscaba.  Consultaba con la Real Academia Española, con María Moliner, tenía frente a él diccionarios de sinónimos y antónimos, enciclopedias, compendios lingüísticos y demás, pero no lograba encontrar la palabra adecuada para enviarle a Don Joaquín Arenas Salinas, una nota pidiéndole la mano de su hija Elena de apenas diez y seis años de edad. 

Él quería hacer bien las cosas.  Su padre siempre le había enseñado que lo mejor es hacerlo todo de acuerdo con las reglas de la sociedad.  Le enseñaron a ser recto, con buenos juicios.  Aunque en esta ocasión él era un hombre de 50 años de edad que buscaba casarse con una niña, y aunque fuera el patriarca del pueblo de Jaltenango, la situación presentaba ciertas dificultades.

 —Don Roberto, usted conoce a Don Joaquín.  Es un hombre serio y de respeto.  Siempre ha tenido usted muy buenas relaciones con él.  Pero todos en el pueblo andan hablando de sus intenciones con Elenita.

 —¡Todos en el pueblo son una bola de chismosos!

 —No se crea Don Roberto.  Lo que pasa es que usted ya está un poquito maduro, entrado en años pues.  Dicho con el debido respeto.  No que sea usted un viejo ni mucho menos, pero ya no se cuece al primer hervor.

—Esa chamaca se me ha metido en la cabeza y no puedo dejar de pensar en ella.  Se ve tan fresca, su cuerpo firme sin el menor defecto.  Está hermosa la cabrona.  ¿O me vas a decir que no?

 —No, pues eso que ni qué…                                             

 —¿Cuál es la pinche palabra que tengo que utilizar para pedir su mano?

—No pues yo no sé…

Don Roberto bebía mexcal como si fuese a ser el fin del mundo.  Sudaba gotas de angustia mientras todos en el pueblo de Jaltenango se preocupaban de que fuera haber un pleito entre Don Joaquín y el patriarca.

—¿Oye?  ¿Ya supiste que Don Joaquín está muy enojado?

—Pues yo también lo estaría si un pinche viejo quisiera llevarse a mi hija.

—Dicen que ya está pensando en retar a Don Roberto a un duelo.

—¿Cómo que un duelo?  Hace ya muchos años que esto no pasaba. 

—Pues Don Roberto es el hombre más rico de toda la zona.  Tienes muchas tierras y animales.  Y siempre se sale con la suya.

—Pero nunca se había enfrentado a alguien que sí le puede dar batalla.  Ya conoces a Don Joaquín.  Es muy buena gente, pero cuando se enoja cuidado; y quizás no tenga tanto dinero como Don Roberto, pero tiene muchos huevos.

—A mí me da miedo, la mera verdad. 

—Lo que sea de cada quien está bien buena la mentada Elenita.  ¿Qué pensará ella?

—Dicen que ella nada más se burla de Don Roberto.  Deja la ventana del baño abierta cuando se está bañando, y bien que sabe que el viejo va a espiarla.

—¿A poco?

—Me cae de madre.

—A mí me dijeron el otro día que ya está bien caliente la vieja, y que ya es hora que la matrimonien con alguien porque si no va a salir con domingo siete.

—Pues yo no sé, pero a mí se me hace que va haber muertes en este pueblo.

—¡Jesús, María y José!

Don Roberto editaba y editaba la carta que le enviaría al padre de Elenita.  Todos sabían lo que estaba pasando.  En el pueblo de Jaltenango, todo se sabía antes de que ocurriera.

            Querido Don Joaquín:

Lo saludo de la manera más atenta esperando esté bien en compañía de los suyos.  El motivo de mi carta es el pedirle de la manera más atenta y respetuosa la mano de su hija Elena, que ya está cumplida de años, y de acuerdo con los cánones que tenemos en el pueblo de Jaltenango, ya está en edad de contraer nupcias. 

Considero que la unión de nuestras dos familias representará un verdadero avance para la comunidad que actualmente está pasando por una crisis política, social y económica.  Cuestión que usted y yo sabemos muy bien.  Espero considere usted mi petición, porque si no, puede haber problemas. 

Atentamente,

Don Roberto Aparicio Infante

 

***

Esa mañana se podía respirar escarcha que brotaba de las mismas banquetas de la calle, estaba bien helada.  Existía un tranquilo silencio que descansaba sobre cada poblador de Jaltenango; era temprano, un día domingo cuando ni los mismos perros movían la cola aunque estuviesen contentos. 

Don Joaquín caminaba con paso seguro rumbo a la casa de Don Roberto.  Llevaba en sus manos una caja envuelta en regalo, cuidadosamente adornada como si fuese para un importante visitante.

Poco a poco todos en el pueblo comenzaron a despertar.  Las miradas se centraban en Don Joaquín, quien sin mirar a nadie absolutamente iba derechito a la dirección donde vivía el mentado Aparicio Infante.  Éste, presintió los pasos de su futuro suegro.  Se fajó los pantalones, se lavó la cara junto con los dientes; se puso su sombrero de lujo, el que guardaba sólo para días muy especiales, acomodó sus bigotes que ya tenían muchas canas blancas y aclaró su garganta.   

Todo era expectación.  No había nadie en todo el pueblo de Jaltenango que no estuviese siendo testigo de los hechos.

—¡Don Roberto!  Buen día.

—Buen día Don Joaquín.  Tenga la bondad de pasar.  Está usted en su casa.  Le puedo ofrecer un tequila.

—Gracias. 

Don Roberto sacó una botella que de acuerdo con las malas lenguas ya tenía más de cien años de estarse añejando.  La tenía guardada para una ocasión como esa.  Don Joaquín solamente lo miraba a distancia con una extraña seguridad mientras se saboreaba ya el sagrado líquido.

—¡Salud! —pronunció Don Joaquín.

—¡Salud! —respondió Don Roberto.

—Puedo hablar con usted de hombre a hombre Don Roberto.

—Usted dirá.

—Me llegó su carta y la mera verdad me preocupa mucho.

—¿Por qué Don Joaquín?  Fui lo más honesto que pude.

—No es eso a lo que me refiero.

—¿Entonces?

—Usted quiere la mano de Elenita.

—Sí.

—¿Y por qué la quiere?

—Porque dicho con todo el respeto que usted se merece, su chamaca está bien chula, y ya está en edad de tener hombre.  Yo le puedo dar todo lo que ella necesite y a usted también, además, esto nos beneficia a los dos.

—Lo qué a mí no me gustó fue el tono de su voz.

—¿Pues cómo quiere qué le hable?  Así soy yo.

Don Joaquín le entregó la caja que traía.

—¿Y esto qué?

—Ábrala.

Don Roberto sonrió sin seguridad.  Tomó una actitud prepotente y finalmente abrió la caja.

—¿Qué es esto?—gritó dejando caer al piso aquel cepo que olía a carne humana.

—¡Es la mano de Elenita!  ¡Prefiero cortársela que dártela a ti por mujer hijo de tu chingada madre! 

Sacó una pistola y disparó varios tiros sobre el cuerpo sorprendido de Don Roberto, que cayó con los ojos de asustado en el ataúd de su propia existencia.

Desde ese día nadie más volvió a ver a Elenita.  Todos decían que estaba manca, que su padre realmente le había cortado la mano y que por eso prefería no ser vista por nadie.  De cuando en cuando se dejaba ver una sombra que caminaba entre los cuartos de la casa de Don Joaquín, pero nadie realmente la había podido volver a ver desde aquel día.

Don Joaquín cuando andaba borracho decía:

—Yo cumplí mi palabra…ese desgraciado solamente pidió la mano…yo cumplí…porque a mí me enseñaron a cumplir…mi hija no puede ser de ese cabrón…yo cumplí…

Desde entonces el pueblo de Jaltenango es muy visitado.  Todos quieren ver a la niña manca.  De todo el país llegan con la ilusión de al menos ver la sombra detrás de las ventanas de la mujer que provocó la muerte de un patriarca.

De eso hace ya muchos años…creo que todos en el pueblo ya creemos la historia…sí…esto pasó en Jaltenango.

© David Alberto Muñoz

 

***

Decisiones

Por David Alberto Muñoz

 

Descubrí en el garaje de mi casa tres cartas.  Una iba dirigida a mi madre, otra dirigida a alguien llamada Cristina, y otra dirigida a mí.

—Rosalba:

                No sé si debo escribirte o no pero he decidido irme con otra mujer.  No la conoces y no importa quién es.  Lo importante es que no te quiero, nunca te quise y deseo al menos ser feliz los últimos años de mi vida. 

—Cristina:

                Llego mañana a primera hora.  Por favor recógeme en la estación del autobús.  Finalmente podremos estar juntos.  Te amo y tengo ganas de acariciar tu cuerpo.

—Ramoncito:

                En este momento no puedes entenderlo pero me voy de la casa.  Tú no tienes la culpa de nada, ni tu madre tampoco, sólo que hay ocasiones en que tenemos que hacer decisiones que dañan a los demás.  Te quiero mucho y siempre estaré contigo.

Mi padre nunca se fue, las cartas tienen fecha de hace más de treinta años.  Fue el día antes de que mi madre muriera.  Mi padre vivió siempre con nosotros, con rostro apagado y sin Cristina.

Ahora entiendo, a veces tenemos que tomar decisiones, y algunas veces parecen ser decretos del destino.

—Papá:

                Espero que estas palabras lleguen a tus oídos.  He aprendido que es mejor hacer decisiones y arriesgarlo todo, que vivir toda una vida imaginando qué pudo haber sido.

Ramoncito

© David Alberto Muñoz

 

 

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…haz la oración de amor de la Santa Muerte.  Todo saldrá bien.

Brujería

Por David Alberto Muñoz

Todos los días tomaba un taxi hacia el centro de la ciudad, sólo para poder verla, la dama del sortilegio blanco.  Era una bruja de quién le decían podría hacer que Brígida se enamorara de él.

—¿De veras?

—Me cae que sí Benjamín.

La mujer era de cuerpo lleno, curvas grandes pero sensuales, senos monumentales, rostro de monja provocativa, además tenía una voz ronca, muy seductora .

—Una receta tentativa es: toma una pizca de todo y mézclalo bien.  Con este pensamiento en mente: ¡buen provecho!

Ya había mezclado hojas de laurel, colas de lagartija, un trébol, rosa marina y hierba de la corona, arbusto labiado, polvo de incienso, velas, hierbas  aromáticas, como el romero, el tomillo, la menta y el perejil e incluso algo que le habían dicho era sangre de cordero.

 —Mezcla todo, toma una prenda intima de quien deseas se enamore de ti, escupe tres veces sobre la misma, dejar caer el brebaje sobre tu cama, y haz la oración de amor de la Santa Muerte.  Todo saldrá bien.

Por los poderes de la tierra,
Por la presencia del fuego,
Por la inspiración del aire,
Por las virtudes del agua,
Invoco y conjuro a la santa Muerte,

Que su espíritu se bañe en la esencia de mi amor

Que jamás quiera a otra persona y

que su cuerpo solo a mí me pertenezca.

***

Tres días después Benjamín regresó con la dama del sortilegio blanco.

—¿Qué pasó muchacho?  ¿No se cumplió el hechizo?

—Sí, lo qué pasa es que…

—Dime.

—Yo la quería como mi compañera pero ella me quiere sólo como su hombre.  Nada más quiere estar cogiendo.

—¿Y no es eso lo que todo hombre quiere?

—Pues sí, pero… mire usted, dama del sortilegio blanco, algunos queremos simplemente compañía y pues, lo demás… lo demás viene por añadidura.  ¿O no?

—Pobre diablo, te consumieron tus propios deseos.  A veces es mejor no pedir porque a lo mejor se te cumple tu deseo…  

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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You should have seen his expression.  I am not certain if it was surprise, irritation or plain anger.

Never again…

A short story

By David Alberto Muñoz

I never imagine she would do something like that.  Well, I guess I probably would also do it under the same circumstances.  She was a young innocent girl when she first met him.  He was handsome, tall, and muscular, with that incredible sense of mystery that drives every girl crazy.  She felt in love with him.  I cannot understand why every guy at first is so gentle and caring but as time goes by he changes into this abnormal monster that sleeps next to you.  Sometimes guys think we don’t feel anything.  I don’t know what crosses their mind but they don’t understand we are humans with emotions just like them.  Well, forget about “just like them.”   I mean, we are so different.  It’s like day and night, north and south, high and low, heaven and hell.

That day, she actually let him have it.  The last time I saw them he was like always on top of her, whining, complaining, even striking her because she would not get his dinner ready, she would not clean the house, she wouldn’t take a shower and all the kids were dirty. 

But did you know she had depression?  A lot of people talk about it and perhaps there are some that think it is only a pretense game, but I’m telling you some of us get really depress especially after having a baby.  Do you remember when Sissy had Michael?  She would not get up from bed not even to go to the bathroom.  It was really depressing.  Her husband became the lady of the house.  He had to work and take care of the kids.  But in the case of Alice, it was not fair what she went through.

 He came that morning drunk, like usual.  The kids were sleeping.  He had been in court requesting full custody of the kids.  Apparently, he got some kind of court order and was determined to move away with that slut he was sleeping with.  Yes, that stupid blonde who didn’t even know how to put a Kotex on herself nevertheless help the girls with it!

Yes!  I know maybe I am not being fair but do you have any idea what Alice went through?  Do you?  A lot of guys don’t believe in postpartum depression.  You begin to feel sad, blue, unhappy, miserable, your hormones are changing or maybe you are experiencing a stressful life event, like a death in the family, or your kids are sick; all of these can cause chemical changes in the brain that lead to depression. Depression is an illness that runs in some families.   

Did you know that?

Other times, it’s not clear what causes depression.  I guess all of us have felt that way at one time or another but when postpartum gets you it is like you just gave up on life.  You don’t care about anything not even your kids I’m afraid to say.  You wish you were death…

That day Jimmy came into the house and began to yell at Alice.  She just sat there with that face of indifference she had developed.  Somehow she knew deep inside what she was going to do but it hadn’t actually strike her until Jimmy started hitting her.  I don’t know why men believe they can hit a woman at random.  It makes them feel like real men I guess…

I came into the house as soon as I heard the screams, the fighting, in no uncertain terms I demanded that Jimmy just leave and stay away.  The kids were crying.  Little Jimmy grabbed his Teddy Bear beating it in the face with desperation while little Alice just scream: “Mommy…Mommy…”  I remember she picked up the phone and was telling someone: “My Daddy is hitting my Mommy.”

It was all crazy.  How can we turned our world in a few seconds and become like animals, like real beasts attempting to survive in a pile of violent mud?

Alice raised her eyes with determination.  I had never seen her like that.  She grabbed a knife from the kitchen and with an amazing strength went through the body of Jimmy who didn’t have any time to react.  You should have seen his expression.  I am not certain if it was surprise, irritation or plain anger.

When the police came she told them he had tried to kill her with the same knife.  She placed it in his hands but the entire scene was so ridiculous that they just accepted her story even though it may not match the ballistics’ report.  Everybody in the neighborhood knew about Jimmy.  Many nights we heard the screams coming from Alice and we didn’t do anything.  Why?  I don’t know.  It wasn’t our business.  In America we don’t get involve if it is not your business.

I never imagine she would do something like that.  But you know what?  I’m glad she did it.  A man cannot understand that…but we do…he will never hit her again…I’m glad she did it…

My name is Alice…and I’m glad I did it…he will never hit me again…

© David Alberto Muñoz

 

 

 

 

 

***

Ese día me di cuenta, mal de muchos, consuelo de tontos. 

Mal de tontos

Por David Alberto Muñoz

 

Mi hermana nació la noche cuando mi Dad se fue de la casa con la esposa del panadero.  Era una mujer más joven que mi amá.  Nadie se lo hubiera imaginado.  Se miraba decente la señora.  Cada rato venía a la casa a regalarme vestidos y compartía sus cosas con mi madre.  Le decía que por qué no se arreglaba más juvenil, que se pusiera faldas más cortas porque a los hombres les encanta ver pierna, además, ya no vivimos en el siglo pasado.  Era una mujer muy moderna.  Se pintaba mucho e incluso cuando iba a la iglesia creo que el mismo padre Ramiro se le quedaba mirando con ojos medio raros.

Yo siempre estuve bien pegada con mi Dad.  Desde que tengo uso de razón mi Dad a veces me llevaba a trabajar con él a las minas.  Se la pasaba hasta 12 horas trabajando, y cuando iba pa tras a la casa, llegaba bien cansado.  Mi amá le decía:

—¿Quieres comer Negro?

Él contestaba casi por obligación.

—No vieja, prefiero ir a darme un baño y dormir.

Nunca nos imaginamos que mi Dad se iba a ir para la casa de Soledad, ¿qué nombre no?  Soledad Amparo Martínez de Escudero.  Así se llamaba la esposa del panadero.  Escudero…que dizque era nombre de la realeza española.  El panadero había llegado a México hace ya muchos años, aunque después me dijeron que en el tiempo que mi amá parió,  ya no era México, yo no entendía muy bien, todo era muy confuso.  Había gringos que eran los patrones de mi Dad, y vivían en unas casas muy bonitas en el centro del pueblo, pero como yo crecí de esa manera, a mí no se me hacía nada raro.  Escudero había abierto la única panadería de aquellos años en el pueblo de Bisbee, en lo que ahora es Arizona.  Yo pensaba que era México todavía. 

En este pueblo el negocio era las minas, de cobre, plata y oro.  Yo creo que les caía en gracia a los dueños de las minas porque iba con mi Dad y a mí me dejaban entrar de vez en cuando, y me acuerdo muy bien del miedo que sentí la primera vez al estar literalmente en el centro de la tierra sin ninguna luz.  Solamente me aferraba a la mano de mi Dad que muy lindo me abrazaba diciéndome:

—No te apures Raquel.  No pasa nada.  Piensa en algo.  ¿Cuándo cierras los ojos que ves?

—Nada.

—Pues es lo mismo, simplemente la ausencia de luz.

Yo quería mucho a mi Dad.  Me sorprendió mucho cuando llegó la Lucero que era la chismosa del pueblo gritando, moviendo los brazos, haciendo más escándalo del que hubiéramos deseado.  Mi amá se levantó a puro orgullo.

—¿Qué más tiene esa mujer que yo?  ¡Yo también tengo tetas!

—Está más joven doña Lorenza.  Los hombres ya de viejos buscan la juventud, no se acuerda de la Meche, su esposo la dejó por una jovencita de 20 años.  Mejor déjelo que se vaya, a los dos meses va a estar arrepentido de regreso pidiéndole perdón, porque las mujercitas esas nada más saben pintarse y levantarse la falda, pero no saben cocinar, ni lavar, ni nada de eso.  Además están bien feas las viejas desgraciadas.

—Pero duele Lucero…cómo duele…

Admiré mucho a mi amá desde entonces.  Acababa de dar a luz y la pinchi Lucero le informa que su marido se fue con la Soledad mientras mi hermanita lloraba como si supiera lo que había sucedido.  Nunca olvidaré su rostro.  Hablaba con el llanto, gritaba como diciendo no hay derecho.  It’s not fair.  Yo necesito a mi Dad.

En mi casa siempre pasaban cosas.  Que el tío Lalo se emborrachó y manoseo a la prima Amalia.  Que Panchita, cuñada de Sarita, media hermana de mi amá, salió premiada y tenía que casarse con el Miguel, sobrino lejano de mi Dad.  Porque en esa época si salías panzona te casabas porque no había de otra.  Pronto descubrí que los destinos eran distintos para los hombres que para las mujeres.  SI eras mujer todos los hombres siempre andaban detrás de ti para meterte la mano, aunque fueran tus tíos, primos o conocidos, a veces tus propios hermanos lo hacían.  Siempre andaban como perritos calientes detrás de una.  Siempre rogándote que te dejes, para una vez que les das lo que quieren, mandarte al mismito infierno y ni siquiera saben decir gracias.  Si una mujer se entrega en cuerpo te da todo, deberían de decir por lo menos: thank you.  ¿Qué no?

No podía faltar alguien que fuera bueno, como el Mauricio, pero a lo mejor era bueno porque era de los otros y siempre nos cuidaba mucho a mi hermanita y a mí.  Todo mundo sabía que era maricón pero nadie decía nada porque en esos tiempos todo se callaba.  Nadie debe de saber qué pasa dentro de tu casa.  Él también sufría.  Más de una vez lo vi llorar solo en su casa porque en la escuela siempre le hacían burla.  Pero bien que lo buscaban cuando necesitaban los apuntes o alguna ayuda para hacer un trabajo.  ¿Por qué es así la gente?  Somos bien convenencieros.

Mi Dad cada vez que hacíamos algo que no debíamos nos pegaba con el cinto, y cuando mi amá se daba cuenta nos volvía a dar nada más para que aprendiéramos a ser buenas niñas, decentes, sin ninguna cosa cochina en nuestras mentes.  Eso yo no lo podía entender.  Cuando crecí sentía cosas raras cuando miraba a los muchachos.  Una vez encontré a mi hermano agarrándose el miembro y me sorprendió mucho.  Nada más volteó muy asustado y me dijo:

—¡No le digas a nadie Manita!  Por favor, ¿me entiendes?

—Si manito, no te apures—le respondí sin entender completamente lo que había presenciado. 

Después descubrí que todos los hombres lo hacían.  Incluso nosotras aprendemos cómo para que dejen de fregar con sus calenturas pendejas.

Debo de confesar que una curiosidad tremenda empezó a dominarme.  Tenía pensamientos sucios, cochinos como nos decía mi amá.  Cuando besé finalmente a un hombre en la boca,  yo misma le puse sus manos en mis pechos y sentía que me meaba.  

Cuando mi Dad se fue nos quedamos solas.  Éramos puras mujeres prácticamente, porque mi hermanito como si no existiera.  Siempre estuvo muy apegado a mi amá.  Poco a poco los gringos nos fueron haciendo a un lado.  Vivíamos de por sí en los lugares más pobres del pueblo, pero ellos se encargaron de ponernos en nuestro lugar.  Siempre pensé que los blancos eran mejor que yo.  Nunca lo cuestioné.  Hasta aquel día cuando mi Dad se fue con la esposa del panadero.  No estoy segura por qué.  Me dio mucho coraje.  Mi amá estaba más bonita que la pinchi esposa de Escudero.  Sentí la necesidad de hablar y decir lo qué pensaba.  Nunca lo había hecho.  Algo explotó dentro de mí; me di cuenta de que si no hablaba por mí misma, iba a pasar toda la vida quizás como mi madre…no lo digo con la intención de ofenderla.  Tampoco a mi Dad, los quiero mucho a los dos.  Lo qué pasa es que en esta vida hay momentos en los que es necesario hablar y decir lo que uno siente por dentro aunque se enoje medio mundo, total, nunca satisfacemos a las personas.

Tomé a mi hermanita de la mano desde entonces y cuando nos vestían con nuestros vestidos de domingo para ir a misa siempre la cuidaba yo.  Cuando crecimos descubrimos que ya no vivíamos en México, más bien yo no nací en México, aunque eso pensaba.  Descubrí que los míos eran discriminados.  Que todos los que trabajaban en las minas eran mexicanos, morenos, todos prietos como yo, y que uno que otro de sus hijos iba a la escuela, y los que tuvieron más suerte asistieron a la universidad y ahora se llaman chicanos y hablan de restablecer la justicia en esta tierra que dice que la libertad hay que defenderla.

Esa es otra cosa que yo no entiendo.  Era cierto, discriminaban a los hombres en las minas pero los mismos hombres discriminaban a sus mujeres en las casas.  Todos los fines de semana se emborrachaban e incluso en ocasiones les daban sus buenos golpes a las viejas como ellos les decían.  Más de tres andaban de cama en cama y aunque la esposa se diera cuenta les importaba una reverenda chingada.  Si mi hermano se acostaba con una muchacha era igualito que su padre.  Todo un hombre.  Si yo hacía lo mismo, Dios me guarde porque me iba a ir de la fregada y me gritaban que por qué andaba de puta. 

—¿Por qué no le dicen puto a mi hermano?—respondía con mucho coraje.

—Eso es otra cosa niña mensa.

Mi hermanita un día me pregunta:

—¿En qué quieres trabajar manita?

—¿Trabajar?  Nosotras no trabajamos.

—Yo nunca veo a mi Dad lavar los trastes, ni cocinar, ni lavar la ropa.

—Es que él trabaja nada más en las minas manita.

—Yo quiero ser policía.

—¿Qué dices?

—Que yo quiero ser policía.

—Las mujeres no podemos ser policías.  Quítate esa idea de la cabeza.  Nosotras debemos estar listas para ser amas de casa y madres.

—¿Y si yo no quiero ser madre?

No supe qué decirle.

Mi hermana nació la noche cuando mi Dad se fue de la casa con la esposa del panadero, y creo que esa misma noche, mi vida comenzó.

—Sí, yo quiero ser policía para arrestar a todos los hombres que nada más andan de desgraciados haciendo de la suyas.  Quiero ser respetada no porque soy hija de mi padre, sino porque he logrado cosas por mí misma.  ¿Entiendes Raquel?  Yo quiero ser algo, no nada más lo que ellos ya decidieron hace muchos años que iba yo a ser.  

—Pero manita, no hay mujeres policías.

—No importa…yo quiero ser policía.

Sí, mi hermanita quiere ser policía, y a mí me gustaría ser mujer.  Ese día me di cuenta, mal de muchos, consuelo de tontos.  Si yo no hablo, nada me va a suceder.

© David Alberto Muñoz 

 

 

***

Una noche nos quedamos en el patio de atrás de mi casa, ya ves cómo está de grande, y pues ahí detrás del árbol que nos da sombra, empezamos a hacer cosas.

Dos adolescentes

Por David Alberto Muñoz

 

—¿Lauro? 

—¿Qué?

—¿Ya viste a la Nueva?  ¿A la chava?

—¿La piernuda?

—¡Simón!

—Está bien buena ¿verdad?

—Sí, ya se ve grande.

—¿Cómo cuantos años le calculas?

—Pues yo pienso que ha de tener unos 15 años.

—¿Así de grande?

—Pues está bien desarrollada.  ¿A poco no le miraste las chichis?  Las tiene bien grandotas, más grandes que la maestra Rosita.

—¿Tú crees?

—Yo digo que sí.

—¿Oye?

—¿Qué?

—¿Tú ya hiciste sexo?

Aurelio, recargado sobre una mesa en el salón de clases de la escuela secundaria Cadi no 130, localizada en Héroe de Granadita 4950, Unidad Habitacional, Viveros de Coyoacán, y mientras platicaba con su amigo Lauro, respiró, rascándose la cabeza en busca de respuesta.   

—A mí se me hace que ni siquiera sabes cómo masturbarte.

—¡No mames güey!  Seré tonto pero no pendejo.  Mira, la verdad, no, nunca he tenido sexo, pero claro que me la jalo, ¿quién chingaos te crees?  ¿Y tú?

Lauro sonrió con mucha picardía.

—No manches, ¿a quién te cogiste?

—¡A tu madre cabrón! 

—¡Chinga tu madre pinche güey!

—No te enojes, nada más estoy cotorreando. 

—Contéstame, ¿tú ya tuviste sexo?

Lauro hizo una larga pausa, su rostro reflejaba la mirada de un joven en plena pubertad.  Se acercó al oído de Aurelio y casi en silencio hizo su confesión.

—Una vez vinieron mis primas a mi casa.  Se quedaban a dormir con frecuencia.  Mi prima Nayeli y yo siempre nos hemos llevado bien.

—¿Te metiste con tu prima?—se escandalizaba Aurelio.

—¿Quieres oír o no?

Aurelio afirmó con la cabeza.

—Siempre ha habido un no sé qué entre nosotros.  Tú has de saber, las relaciones con los primos son medio raras, hay más confianza, confianza de familia, pero a la misma vez hay una especie de tensión, no sé si me entiendas.  Pues Nayeli y yo comenzamos a jugar el uno con el otro en la cuestión del sexo.  Una noche nos quedamos en el patio de atrás de mi casa, ya ves cómo está de grande, y pues ahí detrás del árbol que nos da sombra, empezamos a hacer cosas.

—¿Qué cosas?

—Le agarré sus senos.  Ella me dejó que le desabrochara la blusa y se dejó subir la falda, y de pronto, que me agarra el miembro.

—¡No seas mentiroso!

—¡Me cae!  Hasta me lo sacó del pantalón, me empezó a acariciar; yo sentí bien rico, y de pronto, llegué.

—¿Llegaste adonde?

—No seas pendejo, llegué sexualmente, mi cuerpo lanzó leche, semen, ¿sí me entiendes?

—¡Ah!

—Mi prima se enojó.  Me dijo que no era hombre todavía.  Que por qué no me esperé.  ¿Esperar qué?  Le pregunté.  Y ella entonces me dio una cachetada, se arregló su ropa y se fue.  Sí, después se le pasó pero ya nada fue igual, empezó andar con un muchacho de prepa.  Me dijo que estaba muy chiquito y tenía muchas cosas que aprender.  Ha sido mi única experiencia sexual.  ¿Al menos es algo no?

—Pues es más de lo que yo he logrado.  Mis papás me dicen que nada más ando de calenturiento, y pues yo no puedo evitar que se me pare nada más de pensar en las chavas.  Me encanta verle las piernas a la Nueva, y a la maestra Rosita cuando se pone esos escotes que todos nada más nos quedamos como mensos.  Yo creo ellas saben ¿no?  No lo podemos evitar ¿o sí?

—No Aurelio, no podemos.  Lo curioso es que ellas tampoco, pero como que son más abusabas, o son mejores que nosotros para hacerse pendejas, o saben más cosas que nosotros o yo qué sé.  La cosa es que yo también me la paso pensando en el sexo.  El papá de Rafael ya lo llevó a una casa de citas para que tuviera su primera experiencia.

—¡En serio! No, mi papá nunca haría eso, dice que es mejor esperar a que me case con alguien.  Me dice que estoy muy chico todavía para esas cosas.  Pero ¿qué hago?  Esto se siente y punto ¿no?

—Eso de esperar hasta el matrimonio ya es del siglo pasado Aurelio.  Aunque a mí tampoco me ha llevado mi jefe a un lugar de esos.

—Pues el otro día escuché que estaban hablando las muchachas y decían que la Nueva ya está tomando la píldora.

—¿En serio?

—Me cae de madre Lauro.  Eso quiere decir que ya está cogiendo ¿no?

—Pues yo digo que sí.  Aunque hay algunas que toman la píldora por cuestión de salud.

—¿Cómo es eso?

—Pues no estoy seguro pero a mí se hace que la Nueva ya sabe coger.

—Pues ojalá nos toque pronto porque a mí me dan unos dolores en la panza.

—Pues para eso es la jalada güey, para poder aguantar un ratito.

—¿Oye?

—¿Qué?

—¿Cuánto tiempo duraste con tu prima?

—Todo fue muy rápido.

—¿Cómo cuánto?  ¿Cinco minutos?

—Pues la mera verdad creo que no fue ni un minuto.

—¡No mames güey!  Con razón se enojó contigo.  Yo he oído a mi hermano mayor que dice que tiene uno que aguantarse porque si no las viejas se encabronan con uno.

—Sí, ya me habían dicho algo así.

—¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?  Debería de ser más fácil ¿no?

—Pues a mí sí me gustaría que fuera más fácil.  ¿Sabes que me dijo un día mi jefe?

—¿Qué?

—Nunca podremos satisfacer a las mujeres… Me cae.

—¿No habrá algo que pudiéramos hacer?

—No sé carnal, la mera verdad no sé.

—Aurelio, Lauro, ya váyanse a su clase de biología—Era la maestra Rosita—Hay chamacos calientes, apenas tienen 12 años y ya están nada más pensando en cochinadas.  Váyanse a su clase antes de que lleguen tarde y el maestro de biología los vaya a mandar a la dirección.

Lauro y Aurelio tomaron sus mochilas, pusieron sus brazos sobre el hombro el uno del otro, y como buenos cuates se fueron a su clase de biología.

En sus mentes permanecía el pensamiento de que algún día, ellos podrían tener sexo de verdad. 

Eran apenas dos adolescentes.

 

© David Alberto Muñoz

 

***

Pero no puedo…

Trotamundos

Por David Alberto Muñoz

Si pudiera, lo haría, viajar por este globo terráqueo sin destino, sin hacer ninguna pausa, sin temor.  Iría hasta Tierra del Fuego pasando por los Andes, la Patagonia, el Amazonas, el Cuzco, las distintas playas del Caribe.  Al menos recorrería la república mexicana  que tiene sin duda alguna lo suyo. 

Pero no puedo, tengo que trabajar.

Si pudiera, iniciaría un viaje interminable por los continentes, Asia, y sus enigmáticas culturas, África, con el rey de la selva que hace el amor hasta siete veces al día, Europa, con todo su equipaje, Oceanía y sus islas escondidas, todo lugar existente donde el respirar humano está vigente.

Pero no puedo, hay que consumir.

Si pudiera sería un trotamundos, vagaría por la tierra conociendo, experimentando y viviendo.   Dormiría bajo la sombra de un árbol, comería lo que la tierra me regalara, escribiría lo que la verdad me revelara, mientras el cosmos continuara trotando.

Sí… si pudiera, dejaría que la satisfacción de haber vivido como se me dio la gana gobernara mi ser…

Pero no puedo…tengo mucho qué hacer…

 

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Nadie Raquel… parece ser que nadie…

Ardor

Por David Alberto Muñoz

 

Una mujer estaba sentada frente a un oficial de policía, quien sangrando de la nariz, insultaba a la susodicha con mucha saña.

—¡Está usted loca señora!  ¡Cómo se le ocurre golpear a su marido con un tubo, y además, golpearme a mí que no tengo vela en el entierro!  Jesus Christ!  What’s wrong with you!

El oficial la cuestionaba con sólo su mirada.

—Did he hit you?  ¿Trató de hacerle algo violento?  What happened lady?

—¡Usted me agarró con malas intenciones!—respondía la mujer mientras intentaba encontrar su lápiz labial para darse una manita de gato—You wanted to touch me in improper places!

—¡Qué improper places ni que nada!  ¡Señora, no entiende que es un crimen intentar matar a la gente!

—Yo no quería matar a la gente, yo quería matar a mi marido.

—¡Ya ve!  Además, señora, ¿cuáles improper places?  Yo sólo quería ponerle las esposas.

—¿Y para qué?  ¿Por qué?

—Señora, usted golpeó a su marido en la cabeza con un tubo.  ¿Se da cuento de eso?

—Pues fue lo único que encontré, pero bien se merecía el desgraciado que le cortara la cabeza con uno de esos cuchillos que usan los terroristas o los Zeta para cortar la cholla, ¿sí sabes de cuáles?

El oficial prácticamente se jalaba el pelo con la intención de quitarse la frustración que le había llegado desde el momento en el cual los llamaron a él y a su compañera para ver qué sucedía en aquella casa de clase media alta, donde los sirvientes los recibieron y con suma atención, los llevaron a la recamara de los señores donde yacía un tipo con la cabeza llena de sangre, y la mujer sentada en la cama con el tubo en la mano, maldiciendo a su marido por haber llegado tarde a casa y oliendo a perfume de mujer.

—Can you believe this?—le decía el oficial a su compañera, una mujer policía de alrededor de 25 años de edad con rostro de pocos amigos y una figura sensual.

—¡Qué quieres que te diga!  Las mujeres a veces somos así.

—Las mujeres a veces somos así… bonita cosa.  ¡Pero que no viste que la vieja nada más se levantó con toda la calma del mundo para acercarse a mí y darme un tubaso en las narices!

La muchacha no pudo evitar el sonreír.  Se tapó la boca casi al instante.

—Bueno, no es para tanto Javier, cálmate.

—¡No es para tanto!  ¡No es para tanto!  ¿Qué tal si el tubaso te lo hubiera dado a ti?

—Eso no es posible.  Las mujeres nos protegemos unas a otras aunque ustedes no lo crean.

Javier miró a su compañera con ojos de reproche.

—Nada más me falta que ahora la culpa de todo la tengo yo.  ¿Eh?

—No, tampoco, no seas payaso.  Déjame hablar con ella.

—Adelante Lilia, mujer oficial de policía, servidora de la comunidad, perdón, debo decir, oficial Bustamante, o prefieres tu nombre gringo, officer Blairmont, she is all yours!

—Déjate de sarcasmos, ahorita vuelvo.  ¿Por qué no te vas a la enfermería a que te den algo para detenerte la sangre de la nariz?

Javier se alejó de la escena después de haber suspirado largo y tendido.

Lilia, se fajó la pistola y con decisión se acercó a la mujer detenida.

—¿Señora…—buscaba el apellido en un folder que contenía el informe de lo sucedido aquella tarde—Bustos?

—Raquel Bustos de Ojeda para servirle a usted.  Aunque aquí en el otro lado soy simplemente la señora Ojeda.  A mí me parece de muy mal gusto eso.  ¿No crees?

—Tal vez, aunque por acá ya hay mujeres que mantienen su apellido aunque estén casadas.

—¿De verdad?

—Sí.

—Pues eso me parece muy bien.  En México como que eso de utilizar la preposición “de”, como que implica que somos propiedad de los maridos ¿no?

—Señora, ¿qué pasó?

La mirada de aquella mujer se  tornó gris. Descansó su cabeza sobre su mano derecha.  Sus ojos se llenaron de lágrimas.  Vio directamente a los ojos a Lilia.  Sonrió como buscando algo.

—¿Puedo fumar?

—Aquí no pero ven para acá, allá afuera si puedes.

Caminaron ambas mujeres por el centro de aquella oficina de policía, donde en cada escritorio se encontraba un transgresor de la ley, unos justificados, otros quizás no.

Salieron por una pequeña puerta que daba a una especie de celda externa.  Lilia sacó de sus pantalones un paquete de cigarros, y le ofreció uno a Raquel.

—Está nublado hoy—comenta la detenida después de haber encendido su vicio.

—Sí, estos días debemos disfrutarlos, no hay muchos aquí en el desierto.  Usually it’s hot as hell!

Mientras el humo acariciaba el viento, la señora Bustos Ojeda descansó ante aquel atardecer que se le figuró ser fuego quemando literalmente el suelo de la tierra.

—Tengo ya más de 30 años de estar casada.  Mi esposo y yo venimos de México.  Tenemos dos hijos ya casados y un nieto.  Es la cosa más linda que te puedas imaginar.  Ayer por la noche Francisco llegó de madrugada.  No era la primera vez.  ¿Sabes cuántas veces incluso no ha llegado a la casa?  Cientos de veces, si no es que miles… siempre es lo mismo, discutimos, a veces le doy sus cachetadas… ¿a poco tú nunca le has dado sus buenos putazos a tu marido o a tu novio? 

Lilia sólo sonrió con cierta timidez.

Él niega todo, siempre.  Es curioso, los hombres siempre niegan todo, todo llega al punto que nosotras lo empezamos a creer.  Sí, preferimos hacernos tontas que aceptar la realidad.  El punto fue que me colmó la paciencia.

—¿Te pegó?

—No, Francisco nunca me ha tocado.  En ese aspecto es todo un caballero.  Pero su silencio y la forma tan fácil en la cual niega todo me llena de ira.  Lo puedo agarrar en la misma cama con otra mujer y lo va a negar.  No, tú no conoces a mi marido.  Es todo un personaje, y lo raro es que hace las cosas de una manera que al poco rato ya me estoy riendo de su actitud que se me olvida el enojo.  Pero ayer exploté.  Ya no puedo más… ¿sabes lo que es tener que aguantar el aroma de otra mujer en tu hombre?  ¡Qué significa saber que te ha estado mintiendo por 30 años!  ¡Qué a veces te toma por una idiota que no sabe lo que está pasando!  No, exploté… y se lo dije… no más Francisco, estoy harta de tus mentiras.  Sí, no puedo negarlo, es muy cariñoso, muy detallista, en la cama es un todo un hombre, tiene cada detalle conmigo… pero lo que yo no aguanto son las mentiras que me dice en mi propia cara.  ¿Sí me entiendes?

Lilia afirmaba con la cabeza.

—Yo sé que ya no soy una jovencita.  Pero tampoco soy una vieja… No sé por qué a veces permanecemos en esas circunstancias.  ¡Por pendeja diría mi madre!

Raquel comenzó a llorar.

—Raquel—habló con sumo cuidado la oficial—Eso no justifica que casi lo matas.  Le rompiste literalmente el cráneo.  En estos momentos está en el hospital bajo cirugía.  No sabemos qué va a pasar con él.  Cometiste una falta.  Mira, yo como mujer te entiendo pero no debiste haberlo golpeado.

Raquel soltó una carcajada contagiosa que hizo que todo mundo en aquella oficina volteara a verla, incluso a pesar de estar fuera del edificio.

—¡Por favor!  Él sí tiene derecho a pegarme y yo no ¿verdad?

—No Raquel no tiene el derecho.  ¿Pero no me dijiste que nunca te había golpeado?

—No, nunca, pero el corazón me lo patea cada vez que me miente.  ¿Sabes?  A lo mejor no es tanto que se meta con otras mujeres.  Yo también puede que lo haya hecho.  El punto es la mentira, ¿me entiendes?  ¿Por qué nunca puede decirme la verdad?  Eso es lo que me carcome el alma. Es un pinche mentiroso.  ¡Qué se muera!  Total a mí qué… esa es la verdad.

—¿Crees que valió la pena golpearlo, casi quitarle la vida?

—El me robó la mía hace ya muchos años.  Sí, es mío por ratitos, pero en ciertos momentos lo siento tan distante aunque esté junto a mí en la cama.

—I’m sorry Rachel but… lo que hiciste estuvo mal, no debiste haberlo hecho.

—Bueno señoritas—aparece de pronto el oficial a quien le habían sacado sangre de la nariz—La tenemos que hacer booking.  Así que por favor, come over here y nada de lanzar golpes.  ¿Entendió?

Raquel y Lilia lo miraron con esa eterna mirada de mujer que provoca juicio en los hombres.

—Está usted detenida por querer quitarle la vida a su esposo.

—¿Y a mí quién me regresa la mía?

—Nadie Raquel… parece ser que nadie…—pronunció casi como sentencia la oficial.

 Ella, quedó con un ardor, que secaba su propio corazón.

© David Alberto Muñoz

 

 

***

El macho mexicano haciendo chistes machistas sobre las mujeres, parejas jóvenes en pleno celo que piensan nadie las puede ver, adultos ya de edad madura intentando disfrutar un día más mientras no pierdan su energía, en fin, hubo de todo, de tocho morocho.

Fotos © Peregrinos y sus letras

Oleaje distinto

Por David Alberto Muñoz

 

Puerto Peñasco, Sonora, México.- Cada viaje trae sus peculiares características.  No importa si viajamos por placer, por negocio, o con ambas intenciones, continuamente encontraremos experiencias nuevas siempre y cuando estemos abiertos a ellas.  En esta ocasión sucedió lo susodicho, con la intención de apartarnos de la sociedad en la cual vivimos, decidimos pasarnos unos días en la playa más cercana a la urbe arizonense, y la más bella en términos de la temperatura de sus aguas y lo calmado de su mar. 

Tomamos carretera ya algo avanzada la mañana.  Pudimos observar más de cerca la belleza del desierto, sus cactus, esas flores hermafroditas, grandes y llamativas, sahuaros, choyas, ocotillos, una gran variedad de aves, incluyendo el águila dorada, el zopilote y el halcón, sus grandes formaciones rocosas que en ocasiones pueden parecer castillos petrificados, lugares que quedaron atrapados dentro de la roca misma, sin poder faltar sus reptiles, lagartijas, serpientes, uno que otro correcaminos y demás.

Nos sorprendió que tomamos poco tiempo para llegar a nuestro destino.  La carretera desde la frontera en Sonoita parece haber sido construida con el único propósito de llegar al conocido lugar turístico llamado en suelo rojo azul: Rocky Point.  Terreno festivo que atrae a mucha juventud sobre todo en la llamada semana de Spring Break, cuando la juventud que está estudiando en las universidades estadounidenses se desemboca para echar “party” en toda la extensión de la palabra.  Es una carretera casi totalmente recta, no existe otro destino  a menos que tenga uno la intención de ir a Caborca.  Todo esto sin minimizar la mentada Reserva de la Biosfera El Pinacate, región volcánica y desértica cuya superficie es objeto de estudio científico así como zona recreativa.

Peñasco después de algunos años

Ya tenía varios años de no pisar suelo peñanesco (nada que ver con Peña Nieto, por favor).  La pequeña población se me figuró ser una burbuja dentro de la cual estaban encerrados no sólo sus pobladores, sino cada una de las personas que van a turistear.  Por sus playas, infinidad de vendedores ofrecían sus productos con rostros de misericordia, enfado y curiosidad.

—¿Trencitas?

Preguntaban mujeres de todas las edades ofreciendo un servicio completo donde peinaban a la niña o cliente en general, con trencitas africanas, bastante complicadas de hacer, donde se utilizan extensiones de colores de esas que sostienen el pelo y lo adornan con pequeñas bolitas de plástico de distintos colores.   

—¿Sombreros?

Se venden también sombreros de paja estilo panameño.  Uno de estos vendedores me ofreció uno, y le dije:

—Compa, ¿no ves que traigo uno puesto?

Vestidos, curiosidades, camisetas, cachuchas, floreros artesanales, juguetitos que se doblan como una jirafa de varios colores.  Pudimos observar cómo ofrecían calaveras de muerto de porcelana, con un sombrero de fútbol americano, como el de los Dallas Cowboys, o los Phoenix Cardinals por mencionar sólo algunos.  Además en la playa, puede uno comprar campechanas, cóctel de camarón, almejas, todo fresco totalmente sin poder faltar la famosa cheve, alimento básico de la mayoría de los mexicanos que no puede extraviarse, sobre todo si se supone que está uno de vacaciones.

Duras realidades

Una noche después de haber turisteado por el Malecón, ido a playas como La Hermosa, La Choya entre tantas otras, decidimos comernos unos tacos.  Para mí es imposible pisar tierras mexicanas y no comer por lo menos una vez ese símbolo icónico de nuestra cultura.  

Llegamos a un lugar que nos recomendaron para descubrir lo que ya sospechábamos, el servicio en todos los restaurantes, en todos los locales donde se venden alimentos es por demás lento.  Cuestionamos si lo que pasaba era que ya estamos hechos al ritmo de vida de tierras rojo azul.  Todo se hace a la carrera en la casa del tío Sam.  En Puerto Peñasco, el tiempo parece no existir, miras a la gente literalmente sentada en la calle bajo una sombrita bebiendo un coco, o una piña colada que te ofrecen en el mismo cuerpo de la piña, con jícama, cerezas, naranjas, y si lo deseas su buena porción de alcohol para relajar el cuerpo. 

Los meseros te preguntan:

—¿Qué va a comer?

Respondemos:

—Unos camarones empanizados y un pescado frito.

El susodicho menea la cabeza en señal de afirmación para casi a los dos minutos regresar y preguntar nuevamente:

—¿Qué me dijo que quería?

Al estar esperando nuestros alimentos y nuestras bebidas nos descubre una niña de no más de cuatro años de edad.  Ella misma corroboró su edad cuando se lo preguntamos.  Andaba vendiendo maracas y unos llaveros en forma de conchitas.  Mi esposa le preguntó:

—¿Y para qué sirve esto?

La muchachita de inmediato comienza a romper el plástico donde estaban envueltas las maracas que eran de color morado y nos muestra con su mirada inteligente la forma en la cual debemos usarlas. 

—¿Dónde está tu mamá?—le pregunto.

La niña no responde.  Continúa intentando que compremos su mercancía.

 —Cuestan cuatro dólares.

—Él te va a dar tu dinero—le dice mi esposa tomando las maracas.

La niña toma los cuatro dólares y de inmediato los guarda en el short que traía puesto una vez que sus ojos se llenaron de brío.

—¿Dónde está tu mamá? —insisto.

 Ella, voltea hacia mi acompañante, le dice como todo un vendedor profesional:

—Cómprame dos llaveros por cinco dólares.

Quedamos totalmente congelados ante aquella criatura y su gran vivacidad.  Una niña de tan sólo cuatro años de edad, trabajando en la vía pública, mientras Daniel Chávez, uno de los hombres más ricos de México, intenta vender membresías de grandes resorts como lo es Maya Resort, a 84,000 dólares, prometiendo que una semana de hospedaje, te va a costar sólo $199.00 dólares en cualquier lugar del mundo donde existan las instalaciones Maya. 

Esta realidad nos pegó en el corazón.  ¿Cómo es posible?  ¿Qué no haría esta criatura que a lo mejor ni a la escuela va todavía, dentro de una institución educativa?  ¿Cómo puede haber tanta disparidad en la riqueza mexicana?

Los rostros de cada vendedor que habíamos encontrado durante nuestra estancia vienen a nuestra mente, los que venden viajes en yates, aquellos que tienen sus puestos en el Malecón y que bebiendo tequila te dicen:

—¡Aquí no le robamos tanto!

Las mujeres que caminan día a día en la playa con sus niños chiquitos llorando detrás de ellas, con ganas de irse a su casa, mientras las jovencitas de la misma edad de mi hija, venden artesanías, helados, aretes, o cualquier cosa que puedan para subsistir.

Fue precisamente ahí donde las realidades chocaron la una con la otra.  Nos imaginamos qué significa estar en este puerto día tras día, viendo como la gente llega y se va, llega y se va.  El más común sentimiento de cualquier persona es el de pensar que todo mundo quiere transar a los demás, sobre todo si los demás son turistas, no importa que sean locales o extranjeros, que vengan del mismo México, Estados Unidos o Europa, esto se convirtió en una dura realidad que permaneció en nuestros sentidos.

Tocho morocho

Hubo de todo en este viaje.  Risas, lágrimas, serenatas.  Se bebió y comió.  Nos lanzamos por las calles que aunque hacia un calor de la chingada nos llevó a esos lugares donde los locales se juntan para pasar el tiempo tal vez encerrados en sus universos fragmentados.  Fragmentados por las injusticias de la vida, las ideologías que también nos separan, vimos varias iglesias evangélicas, así como católicas, hasta mormones encontramos.  Distinguimos negocios clausurados; descubrimos que ya la mujer es parte de la cultura de las estaciones de gasolina.  Ya ellas se encargan de llenar el tanque sin ningún rechazo por parte de la sociedad dominante.  En la zona hotelera, hay precios para todo mundo, desde los grandes complejos hoteleros hasta aquellos lugares donde quizás ni aire acondicionad tengan.   En ciertos restaurantes, tienen un cuarto donde puedes gozar de este privilegio pero si tienes dinero, si no tendrás que comer al aire libre, eso sí, la comida es fresca y sabrosa en cualquier lugar.  También hay table dance, ¡cómo podía faltar uno!  El mar mantiene su calma, las olas no se alebrestan demasiado.  Vimos todo tipo de gente, Alejandro y su joven familia, esposa y dos niñas a quienes les pusieron sus trencitas, un ejecutivo que manejó 12 horas para llegar a Peñasco.  Un grupo de mormones que dijeron haber venido desde Cd. Juárez, porque ellos están en medio de la república y no poseen playas propias de su estado.  Gringos con su natural actitud de prepotencia junto a jovencitas luciendo sus cuerpos en bikinis, sin poder faltar aquel individuo que nació en el lado equivocado de la frontera y quien se ha refugiado en tierras aztecas sobreviviendo por medio de dibujar el rostro de los turistas.  El macho mexicano haciendo chistes machistas sobre las mujeres, parejas jóvenes en pleno celo que piensan nadie las puede ver, adultos ya de edad madura intentando disfrutar un día más mientras no pierdan su energía, en fin, hubo de todo, de tocho morocho.

Reflexión

La vida es arbitraria, por lo tanto bien puede ser relativa.  Unos tienen y otros no.  No existe la justicia.  Siempre habrá alguien que se aproveche del más débil.  Las dos fuerzas que gobierna al ser humano son el dinero y el poder.  Hay gente trabajadora que se gana el pan de cada día con el sudor de su frente.  Existen aquellos que no levantan ni un dedo para al menos intentar merecer lo que comen.  A unos se les compra y a otros no.  Unos restaurantes están llenos de gente mientras que en otros ni una mosca se detiene a ver el menú.  La juventud se junta en la Plaza Colosio a jugar con su skateboard (o como se dice en español monopatín).  Hay secciones donde ni siquiera luz pública alumbra las calles y a la misma vez, billones de dólares han sido invertidos en la construcción de complejos habitacionales, condominios, resorts con campos de golf, apartados de la ciudad para que las personas se sientan seguras de la “violencia que hay en México”.  Incluso se construyó un aeropuerto privado, no para los pobladores de Peñasco, más bien para aquellos que vengan de Las Vegas ida y vuelta.

Como en todos lados hay gente buena y mala.  Personas inteligentes y poco sabias.  Padres dedicados a sus hijos, y aquellos que son más egoístas que su propia sombra.  Existen trabajadores arduos que nunca se detienen al igual que otros que nada más le hacen al cuento e intentan tomar ventaja del prójimo. 

Cada viaje es muy particular, y en esta ocasión, la pasamos muy bien, pero también fuimos testigos de realidades que a mucha gente no le gusta ver.

Este fue Puerto Peñasco, durante el verano del 2013.

© David Alberto Muñoz  

 

***

Taco Bell también ofrece Volcano Nachos, Steak Quesadilla, Cheese-Roll Up (no pregunten), Gorditas, que más bien parecen tacos de carne molida con sabor a Gringolandia etc. etc.

 

Comamos y bebamos que mañana moriremos… (sin albur)

Por David Alberto Muñoz

 

Es muy curioso percatarse de los hábitos alimenticios que hemos adquirido los inmigrantes en tierras rojo azul.  Aquellas personas que tienen ya más de 30 años de vivir en casa del Tío Sam, recordaran lo escaso que era la comida mexicana durante esa época de antaño.  Las tortillas parecían de papel, el llamado “chile” era más bien una salsa cátchup con bastante vinagre para darle un sabor medio picoso.  Todo era de lata, los frijoles y el arroz mexicano, se encontraban ciertas frutas estilo azteca pero las podías encontrar solamente enlatadas.  Era imposible hallar cilantro, huazontles, epazote o chile poblano.  No había queso Oaxaca, ni panela, menos el llamado mexicano, lo único que algunos recuerdan es el queso americano, ese queso amarillo que al menos a mí se me figura ser construido nuevamente de algún papel, con granos de sal o pimienta para darle sabor a no sé qué, y que vendían como si fuera una delicia única.

La comida mexicana bien puede ser vista como un reflejo de toda una cultura.  Está basada en el arte, la magia y lo religioso.  Su fundamente básico es el maíz.  De acuerdo con los mayas el maíz es el elemento del cual los dioses crearon al ser humano (Popol Vuh).  El cultivo de este ingrediente alimenticio se encuentra en el centro de la identidad mexicana.  Se ha convertido en todo un símbolo cultural desde Yucatán hasta las Californias, rompiendo fronteras e incrustándose en la misma mitología Chicana con sus dioses y divinidades.

La originalidad de la comida mexicana se puede ver no sólo en sus sabores tan distintos en toda la república mexicana, sino también en la forma en la cual se adornan los platillos.  Aquí nos podemos percatar de la importancia de las fiestas religiosas, la patria y la unidad familiar.  De la misma manera en la cual celebramos el día de los muertos con altares, arreglos florares y demás, la comida está en el centro de dicha celebración.  Al menos hace ya más de 40 años, en los panteones se acostumbraba llevarle a los muertos sus platillos favoritos, junto con su bebida que por regla general era una botella de tequila.  De aquí el chiste que la gente comentaba que en ese día la comida se la transaban algunos individuos que esperaban a que se fuese la gente para atacar los deliciosos platillos.

Después de la Revolución Mexicana descubrimos que prevalece el uso de los braseros (definido en este caso como un recipiente donde se echaban las brasas para calentar la comida, no los trabajadores que entraron a trabajar en los Estados Unidos en los años 1942-1964).  La fuente de energía era el carbón, se usaban los comales y las tortillas se hacían a mano.  Cuestión ya casi olvidada por la generación actual, aunque todavía podemos encontrar mujeres que continúan con esta tradición, no sólo haciendo tortillas de maíz, también de harina sobre todo en el norte de México

Con la explotación del petróleo las estufas se modifican y las amas de casa recurren a la tractolina, derivado del petróleo que se utilizaba todavía a principios del siglo XX para disolver grasa, quitar manchas en la ropa y por supuesto como combustible.  Esta substancia fue el puente indispensable entre el brasero de carbón y la estufa de gas, o eléctrica, más que nada en los Estados Unidos.

Los utensilios tradicionales que se utilizaban durante la revolución se desplazan, y en lugar del metate o molcajete, ahora usamos la licuadora o la batidora; los trastes de barro, son remplazados por la melanina (compuesto químico que se usa para fabricar platos), y las cucharas de madera se cambian por las de metal o plástico.

Cuando pisamos tierras estadunidenses es imposible no ingresar con nuestra cultura culinaria.  Los nuevos fenómenos culturales no se dan a esperar.  Considero que en este caso la influencia mexicana ha dominado más a la norteamericana.  Existen cientos de miles de restaurantes de comida mexicana.  Alguien ha dicho que un buen restaurante mexicano es muy buen negocio en cualquier parte del mundo. 

De este lado de la frontera la comida se ha mezclado creando un nuevo manjar hibrido.  Los tacos por ejemplo, símbolo mayor de todo un país, se han convertido en Taco Bell.  La comida rápida fenómeno de esta nación ya logró la producción de tacos de forma casi industrial.  Todo está prefabricado, las tortillas viene ya en forma de taco duro o Hard Shell Tacos, debo de aclarar.  Hoy en día ya ofrecen tacos en tortillas de harina, o al menos eso dicen, algunos compañeros sonorenses consideran que sea lo que sea lo que utilizan en la construcción de su llamado taco, es un insulto a la cultura sonorense.  El muy conocido burrito adopta características no antes vistas en nuestro México.  Dicen las malas lenguas que el burrito surge en Cd. Juárez,  Juan Méndez era un vendedor de burritos que todos los días les llevaba alimento a los trabajadores del campo utilizando burros para trasportar su mercancía.  Al mirar los trabajadores que se acercaba la comida gritaban: 

—¡Ahí viene los burritos!

De aquí el nombre.  Aunque como en todo hay quienes dicen que el nombre se deriva porque la tortilla enrollada se asemeja a la oreja de un burro.

Taco Bell también ofrece Volcano Nachos, Steak Quesadilla, Cheese-Roll Up (no pregunten), Gorditas, que más bien parecen tacos de carne molida con sabor a Gringolandia etc. etc.

En los hogares cuando se tiene una carne asada, se utiliza lo que se llama: fajitas.  Este término parece haber surgido dentro de la cultura Tex-Mex, que es carne de churrasco en ocasiones cortada en tiritas que se cocina en el asador o sartén.  Nuevamente dicen las malas lenguas que alrededor de los años 30 en los ranchos del área de Texas, los rancheros una vez que cortaban toda la carne de la vaca le daban las “sobras” a los mexicanos como su pago del día.  Éstos las cocinaban mezclándolas con verduras, chiles, cebolla y demás dando lugar al platillo que hoy llamamos fajitas.

No pueden faltar las llamadas chimichangas.   Platillo cuyo origen se disputan los estados de Sonora y Sinaloa en México, donde básicamente son un burrito frito en manteca con frijoles, arroz, queso y carne, y el estado de Arizona en EUA, donde una leyenda sostiene que en la ciudad de Tucson, alrededor del año 1922, vivía una mujer llamada Mónica Finn.  Ella trabajaba en un restaurante conocido como El Charro, cierto día se le cae por accidente una tortilla con guisado en un sartén con manteca y la susodicha grita:

—¡Me lleva la chi…!

No se atrevió a verbalizar del todo su frustración porque había niños presentes, en medio del trabalenguas que le brota de los labios finalmente expresó:

—Chi…michanga…

Y el resto es historia.

Es difícil saber a ciencia cierta cómo o dónde surgen los platillos que actualmente ya han evolucionado en tierras rojo azul.  Aunque siempre habrá alguien que me corrija diciendo que la frontera es una invención humana, y sus fenómenos culinarios son el resultado directo de la síntesis producidas por las culturas locales, aquellas que siempre han vivido en su territorio, y como todos sabemos el suroeste de los Estados Unidos siempre ha tenido pobladores hijos del maíz.  El término frontera se utiliza para delinear las barreras humanas que han sido construidas para separar a las poblaciones de acuerdo a ciertos cánones construidos por los seres humanos.  No obstante, descubrimos simplemente al observar con detalle las manifestaciones culinarias de la susodicha área, y nos sorprende que no importa la manera en la cual se desee separar a los pobladores de la tierra, la cultura no conoce barreras, y si es verdad que la comida al menos a mí me sabe distinta en la ciudad de México que en Phoenix, Arizona, es imposible negar que dentro de este espacio ya se ha desarrollado un nuevo sabor, una nueva expresión alimenticia que todos podemos probar para nuestro deleite.

Hemos invadido las cocinas estadounidenses.  El sabor de nuestra cultura está latente incluso en restaurantes donde hace 20 o 30 años no podíamos imaginarlo.  En lugares como Red Lobster, The Cheesecake Factory, Olive Garden, Carrabba’s Italian Grill, Black Angus, Texas Roadhouse entre tantos otros, ya ofrecen no sólo un chile, sino una variedad que aparte de tener la ya famosa Tabasco Sauce, en la actualidad brindan, Guadalajara, Tapatío, incluso chile habanero.

¿Qué podemos concluir?  Quizás que la mayor expresión cultural human bien puede ser la comida.  Viajemos a donde viajemos, emigremos a donde emigremos, llevaremos con nosotros los sabores de nuestra tierra, los deleites que nos recuerdan nuestra niñez y juventud para combinarlos con las nuevas manifestaciones que encontramos en suelos ajenos, al principio, pero ya adoptados con el paso del tiempo.  De esta manera estamos construyendo las culturas del futuro.

Néstor García Canclini expresa en su libro Culturas híbridas, que las manifestaciones de aquello que va más allá de las postmodernidad se puede ver reflejado en las grandes metrópolis, donde lo campirano se combina con lo urbano, donde dentro de las masas de población la misma vestimenta se confunde, el mismo idioma, y por supuesto la forma de alimentarse crea nuevas expresiones culturales que pueden al menos ser, si no una explicación de la identidad contemporánea, sí, una avenida para descubrir que los sabores que llevamos en nuestro paladar reflejan directa o indirectamente qué somos, qué pensamos, y adonde podemos ir.

Como enseñaban los epicúreos:

—Comamos y bebamos que mañana moriremos… (sin albur). 

En este caso se adjudica, ya que la comida también es un medio de expresión.

 

© David Alberto Muñoz

 

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Observamos su caminar como si fuese un ser extraterrestre.  No lográbamos deshacernos de esa imagen que se había creado en todo el barrio.

El Babas

Por David Alberto Muñoz

Le decían El Babas por la cara de idiota que tenía.  Pero era más inteligente de lo que pudieras imaginarte.  Llegó al barrio hace ya más de diez años.  Parece no haber cambiado en lo más mínimo.  Sigue igualito, alto, delgado, de pelo lacio, nariz puntiaguda, ojos hundidos de color gris, y su piel casi del color del mármol.  

Parece un cadáver andando.

Cuando apareció en el barrio todo mundo le hacía burla.  Él nada más se reía e intentaba esquivar de la mejor manera toda la carilla que le dábamos.  Cuando lo mirabas no daba la menor señal de tener cerebro, al contrario, se te figuraba uno de esos chamacos de High School que tienen problemas de adaptación.  Casi no hablaba, además su inglés era malísimo, es más, su español también dejaba mucho que desear.  Caminaba muy lento, a mí se me figuraba como que quería volar o al menos intentaba pretender que viajaba por el aire.  Muchos pensamos que era bien mariguano, por la lentitud, pero pronto descubrimos que no era así.  Su mirada era muy profunda, te intimidaba porque no podías sostenérsela.  Incluso El Monster una vez se le echó encima con ganas de golpearlo, ya ves cómo está de grandote el cabrón, pero El Babas nada más se movió con una rapidez felina y le metió una patada de karate en los huevos…  creo que desde aquel día todos le tuvimos miedo.  El pinche Monster no se levantó, y desde entonces como que se convirtió en su guardaespaldas.

—Fucking Babas, who the hell does he think he is?

—I don’t know man, the guy is dangerous ¿qué no?

Casi de la noche a la mañana el mentado Babas se convirtió en todo un mito.  Las viejas lo empezaron a ver con ojos de interés.  Todas le empezaron a coquetear.  Se levantaban la falda frente a él, unas le pedían que les abrochara el bra y mamada y media.  ¡Cómo nos enchilaba eso!  Sobre todo si era tu propia ruca la que lo hacía.  La primera que cayó fue la Shorty.  Nos contó que tenía el pene de 18 pulgadas.

—¡¡¡No mames!!! —dijimos todos.

—Eso es imposible, nadie tiene 18 pulgadas—le gritó en la cara Looney—You’re tripping esa!

Todos empezaron a comentar.

—He just got out of jail.  He did five years for distribution of snow.

—A mí me contaron que fue porque mató a un cuate allá en East L.A.  Es de ahí ¿qué no?

—Cuando te toca sientes que la piel se te hace chinita, y casi llegas nada más de imaginar que te va penetrar.

—Come on esa!!!  That is pure bull shit!  Nadie puede hacer eso, todo está in your mind.  ¿Me entiendes?

 Cuando supimos que El Babas ya se había acostado con la Cha Cha,  la Nena, la China Doll y la Negra, todas coincidían.

—Pues I don’t know how many inches pero está grandote. 

Nada más lo mirábamos e intentábamos ver el tamaño de su miembro.  Sí, se volvió una obsesión, no tanto para las mujeres, más bien para todos los hombres del barrio.  No se hablaba de otra cosa que no fuere el pinche Babas y su inmenso pene.

—¿Oye?  ¿Tú de veras crees que lo tenga tan grandote?

—Puro pedo, a mí se me hace que lo tiene bien chiquito, nada más que las viejas andan de exageradas para chingarnos la vida a nosotros.

Al poco rato empezó a cobrar más seguridad, más confianza en sí mismo.  Hasta su forma de hablar mejoró.  Compraba sus cigarros en la tienda del Paisa, fumaba Camellos, y le gustaba pistear  ron Cacique, el de Venezuela, nunca supe por qué.  Llegó el momento en que siempre traía una ruca al lado, hasta dos o tres, todos en el barrio lo empezaron a idealizar, empezó a vender mota, crack, hasta heroína, y manejaba un BMW del año.

Todos nos preguntábamos ¿cómo le hizo El Babas?  

—Era un pinche idiota cuando llegó al barrio carnal.

—¿Qué pasó?

 —I don’t know man.

—Dicen que ya hasta se metió con la ruca del Bato Loco.

—Chale, that’s all messed up.

Un día, decidimos confrontar al susodicho.  

Lo esperamos a la salida del Toreador, la cantina del barrio.  Salió como siempre, con la cara de idiota y completamente pedo, el Monster iba detrás de él.  Observamos su caminar como si fuese un ser extraterrestre.  No lográbamos deshacernos de esa imagen que se había creado en todo el barrio. 

—¡Pinche Babas!—le grité con coraje.

Él, volteó a verme con sus ojos grandes y asustados.  Se percató de que casi todos estábamos ahí, bueno, los hombres.  Sonrió de buena gana, miró al Monster para luego acercarse hacia nosotros con ese paso de zopilote listo para comer a su presa.

—¿Qué onda carnal?

—Who do you think you are? —le dice Lil Juan.

—El Babas.

—¡Te vamos a romper la madre cabrón!

—Tú y cuántos más.

—Ya estamos hartos, desde que llegaste lo único que has hecho es poco a poco irnos quitando nuestro lugar.  Te coges a nuestras rucas, vendes en nuestro territorio, te jactas de que eres el gran jijo de la chingada.  Fuck you man!!!

El Babas solamente sonreía con gran placer.  Nos miraba como niños berrinchudos.  Encendió un cigarro.  Se recargó sobre su auto mientras el Monster se cruzaba de brazos detrás de él.

Después de darle varias fumadas, habló con voz quebrada pero segura.

—Ustedes han sido los que me han dado todo lo que tengo carnal.  Yo no pedí nada.  Fueron sus temores y miedos los que me han hecho lo que soy.  Soy igual que ustedes.  Un hombre con problemas como todos.  Con quizás traumas porque mi padre me golpeaba cuando era niño, o a lo mejor mi madre trabajaba en la calle vendiendo su cuerpo.   Nunca he tenido amigos igual que ustedes, ¿Cómo puedes saber quién es realmente un amigo?  Todos nos traicionamos unos a otros.  ¿O no?  No lo tengo de 18 pulgadas, eso es lo que todos han inventado para tenerme más envidia.  Todos queremos lo que no tenemos, todos buscamos lo que soñamos ser.  No se hagan pendejos.  Y si me he cogido a algunas rucas es porque ellas han querido, porque son ellas las que deciden, no nosotros.  ¡Cómo son pendejos!  Vámonos Monster, aquí no hay nada qué hacer.

Ambos se retiraron mientras nosotros nos lamiamos las heridas y nos sentíamos peor que si nos hubiesen roto el mismo cráneo.

El Babas… es el idiota del barrio, somos todos nosotros pretendiendo ser lo que nunca seremos…

© David Alberto Muñoz

 

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Aquel reportero llegó algo cansado a su casa.  Tenía solamente 24 horas para presentar su trabajo.

Asignación

Por David Alberto Muñoz

 

Le asignan al reportero un trabajo.

—Quiero se salgas a las calles y le preguntes a cualquier persona que encuentres ¿qué es lo que más necesitan?  ¿Sí me explico?  Si tuvieran un deseo, pero sólo uno ¿cuál sería?  Enfócate en el lado humano.  Todos tenemos deseos o necesidades ocultas.  Sal a las avenidas de la ciudad, métete en los bares y cantinas, oficinas de trabajo, casas particulares, zonas de construcción, prostíbulos, iglesias, escuelas, parques, zonas marginadas, residenciales, entrevista a gente pobre, rica, de la clase media, con tendencias de izquierda, de derecha, religiosas, ateas, agnósticas, en fin, dame una idea de cuáles son las necesidades de la gente.

El reportero afirmó con la cabeza y de inmediato se dispuso a realizar su asignatura.

Lo primero que hizo fue mirar en un diccionario qué significaba realmente la palabra necesidad.

“Impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido.  || 2.  Todo aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir.  || 3.  Carencia de las cosas que son menester  para la conservación de la vida.  ||  4.  Falta continua de alimento que hace  desfallecer.   ||  5.  Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio.  ||  6.  V.  estado de necesidad…”

—¡En la madre! —expresó—Está más complicado de lo que pensé.  No importa, es mi trabajo y pues, por lo menos la gente me dirá qué entienden ellos por necesidad.

Se lanzó como gaceta por todas las calles y avenidas de su ciudad.  Llevaba una pequeña grabadora, un cuaderno para hacer notas, y una cámara en caso de que alguna imagen lo impresionara.

Vagó por varios días entre tráfico, con inmediaciones calladas; escuchó gritos de gente de todo tipo.  Miró voces hundidas en realidades tal vez creadas o dadas por la misma existencia humana.

—¿Qué necesito yo?  Pues la mera verdad yo necesito más dinero.   Nunca me alcanza.  Me he pasado toda la vida contando los pesos y los centavos.  Siempre pasa algo.  Parece que entre más trabajo menos dinero gano.  O como dicen por ahí, entre más tenemos más gastamos.  A veces pienso que el olor a pobreza se ha impregnado en mi propio cuerpo.  Ese olor a mugre, a desorden, a casas cayéndose, falta de higiene, pleitos, groserías y demás… No es la misma fragancia que se respira en las casas donde hay riqueza.  No, ahí huele a limpieza, hay mucho espacio, todo parece ser de color blanco, es hedor a dinero, a confort, a no tener que pensar cómo voy a pagar la renta mañana… quisiera dinero para poder gastarlo.  Sí, yo necesito más dinero…

—Yo necesito que los demás me escuchen.  Sí, no se ría, todo mundo me interrumpe, no me dejan hablar, por más que trato no logro expresar lo que quiero.  He llegado a pensar que todos nada más no la pasamos contradiciéndonos unos a otros… Todos queremos que se nos escuche pero es muy difícil escuchar a los demás.  A veces se cansa uno de tanta queja.  Sí, todos nos tenemos que quejar de algo.  De que no hay trabajo, de la compañera o compañero, de lo chismosa que es la gente, de lo grosero que se portó Ricardo el otro día conmigo.  Todos queremos ser los primeros en todo.  ¿Nunca ha visto cuándo la gente está comiendo?, es cuando todos nos volvemos bien egoístas, queremos ser los primeros en tragar, y lo digo en serio…  Hay veces en las que simplemente tenemos la necesidad de desahogarnos con alguien, y bueno,  creo que son los verdaderos amigos los que pueden encontrar la paciencia para escuchar… Yo necesito que me escuchen…

—A mí me gustaría que la gente dejará de juzgarme.  Y no lo digo de una manera superficial.  Yo sé que todos nos juzgamos unos a otros.  Es la verdad, apenas conocemos a alguien y empezamos a enjuiciar, se cree la mamá de Chita, está muy gorda, muy flaca, es muy hocicona, está en todo menos en misa, es una habladora, nunca dice nada, nada más anda pensando en cómo hacerle mal a la gente, en fin.  A lo que me refiero es a esa mirada de juicio, de superioridad que la gente me da cuando sabe lo que hago.   Sí señor, yo soy prostituta, puta, trabajadora sexual… para muchas personas es lo mismo… y si he logrado ignorar los juicios de los demás, no le voy a mentir, se siente feo cuando antes de ir a trabajar paso a la tienda a comprar cualquier cosa, cualquier chingadera que necesito, y las mujeres sobre todo, me miran con unos ojos de altivez, de coraje.  Yo me les quedo mirando y les digo, ¡qué!  ¿Te debo algo?  Ellas no me conocen, no saben los motivos por lo que hago este trabajo, porque eso es, un trabajo, nada más… además, es muy mi vida ¿no?  A lo mejor lo hago porque me gusta y se acabó.  ¡A quién le importa!  Es mi profesión y punto. Una cosa sí le digo, yo sé hacer muy bien mi trabajo… ¿los hombres? , bueno, esa ya es harina de otro costal.  Ellos vienen a hacer con nosotras lo que no se atreven a hacer con su mujer.  ¿Sabe?  No hay un sólo varón, macho, masculino que no se crea el gran conquistador, y que de alguna forma él va a lograr que te enamores de él.  Yo me gano la vida a mi manera, me sienta  bien o mal al respecto, eso ya es cuestión mía.  Lo que yo necesito es que la gente me deje de juzgar…

—Lo que necesitamos en nuestro país es más conciencia social.  Y no sólo eso, más acción, tenemos que estar activos en las decisiones políticas de nuestro país.  Mire nada más cómo nos tiene el gobierno.  Son una bola de rateros que se roban todo y ¿quién paga?  ¡Nosotros señor, nosotros el pinche pueblo!  Los trabajadores, los maestros, las secretarias, los mecánicos, los vendedores ambulantes, toda persona que trabaja diariamente para ganarse el pan de cada día.  No puedo entender por qué hay tanta apatía no sólo entre la juventud, sino sobre todo en aquellos que de alguna manera ya cayeron dentro del sistema.  ¿Dónde está el fuego del cambio, de la revolución política que los pueblos necesitan?  Vivimos en un mundo controlado por las fuerzas imperialistas.  La gente no tiene la suficiente educación para entender las condiciones sociales existentes en nuestros países.  Todo mundo nada más quiere ir a Disneylandia, se la pasan mirando telenovelas por televisión.  No existe la conciencia política necesaria para cambiar a los pueblos marginados por el control del capital… y para acabarla de amolar, la religión sigue siendo el opio de los pueblos.  Los mantiene ahí, en su lugar, como idiotas… chingada… ¿qué necesito yo?  Más conciencia política, más acción…

—Yo quisiera que el gobierno dejara de meterse en las decisiones de los negocios y en las mías propias.  ¡Qué deje de cobrar tantos impuestos!  Yo creo en el trabajo, si trabajamos con mucho arrojo vamos a lograr nuestra superación personal.  Vamos a poder hacer mucho dinero pero basados en nuestro propio esfuerzo.  ¿Por qué el gobierno tiene que andar ahí de caritativo con los que no trabajan?  Hay mucha gente huevona que nada más quiere recibir su cheque todos los meses sin hacer nada.  Yo creo en los principios del capitalismo.  La oferta y la demanda, si el gobierno no se mete, los negociantes pueden crear trabajos que sostendrán eventualmente al país.  ¿Por qué le van a dar mi dinero a toda esa gente que primeramente ni siquiera tiene la educación, ni tampoco se ha esforzado en lo más mínimo por lograr superarse?   No se me hace justo que mi dinero se gaste en mantener a otros.  Para eso están las iglesias para ayudar al necesitado ¿o no?  El gobierno cada día más se está metiendo en nuestras vidas.  Salen día a día un montón de propuestas de ley para controlar más a los grandes inversionistas y negocios.  ¿Qué tiene de malo si yo he logrado hacer millones y millones?  Ha sido por mi trabajo.  No porque el gobierno me ha dado las cosas en las manos.  No señor, yo creo que el dinero es de quien lo trabaja, no de quien sabe cómo pedirlo.  Yo necesito pagar menos impuestos…

—Considero que toda la humanidad necesita más a Dios en sus vidas.  Existe una gran necesidad de llenar ese vacío que todos tenemos dentro de nuestro corazón.  Y el único ser capaz de hacernos verdaderamente felices es Dios, Dios hecho carne por medio de Cristo.  Sí, yo sé que hay muchas religiones, y quizás todas son buenas hasta cierto punto pero la Biblia dice que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.  ¿Por qué tenemos tantos problemas dentro de la humanidad?  ¿Por qué existe tanta maldad entre nosotros?  Seamos sinceros, el humano es malo, la gente nada más anda viendo la forma de aprovecharse de los demás.  Y todo ¿por qué?  Porque existe una gran necesidad dentro de nuestro corazón de ser felices.  Y tengo que decirlo, la felicidad nunca la vamos a encontrar en este mundo, sólo por medio de Dios.  Dios nos ama y dio a su unigénito hijo para que todo aquel que en él crea no se pierda más tenga vida eterna.  Sí, yo sé que la gente se burla de nuestro mensaje pero es necesario decirlo, sólo Dios podrá finalmente arreglar todo el caos humano existente.  Yo necesito más de Dios en mi vida…

—¿Qué es lo que más deseo?  Yo deseo más y más placer.  La vida se vive sólo una vez.  Debemos de disfrutarla ¿no?  Yo no creo en todos esos principios morales de que no debemos tener sexo antes de casarnos, de que no debemos de meternos sustancias tóxicas al cuerpo.  Para mí sólo hay una ley moral.  No le hagas daño a nadie a propósito.  En muchas ocasiones la gente nada más se la pasa jodiendo a medio mundo con sus leyes moralistas y al menos yo, no quiero encontrarme cierto día con que ya estoy en la vejez y no he disfrutado de la vida.  ¿Qué tiene de malo darle placer al cuerpo?  Somos alma y cuerpo, y si alimentamos nuestro espíritu por qué no alimentar nuestro cuerpo.  Eso del amor platónico y chingadera y media que todas las religiones defienden, se me hace una idea de la época prehistórica.  Sí, hay gente que a lo mejor lo lleva al extremo pero ¿qué tiene?  ¿Por qué queremos que todo mundo viva como nosotros?  Si tú eres feliz dentro de tu mundo de ética y principios morales, me da gusto, que bueno.   Pero déjame a mí y no me mandes al infierno porque a mí me gusta ahogarme más dentro del mundo estético del cuerpo y el placer.  Si llego a cometer errores los pagaré aquí en esta vida, todo se paga en esta vida.  Y si no, quiero sentir en cuerpo propio el éxtasis de todo placer humano, no sólo el carnal, sino también el mental, ¿sí me entiendes?   ¿Qué necesito?  Yo necesito más placer…

—Yo quisiera poder comer más.  Sí, ya sé que se va usted a reír de mí pero lo que yo necesito es más alimento.  El hambre es cabrona.  Desde que tengo uso de razón no ha habido suficiente comida en mi casa.  Mi mamá siempre sacando los quintos de la bolsa para poder comprar por lo menos unas tortillas, y comerlas con sal.  Sí, mi papá trabajaba pero en ocasiones se iba de parranda y se gastaba todo el sueldo en borracheras y demás.  Luego, cuando me casé, las cosas no cambiaron mucho, mi marido resultó ser peor que mi padre.  Es más, hasta me pegaba cuando yo le reclamaba, Jacinto, tus hijos y yo no hemos comido.  Yo no sé qué esperaba ese tipo.  Yo no trabajaba, estaba metida en la casa cuidando a sus hijos, limpiándola, lavándole la ropa, y pues si había qué cocinar, cocinando…  A veces, cuando paso frente de la panadería me quedo nada más un ratito para oler el aroma a pan.  A veces alguien se compadece de mí y mis hijos y nos regalan un taco, pero luego les molesta que mis hijos traigan a todos sus amigos que tampoco han comido y nos gritan, no le voy a dar de comer a toda la vecindad chamacos mugrosos… Y pues tienen razón ¿no?  Nunca se me olvida esa vez que vino mi tío Ramón y compró un montón de carne y pollo, hicieron una carne asada, y mi madre hizo mole.  Creo que esa vez no nos enojamos de la peda que todos se pusieron, hasta a mi mamá se le pasaron las copas esa vez.  Yo necesito comer más…

—A mí me gustaría tener más tiempo para jugar.  Voy a la escuela primaria, estoy en quinto año.  Y sí, me gusta leer y estudiar la historia, las cosas de la ciencia, pero lo que más deseo yo es que me dejen jugar.  Algo así como cuando nos juntamos mis primos y yo en la casa de la abuela.  Apenas estamos agarrando sabor y ya es hora de irnos.  ¡Qué bonito es jugar y ser niño!  ¿No?  A veces no entiendo a los adultos que nada más se la pasan peleando, gritándose, insultándose todo el tiempo.  ¿Por qué mejor no se ponen a jugar?   Yo entiendo que no todo en la vida es juego pero tampoco creo que todo en la vida sea enojo, coraje, andar juzgando al vecino, o el estar criticando a Don Julio porque le estaba viendo las piernas a mi tía el otro día.  Todos hacemos cosas así ¿o no?  A veces creo que preferimos pretender que todo es nada más de una forma, de una manera.  La maestra de geografía lo explicó muy bien el otro día.  Nos dijo, de la misma manera en que tenemos distintas clases en la escuela, de música, de matemáticas, de ciencias sociales, de educación física, del mismo modo tenemos humanos distintos que creen y piensan diferente.  No todos vamos a pensar igual ¿o sí?  ¿Cómo vamos  a saber sobre el frío si no conocemos el calor?  ¿Cómo vamos a entender a las mujeres si no tomamos en cuenta a los hombres? ¿Cómo vamos a saber dónde está el norte si no tenemos idea de dónde está el sur?   ¿Sí me entiende señor?  Yo sé que la vida es mucho más compleja pero para mí este principio es muy sencillo, y creo que todos podemos entenderlo.  Yo necesito jugar más antes de que pierda la inocencia o alguien me la robe.  Yo necesito jugar más…

Aquel reportero llegó algo cansado a su casa.  Tenía solamente 24 horas para presentar su trabajo.

Hizo una pausa, meditó brevemente y pensó: “¿Y tú que necesitas escritor?”

—Yo necesito más tiempo para poder escribir todo lo que veo…

El tiempo encendió un cigarro más… alargando por un momento más la vida del reportero.

Ésta, fue su asignación.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Me río de mí mismo…

Otro día

Por David Alberto Muñoz

 

Desperté medio atarantado…

El amor no existe... es puro pedo...

Miro a mi alrededor y todo es falsedad...

No importa... me gozo...

No había tierra de los gatos… Tengo dos, es donde hacen caca…

El verano parece detenerme el tiempo… todo se nota más lento… hasta las quejas de los estudiantes… las cervezas me las tomo como agua…

De cuando en cuando encuentro con quien platicar en el fasebuk…  la ilusión penetra por mi cuerpo… desde la distancia encuentro más cercanía que con aquellos que tengo cerca.

Otro verano más… lleno de estupideces y groserías… gente va y viene, todos pretenden ser  lo que no son, queriendo estar sin saber dónde…

Me gusta refugiarme en esas horas oscuras, donde los mismos ladrones duermen… sí… buscando unos instantes para poder cerrar el ojo… pretendiendo dormir…

Enciendo el tabaco y mis pulmones me advierten… vas a morir quemado… en tu propia mierda… pero con un corazón puro…

Me río de mí mismo…

Palabras van y regresan… verbos conjugados en subjuntivo, tercera persona singular… género femenino… mis manos imaginan tocar ese cuerpo prohibido… es igual que cualquiera… todo se esconde en la mente que imagina un placer que nunca llegará…

Desperté atarantado… es miércoles… o lunes… más bien viernes…  no importa… la vida sigue igual…

 

© David Alberto Muñoz

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Hoy simplemente recordé…

Mañana será otro día…

Por David Alberto Muñoz

 

Hoy recuerdo mi niñez.  Cuando me encantaba comer tamales y me llenaba de ronchas en las piernas y los brazos por todo el puerco y la grasa que les ponían.  

Recuerdo mi primer beso, cómo aguante la respiración porque nadie me había dicho que podía respirar por la nariz.  Eran dos bocas llenas de saliva.

Recuerdo la primera vez que mi cuerpo produjo semen.  El susto que me metí porque pensé que había hecho algo malo y a lo mejor ese líquido blanco era castigo de Dios.

Recuerdo a la maestra de inglés del sexto año de primaria, una gringa alta, de labios gruesos y ojos azules, cómo se sentaba frente a toda la clase enseñándonos sus hermosas piernas vistiendo minifaldas, y todos nos quedábamos con la boca abierta, bueno, al menos los hombres, claro, todavía éramos niños en aquella época.

Recuerdo a la directora de la escuela Sara Alarcón, una escuela privada que estaba localizada cerca del teatro Ofelia, en la calzada Mariano Escobedo y Río San Joaquín, dónde estaba ya hace muchos años la llamada Glorieta de los Hongos.  La gente decía que si no tenías cuidado podrías pasarte toda la vida metido en la pinche glorieta.  Ella, la directora de la escuela, era una mujer muy recia, elegante, con mucha clase que nunca se casó.  Después supe que pasó sus últimos días en un manicomio porque se trastornó.  ¿Por qué?  No estoy seguro,  pienso que fue porque nunca tuvo varón.

Recuerdo cómo me gustaba jugar los domingos por las tardes.  Esas tardes eran eternas, interminables, el tiempo parecía sobrarme.  El tiempo realmente no existía…

Recuerdo cuando leí El Periquillo Sarniento y me gustó mucho la forma en que le pusieron el apodo.  Cuando descubrí que había muchos poetas y poca poesía, cuando miré por primera vez más allá de la ropa femenina, cuando sentí un seno en mi mano, cuando me enfermé de fiebre reumática y no pude caminar por una semana.

Hoy simplemente recordé… mañana será otro día.

© David Alberto Muñoz

 

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El cuerpo dominando la mente… Ambos rieron…

Una tarde traviesa

Por David Alberto Muñoz

 

Llegó a su casa después de un tedioso día de trabajo.

Había lidiado con la gente todo el santo día.  Estaba harto… sólo deseaba besar a su mujer, meterse en la tina con agua caliente y beberse una copa de whisky. 

Al entrar por la puerta un raro letargo lo invadió.

Recordó ese sueño cuando tienes conciencia del lugar dónde estás pero no puedes moverte.  Sólo sientes por detrás la presencia de una figura casi criminal que te quiere dañar. 

Su respirar se agitó súbitamente. 

—¿Laura?  ¿Dónde estás?—hablaba con voz serena pero cuidadosa.

Notó algo extraño… pero no pudo darse cuenta de inmediato.

A los pocos minutos descubrió que su mujer no estaba en la casa. 

—Te habrás ido al salón—pronunció en tono de burla.

Lanzó al aire su comentario decidiendo relajarse y esperar a que su mujer regresara.

De pronto, vio sobre su cama aquella famosa bufanda de seda color guinda que su mujer utilizó aquella traviesa tarde cuando hicieron el amor detrás de la puerta de su despacho.

Él, rompió literalmente la blusa de Laura, ella lo golpeaba en el rostro mientras intentaba meter su lengua dentro de su boca con una pasión que ambos nunca antes habían sentido.

Se entregaron sin reserva alguna aquel curioso día cuando la carne los dominó sin medida alguna.  

El cuerpo dominando la mente.

Laura usó la bufanda para limpiar el miembro de él que no podía para de reírse con una loca alegría.

—Quiero que guardes esa bufanda—comentó él—será el recuerdo de esta tarde.

—Ahí viene tu secretaria.

—¡Qué se espere!

Ambos rieron.

Después de una de esas pausas donde el silencio acaricia los mismos corazones de los presentes, él expresó.

—Si algún día me quieres dejar, no me digas nada, sólo deja esta bufanda en algún lugar de la casa, es más en la cama… y vete… así… sin decir nada… sólo dejando el bello recuerdo de esta tarde.

—Estás loco Rodolfo… cállate y ven, dame un beso.

Tomó aquel pedazo de tela.  Olió su aroma.  Recordó cada instante de aquella tarde traviesa para suspirar con mucha melancolía.

Laura se fue…

Lo único que quedó fue esa bufanda guinda… y el recuerdo de aquella tarde traviesa.

© David Alberto Muñoz

 

***

Este año, al cumplir su mayoría de edad Horas de junio portó un raro sentimiento de melancolía, más a la misma vez, destelló su madurez embrollada en el verdadero talento de muchos que asistieron, mostrando que el tiempo no pasa en vano.

Junto con el organizador general de Horas de junio, Raúl Acevedo Savín. (Foto Peregrinos y sus letras)

Dios cruzando las piernas…

Por David Alberto Muñoz

Hermosillo, Sonora, México.- Tomé un taxi aéreo rumbo a la ciudad de Hermosillo, Sonora.  No era la primera vez, al contrario, si mal no cálculo, ya tengo más de diez años de estar viajando a La ciudad del sol en plan de trabajo, diversión o familiar.  Es curioso darse cuenta cómo el tiempo pasa, las teclas del reloj continúan su eterno caminar y aunque parezca que las arrugas, canas, o grasa no crecen en nuestros cuerpos, la inevitable realidad del lapso de vida que a todos se nos ha concedido, permanece amenazándonos con la sentencia de muerte que indisolubles recibimos en el mismo momento de nacer.

Viajé al igual que siempre, con expectaciones, deseos, curiosidad; el asistir a la celebración número 18 de Horas de junio representaba una oportunidad más de ver a compañeros y amigos, estrechar lazos de amistad, descubrir nuevas posibilidades, escuchar a las nuevas generaciones de escritores y darme cuenta que entre todas las mentadas de madre cada uno de nosotros intentamos subsistir de la mejor manera posible.  Pero eso sí, haciendo lo que nos gusta, escribir, al menos intentar jugar con el lenguaje mezclando diptongos, artículos definidos e indefinidos, adjetivos calificativos, preposiciones junto con verbos  para lograr inyectar una buena dosis de sentimiento humano puro, aunque corramos el peligro de exponer  nuestra propia humanidad, aunque tal vez sea ésta  la verdadera intención.

ADVENIMIENTO

Encontré a la ciudad totalmente sobria, ponderada, sin residuos de confusión o galimatías, una metrópoli norteña ya acostumbrada a sudar sangre sin el menor remordimiento, al contrario, el plasma que contiene en suspensión de sus células componentes, es la linfa que lleva a las letras a circular por las venas de toda una ciudad fronteriza dándole flujo al corazón de un desierto que permanece uniendo voces, discursos, música y culturas ya híbridas, desde antes de la fundación del mundo.

Las bellas mujeres sonorenses adornaban la escena al igual que siempre.  Con sus cuerpos voluptuosos, sus anchas caderas, sus senos levantados, deambulaban teniendo conciencia de ser musas dejando caer el aroma a hembra que era recogido por todos los varones que con bigotes de gato norteño, olían la producción de letras, poemas, crónicas, cuentos y ensayos, junto con novelas que fueron el centro mágico del encuentro.

FAMILIA, CHISMES,  PLEITOS Y COMPONENDAS

Cada evento posee sus propias características.  No todos son iguales, el escenario cambia de acuerdo con las circunstancias, los tiempos, los participantes presentes y no presentes, las imaginaciones maduras e inmaduras, los desplantes prepotentes de algunos y las exageraciones de humildad de otros, los excesos y decoros, las lascivias y continencias, los malos entendidos y las terquedades.

Nunca faltan los chismes, en todos lados se cuecen habas, las chifletas, los insultos, las pugnas se hacen presentes aquí como en todos lados, pero de la misma manera también llegan como invitados las discreciones y veracidades, los cumplidos y amabilidades, las condescendencias y las docilidades.

Este año, al cumplir su mayoría de edad Horas de junio portó un raro sentimiento de melancolía, más a la misma vez, destelló su madurez embrollada en el verdadero talento de muchos que asistieron, mostrando que el tiempo no pasa en vano.  Y sí, seamos honestos, hubo altas y bajas, no todos poseen la misma madurez y/o la misma capacidad.  Sin embargo, todos tenemos el derecho de expresar lo que deseamos por medio del arte, esta es la premisa más elemental de todos aquellos que escriben, pintan, bailan, esculpen, componen o tocan, la oportunidad de intentar expresarse por medio de las artes.

Cómo olvidar las reuniones en Los Jarritos, con bandas de jazz latino bajo la dirección del maestro Horacio Lagarda Burgos, con la presencia de Nidia Barajas, Kristos, Pablo Aldaco y CÍA, Indio Toribio, El Choclo maldito, Grupo Saccato, Los Cretinos Desleales, entre tantos otros.   Las escapadas nocturnas a esos bares alternativos, los golpes dados metamórficamente o quizás vistos por medio de sangre embarrada en los pantalones de alguna joven compañera.  El intercambio de libros, folletos, publicidad, invitaciones, tarjetas de presentación, abrazos, besos, coqueteos, enojos, frustraciones, todo, absolutamente todo aquello que de alguna extraña manera nos hace ser familia literaria, familia narradora y poética, sin hacer a un lado de ninguna manera a esos seres con quienes compartimos lazos sanguíneos que se muestran en el gran parecido físico entre nosotros.

PARA MUESTRA BASTA UN BOTÓN

Se presentaron libros de importancia, Charles Bukowski: Ellos quieren algo crudo, 30 años de entrevistas,copilado por  David Stephen Calonne, traducido por Mauricio Bares.  El periodista José Luis Martínez introdujo su reciente publicación  El Santo Oficio. Periodismo, literatura y cultura popular.  Además, La orquídea parásita de Gerson Gómez.  Martín y el plan de Yulamax, del escritor de sólo 12 años de edad Santiago Jara Sarracino, hubo lecturas de más de doscientos escritores, entre ellos Francisco Morales, Miquel Ángel Avilés, Maya Lima, Agapito Maestre, Fidelia Caballero, Sol Grabiela Fontes, Casildo Rivera,  Oralia Rodriguez,  Edmundo Lizardi, Anel Mora,  Mariana Ayón, Sonia Gutiérrez, Alfonso Torúa Cienfuegos, Alejandro Aguilar Zeleny, además del tributo dado a la poeta Dolores Castro con la participación de Guadalupe Aldaco y el coordinador general de Horas de junio,  Raúl Acevedo Savín, sin faltar la mesa final que tuve la oportunidad de compartir con los maestros Armando Alanís, Miguel Ángel Godínez Gutiérrez, Roberto Castillo Udiarte y Rodrigo Solís. 

NOTA:Sé que se me escapan muchos otros nombres, por favor, no es nada en contra de nadie, no imaginen teorías de conspiración, ni complots en su contra, mejor sigan escribiendo, es simplemente la gran cantidad de escritores y talentos que estuvieron presentes, pero como dicen por ahí, para muestra basta un botón.

DENTRO DEL CORAZÓN DE HORAS

La conclusión más concreta bien puede ser que las letras literarias fluyeron por las venas de toda la ciudad hermosillense.   En medio de sus calurosas calles, mientras limpiábamos gotas de sudor sobre nuestros rostros, cada uno de los presentes se ahogaba en el desliz de un momento en el tiempo.  Caminamos con pasos de alegría al bailar con las compañeras alegres, al llorar con quienes tenían una pena, a reír con aquellos llenos de carcajeo, a especular sobre nuestros futuros, a racionalizar nuestras propias experiencias, e  imaginar quizás, que el mito de un cielo prometido bien puede ser un congreso eterno donde el mismo aire que respiremos sea nuestras vidas y perspectivas brotadas del centro de nuestro corazón para convertirse en letras, vocales y consonantes, oraciones y frase escritas con sentimiento puro, pero alcanzando la belleza de la literatura que alimenta nuestras almas, nuestro ser, ese ente que da consuelo a nuestros problemas, convirtiéndose de esta manera, en un elemento sacro santo, quizás no entendido por muchos, pero sí por aquellos que desbordan sobre sus propias venas, el líquido ardiente de vida de la palabra escrita.

Esto fue para mí este año Horas de junio 2013.

Gracias mi Jeff, nos veremos en la próxima si los dioses literarios lo conceden, o como diría Bukowski:

“pero como dijo Dios, 
cruzándose de piernas: 
veo que he creado muchos poetas pero no mucha poesía”. 

 

© David Alberto Muñoz

 

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Al principio, la figura del maestro me intimidaba, el autor nominado al premio nobel de literatura ya era más grande que su propio nombre.  Sin embargo, con el paso del tiempo descubrí que don Miguel era un hombre sencillo, trabajador, que tuvo la fortuna de descubrir la literatura…

Don Miguel Méndez

Por David Alberto Muñoz

 

El maestro don Miguel Méndez  falleció esta semana.   Deseamos mandar públicamente el más sentido pésame a sus familiares y amigos más cercanos.  La pérdida no sólo de un gran hombre sino también de un maestro que luchó por la lengua hispana, por la literatura del sudoeste de los Estados Unidos de América, una literatura escrita en un idioma que todavía es rechazado por ciertas personas de este lado de la frontera, resulta un irreparable percance.  

Cuando la gente muere en ocasiones no queremos aceptar que aquel individuo al que conocimos, con el que compartimos los alimentos, unas chelas, pláticas, anécdotas y demás, ya no está entre nosotros.  Lo que subsiste en su presencia literaria, su estancia entre nosotros por medio de las letras y en el caso de Miguel Méndez, las letras escritas en español, pese a que él se consideraba un chicano, un mexicano nacido en tierras de sus padres, a quién le saltó la frontera hace ya muchos años, un verdadero autodidacta, que se enseñó él mismo a leer y a escribir para lograr ser reconocido por el mundo académico y finalizar su vida como profesor de literatura en la Universidad de Arizona, en Tucson.

Es curioso cómo al hacerse presente la muerte, el difunto pasa a ser de una dimensión casi divina.  Todo mundo se expresa de muy buena forma sobre él, con palabras de alago y admiración, y aunque es cierto que  en la mayoría de los casos son sinceras, resulta algo gracioso el pensar que el fallecido ya no está entre nosotros.  En este caso, aquellos que conocimos a Méndez y tuvimos la oportunidad de tratarlo de una forma más personal, nos podemos jactar de que le rendimos homenaje en vida.  El reconocer el talento de seres que están vivos y dejarlos escuchar la forma en la que nos han influenciado, o simplemente el expresar que hemos gozado leyendo sus letras, sus cuentos, sus novelas, representa el mejor de los homenajes.

Conocí a Méndez cuando estaba estudiando en la universidad  Estatal de Arizona, ASU, por sus siglas en inglés.  Se le  trajo para una presentación en Maya High School, una escuela preparatoria alternativa donde trabajaba mi amigo Leo Cervantes, que junto con mi compadre, Manuel Murrieta Saldívar, organizaron que el maestro platicara con los estudiantes y miembros de facultad de dicha organización. 

Al principio, la figura del maestro me intimidaba, el autor nominado al premio nobel de literatura ya era más grande que su propio nombre.  Sin embargo, con el paso del tiempo descubrí que don Miguel era un hombre sencillo, trabajador, que tuvo la fortuna de descubrir la literatura para dejarnos un legado inmenso que será no solamente apreciado sino estudiado por muchas generaciones por venir.

Cuando decidí organizar Peregrinos y sus letras, y empezar a homenajear a los grandes escritores de este lado del río, me resultó muy fácil el escoger a Miguel Méndez como el primer homenajeado.  Su famosa obra Peregrinos de Aztlán, es y fue para Méndez, una huella dentro del mapa literario de la zona sudoeste México- Estados Unidos, ya que es imposible conocer las manifestaciones literarias de los llamados mexicoamericanos o chicanos sin leer dicho trabajo.

“[Peregrinos de Aztlán] representa para muchos la novela chicana escrita en español lo que Los de abajo de  Azuela, fue para la llamada novela de la revolución”.   Además, se convirtió en la novela chicana más representativa y “ha servido como fuente para un gran número de tesis doctorales en los Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y México” (Evodio Escalante, Unomásuno).

Yo mismo le dije a Méndez durante el I Encuentro de Escritores Iberoamericanos en Estados Unidos, es muy significativo que abramos nuestros encuentros con usted maestro, todos somos peregrinos y es imposible no relacionar el nombre de nuestra organización con su novela, usted está bautizándonos.  Asunto a lo cual el susodicho simplemente expresó:

—No dejen nunca de peregrinar y ser peregrinos.

Se le va a extrañar mucho maestro.  Todos los años al asistir a Horas de junio en Hermosillo, recuerdo su presencia, sus amenas pláticas, la forma tan especial en la que acogió a mi familia, la entrega total a su trabajo.  Cómo se la pasó entre entrevistas, presentaciones y firmas de sus libros en su homenaje sin quejarse para nada.  Y también la gran gentileza que tuvo de escribirme una introducción a mis cuentos de cuentero.

Muchas gracias por su presencia, por su vida pero más que nada, muchas gracias por sus letras que permanecerán dentro del patrimonio humano por siempre.  Méndez es el fin de una era, y todavía nos toca ver quien tomará su lugar, no porque puede él ser remplazado, eso es imposible, pero sí alguien, que con el mismo espíritu desee continuar escribiendo la historia de todos los peregrinos que vivimos de este lado de la frontera que era nuestro hogar desde hace ya muchos siglos.

Descanse en paz el maestro don Miguel Méndez.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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… él nunca pudo oler su aroma, sólo vio toda su belleza, y murió intentando lograr algo que no era posible. 

 

Camelia

Por David Alberto Muñoz

 

Sudaba gotas de rocío, éstas, caían lentamente sobre el aroma a mierda que ya era imposible detener.   Aquel lugar se contradecía instante a instante,  aquel vapor estaba condensado debido al frío de la noche anterior, y aparecía en su frente al igual que sobre las plantas e incluso sobre la superficie de la tierra.

Sus sentidos se contradecían, el horrible olor no sólo a excremento sino a cuerpos ya en estado de descomposición le provocaban ganas de vomitar mientras que a distancia sus ojos se deleitaban con la belleza de aquella camelia color rosado y blanco que adornaba el cuarto entero.  Su tacto le decía a su mente el estar tocando una superficie suave,  fresca, que por momentos se le figuraba ser una piel humana, y a la misma vez, su paladar escupía un sabor a cobre que ya era parte de su propia personalidad.

—¿Cuándo llegó?

—No sé, quizás anoche o hace un rato.  Cuando llegué hoy en la mañana ya estaba aquí.

—¿Está vivo?

—Sí, ¿no le miras la panza respirando?

—Ya no tenemos lugar.  ¿Estará enfermo?

—¡Tú qué crees!

—No te enojes, sólo preguntaba.

Su mirada permanecía sobre aquella flor.  Era una camelia, sí, igual que el nombre de su amante, Camelia. 

Estas flores son inodoras, deleitan el sentido de la vista pero no huelen a nada.  Dicen que son originarias del Japón, y que tienen un lustre muy brilloso, en Cuba se les llama amapolas… ¿no?

¿Dónde estoy?, se preguntaba.

Una mujer morena apareció de la nada, al igual que los fantasmas, con deseos de provocar.  Sus ojos grandes brillaban, traía una vestimenta al estilo hindú.  Su pelo largo en una trenza descansaba sobre su hombro izquierdo.  Sus labios pintados de un rojo chillante escandalizaban su presencia.  Levantaba sus senos demandando  atención.

Al llegar, miró el cuerpo de un hombre que yacía sobre aquella cama de fierro.

Se acercó.

Sonrió con mucho sarcasmo.

—¿Va a vivir? —preguntó.

—No sabemos señorita, los médicos todavía no lo revisan.  Nosotros sólo limpiamos las heridas y lo demás lo dice el tiempo. 

—¡Ah!  ¿Por eso dicen que el tiempo lo cura todo?

—Tal vez…

Con gran dificultad, el enfermo intentó hablar.

—Camelia… por favor… acércate… no puedo sentir tu fragancia.

La mujer aventó al viento sus palabras.

 

El amor se pudre

La lastima ya no llega

No hay ya perfume

Lo que fue ya no será

Lo que es ya no está

 

Vocación perdida

Ahogada en tus entrañas

Descompuesta por ti mismo

Todavía en busca

De un orgasmo mal ideado

 

El recuerdo no sostiene

Tus propias consecuencias

Ya no hueles mi fragancia

Que nunca ha existido

Solamente somos flores

Que satisfacen la mirada

Pero no llenarán el aroma de tu alma

 

—¿Señorita? —Unas voces la despertaron.

—¿Sí?

—¿Qué quiere qué hagamos?

Miró el cuerpo y suspiró con mucha resignación.

—No sé, nada… déjenlo morir, ya estaba muerto antes de que yo llegara.  Nunca se dio cuenta… ellos nunca saben cuidar su jardín.   ¡Qué importa!  Lo que quiere ya no está.  Sepúltenlo en vida… yo qué sé… a mí ya no me importa.

Salió de aquel curato con actitud de indiferencia… aunque por dentro no pudo evitar que una lágrima acariciara su ser.

Sí, era Camelia, amante, mujer, compañera… él nunca pudo oler su aroma, sólo vio toda su belleza, y murió intentando lograr algo que no era posible. 

Nunca pudo oler su fragancia.

Sí… era Camelia… y las camelias son inodoras.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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Se acercó de inmediato y una vez que escuchó cuidadosamente se percató que en verdad, alguien desde adentro intentaba llamar la atención.

 

Cuento de antaño

Por David Alberto Muñoz

Presionaba con su rodilla derecha intentando empujar aquel pesado bulto que le habían asignado.

—¿Qué chingaos habrá adentro?

Sacó un pañuelo de la bolsa de atrás de sus pantalones.  Era un paliacate de color rojo, de esos que usan los cholitos en la cabeza.

Frente a él, una muchacha hermosa deambulaba por las calles urbanas de alguna metrópoli. 

—¡Qué piernas! —pensaba—¿Cómo no va eso a llamar la atención?  Me dan ganas de agarrárselas.

De momento sacudió su cerebro provocando que sus pensamientos regresaran a la antesala de sus responsabilidades. 

Se llamaba Carlos, le gustaba leer novelas de Saramago, aunque sus amigos siempre le hacían burla.

—¡Cómo eres mamón!  Te crees la gran chingadera nada más porque lees.  A mí se me hace que nada más le haces al cuento.

—¡Cómo creen!  Ahorita estoy leyendo Las intermitencias de la muerte.

—¿Las qué?

Las intermitencias de la muerte.

—¡Tú lo serás, interpendecias, interculeros, mamaletreros…!

—No, es una novela sobre un país donde la muerte desaparece y todo se viene para abajo, incluso la religión, porque dice ahí que para poder tener la resurrección necesitamos la muerte.  ¿Sí me entienden?

Nunca pudo terminar la escuela, lo único que pudo hacer es leer los libros que su abuelo escondía en su casa detrás del armario porque a la abuela se le puso que era alérgica al papel.   Además, a la abuela nunca le agradó el título que su nieto estaba leyendo a corta edad: Tierra de pecado.

—Ya no le andes dando cochinadas a Carlitos, tira tus libros a la basura si no yo los voy a quemar, lo único que dice la verdad son las Sagradas Escrituras, La Santa Biblia, viejo cochino—le gritó la abuela a su marido.

Carlos tuvo que trabajar desde los 12 años, de todo, desde cargador de bultos en la calle hasta bolero, dentro de las maquiladoras,  recogiendo latas, vendiendo chucherías, cuándo la frontera cruzó a su familia aprendió a sobrevivir en las calles urbanas, entres gangas, violencia, armas de fuego y demás.

Le gustaban mucho las mujeres, de curvas con pechos grandes, pero también podrían enfadarle, era el hombre común y corriente, podía entregarse con toda su alma para una vez alcanzado el orgasmo simplemente pedir el cigarro e ignorar la presencia femenina.

Ese día, su mudanza intentaba llevar seis cajas de metal, de esas que llegan en barco y luego las transportan por tren desde la costa hasta las ciudades.   Hace algunos años había descubierto la forma de sostenerse económicamente.  Había sacado un préstamo para comprarse una troca de mudanzas.  La había mandado pintar con su nombre impreso:

Carlos’s Moving Company LLC.

Incluso tenía su propio logo registrado.  Era una montaña que descansaba sobre una mano fuerte y morena que representaba el slogan también impreso: "The strength of our people."

Aquellas cajas eran inmensas, ¿cómo se le había ocurrido ir solo a tratar de moverlas?

Tomó su teléfono y marcó.

—¿Johnny?  Is that you?  Listen carnal, necesito ayuda.  Hay unas cajas de metal y están muy pesadas.  ¿Puedes venir?  Bueno, aquí te espero.

Volteó nuevamente a sus alrededores, vio a la recepcionista de aquel lugar que era como una bodega al aire libre.  Se miraba flaca y algo desnutrida.  Pero parecía que le gustaba enseñar sus pequeños pechos para todos los clientes que le hacían círculo e incluso algunos intentaban manosearla.

“Se buscaran maneras de forzar a la muerte a matar aunque no lo quiera…los ancianos serán detestados por haberse convertido en estorbos irremovibles.  Hasta el día en que la muerte decide volver…”.

De pronto, mientras sus pensamientos intentaban descansar sobre sus placeres, escuchó algo que sonaba como alguien golpeando desde el interior de una de aquellas cajas metálicas.

—No puede ser posible—pensó—¿Cómo va a estar alguien metido ahí?

Se acercó de inmediato y una vez que escuchó cuidadosamente, se percató que en verdad, alguien desde adentro intentaba llamar la atención. 

A la mayor velocidad que pudo abrió aquella caja amarilla, algo oxidada y con olor a humedad.  En su interior, pudo ver el pequeño cuerpo de un jovencito que con su mano derecha golpeaba la entrada de la caja y con la izquierda abrazaba una biblia.

Carlos lo ayudó a salir.  El aire aunque era algo caliente se le antojó ser más fresco que el aire helado de las tierras del norte a aquel joven.  Respiró profundamente mientras descansaba en los brazos de Carlos que no sabía qué hacer.

—¿Estás bien? —cuestionó el susodicho Carlos.

—Sí, ¿ya llegué?

—Creo que sí… ¿adónde ibas?

—Vengo a informarles que la muerte no quiere regresar.  Lo dice la palabra de Dios.  “Él sepultará la muerte en las profundidades del mar”.

Tal vez Carlos en realidad leía demasiado, sus realidades se mezclaban con sus pensamientos, y los sucesos abstrusos no alcanzaban a entender las imágenes que atravesaban por su mente.

Lo único que quizás comprendió en aquel instante, es que es mejor forzar la muerte que esperarla aun sabiendo que nunca llegará.

—¡Carlos!  ¡Carlos!

Carlos volteó asustado.

—Llévenselo a terapia intensiva.  Ya lo conocen, está loco.  Es de esos viejos que sólo saben leer e inventar tonterías.  “La muerte nunca llegará…”.  Yo te voy a dar muerte a ver si no te llega desgraciado.  Ya les he dicho que no lo dejen leer, se pone peor, más loco, más incoherente.  Quemen todos los libros y póngalo frente al televisor o frente a una foto de su abuelo, lo que sea, pero ya no quiero escuchar más sus pendejadas.

Carlos está en un asilo de locos.  Su pecado, haber leído demasiado.

Así era toda la gente de antaño.

© David Alberto Muñoz

 
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Dicen que todos recordamos a un maestro que impactó nuestra vida.  En mi caso fue mi maestra de sexto año. 
 
 
La maestra Tere
 
por David Alberto Muñoz 
 

Mujer de espaldas fuertes,  anchas, con una mirada de autoridad pero serena, una güera de rancho como dicen en México.  

Retengo en la mente que tenía los ojos azules.  No se maquillaba mucho, cuando lo hacía se miraba algo rara.  Era medio masculina, tenía el pelo corto y se vestía con ropa medio extraña, era como un traje sin corbata, más bien con moño, hecho con la intención de  verse más profesional.

Así tengo en mi memoria a la maestra Tere.  Dicen que todos recordamos a un maestro que impactó nuestra vida.  En mi caso fue mi maestra de sexto año.  Una mujer de alrededor de 50 años de edad, al menos en aquella época, bueno, eso creo.  

Todos le teníamos un terror inimaginable.  Cuando llegamos a su salón de clase no podíamos ni movernos.  Sus ojos nos paralizaron a todos. Caminó a lo largo de todo el salón de clases descubriendo a los latosos, los soñadores, los niños popis, los engreídos, lo suertudos, haciéndonos sentir a todos inteligentes.

Pronto descubrimos el gran valor humano de aquella mujer que por un año nos enseñó a apreciar el conocimiento, a cooperar los unos con los otros, a saber escuchar al “otro”, a sentir un gran orgullo de nuestro trabajo.

Nunca tuve la oportunidad de decírselo.  Después de varios años partí hacia otras tierras, y ella quedó solamente en mis recuerdos. 

Pero ella fue el mejor maestro que he tenido en toda mi vida.

Feliz día del maestro para usted, maestra Tere. 

© David Alberto Muñoz

 

 

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No se me hace justo… nos dicen que no trabajamos… que no hacemos nada… que no deberíamos de exigir…

Ama de casa

Por David Alberto Muñoz

 

Nunca entenderé a los hombres.  Ellos no se preocupan por nada.  Nada más van a trabajar para ganar unos pesos y según ellos poner comida en la mesa.  Bueno fuera, cuando te dan el dinero te  dicen cómo gastarlo, y además hay que devolverles cambio.  Llegan a comer y esperan tener su comida calientita, sus hijos bañados, su ropa limpia, la casa resplandeciente, y una vez que terminaron, te gritan:

—¡Apúrate!  Tengo ganas.

¿Ganas de qué? ¿De coger?  Por qué no te agarras el pito tú sólo y me dejas en paz.

—¿Mamá?

Los hijos siempre necesitan ayuda, protección, están creciendo.  ¿Quién les va a enseñar cómo comportarse?  Sí, ya sé, nosotras.  Cuando hacen una tontería, somos nosotras las que pagamos el plato.

—¡Mira bien Bertha Clara!  ¿Cómo crees que me siento después del trabajo?  Me la paso todo el santo día levantando cemento, acarreando ladrillos, mesclando arena con grava y yeso, ¿y piensas tú que cuando llego a casa no quisiera relajarme?   Ya ni la chingas… nada más entro por la puerta y los chamacos empiezas a quejarse, luego tú empiezas a quejarte y yo la mera verdad me dan ganas de irme con mis cuates a pistear.

Claro, nadie piensa que yo tuve que pasar todo el día con los niños.  Los levanté temprano para que se bañaran.  Los vestí.  Les di de desayunar.  Les preparé sus tortas para la hora del recreo.  Los llevé a la escuela para luego regresar y limpiar toda la casa, hacer los pagos de la luz y comprar un tanque de gas nuevo porque ya se nos había acabado.  Luego tuve que ir de compras para la comida.  Además de tener que aguantar a Doña Rosario con su plática de viuda amargada que piensa que en el cielo sólo ella va a estar.  Para luego darme cuenta que tenía que poner la ropa a lavar, empezar a preparar los chiles rellenos del señor, y asegurarme que el de la renta nos esperara una quincena más porque ha habido muchos gastos.  Y entre todo esto, tengo que recoger a los niños de la escuela, asegurarme de que sé cuál es su tarea y estar a tiempo para cuando llegue el santo señor a comer.  Cambiarme de ropa para estar guapa y no toda fodonga como dicen.  Una vez que terminó su santidad, y se va a fumar su cigarro al patio, tengo que lavar los trastes, recoger la sala, asegurarme que todos hicieron su tarea además de tener que hacerles algo de comer antes de que se vayan a dormir.  Para luego llegar a la cama y el pinche señor de la casa me diga: “abre las piernas", y se quede dormido a los dos minutos.

No se me hace justo… nos dicen que no trabajamos… que no hacemos nada… que no deberíamos de exigir… yo no exijo nada… sólo desearía poder tener un tiempo para mí… eso no es malo… ¿o sí?

© David Alberto Muñoz

 

 

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No pendejo, soy un ser humano que dejo de ser niño e igual que el gigante su propio desliz lo asesinó

Placer

Por David Alberto Muñoz

 

Estaba muy cansado.  El entorno me adormecía los ojos mientras mi cerebro ya casi frito intentaba todavía ver más allá de las hojas de papel de aquel libro que nunca pude acabar…

Me levanté asomándome a la puerta del patio de atrás con la esperanza de ver a alguien.  No sé por qué.  ¿Qué hubiera hecho?  Nada… el agotamiento verdaderamente había tomado control de mi cuerpo.  Los brazos me pesaban, tenía los ojos abiertos pero una pesadez horrible me sumía en un no sé qué.

—¿Cómo se llamaba?

¿Qué?

—El libro que nunca pudiste acabar.

No recuerdo… creo que era El gigante egoísta de Oscar Wilde.

—¿Nunca pudiste terminarlo?  Si es un cuento bien chiquito.  Medio mamón por cierto.  El gigante, los niños, las heridas de aquel pequeño, el jardín, puro pedo.

No… nunca pude terminarlo…

—¿Y por qué?

No estoy seguro.

—¿Cómo qué no estás seguro?  Tienes que saber, ¿no?

Perdí mi niñez cierto día.  Descubrí la maldad y me gustó.  Los placeres del cuerpo me hipnotizaron, los deleites de la carne, ¿sí me entiendes?  Cuando te dejas ir y sentir todas las delicias que los sentidos ofrecen; y quizás lo más importante.

—¿Qué?

El placer de dañar al otro… sí… nada más por gusto, con premeditación alevosía y ventaja, con el pinche deseo de perjudicar, de sacudir su cabeza con el golpe de una piedra y ver como desangra mientras su cráneo se rompe ante tu presencia.  ¿Sí me entiendes?

—No, la mera verdad no te entiendo.  ¿Qué te traes?  ¿Estás enfermo?

“Una carcajada infantil de complacencia se escuchó”.

No, simplemente descubrí el placer del dolor ajeno a causa de mi propia felicidad.

—¡Estás loco!  ¡Eres igual que el gigante, un egoísta!  Mejor ya cállate.

No, perdí mi niñez junto con mi inocencia… y el goce subyugó mi vida.  ¿Entiendes?  El erotismo, el hedonismo, el deleite de darle vuelo a la sensualidad, la complacencia carnal, mental, de cualquier tipo.  Aprendí la delicia de hacerle mal al otro por pura satisfacción.

—La mera verdad te patina el coco.  Estás demente.  ¿Cómo puedes pensar eso?  Eres el mismo diablo.

“Una nueva carcajada infantil de complacencia se dejó escuchar”.

No pendejo, soy un ser humano que dejó de ser niño e igual que el gigante su propio desliz lo asesinó.

—¿Qué dices?

La historia dice que el gigante era un egoísta… pero yo no lo creo.  Era un ser que se permitió sentir la lujuria de propio egoísmo.  E igual que él, a mí también me gustó. Por eso nunca he podido terminar de leer ese libro… porque no quiero dejar de sentir placer…

© David Alberto Muñoz

 

 

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“Frente a ella, un niño bien peinado y vestido con pulcritud abría sus ojos con una curiosa mirada que aquella madre no había visto con anterioridad”.

¡Vas a llegar tarde a la escuela!

Por David Alberto Muñoz

Ya levántate Juan Manuel.  Ya van a dar las seis y media de la mañana y tienes que ir a la escuela.  Acuérdate que tienes que estudiar y prepárate para el futuro.  La escuela es muy importante, es como tu trabajo, de esa forma cuando termines tu carrera podrás conseguir un buen empleo. Puedes ser un médico o un abogado, o yo no sé, lo que tú quieras ser pero algo.  Es por tu bien, ¿me entiendes?

¡Juan Manuel vas a llegar tarde a la escuela!

¡Ay mijo, cuándo menos piensas ya se te pasó el camión!  Y no estoy hablando necesariamente del camión de la escuela.  Parece que fue ayer como dice la canción, yo era una jovencita y andaba de enamorada con tu padre.  Nos casamos en contra de la voluntad de mis papás y bueno, con el tiempo supieron perdonarme.  ¿Qué iban hacer?  Cuándo empezaron a llegar los nietos pues estaban tan chulos ustedes que se doblegaron.  Pero el tiempo se me resbaló de las manos, la vida, los momentos, y bueno, muchas otras cosas.

Yo no sé por qué siempre es un problema contigo.  Nunca te quieres levantar.  Al contrario, entre semana se te pegan las sábanas y el sábado no son ni las cinco y ya andas de borlotero.  ¿Qué te pasa?  La escuela es muy importante.  Mira chamaco, si no estudias te tienes que poner a trabajar,  no quiero flojos en mi casa.

¿Oye?  Me habló ayer tu maestra.  Dice que eres un muchacho muy difícil.  Igualito que tu padre.  Nada más creando problemas, alborotando a todos los demás en el salón de clase, coqueteando con las niñas.  ¡Por favor!  Ya sé que estás en la edad de la pubertad pero espérate tantito ¿no?  Ya me imagino, como perrito caliente detrás de las muchachitas que por cierto hoy en día se visten demasiado sexy ¿no crees?  En mis tiempos nunca hubiéramos podido imaginar el andar así como andan muchas chamaquitas, enseñando todo el calzón, y las que ya tienen busto, pues bien que les encanta ser el centro de atención.  Yo entiendo, yo también fui joven pero con un caramba, ¡espérense un poquito chamacos de porra!

Mira Juan Manuel, bien lo dice tu maestra.  No eres tonto, al contrario, eres un muchachito muy inteligente y tienes futuro pero necesitas disciplinarte.  ¿O qué?  ¿Quieres terminar como tu padre y yo?  ¿Pizcando verduras y frutas en el field?  Y no me avergüenzo de lo que hago, no señor.  Nuestro trabajo los ha sacado a ustedes adelante.  Todos los días me levanto y saco fuerzas no sé de dónde para irme a trabajar con tu padre.  El pobre después de estar todo el santo día en medio del sol se va a lavar platos al restaurant de Don Steve, el gringo ese que es buena onda lo que sea de cada quién.  Pero no queremos eso para ustedes.  Nosotros no tuvimos la oportunidad de estudiar.  Con trabajos sé escribir mi nombre pero tú Juan Manuel, siendo tan listo, tan capaz, no desperdicies la oportunidad que Dios te está dando.  ¿Si me entiendes?  Puedes llegar adónde quieras.  Eres muy inteligente.  No te dejes de nadie, lucha por lo que quieres…

¡Ay mijo… ojalá me puedas entender!  Me casé muy joven, me llené de hijos y tuve que seguir a tu padre.  Así nos enseñaban antes.  Nada de qué ¿qué quiere la señorita?  La señorita quiere aprender a cocinar y a lavar ropa, quiere saber cómo limpiar su casa y traer limpio a su marido porque toda la gente nada más anda de metiche criticando pa’ arriba y pa’ abajo.

Mi mamá ni siquiera sabía qué decirme.  Yo le preguntaba amá ¿así deben ser las cosas?  A veces me cansa el mentado marido y me dan ganas de irme y mandarlo todo a la chingada… perdón… pero es la verdad… ¿Y sabes por qué nunca lo hice?   Por ustedes mijitos, por tus hermanos y por ti en especial.  Porque deseo con todo el corazón lo mejor para ti y también para ellos aunque a veces son igual de cabeza dura que tu padre.

¡Juan Manuel, levántate!   Vas a llegar tarde a la escuela.  Es tu último año de primaria.  Acuérdate, el próximo año ya vas a ir a Midol Scul.   No te burles de mi acento, con todo y todo me defiendo con mi inglés.

Ponte la ropa que te lavé ayer porque entre más limpio vayas es mejor.  La migra no descansa mijito, ¿cómo se llama ese sheriff que nada más anda jodiendo a los hispanos?  Arpaio… pa’ nombrecito.  ¿Qué les hicimos que no nos quieren?  Lo único que hacemos es trabajar, trabajar y trabajar…

¡Juan Manuel qué te apures te dije!  ¡Vas a llegar tarde a la escuela!

—Ya estoy listo mamá.

“Frente a ella, un niño bien peinado y vestido con pulcritud abría sus ojos con una curiosa mirada que aquella madre no había visto con anterioridad”.

Juan Manuel…. ¡Qué guapo te ves!

—¿Mamá?

—¿Dime?

—Thank you.

—¿Gracias?  ¿Por qué?

—No sé… I don’t know… gracias por todo… por ser mi mamá.

—Juan Manuel… ven para acá… dame un beso criatura…  A lo mejor las cosas sí están mejorando… sí, a lo mejor sí están mejorando... ¡ándale pues, apúrate que vas a llegar tarde a la escuela!

© David Alberto Muñoz

 

 

***

Imágenes brotaban dentro de su cerebro, recuerdos perdidos que ya había olvidado,  frases tontas nunca dichas, amores jamás encontrados, deseos nunca logrados, maldiciones expuestas bajo el terruño de una malicia inocente.

La araña

Por David Alberto Muñoz

Advirtió el papel doblado detrás de la caja que guardaba sus cosas personales, mientras precisamente sobre  esa esquina, una araña luchaba por su vida intentando construir su hogar.

Él mismo había aventado ese papel hace ya varios días.

—¡Qué raro!  Todo es cuestión de perspectivas, ¿no?

Arnoldo Ricardo Medina, era un hombre trabajador con ciertas mañas como todos los humanos, se había negado a leer la nota escrita por su mujer, aquel día cuando Dolores soñó la muerte de Arnoldo en el bosque de los Remedios, en medio de una tormenta nunca antes vista.

—Ahí estabas Arnoldo, desnudo con la mirada perdida en el monte.  Los rayos te penetraban literalmente, pude ver tu cuerpo lleno de recuerdos sin sentido.  La sangre dejo de correr por tus venas, te volviste trasparente y una voz rara me decía: “Escribe lo que te voy a decir y dáselo a Arnoldo”.  ¿Entiendes?

Dolores le dio esa hoja de papel que él aventó detrás de la caja donde guardaba sus cosas personales mientras una araña tejía con bastante dificultad su hogar.

—Dolores está loca… a quién se le ocurre semejante disparate.  Algo ha de querer y no se atreve a decírmelo, por eso salió con ese cuento de que me vio desnudo y que mis pensamientos y chingadera y media.  Nunca entenderé a las mujeres, si hablas porque hablas, si te quedas callado porque te quedas callado, ¿Qué chingados quieren?

La araña de pronto cayó sobre aquella hoja de papel doblada.  Arnoldo la miraba con preocupación.

—¿Podrá regresar a su telaraña? —se preguntó.

La mirada de Dolores no se salía de su mente.  Era una mirada de juicio, de demanda. 

—Algo tengo qué hacer…  o a lo mejor no he hecho nada.  ¡Me lleva la chingada!  ¿Qué voy hacer?  Ni siquiera sé lo que quiere.   ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?

La araña poco a poco se movía en dirección a su morada.   Arnoldo podría haber jurado que el bicho estaba sudando.

—¿Y si quiere separarse?  O a lo mejor me quiere quitar la casa.  Quizás me está reprochando la manera en la cual vivimos.  ¡Yo qué sé!  Mejor levanta esa hoja de papel y lee lo que escribió—Se dijo así mismo.

La araña colgaba de una sola cuerda  que salía de su propio cuerpo.  Se impulsaba hacia arriba con una fuerza que parecía realmente sobre humana para finalmente lograr regresar al centro de su hogar, aquella maldita telaraña en una de las esquinas de su oficina.

—Hace mucho tiempo que no limpian a fondo.  Los trabajadores nada más se hacen pendejos y sólo levantan la basura pero nunca nadie sacude, y todo mundo sabe que cuando dejas que el polvo se acumule, al rato vas a tener a estos animalejos en las esquinas construyendo telarañas.

En un momento de coraje, Arnoldo levantó aquel papel que había dominado toda su existencia por la última semana.  Se sentó en la silla de su escritorio.  Hacía raros sonidos que emulaban un animal en celo, para finalmente desdoblar aquel papel y leer la profecía que su mujer Dolores le había entregado.

“Cuando la araña trabaje en noches calurosas y de luna, morderá tu cuerpo causándote la muerte, porque has perdido la existencia  detrás de los cuadros, las cornisas, los mismos armarios donde has guardado tu ropa.  Cuando el veneno hinche tu piel, reconocerás por fin el valor de la vida, y atenderás tu propio funeral con el inóculo del veneno que no produce inmunidad”.

—¿Qué chingados quiere decir esto?

Escuchó de pronto una tormenta, rayos y centellas que parecían descargar toda su fuerza sobre su frágil cuerpo.  Imágenes brotaban dentro de su cerebro, recuerdos perdidos que ya había olvidado,  frases tontas nunca dichas, amores jamás encontrados, deseos nunca logrados, maldiciones expuestas bajo el terruño de una malicia inocente.

—¿Arnoldo?

Volteó asustando para verla frente a él.  Con cuerpo fuerte, sensual, seduciendo su propia mente.

—¿Qué es esto Dolores?  No entiendo.

—Ayer te sepultamos Arnoldo.  Después de aquel día cuando desnudo decidiste huir a la montaña.  La araña te mordió, tú todavía buscabas la vida en los closets, entre ganchos y ropa que nunca te ponías.  Ya es tarde… tal vez ahora puedas reconocerlo pero ya no podrás cambiarlo… te nos fuiste Arnoldo…  te nos fuiste antes de entender que la vida era lo único que tenías…  estás muerto…

—Descanse en paz…

Las arañas no duermen.  No tienen esa función igual que los mamíferos.   El sueño es una etapa en la que los organismos reparan algunas situaciones.  Las arañas no duermen, llevan a cabo otros procesos para continuar en vigilia.  Se ubican en refugios para no ser atacados por los depredadores.   Las arañas cuando no están activas, se han desplazado para acechar a la presa.

—Y en este caso Arnoldo, la presa fuiste tú… nunca supiste disfrutar de la vida porque siempre te ocupaste en qué pensaban los demás de ti…

Descanse en paz Arnoldo Ricardo Medina… le decían la Araña.

© David Alberto Muñoz

 

 

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La misma serpiente deseaba ser devorada completamente para no continuar con el eterno martirio de la injusticia.  Las espinas del nopal dejaban ver sangre que brotaba del pueblo mexicano.

Revolución mexicana a principios del siglo XXI

Por David Alberto Muñoz

El general Emiliano Zapata se encontraba posando para una foto junto con su caballo prieto azabache, un Lexus del año, con computadora, DVD y asientos de piel.  Tenía su mirada de hombre de campo, trabajador, levantado incluso después de una borrachera.  El color de su piel expresaba la falta de temor a trabajar a pleno sol del día.  Al contrario, el sol parecía alimentar las fuerzas de un hombre que prieto prieto, acomodada su presencia mientras desvestía a toda mujer que atravesaba su camino.   

Junto con el tono del maíz, el general Zapata difícilmente sonreía.  No era una cuestión de falta de alegría, simplemente él provenía de una cultura indígena, donde las cosas se demuestran con hechos, no con falsas sonrisas diplomáticas, que muchas veces pueden entorpecer el progreso de los pueblos.

Zapata lucía sus grandes bigotes, esos bigotes tan populares que se usaban a principios del siglo XXI, largos, voluptuosos, cuya punta se enrollaba con un poco de vaselina para darle un toque de elegancia.  Su cabellera estaba cuidadosamente peinada por lo menos cada vez que sabía le iban a tomar una foto, que en la época moderna, era una fotografía digital, cuya imagen se podía manipular para hacerle ver mejor al general, y mandarse casi de inmediato por el Internet.

Sonó de repente el celular del general Zapata:

—Mi general, el presidente Madero dice que tenemos que dejar las armas primero, si no, no va a expedir una ley agraria.

— Manda una copia del Plan de Ayala por la Red.  Que lo traduzcan al inglés, francés e italiano por lo menos.  Y pídele una foto a Pascual Orozco con su familia para hacer publicidad de su Plan de la Empacadura.  Además, vende los espacios que tenemos dentro de nuestra página Web, a Coca-Cola, a Intel, a McDonald's, y que no se les olvide hablar con la cervecería Modelo, que me deben un favor y además están interesados en que les grabe un comercial para la televisión.  Háblale a Joaquín López Dóriga, para que me de un espacio en el noticiero de la noche a ver que podemos hacer.

—A la orden mi general.

Zapata se dirigió a su oficina.  Encendió su computadora Sony Pentium 4, junto con un cigarro norteamericano, Malboro Lights, que eran los que andaban más de moda durante la época.  Abrió su correo electrónico y se enteró de lo que estaba sucediendo en la mentada revolución mexicana.  Había un correo de Pancho Villa.

— Emiliano, ya me traen de encargo las mentadas miembras de las Adelitas por un futuro feminista.  Me están acusando de haber acosado sexualmente a más de 27 mujeres por toda la república mexicana.  Hay demandas de paternidad y tengo que hacerme más de 20 pruebas de ADN.  ¿Te imaginas?  Hoy en día ya no puede uno hacer sus baquetonadas a gusto.  Todo lo contrario, ya ni siquiera le puedes hacer un piropo a una muchacha porque te tachan de depravado sexual.  ¿Cómo le haces tú?  ¿No podrás darme una manita?  ¿O a poco es cierto que eres del otro lado?  Nada más eso me faltaba.  Aunque anda de moda salir del closet ¿no?  En fin, oye, los gringos no me van apoyar.  Ya me lo dijeron en la cara.  Por eso el otro día fui con unos de mis muchachos y le hicimos un desmadre en Columbus, Nuevo México.  Condenados gringos, se creen la mamá de Chita, pero yo, hasta me dejé caer varias güeras, nada más para vean que los mexicanos somos hombres de verdad.  ¡Que no sepan esto las Adelitas, porque me crucifican!  Bueno Emiliano, me gusta mucho tu lema: Tierra y Libertad.  Atentamente, Doroteo Arango.  PS Ya ni me acuerdo para qué te escribía.

Zapata sacudió la cabeza con una mezcla de risa y desesperación.  Alzó los ojos a la distancia;  el país se miraba cansado de tanta pelea.  Los ojos del águila se habían opacado, la claridad de una revolución estaba siendo cuestionada.  La misma serpiente deseaba ser devorada completamente para no continuar con el eterno martirio de la injusticia.  Las espinas del nopal dejaban ver sangre que brotaba del pueblo mexicano.

— ¡Mi general!

— ¿Qué pasó Zazueta?

— Llegó un fax de Carranza dirigido a usted.

—¿Qué dice?

—Usted perdone mi general, pero no sé leer.

—¡Dame para acá!

“Estimado General Zapata: De la manera más atenta me permito invitarlo a una reunión personal que espero podrá celebrarse en la hacienda de Chinameca el próximo diez de abril del año 2019.  Si usted lo permite, enviaré mi avión privado a recogerlo a usted y a todos sus representantes.  Todos los gastos correrán por mi cuenta.  Una vez reunidos discutiremos las posibilidades a nuestro alcance para resolver la falta de unidad que por algún extraño motivo tenemos todos los mexicanos.  Posteriormente, podemos tener una conferencia de prensa en conjunto y hacerle saber al país, la forma en la cual resolveremos nuestras diferencias”.  

— Dile a Carranza que ahí estaré.

El país mexicano era un verdadero desastre.  Todos los líderes de una revolución la cual al menos al principio, decía que estaban en contra del gobierno de Porfirio Díaz, se había desplomado al no encontrar un líder que uniera todas las causas.  Cada quién jalaba por su lado. 

En medio de todo este caos posmoderno, la tecnología había logrado crear mitos vivientes dentro de una sociedad verdaderamente compleja.  Por televisión sacaban videos de la sinvergüenzadas de Villa.  En la prensa amarillista, se decía que el narcotráfico era controlado por Huerta, que era precisamente él, quién tomó control del cartel de Tijuana.  Mientras que los medios de comunicación más conservadores, seguían haciendo alusión a la forma en la cual el presidente Madero, en su breve gestión presidencial, había alentado el reparto agrario y la legislación protectora de los trabajadores.

Zapata arribó a su cita con Carranza.  Le costó su vida.  Un año después, en el 2020, le tocó a Carranza ser asesinado, en Tlaxcalantongo, Puebla, en el curso de la revuelta que encabezaba el Plan de Agua Prieta.

Total, la mentada revolución mexicana era un verdadero desmadre que iba más allá de la postmodernidad.  Sin dirección, con una infinidad de discursos, con un pueblo que sería esclavizado a sexenios dictatoriales y a una democracia en pañales, que no lograba ver que el verdadero problema no es el sistema político, sino la naturaleza humana.

Zapata en alguna ocasión dijo:

—El problema es que la revolución la complica el mundo moderno.  Si hubiésemos empezado a pelear a principios del siglo XX, tal vez hubiéramos logrado algo.  Pero con toda esta marea de aparatos tecnológicos, acceso a la información, fraudes digitales, maquinas de ATM, juegos de computación donde Álvaro Obregón puede pelear contra De la Huerta, y además se tienen foros donde todos los ciudadanos del planeta pueden dar su humilde opinión en relación al verdadero significado de la palabra revolución, todo parece complicarse.

Nos lleva la chiquita…total…todo sigue igual.

Era la revolución mexicana a principios del siglo XXI.

© David Alberto Muñoz

***Parte del libro de cuentos: México de mis recuerdos publicado por Editorial Orbis Press 2005.

 

 

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Isn’t it being kind and compassionate towards others more important than being right?

What if…?

by

David Alberto Muñoz

I remember being a young boy coming of age in the southern land of Mexico.  Me and my friends would love to play a game in which we would question one another by asking: what would happen if…?

“What would happen if we had a different president?” 

“What would happen if we could fly?”

“What would happen if only we could see through people’s clothes…?”

It is very easy to realize that there were hormones leading us into that direction.

Nevertheless, one morning after reading all the news and reflecting upon how difficult it has become for two individuals to talk to one another without killing each other I decided to play the game again.

I remember we would spend hours speculating what would happened if we had other circumstances in the world, in our neighborhood, in our lives.  Then, it suddenly hit me.

What would happen if every member of every religion would try to help another human being?  Could we eliminate poverty?  Could we perhaps see the beginning of the end of war?  Or maybe, could we just see a better planet for our children?

I started scratching my head. 

Why are we obsessed with ideology?  What is it more important to be right or to help eradicate violence in the world?   Could we not use our resources to create a better place for future generations?

Religion sometimes brings forth conflict.  Who is the real God?  Will the real God please stand up?  Is there a heaven and a hell?  Are we coming back reincarnated in other lives?  There is definite a lot of space for violent struggle as the history of religion has showed.

Is there any way to resolve this issue?  Why must we continue isolating ourselves from other human beings just because they are not Christians, or Muslims, or Taoists? 

The new generations appear to be more open to diversity.  It seems that the age of “absolutes” is disappearing.  In today’s society, our youth is more interesting in knowing about other religions and/or ideologies than in the past.  Today, we have interracial marriages; individuals from two completely different religions get married.  Plus, there are gays and lesbians who are just humans searching for equality under the law.  And let’s be honest, there are members of the clergy that have a different sexual orientation than heterosexuals.  Why is this so bad?

If I read the Christian Scriptures correctly, isn’t it one of the great commandments to love your neighbor as yourself?   I just don’t get it.  What difference does it make if one religion is better than the other one?  What difference does it make if one is the ultimate truth and the rest are not?  As long as we continue to be destructive to one another, does it really make a difference?  Isn’t it this a big human fault?  Are we not living in the same domain, the earth?

I truly think we need to nourish love instead of hate, tolerance instead of destruction, acceptance instead of rejection.   When you help someone you are helping another human being.  Does it matter if he or she is a Muslim, a Hindu, a Mormon, a Shinto believer, a Buddhist, a Sikh, a Catholic, an Eastern Orthodox, a member of Wicca,  or from Christian Science, or perhaps a Native American, or from Rastafarianism, Scientology, Contemporary Paganism, Santería, Theosophy, Baha’i, or a humanist to mention only a few?

Isn’t it being kind and compassionate towards others more important than being right?

If not…, please forgive me, I apologize, for your are right and I am wrong.  I was just wondering what kind of world we could have if every member from every religion and /or ideology in the world would try to love another human being...at least help another human.

Perhaps because loving one another is one of the most difficult things we can engage in. 

I must be out of my mind.  Isn’t this begging the question?

No, I think this is just human kind…I am right because I am never wrong.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Siempre me ha fascinado cómo todo mundo quiere venir a los Estados Unidos pero a la misma vez, todo mundo lo critica.

Hibridad cultural

Por David Alberto Muñoz

Recientemente leí un artículo donde se hablaba  de como el hispano inmigrado a los Estados Unidos  de América, pierde eventualmente el uso del idioma español.  Andreu Barnils escribe cómo de acuerdo con el instituto Pew Research Hispanic Center, el apartado lingüístico es bastante grande.  Se divide en tres generaciones, el padre que viene de un país hispano, el hijo, nacido aquí y el nieto, obviamente también oriundo de suelos rojo azul.  El 38% de la primera generación habla inglés, y mantienen su idioma, el 92% de la segunda hablan inglés y pierden un 47% del uso de español, y el 96% de la tercera se comunican con el idioma de Shakespeare y prácticamente no entienden español.  Esto significa que el español pierde la mitad de sus hablantes en tres generaciones. 

Meditando al respecto decidí hacer un auto-análisis de mi propia persona y mi familia inmediata.  Tengo ya más de treinta años de vivir en tierras del tío Sam.  Mi hija siempre me hace burla porque dice: “¿Cómo es posible que tengas tantos años aquí y todavía tengas acento al hablar tu inglés?”  Mi única respuesta es simplemente afirmar mi identidad mexicana, de la cual no he querido desprenderme.  Me aferro a ella con las uñas, pese a darme cuenta también que el proceso de aculturación ya ha dejado su marca en mi fragmentada identidad.

Soy una primera generación que al llegar a este país se escandalizaba de la gente que hablaba el español mal.  Corregía a medio mundo sus construcciones gramaticales, proponía adjetivos nuevos tal vez nunca escuchados por los mexicoamericanos, quienes simplemente me observaban con rostro de curiosidad.   Utilizaba el denominador “pocho” para referirme a muchos de mis conciudadanos con cierta saña.  Hablaba de mantener la pureza de la lengua y no sólo eso, la integridad de mi cultura mexicana que siempre he valorado como tronco donde se cimienta mi identidad personal.

Con el paso de los años descubro mi propia trasformación, no sólo lingüística, sino también cultural.  Enseño en un colegio/universidad de dos años en inglés.  Toda mi educación superior la tuve dentro de este país.  Mi forma de hablar se ha modificado.  A veces hablo inglés, a veces español y en ciertas ocasiones Spanglish, que aunque algunos digan no es un idioma, dentro de estas tierras crece más y más cada día.

—Hey!  ¿Tienes change de un twenty?

—¿At what time nos vamos a ver en el bar?

—Mi amá dice that we need to start doing our work.

—¡Que chula te ves!  I mean it, like a star.  ¿Qué no?

—I was talking to George esta mañana y me dijo que he is not going to darle help al teacher.

A los techos les decimos rufa, al supermercado, marketa, a estacionarse, parkearse, a trapear, mopear, a mandar un fax, faxear, a un jardín, una yarda.  

Moviéndome por las calles y avenidas de la urbe arizonense descubro manifestaciones hibridas de dos culturas.   Una foto anunciando cerveza Bud-Light que dice: “Tan buena como encontrar un parking frente al building”.  O “Beerveza… ¿se habla chill?”   O que les parece: “Se necesita delivery guy”.

 

 

Es importante entender que existen distintas mezclas de inglés/español.   El ensayista y comentador cultural Ilan Stavans nos dice que esta mezcla es el resultado de qué tipo de español estemos escuchando.  Si vivimos en Puerto Rico la clase de Spanglish que escucharemos es una, si vamos a la zona fronteriza del suroeste México-Estados Unidos escucharemos otra, en el estado de Texas, los ya famosos Tex-Mex  también contribuyen, además Nueva York, Miami, también en zonas dónde la población latina no es tan abundante, el Spanglish hablado tiene más influencia de la lengua inglesa.

Por otro lado me miro a mí mismo y veo mi propia trasformación cultural.  Cuando vivía en México nunca tomé un examen para sacar mi licencia de manejar. Crecí con la cultura de la “mordida”.    El pasarle un dinerito al trabajador federal o estatal para que me “hiciera el favor” de darme mi licencia entre tantas otras cosas. 

¿Seguro de carro?  ¡Están locos!  En México no había esas cosas.  Crecí bajo la cultura de que el que pega, paga.  Cuídate del que está enfrente.  El de atrás se cuida solo.

Hoy en día confieso que me he vuelto muy legalista, a pesar de mantener todavía una gran influencia del sur de la frontera, me he agringado mucho.  Me escandalizo cuando me doy cuenta que hay compas que manejan sin licencia.  Quiero estar asegurado para todo, seguro de salud, de vida, contra robo, incendio y cualquier otra cosa que pueda ocurrir.  Es sumamente cómico cuando nos encontramos dos hispanos en la calle, como dirían en México: “con el nopal en la frente”, pero no nos hablamos español.  ¿Por qué?  Porque no queremos que piense el compañero que somos huerfanitos de la lengua inglesa.  Hasta que sentimos que ya hemos establecido nuestro espacio como individuos que somos parte de esta cultura que nos adoptó, entonces nos atrevemos a lanzar unas frases en español.  Hay quienes de plano pierden toda su cultura e idioma siendo primera generación.  Desean escapar su identidad étnica pretendiendo ser algo que no son, cubriéndolo con maquillaje barato que les irrita el rostro que no les fue otorgado al nacer.  Más curioso es ver como hay mujeres tan o más morenas que yo que se pintan el pelo de güero, intentando convertirse en verdaderas gringas, y por medio de esa acción, creen haber borrado cualquier destello de su origen indígena.

Cuando terminé con mi auto-análisis, me doy cuenta que ya no soy el mismo, que cargo un arsenal de distintos idiomas, culturas y expresiones personales del existir.  Estoy fragmentado como muchos seres humanos.  Mi hija habla y escribe español, cuestión que me llena de orgullo.  En mi casa a veces hablamos inglés, a veces español y a ratitos (ratotes) Spanglish.   Dicha fragmentación me ha llevado a apreciar más las culturas humanas, las formas de expresión lo que incluye el lenguaje, manierismos,  esa paradójica hibridad que produce día a día los cambios culturales y sociales de nuestros tiempos.

Deberíamos de saber reconocer las culturas que se crean dentro del ámbito fronterizo México-USA.  Pero no sólo para corregir sus expresiones lingüísticas o culturales, sino más bien para reconocer que todos aquellos que llegamos a vivir en este país, ya hemos creado una nueva forma cultural, la cultura del inmigrante.  Una cultura que valora sus orígenes, que no desprecia la cuna que nos vio nacer pero a la misma vez sabe agradecer lo que este país nos ha otorgado.   Siempre me ha fascinado cómo todo mundo quiere venir a los Estados Unidos pero a la misma vez, todo mundo lo critica.  Intentemos al menos ir más allá de nuestros propios prejuicios,  y miremos nuestra realidad a la luz de los fenómenos culturales que estamos viviendo.  Nos sólo en el idioma, en los nuevos ritos culturales, religiosos o sociales que experimentamos, observémoslos en el simple análisis de nuestra experiencia como inmigrantes.  Y es precisamente por esto, por lo cual tenemos la obligación de trasmitir a las nuevas generaciones, el gran cariño por la tierra que nos vio nacer. 

Recuerdo que la primera vez que llevamos a mi hija a México, regresó y compró un letrero que puso en la puerta de su cuarto.

PARKING FOR MEXICANS ONLY!

También, estando con unos amigos míos, ellos quisieron hablarle en inglés y ella respondió:

—¡Hablo español!  ¿Por qué me hablas en inglés?

E igualmente, debemos trasmitir el aprecio que tenemos por este país que ya también es nuestro, aunque a muchos no les guste.

El otro día leí un artículo que decía que los hispanos perdemos el español en tres generaciones.  No, no todos, yo ya llevó dos, y todavía mantenemos nuestra lengua ancestral y nuestras mañas culturales, y claro, ya existe también dentro de nosotros la hibridad paradójica de vivir en Gringolandia, USA.

Esta es my conclusion.

© David Alberto Muñoz

 

***

Raymundo se levantó muy enfadado y salió hacia afuera.  La ciudad estaba soñolienta, con aspecto de enfado igual que él.

El funeral de una hermana

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

—El señor lo bendiga mi hermano.

—Estaremos orando por usted.

—Todo va a estar bien hermana, no se apure.

—Yo le pido tanto a mi señor su consuelo.

—Gloria a Dios, él se lo dará.

Raymundo simplemente escuchaba las palabras como lo había hecho toda su vida.  Desde que tenía uso de razón recordaba cómo se repetían las mismas frases una y otra vez, hasta el punto que cierto día lo creyó.  Con rostro de contrariedad sólo observaba sus alrededores casi adivinando la siguiente oración dentro de aquella iglesia antigua, ya cansada, donde yacía el cuerpo de la madre de su mejor amigo.

—Pobre Fernando, ha de estar sufriendo—platicaba con él mismo.

La música era la de siempre, al menos para él.  Los movimientos de cada persona se repetían como si fuese simplemente una caja musical de cuerda.  Cada uno de los muñecos actuaba por inercia, con apatía, llenos de una sublime falsedad que pocos podían percibir.  Los himnarios eran los viejitos, los de color azul, donde había un montón de traducciones del inglés al español, y el único himno compuesto por un mexicano era: Jesús es mi rey soberano, el 152, de Vicente Mendoza.  Un piano viejo y mal afinado era tocado por la típica pianista de una iglesia bautista, miembra probablemente de la femenil, mujer de antaño cuya mirada de juicio caía sobre todos los presentes.

—¡Estamos contentos hermanos!

—¿Cómo van a estar contentos?—pensó—Su madre se acaba de morir.  Eso duele mucho.  Si lo sabré yo, que perdí a mis padres cuando estaba muy chico.  Es algo así como que te meten un cuchillo dentro de tu propio corazón y lo mueven a propósito para que te duela más… Y lo peor de todo es que no puedes hacer absolutamente nada.  Por más que llores o hagas berrinche, tus seres amados ya no están.

—La hermana ya está en la presencia del Señor.

—¡Me lleva la chingada!  ¡Nadie sabe dónde está!  Nosotros estamos ante la presencia de la muerte.  Yo no sé por qué siempre quieren disfrazar la realidad.  ¡Está muerta!  ¡Se murió!  Y nadie puede hacer nada al respecto.

—Dice la palabra del Señor…

Raymundo se levantó muy enfadado y salió hacia afuera.  La ciudad estaba soñolienta, con aspecto de enfado igual que él.  El carro funerario esperaba para llevar el cuerpo a la tumba.  Algunos hombres bromeaban entre ellos, el encargado de mantenimiento también esperaba para poder cerrar la iglesia e irse a su casa.  Una hermosa muchacha atravesó la calle de enfrente.  Una sonrisa vino a los labios de Raymundo. 

—La belleza de la vida—continuó con su monologo—¿Me pregunto si después de la muerte vamos a tener juventud eterna o vejes permanente?… ¿podremos vivir sin dormir… entenderemos qué pasa?… a lo mejor será igual que el nacer.  Por eso dicen los que se han muerto y regresado que al final hay una luz… ¿podremos seguir diciendo groserías?… ¿mirando muchachas bonitas?, o a lo mejor todos juntos vamos a cantar el himno número 59, En la cruz y será un servicio eterno… ¡Qué hueva!

—Raymundo.

Volteó algo asustado.  Lo habían sacado de su pensamiento.

—Fernando… estaba distraído, disculpa.  ¿Ya terminaron?

—No, el pastor apenas empezó a predicar.  Se me antojó un cigarro.  ¿Quieres?

—Sí, gracias.

De la bolsa de su saco Fernando sacó una cajetilla de cigarros.  Se apartaron un tanto de la entrada de la iglesia y encendieron el fuego prohibido del tabaco.

—¿Nunca te han dicho nada por fumar frente a la iglesia?—cuestionó Raymundo.

—Sí, pero ya se cansaron de decirme—bromeó Fernando.

—¿Estás bien?

Fernando se tragó su dolor y afirmó con la cabeza.

—Es muy curioso, todos sabemos que un día vamos a morir, pero cuando se te muere alguien tan cercano…cómo te duele carnal, la mera verdad.

Raymundo sólo hizo lo que todo amigo puede hacer, escuchar mientras le daba su cariño por medio de un estrujón de hombros.

Fernando lo miró con agradecimiento.

—¿Oye cabrón?  ¿A ti ya no te gustan las predicas verdad?

Raymundo sacudió sus pulmones mientras penetraban en ellos el humo del cigarro.

—Yo sé que son necesarias Fer, pero a mí se me hace todo tan falso.  Es pura palabrería, te hipnotizan y te hacen creer que todo va a estar bien pero la verdad es que las cosas ya no pueden ser iguales.  Todos ponen cara de santo con diarrea y repiten lo mismo, las mismas palabras huecas, sin vida.  La gente se muere y se nos va.  El dolor no es para ellos, es para nosotros que nos quedamos batallando con la pinche vida.  Yo prefiero llorar con los que lloran y reír con los ríen.  Nada más, sin palabras, sin tirar rollo. 

—Tal vez tengas razón, pero esta era la fe de mi jefita.

Un chingado silencio bautizó la escena.

—Discúlpame Fer, no fue mi intención ofenderte. 

—Yo sé eso Ray, no te apures, no hay pedo. 

Ambos permanecieron en silencio agarrados de las manos.

Dentro del santuario el pastor elevaba cada vez más la voz.

—¡La esperanza que tenemos es que un día volveremos a ver a nuestros seres queridos!  ¡Nuestra confianza descansa en nuestra fe de que el Nazareno resucitó de los muertos y porque él vive, nosotros también viviremos eternamente!

—¡Gloria a Dios!

—¡Amen!

—¡Cristo vive!

—¡Aleluya!

Raymundo volvió a refugiarse en su pensamiento.

—Nadie sabe qué hay detrás de la muerte.  Podemos imaginar y creer que hay un cielo para los buenos y un infierno para los malos. Es como decir si crees como yo eres mi amigo, si no te vas a podrir en el fuego eterno.  Podemos crear nuevas vidas futuras porque estaremos rencarnando una y otra vez hasta que le demos en el clavo.  Podemos inventar una harta de fantasías para satisfacer nuestro temor a morir… pero al final de cuentas todos vamos al mismo lugar.  ¿Qué habrá detrás de la muerte?  Ya lo sabremos cuando nos toque nuestro turno.  Por lo pronto tenemos que seguir viviendo.  A veces no es la muerte a lo que le témenos, más bien es la vida… 

—Ya terminaron Ray, ¿me acompañas?

—Claro Fer, claro.

Se abrazaron con mucho cariño, y regresaron a la iglesia después de haber apagado sus cigarros.

Era el funeral de una hermana cristiana.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Me quedé callado y no pude más que admirar el cuerpo de la Dra. Chambles cuando caminaba de espaldas saliendo del cuarto de consultas.

  Darse por vencido

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Todavía recuerdo sus ojos de juicio.  Su cabello largo, su boca amplia con los labios medio partidos, su mirada en ocasiones me hacía imaginar un espejo claro donde se podían reflejar nuestras propias vidas.  Siempre tuvo mucha fuerza en la divisada.  Era güera con ojos azules, de color, eso la pone en otra categoría de mujeres ¿no? Bueno, eso creíamos los de mi generación.

Tenía ya varios meses viéndola.  En ocasiones me preguntaba a mí mismo si no estaba nada más desperdiciando mi dinero, pero el estar ante una mujer atractiva y con educación, pues a mí me gustaba pa que más que la verdad. 

—No bebas demasiado.  Cuando estás borracho no existe una garantía de una erección completa o que vas a poder terminar adecuadamente.  ¿Me entiendes?  Eso de coger pedo no es buena fórmula.

Me daba mucha risa cómo hablaba, no tenía pelos en la lengua, se echaba sus malas palabras pero dialogaba con una finura que hasta creo haberla escuchado en estéreo o sonido amplificado.  Era mi psicóloga.  Hoy en día ya se acostumbra ir a que le vean a uno como anda de la cabeza.  En mis tiempos no.  Era lo peor que podías hacer, era como decirle a medio mundo que estabas loco y ya no sabías qué hacer.  Todos se burlaban de ti.  Pero hoy en día las cosas han cambiado.  Es más aceptable ir a contarle todo lo que te pasa y pienso yo que si es una mujer atractiva es mejor ¿no?  Bueno, uno siendo hombre de una cultura tan machista como la mía, eso es a lo que me refiero.

Estaba guapa la Dra. Elizabeth Chambles.  Tenía nombre de gringa.  Bueno, era una gringa.  No lo digo por enfadar, es la verdad.  No sé si me explico.  Siempre andaba bien vestida.  Se ponía medias todos los días, cuestión que no es muy común en tierras del tío Sam.  Eso la hacía verse con mucha elegancia.  Se sentaba frente a uno y cruzaba la pierna.  No enseñaba mucho pero ya ven cómo es uno de morboso y cochino como diría Normita, mi mujer.  Siempre andaba perfumada con ese perfume de Chanel número 5 que tanto le gustaba a mi mamá.

Le conté que necesitaba saber qué hacer en la cama porque nuestra relación ya andaba medio fría, medio apagada. Tenemos más de 35 años de matrimonio.  Tres hijos ya casados, cuatro nietos y a veces pues a mí sí se me antoja pero eso del romance como que se pierde con el paso de los años.

—Trata cosas nuevas.  No hagan siempre lo mismo.  El tiempo puede ser un mal amigo.  Busquen nuevas formas de conocerse íntimamente.  Después de tantos años necesitan variedad.

Eso es fácil para usted de decir, pero para mí, no sé qué hacer.  ¿Me visto de James Bond o que chingados?

—Date tu lugar, no caigas tan rápido.

Eso ya me gustó.

—Mira, la mujer se interesa más en un hombre si te haces el interesante, nada más no exageres.  Hazla esperar un poco, no hay cuestión que excite más a la mujer que el tener que pelear un poquito por estar con su hombre, te lo digo por experiencia.  Nos encanta  ser el centro de atención, y algunas veces cuando no lo somos de parte de los seres que amamos, pues eso puede ser un muy buen afrodisíaco. 

Eso suena bien, siempre me he preguntado por qué cuando no le prestas atención a una mujer como que te busca más que cuando anda uno ahí como perrito faldero.  Alguien me dijo en cierta ocasión que lo qué pasa es que los hombres andamos en un solo canal y las mujeres en más de siete.

—Y quizás lo más importante.

¿Qué?

—Nunca te des por vencido.  El tener una relación es una de las cosas más difíciles en el mundo.  Toma tiempo, dedicación, sacrificio de ambas partes, y es vital que nunca dejes de luchar por ello.  Amar es la emoción más deseada pero también la más difícil de lograr.  También deseamos ser amados. 

Por un segundo, creo que pude ver una lágrima en el ojo derecho de la doctora.

—Considero que si utilizas estos principios vas a poder tener una mejor relación sexual con tu pareja.

Me quedé callado, y no pude más que admirar el cuerpo de la Dra. Chambles cuando caminaba de espaldas saliendo del cuarto de consultas.

Tiene razón,  nunca debe uno de darse por vencido.  Ya no es en sí el sexo, es más bien el saber cómo estar el uno con el otro, aunque las ganas nunca se le quitan a uno.

***

Marqué su teléfono.

—¿Bueno?

Normita.

—¿Qué paso Javier?

Nunca me voy a dar por vencido…

© David Alberto Muñoz

 

 

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El bautismo

Por David Alberto Muñoz

 

Vi por primera vez una mujer desnuda cuando me bauticé.  Soy protestante, así me criaron.  Tendría unos 8 o 10 años de edad.  Recuerdo que el pastor me sumergió en el agua, y en lugar de regresar con los varones unas manos femeninas me llamaron.  Cuando menos lo pensé ya estaba en el vestidor de las mujeres.  Todas estaban en ropa interior, y fue cuando vi a Rosa, —así se llamaba la sirvienta que trabajaba en mi casa—estaba totalmente desnuda.  No estoy seguro que sentí, lo único que recuerdo es su belleza.  Era el cuerpo más hermoso que jamás había visto.

Nuestros ojos se cruzaron.  Ella sonrió sin pena alguna y yo… yo volteé para el suelo como si hubiese hecho algo malo.

Cuando mis padres se dieron cuenta me dieron una tunda que para que les cuento.

En mi mente siempre permanecerá la belleza de Rosa, así, sin morbo, sin malicia, simplemente su cuerpo adornando aquel cuarto después de mi bautismo.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Todas nada más sonreíamos y mirábamos al procreador de nuestra existencia con ojos de cariño, para luego empezar a comer, jugar y echar relajo.

La comida

Por David Alberto Muñoz

Recuerdo que en mi casa siempre comíamos juntos, quiero decir, nos sentábamos literalmente para compartir los sagrados alimentos como decía mi padre.  Mi madre cocinaba todo el tiempo, nunca vi a mi papá en la cocina, es más creo que ni un huevo sabía hacerse.  No miento, si no había alguien en la casa que le hiciera de comer, no comía.  Claro, a nosotras las mujeres eran a las que siempre les cargaban el plato.

—María Elena, hazme unos chilaquiles que tu madre está ocupada.

—Rosa María, prepárale a tu papá unos bistecs que ya tiene hambre.

—María Guadalupe, no te vayas a ir a la escuela sin darle de desayunar a tu padre, ya ves cómo es.

Siempre me pregunté por qué nos pusieron a las tres Marías, tal vez por eso de haber sido la madre de Dios.  Mi mamá se llama Rosario Elena, como de que alguna manera se puede ver la religión bien metida en mi casa ¿no?

Pues a eso de las dos o tres de la tarde, que es la hora de comer en México, mi papá nos juntaba y nos sentaba en la mesa del comedor, nos hacía que pusiéramos la vajilla de la semana, porque la de los domingos era especial, sólo que tuviéramos visita.  Se sentaba en la cabecera y rezaba un padre nuestro o algo así, a lo que yo y mis hermanas simplemente respondíamos “sin pecado concebido”, o algo por el estilo, ya no me acuerdo bien.

Pero luego, las cosas se ponían muy divertidas, platicábamos de cómo nos había ido en el día, de los problemas que teníamos en la escuela, mi madre le reportaba si estábamos sacando buenas calificaciones, si ya estábamos en el catecismo para la primera comunión, mientras mi padre escuchaba con rostro de sabio loco y de cuando en cuando soltaba sus frases de sabiduría.

—Cuando estén grandes entenderán lo importante que es comer juntos.

Todas nada más sonreíamos y mirábamos al procreador de nuestra existencia con ojos de cariño, para luego empezar a comer, jugar y echar relajo.

Ahora, con el paso de los años veo a mi familia pero la mera verdad no es lo que yo imaginé.  Mi esposo trabaja de manager en el Walmart, y siempre está hablando en su celular.  Es verdad que viene a comer todos los días pero se la pasa hablando más con sus trabajadores, sus amigos y sólo Dios sabe quién.  Se me ha alborotado una que otra vez con una de esas viejas resbalosas pero yo lo puse en su lugar. 

Además, mis hijos no dejan de revisar el fasebuk, es un ruido de los mil demonios cuando estamos tratando de comer.  Unos con celulares, otros con la susodicha IPad, que texteando, respondiendo correos electrónicos y yo no sé qué más.

A mí eso de la tecnología no me ha entrado muy bien que digamos.  Mi hijo me abrió una cuenta en el mentado fasebuk pero no sé cómo hacerle.  Veo que todo mundo anda subiendo fotos, poniendo mensajes, comunicándose con medio planeta pero para mí la mera verdad lo único que deseo es poder platicar con mi familia durante la comida.

Ya nadie platica, a veces cuando vamos a comer a un restaurante veo como la gente está con las narices metidas en el teléfono o respondiendo llamadas, y pues al menos a mí se me hace una falta de respeto ¿no?  Mi papá nunca contestaba el teléfono cuando estábamos comiendo.  Nos decía:

—La hora de comer es sagrada.  Denle tiempo a su familia, no se olviden de eso.

Pero ahora que trato de hacerlo me doy cuenta que los tiempos han cambiado. 

Además, de este lado de la frontera creo que todos nos hemos hecho medio egoístas.  Me acuerdo que cuando vivía en México un taco no se le negaba a nadie, pero hoy en día cuando alguien toca el timbre de la casa mi marido y yo nos paniqueamos.  Mi hija nos dice:

—¡Abran la puerta!  ¡Ustedes sí tienen papeles!  ¿Cuál es el problema?

La verdad, eso nos causa mucha risa.

La vida es medio rara por acá.  Todo mundo a la carrera.  Hay una frase que muchos gringos dicen, “el tiempo es dinero”, y bueno, creo que también nosotros la utilizábamos en México, pero no sé, aquellos momentos cuando nos sentábamos a la mesa, rezábamos, y nadie comía hasta que mi padre probaba bocado es algo que permanece en mi mente, y la mera verdad extraño.

Hoy en día cuando los chamacos terminan, nada más se levantan de la mesa y se van.  Ni siquiera piden permiso.  Mi padre no permitía que nadie se levantara de la mesa hasta que todos habían terminado.  Y pues bueno, eso nos daba la oportunidad de pasar el tiempo juntos.

Pero en fin, así es mi familia y qué le voy hacer.  Nada más me río y trato de hablar con ellos aunque a veces pienso que están más interesados en el celular que en su propia madre.

Ya soné medio melodramática.  Mejor sonrío y adelante ¿no?

—¡A comer!

Al menos yo, lo seguiré intentado.

© David Alberto Muñoz

 

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Descubrimos verdades ocultas, o vemos realidades que suceden a diario.  La vida humana prosigue…

 

Como decía mi abuelita

Por David Alberto Muñoz

 

Recuerdo que cuando era niño escuchaba un montón de dichos no sólo en mi casa, también en la escuela, con mis amigos, en la colonia donde vivía.   Al principio me quedaba anonadado literalmente, mi inocencia combinada con cierta estupidez, a lo que bien pudiéramos añadir simple falta de colmillo o experiencia, se cimentaba sobre mi cabeza para dejar una expresión de total falta de entendimiento. 

Varias de mis maestras de primaria comentaban:

—Hay chamaquito, con esta masa hay que hacer tamales.

Lo único que venía a mi mente era el hecho de que mi platillo favorito son los tamales, y salía yo con una respuesta babosa.

—A mí me gustan más los verdes maestra.

Cuestión a la que mis sagradas educadoras soltaban una fuerte carcajada, y me pellizcaban los cachetes mientras yo me preguntaba:

—¿Qué hice?  ¿Por qué se ríen?

La cultura popular mexicana está llena de un humor netamente mexicano (válgase la redundancia) pero no sólo eso, contiene una verdadera filosofía de la vida aprendida sobre el diario caminar, estableciendo un cofre de sabiduría que en ciertas ocasiones se ha identificado con la figura icónica de la abuelita.

El historiador oaxaqueño Andrés Henestrosa expresa: “… un dicho y un refrán suelen concretar situaciones y abrir nuestros ojos un rumbo, poner en nuestra voluntad una decisión, decidir un paso inicial… Los dichos y los refranes son el resumen de la sabiduría humana acumulada en muchos años de experiencia”.

José E. Iturriaga, escribió en el año de 1984 una colección de dichos “abuelológicos”, donde presenta locuciones proverbiales, mexicanismos, vulgarismos  junto con proloquios o refranes en este caso, relacionados con el refranero religioso.  Como parte de su título, Iturriaga menciona a la ya mentada abuela: Lo religioso en el refranero mexicano o como decía mi abuelita.  Este libro es sólo un ejemplo de una buena cantidad de trabajos realizados en México sobre este fenómeno cultural.  Refranes y dichos mexicanos de Rius.  Refranero popular mexicano de Max Mendizabal, Dichos, dicharachos y refranes mexicanos de José Pérez, por mencionar sólo algunos de los más recientes.

Parece ser que siempre hay un dicho dentro del folclor mexicano para cualquier situación de la vida.  Esto, bien puede reflejar agudezas populares, experiencias, recelos, venganzas, logros, malicias, virtudes en fin, pero siempre permanece con un toque de enseñanza que quizás es el mayor y mejor rasgo del refranero mexicano.

Al leer ya de adulto y con más detenimiento tales expresiones populares no puedo evitar el ver la gran sabiduría popular influenciando el vivir mexicano del siglo XXI.  Si acaso es verdad que el refranero mexicano continuará creciendo, adaptándose a los nuevos fenómenos culturales del nuevo siglo, existen ya miles y miles si no es que cientos de miles de dichos populares que son parte integra de nuestra cultura.

Veamos algunos:

Buscas al burro y estás montado en él.

Para muestra basta un botón.

Candil de la calle oscuridad de su casa.

Aunque se vista de seda mona se queda.

A falta de pan tortillas.

Entre más conozco a la gente más quiero a mi perro.

Cuando la limosna es mucha hasta el santo desconfía.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.

El casado casa quiere.

Los dichos de los viejitos son evangelios chiquitos.

Más pronto cae un hablador que un cojo.

Para que te metes de payaso si no aguantas las carcajadas.

Qué culpa tiene san Pedro que san Pablo esté pelón.

Quien de amarillo se viste a su hermosura se atiene, o de sinvergüenza se mantiene.

El valiente vive hasta que el cobarde quiere.

Al nopal sólo se le arriman cuando tiene tunas.

El que con lobos anda ha aullar se enseña.

Dando y dando pajarito volando.

Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

Si quieres conocer a Inés vive con ella un mes.

El hombre pone, Dios dispone, llega el diablo y todo lo descompone.

Crea fama y échate a dormir.

Y así, bien pudiéramos pasar todo un día colectando y recordando la infinidad de dichos que escuchamos en nuestra infancia, juventud, y que todavía surgen de nuestros propios labios cuando nos enfrentamos a ciertas situaciones.  Descubrimos verdades ocultas, o vemos realidades que suceden a diario.  La vida humana prosigue, y es verdad que nos toca vivir nuestra época, nuestro tiempo, nuestros contemporáneos iluminan nuestro camino, el tiempo avanza sin detenerse.  No obstante, al hacer una cuidadosa observación del existir humano podemos concluir que realmente nada parece cambiar.  El refranero popular mexicano es testigo de esto cuando vemos que las frases que usaron nuestros abuelos, y antes de ellos sus propios tatarabuelos permanecen vivas ante la nuevas generaciones del YouTube, Facebook y Yahoo.

Como decía mi abuelita: “Desde nuestro padre Adán hasta los santos varones, unos amasan el pan y otros se lo comen”.

© David Alberto Muñoz

 

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Se preparan cenas con los platillos favoritos del hombre, se compran botellas de vino o si no bebes tu soda favorita, y todo mundo pone cara de enternecido constipado, y los poetas escriben versos de amor que algunos les recitan a sus amantes secretas dándole letras a las notas tocadas en una guitarra.

 

¿Amor y amistad?  ¿Qué es eso?

Por David Alberto Muñoz

 

Otro 14 de febrero atraviesa nuestra vida.

¿Qué pensar?

Dicen las malas lenguas que los amigos se pueden contar con una mano.  ¿Por qué les decimos malas si dicen la verdad?  Las amistades entran y salen de la vida, a veces se distancian, otras veces se pierden, en otras ocasiones se pueden convertir en enemigos por envidias, malos entendidos, o simple deseo propio.  ¿Quién no conoce a alguien que fue su amigo?  ¿Quién no se ha distanciado por razones lógicas o simples tonteras?

El amor es aún más difícil.  Todos lo queremos encontrar.  A veces nos refugiamos en ese mito del occidente de la Cenicienta, “y vivieron felices para siempre”.  Nos encanta ir a ver películas babosas donde el romance es el invitado de honor, dónde el príncipe bien puede ser un desgraciado que de alguna manera muestra tener un gran corazón, para descubrir al final de cuentas que lo verdaderamente difícil en la vida no es el no tener a quién amar, sino más bien el “tener” que amar a otro ser humano. 

Te das cuenta que es imperfecto, que a lo mejor en la cama las cosas van muy bien pero después de todo el sexo no dura más de once minutos de acuerdo con Coelho, lo que significa que todavía tenemos 23 horas con 49 minutos para lidiar con el susodicho.  ¡Santo Dios!  Descubres que besarse es muy bonito, pero no se vive del beso ni del sexo, hay que trabajar, hay que criar a los hijos, proveer techo, ropa y alimento, no nada más para ellos sino para ti mismo.  Se te revela que del amor y la amistad no se puede vivir, aunque sí, son necesarios.

Cuando llega el mentado día de San Valentín, tienes que reconocer que no sabes de donde viene la mentada celebración.  Alguien te dijo por ahí que San Valentín era un sacerdote que se enfrentó a un rey o emperador que no quería dejar que los jóvenes se casaran.  Pero tú más bien crees que todo el borlote es producto del capitalismo contemporáneo, se celebra simplemente para vender un montón de cochinadas que no necesitamos pero que de alguna manera tenemos que comprar.  Se pueden ver a muchos hombres corriendo a la tienda a comprar chocolates o flores, compartiendo entre ellos mismos el temor a que la pareja se enoje porque no tuvieron tiempo de hacer una reservación en el restaurante más caro de la ciudad; existen muchas damas que se molestan si no se les obsequia el regalo apropiado de acuerdo con el discurso oficial occidental.  También hay aquellas que prefieren ser amadas todo el año en lugar de un solo día y a la carrera. 

Se preparan cenas con los platillos favoritos del hombre, se compran botellas de vino o si no bebes tu soda favorita, y todo mundo pone cara de enternecido constipado, y los poetas escriben versos de amor que algunos les recitan a sus amantes secretas dándole letras a las notas tocadas en una guitarra.

Los solitarios enfadados de tener que pretender que es un día especial prefieren esconderse en sus casas para emborracharse a gusto sin el juicio de nadie.  Los religiosos le dan gracias a su Dios por el amor que él les ha dado.  Los carrilludos nada más enfadan al prójimo porque es lo único que saben hacer.  Las jovencitas se visten sexy, muy provocativas, y salen en una cita con el pobre diablo que ya tiene más de seis meses invitándolas a salir, y como no hay nadie más tienen qué, no pueden permitir que todo mundo sepa que no salieron el 14 de febrero, lo que las fuerzan, a tener que darles un beso en los labios al final del ritual.  Y no puede faltar una que otra pareja que simplemente se regalan una caricia en medio de todo el alboroto diario que no parece detenerse.

Con el paso del tiempo las mismas emociones parecen cambiar.  Ciertos individuos no se resignan e intentan echarle leña al fuego.  “Hay que alimentar el amor si no se muere”.  Gritan ya con cierta desesperación.  Ya entrada la noche, intentan hacer el amor una vez más pero ya es a la carrera.  Mañana tienen que trabajar, hay que ir a pagar las tarjetas de crédito después de llevar a los niños a la escuela.  Además, la esposa te encargó que pusieras los pagos en el correo y que pasarás a comprar una barra de pan porque el que tenían ya se acabó. 

No puedes dejar de ver lo chula que se mira la Patricia, secretaria de la compañía donde trabajas.  Y sintiéndote todavía galán de telenovela coqueteas con ella y ella ni siquiera voltea a verte.  Te miras en el espejo para darte cuenta que el tiempo no pasa en vano.  Entonces recapacitas y recuerdas tus amores, tus amigos, tus secretos, tus escapadas, tus anhelos y tus ilusiones.

Cuando menos lo piensas el día pasará, y se te quitará ese deseo casi inevitable de querer forzarte a sentir algo que tal vez no está en el aire.  Terminarás tu día al igual que siempre, pero en esta ocasión tendrás conciencia que ya en todos los negocios ya está la mercancía para el próximo mito del consumidor.

Feliz día del amor y la amistad… claro que sí existen… pero también están cubiertos de un mito que nosotros mismo hemos creado.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Es mejor escucharnos que matarnos porque pensamos distinto

Multiculturalismo

Por David Alberto Muñoz

 

Recientemente parece haber muchos cambios dentro del carácter pluralístico de la sociedad de occidente.  Ha habido un incremento en la creencia que debemos de tomar en cuenta todas las perspectivas culturales, que toda posición tiene el derecho de ser escuchada.  Debido a esto, podemos ver dentro de las universidades, los medios de comunicación, e incluso la política, sobre todo después de las elecciones del 2012 en los Estados Unidos, una tendencia a querer incluir más discursos dentro de las voces que surgen en nuestro mundo occidental.  En ciertas ocasiones se ha utilizado el término “multiculturalismo”, también se ha expresado por medio de la locución “diversidad cultural”.

Consideremos el multiculturalismo con sus metas y logros.   Los Estados Unidos de América siempre se ha descrito así misma como la nación del “melting pot”, lo que implica que no importa el origen ni el discurso de la persona, ya que en este país existe libertad y además, se ha creado una nueva cultura representativa de todos sus habitantes.  Para muchos, esta idea permanece como una hermosa imagen de lo que representa este país ante el mundo.  Para otros sin embargo, la idea es solamente una parodia, una ilusión, e incluso un insulto.  América (como se le conoce desde adentro), recibió a inmigrantes de Inglaterra, Suiza, Irlanda, y Alemania, pero para muchas otras gentes, el sueño americano todavía permanece en las afueras de la sociedad estadounidense porque son demasiado diferentes, porque sus ancestros no fueron incluidos en el susodicho “melting pot”,  y en realidad lo que se ha creado es un monoculturismo, en ocasiones llamado Eurocentrismo, que ha dominado el concepto de la cultura estadounidense.

La pregunta es entonces: ¿Qué hacer al respecto?  Hay quienes proponen simplemente empezar a escucharnos unos a otros, lo que la filosofa contemporánea Nina Rosenstand llama: “multiculturalismo inclusivo”.   La idea general es el tratar de integrar todos los discursos al menos presentes en suelo norteamericano.  Cuando hacemos un cuidadoso análisis de las batallas discursivas de inmediato nos damos cuenta de que existen grupos que no son aceptados en main stream America.  Mujeres sin acceso a altas posiciones ejecutivas, tal vez madres solteras, gente de color todavía luchando por ser aceptados como tal, homosexuales que siguen siendo discriminados en el área legal y “moral”  por ciertos grupos religiosos.

De acuerdo con Rosenstand el principio de respeto y tolerancia se debe empezar a enseñar en nuestras escuelas.  Aquellos que somos maestros podemos ser testigos que desafortunadamente este tipo de enseñanza debe de provenir de los hogares, ya que si en un hogar se utilizan ofensas para todas aquellas personas que son diferentes a nosotros, nuestros hijos aprenderán el mismo comportamiento.

Por algún tiempo durante los años 80 y 90 se implementó el método de multiculturalismo exclusivo, que tenía el propósito de ayudar a los niños de minorías a retener su cultura autóctona y a crear un sentimiento de orgullo en su identidad.  Muchos padres pensaron que este método lo único que hacía era crear más segregación, separando mucho más a los niños en lugar de fomentar lazos de unión.

En la actualidad se cree que la mejor manera de crear respeto y tolerancia es por medio de incluir a toda persona sin importar su religión, su orientación sexual, su ideología política etc.  El gran problema es que todavía existen elementos en nuestra sociedad moderna que desean imponer cánones culturales sobre todo residente de este país.  Debemos de entender que si queremos ser respetados, debemos de eliminar de nuestra lingue el insulto, la burla, el odio que todos hemos escuchado de un grupo para con otro.  La diversidad humana es lo que nos enriquece más.  Si todos fuéramos iguales nuestro planeta resultaría un gran aburrimiento, todo mundo estaría de acuerdo, todos seguirían una ideología ciegamente sin importar el debate con premisas y conclusiones, no se permitiría el desarrollo de las ideas, el lograr construir en conjunto nuevas alternativas, nuevas posibilidades que alienten al ser humano en lugar de continuar cayendo en ese gran error de pensar que todos están mal y “sólo yo” tengo la razón.

Vivimos ya en el siglo XXI, la tecnología sigue avanzando, pero el poder discursivo del ser humano necesita avanzar en el área del respeto y la tolerancia.  Nunca vamos a estar de acuerdo, eso considero lo sabe la humanidad desde el principio, pero es necesario saber reconocer que “el otro”, es humano también, y puede aportar al desarrollo del patrimonio de cada uno de nosotros.

Quizás suene muy cursi, muy idealista, pero los grandes pensadores siempre lo han dicho, como Walt Whitman: “Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano”.  Yo le agrego, no me importa si es homosexual, heterosexual, transexual, no deja de ser humano.

Es mejor escucharnos que matarnos porque pensamos distinto.

© David Alberto Muñoz

 

 

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La plática era la de siempre, verbos mal conjugados puestos sobre labios de personas que no tienen la fuerza necesaria para darles sentido.

Así transcurrió toda la tarde

Un relato

David Alberto Muñoz

La ciudad yacía caliente, penetrante. La humedad te invadía el cuerpo inmediatamente después de bañarte.  Te limpiabas las gotas de sudor y sacudías tu cabello con algo de desesperación.

—¡Cómo hace calor!—te decías.

Las voces de un viernes por la tarde se escuchaban con un sonido agudo.  Era quizás la orquesta de la vida.  Esa sinfonía que nunca sonaba afinada, cuando el chelo llevaba la melodía y el corno francés sonaba a trompeta. 

Los automóviles continuaban estrellándose cada dos cuadras, las ambulancias asustaban a los pasajeros del autobús en la parada de la esquina Van Bureen y Central, mientras que los entes humanos parecían ser radiografías mal tomadas en un hospital de mala muerte.

Los amigos se juntaban en el Hooters del centro metropolitano, para ponerse al corriente de los chisme de la vecindad, y además, para poder disfrutar de los hermosos cuerpos descubiertos de las muchachitas que van desde los 20 hasta los 28 años. 

—¡Qué bonitas se ven!  ¿No?

—¡Preciosas!  Pa que más que la verdad.

El ambiente estaba húmedo, sofocante. 

Se miraban personas vestidas de traje caminando con sus gafetes junto a damas pasadas de peso que se entercaban en vestir minifaldas. Gorditos uniformados con el emblema del Sheriff más malo de todos los condados a la redonda, se deslizaban con el orgullo de siempre.  Sin poder faltar las jovencitas que se creen muy bonitas y piensan que todo el mundo anda detrás de ellas.

La plática era la de siempre, verbos mal conjugados puestos sobre labios de personas que no tienen la fuerza necesaria para darles sentido.

Las copas venían y venían.  El alcohol invadía nuestra mente, destruyendo con cada trago nuestras hormonas cerebrales.

—Una vez que las destruimos, ya nunca más vamos a poder recuperarlas.

—¡En la madre!

Platicábamos de nuestros planes, los últimos sucesos ocurridos en nuestra vida; presumíamos de nuestros logros, soñábamos juntos al compás de una ciudad con vida y corazón latiente de existencia. 

Podíamos vislumbrar un futuro quizás ya presente.

Las horas trascurrían con lentitud.  Era curioso, durante las últimas semanas el tiempo se nos había antojado ser demasiado rápido.  Te levantabas temprano en la mañana y cuando menos lo pensabas, ya se te había ido el día entero, corriendo, trabajando, manejando, llamando por teléfono, discutiendo, enseñando, aprendiendo, viviendo.  En esa ocasión las manecillas del reloj nos hacían el amor dulcemente.

De pronto, nos alebrestamos al igual que niños chiquitos.  Nos convertimos en personajes de novela incrustándonos en medio de las hojas de un libro.  Sacudíamos las letras para escupir vida humana.  Viajábamos en medio de fantasías ya creadas por nuestro propio mito.

La vida súbitamente se convertía en un cabaret donde la oscuridad es tu amiga.  Donde por diez dólares la tabledancera te muestra su cuerpo y si tienes suerte, dinero o verbo, te deja que la acaricies.   Es un lugar donde la música del saxofón se escucha mientras que los gritos de desesperación humana se pierden en medio de meseras, borrachos, bouncers, gerentes, ceniceros con cigarros mal fumados,  cuentas nunca pagadas, conocidos nunca vistos, envidias jamás entendidas, reproches apenas expresados, absurdos llevados a la pantalla chica por medio de estúpidos libretos que no hablan ni para sí mismos.

Así, transcurrió toda la tarde. 

Las tramas se entretejían una con otra.  Los actores aparecían de repente para decir sus líneas mal aprendidas mientras se aplicaban el maquillaje con una esponja llena de falsedad.  La actriz se cambiaba detrás del escenario porque no tenía tiempo de bajar a su camerino.  Todos la miraban desde lejos.  Ella lo sabía.  Los tramoyistas levantaban el telón sin permitir que la escenografía estuviese en su lugar, y los técnicos de luces bostezaban al tener que ver noche a noche la misma obra de teatro.

Las palabras se pronunciaban sin entenderlas.  Eran gemidos producidos por las cuerdas vocales humanas que sugieren un significado escrito por nosotros mismos.

—No se han dado cuenta que las palabras son simplemente sonidos.  Pero cuando las escribimos son palabra escrita.  Son primitivas formas de comunicación donde el hombre es simplemente un doncel animal principiando su vida.

Así, pasaban los minutos.  Entre copas y chistes, entre calor y aire acondicionado, entre carros nuevos y antiguas amistades, entre mujeres desnudas y hombres calientes, entre la vida y la muerte.

Después de algunas horas nos despedimos para retirarnos cada uno a nuestras habitaciones, a nuestras vidas privadas, a nuestros secretos ocultos, a nuestras locas disertaciones.

Así transcurrió toda la tarde.  En medio del recuerdo, las promesas, los deseos de todos, con risotadas y malas palabras, con aciertos y desaciertos, con aquel cuerpo femenino enrollado sobre mi rostro, con mis amigos a un lado, todos, sin movimiento alguno.  Sí, creo que así transcurrió toda la tarde, o a lo mejor simplemente lo imaginé.

© David Alberto Muñoz

 

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Era como una fotografía de esas que me enseñaban mis abuelos de antaño.  En blanco y negro, con un fondo de hacienda, con peinados raros y mujeres cargando a sus niños en un rebozo sobre la espalda mientras cocinaban, y los hombres se sentaban a fumar y beber para celebrar el nacimiento de un niño.

 

Carlitos

Por David Alberto Muñoz

 

El calor te helaba los huesos.  Por la ventana de mi cuarto se podía ver que había nevado no hace muchas horas.  Era un ambiente bien raro, como de película de terror.  Verda de Dios, se te hacia el cuerpo chinito y podías oír ruidos raros, susurros que nunca antes habías escuchado.

A poca distancia, podía escuchar los gemidos de Mariana.  Era como si le estuvieran pegando con el cinto.  Al menos eso pensaba.  Cuando mi mamá me pegaba, agarraba el cinto y a calzón quitado me daba unos cintarazos que nada más de acordarme me duele. 

Cada cuando Rosalinda, la sirvienta, salía corriendo a traer cubetas de agua caliente y toallas… eso me llamó mucho la atención, la partera pedía muchas toallas.  Sabía que era la partera porque a media noche mi madre se levantó cuando escucho los gritos de Mariana y le dijo a Rosalinda:

—¡Vete por la partera ahorita mismo!

Yo no supe qué o quién era la mentada partera hasta que vi una mujer con rostro de abuela mala, entrar con una bolsa de esas que llevábamos al mercado sobre ruedas una vez a la semana para comprar frutas y vegetales.  La traía llena de hierbas que olían a mierda, la mera verdad.

Mariana gritaba:

—¡Braulio hijo de tu rezagada madre tú me hiciste eso!  ¡Eres un cabrón!

Me asusté, Mariana casi nunca decía groserías.

Algo malo debe de estar pasando—pensé.

Braulio volteaba a verme.  Estábamos en el pasillo de la casa, junto al cuarto donde dormían Mariana y Braulio.  Bueno, al menos desde hace ya como un año, se metía a escondidas y a mí me decían que no le dijera a nadie, que era nuestro secreto, nadie tiene por qué saber que a nosotros nos justa dormir juntos como buenos hermanitos. 

A Braulio lo habían recogido de un orfanatorio, yo ni sabía qué era eso.  Un día, cuando menos lo pensé apareció en la vida de Mariana y en la mía.  Era más grande que yo y jugaba conmigo.  Creo que tenía la misma edad que Mariana.  Yo lo quería mucho, era como mi hermano mayor.   

Yo no sabía que él y mi hermana no estaban casados.  Ni tampoco que el padre Ramiro dice que es pecado dormir con alguien si no se está casado por la Santa Iglesia Católica Romana.  Pues yo he dormido con mi amá, con mis tías y mi hermana, debo de ser muy pecador. ¿No?

Mi mamá salió súbitamente del cuarto para reclamarle algo a Braulio.

—¡Mira chamaco caliente, ven para que sepas qué le hiciste a mi hija!

Lo agarró de la oreja  literalmente, lo aventó dentro del cuarto no sin antes darles sus buenas cachetadas.  Yo quise entrar pero mi madre me lo impidió.  Estaba muy enojada.

—¡Tú te me quedas ahí escuincle de porra!  ¿Por qué no me dijiste que Braulio se estaba metiendo a la recamara de tu hermana?

Nada más se metía a dormir con ella.  Yo lo hacía cada rato y no me decían nada.  Mariana era a todo dar.  Ella y Braulio se llevaban muy bien.  Hasta llegué a pensar que Braulio era así como nuestro hermano más grande; pero sí se me hacía raro que ya muy tarde me sacaran del cuarto y me mandaran a mi recámara.  Yo me quería quedar con ellos.

—¡Mamá, me muero! —era la voz de mi hermana.

—¡Ándale Braulio!  Ayuda a tu mujer, ¿qué no eres hombre?  Muy hombre para coger pero poco hombre para ser responsable, desgraciado, porque es tu mujer sólo Dios sabe desde hace cuándo.  ¡Me dan ganas de cortarte el miembro desgraciado!

Logré de pronto ver un poco de lo qué estaba pasando adentro de la recamara de Mariana.  Estaba acostada sobre la cama, tenía las piernas abiertas y le pude ver una cosa negra, muy fea que como que le salía de entre los muslos.  Me dio miedo. Rosalinda rápidamente me sacó del cuarto y los gritos de mi hermana continuaban.  Todo mundo gritaba, aún Braulio que de pronto comenzó a pedir perdón por lo que había hecho.  ¿Qué hizo?   Yo no sabía.  Todo era gritos, confusión y sangre… sí, mucha sangre que también pude ver desde afuera del cuarto.

 ¿Qué le están haciendo a mi hermana?  ¿Por qué había tanta sangre?  Me asusté mucho.

Después de que me sacaron, me quedé dormido en el pasillo.  No supe por cuánto tiempo, soñé cada tontería, que me ahogaba en un mar de sangre, y que todos en mi familia me gritaban echándome la culpa de no sé qué, hasta que mi madre me despertó.

—Carlitos, Carlitos… despierta hijo, ven a conocer a tu sobrinito.

¿Sobrino?  Yo no tengo sobrinos amá.  Mi hermana apenas tiene 15 años.

Al entrar pude ver en los brazos de Mariana un niño bien feo todavía lleno de sangre, y a Braulio sentado en la cama con una sonrisita de idiota, y a mi hermana que me dijo: 

—Mira Carlitos, es mi hijito, tu sobrino… se llama Braulio, igual que su papá.

Yo nada más volteé a ver al susodicho, no entendía nada.  Todos ya estaban tranquilos.  ¿Cómo era posible que después de tanto escándalo se hubiesen calmado así como así?  Era como una fotografía de esas que me enseñaban mis abuelos de antaño.  En blanco y negro, con un fondo de hacienda, con peinados raros y mujeres cargando a sus niños en un rebozo sobre la espalda mientras cocinaban, y los hombres se sentaban a fumar y beber para celebrar el nacimiento de un niño.

Yo no entendía… lo único que permanece en mi memoria es que cuando nacen los niños nacen de la sangre… si mucha sangre, es como que para que exista la vida se tiene que derramar sangre…

Me llamo Carlitos y tengo seis años… ese día nació Braulito… en medio de mucha sangre.

© David Alberto Muñoz

 

 

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A la salida de uno de los supermercados que colindan con un gimnasio, un grupo de trabajadores de la construcción beben café y platican esperando que su día comience.

Una mañana más

Por David Alberto Muñoz

El mecánico de la esquina recibía por centésima vez al maestro que no puede ni siquiera echarle aire a sus llantas porque nunca ha trabajado con sus manos.  Pasó con rostro de pordiosero suplicando misericordia, por favor si fuera tan amable en ponerle aire a mis llantas ya que sólo sé instruir y leer libros que a la mayoría de la gente no les interesa.  El amable mecánico se encarga de revisar la presión de las llantas y las pone a 40, comentando que era mejor hacerlo de esa forma ya que eventualmente bajarían a 30.  Asunto que el maestro no entendió.

Una joven madre de cuatro hijos, todos menores de diez años, escribía en su clase de Internet que no tenía tiempo ni para respirar.  Intentaría pasar la clase se sicología pero con una actitud ya de derrota, profetizaba su fracaso mientras se quejaba de no tener hombre, de que el dinero no le alcanzaba, que la vida era una mierda pero ella aun así trataría de pasar la clase con una A.

El profesor no se dignó a responderle.

Unos niños caminaban rumbo a su escuela.  La ciudad estaba fría como el hielo.  No muy lejos, dentro de un parque, una parejita ya estaban enfrascados en el primer faje del día.  Algunas señoras pasaban mirándolos con ojos de juicio o tal vez de envidia, es difícil saberlo con certeza.  Los susodichos nada más se carcajeaban disfrutando de su juventud mientras las madres batallaban en que sus hijos no se distrajeran y llegasen a su destino.

El alcalde la ciudad de Toleson, se dirigió a la junta de la mesa directiva de una de tantas organizaciones a las que pertenece.  Con movimientos algo rápidos disertaba sobre cómo apenas el día de ayer había visto a un ciudadano tirar basura en su ciudad, cuestión que es definitivamente ilegal.  Platicó cómo llamó a la policía y simplemente diciendo yo soy el mayor de Toleson, un chingo de policías vinieron al rescate y al tipo no le fue muy bien.  Todos los presentes lo observaban con ojos de sorpresa.  Él simplemente repetía su rutina diaria en medio de alterques perdidos detrás del respirar humano.

A la salida de uno de los supermercados que colindan con un gimnasio, un grupo de trabajadores de la construcción beben café y platican esperando que su día comience.  Uniformados, con sus sombreros duros o cascos, mastican palabras entre dos idiomas que han escuchado toda su vida pero que a lo mejor desconocen su verdadero significado, sólo por medio de su hibrida cultura responden como robots a cada movimientos y espasmo de aire ejecutado por ellos mismos.

Es simplemente una mañana más de este lado del río…

© David Alberto Muñoz 

 

 

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Sí, recuerdo la mano del oficial sobre el hombro de Diego que lloraba como niño chiquito porque ya sabía que lo iban a deportar, para después irse a tomar su clase de salsa y bailar en un club hispano durante el fin de semana.

 

Paradojas

Por David Alberto Muñoz

 

Recuerdo su mano puesta sobre el hombro de Diego mientras éste lloraba como niño inconsolablemente.  No entendía con certeza qué pasaba.  Llegaron unos hombres uniformados a su casa.  Casi golpean a Diego, su esposa se asustó mucho.  Sus hijos corrieron para resguardarse detrás de su madre y yo simplemente permanecí como testigo ocular de un común incidente.

Sucede todos los días.  Hoy por la mañana vi cómo dos carros de policía detenían un autobús que en apariencia era de una escuela.  Traía impreso WEST ACADEMY.  Pude ver que dentro del vehículo estaban personas escondidas dentro de los mismos asientos.  El chofer, ya esposado, con cara de cólera maldecía su suerte mientras los oficiales de la ley se encargaban de hacer simplemente su trabajo.

Sí, eran indocumentados. 

—¿Cómo sabes? 

Eso es algo que se sabe y punto.

—¡Racista!

Mujeres y niños fueron sacados de aquel autobús que se convirtió en cómplice del crimen de intentar ingresar personas “ilegales” al país.  Algunos niños lloraban, las madres procuraban de la mejor manera acallar el temor de sus hijos.  Los hombres presentes con rostro de gravedad simplemente observaban cómo su viaje había llegado a su fin.  Me imaginé que algunos bien pudieran ser de Centroamérica, cuántos meses pasaron en una aventura la cual nadie sabía terminaría este día y de esta manera.

Escuché en las noticias que el gobierno federal ha gastado billones de dólares en la protección de su frontera, más que cualquier otra de las agencias policiacas.  ¿Te imaginas?  Pese a todo lo que han intentado hacer, leyes anti-inmigrantes, la  construcción de un muro, redadas y demás, la gente sigue viniendo a un país al cual todos critican.  Eso es una verdadera paradoja.  Todo el mundo habla mal de los Estados Unidos pero todos desean llegar aquí.

—¡Óyeme!   A mí no me incluyas.  No todo el planeta desea vivir en los Estados Unidos.

La población inmigrante ha cambiado.  Ya existen profesionistas, doctores, abogados, empresarios, ingenieros, técnicos de comunicación, artistas de todas clases, músicos, actores, escritores que escriben en español e inglés, seres que arrastran una herencia hispana. 

Algo curioso ha sucedió en los últimos 10 o 20 años.  Si antes el hablar español era una afrenta al discurso oficial de los USA, hoy en día ya casi es un requisito.  Los hispanos han invadido literalmente la cultura estadounidense.

 —Te recuerdo que antes del tratado de Guadalupe Hidalgo mi familia ya vivía en este suelo.  Los que nos invadieron fueron ellos, no nosotros—dicen los chicanos.

Hoy en día la cultura hispana ya es parte del mainstream del país del tío Sam.  Es curioso ver cómo la celebración mexicana del Cinco de Mayo ya es toda una institución estadounidense.   Aunque no hay certeza en mucha gente cuál es el motivo de la misma, todos se unen con el colorido mexicano, se escuchan mariachis tocando música folclórica, se comen taquitos, enchiladas y las famosas chimichangas que yo no conocía hasta pisar suelo rojo azul.  Se beben margaritas y existen tequileras locales que producen el brebaje que al menos cuando yo era niño era la bebida de los albañiles.  Las distintas culturas se juntas para “celebrar”, ritual universal perteneciente a toda la raza humana.

No podemos evitar que la gente continúe intentado pasar al otro lado.  Tampoco podemos eliminar las injusticas y el alto grado de discriminación existente.   No obstante, las culturas continúan bogándose,  las nuevas generaciones brotan con nuevas mentalidades, con un aprecio muy particular para ambos lados de la frontera.  Además, los mexicanos toman Bud-Light, los gringos prefieren Corona, la raza inmigrante ya se viste de shorts para ir al Mall de compras o va regularmente a los juegos de béisbol o fútbol americano, mientras que los anglos sajones organizan mariachis, hablan español como pueden y al menos intentan entender nuestra cultura.

—¡Qué quede claro, algunos, no todos!

Sí, recuerdo la mano del oficial sobre el hombro de Diego que lloraba como niño chiquito porque ya sabía que lo iban a deportar, para después irse a tomar su clase de salsa y bailar en un club hispano durante el fin de semana.

Este es un país hibrido y sobre todo lleno de paradojas.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Los jóvenes igual de rebeldes que siempre, los viejos añoran el tiempo de su juventud.  La vida sigue, nada se detiene…

Año nuevo, ¿vida nueva?

Por David Alberto Muñoz

 

Ya ha pasado el escándalo de las fiestas decembrinas, el año nuevo ya es parte de la historia humana.  Resulta curioso cuando nos percatamos que el mundo sigue igual por regla general.  Las mismas  crisis económicas, las mismas guerras, los mismos abusos, las mismas envidias, el mismo ser humano que de pronto olvida todos los buenos deseos expresados durante la época de celebración.

Descubrimos que tenemos que regresar a trabajar, que las responsabilidades no han desaparecido.  Escuchamos las mismas voces de gente quejándose de todo, al igual que aullidos de lobo gritan deseando que el mundo les preste atención cuando el mismo universo no encuentra espacio donde descansar.

Los mismos amores, los mismos amantes, las mismas traiciones, las mismas frases hechas y escritas cada año con la intención de lograr algo, lo que sea, pero algo.  Por las calles de las urbes contemporáneas, los carros no se detienen, al contrario la misma impaciencia continua reinando en los corazones humanos. 

Ya se pueden vislumbrar anuncios de ventas para el día del amor y la amistad.  Aquellos que vivimos en países capitalistas descubrimos quizás quién es verdaderamente John Galt, ese egoísmo racionalista expresado por Ayn Rand en su ya épica novela  Atlas Shrugged, mientras que podemos entender nuestros propios instintos humanos al preferir ser beneficiados que preocuparnos por el prójimo que ya tienen suficiente con sus propios problemas.

La derecha política continúa culpando a la izquierda por los millones y millones de gastos públicos en cosas que no se necesitan mientras que la izquierda culpa a la derecha de no querer que la gente rica pague más impuestos.  Descubrimos que la democracia no funciona, ya que en teoría fuimos nosotros los que elegimos a nuestros representantes y ellos no hacen lo que nosotros queremos.  Todo se convierte en retórica.

El crimen no desaparece, se están comprando más armas que nunca, se pueden ver ya en las calles a personas cargando su pistola con mucho orgullo, como amenazando, no te metas conmigo porque yo te puedo dar un tiro. En las escuelas ya se habla de tener una pistola para defender a las criaturas.  Mientras que el congreso nada más le hace al cuento de qué va a pasar el mentado Bill para no irnos al precipicio fiscal.

Los jóvenes igual de rebeldes que siempre, los viejos añoran el tiempo de su juventud.  La vida sigue, nada se detiene, unos mueren y otros nacen, unos maldicen y otros construyen, unos aman y otros odian, la vida continúa, el año nuevo ya llegó y la vida parece seguir igual.

¿Feliz año nuevo?

I don’t know. No sé…

Ya veremos.

© David Alberto Muñoz

 

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Con  el paso del tiempo te aferrabas más al pasado deseando repetir las mismas emociones, aquellas sensaciones que viviste toda tu niñez, simplemente deseabas repetirlas y punto.  Abrir los regalos la noche del 24, tomarte a escondidas varios vasitos de rompope.  Probar el bacalao antes de cenar…

¿Navidad?

Un cuento navideño

Por David Alberto Muñoz

 

El día era fresco, así se lo había imaginado.  Para él, navidad representaba la gran urbe mexicana adornada con luces de colores y vendedores ambulantes ofreciendo su mercancía mientras la gente bien abrigada, paseaba siendo testigos del colorido que se le da a la ciudad una vez al año.

Cada año se preguntaba ¿por qué siempre en diciembre?  No lograba entender.  Sus recuerdos de infancia estaban anclados en un árbol artificial que les había regalado su abuela de color blanco y una esfera de Santa Clós que permaneció con la familia por muchos años.  Lo guardaban en una maleta de color azul, de esas de antaño, bien construida, pesada, bien hecha como solía decir su padre.

Los fantasmas de navidades pasadas ya no cenaban con él, a veces se sentía raro; ni siquiera los de las navidades  presentes o futuras se dignaban al menos a pasar por breves momentos y platicar.  Era como si navidad se hubiese muerto.  Como si de pronto, de la noche a la mañana, la envergadura navideña hubiese deseado desaparecer sin tener la gentileza de avisarle.

No tenía sentido.  Las tradiciones no pueden morir.  Al menos eso pensaba.  Desde que tengo uso de razón se celebra navidad una vez al año.  Y siempre es lo mismo.  Después del cumpleaños de la santa virgen toda la familia se junta, los hermanos de tu padre, los tíos, primos, sobrinos, la abuela y demás, son tantos que ni siquiera ellos mismos saben quién es quién.  Tu madre siempre te presenta una muchachita y te dice:

—Es tu prima Magdalena, hija de tu tío Javier y media hermana de Joaquín, el hijo de Minerva, que es precisamente tía abuela de Javier.

Quedabas en las mismas.  Para ti era simplemente otra niña con la que jugarían tú, tus hermanos, tus primos y toda la raza que se juntara en tu casa un 24 de diciembre a celebrar como decían el nacimiento del niño Dios.  Recuerdo que preguntabas:

—¿Por qué si es cumpleaños del niño Dios no le damos regalos a él?

—¡No estés chingando con tus preguntas Gonzalito!  Ya fuimos a misa.

Con  el paso del tiempo te aferrabas más al pasado deseando repetir las mismas emociones, aquellas sensaciones que viviste toda tu niñez, simplemente deseabas repetirlas y punto.  Abrir los regalos la noche del 24, tomarte a escondidas varios vasitos de rompope.  Probar el bacalao antes de cenar, tu madre lo cocinaba cada año con aquellos chiles amarillos, aceitunas, rodajas de tomate y mucho amor.  Correr por toda la casa levantándoles la falda a tus primas, mientras de pronto se salían todos al patio de atrás a jugar fútbol, los niños contra las niñas, y todos los varones eran humillados perdiendo porque del otro equipo siempre jugaba la prima Yolanda, mucho mayor que todos y con una habilidad futbolística increíble.

—Pinche Yolanda, eres bien buena para el fut.

Ya pasadas las horas, todo se tornaba borlotero.  El mano larga del tío Luis se pasaba con todas las damas presentes.  La nuera Raquel le reclamaba a su padrastro que no le hubiera puesto su apellido cuando era chica.  El hijo mayor del tío Rodrigo le metía la mano a Brígida, la sirvienta, quien nada más se reía y le aventaba la mano acercándose a tu madre, la señora de la casa, quien la protegía con mucho cariño. 

—Ya estate en paz Rodriguito.

Sin poder faltar el pleito de la noche entre el peleonero de Alfredo y Rigoberto que desde que nacieron están en competencia.

Al final de cuentas todos se la pasaban muy bien.  Al otro día todo mundo se reía de la idioteces que habían hecho y la volvían agarrar porque era navidad.

Pero aquel día fresco… ya no era así. 

El tiempo te ahogaba los instantes y tú mismo cuerpo buscaba descanso.  Te dolía la espalda, las piernas te pulsaban como si trajeras víboras entre las venas.  Volteabas alrededor y no podías ver a nadie.  Los ojos te lloraban como el abrir de una presa de agua. Derramabas ese sabor salado de una lágrima en busca de un mar de consuelo.

Estabas solo. No percibías el respirar de nadie.  Escuchabas solamente el latir de tu corazón.

Las imágenes llegaban a ti esporádicamente pero al abrir los ojos sólo veías una inmensa oscuridad.  A los lejos, te imaginabas una copa vacía.  Alguien inventando en tu imaginación procuraba verter vino tinto dentro de la misma.  Los labios los tenías secos.

—¿Qué sucede?—te preguntaste.

—¿Qué está pasando?

La navidad ya no existe.  Se te perdió entre los mitos forjados por la gente.  Entre papá Noel, el niño Dios y los reyes magos.  Entre Dies natalis Solis invicti ySaturno, con su semana del solsticio.  Entre discursos tantas veces repetidos que tú mismo los creíste.  Entre el nacimiento de Huitzilopochtli y la celebración del Capac Raymi, liderado por el emperador Inca, bebiendo chicha de jora y mascando coca.  Entre regalos que satisficieron tus deseos de niño y las épocas que siempre encuentran cambio en el mismo instante de nacer.  Entre anuncios de televisión que ofrecen especiales por ser navidad y cobradores que no dejan de molestar aún el mismo día 25.

Sí, aquella maña fría descubriste que navidad se había muerto, sólo permanece en tu mente los recuerdos que quedaron sellados en el disco duro de tu sentir, cuando la misma capital emanaba un aroma a navidad.

Feliz Navidad, aunque ya esté muerta, siempre es bueno recordar. 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Dos culturas se combinan para crear identidades que dan coherencia al ser humano fronterizo

Writing, II Parte/Frontera

Por David Alberto Muñoz

 

Frontera, Tijuana-San Diego.-  Después de haber esperado más de una hora para que nuestro avión saliera de La Paz, B.C., el Johnny Tecate como se conoce en los bajos mundos literarios al escritor Roberto Castillo Udiarte, y su servidor, llegamos a la frontera más transitada en toda la zona fronteriza.  Hablo del lugar donde se juntan las ciudades de Tijuana, B.C. y San Diego, California.

Es curioso pensar que las fronteras han sido construidas por seres humanos.  Los alambres y las grandes paredes metálicas han sido puestas para obstaculizar el cruce de los que vienen del sur hacia el norte, lugar ya denominado por varios escritores como la tierra prometida del nuevo siglo, lugar donde fluye leche y miel, y cabe mencionar, lugar donde los mismos pobladores critican con saña y mucho coraje las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales del país.

Lunas de octubre había terminado como muchos otros encuentros literarios, lo único que llevábamos era el recuerdo de lecturas, noches bohemias, y uno que otro incidente de esos que suceden en todos los encuentros.  El Rober me había ofrecido llevarme a la línea fronteriza para cruzar y poder llegar al aeropuerto de San Diego donde finalmente partiría rumbo a la finquera arizonese donde ya tengo más de 20 años viviendo.

Desde que habíamos partido de La Paz todo el viaje se había retrasado, el tiempo parecía adelantarse frente a nosotros como intentando dejarnos atrás, atrapados en una tarde lluviosa o una cantina oscura sin dinero, ni compañeros, ni nada, solamente  abandonarnos al azar para ver qué íbamos hacer.

Ya estando en suelo tijuanense el retraso continuó, nuestro equipaje no llegaban, los dos con cara de enfado esperábamos ver nuestras pertenencias para poder recogerlas de acuerdo al rito actual implantado al viajar en avión.  Una vez que las recogimos, los familiares de mi compañero eran atrapados también por el tiempo.  No arribaban.

Le hablé por teléfono a mi amigo Manny, para descubrir que ya me estaba esperando del otro lado de la frontera, él y Cecilia, también antigua compañera de la High School, ambos listos para hacerme el favor de recogerme y llevarme rumbo al aeropuerto de San Diego.

“We’re already here David, with some beer and everything.  Vente pa acá.”

Le dije al Rober:

—Me voy a ir en un taxi, te lo agradezco, nos vemos en la próxima.

Nos despedimos y de inmediato tomé un taxi que pasaba frente al aeropuerto y con voz de decisión expresé:

—Lléveme a la frontera por favor.

CARNAVAL FRONTERIZO

Tenía ya algún tiempo de no cruzar esta frontera caminando.  Al llegar me sorprendió el ambiente carnavalesco que reinaba.  Una infinidad de personas transitaban toda el área de manera casi grotesca.  Se me antojó la escena de algún circo o algún carnaval de antaño metido dentro de la urbanidad contemporánea.  Taxistas llevando y cazando clientes.  Puestos de comida ofreciendo todo lo que el paladar pudiera imaginarse, tacos, tortas, carnitas, barbacoa, me atrevo a decir casi todo antojito mexicano, además de las ya conocidas artesanías mexicanas, santos, vírgenes, blusas adornadas al estilo Frida Kahlo, jarritos de todos tamaños, baleros de esos que usábamos nosotros de niños, trompos, yoyos y aquel juego de una cajita de madera que al abrirla salía una viborita para picarte.

—¡En la madre!—articulé bastante sorprendido.

Y a toda esta escena carnavalesca, agreguémosle una cola de más de mil personas, no miento, era miles y miles de personas intentando cruzar la frontera un domingo por la tarde.  Hombres, mujeres y niños, familias enteras, algunos cargaban maletas, otros botellas de agua, medicinas, niños en los brazos, cajas de cartón amarradas con una cuerda, individuos con sus sombreros estilo norteño, muchachitas provocadoras vistiendo minifalda sin poder faltar las mujeres del oficio más antiguo del mundo que a plena luz del día ofrecían sus servicios al mejor postor.

MINI SECUESTRO

En este ambiente de carnaval caminé por varios minutos hacia el final de la cola pero era tan larga que pensé que no podría cruzar sino hasta el día siguiente.  Como buen mexicano traté de meterme en la cola para que una dama de aspecto respetable me dijera:

—Señor, hay gente esperando, damas e incluso embarazadas, por favor.

—Tiene razón Seño, usted disculpe.

Y me salí ya casi resignado a tener que pasar horas y horas aguardando al tiempo.

De pronto una voz ronca llamó mi atención:

—¿Quiere cruzar?

—Pues sí.

—Yo lo llevo al frente de la línea.

—¿En serio?

—Sí, no se apure.

—Al mero enfrente.

—Sí.

—¿Y cuánto me va a costar?

—10 dólares. 

—Órale pues.

El susodicho tipo tomó la bolsa de viaje que traía.  Traté de protestar pero me dijo:

—Así es mejor.  Sígame.

Caminamos rumbo al frente de la línea en medio de pláticas fronterizas donde las voces e idiomas se cruzan influenciado de sur a norte y de norte a sur. 

Sin saberlo cómo de pronto estábamos bajo una especie de puente.  Dos individuos aparecieron detrás de mí, uno era un muchacho bastante joven y el otro un señor igual que yo.  Me atemoricé de repente, no me vayan a querer partir toditita la madre y robarme lo que no tengo.  El susodicho tipo sonrió diciendo:

—No se asusté, usted nomás sígame.

Intercambiaron algunas palabras.  El joven que aparentemente también deseaba cruzar y yo, les pagamos la cantidad acordada y la marcha continuó.  El tipo se movía con una destreza de patinador de hielo, en medio de gentes, gritos, miradas agresivas, desahuciadas, ojos de locura producidos por fronteras, culturas hibridas que viven una pegada a la otra sin poder desligarse, teniendo que lidiar los unos con los otros, cuerpos humanos intentando brincar una cerca construida por manos humanas.

El tipo se paraba de repente a platicar con alguien en una troca que parecía ser de alguna oficina del gobierno mexicano para continuar y en un momento dado dejarnos al joven y a mí casi a la entrada del país del tío Sam.

El muchacho ya tenía experiencia.  No era la primera vez que cruzaba de ese modo.  Me contó que su papá se estaba muriendo y necesitaba cruzar para poder verlo.  Me comentó también que el precio estaba subiendo, la última vez le cobraron 5 dólares.

—¡Úta madre, ya me jodieron! —pensé.

Detrás de nosotros pudimos ver dos orientales vestidos de cholitos que intentaban utilizar el lingue chicano.  Se me figuraron aquellos personajes de la película de Cheech Marín, Born in East L.A., donde el Cheech les enseña a unos asiáticos a hablar como cholos.  Todo se me figuraba ser tan irreal como los mitos creados por la humanidad donde los dioses se entregaban en pasiones humanas unos a otros dando lugar al planeta donde vivimos.

Al llegar a esas puertas de metal que circulaban invitando y rechazando a la vez, un oficial del otro cachete los detiene y nos dice al joven y a mí:

—Go ahead!  You two, in the back, stop.

La aventura continuaba, tuvimos que esperar todavía unos 30 minutos antes de ser declarados como verdaderos ciudadanos o residentes legales de los Estados Unidos, permitiéndonos pisar el suelo que al menos a mí, ya me adoptó.

¿LA TIERRA PROMETIDA?  ¿A QUIÉN?

El carnaval continuaba, del otro lado de la frontera el mismo caos, el mismo desmadre, las mismas miradas de desconfianza, también un montón de gente con sus agendas personales. 

—¿Adónde va, pa Los Ángeles?, yo lo llevo.

—¿Tiene dónde quedarse?

—Lo llevo al aeropuerto, ¿o la estación de autobuses?

La escena quizás sí cambió de escenografía, sin embargo, el mismo contexto humano, seres intentado sacar dinero de la forma en que se pueda, sujetos con todos sus sueños, deseos e inseguridades caminando por la zona fronteriza, e intentando descubrir a quién se le prometió esta tierra, este suelo que la historia me dice era mexicano hace muchos años, este suelo que ahora es estadounidense y representa al menos en teoría, la tierra de oportunidades, la libertad, y por supuesto, el hogar de su majestad: El dólar.

Algunos se subían en el Trolley, tal vez rumbo a Chicano Park, otros quizás se detendrían en Chula Vista sin faltar aquellos que pasando por National City intentarían llegar hasta El Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles, convencidos ya, que la promesa fue para ellos, no para los peregrinos  fundadores oficiales del sueño americano.

Una curiosa batalla cultural se lleva a cabo todos los días en la zona fronteriza.  Se cruzan las costumbres, los idiomas, la música, los medios de comunicación, la mercadotecnia, la comida, la forma de vestir, los insultos, los mismos peces del mar en ocasiones se detienen para observar el comportamiento fronterizo, como preguntándose: ¿qué chingaos es la frontera?

REFLEXIÓN

Sucedieron todavía muchas cosas, el mundo comenzó su final de acuerdo a los mayas.  Pasé toda la noche en el aeropuerto de San Diego después que mis amigos me recogieron en el Jack in the Box fronterizo.  El mundo continuó su rodaje no sin antes hacernos meditar cuidadosamente en ese extraño, curioso y hermoso mundo conocido como la frontera.  Cosmos donde dos universos se juntan sin desearlo, se influyen sin proponérselo, se casan sin quererlo.  Urbes que se encuentran siendo amantes la una de la otra, ya que se necesitan, no pueden existir sin la presencia de la otra.  Cuando las lenguas se mezclan creando aberraciones al idioma o la creación de un nueva lingua, criticada por los expertos de las academias lingüísticas,  aquellos a quienes les resulta ser el idioma que hablaron desde niños, emanan una explosión milenaria que sacude los territorios de ambos lados creando una realidad vivida y conocida por millones de personas.

Dos culturas se combinan para crear identidades que dan coherencia al ser humano fronterizo.  Surgen en los cubículos universitarios, en las calles de las ciudades, en las gasolineras, en los medios de trasporte, en los bares y prostíbulos, en las escuelas primarias o Elementary Schools, en las Prepas o High Schools.  En el centro de ambos suburbios, se dan escenas del teatro de lo absurdo cuando el hombre mexicano con sombrero y botas norteñas camina junto al cholito, o al Mexicoamericano que viste de traje deseando integrarse a la sociedad gringa, ambos vistos por la mirada de juico del dios de la comarca, el pinche Tío Sam.

Brotan de pronto identidades únicas que viniendo del suelo azteca caminan por la Palm Avenue y se van con la novia al parque del Ala para darse una buena manoseada, y si un día tienen dinero pueden llegar hasta La Jolla y perderse entre muros de marfil de color blanco, con la oportunidad quizás de asistir a UCSD y ser los primeros en su familia en ir al colegio.

Así terminó mi crónica, entre identidades fragmentadas, mundos frecuentados, falta de entendimiento por todos lados y una realización palpable de que la frontera realmente es un universo único que muchas veces ni sus mismos pobladores logramos comprender.

© David Alberto Muñoz

 

***

 

 

 

 

A veces pienso tantas cosas…

 

Un cuento

 

David Alberto Muñoz

A veces pienso que la gente no tiene remedio.  Todos nos miramos unos a otros y por nuestras mentes atraviesan cada tarugada.  No te has dado cuenta, inventamos cada cosa que hasta miedo me da, y solamente porque me hicieron cara en el trabajo.

—Nadie me quiere… todos están en contra mía… ¿por qué él sí y yo no?… se cree la mamá de Chita… es un pendejo… no sabe lo que dice… está loco… a mí no me importa… vete mucho a la chiquita. 

Como el otro día cuando yo andaba de volado con la secretaria del patrón.  Imagínate nada más.  A todos les gusta y sí, no se puede negar que la muchacha es una belleza, lo peor es que ella lo sabe.  A toda mujer le encanta ser el centro de atención.

A veces somos soñadores ¿no?  Creamos verdaderas catedrales de la imaginación, construimos edificios altos donde los protagonistas somos nosotros mismos.  Escribimos diálogos completos y dirigimos a miles y miles de personas dentro de nuestra mente.  Y cuando menos lo pensamos, los demás seres humanos las pueden pulverizar en unos cuantos segundos. 

Me vas a decir que no es verdad.  Los humanos a veces sonreímos no por gusto sino más bien por temor.  A veces lloramos no por tristeza sino más bien por sorpresa, porque es lo único que podemos hacer. 

A poco nunca has soltado un secreto con alguien.  Debes de tener cuidado, porque a veces le cuentas a la persona equivocada.  Y ya vez que chismosos somos todos.  Bueno, tal vez algunos nos las damos de no meternos tanto en dimes y diretes, pero hay gentes como Narciso, ya lo conoces, ese cuate es un chismoso de primera calidad. Si quieres que algo se sepa díselo a él, y para la tarde ya lo sabe todo el distrito. 

Además hay gente que de todo se escandaliza.  ¿A poco no?  Si Marisela se pone minifalda porque se puso.  Si no se puso es que es muy apretada; si trae escote es una cualquiera, y si no trae, vive en la época de Porfirio.  ¡Por favor!  ¡Quién los entiende! 

De repente es como despertar de un sueño y darse cuenta realmente cómo somos los seres humanos.  La mera verdad somos unos mentirosos, calculadores, metemos hilo para sacar hebra.  Dime si no, podemos ser bien sarcásticos, nada más lanzamos indirectas y directas también, y cuando alguien nos hace frente, nos enmulamos y nos sentimos ofendidos. 

—Yo no merezco ese trato.

Todos somos así no me vengas con cuentos.  No te has fijado que cuando todo el mundo anda chismeando lo hacen en voz baja.  Cada vez que ves a dos personas chuchiqueando todos empieza a decir:

—¿Qué estará pasando?  ¿A lo mejor ya lo corrieron? 

Y si eres paranoico como yo: ¡Ya me descubrieron! 

Luego no faltan los romances.  Te has fijado que la Mrs. Murray le coquetea mucho al director de programación.  El otro día cuando tuvimos la fiesta en la casa de él, los dos se desaparecieron en el piso de arriba por varios minutos.  Han de haber sido diez o quince minutos.  Y luego regresaron muy separaditos, muy quitados de la pena, pero todos nos dimos cuenta que los dos traían una sonrisota de aquellas.  Oye, todo se puede hacer en once minutos, ¿no?  Como dice Paulo Coelho.  Por lo menos una manoseada.  Ya podrás imaginarte el chisme.  Duró por varios meses y todavía, cada vez que el director platica con alguna otra dama, la Mrs. Murray los mira casi con odio. 

Todo el mundo se da cuenta de todo, pero todos nos hacemos pendejos porque nos conviene.

Y cuando empiezan los celos entre las mujeres, Dios no agarre confesados.  El otro día llegó Elena, y ya sabes como es de voluble.  Cuando trae ganas, me abraza, me apapacha y me entierra sus senos en la cara.  Sí, no te hagas, todos ya me lo han dicho, incluso Joan se lo dijo en su cara en la reunión de ayer:

—Why do you like putting your chichis in his face?

Se enceló tanto, como que a las mujeres les gusta mostrar su poder unas con otras.  A mí me encanta para que te voy a echar mentiras.  Cada vez que la veo me digo a mí mismo: Ojalá me deje sentir sus pechitos, que no están tan chiquitos quiero que sepas. 

Pero cuando anda de malas, ni voltea a verme y nada más me lanza una mirada de desagrado que la mera verdad no se vale. 

¡Ah!  Y eso es otra cosa.  Todo mundo nada más se anda escandalizando de los demás.  Es una de juzgar que para qué te cuento. 

—Ya supiste lo que hizo Margarita el otro día en la fiesta.  Se emborrachó, y el doctor Miranda le estaba agarrando las nalgas y su esposa estaba ahí.  ¿Te imaginas? 

—Ya supieron que la subdirectora es lesbiana.  Es un secreto a voces.

—Pues el director se metió con la secretaria y fue por eso que tuvieron que irse del distrito.

—Deberíamos de eliminar ese tipo de comportamiento porque no es moral. 

—¡A mí me vale madre con quien te acuestes!  Lo importante es hacer tu trabajo y dejarse de chismes ¿no? 

—Si he de ser sincero, también tengo ese gusanito del morbo que a veces no me deja.  

A veces pienso que los humanos no tenemos remedio.

Otras veces es como que la bondad, el humanismo, la caridad pueden brotar sin esperarlo.  Como cuando se murió el papá de Carolina.  Que por cierto ya te vi que la andas rondando demasiado.  Ten cuidado porque ya andamos hablando al respecto y al rato les vamos a procrear un hijo. 

—¡No manches!

Cuando su padre murió fue precisamente Isabel la que se encargó de todos los arreglos, y pues ya sabes que siempre han sido enemigas hasta la muerte.  Pero en esa ocasión le salió lo humano a la señora, y creo que eso nos motivó a todos para que estuviéramos ahí en un momento difícil para Carolina.

No sé, el humano es un ser tan raro, tan peculiar, tan impredecible, y a la misma vez se puede profetizar sus comportamientos y actitudes mucho antes de que las realice.

A veces pienso tantas cosas…sí, a veces pienso tantas cosas.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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Siempre fue un hombre trabajador, de un corazón increíble, que se quitaba literalmente la camisa para dártela. 

 

El suegro

Un relato

Por David Alberto Muñoz

 

Lo conocí cuando era niño.  Tendría unos cuatro o cinco años.  Siempre relacione su apellido con la panadería que tenían.  No sé por qué.  Se llamaba Leonardo Cabrera y la panadería Los Pinos.  

Él era un hombre de piel morena, con ojos de color verde, siempre que íbamos a su casa nos daba bolsas y más bolsas de pan.  En mi hogar era imposible no pensar en la familia Cabrera y los panes tan sabrosos que cocinaba el señor.

Tengo un incidente muy grabado en mi mente.  Estábamos comiendo en la iglesia unos tamales riquísimos, yo me enchilé y pedí una coca para saciar mi enchilada.  Me dijeron que sólo había café, cuestión a la cual el Sr. Cabrera sin decir una sola palabra me llevó a un lado y de algún lugar mágico sacó una botella de Coca-Cola.

—No le digas a nadie Chino, así es mejor.

Así me decían en esos años.  El Chino, tenía el pelo totalmente rizado, bueno, antes de que se me cayera, además de los ojos grandes, poseía todavía mi inocencia de infante.

Crecí en una cultura protestante, mi padre era pastor de una iglesia en Pachuca, Hidalgo, el hermano Cabrera era su diacono.  Ambos trabajaron juntos por varios años, tenían un programa de radio, construyeron un templo juntos, crearon una amistad que permaneció por muchos años más adelante.

En una de tantas visitas que hacíamos a su casa tuvimos la oportunidad de estar presentes en la boda de Luis, Ricardo y Blanca, los tres hermanos más grandes de la familia Cabrera; se casaron el mismo día.  ¿Tú crees?  Yo ya estaba más grande, en mis años de adolecente.  Recuerdo que mi hermana se había golpeado el ojo de alguna manera, no recuerdo bien cómo.  La pusieron en una cuna.  Era de la niña más pequeña de los Cabrera.  Mi madre me dijo:

—¡Qué bonita se ve la niña de los hermanos!

Traté de asomarme pero no pude verla.

Esa niña, se convertiría muchos años después en mi esposa.  El Sr. Cabrera es mi suegro y se nos está muriendo.

Siempre fue un hombre trabajador, de un corazón increíble, que se quitaba literalmente la camisa para dártela.  Trabajó duro por muchos años.  Vivió su existencia con una dignidad poca veces vista y fue el hombre que entregó en matrimonio a su pequeña hija Magdalena.  De verdad, yo sé que suena a telenovela pero así fue.

Cómo duele la muerte de un ser querido.  No es el que se va sino los que nos quedamos.  No es temor a la muerte ni mucho menos, el señor vivió una vida larga y productiva.  Lo qué pasa es que somos tan egoístas que no queremos dejar que nuestros engendradores descansen en paz.  Quisiéramos tenerlos con nosotros eternamente.

La muerte es parte de la vida.  Todos pasaremos por ese túnel para llegar a otro lugar, a otra dimensión o simplemente me gusta pensar a un mundo más justo y menos conflictivo, a un mundo donde podamos descansar.

Eleven oraciones y rezos, enciendan veladoras si son creyentes, si no creen sólo den una muestra de amistad, porque en la cama y en la cárcel se conocen los amigos.

Era Leonardo Cabrera,  mi suegro.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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Me lancé sobre… la avenida Juárez, precisamente enfrente del monumento a Juárez… mi ultimo recuerdo fue la mirada de Juárez sobre mi cuerpo…

La mirada de Juárez

Por David Alberto Muñoz

 

Iba caminando por la avenida Juárez cuando lo vi desde lejos.  Tenía los ojos de cabra y de su boca brotaba saliva que provocaba asco.  Lo miré con despecho, no sé por qué, a lo mejor era simplemente su apariencia lo que me disgustaba… no sé… el monumento a Juárez me observaba con mirada de juicio mientras que un vendedor de algodones simplemente trataba de que alguien le comprara su mercancía…

Se acercó a paso lento, como que quería levantarme y llevarme con él al mismito infierno… yo no quería claro… yo le tenía mucho miedo… y además no podía escapar de la presencia de Juárez.

—¿Cuánto tiempo tienes que llegaste? —habló con su voz rasposa y agria.  Me miró el cuerpo con deseo… me dio asco otra vez.

—Poco—respondí—no más de un minuto.

Me tomó de la mano como si me fuera a pegar.  Yo me cubrí como pude.  Me llevó dentro de la Alameda.  Un vendedor de globos nos observaba con rostro de preocupación… como que quería decirle algo… no sé qué era…

—Mira chamaca, esto es lo qué tienes que hacer.  Te me vas a la otra esquina, la que está enfrente del teatro Hidalgo.  Cuando mires a un señor bien vestido con ropa de catrín y rostro de perro de telenovela, te vas con él adónde él quiera.  ¿Me entiendes? 

Afirmé con la cabeza.

—¿Te pusiste las pantaletas que te di?

Afirmé una vez más.

—Mucho cuidado entonces.  Acuérdate, mil pesos por una hora.  Compórtate, ya no eres una niña.

No… ya no soy una niña… tengo 16 años, me prostituyo desde los trece, y este chavo me recogió cuando mi madre murió, y mi papá se cansó de golpearme…

Él dice que es bueno… no sé… a veces pienso que no… a veces también me agarra y me hace cosas… a mí no me gusta… pero ¿qué hago?  No puedo irme a ningún lado…

—¡Es aquél!   El del traje gris.  Mira te trajo flores… ve y pórtate bien… ¿oíste?

Afirmé nuevamente… pero esa vez ya no quise más… todos me dan asco… ya no quiero vivir…

—¡Angelina!  ¿Dónde vas?  ¡Cuidado con el camión!

Me lancé sobre las ruedas del autobús que cruzaba la avenida Juárez, precisamente enfrente del monumento a Juárez… mi ultimo recuerdo fue la mirada de Juárez sobre mi cuerpo sangrando… y las palabras que nunca pude entender… respeto al derecho del otro es la paz… no… el respeto al otro es el derecho ajeno… no sé… algo así… pero creo que esto sí puede ser la paz.

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Una niña de 16 años fue atropellada sobre la avenida Juárez.  Vestía uniforme de escuela secundaría, zapatos de charol con calcetas blancas y traía puestas una pantaletas demasiado sexy para su edad, comentó el departamento de seguridad infantil.  Se especula que era una de tantas prostitutas infantiles que trabajan a diario en la ciudad de México.  Se desconoce su origen, si tenía padres o hermanos, dónde vivía.  Lo que sí se sabe era que se llamaba Angelina, esto porque un muchacho de apenas 18 años de edad trató de salvarla sin tener éxito, al mismo tiempo de ser atropellado por uno de tantos carros que transitan por esta congestionada ciudad de México.   Parece ser otra tragedia en nuestro suelo capitalino.

Angelina se murió bajo la mirada de Juárez…

© David Alberto Muñoz

 

 

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Hay que estar agradecidos compadre, por todo, por lo bueno y lo malo, porque gracias a Dios, a la virgencita o a la vida no nos ha ido tan mal, tenemos vida, amigos, hasta enemigos que nos enseñan a defendernos ¿qué no?  Hasta hemos tenido la oportunidad de hacer una que otra travesura ¿O no?

El pavo y las gracias

Por David Alberto Muñoz

 

—Hoy es el día del Pavo.

—Tengo amigos que le dicen el día del Turkey.

—Sí, ya sé, el día de gracias, thanksgiving day y demás.  Pero sabe ¿por qué se celebra?

—Pues en la escuela me dijeron que hace ya muchos años los peregrinos se sentaron a comer pavo con los indios nativos porque habían logrado sobrevivir un año de mucho frío y dificultad.  ¿Es eso cierto?

—Pues sí, algo hay de eso.  Lo qué pasa es que actualmente la gente se ha hecho muy materialista y los verdaderos significados parecen desaparecer.   ¿Sí me entiende compadre?

—Un poquito la mera verdad.  Barájemela más despacio ¿no compadre?

—Mire, es una tradición que data ya de hace muchos años.

—¿Cómo de cuantos años compadre?

—Pues ya muchos, ya no me acuerdo bien, pero sí sé que hace muchos.

—Si usted lo dice.

—¡No me la voltee compadre!  Déjeme preguntarle algo: ¿por qué está usted agradecido este año?

—Pues le doy muchas gracias a la virgencita porque no me ha faltado el trabajo.  Ya ve usted que difícil ha estado la cosa con eso de la crisis.  Y luego la elección que ya por poco nos juntan y nos fusilan porque dizque todo era culpa nuestra.  Además, ¿se acuerda que mi jefa se puso bien mala de la presión?, además metieron al bote a mi compadre Ricardo, que porque dizque le había robado materia prima en la fábrica donde trabajaba.  Que bueno que usted me recomendó con el Lic. ese que me ayudó y no cobró tanto como todos los demás que nada más andan detrás del billete compadre, y pues, gracias a usted que aunque a veces se pasa, no deja de ser mi amigo.

—Eso mismo digo yo.  Póngase usted a pensar compadre, aquí no nos están cayendo bombas como allá en la tierra santa.  Nuestros hijos pues están bien, aunque a lo mejor un jalón de orejas no les iba a venir tan mal para que se apuren en la escuela.  Además, su comadre, mi esposa, empezó a trabajar en el mentado Wal-Mart que quién sabe que pedo traen mucha gente con la empresa, pero a mi mujer le están dando trabajo.  Vamos a poder comprar nuestros pavos, hacer unos tamalitos, un pastel de carne y por si fuera poco tendremos nuestras chelas, ¿qué más le pedimos a la vida no?

—Acuérdese que no a todos nos ha ido bien compadre.  No se acuerda de Jaime que lo deportaron hace tres meses y dejó a su familia aquí sin nada de dinero.  O lo qué le paso a Elenita, la hija de Don Vicente, la violaron los desgraciados esos de las gangas y no se olvide que hasta usted y a mí el pinchi Sheriff Arpaio, nos metió al bote porqué dizque no teníamos papeles.  Pero sí tenemos compadre… sí tenemos aunque estemos prietitos.

—Hay que estar agradecidos compadre, por todo, por lo bueno y lo malo, porque gracias a Dios, a la virgencita o a la vida no nos ha ido tan mal, tenemos vida, amigos, hasta enemigos que nos enseñan a defendernos ¿qué no?  Hasta hemos tenido la oportunidad de hacer una que otra travesura ¿O no?

—Pues la mera verdad sí compadre.  Gracias a la vida todavía estamos vivos, y mientras tengamos la vida habrá esperanza.

—Eso es lo que el pavo y las gracias significan.

¡Feliz día de gracias de parte de todos los Peregrinos y sus letras!

Noviembre del 2012.

© David Alberto Muñoz

 

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No es ya solamente la creadora del término Xicanisma, ni la autora de su Magnus opus Massacre of the Dreamers, ni la causante del descontento en la legislatura arizonense que prohibió en Tucson varios de sus libros por considerarlos “anti-americanos”.   Ana Castillo es un escritor quien por medio de la palabra escrita intenta reflejar, proyectar, describir y atestiguar su visión humana de la vida.

 

Detrás de un escritor

Por David Alberto Muñoz

 

Phoenix, Arizona.- Las expectativas de un evento literario por regla general nunca llegan a ser fieles representantes de la imaginación humana, por el contrario, de alguna extraña manera, las realidades que se viven de este lado de la frontera pueden ser más ficticias que la misma ficción, y más metafísicas que la misma realidad.  En esta ocasión el V Encuentro de Escritores en Estados Unidos/Tributo a Ana Castillo no se quedó atrás.

PRINCIPIO

Rodando por los caminos arizonenses, nos dirigimos a recoger a nuestra invitada.  No teníamos la oportunidad de conocerla en persona, sólo por medio de su narrativa, sus cartas Mixquiahuala, con su Teresa, su Carmen la coja, sus batos de Vatolandia, su Sofi, y La Loca que murió de sólo tres años So Far from God, cada uno de sus personajes que fluyen y literalmente tienen una vida propia, ya que andan brincando entre pueblitos mexicanos, ranchos y la conocida urbanidad estadounidense, lugar donde se  cruzan las “otredades” para llevar un discurso moderno, con tendencias feministas, chicanas pero que va mucho más allá de lo universal al deliberar como la misma Castillo lo dice:

—Entre más detalles escribas, más universales son tus personajes.

“Ya no es solamente las tortillas que hacía mi abuela en un rancho de México”, sino que el trabajo de Castillo ha llegado a Turquía donde es “el pan que hacía mi abuela”, adquiriendo un tono de universalidad, lugar seleccionado sólo para los grades escritores.

Llegamos con cierto tiempo de anticipación.  La sala tres del aeropuerto Sky Harbor en Phoenix, se nos antojó estar prácticamente desierta.  Unas cuantas personas atravesaban los vestíbulos con ropaje que nos indicaba ser del este de la nación.  Vuelos de Minneapolis, New Jersey, eran los más prominentes, junto con llegadas de Ohio, Mississippi y Utah.  

Como niños chiquitos esperábamos el primer encuentro con el homenajeado de este año.  Nuestra imaginación sólo podía especular que sucedería los próximos tres días en los que tendríamos la presencia no sólo de Ana Castillo sino de la palabra escrita combinada con un experimento cultural que ya llevamos realizando por los últimos 5 años, juntar dos culturas en un evento, los americanos y los hispanos, latinos, mexicoamericanos o como les guste ser llamados, para enfrentar nuestra realidad fronteriza que aunque a muchos les guste ignorarla es más verdadera que el sol  saliendo todas las mañanas.

Finalmente a distancia, vi a una mujer con paso seguro, pelo negro, arriba de los hombros, figura delgada, rostro recio.  Traía lentes oscuros y un atuendo que la hacía lucir elegante, con ciertos aires aristócratas.  Nos identificamos casi de inmediato y la recibimos con los brazos abiertos agradeciéndole el haber aceptado el tributo que le teníamos preparado.

Platicamos de política, autores que conocemos mutuamente, le planteamos nuestra condición de inmigrantes viviendo en un estado que todavía nos culpa por todos los males de la nación y escuchamos su voz apresurada procurando no desperdiciar un solo segundo.

SIN JUEGO DE PALABRAS

La mañana del 8 de noviembre se presentó con un clima agradable.  El infierno que reina durante los meses de verano por fin estaba llegando a su fin.  Recogimos a nuestra invitada para llevarla al colegio de Chandler-Gilbert donde tendría su presentación ante una audiencia de estudiantes, miembros de la facultad y el público en general.  Habíamos ordenado libros para tener a la venta con la oportunidad de que Ana los autografiara.  Y empezaron los problemitas que suelen ser como piedras en el zapato.  Los libros no llegaron,  los tendríamos hasta el evento de la noche.  Por fortuna, Castillo, veterana de eventos como este venía preparada con su propio cargamento de libros y posters basados en pinturas hechas por ella misma.

Sin preámbulos ni juego de palabras, Castillo habló con voz segura.  Incluso expresó que su discurso posiblemente ofendería a algunos, si querían salirse no importaba, ella continuaría expresando su narrativa que incluye los sentimientos encontrados en mucha gente que de la noche a la mañana se convirtieron en migrantes dentro de la propia tierra que los vio nacer.

Leyó parte de The Mixquiahuala Letters, Loverboys, So far from God, The Guardians, cautivó con una narrativa basada en realidades vividas y observadas ocularmente, además de experimentadas dentro del bloque de lo existencial, para de esta manera lograr comunicar una voz que ya no está escondida dentro del mundo de la literatura chicana.  Por el contrario, Castillo representa ya un discurso universal que ha apelado a todos los gustos literarios de nuestro planeta.  No es ya solamente la creadora del término Xicanisma, ni la autora de su Magnus opus Massacre of the Dreamers, ni la causante del descontento en la legislatura arizonense que prohibió en Tucson varios de sus libros por considerarlos “anti-americanos”.   Ana Castillo es un escritor quien por medio de la palabra escrita intenta reflejar, proyectar, describir y atestiguar su visión humana de la vida.

PREGUNTAS

No pasaron ni diez segundos cuando se abrió el foro para responder preguntas cuando estudiantes, lectores comunes, profesores y curiosos cuestionaran a nuestra invitada.  Se le preguntó qué se sentía ser parte de la lista negra en Tucson.

—Si estoy escribiendo y no logro que se enojen conmigo entonces pienso que no estoy escribiendo verdaderamente.

Se le preguntó que la inspiró a querer escribir, que tanta realidad se encontraba en sus textos, que tanto leía, corregía y demás.

—Para poder escribir hay que leer, escribir y corregir, y la verdadera escritura está en esos momentos cuando estás corrigiendo tus textos.

HISPANIC STUDENT ORGANIZATION

Después de haber autografiado varios de sus libros y haberse tomado fotos con varias personas llevamos a Castillo para su lonche con la organización hispana de estudiantes HSO (Hispanic Student Organization).

Pocas veces he sido testigo de un dialogo tan productivo, maduro y retador.  Castillo habló de cómo los hispanos tenemos la identidad fragmentada, viajamos entre culturas, nuestras tradiciones inculcadas por nuestros padres, la urbanidad moderna con todo el discurso postmodernista y nuestra propia manera de reaccionar ante el deseo que todos tenemos de anclar nuestra identidad en símbolos concretos.

—¿Cree usted que cada uno de nosotros debemos de definir nuestra identidad?

—Sí, debemos mantener nuestra individualidad, y ser nosotros mismos los que busquemos los símbolos que darán coherencia a nuestra identidad.  Si quieres ser Chicano, llámate a ti mismo Chicano, si prefieres el término Hispano, lo mismo, pero nunca traiciones tu propia concepción de tu realidad, es este individualismo lo que nos da nuestra identidad contemporánea.

V ENCUENTRO DE ESCRITORES/TRIBUTO

Después de un par de horas de descanso, nuestra invitada se presentó para ser participe del V Encuentro de Escritores y recibir su merecido reconocimiento. 

Hemos tenido la fortuna por los últimos cinco años de reconocer el trabajo de los grandes escritores Chicanos o fronterizos dentro de los Estados Unidos de América.  Hemos homenajeado a Miguel Méndez, María Amparo Escandón, Rolando Hinojosa, Luis Valdez y este año Ana Castillo.  El propósito siempre ha sido mostrar el talento de personas que han logrado avanzar el discurso de una población a la que yo denomino de inmigrantes, ya que aunque algunos han nacido dentro del suelo estadounidense, hace muchos años sus antecesores pisaban suelo mexicano.  De la misma manera, hemos intentado juntar a dos culturas, asunto que en ocasiones ha sido incomodo para ambos lados.  No obstante, estos encuentros por raros que puedan parecer, han logrado dejar una huella en ambos lados del alambre fronterizo, ya que han forzado a seres miembros de dos comunidades totalmente opuestas, a conocerse frente a frente, y ver más allá de los estereotipos forjados para ambos que dejan mucho que desear.

Este año, contamos con la presencia de los escritores Sergio Herrera, del Distrito Federal, Víctor Hugo Preciado de Cd. Obregón, Sonora, el Dr. Rich Morales de Puerto Rico y Oscar Cordero de Chihuahua, quienes expusieron su labor literaria mostrando que el amor por la literatura y la escritura están vivos en el valle del sol, y que existen talentos locales que buscan proyectar sus trabajos dentro de un mundo que parece encogerse con el paso del tiempo ya que todos sabemos que a la gente hoy en día no le gusta leer.

Ana Castillo leyó un último cuento deleitando a todos los presentes, el mariachi Sones del Desierto tocó elevando el nivel festivo del encuentro y se le entregó un muy merecido tributo a una mujer que considero es parte de la voz representativa de mi generación.

UNAS COPITAS

No podríamos pasar la oportunidad de compartir una noche con Castillo disfrutando de un tequilita.  Después del evento tuvimos la oportunidad de cenar con ella en el restaurante El Zócalo, en el centro de la ciudad de Chandler.  Ya más relajados y teniendo la compañía del Dr. Manuel de Jesús Hernández, la platica se trasladó a las manifestaciones de la cultura popular donde se ve reflejado el mestizaje de culturas incluyendo la árabe.

—Hay una canción que cantaba el Charro Avitia, de Martina que a los 16 años le juega chueco al hombre y el susodicho la regresa con su padre.  Eso es un reflejo de la cultura árabe.

Se habló del machismo, de las tendencias de la nueva narrativa chicana, de mexicanos y norteños, de la tradición literaria así como se compartió el lado humano de cada uno de nosotros.

—Son muy bonitos estos eventos Profe pero son una joda.

—Sí, la calidad cuesta mucho.

—A veces la gente cree que los escritores tenemos mucho dinero.

—¡A tu salud Ana!

—¡Salud!

EL LADO HUMANO DE ANA

Lo que más disfruté fue el conocer el lado humano de Castillo.  Una mujer nacida en Chicago, que vive en Nuevo México, donde tiene un rancho y sabe montar a caballo, trabajar la tierra y vivir una vida campirana que nunca pude imaginarme.  Le gusta vestirse moderna, me comentó que en cierta ocasión la criticaron por no haber hecho su presentación vestida de china poblana y con trenzas.

—Eso no quiere decir que haya traicionado mis raíces, soy una individua y a veces me gusta cortarme el pelo.

También descubrí que tiene familiares en la ciudad de México, que se considera estadounidense pero que a la misma vez abraza su etnia, ese mestizaje que nos ha hecho ser hijos del maíz.  Que cuestiona a las escritoras mexicanas que tienen apellidos como Poniatowska, Sefchovich, Krauze, y del otro lado de la frontera encontramos a escritoras como Cisneros, Castillo, Cota-Cárdenas, me comentó:

—Las morenitas estamos de este lado, respeto su trabajo pero considero que representan más bien la idiosincrasia eurocéntrica.  Te lo dejo de tarea.

Y de esta manera finalmente nos despedimos de Ana, una mujer con la prisa de pensar que la vida se nos pasa rápidamente y que es por eso precisamente que debemos de utilizar cada segundo de existencia para comunicar nuestro discurso.

Muchas gracias por tu presencia Ana, un beso grande de parte de todos nosotros, los migrantes que vivimos en este mentado valle del Sol.

© David Alberto Muñoz

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La palabra escrita como siempre fue el invitado de honor.  Nuestras vivencias o locas propuestas de alguna manera encuentran cabida en este extraño mundo de la literatura

Writing

Por David Alberto Muñoz

 

La Paz, B.C., México.-  Al igual que ocasiones anteriores salí del valle del sol con expectativas, tanto literarias como de amistad, e incluso, dispuesto a enfrentar adversidades que suelen ocurrir en viajes como este.  El día se antojaba ser algo lento en comparación con mi rutina diaria, en la que parezco ir a toda maquina para llenar cada una de mis obligaciones, ya que las manecillas del reloj nunca parecen alcanzarme.

Volé a la ciudad de San Diego, California para encontrarme con mi amigo de la escuela preparatoria o como decimos del otro lado, my High School friend, Manny, quién tuvo la amabilidad de llevarme a la frontera donde crucé a pie, y tomé un taxi para irme en un avión directo de Volaris hasta el lugar cede de las mentadas Lunas de Octubre 2012.

Llegada

Debo confesar que el servicio en Volaris es bastante bueno.  Te atienden con mucha amabilidad, y además, no te limitan las bebidas, cuestión importante para la mayoría de los escritores viajando a un encuentro literario.

Al llegar a la hermosa ciudad de La Paz, ya me estaba esperando el compañero Alfredo cuyo apellido no recuerdo (le pido disculpas).  Me recibió sonriente y de inmediato me trasladó junto con otros dos compañeros, Maya Lima y Víctor Luna hacia el hotel La Perla dónde estaríamos hospedados.

De inmediato principió la plática, las carcajadas, las anécdotas, la carilla, cada uno de estos elementos importantísimos dentro del desarrollo básico de los creadores de literatura. 

—¿Quién va a venir?

—¿Vendrá fulanito?

—¿Qué tal fulanita?

—¿Cuándo lees?

—Se me hace que  Diego Osorno no vendrá.

—¿De veras?

—¿Por qué no?

—Sepa…

Sin apresuramientos ni atrasos fugaces, llegamos a nuestro destino, no sin antes ser recibos por una ciudad que toma la vida con demasiado calma.  Preguntábamos en los restaurantes:

—¿Tiene que comer?

—Sí.

Pausa…

—¿Qué tienen?

—Déjeme ver.

 Otra pausa…

—Tenemos mariscos y pescado.

—¿Qué tipos de marisco?

Mil y una pausas…

—Déjeme ver.

¡¡¡ Nos lleva la chingada!!!  Gritábamos todos aquellos que vivimos en ciudades donde la rapidez ya no es una ventaja, sino una necesidad.

Al poco rato todos los compañeros poetas, narradores, ensayistas principiaron a llegar.  Hubo abrazos, bromas, mentadas de madre, besos, propuestas indecorosas, remembranzas nunca vividas, intentos fallidos, recuerdos ahogados, vivencias esperadas.  Y dentro de este marco, donde compartíamos el momento otorgado por la vida, y entonando canciones, daba principio el Noveno Encuentro de Escritores Lunas de Octubre 2012.

La atmosfera

Una de tantas noches decidí caminar por todo el Malekón.  Deseaba palpar el latir nocturno de la ciudad.  Automóviles transitaba con lentitud tocando el claxon.  Jovencitos disfrazados de Ninjas, brujas sexis, the Village People, hadas con cuernos o diablos con aura, se mezclaban en un vaivén de palabras, gritos y explicaciones.

—¡Hey!  ¿Tienes un cigarro?

—¡Qué chulo estás papacito!  Déjame ver ¿no?  Para decidir si te doy raite.

—¡Qué chulas piernas negra!  Me gustas.

Las hermosas mujeres se mostraban con aires de realeza.  Maquilladas casi al natural lucían sus morenos rostros, pintados por sus despampanantes figuras mientras que los varones no podían ocultar su excitación al estar ante las susodichas.

En ciertos bares se juntaban algunos para cantar con el karaoke.  La voz de la juventud expresando lo que todos en su momento hicimos, desear perdernos entre copas una noche para alcanzar un éxtasis que nunca llegó. 

Las lecturas

Hubo de todo, humor, drama, teoría, enfado, sorpresa, poesía cargada de pasión, narraciones breves con mil significados, homenajes, presentaciones de libros, editoriales, debates, así como propuestas y  mucha poesía.

Edmundo Lizardi, patriarca de las Lunas, ofreció homenaje junto con Armando Alanís y Miguel Ángel Quemain al recién fallecido Daniel Sada.  Enrique Serna presento una conferencia inaugural sobre Los géneros malditos: el orden y la aventura en la creación literaria.  Eduardo Antonio Parra, disertó sobre Escribir desde el norte de México, y participaron, Miguel Ángel Chávez, Lizette Álvarez, Nora Lizeth Castillo, Conchita Cabrera, Elizabeth Cazessús, Lilia Angélica Martínez Mena, José Alberto García Lozano, Roberto Castillo,  Gabriela Magallanes Flores, Mauricio Salvador, Alejandra Ibarrola Castro, Rosa María Peraza, Miguel Reinoso, Julio César Félix Lerma, Edna Aponte, José Lozano Franco, Enrique Servín, Gilberto Lastra Guerrero, Francisco Luna, Elpidia García Delgado, Ricardo Vigueras Fernández, Jorge Humberto Chávez de León, junto con los residentes de La Paz, Esteban Beltrán, Olgafreda Cota, Mara Beltrán, Ramón Cuellar, Rubén Rivera, Juan Pablo Rochín, Edith Villavicencio, Keith Ross, Ana Rosshandler, María Guadalupe Nuño, Gabriel Rovira, Sandino Gámez, Rafaela Vizcaíno, y cada uno de los compañeros ya antes mencionados.

Si se me pasó alguno pido disculpas, no fue a propósito.

La palabra escrita como siempre fue el invitado de honor.  Nuestras vivencias o locas propuestas de alguna manera encuentran cabida en este extraño mundo de la literatura.  Cosmos de personajes encontrados más allá de la metafísica humana.  Ya que algunos se esconde detrás de mitos mal creados, ofensas injustificadas, deseosas manoseadas, fulminantes balazos tirados por la palabra, la palabra que no deja a nadie en paz.  Esa palabra que todos escribimos, ya sea en cuento, poesía, ensayo, crónica, o combinación de cada una de éstas, pero que permanece no sólo en nuestros corazones sino también en papel, para que tal vez, las futuras generaciones puedan leer y descubrir lo que muchos estamos descubriendo:

Sin palabra no hay movimiento, sin moviendo no hay aire, sin aire no hay vida y sin vida no puede haber literatura.

Continuará…

© David Alberto Muñoz

 

***

De pronto, un ruido infernal se escuchó.  Era como si el fin del mundo llegara.  A lo mejor tenían razón, el mundo se va acabar… Todo temblaba, se escuchaban risas, cajas volando por el aire una tras otra, maldiciones… mientras yo y la Enana nos refugiábamos la una con la otra.

 

¿Secuestro?

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Llegaron de repente sin previo aviso.  Eran unos hombres altos, fornidos, con rostro de sargentos.  Comenzaron a llevarse todo de la casa, los muebles, las cajas de libros, los adornos, todo, absolutamente todo. 

A nosotras nos metieron en un closet y nos dejaron ahí casi todo el día.  Sólo escuchábamos el sonido de gente entrando, saliendo; levantaban cosas, las aventaban para no sé dónde. 

Me dio mucho miedo.

Por momentos el silencio parecía reinar, la Enana y yo, porque a las dos nos encerraron en el mismo closet, intentábamos abrir la puerta pero no pudimos.  Solamente nos volteábamos a ver preguntándonos qué había pasado.  Fueron momentos muy tensos.  No sabíamos qué estaba ocurriendo.  Todo estaba pasando con demasiada rapidez.  Gente entraba y salía.  Agarraban lo que tenían enfrente y se lo llevaban.  Incluso a nosotras nos tomaron por la fuerza y literalmente nos aventaron en ese pinche closet.

¿Qué estaba sucediendo?

No sabíamos…

El tiempo pasaba… y nosotras encerradas en un closet de nuestra propia casa…como que de pronto hasta nos empezábamos a quedar dormidas y otra vez… el ruido, el escándalo, las carcajadas.

—A lo mejor nos secuestraron—me dijo la Enana.

—Sí, a lo mejor—le respondí.

No sé cuánto tiempo pasó. Fueron horas, estábamos cansadas, con hambre y sed, además ya teníamos ganas de ir al baño.  Nos sentíamos bien mal.  ¿Dónde estaba la familia?  ¿Qué había pasado?  ¿Qué iba a suceder?

De pronto abrieron la puerta del closet.  Nos arrojaron en una jaula y nos subieron en un camión que tenía algo escrito pero no pudimos leerlo. 

¡Sí, nos encerraron en una pinche jaula como animales!

Nos pusieron comida en un plato y algo de agua.  La Enana y yo comimos.  Teníamos mucha hambre.  No sé otra vez por cuánto tiempo pero nos llevaron a un lugar extraño.  Quizás los mismos ruidos que escuchábamos cuando llegaron a la casa los volvimos a oír.  Gente entrando y saliendo, moviendo cosas, haciendo preguntas que no entendíamos.

—¿Dónde pongo esto?

—Pregúntale al jefe.

—La conexión de la secadora es de cuatro no de tres.

—Hay que bajar el piano.

—Cuidado con esa caja, tiene cosas delicadas.

—Ten cuidado cabrón.

¿Qué estaba pasando?  No podíamos entender.

El miedo se convertía en terror, el terror en pánico, y el pánico nos tenía literalmente paralizadas. 

Bruscamente, nos dejaron salir de la jaula en una casa que no conocíamos.  Fue algo muy raro… 

Todavía me pregunto ¿por qué?  ¿Cómo?  ¿Cuál fue el propósito?

De inmediato empezamos a investigar dónde estábamos.  Era una casa  grande.  Nos dejaron la puerta abierta del patio de atrás.  Otra vez, no sé por qué.  Pudimos haber escapado, todo era muy confuso. 

Había extraños olores que creo nunca habíamos percibido.  La Enana y yo solamente volteábamos a vernos con ojos de sorpresa.

—¿Qué harían con la familia? —cuestionó la Enana.

—No sé—respondí.

—¿Los vamos a volver a ver?

—¡No sé! —grite con mucha desesperación.

De pronto, un ruido infernal se escuchó.  Era como si el fin del mundo llegara.  A lo mejor tenían razón, el mundo se va acabar este año.  Los mayas lo predijeron.  Todo temblaba, se escuchaban risas, cajas volando por el aire una tras otra, maldiciones, gente empujándose una a la otra, todo parecía obscurecerse… mientras yo y la Enana nos refugiábamos la una con la otra.

Ya nos llegó el fin Enana… nos vamos a morir…

*** 

—Minina… Enana… ¿dónde están mis gatas lindas?

—Ahí están Mamá… pobrecitas, se han de haber asustado mucho.

—Todo va estar bien.  Tranquilas, vengan para acá.  Lo qué pasó es que nos cambiamos de casa.  Pobres gatas, no conocían otra casa más que la que dejamos.

¡AH!  Nos cambiamos de casa… ¿Enana?  ¿Escuchaste? 

—Miau…

Creo que ya entendí…

—Miau…

Somos gatas, y nuestros dueños se cambiaron de casa.

© David Alberto Muñoz

 

***

Miro los cuerpos modernos, se mueven desafiando sus espacios como cada generación, utilizan los medios al alcance de sus manos, representan a un México que desea dejar atrás el melodrama impuesto por las películas de Sara García y Andrés Soler…

Recuerdos de Tlatelolco

Por David Alberto Muñoz

 

El recordar la tragedia de Tlatelolco es el acordarme mi niñez, de la calle Cuarta de Cajamarca número 12, Fraccionamiento Las Américas, Naucalpan Edo. de México.  Es el volver a vivir la expectativa de recibir las Olimpiadas en nuestro México de antaño.  El imaginar un mundo casi perfecto, un cosmos incrustado en la mente de un niño de 10 años de edad que salía todos los días a jugar a las calles, una persona que eventualmente asistió a la Unida Naucalpan del CCH, Colegio de Ciencias y Humanidades, que estaba localizado junto al Bosque de Los Remedios, donde varias veces nos íbamos a jugar botella con las muchachas de la época  quienes de alguna forma, parecían ser más liberales, al menos en nuestras mentes, ya que estaban dispuestas a darse un beso en la boca con alguien que en ocasiones acababan de conocer.

Recuerdo el haber visto una gran cantidad de jóvenes en cola o haciendo línea, que iban en dirección precisamente a Tlatelolco.  Moceríos de chavos con su cultura Hippie, su pelo largo, su morral al hombro, algunos cargando la guitarra, mientras las jovencitas lucían sus piernas para el gusto de todos los varones, la minifalda era la reina de la nueva generación, los brasiers se habían quemado antes de salir del aposento académico.  Eran tiempos de revolución, no sólo política, sino sexual, rolaba la mariguana, el acido, las pastas, todo mundo con lentes oscuros intentaba hacer el amor y no la guerra, y mi generación a la cual llamo una generación perdida, simplemente observaba con ojos de púbero caliente como el movimiento estudiantil del 68 iba a su destino final.

Estas imágenes no han podido desaparecer de mi memoria.  Cuando miro las fotos de la juventud actual y el movimiento YO SOY 132, es imposible no encontrar paralelos, y ejercer un juicio crítico mientras observo a una nueva generación intentando plasmar en las historia su sueños, sus rebeldías, su huella.

En muchos aspectos es quizás lo mismo, el deseo de un pueblo por encontrar justicia social dentro de un sistema que ya está entrando en su vejez.  Por otro lado, sí existen nuevas dimensiones, la sangre joven de México posee una visión distinta a la de la cultura Hippie, son jóvenes tecnológicos, creados a la usanza del nuevo siglo; muchos nacieron cuando la computadora ya era la reina de la comunicación humana, cuando el Internet, dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad vital del mundo contemporáneo.

Miro los cuerpos modernos, se mueven desafiando sus espacios como cada generación, utilizan los medios al alcance de sus manos, representan a un México que desea dejar atrás el melodrama impuesto por las películas de Sara García y Andrés Soler, son una visión de un mundo en proceso de desarrollo, pero prisionero de sus propias fuerzas culturales y políticas, el vale madrismo,  el pinche machismo que sobrevive, un conformismo amputado, una aristocracia vendida, un Telesistema Mexicano convertido en Televisa, un canal 13 cultural hecho Televisión Azteca donde hay más anuncios que programación, donde el alimento que se da a nuestra sociedad actual es el chisme de la farándula, porque a mucha gente ya no le gusta leer, prefieren la noticia ya cocida, preparada en un caldo para satisfacer el hambre morbosa que es el resultado directo de la falta de una verdadera educación cultural.

Mas de la misma manera que observo este panorama no tan agradable, miro las fuerzas juveniles que ya están tomando la pluma en sus manos (o computadora para ser moderno y relevante), y están escribiendo su visión del mundo que les tocó vivir.  Sus voces ya son parte de la historia de México, un México que sigue riéndose de la propia muerte, un México encarcelado por la violencia,  un país donde todavía todo mundo hace una tregua para echarse unos tacos,  una nación que todavía canta a sus amores, sus tristezas y sus logros.

Es el México visto desde mi colina.

A continuación comparto el cuento El Chilaquil Ayala, escrito en 1998, parte de la colección de cuentos Calzadas Humanas, publicado por Orbis Press.  En el mismo se trata el tema de la matanza de Tlatelolco.  Cuando lo escribí se conmemoraban 30 años del suceso.  Este año celebramos 44 abriles desde aquel trágico día del dos de octubre de 1968. 

Considero que todavía está vigente.  Lo único que deseo es que con el paso del tiempo se pueda leer como un pasado remoto, y no como algo que todavía puede suceder en México.

¡Viva México cabrones!

© David Alberto Muñoz

 

 

 

El Chilaquil Ayala
Del libro Calzadas humanas. Orbis Press, 1998. Revisado y aumentado
Por David Alberto Muñoz
 

¿Cómo explicarle señor?...

Pues verá usted, en 1965 mi familia y yo llegamos al D.F.  No crea que éramos unos provincianos mensos, no seríamos ningún Fidel Velásquez pero tampoco nos podían hacer pendejos con tanta facilidad.  Muchas veces lo qué piensan los defeños es que todos los que venimos de la provincia somos unos idiotas.  Cuestión que no es cierta. 

Cuando llegamos a la capital lo que nos impresionó muchísimo fue ver tanta gente.  

Parece ser que la ciudad de México es una fábrica de gente a chorros. Por todos lados que volteábamos salía gente.  A mí en lo personal me encantaba ver a las muchachas.  Era la época de la minifalda, usted se ha de acordar.  Recuerdo que a veces me metí en unos líos por andar de mirón, y otras pues también saqué buena parte. 

Pero oiga usted, como solía decir Paquito Malgesto, ¿se acuerda usted de él?  ¿Ya se murió qué no? Bueno, pues como decía él, oiga usted, a quién le dan pan que llore, ¿qué no fue el famoso  escritor Oscar Wilde el que dijo? : "¿Para qué me ha dado Dios los ojos, si no para admirar la belleza de su creación?" 

No hombre, había millares de jovencitas, con unas piernas preciosas, era la época de la revolución sexual, se quitaban los brasieres y los quemaban en la explanada de la Prepa.  ¿Y a poco a los hombres no nos gusta mirar?  Bueno, no solamente nos gusta mirar, entre otras cosas también nos gusta tocar a las chavas, sólo que seas de los otros, ¿qué no?  Bueno dicho con el debido respeto, porque también en mi casa hay uno de esos.
 
Pues como le decía llegamos en el 65. 

Yo me llamo Juan Ayala pero me dicen el Chilaquil Ayala, porque mi mamá siempre me daba chilaquiles de almorzar y cuando estaba lista la comida me gritaba:

—¡Chilaquil,  Chilaquil!

Y yo era el primero en llegar a la cocina. 

Mi madre me decía:

—¡Ya llegó el Chilaquil Ayala! 

Y pues se me quedó el apodo.  Ya ve usted como somos los mexicanos para eso de poner apodos.
 
Pues la mera verdad nos venimos por hambre a la capital...

Nosotros somos de Querétaro, apenas entrando a la ciudad.  ¿Conoce usted?  Ahí a un ladito del acueducto, junto a la tienda de Don Serafín, el que vende productos norteamericanos.  Pinche Don Serafín, vendía tan caro, que dizque sus productos venían del otro lado, que quién sabe qué.  A mí se me hace que era un sinvergüenza, era chilango de nacimiento, qué carajo.  Bueno, dicho nuevamente con el debido respeto.  No se vaya a dar usted por enterado.
 
Pues como le decía, no había trabajo, estábamos pasando hambres que para que le cuento.  Al Chilaquil Ayala se le acabaron sus chilaquiles.  ¡Qué la chingada! ¿Puede usted imaginar no tener ni siquiera para comprar unas pinches tortillas?  Ya ni sabíamos qué hacer.  Había días en los que nos la pasábamos  no ‘más pensando en la comida.  El hambre es cabrona mi amigo, cuando la gente tiene hambre las cosas se ponen feas.  El pueblo puede estar chingado, fregado, como lo hemos estado todos los mexicanos por tanto tiempo, pero mientras haya comida nos calmamos.  Pero eso sí, que no falte el refín,  porque cuando falta la papa, las cosas se ponen al rojo vivo, y le vale a uno madre todo, lo qué quiere uno es comer, a la chingada con el país, con las viejas, y duele decirlo, pero a veces también la misma familia vale madre… Esto invita a la violencia, a la anarquía, al desorden social de las naciones…estas palabritas las aprendí ahí en la UNAM  precisamente.  Todos los estudiantes decían que la anarquía era peligrosa.  Que el pueblo estaba verdaderamente aislado de la acción política.  Que no teníamos ni voluntad ni opción de entrar de lleno en las decisiones políticas de nuestra nación.

—¡Ay sí, no mames!
 
No se crea, puro cotorreo, ya en serio, en aquella época yo simplemente estaba rete contento de estar en la capital, de ver tantas piernas bonitas, y de tener la oportunidad de estudiar una carrera.  Lo del Movimiento Estudiantil fue algo así como un proyecto extra.  Yo sé que hay gente que me diría que me faltó conciencia política y chingadera y media.  Pero la verdad  yo no supe de dónde vino todo el desmadre.  Tenía apenas 16 años, por más conciencia política que usted me diera, no dejaba de ser un pinche mocoso.  

No ‘más me acuerdo de haber desfilado en la del Silencio, de haber llegado al Zócalo, y de estar precisamente el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas.
    
Lo que sí está muy grabado en mi mente es que entre nosotros, los verdaderos estudiantes, los que estábamos en primero o segundo año, el Movimiento  significó más que nada una unidad bien chingona, se logró unidad entre todos los estudiantes.  Todos trabajábamos, todos cooperábamos.  Salíamos en brigadas, andábamos de torteros con las chavas, pues tú sabes, echando novio y a la vez nos sentíamos que éramos partícipes de algo muy especial.  Al menos al nivel en el que yo estaba.  Había aquellos cabrones como Cabeza de Vaca, Luis González de Alaba, El Búho, la Tita y la Nacha, esos locos andaban bien metidos en todo el pinche Movimiento. 

En los famosos mítines yo no entendía de qué hablaban.  Era un griterío, no se sabía ni quién estaba hablando ni de qué se estaba hablando.  A mí me gustaba más andar en la  calle, que volanteando, que colectando dinero para la tinta, con los cuates, con las chavas en los camiones, respirando el aire contaminado de nuestra linda capital.
 
El 2 de octubre yo llegué muy temprano a Tlatelolco.  Sería como eso de las seis o siete de la mañana.  Ya había algo de gente. Unos locos andaban con aires de delirio de grandeza, que eran representantes del CNH, usted se ha de acordar, el Consejo Nacional de Huelga, y que tenían el mandato de mantener  el orden.  Eran unos pinches jovencitos cabrones igual que yo en aquella época, cuando mucho diecinueve años. ¡Ah! Pero eso sí, como tenían verbo, eso es algo que al chilango le sobra, la palabra, ojalá pudiéramos dejar de hablar tanto y principiáramos a ser honestos con nosotros mismos.

Me acuerdo que recorrí la explanada pretendiendo ser uno de los líderes, y hasta me eché un discursito, acá a la zorra. Solamente, para calentarme un poquito los ánimos.  El día se fue como agua, sabíamos que habían programado una manifestación en el casco de Santo Tomás para más tarde.  A eso de las once la gente comenzó a llegar. Era un chingadero de gente la que estaba en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. 
 
Existía un ambiente a todo dar antes de que todo empezara; yo creo que es verdad lo que dicen algunos, el 2 de octubre perdimos nuestra inocencia como nación. Dejamos de ser adolescentes para convertirnos en adultos. Pero yo nunca voy a lograr borrar de mi mente el sentimiento de serenidad, de calma, de quietud, que la mera verdad yo nunca he vuelto a sentir.  Hombres, mujeres, niños, jóvenes junto con ancianos estábamos ahí, como en un domingo en el parque de Chapultepec.
 
Alrededor de eso de las cinco o seis de la tarde el ambiente estaba en todo su apogeo. Toda la gente esperaba algo, creo que ya no nos importaba lo que pasara, bueno, al menos eso pensábamos en aquel momento, estábamos simplemente contentos. Levanté los ojos al cielo y pude ver unas luces verdes de bengala.  Pensé, que cabrones los líderes, hasta fuegos artificiales consiguieron, ¿cuánto les costaría? No pasó un segundo más después de haber visto aquél espectáculo en los cielos, cuando se dejó venir  el terror, la muerte y la sangre sobre nosotros. Balazos, gritos, empujones,  gente corriendo, ruido, granaderos, soldados, policías, los del guante  blanco, plegarias a la virgen, maldiciones al ejército, a los estudiantes, a Dios mismo, una anarquía total fue lo que reinó a partir de aquél callado  segundo suspendido en el tiempo cuya memoria jamás podré borrar.  Ni en el mejor libro de texto hubiera podido ver en carne propia lo que significa la crueldad humana desatada por órdenes de algún cabrón que se sintió  prepotente.

 Mis compañeros me gritaban:

—¡Chilaquil agáchate!

—¡Chilaquil  por allá no!

—¡Chilaquil ayúdame!

—¡Chilaquil no me dejes¡

—¡Chilaquil me muero!

—¡Chilaquil por tu madrecita sácame de aquí!

—¡Chilaquil ¿qué pasa? 

—¡Chilaquil mi niño, mi madre, mi papá, mi abuelita, mi esposa!

—¡Chilaquil!

—¡Chinga tu madre!
 
Usted ha de dispensar el lenguaje coloquial pero no puedo aún entender lo qué pasó en Tlatelolco, estuvo retefeo; los soldados llegaban con bayonetas y no les importaba  si éramos hombres, mujeres o niños,  al parejo nos daban. Jalaban a las mujeres de los pelos, las empujaban para abajo, las manoseaban como aprovechando la oportunidad. 

A nosotros nos agarraban de los huevos para callar nuestro grito de desesperación.

Yo le pregunto distinguido: ¿Cómo es posible cometer tanta injusticia con gente que la mera verdad en muchos de los casos no tenían vela en el entierro?
 
Yo corrí como loco por toda la plaza, no sé ni a dónde. Miré cuerpos tendidos  alrededor de toda la explanada. Helicópteros volaban sobre nosotros lanzando  cañonazos con pólvora de odio y cizaña. Escuché niños llorando llamando a su mamá; escuché madres desesperadas llamando a sus hijos; contemplé ancianos siendo literalmente aplastados por la multitud que corría desesperada a lo largo de toda la plaza. 

La gente caía y caía, una tras otra sin pauta alguna… Jamás se levantarían… sus cuerpos quedarían clavados a las puertas de la Iglesia, puertas que no se abrieron aún al saber lo qué estaba pasando. Vi columnas de hombres y mujeres derribarse a balazos. Miré como los ideales del movimiento se convirtieron en cenizas en polvo, en sangre embarrada en las paredes de todo Tlatelolco... 

Mucha gente murió el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas.
 
Si usted me pregunta que hizo el Chilaquil Ayala… la mera verdad… el Chilaquil Ayala no hizo nada… absolutamente nada… Sólo pudo sobrevivir gracias a Dios.

Tener miedo es muy canijo mi amigo. El terror a no poder controlar la situación, el pánico al ver tanta muerte alrededor de uno… chingada madre…, eso no se puede olvidar. El Chilaquil dejó de existir en aquél día nefasto para México.  Y no sé crea que quiero sonar cursi, ni nada. Pero es la mera verdad.  Me acuerdo que cuando llegaba a la cocina después de escuchar que mi madre me llamaba, cómo me hacía fiestas. Usted sabe, yo jugaba que ¡aquí está el Chilaquil Ayala, el defensor de los pobres! ¡El gran, el único, el que cambiará al mundo!

La mera verdad el Chilaquil Ayala no pudo hacer nada…
 
El próximo año ya van a ser más de 44 años de lo que pasó en Tlatelolco.  Ojalá haya servido de algo; ojalá los mexicanos podamos aprender algo bueno de aquella lección tan dura.

Por mi parte yo me quedé a vivir en la capital. En la colonia Roma, ahí tiene usted su casa. Me casé con una muchacha que se ponía minifaldas, y ahora yo no quiero que mis hijas las usen. Dejé de ser joven para convertirme en adulto. Sabe usted, ahora que estoy más viejo creo que es importante reflexionar cuidadosamente, y más que nada, ser honestos con la gente, con nosotros mismos, y ver verdaderamente qué fue lo que pasó, y la mera verdad, lo qué pasó, a mí no me gusta recordar. . . 
 
© David Alberto Muñoz
 

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Si el cine es un reflejo de nuestra sociedad.  Sí, hemos cambiado, el cuerpo humano continúa siendo expuesto artísticamente en films con la intención de expresar un concepto artístico, o erótico, con el fin de entretener, o también con la idea de llenar necesidades humanas que tal vez es lo único que no ha cambiado en el último siglo.

 

Desnudos del cine mexicano

Por David Alberto Muñoz

 

El desnudo femenino es  ya una parte integra del desarrollo del film en México.  Es casi inconcebible que en la actualidad una película no tenga por lo menos un desnudo o una escena erótica de acuerdo con la temática que se esté tratando. 

De acuerdo con Juan Cervera Sanchís, el desnudo en la historia del arte tiene una muy antigua tradición.  Bastaría recordar Las tres Gracias, de Rafael; La Venus del Espejo, de Velásquez; La Maja Desnuda, de Goya, y tantas otras beldades desnudas que los grandes maestros nos han obsequiado.

Dentro del cine mexicano, encontramos desnudos desde los años treintas, con el ya clásico desnudo de Consuelo Frank en la historia original de Vicente Riva Palacio, Monja, Casada, Virgen y Mártir, en adaptación, diálogos y dirección de Juan Bustillos Cros.

Veinte años después se muestran semidesnudos, en el año de 1952, Rosa Carmina, nos muestra sus seductoras piernas y su espléndido y escultural cuerpo en La Diosa del Thaití; ese mismo año, Lilia Prado, juega a la tentación y enseña parte de sus virtudes físicas en la cinta Cuarto de Hotel.

De la misma manera recordamos a despampanantes mujeres como Ana Luisa Peluffo, María Feliz, Columba Domínguez, Silva Pinal entre otras, que fueron pioneras en el arte de mostrar sus cuerpos ante la cámara.

Más adelante, encontramos a las hembras que me tocó ver dentro de mi generación, Julissa, Jaqueline Andere, y el único desnudo que hizo en la película La noche violenta. Isela Vega, Helena Rojo, Meche Carreño ,y quizás el clímax del desnudo femenino dentro del cine nacional, cuando Sasha Montenegro apareció en las pantallas de las salas cinematográficas, junto con toda la corriente de las sexy-comedias llevándose a cabo dentro de la historia del cine mexicano.

Y a todo esto cabe preguntar: ¿Qué tanto ha cambiado nuestra sociedad?  A principios del siglo XX en México reinaba un ambiente de puritanismo.  Un puritanismo que llegaba a la hipocresía siempre y cuando se hicieran las cosas a escondidas.  Estaba establecido fuertemente el ideal de una familia.  Siendo esta una familia tradicional, eurocentrista, hombre, mujer e hijos.   El cuerpo era visto como un instrumento que bien podía ser usado por el “mal” para provocar e incitar al “pecado” sexual. 

A su misma vez, existen hermosas fotografías de las grandes divas mexicanas mostrando sus cuerpos desnudos.  En dichas fotos, la belleza femenina es el centro de la concepción artística.  Tal noción resultaba y resulta todavía actualmente para ciertas personas, una invasión a la llamada “decencia”, un ataque a las “buenas costumbres”, o simplemente a la “moral”.

Michael Foucault en su libro The History of Sexuality, (La historia de la sexualidad) Volumen 2, nos dice que la moralidad está anclada en elementos ambiguos.   Ya que todos entendemos la moral como una serie de reglas y juicios ejercidos por una institución, estatal, religiosa, educacional etc., de donde surgen principios y valores doctrinales.  El problema no es en sí las reglas a seguir, más bien, es que ya llevado a la realidad humana, nuestro comportamiento humano muchas veces rompe con dichos principios netamente dogmáticos, ya que existen muchas variantes, muchos elementos de contrapeso que llevan al individuo a decidir muchas veces un comportamiento ético muy distinto al ordenado.  Lo que Foucault llama: “the morality of behaviors” (La moralidad de los comportamientos). 

¿Alguna vez has hecho algo que desde niño te dijeron era “pecado”, como mirar desnudos?

Es entonces cuando los juicios morales pueden ser evaluados por la conducta humana, es una concepción de la ética que nos dice que ciertas cosas son “buenas”, y otras son “malas”. 

Sin embargo, existen distintas formas de comportamiento, y como individuos actuamos de manera distinta creando un discurso alternativo pero sin borrar la “moralidad” establecida por todas las instituciones antes mencionadas.  Todos hemos roto dichas reglas sobre todo en nuestra juventud.  Lo curioso es que muchas veces cuando nos llega la edad nos volvemos más intolerantes ante este tipo de manifestaciones porque nuestra visión parece envejecer junto con nuestro cuerpo.

Muchos pensadores consideran que es mejor hacerse la pregunta que Sócrates se hizo hace más de dos mil años: “¿Cuál debe de ser mi carácter moral?  ¿Cuáles son las verdaderas virtudes que debo poseer?”  De pronto, lo importante no es decidir qué es bueno o malo.  Cada generación decide de acuerdo con sus experiencias, retos, rebeldías y demás. 

En lugar de querer imponer una ley moral sobre todo el planeta, sin tomar en cuenta, culturas, tradiciones, y lo más importante, reacciones personales,  debemos ver más allá de la superficialidad de los dogmas establecidos, reconociendo las individualidades, y sin juzgar las manifestaciones artísticas expresadas como inmorales, sin conocer realmente el trasfondo humano y artístico de dichas creaciones.

Un cuerpo desnudo es parte de la vida humana, de la misma manera que un animal muerto en  medio de la calle, un niño en los brazos de su madre, un pedazo de basura junto a un rosal, todo, absolutamente todo es parte de la experiencia humana.  Y debajo de nuestra ropa, todos estamos desnudos, todos tenemos los mismos cuerpos, quizás unos con más peso que los otros, con miembros más grandes o pequeños que otros, pero al final de cuentas es nuestro cuerpo, y el cuerpo humano también necesita encontrar una expresión artística.

Sin cuerpo no hay vida humana.

Si el cine es un reflejo de nuestra sociedad.  Sí, hemos cambiado, el cuerpo humano continúa siendo expuesto artísticamente en films con la intención de expresar un concepto artístico, o erótico, con el fin de entretener, o también con la idea de llenar necesidades humanas que tal vez es lo único que no ha cambiado en el último siglo.

El cuerpo  femenino es hermoso, si pudiéramos quitarnos todo el morbo que muchas veces es provocado precisamente por el discurso dogmático, apreciaríamos más las expresiones artísticas de directores, pintores y escultores que intentan proyectar una visión distinta del cuerpo humano.  Siempre me he preguntado ¿por qué se le llama arte cuando se pinta o esculpe, y se le dice pornografía cuando se filma? 

He aquí esa ambigüedad mencionada por Foucault.

“Un cuerpo aloja una vida. Y un corazón la acaricia”.  José Narosky

© David Alberto Muñoz

 

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Me miró con rostro de juicio.  Me tomó de la mano y me llevó a un rincón de mi tierra donde podía ver un valle.

Matamoros

Un relato

Por David Alberto Muñoz

 

Me llamo José María Matamoros.  Soy de una  región de Extremadura, España.  Somos una comunidad autónoma española.  Desde la edad media se ha disputado mi territorio con Portugal.  Mucha sangre se ha derramado.  Los árabes llegaron por el sur.  Casi conquistan toda España.  Muchas huellas musulmanas permanecen.

Las mujeres corrían asustadas con sus hijos en los brazos.  Los hombres salían a pelear con cuchillos, palos de madera, con lo que encontraban.   Todo mundo corría, y los Moros parecían oscurecer el color de toda la comarca.

Yo le pregunté a mi papá: “¿Por qué me llamo Matamoros?”

Me miró con rostro de juicio.  Me tomó de la mano y me llevó a un rincón de mi tierra donde podía ver un valle.

—Los moros invadieron la Península Ibérica en el año 711.  Llegaron con aproximadamente 20.000 hombres, durante el reinado del rey visigodo Roderick.   Sólo el norte montañoso continuó en poder de los españoles.  Mucha gente peleó en contra de ellos.  Cuando salían a la batalla, la gente les gritaba ¡Mata Moros!  ¡Mata Moros!  Y así fue como nuestro apellido se hizo parte de nuestra tradición.

No me gustó la respuesta.  ¿Por qué había que matar Moros?  ¿Por qué existen los Moros?  ¿Quiénes son los verdaderos Moros?

Yo no entendía nada.

Durante el extenso período de su dominio, los Moros supieron separar la religión de la ciencia, lo que permitió que esta última avanzara, en contraposición a lo sucedido durante la Edad Media Cristiana.

Sus notables médicos comprobaron el modo de impedir la propagación de las epidemias mediante el aislamiento de los pacientes afectados.

Importaron de Egipto un sistema de numeración sumamente completo. La palabra álgebra proviene del árabe.

Realizaron obras de irrigación extraordinarias, ya que como hombres del desierto apreciaron la riqueza que significaban las llanuras costeras.

¿Por qué había que matar Moros? 

Nunca lo entendí.

Creo que es parte de nuestra naturaleza humana.  Matar, matar y matar…ya sean Moros, Cristianos o Judíos…la cuestión es matar.

Me llamo José María Matamoros, pero nunca he matado un Moro.

© David Alberto Muñoz

 

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El mundo está verdaderamente loco, y cada loco con su tema, y muchos están dispuestos a morir o lo que es peor, matar por sus ideales.

Locura

Por David Alberto Muñoz

 

El mundo se está volviendo loco.  No que antes no lo estuviese pero de pronto todo parece empezar a desmoronarse.  Ayer desperté con la noticia de que el embajador de los Estados Unidos en Libia fue asesinado.  No se sabe a ciencia cierta quienes fueron los perpetradores de dicha acción.  Lo que sí sabemos es que ciertos grupos musulmanes se enojaron porque una película de dos horas realizada en Estados Unidos y promovida por coptos—es decir, cristianos egipcios—residentes en el país norteamericano, critican a Mahoma, el profeta del islam.  Fuentes de otras agencias de noticias dicen que en el film se muestra a Mahoma teniendo sexo y dudando de su llamado celestial.  Cuestión que me parece razonable, ya que el profeta se casó con varias mujeres y como ser humano ¿quién no ha tenido dudas en la vida?

Siempre he sido un ferviente creyente en la libertad de religión.  En cada una mis clases pugno por la tolerancia, es más, por la validación total de fes totalmente ajenas a la mía.  Sin embargo, debo de decir que me parece ridícula la reacción de muchos musulmanes radicales que posiblemente debido a sus condiciones de opresión política, económica y social, degeneran en una violencia fundamentalista que hemos visto en todas las religiones durante la historia humana.

Todas las creencias humanas han sido perseguidas, y a la misma vez, todas las convicciones han matado en nombre de su “Dios”.  Parece haber una terquedad dentro de cada círculo religioso por sentirse poseedores de la “verdad”, y lo peor es el estar dispuestos a matar en nombre de Alá, en nombre de Cristo, en nombre de Shiva, en nombre del Tao, en nombre del “yo estoy bien y tú estás mal” punto.

Todas las creencias humanas tienen aspectos positivos, sí, existen muchas diferencias teológicas, filosóficas, aspectos de cultura, socioeconómicos, incluso antropológicos.  Sin embargo, en más de 20 años de estudiar las religiones del mundo, no he encontrado una que desee la infelicidad de la raza humana.  Cada una de ellas, a su modo, intenta presentar una respuesta a los problemas nuestros.

De igual manera, tenemos que tomar en cuenta el elemento de la libertad de expresión, la libertad artística, donde es vital respetar las expresiones humanas del arte.  Se han hecho películas sobre Jesús, donde se dice que tuvo sexo con María Magdalena (The Last Temptation of Christ, 1988), es más, en ciertos círculos este es un principio religioso (Mormonismo).  Y no dudo, que la simple mención de este asunto, levante enojo por parte de muchas personas que se indignan que uno no esté de acuerdo con ellas.

Tal vez, ese es el sentimiento que algunos seguidores de islam poseen.  Mucho se dice que el islam no ha tenido un movimiento de reforma.  Por siglos y siglos aquellos que se someten a Alá, han tenido una enseñanza encerrada en cuatro paredes.  Y considero que desafortunadamente en las tres religiones monoteístas de occidente, prevalece esa idea de tener la razón, de que todo mundo está equivocado, de que es necesario adoptar los principios del Torá, la Biblia o el Corán, para tener “verdadero” acceso a lo divino, adoran las escrituras en lugar de adorar al dios del cual habla cada religión.

Y a todo esto agréguenle que también existen otros grupos que bien pueden ser definidos como una religión, ya que son un sistema de creencia, los ateos, los agnósticos, el panteísmo, el deísmo, o el apateísmo (agnosticismo apático), por mencionar sólo algunos.

Los humanos somos seres diminutos que en ocasiones pensamos somos lo más importante en el universo, un universo que ni siquiera conocemos.  Nos cuesta mucho trabajo no solamente aceptar al prójimo que piensa distinto que nosotros, sino más aún, tolerar al loco de la esquina que trae sus viajes de hechicería, magia blanca, antropología simbólica, Santería, Vudú, Wicca, magia sexual, entre tantas otras.  Ellos también merecen respeto, ¿o no?

El mundo ya está loco desde el principio,  Si necesitamos fe para creer que el salvador del mundo nació de una virgen, murió crucificado y resucitó, o que el profeta de islam voló en su caballo, llamado Borak, desde La Meca a Jerusalén, o que el sol se detuvo mientras Josué se lo ordenó,  ¿por qué no podemos creer que Lao Tzu nació siendo un hombre viejo y de una virgen también, que los dioses  Izanagi (varón) y Izanami (hembra) crearon la primera tierra, que Siddhartha Gautamá fue fecundado por un pequeño y bello elefante provisto de seis colmillos que hirió delicadamente el regazo de su madre sin causarle dolor?

O quizás, me atrevo a preguntar, si podemos creer cada una de estas leyendas mitológicas, ¿por qué no podemos aplicar cada uno de los principios que establecen todas estás religiones?  Tolerancia, amor por el prójimo, no ejercer  juico y misericordia.    

El mundo está verdaderamente loco, y cada loco con su tema, y muchos están dispuestos a morir o lo que es peor, matar por sus ideales.

 

Mi locura me lleva al abismo

Sima de mi terquedad o conocimiento

Busco encontrando lo que quiero

Encuentro buscando lo que busco

 

Refugio existe en mis sentimientos

Mi mente discute todo

Hay fe, raciocinio y existencia

Descansando siempre en mi propia inopia

 

Yo sólo sé que no sé nada

Como diría un loco sabio

Es mejor ceder que asumir

Que todo lo sé y ya no hay misterios para mí

 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Nunca pude entender eso… las buenas costumbres… ¿quiere decir que lo qué yo sentí por Anna, era malo?

La historia de Anna

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Siempre me gustó Anna.  La muchacha que se sentaba junto a mí en la clase de historia.  Era como una muñeca de carne y hueso.  Tenía los ojos verdes y su piel era blanca.  Me acuerdo muy bien que la primera vez que me masturbé lo hice pensando en ella, y creo que sin saber qué era exactamente lo que estaba haciendo.  Verdad de dios…

Desde que nos conocimos en la secundaría su presencia me perturbó.  Tenía el pelo largo, negro y ondulado.  Siempre traía faldas cortas, me acuerdo que había ocasiones en que yo intentaba levantarle la falda con mi rodilla mientras pretendía estar mirando el techo.  Me imagino cómo se ha de haber reído.  Y pues sus senos no se podían ocultar.  Eran redondos, como dos melones jugosos.  Varias veces la maestra Tere nos pegó en la cabeza a Ricardo y a mí por quedarnos mirándola con ojos de lascivia. 

Era la pura verdad, a mí en mi casa siempre me dijeron que no debía de pensar cosas sucias.  Pero yo nunca le vi lo sucio a querer estar con Anna.  Creo que me enamore honestamente de ella.  Y pues, a poco no todos queremos estar con la persona a la que amamos.

Era la comidilla entre los cuates.  Todos queríamos hacerle cosas y creo que es normal.  Una vez el maestro de sicología nos dijo que para nuestra edad, todos teníamos las hormonas muy alborotadas, que por eso nada más andábamos pensando cochinadas.

Pues si eran cochinadas entonces yo era muy cochino.

Incluso una vez mi papá me dijo:

—¡Ya lo harás chamaco!  Espérate tantito, ¿está bien?

Qué le iba a responder.  Todo mundo se reía de mí.  Las muchachas de tercer año me miraban que se me ponía bien duro y me hacían burla. 

—¿Ay, ya miraron a Toñito?  Háblenle a Anna, a ver si quiere.

Los maestros me decían:

—¡Ya chamaco caliente!  ¡Eres una infracción a las buenas costumbres!

Nunca pude entender eso… las buenas costumbres… ¿quiere decir que lo qué yo sentí por Anna, era malo? 

Ella nada más me daba atole con el dedo.  Esa señas que a veces los hombres mal interpretamos porque como que quieren llamara nuestra atención y como que no.  ¿Sí me explico?  Me agarraba la mano e incluso una vez la puso sobre su rodilla, por poco y me meo en los calzones pero sentí tan bonito.  Ella nada más se sonreía con esa sonrisa medio maléfica que yo no podía entender.

Siempre la mire con retardo, porque siempre he llegado tarde a todo, a la clase, a las oportunidades de la vida, a mi trabajo, a mis relaciones, al sexo… todos me hacían burla.

—¡Cómo eres pendejo Toñito!

—¡Y ustedes cómo saben qué soy! —les gritaba en medio de sus carcajadas.

Era muy tímido, demasiado inocente, todos me hacían menso, para cuando yo me daba cuenta ya todo mundo se había reído sabroso de mí.  Incluso ella… le gustaba jugar conmigo, y bueno, he llegado a pensar que se sentía halagada que alguien la adorara literalmente pero a la hora de la hora como era más grande que yo siempre se iba con los muchachos de prepa.

La única vez en la que a lo mejor pudo haber sentido algo por mí fue cuando descubrieron que todo el tercer año habían copiado en el examen final de biología.  Y fue cierto,  Leobardo se metió en la oficina de la bióloga y sacó el examen.  Eran unos jijos de la chingada, no hay otra manera de decirlo, bueno…menos mi Anna…yo pensaba.

Los de tercero siempre se llevaron de a beso y todo.  Yo nada más decía que para cuando yo estuviese en tercero de secundaría tal vez Anna me iba a dar un beso como a todos pero bueno, para entonces ella ya había graduado.

Siempre fui medio pendejo.

Esa vez yo la defendí frente al subdirector, lo convencía que casi toda la clase había copiado menos Anna, porque ella era una muchachita muy linda y muy educada que me traía loco literalmente, y el mentado subdirector se la creyó.

Después de todo el asunto ella se acercó y me dio un beso muy dulce en los labios que creo que ni me lavé la cara por tres días.  Pero al tercer día descubrí que mi santa musa se había acostado con el pinche subdirector y que por eso la habían perdonado.

¿Por qué siempre fui tan inocente?

Jamás la volví a ver hasta hace unos días.  Estaba comiendo con mis hijos y de pronto una mujer con cuerpo cansado y mirada de antaño aparece y me dice:

—Hola Toñito, ¿ya no te acuerdas de mí?

—Claro que me acuerdo Anna—respondí casi de inmediato—eras la muchacha a la cual nunca me atreví a decirle que me gustaba.

Me miró con rostro de dulzura, y yo creo que mis hijos se parecen a mí porque después escupió:

—¡Qué lindos tus hijos! 

—Gracias—respondí con voz de idiota.

—Lastima que nunca te vi como un candidato pero si gustas ahí está mi dirección.

Cómo me hubiera gustado escuchar aquellas palabras hace más de 30 años.

—Gracias Anna, de cualquier manera la vejez ya me alcanzó.

Sí… se llamaba Anna, y era la muchacha más bonita de toda la escuela.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Me la puse de inmediato en mi camisa, y salí de aquel lugar bajo la mirada de escrutinio de aquellas personas que la verdad se me hicieron ser de la dimensión desconocida.  Seres que brotaron de algún extraño lugar para recibir a la gente que parecía no asistir y ejercer su voto.

 

Democracia del siglo XXI

Por David Alberto Muñoz

 

El pasado martes fue día de elección primaria en el estado de Arizona.  Por regla general me levanto temprano y acudo al lugar donde me corresponde emitir mi voto.  Por motivos personales y de trabajo en esta ocasión no me fue posible ir temprano sino que acudí ya en la tarde una vez de haber dejado el  colegio donde laboro.

Llegué algo apresurado, esperando que fuera a tener que hacer cola, ya que en otras ocasiones he podido ver largas líneas de ciudadanos deseando ejercer su derecho a votar.  Sobre todo en la nación del tío Sam, donde al menos en teoría deberían de ser un verdadero ejemplo a la democracia.  Las bases de esta nación siempre han sido capitalistas y democráticas, repito nuevamente, al menos en teoría.

Entré en el mentado lugar del voto y había dos personas recibiendo a los votantes.  No había absolutamente nadie más que su servidor intentando cumplir con lo que en ocasiones se ha denominado una responsabilidad, sobre todo para los hispanos, con tantas leyes anti-inmigrantes y demás.  Tanto se nos ha dicho que debemos de ejercer el derecho al voto, que tenemos los números para decidir la elección presidencial de este año, y bueno, pues sí, esto es verdad, pero el problema ya todos los conocemos:

Falta de unidad.

La mera verdad esperaba ver más gente.  Sí, entiendo que no era la elección general, que los partidos políticos simplemente estaban decidiendo quienes iban a ser sus candidatos.  Que toda la campaña política de más de un año ocho meses de comerciales negativos, de ambos partidos, finalmente llegaba a su fin.  Sin embargo, lo que más me impresionó en esta ocasión fue la ineficacia de las personas que me atendieron.

 ¡Me sorprendió de sobremanera!

Primero, me piden mi tarjeta de votante.  Asunto al cual respondo con cierto orgullo, ya que tengo el nopal en la frente pero tengo también el privilegio de ser ciudadano estadounidense, aunque algunos de mis compatriotas mexicanos me hagan burla al respecto. 

Se tardan de dos a tres minutos analizando el pequeño documento y preguntando cómo se pronuncia mi nombre. 

“Munzda, Menoz, Munez, etc. etc.”

Segundo, una mujer de edad ya avanzada que parecía no tener muy buena vista me dice:

“Can I see you ID?”

“Of course,” le respondo.  Nuevamente con orgullo, mostrando que tenemos los mismos derechos que cualquier otro.  Saqué mi licencia de mi cartera, y nuevamente después de verla detenidamente se acerca a un individuo que estaba junto a ella, por cierto me llamó la atención que no tuviera dientes, su pelo despeinado y olía a tabaco, como que se la había pasado todo el día fumando.  No que me escandalice, a mí también me gusta echarme un cigarrito de vez en cuando, pero el aroma inundaba todo el lugar.  Ambos disertaron sobre quién era yo, dónde estaba mi nombre en las listas, y una discusión que parecía ser de niños chiquitos discutiendo quién iba a ser Superman el día de hoy.

Después de casi diez minutos de alegar, intercambiar ideas, verme cuidadosamente a lo ojos decidieron darme “el privilegio de votar”.  Hasta parece nombre de telenovela.  Un hombre alto de color me cuestionó diciendo:

“Are you a republican or a democrat?”

Una vez dada mi respuesta me entregó la hoja de votación.

Acudí a una caseta y emití mi voto. 

En la salida había dos hombres, ambos tenían la misma fachada que el primero, despeinados, chimuelos y oliendo a cigarro.  Me pidió que metiera mi boleta en una maquina, y el otro susodicho me entregó una etiqueta engomada que decía:

“I voted Today.”

Me la puse de inmediato en mi camisa, y salí de aquel lugar bajo la mirada de escrutinio de aquellas personas que la verdad se me hicieron ser de la dimensión desconocida.  Seres que brotaron de algún extraño lugar para recibir a la gente que parecía no asistir y ejercer su voto.

En el estado de Arizona tal vez mucha gente ya no desea hacerlo.  Es un estado extremadamente conservador, y el problema no son las ideas conservadoras, es un fanatismo ideológico donde se nos ha culpado a los hispanos por todos los problemas existentes en suelo arizonense.  Lugar donde senadores que han sido despedidos de su cargo (Russell Pearce), regresana a querer ocupar nuevamente un puesto público.  Y  lo peor es que la gente vota por ellos.  ¡No piensan!

No pude más que preguntarme: ¿Esta es la democracia?,  ¿este es el sistema por el cuál se pelea en otras partes del mundo?  ¿No será que es una democracia dirigida?  ¿O a lo mejor una dictadura disfrazada? 

Me gustaría pensar que no, prefiero pensar que las decisiones que se toman son las decisiones de la mayoría, y que todavía en tierras rojo azul se respeta el derecho del pueblo.

Pero ya pensándolo bien y mirando a los candidatos que gastaron millones de dólares en decirnos a los votantes lo “malo” que era el contrincante en lugar de decir cómo iban ellos a gobernar el estado, no puedo concluir más que con la idea de que nos está llevando la reverenda chingada. 

Dicho siempre con el debido respeto.

Ya no es una lucha filosófica de mentes humanas, una batalla de argumentos con premisas y conclusiones, no, al contrario, hoy en día es sacarle los trapitos al sol al contendiente, decir que él o ella es un pésimo candidato porque ha cometido faltas a la moral, ha abusado del poder, y además, no ha sido honesto con los votantes.

Es curioso cuando descubrimos el significado original de la palabra candidato.  En la antigua Roma, se pensaba que quien se ofrecía para un cargo público debía tener una trayectoria limpia.  De aquí que todos los candidatos romanos vistieran una túnica blanca.  En la primera edición del Diccionario de la real Academia Española (1729) decía:

“Candidato es el que pretende y aspira o solicita conseguir alguna dignidad, cargo o empleo público honorífico”.

No podemos estar más lejos de esta peculiar definición.

Así es la democracia moderna del siglo XXI.

© David Alberto Muñoz

   

 

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Esta es la tradición que yo aprendí…me decía mi jefa que las tradiciones se deben siempre de mantener…

Tradición

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

El otro día me pregunté: ¿Qué es un verdadero hombre?  Nunca me explicaron en mi casa cuáles eran mis responsabilidades, simplemente asumí que todo lo que veía con mis propios ojos era el comportamiento que esperaban de mí, lo que debería yo de hacer.  En mi casa nunca se hablo de sexo, ni de como tratar al sexo opuesto, ni de nada casi.  Si eras hombre deberías de ser igual que tu padre, si eras mujer, igual que tu madre.

Entonces empecé analizar el comportamiento de mi papá.

Un hombre debe de ser muy macho.  Nunca llorar porque si no van a pensar que uno es marica, y eso pues no ¿cómo crees?  Debes de salir en la mañana para ir a trabajar y traer dinero para que coma la familia. 

¡Yo no sé cómo pero traes plata a la casa! 

Mientras, la mujer lleva a los niños a la escuela, se encarga de lavar la ropa, limpiar la casa, preparar la comida, sin tomar en cuenta que después es ella quien debe de lavar los trastes, acostar a los chilpayates, y además estar dispuesta a coger con su marido porque ese es su deber.

Eso está bueno, pensé.

Un hombre de verdad debe adorar a su madrecita porque madre sólo hay una.  Aunque a veces no la atiendas como debes.  Por lo menos un día al año debes de juntarte con tus cuates para llevarle serenata del día de las madres.  Eso te dará oportunidad de ponerte pedo para después ya con guitarras afinadas ir con los cuates, amigos y camaradas a cantarle a tu santa madrecita.  Después de la cantada podrás invitar a toda la tropa para que tu madre santa les prepare algo de comer porque ya se les habrán subido las copas, y una vez que estén ya medio en su juicio, le pedirás a tu madre te preste un dinerito para mandar a tu hermanito menor a comprar otra botella y unas chelas porque de verdad tienen ganas de celebrar a la madre.

Un macho de verdad debe de tener por lo menos una amante para poder contarle a los cuates todos los problemas que la pinche vieja te da porque le encanta estar contigo.  Incluso, tienes la oportunidad de tener dos familias, si quieres claro, no es obligatorio; o también puedes tener dos o tres amantes, nada más que ten cuidado porque no faltará la vieja que incluso vaya a tu casa a decirle a tu mujer que le estás poniendo los cuernos.  Cuestión a lo cual simplemente tú debes siempre darle el lugar a tu mujer y ni modo, tendrás que mandar a la chingada a la amante, aunque si de verdad te quiere o le gustas, al rato te perdona.

 ¡La mujer es la mera mera!  Acuérdate. 

Asegúrate que tener relaciones con tu vieja por lo menos una vez a la semana, si no empezará a sospechar que andas de caliente por ahí porque ellas siempre dicen, si no lo buscas aquí en casa, andas cogiendo sólo Dios sabe dónde.  No te apures, con que dures unos cinco minutos es más que suficiente, lo que ellas quieren ver es que las deseas todavía, es más, yo sé que puedes acabar hasta en menos de un minuto así que no te apures, sólo ten la seguridad de coger con tu mujer, no se te olvide.

Cuando llegues por la tarde a comer, dile a todos en la familia que tú eres el señor de la casa, que no te gusta el escándalo, que no hablen, ni griten a menos que tú se los pidas.  Cada uno de tus hijos debe de besarte la mano en señal de respeto, y cuando se porten mal dales un buen cintarazo a calzón quitado porque así te dio tu padre cuando te portabas mal, y si de vez en cuando le tienes que dar unas cachetadas a tu mujer no te apures, a tu madre también se la sonaban.

Siempre pon primero al compadre y a los amigos, no quieres que empiecen a hablar mal de ti ¿o sí?  Si alguien llega a tu casa, dile a la vieja que les traiga una cerveza y les prepare algo de comer y corre de inmediato a todo mundo para que los adultos puedan ver el partido de futbol y hablar de cosas serias como la política, el costo de las tortillas, la peda que se pudieron el pasado fin de semana y lo buena que se está poniendo Margarita, la hija del mentado Don Rigoberto que llegó hace ya medio año a la vecindad y todavía no se digna a hablarle a nadie.

Esta es la tradición que yo aprendí…me decía mi jefa que las tradiciones se deben siempre de mantener…

Pero… cuando mi hija me hizo precisamente esa pregunta:

—Papá, ¿cómo debe de ser el hombre con quién me case, como tú?

La mera verdad no supe qué contestarle…y ahorita… la tradición me parece muy mierda… ¿cómo debe de ser el hombre con quién me case?

¡Ay mijita por favor que no sea como tu padre!

© David Alberto Muñoz

 

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The pride of every winner could be seen miles away.  It doesn’t matter what nation they come from.  We are all proud of our heritage.

 

Imagine…

By David Alberto Muñoz

 

The Olympic Games just finished last week.  Hundreds of athletes returned to their home land, some with medals, some with the memory of being a participant in an event that occurs every 4 years and it is supposed to unite the world by placing aside ideological differences, being these of any kind, politically, religious, to mention only a few.

What amazed me the most this time is the athletic spirit and the camaraderie expressed by all the athletes.  In our world of the XXI century where cynicism has become the norm, it is very unlikely to see a fellow human being helping a racer who got hurt and could not finish on his own the race, or the gymnastics’ girl consoling the winner of the silver medal, and even an opponent congratulating the winner of the event in all honesty and with a sense of accomplishment.

Many people have commented on this reality in the last Olympic Games.  Why can we be a world of individuals that understand there are differences in the world?  We all know there are injustices, why can we raise our human spirit by showing a little bit of compassion and respect from one another.

It can be very depressing when one reads the headlines around the world, war in Syria, in the United States of America individuals killing other humans just because of their religious beliefs.  The political arena is not doing any better, both parties blame each other for the evils of the nation and the world, and there is not a hint of compromise, all the political campaign ads are basically saying:

“My opponent is wrong because I am always right.”

Nobody wants to listen.  As I saw the Olympic Games I realized there is still some goodness in the human heart.  The pride of every winner could be seen miles away.  It doesn’t matter what nation they come from.  We are all proud of our heritage.  I could be American, European, from North Korea or Cuba, and I can still feel the pride of my nation.  All the tears we saw, all the struggles; it is difficult sometimes to understand that these athletes spent 4 years and perhaps even more time preparing, day after day, without stopping, with one goal in mind, to be able to do a decent job in the world arena.

Why can’t our nations do the same?  Are we so stupid that we prefer to attack and destroy the so called: “enemy,” for reasons that are so dogmatic and stubborn that do not allow us to see beyond our own nose? 

I believe we are all aware of the injustices there are in our world.  We don’t need anybody to tell us the problems we face are rather difficult.  But if we are able to unite the planet once every 4 years and enjoy a time without politics, ideology and the like, shouldn’t it be possible to have a world not without conflict and debate but without violence and most importantly a world with peace?

Could we reflect upon this idealistic idea?  Perhaps John Lennon put it best:

Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today...

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world...

You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will live as one

 

Imagine, just imagine what we could do then…

© David Alberto Muñoz

 

 

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Los mismos idiomas se matrimonian para dar a luz una nueva modalidad de la expresión humana.

 

Frontera

Por David Alberto Muñoz

 

La frontera es un lugar igual que cualquiera.  Hay tierra, hierba, bosques, montañas, ríos y hasta mares.  Siempre me pregunté si a los peces les piden papeles para cruzar del “otro” lado. 

De un lado hay mucha pobreza.  Del otro existe un raro orden.  Calles trazadas perpendicularmente a la perfección.  Casi no hay basura en las calles.  Si apagas el cigarro en el suelo te pueden multar. 

¿Por qué?  No estoy seguro.

De un lado de la frontera la gente camina mucho.  Siempre se observan individuos por las calles.  Se escuchan voces que diariamente le dan ritmo y un curioso latir a las ciudades.

—¡El gas!

Suena una campana anunciando el paso de la basura.  Todas las mujeres salen a llevar sus respectivos botes.  Es un momento social.  Las damas de la cuadra intercambian chismes, comentarios, indirectas, felicitaciones y hasta amenazas.

Del otro lado el sacar la basura es una actividad varonil.  Son los hombres los encargados de sacar la basura en un ambiente de silencio.  Todo está callado de este lado de la frontera.  Ni las mismas moscas parecen respirar.  Es un silencio que puede oler a pavor. 

¿Pasó algo?  No sé…

Al llegar a la frontera un operativo federal te detiene.  Te miran con ojos de desconfianza.  Individuos uniformados cuestionan tu status legal, sobre todo si tu apariencia no encaja con el tradicional estereotipo del mentado “gringo”.

—What is your citizenship?  Where were your born?  What was the purpose of your trip?  Do you have a green card?  Are you a Mexican?

Siempre me pregunté: ¿cuál es la diferencia entre un delfín mexicano y uno estadounidense?

Una vez que logras cruzar la frontera debes de llevar tus papeles a la mano.  Incluso si eres ciudadano.  Porque más adelante te detendrán y preguntarán lo mismo.

—What is your citizenship?  Where were your born?  What was the purpose of your trip?  Do you have a green card?  Are you a Mexican?

Si soy mexicano o no ¿qué tiene eso que ver?

Cuando vas de regreso hacia el sur las condiciones cambian. 

Lo triste es a veces darse cuenta que puede ser la misma cosa.

—¿Dónde puso las armas de fuego?  ¿Qué trae para declarar?  Eso es contrabando.  ¿Por qué trae tanta ropa?  ¿Es para vender?  No se permite llevar mercancía para venderla en el mercado negro.  México es un país autónomo y con leyes.

Sí, leyes que desde mi nacimiento no se respetan.

La frontera es un lugar de matrimonios alternativos.  Gringos que nacieron en el lado equivocado del alambre.  Músicos directores de un mariachi que aman la música mexicana aunque no entiendan la letra.  Lugar donde los niños dicen ser americanos aunque su sangre sea más azteca que el nopal.   Éstos dicen:

—I don’t speak Spanish.

—Do you know the National Anthem?

—I heard it but I don’t know it well.

—Do you know “I’ve been born in the USA”?

—I heard it but I don’t know it well.

—And you say you are an American?

Los mismos idiomas se matrimonian para dar a luz una nueva modalidad de la expresión humana.

—We need to star speaking más español.  Si no we will forget it.  Y ya vez cómo son carillosos la raza de allá.  They don’t understand, ya semos otra onda.  ¿Sí me entiendes?  We are immigrants.  I mean, las cosas han cambiado, y en veces we need to express ourselves this way.  ¿Qué no?

De pronto, te encuentras con verdaderos fenómenos híbridos de dos sociedades enfrascadas en un conflicto eterno que no pueden evitar su localidad.

Hay quinceañeras donde el vals ya no es el Danubio azul, más bien es una bachata rapera cantada por Daddy-Yankee.  La vestimenta del norteño con botas hablando inglés con la señora del SAFEWAY.  La madre mexicana ofreciendo un pedazo de pizza a los trabajadores que fueron a ponerle piso nuevo  a su casa.  El gringo comiéndose unos tacos en el puesto de la esquina de la avenida Revolución y Madero, en TJ.  El profesionista exigiendo seguro médico ante su empresa laboral, mientras el señor Martínez López de Hidalgo, todavía se pregunta qué pasó con los bonos del ahorro nacional que compró en la escuela primaria.

La frontera está viva.  Cambia y  a la misma vez, las cosas no cambian.  Es y luego existe.  Se cuestiona y luego responde.  La frontera es una paradoja humana del siglo XXI donde sus personajes intercambian mensajes por Facebook, chatean por MSN messenger,  crean nuevas expresiones lingüísticas, culturales, socio-económicas, hasta mitológicas, para forjar de esta manera, la nueva identidad que todo mundo simplemente llama:

La frontera.

© David Alberto Muñoz

 

 

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Maybe that is the way I want to be remember.

 

A loan

By David Alberto Muñoz

           

I could not sleep last night.  I don’t know why.  Well, maybe I do.  It is just I’d like to pretend nothing is going on.  But if I am honest with myself I know sooner or later it will happen.  It’s inevitable.  It happens every single  day.  Thousands of souls are born all over the planet but the funny part is that they don’t realize that at the precise instant we are alive that is the moment we are condemn to die.

Some people like to play games and lie to themselves but I am aware life is just like a loan.  Yes, it is given to us but eventually we have to pay it back.  Sometimes it takes a lot of years and if you are careful maybe you can actually enjoy your life.  Sometimes one can become very bitter and despise everyone but at the end we all go to the same place.  The bank won’t allow anymore extensions.  We all have a date with death.

I am not trying to sound melodramatic or anything like that.  It is just the reality of life.  It actually doesn’t belong to us.  Quite the contrary, it might be compared to a mortgage.  My grandmother got an 85 year loan with 4% interest rate.  Those were the days some say.  But I think in my case the duration of the loan is going to be shorter.  I’m just guessing I know.  Maybe I am preoccupied with it but like my father always told me:  “We are all going to die.”

When we are young we never think about it.  We feel we are going to live forever.  But one day we realize we are alive and we all have a debt to pay.  Sometimes we get behind the payments.  Some people never catch up.  There are foreclosures and the banks take the title of the property.  Sometimes too soon, others is almost as if they forgot they loan was due.  But at the end, life is only that, a credit, and advance; it has been financed and we only borrow it for some time whether we like or not. 

We make mistakes along the way.  If I knew what I know now forty years ago my life would have be different.  Although once you actually think about it I cannot image my life without my errors.  We are so inaccurate it makes me laugh.  We think we know how to live.  We say to ourselves: “From now on I am only going to do this…”   Thirty seconds later we are committing the same bloopers, the same missteps, the same slip-ups. 

Sometimes we get lucky and things turned out to be OK.  There are even times when we surprise ourselves or perhaps it was that the bank gave us a free month of rent because the economy was bad and they wanted to help people.  Please!!!  Sometimes we hurt the people we care the most for without even realizing it. 

There are times when confusion sinks in and you don’t know what to do, where to go, what decision to make.  We search for options.  We want to refinance or the inertest rate goes up because we never read the small print and we went into a variable rate not knowing how it was going to affect us.

Then we make a reevaluation of our life and we promise ourselves we are going to change and we will never commit the same mistakes and we tell the bank from now on our payments are going to be on time but soon enough we find ourselves in the midst of a crisis struggling to keep afloat, still breathing but knowing the date will come soon.  Every second that passes away we come closer to our deadline…dead…line…

That is why I think it’s better to enjoy the duration of our loan.  I don’t know what comes after death.  It really doesn’t matter to me.  What matters is that I want to live my life to the fullest, enjoining every moment.  Giving myself always space to be happy.  I guess what I am trying to say is we need to save a little bit of time to enjoy life.  Even happiness needs to be learned.  Even a smile takes effort if we do not know how to enjoy it.

I could not sleep last night because I was thinking about my life.  And you know what?  I think I like it.  Maybe that is the way I want to be remember. 

“He enjoyed his life.”

Death it’s funny.  It happens so fast.  You don’t even realize it.  One moment you are here, the next you are gone.  One moment you breathe the next you depart. It is just life, like a loan that eventually matures.   

Maybe I am death already but I haven’t notice or maybe I am alive and I know it.

Yes, that is the way I want to be remembered.

"He enjoyed his life."

© David Alberto Muñoz

 

 

***

 

Finalmente entramos a nuestro destino.  Gente de todas clases caminaba por los pasillos de la arena.  Faldas cortas mostrando mucha pierna, sombreros de vaquero con botas de piel, escotes provocativos,  hombres de traje y corbata, mujeres maquilladas de más, jovencitos calenturientos, gente de la tercera edad así como profesionistas. 

Fotos exclusiva Peregrinos y sus letras

 

Un México, un país…muchos recuerdos

Por David Alberto Muñoz

 

Phoenix, Arizona.- Cuando supe que Vicente Fernández vendría al Valle del Sol me emocioné.  De pronto me di cuenta que nunca lo había visto en un concierto en vivo.  Desde mis años mozos recuerdo haberlo escuchado con bastante frecuencia en la radio, además de haber visto su nombre en la cartelera de los cines, sin poder faltar sus presentaciones con el ya símbolo de la televisión mexicana Raúl Velasco. 

Además, se anunciaba el evento como la última vez que el cantante de ya 72 años de edad estaría ofreciendo, ya que  se retiraba después de más de 40 años de representar a la música ranchera en el mundo.  Era la gira de despedida de un gran cantante mexicano.

Decidí comprar mis boletos a temprana hora, de esa manera aseguraría un buen lugar y tendría la oportunidad de ver a un gran intérprete de la música folclórica que verdaderamente se ha convertido en un verdadero ídolo del pueblo.  ¿Quién no conoce a Chente Fernández en México?  Es parte del crecimiento cultural de la tierra mexicana.

Cuál sería mi sorpresa cuando descubro que los boletos de primera fila constaban 800.00 dólares.

¡En la madre!  No lo podía creer.  Yo sé que vivo en los Estados Unidos de América, que al menos en teoría se dice que todos los paisanos vivimos mejor de este lado de la frontera pero de eso a pagar esa cantidad la mera verdad se me hizo una locura, además de no tenerla.  Vicente siempre ha sido buscado por la gente trabajadora, por el pueblo mexicano.  No, no lo podía creer.  El único lugar que podría comprar su servidor era hasta la última fila a mero arriba de la U.S. Airways Arena.

Me indigné como podrán imaginarse.  A todos los lugares donde iba elevaba gritos de:

—¡Ya ni la chinga Vicente!  ¿De dónde cree que la gente va a sacar para ir a verlo?  Yo sé que mi pueblo es muy trabajador pero oye mano.  Me dan ganas de poner una queja.

Ya con cierta desilusión de no poder asistir me dediqué a cabalgar por las avenidas de esta calurosa ciudad compartiendo mi pena con todo aquel que se me cruzaba por enfrente mientras pensaba que tal vez nunca tendría la oportunidad de ver a Chente.

Faltando ya dos días antes del evento que habían estado promocionando en todos los medios de comunicación, fui a TICKETSMASTER, solamente para ver si de pura casualidad encontraba unos boletos aunque fueran hasta mero arriba, ya no me importaba.  Y sí, descubro que los precios habían bajado drásticamente, que de pronto estaban al alcance de mi bolsillo, y de mucha gente que tenía el deseo de estar presentes y pues: ¡Se me hizo!

SKY LOUNGE

Ya perfumados y con cara de niños chiquitos que van a ir a una fiesta, nos dispusimos para asistir al mentado concierto.  Mi hija nos dejo cerca de la arena.  Caminamos sólo unos pasos y decidimos comer algo antes de entrar al lugar ya citado.  Teníamos varias opciones pero al pasar frente al SKY LOUNGE  descubrimos posters de publicidad sobre el evento, edecanes vestidas coquetamente; se miraba mucha raza mexicana, y pues entramos ante la mirada sorprendida del cuate que estaba en la puerta.  Le enseñé los boletos y me dijo:

—¡Adelante!

Con paso firme nos adentramos en el pequeño Bar.  Nos dieron dos gafetes de VIP con la foto de Chente, también nos regalaron dos botellas para acarrear agua con logos del evento , y quizás por accidente o sin querer queriendo como dice el Chavo, penetramos al lugar para descubrir que estaban regalando tacos de carne asada con su arroz y frijoles, que rifarían una guitarra firmada por Chente, y que además, ese sería el lugar de la fiesta después del concierto.

Estuvimos una media hora en el lugar.  Los presentes iban desde gente pudiente hasta parejas jóvenes que arrinconadas en una esquina miraban a todo mundo con ojos de asustados mientras las cámaras de televisión filmaban y los reporteros tomaban fotos.

SB1070

Saliendo de ahí entramos a la U.S. Airways Arena no sin antes ver a un grupo protestando enfrente con letreros que decían:

“Chente eres un vendido”.   “No vendas a tu pueblo”.  “Dona el dinero a los indocumentados”. 

Le reclamaban haber roto el boicot impuesto por ciertas organizaciones en el estado de Arizona debido a la ley anti-inmigrante SB1070. Expresaban que los intereses del cantante eran económicos, no los verdaderos intereses del pueblo.  Junto con un mariachi que tocaba frente al recinto, unas 30 personas gritaban slogans de inconformidad ante la venida de Fernández.

Una niña de no más de 10 años de edad elevaba una cartulina que decía:

“Soy ilegal y tengo derecho”.   

Me acerqué y quise tomarle una foto pero casi de inmediato un hombre joven me detuvo.

—¡A ella no!  Porque está muy chiquita.

—¿Eres su papá?—le pregunté.

Afirmó con la cabeza.

Yo siempre he apoyado la causa de los inmigrantes en este estado.  Es más, participé en las dos grandes marchas hechas en contra de la ley SB1070 pero en esta ocasión la actitud de aquel hombre me molestó.

—Entonces…—le dije—Tú sí tienes derecho a protestar, a traer a tu hija para que lleve esa cartulina pero ¿yo no tengo el derecho a tomarle una foto?

—No—me respondió con ojos de altivez.

Me retiré por respeto a la criatura.  Pero debo de ser honesto, considero que todo tiene su tiempo, tiempo de protestar y tiempo de trabajar, tiempo de luchar y tiempo de conciliar.  Aquella noche no era la adecuada para altercar los unos con los otros.  Cada uno luchamos en distintos campos, unos haciendo huelgas, alzando voces de injusticia, otros, trabajando dentro del sistema para demostrar que tenemos toda la capacidad y derecho a ser parte del mismo.  Vicente Fernández iba a trabajar esa noche.  Yo no pienso que vendió nada ni a nadie pero eso ya es harina de otro costal.

LA MÚSICA PRINCIPIA

Finalmente entramos a nuestro destino.  Gente de todas clases caminaba por los pasillos de la arena.  Faldas cortas mostrando mucha pierna, sombreros de vaquero con botas de piel, escotes provocativos,  hombres de traje y corbata, mujeres maquilladas de más, jovencitos calenturientos, gente de la tercera edad así como profesionistas.  Uno a uno íbamos llegando a nuestros lugares.  Se hablaba por teléfono al compadre, amigo o familiar.  Se compraba la copa de tequila, la cerveza, junto con un hot dog ya que no había comida mexicana.

—¡No manches!

No mancho, no había.

A las ocho de la noche exactamente se presentó el  Chente Jr.  La gente lo recibió con aplausos pero la verdad después de un rato, todos deseaban  ver al mero mero.  Finalmente después de una media hora hizo acto de presencia el Rey de la Canción Ranchera.

La gente se volcó ante él.  Gritos, aplausos, silbidos, una verdadera euforia que rara vez se experimenta.   Brazos levantados, mujeres aventándole brassieres al escenario, pasándoles hojitas de papel con mensajes no apropiados para menores de edad.  Le lanzaban besos, le decían “Te amo Chente”, “canta Volver Volver, Viva México, salucita”.

El Charro se echaba su tequila cada dos o tres canciones.  Incluso en un momento dado fumó un cigarrito ante el alarido de un público totalmente entregado.  Vicente Fernández representa el ideal del hombre mexicano de antaño, trazado a la imagen quizás de Pedro Infante y Jorge Negrete.   Macho, varón masculino, mujeriego, casado con una sola mujer, con hijos, con su rancho y con una voz dotada, ya que cantó por más de tres horas seguidas sin parar un solo momento.  Siempre diciendo:

—Mientras ustedes me aplaudan, yo sigo cantando.

Volteaba a mí alrededor y miraba a gente de todas edades entregadas totalmente a Vicente, y el charro mayor, entregado a su público con una voz que ya la quisieran muchos.  Este hombre de 72 años nos entregó su alma en un concierto inolvidable dónde la música ranchera fue el invitado de honor, y miles y miles de personas brindaron en honor a un pueblo que es representado por el ídolo Vicente Fernández.

YA DE SALIDA

Con lágrimas en sus ojos Chente se despidió de su gente.  Toda la arena puesta de pie, aplaudiendo, gritando, voceando que Vicente es la voz del pueblo.  Y lo es porque cada uno de los presentes se identificó con el hombre, con aquel albañil originario de Huentitán, El Alto, Jalisco, México, ese individuo que con sus canciones representa el folclor mexicano, esa identidad que todos los que nacimos en suelo azteca  compartimos; ese amor por nuestra tierra, ese orgullo de ser mexicanos que nadie lo borra.  Porque incluso aquellos que ya hemos sido adoptados por otras tierras, continuamos sintiendo ese grito que acicala nuestros propios vientres.  Mi México lindo y querido, mi tierra, mi país, mis recuerdos.

Muchas gracias Vicente por una noche inolvidable.

© David Alberto Muñoz

 

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Tal vez, pero si hemos logrado existir por miles y miles de siglos deberíamos insistir en el progreso, no el retroceso a mentalidades metidas en una caja que no quieren escuchar las ideas fuera de ella.

 

Entrevista

Por David Alberto Muñoz

Entrevistador: ¿Cuál es su posición en relación a  los problemas sociales de la sociedad estadounidense?

Entrevistado: Considero que somos una sociedad demasiado cínica.  No en el buen sentido de la palabra, sino más bien en el aspecto de dudar de inmediato de cualquier persona que se nos pone enfrente.

Entrevistador: ¿A qué cree usted que se deba esto?

Entrevistado: Somos una sociedad no pensante.  A la gente le da flojera pensar.  Todo lo queremos en diez segundos, de acuerdo con nuestros tiempos, no tenemos la paciencia para escuchar al prójimo.  El mismo lenguaje se ha vuelto frases cortas, vocales dislocadas y prácticamente un idioma de rechazo al contacto humano.

Entrevistador: ¿No considera usted que las redes sociales hayan ayudado a la comunicación humana?

Entrevistado: Hasta cierto punto.  Pero en este país todo mundo anda a la carrera.  Tenemos que trabajar, tenemos que ser productivos, el querer ser pensador se observa como una actividad de siglos pasados.  ¿Quién tiene tiempo para pensar cuándo hay que producir, hacer dinero, mejorar al país?  Somos un capitalismo mucho más extremoso donde los valores parecen haberse perdido.  Y en este sentido, preferimos estar frente a la computadora que en contacto real con las personas.

Entrevistador: ¿Pero es ese precisamente el mundo actual no?

Entrevistado: Sí, no lo niego, todo lo contrario, lo reconozco, pero analicemos un poco la situación.  Diariamente llegan a este país médicos de la India, porque de alguna manera se han caracterizado por ser muy buenos en la medicina.  Desde el oriente asiático, nos llegan los programadores de computación, los técnicos que hacen trabajar toda la maquinaria del nuevo siglo.  La mano de obra llega  obviamente de América latina.  Yo le pregunto: ¿Dónde están los ciudadanos estadounidenses?  Se están quejando que no les pagan lo suficiente.  Los estudiantes en las escuelas quieren que les den extensiones para presentar sus trabajos que dejan mucho que desear.  Mucha gente vive del mentado welfare.  ¿No cree usted que deberíamos de vernos con más honestidad a nosotros mismos?  Los políticos se atacan unos a otros, ya no parece haber verdaderas ideologías, nos hemos convertido en reyes de la retórica donde lo importante es simplemente contradecir al “otro”.

Entrevistador: Pero las condiciones económicas han dañado a muchos en el país.  ¿Es justo culpar al pobre por no tener trabajo?

Entrevistado: No, no estoy diciendo eso.  En toda la historia humana hemos visto que el que tiene el poder y el dinero ha oprimido al que no lo tiene.  Sin embargo, en los Estados Unidos de América vivimos ante una generación floja, que quiere las cosas en bandeja de plata sin el menor esfuerzo, y yo considero que la vida no es así de fácil.

Entrevistador: ¿Qué sugiere usted entonces?

Entrevistado: Pensar… sí… simplemente pensar las cosas con más cuidado.  Ver más allá de nuestras propias narices.  Diferencias siempre las tendremos, ese no es el punto.  La cuestión es ir más allá de los insultos, los dogmatismos, las terquedades donde muchas veces podemos caer aun teniendo buenas intenciones.  Los humanos tenemos la inmensa capacidad de crear y ser benévolos los unos con los otros.  Pero de la misma manera podemos ser muy crueles ignorándonos mutuamente, destruyéndonos por cuestiones que la verdad no valen la pena.  Todos tenemos la razón y todos podemos estar equivocados.

Entrevistador: ¿No cree usted que eso es demasiado idealista?

Entrevistado: Tal vez, pero si hemos logrado existir por miles y miles de siglos deberíamos insistir en el progreso, no el retroceso a mentalidades metidas en una caja que no quieren escuchar las ideas fuera de ella.

Entrevistador: Muchas gracias, ¿nos puede dar su nombre?

Entrevistado: Sí cómo no.  Pensamiento… simplemente pensamiento humano, para servirle a usted.

© David Alberto Muñoz

 

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Y no que no haya güeros que son a toda madre… pero ¿sí me entiendes?  Me acuerdo mucho de unos comerciales de la cerveza Superior, “la rubia que todos quieren…”

Piel

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Mi mujer me dice Canelo. 

¿Y eso qué tiene que ver? 

No sé… no lo había pensado hasta el día que descubrí que no soy del mismo color que los demás.  Tendría unos seis o siete años.  En la escuela donde iba era una escuela de paga, todos eran de piel blanca, bueno, a excepción mía y de Alfredo, mi mejor amigo.  Pero nosotros pensábamos que éramos iguales a los demás.  No te miento, creíamos que nos mirábamos como los blancos, los güeros, ¿sí me entiendes?

Ya sé que es una locura pero en nuestra mente de niños no lográbamos vernos a nosotros mismos.  No sé si eso le pase a todo mundo.  La vida de por sí es difícil, y a eso agrégale el no poder verte a ti mismo.  Cuando nos dimos cuenta casi lloramos… no sé por qué… todo seguía igual, la única diferencia fue que nos dimos cuenta de pronto del verdadero color de nuestra piel. 

El “Tío”, como le decíamos a Arturo, era más blanco que la nieve con una nariz de águila y caminaba ahora que lo pienso como viejito, ese cabrón, nos dio una madriza a Alfredo y a mí.

Si hubiese sido años después, me canso que le hubiera partido todita su madre, pero en ese tiempo era un niño y el desgraciado de Arturo era ya un adolecente.

Me acuerdo que nos agarró a los dos y nos llevó frente a uno de los espejos que tenía la maestra de corte y confección y nos gritó literalmente en la cara:

—¡Miren bien pendejos, están más prietos que Don Nicho!

Don Nicho era el conserje que trabajaba en la escuela.  Era un hombre muy trabajador pero sí, muy moreno.

Y bueno, eso qué tiene que ver, ¿no? 

Mi abuela me decía “mi Prieto”. 

¿Por qué?

Porque ha de ser.

No sé… de pronto te haces viejo y te das cuenta de muchas cosas que antes ni siquiera observabas.  Cuando descubres que tu gente no son los dioses que habías imaginado, que simplemente son seres humanos con cualidades y defectos, pues miras las cosas muy distintas.  Mi abuela nunca me platicaba de mi abuelo, es más, ni siquiera lo conocí.  Cada vez que hablaba de él era como si escondiera algo.  Años después descubrí  que fueron amantes y se quisieron a escondidas en un tiempo prohibido donde eso meramente no se hacía.  Era un pecado imperdonable.  Tal vez todavía lo es…

Ahora comprendo su mirada dura, su risa coqueta, el gran cariño por sus hijos y sus nietos.  Cada vez que me miraba me decía:

—¡Mi Prieto!  Si hubieras sido blanco hubieses sido un mangazo.

Ahora pienso que detrás de esas palabras se escondía algo mucho más profundo que tal vez nunca sabré.  A mí no me gustaba que me recordaran el color de mi piel.  ¿Qué valor puede tener?  ¿No?  ¿O sí?  No sé… ¿por qué le damos tanta importancia a las cosas que la gente piensa y dice de nosotros?  Todos en la sociedad nos escandalizamos de todos.  Y aunque digan que hemos avanzado mucho en cuestiones de raza todavía seguimos con ese modelo de que la güera de ojos azules es más bonita que la morena de ojos negros.

Eso todo mundo lo sabe.

Y no que no haya güeros que son a toda madre… pero ¿sí me entiendes?  Me acuerdo mucho de unos comerciales de la cerveza Superior, “la rubia que todos quieren…”

Mi patrón me dice Sr. Moreno.  Y no que Moreno sea mi apellido.  Él simplemente decidió jugar conmigo apodándome así.  No sé si lo hizo con mala onda o no.  Ya no me importa… pero de pronto no puedo evitar que todo esto se estrelle en mi rostro.

Yo soy el Canelo, Prieto, Moreno, para servirle a usted.

¿Y eso qué tiene que ver?

Es simplemente el color mi piel…

© David Alberto Muñoz

 

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Sí, somos escritores, seguiremos siendo escritores y al menos yo, moriré siendo escritor.  

 

Lucha libre de letras

Por David Alberto Muñoz

 

Hermosillo, Sonora, México.- Con anticipación esperaba que mi avión saliera desde la ciudad de Phoenix, Arizona, rumbo a la capital sonorense.  Cada año, ya como ritual, escritores de toda américa latina e incluso España y la India, asisten al XVII Encuentro Hispanoamericano de Escritores Horas de junio 2012/Tributo a Emmanuel Carballo.

Como muchos años anteriores la emoción se adelantaba pronosticando  un tiempo único, cuando escritores creativos se reúnen para celebrar las letras, mostrar sus últimas publicaciones, hacer contactos,  ver a viejos amigos y echarse unas chelas bien heladas en una ciudad a la cual encontré serena, limpia, con una amabilidad antes no vista.

Tomé en esta ocasión un avión directo.  No quería batallar como ya lo había hecho en años anteriores, con paradas en Guadalajara, D.F. e incluso Campeche, y llegar después de más de ocho horas de viaje.  La practicalidad a veces es buena para el bolsillo aunque parezca que todo cuesta más.

Era un avión de esos pequeñitos.  No más de cien personas pueden viajar en uno.  Un montón de compas sonorenses iban de regreso a su tierra para pasar unos días con sus familias.  Una muchacha de unos 23 años de edad me contaba que había pasado todo un semestre en Arizona State University.

—De ahí gradué yo—le dije con bastante ánimo, cuestión que sólo cansó a la joven quien amablemente pidió no le recordara lo mal que tratan al mexicano en el estado de Arizona.

PRIMERA CAIDA

Pude olvidarme fácilmente de las palabras de mi acompañante al azar, pensando en que vería a muchos compañeros y amigos, incluso mi compadre estaría presente, y el sólo hecho de viajar rompiendo la rutina, se convierte en una vitamina que ayuda, fortalece y anima a todo escritor para seguir observando, escribiendo y existiendo.

En esta ocasión, mire a la ciudad joven.  Después de tantos años de ir y venir, descubro a un Hermosillo mancebo, brillante, eso sí, con un calor de la chingada, que por más cervezas que bebimos la sed nunca se nos quitó.  Reinaba obviamente un ambiente político con eso de las elecciones presidenciales.  Lo curioso es que todo mundo me decía una cosa distinta.  El taxista expresaba:

—Aquí en Hermosillo somos panistas.  Sobre todo después del incendio en el ABC.

Al entrar  al Museo Biblioteca de la UNISON, un grupo de jóvenes panistas elevaban voces de apoyo a la candidata por su partido.

Algunos compañeros periodistas compartían:

—El movimiento YoSOY132 no es del joven solamente, hay adultos, e incluso ancianos que apoyan.  Necesitamos un verdadero cambio, una revolución.

También pude encontrar uno que otro prisita rezagado que casi gritaba:

—El PRI no es el mismo.  Ya es otra generación.  No entienden, nos hemos convertido en un verdadero partido político.

Sin faltar por supuesto los juicios ejercidos por casi toda la población mexicana sobre el control de los medios de comunicación especialmente Televisa, a quienes un compañero y amigo escritor les envió un mensaje vistiendo una camiseta con el logo de la empresa que decía: TEIDIOTOZA.

En este ambiente candente de discursos políticos y casi el clímax de una elección presidencial, llegaron los poetas, narradores, críticos, las voces alternativas, los discursos sadomasoquistas,  los que somos de ascendencia mexicana pero ya tenemos muchos años de vivir en el otro lado, los defeños y sus casi inigualables buenos modales, los norteños con su sinceridad golpeada, los sureños y su eterna humildad, las feministas, las poetas provocadoras, los que tienen mucha conciencia social, los ateos, los religiosos, todos, reunidos en un lugar para celebrar el poder de la palabra escrita, y el efecto que puede tener en una sociedad que definitivamente está en un proceso cambio, quizás no necesariamente político, pero sí intelectual, artístico, donde cada uno de nosotros queremos dejar huella con nuestra voz escrita.

A DOS DE TRES

Llegué al aeropuerto de Hermosillo para casi de inmediato tomar un taxi hacia el Hotel Kino que es donde se nos hospedaría gracias a la gentileza y el trabajo del organizador del evento, Raúl Acevedo Savín, conocido en los bajos mundos como el Jeff Durango.  Sólo las personas que organizan eventos de esta índole, saben lo difícil que es, ya que los estados no patrocinan la cultura.  Al contrario, prefieren gastar dinero en papitas, chocolates y pepitas que en ayudar a los creadores de  la cultura contemporánea a tener una plataforma para presentar sus ideas.

—¿A quién le gusta leer cuando podemos mejor ver telenovelas?  ¿No?

Al poco rato ya estaba casi acomodado.  Mis ojos buscaban al amigo, al compadre, a las personas que con el paso del tiempo me he encariñado, y no pasó mucho para que los rencuentros empezaran a realizarse.  Abrazos, besos, cariños, voces que elevaban tal vez la misma dinámica que encontramos en una convención religiosa, o política, o simplemente en una reunión de amigos, la necesidad humana de tener contacto social los unos con los otros.  A pesar de los egos inflados que todos tenemos, a pesar de las diferencias ideológicas, sociales o de cualquier índole.  Horas de junio se ha caracterizado porque nadie es más que nadie.  Se nos trata a todos a la par, y es precisamente esto, lo que ha creado un ambiente de amistad donde todos tenemos la oportunidad de compartir, debatir y proponer nuestras ideas, pasando por el escrutinio de muchos escritores educados, preparados, a quienes les gusta la bohemia.

NOCHES ENMASCARADAS

El evento se nos fue con mucha prisa.  Cuando menos lo pensamos ya era hora de despedirse, pero no sin antes enmascararnos y salir por las noches de Hermosillo a visitar los bares, los congales, a experimentar la vida nocturna de una ciudad que ya me ha adoptado como su hijo.  Anduvimos por el Pluma Blanca, La verbena, Club Sonora, la Barra Hidalgo, a un ladito, sin mencionar por supuesto los deslices que algunos tienen de tomar un taxi e irse de juerga por toda la ciudad.  En grupos de tres o cuatro, o quizás dos, o a lo mejor uno solo que de loco decidió ir a visitar el lumbral cultural de la vida nocturna hermosillense, para sacar historias que en un momento dado llevaremos con tinta al papel, para que muestren lo que hemos visto y vivido. 

SE ACABA LA FUNCIÓN

De esta manera el XVII Encuentro Hispanoamericano de Escritores 2012 llegó a su fin.  Conocimos a nuevas personas, nuevas amistades de forjaron.  Hicimos nuevos convenios, parrandeamos con antiguas amistados e hicimos nuevos compadrazos.   Y tal vez lo más importante, leímos nuestra obra creativa.  Nos presentamos para dar un grito al unísono que dice:

—¡Aquí estamos todavía!

Mientras tengamos vida, seguiremos escribiendo, continuaremos mejorando, y haciendo propuestas que lleven nuestras letras a lectores, que provoquen debates en nuestra sociedad, que inciten amoríos prohibidos, que ofusquen voluntades estatales, que desnuden las ideas con sobriedad.  Cuántas personas conozco que se quedaron en su cubículo de cuatro paredes, que no salen de su plano ideológico, que están entercadas en no ver, entender y dialogar con la fuerza de la palabra escrita.

Sí, somos escritores, seguiremos siendo escritores y al menos yo, moriré siendo escritor.   Pero para ser escritor es necesario leer, y el placer más inmenso que obtuve este año en Horas de junio fue precisamente el darme cuenta que en México, la palabra escrita vive, aunque quieran destruirla con maquillaje falso, o hacerla un robot maniquí, las voces de los escritores permanecen, y aunque ya no es mi propia generación, está ahí, presente, en espera de salir publicada, como testimonio de la vida que todos estamos viviendo.

Gracias Horas de junio.  Hasta la próxima.

© David Alberto Muñoz 

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 Escribe como sea, crónica, cuento o novela, si te gusta, hazlo en poesía, ya sea esta en verso o en prosa, con métrica, acentuación interna, rima y estrofas.

Foto cortesía de Alejandro Zabaleta 

 

¡A escribir se ha dicho!

Por David Alberto Muñoz

 

Escribir es como preparar una buena comida.  Si cocinas el platillo con frases profundas llenas de sencillez,  rellenándolas de vida humana y salpicándolas de un vino rojo, seco, con aroma a verdad,  te puede salir un manjar clásico que se ofrecerá en los mejores restaurantes del mundo.  Pero si no cueces bien las vocales y te empeñas en que la gente se coma las consonantes crudas, mientras inventas diptongos sin propósito, todo te va a salir mal cocido, el mentado platillo te puede provocar dolor de estomago, agruras y hasta indigestión.

Bien puedes endulzar demasiado los textos, ya sea con oraciones de amor, sexo, violencia, absurdo, sencillez o complejidad, haciendo que el lector se empalague.   Todo cansa hasta la comida.  Además, le puede caer muy pesado al lector o antojársele ser demasiado light, dependiendo de quién sea.

Hay quienes dicen que es mejor no revolver  muchos condimentos.  O escribes narrativa o poesía, o preparas ensayos o artículos de opinión, o desarrollas el romanticismo o te entercas con el realismo mágico.  No mezcles géneros, ni voces narrativas, o escribes en primera persona, tercera, o eres omnisciente, o como el loco que escribió Aura, tú, tú y tú, aunque siempre existirán aquellos que digan que entre más revuelvas los ingredientes alimenticios,  la comida agradará mucho más al paladar.

Escribe como sea, crónica, cuento o novela, si te gusta, hazlo en poesía, ya sea esta en verso o en prosa, con métrica, acentuación interna, rima y estrofas.

No te olvides de poner acentos, porque si no lo haces tu papá se convierte en una papa, pon siempre una tilde sobre la n para escribir la ñ, si no el año nuevo será un ano nuevo, y eso es dejar la historia demasiado abierta a la imaginación, dicho sin albur, aunque más de cuatro mal pensados ya se están armando con la teoría literaria que todo depende del lector.  Aquí presúmeles que sabes de Lacan, Barthes y Foucault, nada más para complacer a los pinches académicos que se creen muy muy.

Escribir, al final de cuentas es querer ser creadores de la palabra escrita, no es la historia que contemos, todos tenemos algo que decir, no son los personajes que concebimos, nada más volteen a su lado y encontrarán un protagonista de su propia novela.  Escribir, es la forman en la cual comuniquemos nuestras reflexiones, nuestras observaciones, nuestras vivencias, sentimientos, logros, fracasos, amarguras y demás.  Escribir es simplemente el vivir, dejando huella escrita de nuestro paso por este planeta.  No queremos pasar por desapercibidos, deseamos que el mundo sepa de nuestras luchas como seres humanos, de nuestros ideales políticos, religiosos o de cualquier índole.  Los escritores deseamos que en mil años alguien descubra  nuestro trabajo, y que lean lo que algún día escribimos.  Y si he de ser honesto, sí, también a veces yo deseo la fama, pero no es el fundamente del por qué escribo.  Escribo por placer, por necesidad y para sacar mis propios demonios, ya sean en poesías, ensayos, o narrativas.

Por eso siempre digo: ¡A escribir se ha dicho!  ¡A escribir se ha dicho!  ¡Compañeros!  ¡A escribir se ha dicho!

© David Alberto Muñoz

 

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It really doesn't matter; with the passage of time I don't know, you begin to view life as a short story that will end next Friday night at the same time that the novelas are playing.

Christina Castro

Por David Alberto Muñoz

My name is Christina Castro. I was born in El Centro, California in 1959, raised practically in Calexico and Mexicali since my dad was form El Rancho de Mis recuerdos, a un lado de Progreso. You should know! El Centro is the only U.S. city that lies completely below sea level.  It's also the largest city in the Imperial Valley and has more than 350 days of sunshine and around 3 inches of rain during a given year. In other  words, hace un calor de la chingada.

All my life has been spent in that area. Yes, I have been to the Aztec capital, to Guadalajara, Cabo San Lucas, Tijuana, but in Old Mexico they don't like Chicanos. I don't know why. They make fun of the way we speak Spanish. They ridicule the way we dress. Hay mexicanos that are OK. But generally speaking, sometimes they behave worse than gringos.  Always looking down on us. I guess is a human characteristic to feel superior to anyone that does not quite fit in the group. Whites do it, Blacks do it, Asians do it, and of course we Mexicans also do it. I wish people would understand that we are not all the same. We are different.  And we Chicanas have something to say even though people, especially men, don't want to hear it.

I remember one time when I was in Teotihuacán, una ruca yelled at me:

"Estás mas prieta que yo why don't you speak Spanish!"

“Pues porque no sé.” I told her.

Why does everyone want everybody else to be just like them? My guess is that it would be boring if all of us were the same, right? Listen, I speak English, my first language was English, and yes, sometimes I wish I could speak Spanish better, but when I went to school they used to hit us every time we spoke Spanish. It was not an easy time. At home your Dad used to hit you because he was drunk and he wanted you to bring him a caguama from the store, and he was tired from working all day in the fields, and he wanted to have sex with your Mom and she was so angry because she was still washing clothes to make some extra money that at the end she hit us too! We all got used to get hit. We never actually question it. I guess this is why our Spanish it's all broken ¿qué no?

Anyway, I graduated from Central Union High School, the Spartans. For some time my mother wanted me to go and work in the fields with my Dad and my brothers. I have 4 brothers and a sister. But somehow I wanted to keep studying. They showed us a movie in history class called: "Salt on the earth." And that made me star thinking about my future. Why are we supposed to only work the fields? Why can we be the owners of the land?

I decided to go to college. I went to Imperial Valley College. It was not easy at first but some great teachers helped me a lot, like Mr. Rodriguez.  He told me I could do anything I wanted to do; the only thing was for me to get my mind into it.

Eventually, I was lucky to get a scholarship to go to San Diego State University, the Imperial Valley Campus. It was there that I was introduced to writers like Denise Chavez, Lucha Corpi, Angela de Hoyos, Cherrie Moraga, Sandra Cisneros, and Ana Castillo among others. What impressed me the most about these women was how honest they could be. I mean some of them were lesbians, some of them were raised in poverty just like me, some of them have never experienced the pleasure of an orgasm, and they had the courage to say it in a piece of paper. I really admired that. I guess like every other woman I would like to meet the perfect person. I prefer honest caring people. Most males are phony. They love to bring you down the starts and the planets, but at the end the only thing they want is your legs open. If I like you and I know you really care about me, I will give myself to you unconditionally, if I discover you are just playing with me I will send you to hell. ¡Chinga tu madre cabrón!

I try to be as happy in life as I can. I sing all the time, day and night.  In fact I think I'm driving my daughters crazy. I have 2 daughters and a son. From different fathers, the girls come from Carlos and the boy from Jesse. It really doesn't matter; with the passage of time I don't know, you begin to view life as a short story that will end next Friday night at the same time that the novelas are playing.

Singing makes me feel good. Singing out loud takes the place of yelling.  It's a great release, and I guess the girls should be happy about that. I don't know why I don't mention the boy. Maybe I included him in the sentence.

I love going to comedy clubs. Talk about a great release. I like to laugh. I prefer to laugh at myself than to cry myself to sleep... I'm happy with the good things that make me smile. I know we cannot be happy 24 hours a day, right? It takes a personal effort ¿qué no?

I became an elementary school teacher. I teach at Woodrow Wilson Junior High School. I believe times have changed, and yet, I still see women struggling to find their own voice in a very corrupted society. Men are rare creatures. They have been created with who knows what purpose...maybe to drive a woman crazy.

I want to be happy. I want to keep singing. I want to get as far as I can. But somehow when you get older the things that matter the most is your familia not your man necessarily. I have a couple of boyfriends and there is really no one moving my tapete. You know what I mean? I don't think we need them, really, but somehow I don't know, sometimes we do.

My name is Christina Castro. Soy Chicana!  And I wish my daughters will have an easier time than I had.

The greatest happiness is to be love for what you are, better yet, in spite of what you are.

Soy Christina Castro, y soy Chicana.

© David Alberto Muñoz

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La contaminación es total, no hay escape, en el mismo momento del nacimiento de un nuevo ser, de su llanto proviene ese mal que ha destruido a la humanidad, me, myself and I.

 

Egolatría

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

El ambiente está muy tóxico.  Un oleaje de egoísmo acapara el sentir de toda la gente.  La ciudad se mira sudada, gotas de reproches caen por las mejillas hinchadas del mentado: me, myself and I.   Nadie parece importar más que el pronombre “yo”. 

Yo necesito… yo deseo… yo crítico…

Son tres listas puestas a la entrada de la ciudad donde todos escribimos con la intención de logar simpatía o destrucción para el prójimo. 

Así, camuflada de buenas intenciones, el suburbio se desliza con la presión alta en frustraciones, su rostro refleja a un niño haciendo berrinche mientras que otros la miran con cierta compasión.   Es una ciudad tóxica, respirando gases venenosos provenientes de cada uno de sus propios habitantes.  La contaminación es total, no hay escape, en el  mismo momento del nacimiento de un nuevo ser, de su llanto proviene ese mal que ha destruido a la humanidad, me, myself and I.  

—No seas payaso, si tú no piensas en ti, a nadie más le importa.  Además, hay que ser positivos.  No todo es malo. 

La maestra de tecnología está enojada porque no le ofrecen contrato.  El ebrio manager de Wal-Mart se estrelló por andar texteando y manejando al mismo tiempo.  A la muchachita que vive en la esquina le encanta ir a provocar a los viejos rabos verdes que se juntan todas las mañanas en el parque Oso a jugar ajedrez.  Los gorditos que van todos los días al McDonald's siguen de metiches porque quieren saberlo todo, el cómo, el cuándo y el por qué. 

El ambiente está muy tóxico.

Yo necesito cariño, respeto, amor…

Yo deseo una casa más grande, mejor sueldo, un carro nuevo…

Yo crítico a Don Juan porque es un sinvergüenza… a Leopolda porque es una presumida… ¿quién se cree que es la tipa esa tan coqueta?  Yo critico al volado de Dionisio que piensa que todas las mujeres andan locas por él… al vanidoso de Adán que no hace otra cosa más que hablar de él y la envidiosa de Eva que nada más se fija qué tiene uno o qué no tiene…

—No seas así, es mejor dar que recibir ¿qué no?

Sí.

—¿Entonces?

El ambiente está muy tóxico…

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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Todos estaban convencidos porque ignoraban sus propias entrañas

 

Inhumano

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Así creció Horacio, ciudadano del nuevo siglo.  Cuando las cosas se observaban detrás de la pantalla de un ordenador.  Todos respiraban señales, ondas radiales, eléctricas, llenas de megabytes. 

La falsedad ya había dominado los corazones inhumanos.  Todos ponían frases de gente famosa intentando provocar una chispa de electricidad en los demás.  Cuando esto ocurría, por unos cuantos segundos los inhumanos conseguían contacto mutuo, y el placer que sentían era un nuevo orgasmo, el sexo del siglo XXI se procuraba en las computadoras, ya que existía mucha enfermedad y falta de higiene.  La tecnología aislaba al inhumano dándole seguridad, placer y bienestar.

Lo único que no parecía cambiar era la crueldad inhumana.  Era parte integra de la libido encontrada en la nueva era.  Lugar donde todos se perdían detrás de una nueva realidad, un cosmos creado con la idea de permitir los más bajos instintos inhumanos… sí… pero ahora mostrados en imágenes que los inhumanos podrían trasmitir en el mismo instante de cometerlas.

Horacio nunca lo supo, pero su mundo  fue concebido entre megabytes y ondas de sonido, donde las nuevas verdaderas eran forjadas entre formulas, ingeniería digital y photoshop, para darles una mejor vista.  Sí, todos los inhumanos se convirtieron en imágenes de publicidad, perfectas, sin el menor defecto, ya que nadie podía observar las desilusiones, los fracasos, la necesidad de amor ya convertido en mito de siglos pasados por una sociedad tecnológica.

Todos eran perfectos, la felicidad existía, ya que todos pretendían decir y hacer grandes cosas convenciéndose así mismos con el fundamento de la seguridad personal.

—¡A mí no me importa lo qué piensen de mí, yo sé quién soy y punto!

—¡Dejen todos de quejarse y mejor hagan lo qué deben de hacer!

—Comamos y bebamos que mañana moriremos.

—Oigamos la voz interna de los dioses que nos llevarán al mismo centro del cielo inhumano.

Todos estaban convencidos porque ignoraban sus propias entrañas.

Horacio vivió y falleció.  Pasó por desapercibido.  Nadie jamás le entendió.   Por más inhumanos que seamos,  parece que todos tenemos un corazón… y a nadie le gustaba mostrarlo porque cuando lo hacían los demás los dañaban, los lastimaban e impedían nuestro peregrinar.

Arrestaron a Horacio el día 30 de mayo del 3012 en la ciudad de los Sueños, estado de Incredulidad, en el país de los Ilusos.  Se le acusó de vivir una idiota vida, porque todos lo sabían menos él.

Descanse en paz… tenía siete horas de creado.

 

Desconozco la bondad, la ternura y la clemencia

Nunca me enseñaron a reír de afecto

Fui programado con resentimiento, egoísmo y rencor

Y mi disco duro no reconocía la razón

 

Desconozco las buenas intenciones

Sólo sé morder la mano de mi prójimo

Mientras desean darme de comer

Mientras lamen mis heridas intentando complacer

 

Soy producto de una extraña raza

De un sentimiento de insatisfacción

Soy simplemente inhumano

Y me enorgullezco de esta distinción…

 

Así murió Horacio, porque todos sabían menos él.

© David Alberto Muñoz

 

 

 

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Recuerdo como miles y miles de estudiantes caminaban hacia La Plaza Tlatelolco,  muy bien formaditos, sin escándalos, con sus tortas a un lado y sí, también con su cigarrito de mota para agarrarle patín a la situación

Tierra de Cuauhtémoc

Por David Alberto Muñoz

 

Crecí en un México que ya no existe. 

Mis recuerdos están capturados en fotografías guardadas en alguna caja de zapatos.   Mis años mozos se manifiestan de vez en cuando por medio de mi imaginación.  

Era un México pintado ante dos volcanes que miraba todas las mañanas desde la esquina de mi casa, mientras iba a la tiendita  a comprar un chocolate Carlos V, o una Coca-Cola, o a lo mejor unos chicles Motitas de plátano que acaban de salir al mercado.  Era un país con esperanza, antes de perder su inocencia el dos de octubre de 1968.  El año en que vinieron las olimpiadas, el año en que rifaron lavadoras y secadoras en Aurrera o la Comercial Mexicana, no recuerdo bien.

Todos los días salíamos a travesear a la calle, muy a la usanza mexicana.  Jugábamos fútbol por supuesto, organizábamos torneos en todo el fraccionamiento, era un fraccionamiento de clase media.  Tuvimos la fortuna de crecer bien comidos, de tener coches americanos, de asistir a escuelas privadas.  En diciembre toda la cuadra se juntaba para tener posadas, había piñatas, mucha comida, tequila y cerveza, mucho chisme, y por lo menos una vez al año la colonia se unía en celebración.

Poco a poco todo aquello fue desapareciendo, quizás fue mi propia inocencia la que perdí una tarde detrás de un muro con una muchachita dos años más grande que yo, o tal vez, toda mi generación quedó congelada al ver los sueños de un país supuestamente libre, democrático y sin guerra, desaparecer bajo una mano enérgica y de poder.

Recuerdo como miles y miles de estudiantes caminaban hacia La Plaza Tlatelolco,  muy bien formaditos, sin escándalos, con sus tortas a un lado y sí, también con su cigarrito de mota para agarrarle patín a la situación.  Iban con su pelo largo, sus morrales, sus pantalones acampanados de mezclilla, las mujeres no traían brasier, y vestían minifaldas.  Era la juventud, con toda su fuerza renovadora la que exigía atención a su queja.  Tenían conciencia política.

Tendría unos 10 años de edad, cuando vi mi generación pasar por desapercibida, cuando la fuerza de un movimiento estudiantil cayó ante el fuego violento de un gobierno que no supo dialogar con su futuro.  Al contrario, destruyó la misma esencia de su pueblo y desde entonces estamos vagando por avenidas perdidas, mitos mal construidos, voces no definidas que se esconden detrás de la discursiva política del año 2012.

¿Qué está pasando entonces?  Ya no es solamente el joven hippie, de pelo largo, hablando calo, teniendo sexo con su novia sin estar casados.  También son los padres de familia, los trabajadores de las fábricas, los pequeños empresarios, los dueños de restaurantes, los maestros.  Las protestas vistas en los últimos meses vienen de un pueblo cansado de falsas promesas, harto de tener temor de salir de su propia casa debido a la inseguridad existente.  Esas voces nunca desaparecieron, aquella generación tiene ahora 80 años, algunos ya han fallecido, y otros intentamos descubrir qué sucedió realmente a un México que se perdió entre el consumismo capitalista y la desacreditación de la izquierda.

El México actual es un México caótico, envuelto en guerras de narcos, corrupción hasta los más altos niveles, la nobleza mexicana parece haber desaparecido.  A veces pienso que la verdadera cara de México se mostró ese dos de octubre, lleno de sangre, violaciones, matanza y destrucción.

Ese no es el México que me gusta recordar.  Prefiero recordar a mis amigos de la Prepa escondiéndonos en las cuevas del bosque Los Remedios para jugar a la botella.  Elijo memorias familiares cuando mis hermanos y yo íbamos al cine a ver Santo y Blue Demon contra las Momias de Guanajuato, o ver en vivo la obra de teatro Jesucristo Súper Estrella con Julissa en el auditorio Nacional, o tal vez, el escuchar las disertaciones que daba Juan José Arreola en el canal 13 que no entendí hasta años después.

Crecí en un México que ya no existe… un México olvidado, un país que no desea recordar las voces de miles de jóvenes idealistas que dieron su vida por el derecho a hablar lo qué se piensa; sólo pregunto: ¿Qué pasará con la tierra de Cuauhtémoc?  El pueblo que trabaja día a día está cansado de lo mismo, falsas promesas, retórica política, un cuerpo policiaco que hace su trabajo todavía pidiendo mordida, un cuerpo legislativo que se encarga no de crear leyes justas, sino de defender intereses políticos, un ejecutivo sin la voluntad de saber elegir la dirección del país, México es una nación con terquedades ya sean de derecha o izquierda, no importa, las verdades también pueden ser inventadas.   Y es un pueblo enmarcado en un cinismo cultural donde sólo los discursos ideológicos absolutistas sobresalen.

A lo mejor es cierto lo que algunos han dicho: “Dejen que el narco tráfico gobierne el país, tendríamos más garantías y más trabajos”.

La única verdad que puedo afirmar viendo al suelo que me vio nacer desde mi tierra adoptiva, es el gran amor y cariño que todos los mexicanos sentimos por nuestro México.  Pero ese México se ha convertido simplemente en un folclor, una gran cultura culinaria, unos mariachis que tocamos desde tierras extranjeras recordando lo nuestro, todas esas voces que nos hacen gritar al escuchar La Negra, o el Jarabe Tapatío, y ese momento sólido de unidad nacional cuando el mexicano se detiene a comer unos pinches tacos en una de tantas taquerías en toda la nación. 

Esa es la única verdad empírica que vislumbro.

Crecí en un México que ya no existe… ¿cuál es el futuro de la tierra de Cuauhtémoc?  La esperanza no quiere morir pero es definitivamente un México cansado, agotado de tener que vivir bajo su propio yugo.  Siempre lo hemos dicho, tenemos todo para ser un gran país pero nos falta todo para alcanzarlo.

México lindo y querido

si muero lejos de ti

Que me entierren en donde sea

Sólo que digan que nací allí…

© David Alberto Muñoz

 

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Porque somos seres en la misma medida de la arena del mar, viviendo en un universo perdido, y pretendiendo que sabemos qué hay en el más allá

 

Conmigo mismo

Por David Alberto Muñoz

 

¿Qué haces cuándo no sabes qué escribir?

Nada, solamente comienzo a platicar conmigo mismo.  Hablo de un sin fin de tonterías.  Cuento chistes bobos.  Leo noticias como loco.  Abro libros que leí hace más de veinte años, buscando frases, oraciones, algo que de alguna manera me inspire.

¿Crees en eso de la inspiración?

Pues sí… ¿no?

No sé, sólo pregunto.

¿Sabes?  Cuando observo el mundo en ocasiones todo me parece ridículo. Incluso nuestros propios movimientos causan risa.  Todo parece ser un absurdo,  resultado de culturas híbridas, conectadas arbitrariamente, a propósito, con buenas o malas intenciones, resultando en imágenes fotografiadas o dibujadas, letras escritas o imaginadas, golpes dados o recibidos, todo ese panorama que vivimos a diario, y que actualmente, hemos separado en dos universos metafísicos, el mundo detrás de la pantalla, y el mundo de afuera.

Sí, ya entiendo, hay quienes se ocultan detrás de los sentidos.  Se ahogan de emociones bebiendo brebajes mágicos,  penetran en las profundidades más recónditas del corazón humano para permitir que sus cuerpos simplemente sientan, experimenten, disfruten u odien su condición humana.   

Pero esos no son los únicos.  Qué me dices de aquellos que nadan día y noche en el mar de la racionalidad.  Han sido engendrados por la lógica, y su padre es el conocimiento.  Se acuestan con los números viviendo entre premisas y conclusiones.  Nunca dan su brazo a torcer… bueno… así somos todos ¿no?

Sí, nadie es puro.

¿Por qué lo dices?

Porque todos aglutinamos ideologías.  Las tendencias humanas es el compromiso de una ensalada de ideas, sentimientos, vivencias, aproximaciones y demás.  No podemos escapar de nuestro trasfondo humano, educativo, genético; somos seres con la conciencia de que cierto día moriremos desapareciendo de esta, tal vez, nuestra única realidad.  De allí que hemos creado también mitos fundados en la esperanza, en el deseo de no desparecer, por el contrario, queremos seguir viviendo. Con codicia aspiramos a seguir respirando, y al ver nuestros cuerpos envejecer, conjeturamos ficciones, novelas o cuentos donde bajo “verdades” dispensacionalistas, vislumbramos una vida ideal, perfecta, eterna, donde seremos ganadores de todo galardón imaginado.

¿Oye?

Dime.

Todo está muy loco… ¿no?

Sí, yo creo que sí.  Por eso el viejo toma viagra para seguir cogiendo.  Y la mujer se levanta o se pone pechos nuevos, y todos se dan su planchadita. 

¿Pero eso qué tiene de malo?

Nada, absolutamente nada, es sólo una prueba más de la pequeñez humana. 

¿Por qué dices pequeñez?

Por que somos seres en la misma medida de la arena del mar, viviendo en un universo perdido, y pretendiendo que sabemos qué hay en el más allá.

¿Qué haces cuándo no sabes qué escribir?

Nada, tan sólo platico conmigo mismo…

© David Alberto Muñoz 

 

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Era muy amiga de Aide, la hermana de Jaime, los del 18, fue a ella a la que le dijo que las emociones o los sentimientos en la vida pueden cambiar.  No podemos permanecer bajo un mismo sentimiento.

 

Elenita

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

¿Saben la historia de Elenita?  La esposa de Raymundo, los que vivían en cuarta calle de Cochabamba, número  16, en el fraccionamiento Las Américas, en Naucalpan Edo de México.  Era un fraccionamiento bonito, familiar, bueno, lo sigue siendo, sólo que Elenita ya no vive ahí.

Sé lo qué están pensando.  ¿Qué pasó?  ¿Verdad?

Pues, Elenita se divorció del marido porque no lo quería.  Así de sencillo. 

Cuando la noticia se dio a conocer todos corrieron a ver si era cierto.  En esta ciudad el chisme corre antes de que nazca.  Todos miraban a Elenita con ojos de curiosidad, de cuestionamiento.  El señor Raymundo Zavala era un conocido empresario con ciertos negocios medio chuecos algunos pensaban, pero era buena gente.   

Elenita abrió la puerta de su casa y salió con mucha entereza.  Tenía la mirada bien fuerte, no dejaba ver ningún reproche, ningún sentimiento de coraje, enojo o desprecio.  Simplemente un día se levantó, y decidió separarse del hombre con el cual había vivido ya más de treinta años.  Todos le preguntaban, ¿por qué Elenita?  Ella casi sin expresión decía porque ya no lo quiero.  ¿No me creen?  Los sentimientos cambian y a veces el mismo amor puede desaparecer.  Aunque en mi caso, nunca lo quise.  Me casé para según yo evitar la autoridad de mis padres.  Sólo para salir de mí casa.  Estaba atrapada pero pronto me di cuenta que salí de Guatemala para entrar a Guatepeor.    

En los últimos años ni le gustaba estar con él, en la cama, ella me lo dijo.  Duele decirlo pero llegó a provocarle asco.  ¿Por qué Elenita?, le preguntaban, pues porque después de tantos años de tener que aguantar a un hombre encima de ti, te enfadas, te molestas, te da asco, respondía con esa voz segura que hasta decían se le había hecho más varonil desde el divorcio.  Cuando no quieres a un hombre te molesta su aroma, su olor, sobre todo si es medio sucio como era Raymundo.  Además estaba gordo, ni siquiera en eso me complacía.

Era el chisme de toda  la colonia.  En el fraccionamiento Las Américas,  todo mundo sabía del divorcio de Elenita.  ¿Por qué se divorció Elenita?, le preguntaban.   La señora Tere del 14 se escandalizó tanto porque era muy religiosa, decía que Dios odia el divorcio, que así dice la Biblia, y cuando Elenita empezó a salir con otros hombres pues no la bajaba de puta ya se han de imaginar.  Se juntaba con todas las viejas chismosas de la cuadra nada más para murmurar  e inventarle mentira y media a Elenita.  Eran bien hipócritas todas, a la mentada señora Tere se le conocía una aventurita con un muchachito amigo de su hijo.  El chamaco tenía 17 años, venía a su casa todos los miércoles tempranito y se quedaba hasta el medio día.  Ella decía que le estaba ayudando dejándolo usar la computadora de su hijo.  ¡Bonita computadora!

La maestra pensaba distinto, sí, la que vivía en el 14, era maestra de sicología en la prepa, en el CCH,  ¿qué es eso?  Colegio de Ciencias y Humanidades, suena chido ¿no?  Pues ella decía que una mujer tiene todo el derecho a separarse de su marido si ya no lo quiere.  Y además, tiene no solamente el derecho legal, sino también el derecho moral de meterse con quién se le dé la gana.  En la colonia le decían la “mujerzuela liberalona”, porque siempre andaba ayudando a los chamacos que salían con su domingo siete, como Esthercita, cuando Jaime la embarazó, fue precisamente ella, la maestra, la que habló con los papás, y arregló para que tuvieran al niño porque según esto decían, ellos lo querían tener.

También hubo vecinos como los de 12 y el 22 que estaban más neutralizados, o más bien, más en medio, ni fu ni fa.  Don Benito siempre decía, no anden de borloteros, mejor ni digan nada, porque más pronto cae un hablador que un cojo.  Y pues sí, tuvo toda la razón, después del divorcio de Elenita, dos parejas más salieron divorciadas, aunque en esos casos todos dicen que los maridos andaban de sinvergüenzas como todos los hombres.  Pero en el caso de Elenita, no, ella lo dijo muy claramente ante todos en la colonia, yo nunca lo quise, por eso me divorcio.

Le hicieron la vida imposible.  Ella se hubiera quedado a vivir en la colonia, estaba contenta, sobre todo después que se fue el susodicho marido.  Pero la gente es bien chismosa, le inventaron aventuras al por mayor, hasta con el padrecito Juan, vaya usted a creer, no miento, pobre padrecito, sudó la gota gorda.  Apenas salía de su casa y todos se amontonaban para mirarla feo y hablar mal de ella.  La pobre señora a veces se cansaba y bueno, un día de plano se hartó y mandó a toda la colonia a la reverenda chingada.

Era muy amiga de Aide, la hermana de Jaime, los del 18, fue a ella a la que le dijo que las emociones o los sentimientos en la vida pueden cambiar.  No podemos permanecer bajo un mismo sentimiento.  Se dio cuenta de que deseaba ser feliz y con el mentado Raymundo pues de plano no era feliz.   

¿Por qué se divorció Elenita?, le preguntaban.  Porque quise y punto.  No tengo que andar dándole explicaciones a nadie.  En esta colonia todo mundo quiere estar en los asuntos de todos.  ¡Qué chingados les importa!  La gente a veces no tiene otra cosa qué hacer que andar hablando mal del prójimo.  A veces me pregunto  ¿por qué somos así?  Nada más criticando, buscando defectos, juzgando a los demás.  Si quiero me acuesto con el mismo Papa y ¡qué!

¡Ayayay!  Se encendía la señora Tere.  Eres una hereje, le gritaba, cómo te atreves a hablar así de su santidad.  Te vas a podrir en el mismito infierno.  Pues mientras usted no esté ahí todo está bien, le contestaba.

¿Por qué se divorció Elenita? 

Porque no lo quería…nunca lo quiso… Sí, me divorcié porque no lo quería… nunca lo quise… así de sencillo… sí, así de sencillo…  un día despiertas y te das cuenta que nada es igual… yo soy Elenita… y cuando me preguntan por qué me divorcié contesto lo mismo…

Elenita se divorció del marido porque no lo quería.  Así de sencillo… ¿por qué todos me tienen que juzgar?

© David Alberto Muñoz

 

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Las voces vuelan sin detenerse.  Surgen culturas híbridas.  Se mezclan los idiomas.  El gringo ya come chile.  Los mexicanos se ponen sus shorts Bermudas para ir al mall.  Las nuevas generaciones van a México y preguntan por qué no hay aire acondicionado, mientras los güeros cuestionan si en México hablamos “mexicano”.

Éxodo

Por David Alberto Muñoz

El éxodo hacia la frontera México-Estados Unidos no se detiene.  Diariamente miles y miles de individuos salen de sus hogares con la meta de llegar a la llamada “tierra prometida contemporánea”.   Lugar donde fluyen los trabajos y el poder, donde el dinero crece en los árboles, y lo único que hay que hacer es trabajar para logar piscarlo. 

Montados en trenes bestias, se encomiendan a sus santos y dioses, y en su imaginación se proyecta una vida apartada de las necesidades económicas, del hambre, de la injusticia que muchos experimentan a diario en sus propias tierras.

¿Qué hay detrás del alambre?  ¿Qué secretos se esconden al otro lado del río Bravo?  ¿Es acaso todo producto de historias y mitos creados a principios del siglo XXI por inmigrantes que alcanzaron su destino?   ¿O tal vez, es el producto de todo el know-how existente, porque parece ser que ya hemos caído en la frontera del Facebook, dónde todo se vive detrás de una pantalla?

Millones de inmigrantes provenientes de todas partes del mundo han llegado al suelo del Tío Sam. Aquellos que lograron no perder la vida llegan de distintas formas.  Unos con conocidos o familiares, otros a lo pelón, sin conocer a un alma se aventuran a contratar a un coyote para que los pase.  No faltan aquellos que intentan hacerlo de la forma legal, los que tienen contactos del lado norte de la frontera, o quizás, profesionistas que intentan ingresar a la comunidad laboral con sus títulos, y al llegar, les dicen fueron adquiridos en otros lugares del mundo.

La frontera parece ser infinita.  Pronto, los arribados conocen el odio existente entre muchos pobladores de estas tierras rojo-azul.  Se culpa al indocumentado de ser el causante de todo mal existente en las venas estadounidenses.  No hay escape, la lógica de pensar que hace muchos años este suelo era de México resulta una verdadera falacia, porque ya no lo es.  A veces nos preguntamos en qué condiciones estaría si estuviese en manos de mexicanos.

No faltan las críticas mutuas hechas incluso por algunos que ya tienen sus “papeles”, y se mueven con facilidad por suburbios norteamericanos, así como esos que desearían llegar a la tierra que promete oportunidad, justicia y el derecho a portar armas.

—¡A mí me costó un chingo establecerme de este lado!  Mucha gente viene nada más para que le den dinero.

—¿Por qué todos esos que ya están viviendo en los Estados Unidos se olvidan de dónde son y cómo llegaron?

—¡Ya no vengan, ya no hay lugar!

—¡Qué quieres que hagamos, no hay trabajo en nuestros pueblos!

Mientras los argumentos surgen de ambos lados, los fenómenos culturales siguen ocurriendo.   Se culpa al país del norte de ser el consumidor más grande de drogas del mundo.

—Pues por eso las producimos, para llevárselas a ustedes que las utilizan ¿no?

Se dice que nuestros impuestos están pagando por la educación de niños “ilegales”, y que mucha gente cobra su cheque del “welfare” para alimentarse con el dinero que le pagamos al gobierno.

—¿Cómo pueden negarle la educación a una criatura que ni siquiera supo que lo llevaban para el otro lado?  ¿No dicen que los Estados Unidos es un país cristiano? ¡Pa cristianitos!

Las voces vuelan sin detenerse.  Surgen culturas híbridas.  Se mezclan los idiomas.  El gringo ya come chile.  Los mexicanos se ponen sus shorts Bermudas para ir al mall.  Las nuevas generaciones van a México y preguntan por qué no hay aire acondicionado, mientras los güeros cuestionan si en México hablamos “mexicano”.  

Parece ser que existe una gran ignorancia de ambos lados.

Es precisamente por esto que reconocemos que estamos viviendo el tiempo del éxodo. Ya nadie es originario del suelo donde vive.  Todos hemos llegado de otras tierras.  Nuestra humanidad no ha desaparecido, hemos logrado filtrar nuestras identidades con símbolos culturales que tienen sentido para nuestra persona.  Tal vez estereotipos, sí, pero hemos adoptado figuras postmodernistas que ya entraron en la época digital, y que se mueven en ese cosmos universal de la tecnología, el Internet, los teléfonos celulares, la comunicación actual que es el estar disponible 24/7, siete días a la semana, 24 horas al día.  A veces ya ni salimos a la calle, no es necesario, ya que casi todo lo podemos tener por medio de nuestras computadoras, nuestros iPhones, nuestra perspicaz mentalidad del siglo XXI.

Las fronteras en realidad no existen.  El ser humano las ha creado.  Son idiomas, culturas, tradiciones, expresiones verbales, físicas y de comportamiento, que llevaron a algunos a erguir barreras elevando banderas que representan nuestra comunidad personal en general.

¿A dónde irán todos los éxodos modernos?   El ideal sería al reconocimiento de nuestra humanidad con todas sus imperfecciones, luchas y retos.  O muy posiblemente, llegar a la destrucción de un nuevo siclo de vida, una nueva dispensación profética, donde como ya se ha visto en la historia humana, el hombre, el ser humano no logra encontrar la forma adecuada de vivir en paz consigo mismo.  De aquí tantos cielos prometidos por miles y miles de ideologías, religiosas, políticas, filosóficas y demás.

La única verdad que parece permanecer en más de dos mil años de historia, es simplemente: la compleja experiencia humana.

Y el éxodo continúa.

© David Alberto Muñoz

 

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No sé por qué siempre pensamos que somos tan encantadores que con sólo nuestras palabras podremos conquistar la situación, al sexo opuesto, o los problemas de a diario.

Esperar

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

No sé cuanto tiempo llevo esperando.  Ya van varios meses y todo parece seguir igual.  Sólo escucho esas voces raras que de pronto aparecen diciendo cosas que yo la mera verdad no entiendo.  Nadie me dice nada, nadie me explica.  Tan sólo es un  tic-tac como de un reloj que camina, camina y marca las cinco de la tarde.

Hace tiempo leí en un libro: “La talla de la soledad también se mide por el tiempo de la espera”.   Me impresionó la expresión.  Lo qué yo entendí fue que si esperaras mucho tiempo, y te sientes solo pues ya te llevó la chingada.  No me acuerdo bien de quién era.  Es uno de esos libros que agarras porque te llama la atención el título o la portada, o a lo mejor leíste algo sobre el autor en algún periódico cuando estabas esperando… sí… siempre estás esperando…

Desde que tengo uso de razón estoy en espera, ¿de qué?  De todo, mi madre siempre se levantaba y antes de darnos desayuno se hacía su cafecito y se comía un bolillo con mantequilla.  Mis hermanos y yo nada más la mirábamos con ojos de mendigos y cara de hambrientos.  Ya para cuando se dignaba a prestarnos atención, ya era hora de irse a la escuela, y pues, ni modo.

—En la escuela les dan de comer—pronunciaba mi madre mientras encendía un cigarro Raleigh, de esos que son muy cortitos.

—No mamá—le discutía mi hermano—venden la comida, no la dan.  ¿No tiene un peso al menos para comprarnos un refresco?

Nos sacaba literalmente de la casa dándonos unas nalgaditas a cada uno.  A mí me daba risa. 

Mi papá a veces me llevaba con él a trabajar, pero lo hacía porque una vez que salía de la chamba no le gustaba ir hasta el otro lado de la ciudad a recogerme de la escuela.  Lo planeaba todo y se iba de parranda con sus amigos, y a mí me dejaba en el carro.  Como que andando yo con él mi mamá pensaba que no se iba a ir con otras mujeres.  Yo nunca lo vi. 

Me decía con voz de seriedad:

—Espérate tantito, ahorita regreso.

Pasaban horas y horas y yo esperando.  No recuerdo dónde estaban mis hermanos.  A veces aprovechaba si tenía tarea para hacerla pero por regla general me entretenía mirando a la gente, sobre todo a las muchachas.  Conocí uno de esos días a Zulema, así se llamaba.  Era una adolescente muy desarrollada.  Morena, alta, con una figura de diosa, bueno, pensaba yo en esa época, para mí era la protagonista de mis fantasías sexuales.  ¡Estaba espectacular!  Logré besarla y agarrarle los pechos pero esperé un chingo. 

Fue precisamente ella la que me preguntó:

—¿Por qué a la gente le avergüenza la soledad?

No sé, le dije.  A nadie le gusta estar solo.  Nos avergüenza sobre todo si vemos a personas en grupo, como que deseamos estar con ellos, y poder platicar igual que ellos ¿no?  Yo siempre estoy esperando pero nunca había pensado que estoy solo.  Me hago acompañar de mis pensamientos y juego con la imaginación.  Siempre me han dicho que eso es bueno ¿no?  Pero sí, me da pena que todos sepan que estoy aquí esperando sin saber cuánto tiempo.

Mucha gente prefiere mentir, igualito que Zulema, una vez me acerqué para preguntarle a quién esperaba, y me dijo que a su novio que estudiaba en la UNAM, que siempre pasaba por ahí a la hora de la salida para llevársela a comer al centro.

No seas mentirosa, le dije.  Una cosa es que estés bonita y otra que te inventes novios o salidas que a tu edad son puras fantasías.

Me miró con ojos de desprecio.

—Bueno, y tú ¿a quién esperas?  Porque este carro tú no lo manejas.

No, le respondía, espero a mi papá.  Está en la cantina tomando con sus cuates y lo tengo que esperar.

—Bonita cosa—decía mientras se levantaba la falda dejando vislumbrar su ropa interior y se retiraba sin decir más.

Cuando empecé a trabajar la espera continuaba.  Tuve que ir a entrenamiento.  Me citaban a las ocho de la mañana y siempre había que esperar por lo menos media hora si no es que más.  Cuando tenía que ver al patrón, lo mismo.  Es que los patrones están muy ocupados, y tienen que encontrar tiempo para poder vernos.  ¡Qué curioso!  Encontrar tiempo… Yo creo que yo tengo mucho porque siempre estoy esperando, a mí no se me ha perdido.

Cuando le pedí la mano de su hija al padre de mi esposa, me hizo esperar un año antes de considerar una respuesta.  Yo de pendejo le hice caso.  Y mi mujer nada más se dejaba agarrar la mano y bueno, la piernita muy de vez en cuando, porque decía tener principios que le habían inculcado en su casa y pues… ni hablar… no hubo nada hasta el día de la boda, y por cierto, también tuve que esperar casi 48 horas porque según ella estaba muy cansada, y además, ya le iba a venir la regla.

No sé por qué siempre pensamos que somos tan encantadores que con sólo nuestras palabras podremos conquistar la situación, al sexo opuesto, o los problemas de a diario.

Cuando llegaron los hijos la espera continuó.  Esperé más de ocho horas en el parto, más de un mes de cuarentena para que la mujer se recuperara.  Tuvimos que esperar meses antes de que aprobaran la hipoteca de la casa, pero eso sí, el dinero lo tienes que soltar de inmediato.  Es como cuando pides comida en un restaurante, se tardan en traértela pero la cuenta, la tienes ahí incluso antes de pedirla. 

Toda mi vida ha sido un constante esperar. 

Esperar el aumento, porque la compañía está en dificultades financieras.  Esperar  a que el amigo se digne a responder tus llamadas porque tampoco tiene tiempo.  Esperar a que la mujer se vista y se arregle para ir al teatro.  Esperar a que el carro se caliente para que no se te vaya apagar a medio camino.  Esperar que tu hija consiga buen partido y no se meta con ese muchachito desgraciado que es un verdadero hígado.  Esperar que tus hijos terminen carrera para que no tengas que mantenerlos toda la vida.  Esperar que te funcione bien el equipo porque hoy en la noche es cumpleaños de tu señora y si no tratas nada se va a sentir.  Esperar que los nietos se acuerden de tu cumpleaños.  Esperar que en las próximas elecciones verdaderamente venga un cambio, que el licenciado se haga tu cuate, que el compadre te compré la sala nueva que tanto necesitan, que el taquero te fie unos tacos, que la nueva secretaria se sonría contigo.  Esperar… esperar…esperar…

… Y ahora, ya llevo más de tres meses en coma y tampoco me puedo morir en paz.  Es como estar en una estación de ferrocarril esperando al tren, y el tren nunca llega.

¿Así será la vida de todos?

¡Qué mala onda!

¿No? 

A lo mejor esa es la muerte… un eterno esperar.

© David Alberto Muñoz

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Es un bello planeta con manifestaciones de humanidad, aprecio, misericordia, comprensión, pero de la misma manera es un lugar donde el juicio, la condena, la crítica injustificada o la falta de tener un oído abierto al “otro” nos impide progresar, ya que como dice ese popular dicho mexicano:  “Cada loco con su tema”.

Espiritualidad, materialismo y Sócrates

Por David Alberto Muñoz

La espiritualidad no es un fenómeno nuevo dentro de la sociedad, al contrario, desde hace miles y miles de años el ser humano ha intentado descubrir los misterios que se encierran detrás de esta esfera  de la realidad negada por algunos.  Hay quienes dicen que la realidad está basada estrictamente en la materia,  ya que la materia nunca desaparece sólo cambia de forma (materialismo).  También, existen aquellos que dicen que la realidad se encuentra en el plano espiritual, el idealismo expresa que no debemos de buscar las cosas dentro de la materia, sino que más bien es necesario entrar al mundo de lo espiritual.  Infinidad de religiones han aceptado esta premisa, y basan su discurso en esta concepción de la realidad. [1]

Esto ha proporcionado debates, propuestas, interpretaciones, preguntas, que continúan siendo discutidas en el plano intelectual.  En la época medieval, cuando el cristianismo dominaba el continente europeo, surgen las mal llamadas “brujas”, que creó una persecución no justificada, ya que muchas de las susodichas eran  simplemente parteras, curanderas o simples conocedoras de la medicina alternativa (contra el status quo) [2], fenómeno que continuamos viendo en nuestros días.  Además,  la llamada “cacería de brujas”, continuaría hasta el año 1944, cuando Helen Duncan fue arrestada por vagancia, y posteriormente acusada de fraude bajo “La ley de brujería británica de 1775”, Duncan era una médium escocesa, que de acuerdo con ciertas personas poseía la habilidad de traer muertos a la vida. [3]

Este fenómeno fue criticado y expuesto por el escapista, mago e ilusionista Harry Houdini (1874-1926), quien dentro de sus actos con fines de entretenimiento, hipnotizaba literalmente al público con trucos espiritistas, para posteriormente revelarle a la audiencia que era imposible comunicarse con los muertos. [4]

La humanidad definitivamente ha progresado en el ámbito tecnológico.  A diferencia de la edad media, actualmente sabemos que vivimos en un globo terráqueo.  Ya no condenamos a los científicos a muerte porque sus descubrimientos contradicen las enseñanzas bíblicas (al menos eso se dice).  Nos jactamos de ser personas del siglo XXI, donde muchas de las cosas que algunos de nosotros considerábamos ciencia ficción, se han convertido literalmente en una realidad material, física, corporal.  Casi todos cargamos un teléfono que primeramente es inalámbrico, que puede marcar y ver literalmente a la otra persona en pantalla.   Recientemente se anunció que ya existe un automóvil que puede volar, e incluso uno que se maneja sólo, sin conductor.  ¡Lo pueden creer!

Sin embargo, el debate básico de dónde encontrar la realidad continúa y continuará por muchos siglos venideros.

Si consideramos todos estos fenómenos espirituales como parte de una sociedad popular con falta de conocimiento, meditemos un poco.  ¿Se necesita fe para creer que los muertos pueden resucitar?    ¿Qué acaso no es necesaria la fe para creer que cierto día la trompeta sonará y todo ojo verá al hijo de Dios descender del cielo?  ¿Cómo podemos creer que una virgen dio a luz sin al menos ser inseminada artificialmente?  ¿Si creemos en los milagros porque no podemos creer en la magia, los espíritus chocarreros, o la planta medicinal de Doña Petra?

El filosofó griego Sócrates es citado infinidad de veces por maestros, estudiantes, escritores, teólogos, artistas y demás,  cuando expresa: “Una vida no examinada, no vale la pena vivir”. [5]   Es necesario que reexaminemos toda la discursiva actual.  La esencia del ser humano no cambia, seguimos destruyéndonos a nosotros mismos, unos dicen que no tenemos remedio, y por eso necesitamos ser redimidos.  Otros, prefieren plantear un mensaje más positivo, necesitamos más educación para alcanzar mejores condiciones en nuestro planeta, esto implica ya sea justicia social, equidad en la repartición de bienes, la eliminación de doctrinas místicas que alimentan la mediocridad en el ser humano, y más aún, aquellos que proponen que en lugar de querer comprobar que “estamos en lo cierto”, prefieren esbozar un proyecto de mejorar las condiciones actuales en lugar de esperar un día con tendencias mitológicas donde todo será felicidad. 

Nuestra realidad ya sea espiritual o material, se reduce al mundo en el cual vivimos.  Es un bello planeta con manifestaciones de humanidad, aprecio, misericordia, comprensión, pero de la misma manera es un lugar donde el juicio, la condena, la crítica injustificada o la falta de tener un oído abierto al “otro” nos impide progresar, ya que como dice ese popular dicho mexicano:  “Cada loco con su tema”.

Aún así, examinemos nuestras vidas, ¿dónde estamos?  ¿Cuáles son mis metas a largo o corto plazo?  ¿He cometido errores  o soy perfecto?  ¿Cómo puedo mejorar o realmente deseo mejorar?  ¿Debo cambiar de dirección?  ¿Soy feliz conmigo mismo, con lo que hago, con la gente a mí alrededor?  Y aunque en ocasiones lo absurdo de la vida nos llega a todos porque la existencia humana muchas veces no encuentra sentido, [6] es primordial reconocer nuestra limitación humana, sin imponernos imposibles, pero sí, dentro de una realidad muy plantada en la tierra, donde los elementos espirituales llegan y nos ayudan a entender misterios, donde podemos utilizar nuestra mente, y entender racionalmente los fenómenos naturales, sociales, intelectuales, teológicos, sociológicos y de cualquier índole, evitando el discurso de “odio” que desafortunadamente todavía existe entre nosotros.

Hay una historia sobre Sócrates muy conocida.  Se cuenta que la antigua Grecia tenía fama por su sabiduría.  Cierto día un conocido de Sócrates le dice:

— Maestro, ¿sabe lo que acabo de escuchar  acerca de un amigo suyo?

— Espera un minuto— replicó Sócrates— Antes de decirme nada, me gustaría que pasaras una pequeña prueba.  Es la prueba de los tres filtros.

—¿Los tres filtros?

—Eso es —continuó Sócrates —Antes de decirme nada sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que me vas a decir. Primer filtro: ¿Estas absolutamente seguro que lo que me vas a decir es verdad?

—No, solamente acabo de escucharlo—respondió el hombre.

—Está bien, dijo Sócrates.  Así que realmente no sabes si es verdad o no.  Ahora el segundo filtro, el filtro de la bondad.  ¿Es bueno lo qué me vas a decir sobre ese amigo mío?

—No, todo lo contrario—respondió el individuo.

—Así que, tú quieres decirme algo malo de un amigo mío, pero  realmente no sabes si es cierto.  Bueno, todavía puedes pasar la prueba porque queda un último filtro, el filtro de la utilidad.  Lo qué me vas a decir de mi amigo,  ¿es útil para mi?—preguntó Sócrates.

—Pues, quizás no—dijo el hombre.

—Bien, concluyó Sócrates, si lo que me quieres decir no sabes si es verdad, no sabes si es bueno y no sabes si es útil, ¿para qué quieres decírmelo?

Esto muestra una actitud distinta ante individuos que pueden ser tan negativos que es mejor ni siquiera escucharlos.  Es muy fácil culpar al “otro” por los problemas de la humanidad e incluso nuestros propios problemas.  Es muy sencillo enojarse y tirar la silla gritando a garganta abierta que todo es culpa de los demás.  Es tan fácil asumir que yo tengo la razón en todo o que conozco todos los misterios del patrimonio humano, y puedo cerrarme para no escuchar a nadie.  Esto es parte de nuestra naturaleza humana.  Pero es mucho más díficil sentarme a discutir con aquella persona que no está de acuerdo conmigo.

El mismo sabio Sócrates lo dijo poniendo sobre la mesa la base de toda su filosofía: “Yo sólo sé que no sé nada”.

Aunque bien podemos terminar nuestra historia  poniéndole un sabor muy mexicano.

Aquél hombre se quedó observando a Sócrates detenidamente, su rostro reflejaba entendimiento, cierta perspicacia pero sin dejar de cuestionar algo.  Después de algunos minutos se dice así mismo:

— Este tipo de razonamiento explica por qué Sócrates es considerado un gran filósofo… sí, sabe mucho porque sabe que en realidad no sabemos absolutamente nada… Lo único es que ahora…pues ahora no sabrá que Platón se está cogiendo a su mujer.

Pensemos cuidadosamente, y no temamos reírnos de nosotros mismos.

© David Alberto Muñoz



[1] M. Cahn, Steven, Markie, Peter, eds. Ethics, History, Theory and Contemporary Issues.  New York: Oxford Press, 2012.

[2] González, Justo L.  The Story of Christianity Volume 2.  San Francisco: HarperSanFrancisco,  1984.

[3] http://www.helenduncan.org.uk/ 18 of April, 2012.  La historia de Helen en la actualidad es defendida en esta página web donde se nos dice que la mujer tenía la capacidad por medio de un flujo “ectoplasma” de traer a personas ya fallecidas a la realidad material.  La Real Academia Española define esta palabra como: “Supuesta emanación material de un médium, con la que se dice que se forman apariencias de fragmentos orgánicos, seres vivos o cosas”.  En el presente caso, estos “espíritus”, revelaban cosas conocidas únicamente para familiares.

[4] Cannel, J.C. The Secrets of Houdini.  New York: Dover Magic Books, 1973.

[5] Chaffee, John.  The Philosopher’s Way: A Text with Readings.  Thinking Critically About Profound Ideas.  New York: Pearson, 2013.  Mi traducción.

[6] Sartre, Jean Paul.  La nausea.  México: Editorial Época, S.A.  2002.

 

***

 De pronto, al igual que si tuviera un cliente enfrente, Xavier utilizó toda su galanura y carisma para intentar tener acceso a un instante de comunicación, cuestión que él sabía muy bien, le daría la oportunidad de conocer más a fondo a aquella extraña, sí, pero hermosa  mujer.

Identidad

Por David Alberto Muñoz

 

Caminaba Xavier por el centro de la ciudad.  

Iba solo como de costumbre.

Era una tarde nebulosa, seca, traslúcida sólo por las miradas de los peatones que hacían hasta lo imposible por no mirarse los unos a los otros directamente a los ojos.  Era algo raro, a principios de siglo la gente ya no miraba al prójimo frente a frente.  Todos preferían estar jugando con el celular, el hablar incluso parecía ya no existir, todos texteaban con una rapidez increíble mientras los pronombres perdían significado ante ecos, símbolos o simples gestos producidos por las personas.

El perfil de Xavier se confundía con su propio reflejo en los aparadores de las tiendas, los restaurantes, las oficinas.  De cuando en cuando se asustaba él mismo con una imagen reflejada por accidente que lo hacía pensar: “¡Qué chingaos se cree el tipo ese!  Oh…soy yo…”.

Sacudiendo su propia sonrisa tomaba la cajetilla de cigarros que esa misma mañana le había obsequiado Clara, la niña que era la nueva recepcionista en la oficina de COMPUMUNDO Inc., lugar donde trabajaba desde hace ya más de diez años.  

 —Está chula la chamaca—se dijo así mismo.

Clara, era una jovencita de apenas 18 años de edad.  Xavier bien sabía que no pasarían más de tres semanas sin que el dueño del negocio hiciera de las suyas con la pobre chamaca que era medio coqueta,  le había regalado cigarros por el amor de Dios, y le encantaba lucir su cuerpo ante las miradas morbosas de todos los hombres de la oficina.

—No te dan ganas de metérsela, de agarrarle las tetas, y morderle los pezones.

—A mí se me antoja quitarle la falda, y abrirle las piernas a la pinche vieja.

Eran todos los varones del susodicho negocio quienes se encargaban de mostrar su hombría con palabras huecas.

—Siempre es igual—Alex intentaba platicar consigo mismo—el Sr. Beltrán mete a una muchachita tonta sólo con la intención de cogérsela al poco tiempo.  Lo peor es que las chamacas caen redonditas.  Si yo tuviera dinero también caerían pero no, soy un pobre vendedor de computadoras que pretende ser el gran técnico, que gana una comisión de ventas junto con un salario de muerte.

—¡Fíjese por dónde camina! —era la voz de una mujer.

—Perdón—dijo torpemente Xavier quien tenía la tendencia a perderse en sus pensamientos.

Al alzar los ojos la pudo ver.  Era una guapa mujer con un curioso aire de sofisticación que empujó literalmente el delgado cuerpo de Xavier que ya tenía dos días sin rasurarse.

—Disculpe usted, de verdad, soy muy torpe.

—De eso ya me di cuenta.

Tal vez por primera vez en ya mucho tiempo Xavier vio directamente hacia los ojos café claros de aquella mujer  que parecía no encajar por las calles de una urbe metropolitana.  Se miraba demasiado bonita, con mucha clase, hasta llegó a pensar que pudiese haberse hecho cirugía plástica pero en el mismo instante de pensarlo la especulación desaparecía ante la belleza de aquella hembra.

Ella lo observó detenidamente.  Se percató de sus arrugas, su rostro algo acabado, su pelo lacio que le caía a los hombros, sus ojos verdes resplandecían ante la luz, su estatura alta con cierto porte,  y la barba ya algo blanca, que le quedaba de acuerdo al estilo de la moda donde los hombres no se rasuran a propósito.  Además, su forma de vestir dejaba mucho que desear.

—Con un saco nuevo, camisa limpia y unos pantalones  de vestir no te ibas a ver tan mal.

El orgullo de Xavier de pronto saltó.

—¡Óyeme mi reina!  Si a esas vamos no por estar tan bonita nos desprecies a los pobres.

Una pausa congeló la escena.

Ambos se miraban. 

—¿Quién habló de dinero? —reprochó ella.

Xavier quedó paralizado intentando pensar qué decir. 

Ella lo miraba como cuestionando algo.

De pronto, al igual que si tuviera un cliente enfrente, Xavier utilizó toda su galanura y carisma para intentar tener acceso a un instante de comunicación, cuestión que él sabía muy bien, le daría la oportunidad de conocer más a fondo a aquella extraña, sí, pero hermosa  mujer.

—Mira, déjame ser sincero.  He tenido un día muy difícil en la chamba.  Trabajo allá, en la tienda de computadoras.  Todo el santo día me la paso lamiéndoles el trasero a los clientes.

Ella sonrió.

— He sido muy torpe, discúlpame por favor, pero si me das una oportunidad prometo al menos aspirar a que cambies tu manera de pensar sobre mí.  ¿Te animas?  Permíteme comprarte una copa.   No te voy a mentir, me gustas bastante.  Pero vamos a ser honestos, tú controlas la situación, yo lo único que puedo hacer es tratar de gustarte, o al menos que simpatices conmigo ¿no?  Si a los cinco minutos te aburro, mándame a la chingada.  ¿Quieres?

Asentó con la cabeza después de esperar un tiempo adecuado.

Caminaron a paso lento pero seguro.  Xavier le contaba sus mejores líneas.  Platicaba chistes, anécdotas, crónicas de su propia vida con ese mágico brebaje de la sinceridad.  Era atento, sensible, detallista, todo un verdadero caballero.

—¿Dígame usted si ella no es una hermosa hembra? —le dijo al mesero del lugar escogido.

—¡No uses pronombres! —le gritó bastante molesta.

Xavier sólo la miró, y le pidió privacidad al mesero.

—¿Qué tienes?  ¿Hice algo que te molestara?  Ni siquiera te he preguntado tu nombre.    ¡Qué torpe soy!  ¿Cómo te llamas?

—… Lola.

Tal vez por primera vez Xavier notó algo raro.  No podía estar seguro qué era, pero sabía que algo andaba mal.

—Dime Lola…por favor…de verdad me gustas, si hice algo dime, no quiero echar a perder esto que para serte sincero me ha sorprendido.  Tengo tanto tiempo de no estar así tan a gusto con una mujer.

Lola lo miraba mientras una lágrima se dejaba ver en sus ojos.

—¿Lloras?  ¿Por qué?

Lola tomó aire cobrando valor, y elevó el rostro dejando ver sus voluptuosos pechos.

—¡Ah mujer, estás preciosa y sí, te estoy viendo los senos!

Una traviesa sonrisa se dejó escuchar.

—¿Sabes lo qué es un transgénero?

—¿Un qué?

—Un transgénero.

—Pues no…¿no son esos homosexuales o algo así?

El rostro de Lola mostró enfado, tristeza y desesperación.

—Hace años tuve un niño.  Desde chiquito era muy especial.  Era sumamente femenino pero eso yo no lo cuestioné, así era.   Con el tiempo me di cuenta que le gustaba la ropa de mujer, se pintaba con el maquillaje que encontraba en la casa, más tarde, cuando fue a la escuela todos se burlaban.  Le decían que era un maricón, porque en su apariencia parecía ser una niña disfrazada en cuerpo de hombre.  Hasta llegué a llevarlo con un psiquiatra, porque parecía no haber solución.  Gritaba y se desesperaba, al principio no sabía cómo comunicarse pero ya que creció, pude entender que era una verdadera tortura.  No sé si logres entender, era una mujer atrapada en un cuerpo de hombre.  Yo hice todo lo que pude, le recé a la virgen con todas mis fuerzas, comencé a asistir con gente cristiana, de esos que no creen en los santos, lo llevé con psicólogos, curanderos y profesionales, todos decían lo mismo, que era una terquedad de la criatura.  Hasta que cumplió la mayoría de edad fue cuando me dijo: “Necesito cambiar de género”.  No estaba segura de qué era eso precisamente pero con el tiempo lo supe.  Un cambio de sexo, una manera de intentar corregir un error de la misma naturaleza.  El problema es la identidad, ¿sí me entiendes?  El saberse ser del género opuesto, y el ver en tu propio cuerpo señas del otro.  ¿Sabes que se sienten muy  humillados por los demás cuando usan un pronombre que no corresponde?  Los transgéneros…  por eso no me gusta que la gente use pronombres, ella, él, ellos, ellas… por qué no pueden utilizar sólo el nombre propio y punto.  Han sido muchos años ya… y todavía les cuesta trabajo aceptar esa identidad.

Alex la miro con clemencia.

—¿Y cómo está ahora?  Tu hijo, me refiero.  ¿Ese muchacho es tu hijo verdad?

Lola miró a Xavier con ojos de temor y suplicio.

—No, ese muchacho soy yo.  Antes de ser Lola mi nombre era Martín… Hoy fue la primera vez que me sentí mujer cuando coqueteaste conmigo, y me pediste que te acompañara.  Después de tantos años por fin logré que  me trataran como lo que siempre he sido, una mujer.

La mirada de Xavier se trasformó en pánico.

—No te asustes.  Si te lo digo es porque de verás me gustaste. 

El rostro de Xavier era de terror…

—Bueno, gracias por la copa.  Te deseo lo mejor, y cuando conozcas a alguien como yo trata de entender.  Soy una mujer que estaba encerrada en un cuerpo de hombre. ¿Sí me entiendes? Esa es mi identidad.

Lola acarició levemente el rostro de Xavier con su mano derecha que para entonces lucía demasiado masculina para Xavier.   

—¿Y tú, cómo te llamas?

Después de tartamudear como un niño Xavier dijo a voz muy pausada.

—…Xa…Xa…vier…Xavier…

—Bonito nombre. ¡Chao Xavier!  Buena suerte.

Caminaba Xavier por el centro de la ciudad…  

Iba solo como de costumbre…

Y su mirada no cesaba de ser una mirada de pánico.

© David Alberto Muñoz

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Lo más interesante de este asunto es el ver las distintas reacciones humanas para lograr verbalizar qué significa el sexo para el ser humano.  Hay quienes se entregan total e indiscriminadamente al placer del mismo…Sin embargo, hay quienes prefieren abstenerse a toda costa.

Imagen cortesía del autor/Templo en Konark, estado de Orisa, India

Cultura, religión y sexo

Por David Alberto Muñoz

Dos de los más poderosos, apasionados y poéticos aspectos de la experiencia humana son la religión y el sexo.  Cada cultura lidia con dichos fenómenos de una manera u otra.  Se crean simbolismos, ritos, bailes, ceremonias intentando crear prácticas que den sentido a los miembros de la sociedad sobre la función del sexo en la vida religiosa, mostrándoles cómo se debe de tener intimidad, y en ocasiones, se eleva el  acto sexual a un nivel sacro-santo.

El investigador Bryan S. Turner nos dice que las orientaciones en relación a la sexualidad han ocupado una variedad de perspectivas, desde la negación del mismo deseo sexual hasta las orgías, desde los heterosexuales a los homosexuales, pasando por los bisexuales y demás.[1]  Sin duda alguna, no existe un enfoque particular en ninguna tradición que presente una forma universal en la cuál debemos de lidiar con el sexo, y si en realidad la actividad sexual posee elementos espirituales.

En su más básico planteamiento la religión ve al sexo de dos maneras: de una “forma positiva” o de una “forma negativa”.[2]  Por ejemplo, en términos generales, en el occidente el sexo siempre ha sido un problema.  Brian Alexander, columnista de MSNBC escribe que “el cristianismo ha luchado con el sexo por los últimos mil años”.[3]  La tradición dentro de las tres religiones monoteístas del oeste ha mantenido esta actitud, que de alguna manera el sexo es un “pecado”.  Tendríamos que entender al creador de dicho dogma, San Agustín, y su adicción al sexo para comprender su motivación al respecto.  Si tienes sexo y no estás casado, estás pecando en contra de la voluntad de Dios, ya sea este, Elohim, Cristo o Allah. 

Por el otro lado, el oriente siempre ha tenido una actitud mucho más abierta en relación a la intimidad.  Aunque existen condenas y rechazos al acto sexual dentro del budismo y el jainismo, también en términos generales las religiones del este han sido mucho más abiertas al tema.  Dentro del hinduismo encontramos el famoso Kama Sutra, que bien puede ser un manual sexual para mentes amplias.  Lleno de un alto nivel erótico, el libro narra cómo una de las más populares deidades de los hindús, Krishna, hace el amor apasionadamente con su consorte Rhahda, utilizando ocho posiciones distintas, además de seducir a un grupo de mujeres utilizando diez y seis posiciones distintas.[4]  Si a esto añadimos que existen templos construidos en Konark por ejemplo, donde se esculpieron imágenes totalmente eróticas con un propósito religioso, podemos concluir que la actitud en esta porción del planeta es más abierta.

Lo que sí podemos apreciar en todas las religiones es el deseo de controlar la vida sexual del individuo.  Existen regulaciones desde la forma de tocarse, el lugar para tener sexo, la homosexualidad, la masturbación, el adulterio etc.  El judaísmo por ejemplo, condena el tener sexo mientras la mujer está en su período de menstruación.  La Iglesia Católica condena el uso de preservativos.  Durante los primeros años de su existencia, el mormonismo permitía cierto tipo de vida sexual al hombre y otro a la mujer.  Se dice que Dios reveló a Joseph Smith, que un varón tiene el derecho a tomar hasta diez vírgenes si así lo desea, mientras que una mujer, si ha estado con otro hombre que no sea su esposo es una adultera y debe de ser destruida.  De acuerdo con el Corán, un hombre tienen el derecho a casarse hasta con cuatro mujeres, pero la mujer sólo tiene derecho a un hombre.  Incluso, las religiones más liberales caen dentro de las regulaciones.  Miembros de los Perfeccionistas Oneida, un grupo relativamente pequeño de cristianos que surgió en el siglo XIX en la parte noroeste de los Estados Unidos practicaban el amor libre, pero, se les enseñaba a tener continencia, coitus reservatus (no eyacular).[5]  Nuevamente, lo que sobresale es el deseo de regular uno de los más básicos actos humanos, el sexo.

Resulta innecesario mencionar las fuertes reacciones feministas ante estas actitudes que reflejan definitivamente una misoginia.

Lo más interesante de este asunto es el ver las distintas reacciones humanas para lograr verbalizar qué significa el sexo para el ser humano.  Hay quienes se entregan total e indiscriminadamente al placer del mismo.  Puede incluso ocupar el lugar más importante en la vida del individuo, sea varón o hembra.  Recordamos la literatura del Marqués de Sade que dejó una profunda huella en la forma de ver e interpretar el sexo.  Sin embargo, hay quienes prefieren abstenerse a toda costa.  De ahí que hemos registrado la forma en la cual monjes se flagelaban intentando castigar su carne dentro de la iglesia católica.  Dentro del cristianismo encontramos también el libro del Rey Salomón, El cantar de los cantares, que bien puede ser un documento pornográfico que habla del sexo oral  elogiando los éxtasis que el sexo nos hace experimentar.

Cada uno de nosotros podemos tener una manera distinta de interpretar el sexo y la religión, pero sin duda alguna no podemos negar que somos seres sexuales, que dentro de los aspectos culturales que hemos heredado hemos caído en una de tantas regulaciones que intentan controlar nuestro comportamiento, ya sea para bien o para mal.  Cada uno de nosotros decidiremos esto de acuerdo a nuestro libre albedrío, y basados en el principio de libertad que la mayoría de los humanos defendemos.

La libertad en este contexto es más que un substantivo.  Es un concepto, idea o derecho, que ha movido a culturas enteras a luchar por alcanzarla.   

De la misma manera, también podemos decir que mucha gente utiliza este argumento para “darle vuelo a la hilacha”.  Muchos dirán que no es libertad, más bien es  “libertinaje”,  y es precisamente esto lo que vemos en nuestra sociedad actual. Hemos perdido los valores de la religión y la moral, subsecuentemente, esto nos llevará a ignorar valores morales básicos, ya que se que utiliza el término libertad como una excusa para hacer y deshacer ignorando principios universales, nociones vigentes dentro de cualquier cultura o religión.

Este debate parece no querer terminar, filósofos, teólogos y escritores continuarán especulando al respecto.  Recuerdo a mi profesor de teatro en la ciudad de México hace ya muchos años que ofreció su conclusión al respecto:

—Sea de la religión que sea, la única alternativa que tiene el ser humano es seguir teniendo sexo. 

Y así parece ser…

© David Alberto Muñoz


[1] Turner Bryan S.  Religion and Social Theory.  London: Sage, 1991.

[2] Foster Lawrence.  Religion and Sexuality: The Shakers, the Mormons, and the Oneida Community.  Urbana IL: University of Illinois Press, 1984.

[3] Brian Alexander.  America Unzipped: In Search of Sex and Satisfaction.  Harmony Book: New York, 2008.

[4] Alain Daniélou. Translation.  The Complete Kama Sutra: The First Unabridged Modern Translationof the Classisc Indian Text.  Park Street Press: Rochester, Vermont, 1994.

[5] Christel Manning and Phil Zuckerman.   Sex & Religion.  Wadsworth: United States, 2005.

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Our main point is to try to show that every ideology, whether it is political, religious, psychological, philosophical or of any kind is an attempt to provide an answer to the complex human problem.

Enemies

By David Alberto Muñoz

In today’s world we see such an ideological diversity that sometimes its complexity can be overwhelming.  There are so many different ways of thinking.  We find the East versus the West, the right versus the left, religion versus the secular, males against females.  Within one religion there are so many different interpretations.  Within Jainism, an ancient religion from India that teaches that the way to liberation and bliss is to live a life of harmlessness and renunciation.  We find differences between some of the main Jain groups, the Digambara (meaning sky clad) sect and the Svetambara (meaning white clad) sect.  They have different perspectives in relationship to the life of the founder Mahavira, the spiritual status of women, and which texts should be accepted as scriptures.

Nevertheless, as one goes deeper into the infrastructures of all the different systems of belief we can discover more commonalities than differences.

For example, let us take Christianity and communism.  At the surface one might even be shocked by such comparison, but let the ideologies speak for themselves.

Christianity bases its authority in two important elements (at least dogmatically), the centrality of the Bible and the tradition of church.  Communism uses for authority the Communist Manifesto and the communist party.  Christianity believes that some day those that have believed in Jesus as Lord and savior will enjoy heaven for eternity.  Communism believes in a utopia where the real brotherhood of human kind will be realized on the face of the earth.

Without the desire to star debating ideological or theological questions, I do believe we can all see the main ingredients in these two opposite world viewpoints.   These are two closed systems.  From the philosophical perspective both are trying to express the idea that there is only “one absolute truth” (Hard universalism).  Both base its authority on the same structure although they named it differently.  Christianity = Bible and Church.  Communism = Manifesto and Party.  Christianity has a heaven as well as communism; the minor difference might be that for communism heaven will be here on earth.  But let us think about it, Christianity also claims the earth will be restore to its original purity.  Therefore, heaven will be on this planet as well.

Once again, we are aware that these ideas create a lot of controversy and debate.  Our main point is to try to show that every ideology, whether it is political, religious, psychological, philosophical or of any kind is an attempt to provide an answer to the complex human problem.

Why can we not look beyond our own interpretations?  Why can we not try to see the positive that is entail in every human idea?  Why must we continue to destroy one another for the sake of just “being right?”  

Christianity and communism are different, indeed, but they also have similarities.  Let us try not to reduce them into a simplification of a very complex phenomenon, let us try not to diminish them into basic simplistic explanations that somehow do not satisfy our human curiosity.

Perhaps our premise is based in the fact that the era of absolute ideologies taking over the world have vanished.  We live in a time of diversity, globalization and the need for tolerance.  Perhaps the man form Nazarene put it best when he said: “Do not judge…for in the way you judge, you will be judged…and by the standard of measure, it will be measure to you.”

In more popular language, “it is time to stop being stubborn and realize we are all different and have different ideologies but at the end we are all human beings.”  This should not make us enemies, this should make us comprehended we are members of the same human community.

© David Alberto Muñoz

 

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Ella no habla español y yo no sé hablar ruso pero con nuestro inglés a medias nos comunicamos.  A veces pienso que ese es el motivo por lo que congeniamos tan bien,  no hay mucho que decir. 

 

Svetlana

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Cuando conocí a mi prometida  me llamó mucho la atención su nombre.  Svetlana Bogdánov, es rusa,  creo que todavía no logro pronunciar bien su nombre.  Es de San Petersburgo.  Es una güera grandota de ojos verdes y labios gruesos.  Nos conocimos por el Internet.  Anda de moda eso ¿no?  Hoy en día la gente busca pareja enfrente de la computadora.   A veces pienso que pasamos más tiempo frente a la pantalla que los unos con los otros.  Sobre todo los jovencitos, nada más andan texteando.

La verdad  yo dudaba que estuviese tan guapa como está porque por regla general  a todos nos gusta subir fotos donde nos mirábamos más jóvenes de lo que realmente somos.  Además, mis amigos me decían ten mucho cuidado Rigoberto, que esas mujeres nada más quieren matrimoniarse para alcanzar papeles.  Cuestión que bien puede ser cierto, yo mismo antes de arreglar anduve con varias gringas según yo para poder hacerme legal, pero la Svetlana me movió el tapete la mera verdad.

Comenzamos a enviarnos e-mails, poco a poco, luego chateábamos, un día nos vimos por Skype.  No le digas a nadie pero la vieja me coqueteaba, y para que voy a decir mentiras, me calentó bien sabroso. 

Después de varios meses vino para conocernos en persona.  Y pues claro, ya sabrás quién tuvo que pagarle el boleto.  Además me envió una especie de contrato que le garantizaba a ella según decía, su seguridad.  Ha de haber pensado que me la quería coger antes del matrimonio.  Y pues la mera verdad sí, para que nos hacemos pendejos.  Además, eso de esperarse ya es del siglo pasado ¿no?  Hoy en día la gente se junta primero a manera de prueba, no vaya a ser que exista una incompatibilidad de caracteres, y según tengo entendido Rusia es un país con tendencias comunistas, cosa que implica que no tienen la creencia en Dios como nosotros.

Pero en fin, resultó ser muy buena onda.  Ella no habla español y yo no sé hablar ruso pero con nuestro inglés a medias nos comunicamos.  A veces pienso que ese es el motivo por lo que congeniamos tan bien,  no hay mucho que decir.  Sabe escuchar y no te interrumpe como algunas damas, dicho con el debido respeto, que hablan de más, la mera verdad.  Svetlana no, aunque también es medio rara, es muy solemne, muy seria, casi no se ríe, cuando le cuentas un chiste nada más te mira directamente a los ojos con cara de enfado, pero en la cama es muy sensual y te da lo que le pidas, verdad de Dios.

Dice que tiene a sus papás y a tres hermanos, todos hombres, ella es la mayor y me dice que le gustaría traer a su familia.  Bueno eso yo lo entiendo porque todos queremos traer a los nuestros para acá ¿no?  Mis cuates me advierten que una vez que ya tenga sus papeles, y a su gente con ella, me va a mandar a la reverenda chingada.  Cuestión que también puede ser cierto pero no creo, el dineral que me ha costado, hasta tuve que pedir un préstamo para poder traer a la familia que dizque para la boda.  Y bueno, la verdad ya viven con nosotros.  A veces se ponen hablar en su idioma, y el ruso es medio brusco,  es la única vez en la que se ríen, y yo pienso que están tramando cómo deshacerse de mí.  Pero en el segundo que yo le hablo a la Svetlana, me canso que viene porque viene aunque esté en el baño,  y si le digo que se meta a la cama se mete y hace lo qué le pido.

Sí, ya sé lo qué estás pensando, es nada más una calentura, y a lo mejor es cierto pero no sé, esa mujer se me ha metido en la cabeza y ya no la puedo sacar.   Al final de cuentas lo que en realidad busco es tener a alguien, alguien con quien estar y no sexualmente, simplemente una compañía, alguien con quien platicar por pocas que sean nuestras pláticas, alguien con quien pelear.  Me acuerdo muy bien de mi primo Jacinto, se hizo viejo y nunca se junto con nadie, siempre andaba diciendo que las mujeres pueden ser una carga y pues a lo mejor es cierto, pero yo quisiera hacerme viejo con una mujer a mi lado… ¿su  familia? … pues la familia es la familia y mientras no se metan está bien… ¿no?

Creo que la única manera en que la puedo controlar es con lo de los papeles.  Ya hemos aplazado la boda cinco meses y pues ella sigue ahí… sí, ya sé, ¿qué otra cosa va hacer?

Es mi prometida, y se llama Svetlana Bogdánov.   A ver cuanto me dura…

© David Alberto Muñoz

 

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Hemos conseguido dominar dos culturas, dos lenguas, dos identidades.  Y en algunos casos hasta tres, la gringa, la mexicana y la chicana.  El futuro ha llegado y necesitamos no sólo mantener nuestras tradiciones, pero también tenemos que ser lo suficientemente valientes como para poder avanzar en la dirección de nuevas formas de expresión a fin de continuar el proceso de creación que es el corazón de nuestra visión.

 

¡A escribir se ha dicho!

Por David Alberto Muñoz

El hablar de Peregrinos y sus letras es el indagar dentro de varios conceptos que siempre me han interesado, la identidad cultural, el peregrinaje y el deseo de comunicar lo que sentimos por medio de la palabra escrita.

Peregrinos y sus letrases una organización cultural sin fines de lucro con el objetivo de promover y celebrar el trabajo artístico de los hispanos que viven en los Estados Unidos de América.  Fue formada con la intención de organizar eventos culturales, tales como reuniones de escritores, exposiciones de pintura, representaciones teatrales, musicales, conciertos etc., y de proyectar una imagen auténtica de lo que significa ser un inmigrante en los Estados Unidos a comienzos del siglo XXI.  Esto incluye la publicación de libros, libros electrónicos y folletos de información que presenten una imagen más real de la comunidad hispana que vive en los Estados Unidos de América. Su misión es promover el trabajo de jóvenes escritores, pintores, escultores y músicos, proporcionando una plataforma para presentar sus trabajos, utilizando todas las alternativas a nuestra disposición para poder mostrar al mundo la expresión artística de un grupo muy singular de individuos.

Peregrinos y sus letras desean trabajar con toda la comunidad internacional para crear un lugar para el intercambio de ideas, un entendimiento más a fondo de lo que significa “el peregrinar”, y la producción de publicaciones creativas que nos ayudarán  a comprender más en profundidad la compleja experiencia humana.

Peregrinos y sus letras reconoce que quizá involuntariamente estamos creando una nueva cultura, la cultura de “los nuevos migrantes del siglo XXI”, personas que vinieron por elección propia o por mera causalidad, y de alguna manera estos individuos han entrado en la corriente principal de la sociedad estadounidense.  Hace años existía un estereotipo del migrante proveniente del sur de la frontera.  Hoy tenemos intelectuales, médicos, profesores, escritores, músicos, expertos en negocios financieros; la sociedad estadounidense se ha enriquecido con el trabajo y las experiencias de personas que de alguna manera terminaron en los Estados Unidos de América. Por lo tanto, nuestra visión es que los escritores, los músicos, pintores y artistas, sigan creando en su lengua nativa, así como en el idioma inglés, sin imponer barreras que eliminen sus pasadas experiencias, sino más bien que estas experiencias pueden crear una nueva visión de nuestro mundo contemporáneo. 

Hemos conseguido dominar dos culturas, dos lenguas, dos identidades.  Y en algunos casos hasta tres, la gringa, la mexicana y la chicana.  El futuro ha llegado y necesitamos no sólo mantener nuestras tradiciones, pero también tenemos que ser lo suficientemente valientes como para poder avanzar en la dirección de nuevas formas de expresión a fin de continuar el proceso de creación que es el corazón de nuestra visión.

Peregrinos y sus Letras es una organización creada con el propósito de promover el trabajo literario de escritores hispanoparlantes, esto incluye el terreno de la literatura chicana tanto escrita en español como en inglés y bilingüe, admitiendo nuestra realidad de inmigrantes que hemos dejado nuestro suelo natal en busca de nuevas oportunidades.  Todos somos peregrinos cuando viajamos de un lugar a otro y es imposible dejar a un lado nuestra cultura y nuestro idioma, y de la misma manera es imposible no absorber los nuevos elementos socioculturales que enfrentamos.

Reconocemos además, que la literatura no permanece estática, al contrario es igual que la lengua, está en un constante proceso de cambio, las nuevas formas de expresión literaria, la nueva cultura siendo creada, la gran cantidad de compañeros que en todo el mundo están surgiendo con un trabajo literario nuevo, fresco, de valor, así como las nuevas tendencias dentro del mundo de la literatura donde los géneros tradicionales parecen mezclarse unos con otros, creando nuevos mitos literarios que muy probablemente serán estudiados por generaciones futuras.

Reconociendo la gran necesidad de proporcionar un medio al alcance del talento joven e incluso, de todos aquellos escritores que todavía están luchando por un mayor reconocimiento, Peregrinos y sus letras ofrece una nueva alternativa para la publicación de textos en el mundo del nuevo siglo.  

En este contexto, el propósito primordial es dar a conocer el trabajo de todo aquel autor cualquiera que fuere su lugar de origen, ideología, o su tendencia literaria, ya sea esta poética, ensayística, novelera, académica, o de enseñanza. Deseamos ser participes de la producción literaria actual así como lograr ser el medio por el cual, el público en general conocerá el trabajo de muchos escritores que sueñan, el quizás ya algo aturdido sueño del Quijote.

Por medio de nuestro portal de Internet, principiamos una nueva etapa dentro de las letras hispanas en los Estados Unidos de América.  Cada año desde el 2008 hemos organizado encuentros literarios donde hemos tenido la presencia de escritores iberoamericanos que desde Murcia, España, han asistido para compartir su trabajo creativo.  Además, le hemos dado un tributo a un escritor que de acuerdo con el criterio de nuestro comité organizador merece ser homenajeado.  Hemos contado con la presencia de Miguel Méndez, María Amparo Escandón, Rolando Hinojosa, y el pasado 2011 tuvimos la presencia de Luis Valdez.  Cada uno de ellos gigantes literarios, y representantes de la literatura no sólo chicana, mexicana o fronteriza, sino de igual manera protagonistas de la literatura mundial.

Además, estamos publicando semanalmente piezas de literatura que van desde la poesía, la narrativa con todas sus subdivisiones, y el ensayo, haciendo siempre hincapié en el elemento creativo, que consideramos es el componente vital donde como dice aquel dicho: “las palabras pasan a ser ventanas del pensamiento”.  Tenemos colaboradores de España, Chile, Panamá, Puerto Rico, México, los Estados Unidos por mencionar algunos países  Nuestro trabajo  se ha caracterizado por incluir toda forma de pensamiento, toda ideología, filosofía, credo, doctrina, de derecha, de izquierda, religiosa, atea, majadera o absurda.  Creemos en la honestidad, el trabajo duro y la tolerancia, estas han sido las premisas que sostienen nuestro trabajo, que al final de cuentas siempre ha sido edificado en la creatividad humana para de alguna manera lograr comprender la compleja experiencia humana.

Concluimos, Peregrinos y sus letras está presente, intentamos continuar publicando textos electrónicos e impresos.  Utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para crear presencia en nuestra generación y nuestro tiempo, y sobre todo, continuaremos escribiendo para que futuras generaciones sepan como pensábamos, sentíamos y experimentamos la vida a principios del siglo XXI.

Este es el lema de Peregrinos y sus letras: ¡A escribir se ha dicho!  ¡A escribir se ha dicho!  ¡A escribir se ha dicho!

© David Alberto Muñoz

 

 

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Lo que yo no puedo entender es porque la gritería y el desacuerdo.  Ha habido personas que incluso han matado por su forma de pensar, hay quienes han muerto por su manera de ver las cosas.  ¿Por qué?  No entiendo. 

Tal y como estamos

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Cuando era niño y me dolía la cabeza, mi madre tomaba un huevo y lo frotaba en mi frente.  Decía unas raras palabras mientras yo sentía como que algo vibraba dentro de mí.  Después rompía el huevo y lo derramaba en un vaso.  Yo podía ver lo que parecía ser sangre apareciendo de la nada.  No estoy seguro… mi madre siempre me decía:

—Tenías mucha mugre en la cabeza…

Dicen por ahí que esto es nada más una especie de medicina tradicional mexicana.  En México todavía existen muchos brujos que conjuran hechizos y practican la magia blanca, y a veces la negra también.   Cuando frotan el huevo sobre el cuerpo del paciente lo hacen para detectar y después expurgar el mal.  Como Doña Rita, que decía que si le duele a uno la cabeza hay que cortar una papa y untarse la mitad en la frente, y que la papa se hará de color negro, llevándose todo tu dolor.  Bueno, mi primo Mario siempre nos dijo que de cualquier manera la papa cambiará de color porque ya está expuesta al aire de la atmosfera.

Yo no sé… hay veces en las cuales me gusta creer en todas esas cosas que dice la gente.  Por ejemplo, si quieres proteger tu casa, coge una cabeza de ajo, y ponla detrás de la puerta de la entrada, déjala ahí siempre teniendo cuidado que la cabeza de ajo no se pudra, si esto ocurre, cámbiala, y tu hogar estará protegido todo el año. 

O si quieres tener relaciones sexuales.  Necesitas tinta roja, un pedacito de papel blanco y una vela roja.  En el papel escribes  3 veces el nombre y apellidos de la persona con la cual quieres tener sexo, su fecha de nacimiento, y debajo pones  los tuyos. Luego dibuja un corazón entorno a todo lo escrito.  Doblas el papel en 4.  Entonces, enciendes la vela roja, y con ella quemas el papel diciendo:

—Viva es nuestra llama,

    ardiente nuestro fuego,
    rojo es el color del deseo
 

Si lo haces exactamente así, por la noche tendrás sexo o por lo menos soñaras que lo estás haciendo.

Siempre hay gente que no cree en todas estas cosas.  Como mi tío Neto, que siempre anda hablando de dios y de la religión.  Él dice que lo importante es rezar para que Dios cumpla su voluntad en nuestras vidas.  Y que cuando le pides algo con fe, él responde.   Luego nos cuenta que él no podía dejar de tomar, era un borracho de primera calidad; pues rezó, rezó y rezó, y ahora ya no bebe.  También está mi cuñada Rita, que dice no creer en la magia, ni blanca ni negra pero dice que sí cree en ángeles, demonios y milagros.  ¿No es eso lo mismo?

Yo no sé, muchas veces la gente nada más anda viendo en que cosas estamos en desacuerdo en lugar de ver las cosas que nos unen.  Eso sería mejor ¿no?  

Hay quienes dicen que el rezo a la virgen de Guadalupe es muy efectivo. 

—¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!  Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

¡Madre santa!  Dicho con el debido respeto sin el ánimo de ofender a nadie, de verdad.

A otros les gusta rezarle a Judas Tadeo.

—Apóstol gloriosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, aclamado por los fieles con el dulce título de ABOGADO DE LOS CASOS DESESPERADOS, hazme sentir tu poderosa intercesión aliviando la gravísima necesidad en que me encuentro.

Dicen que Judas Tadeo es quizás la última oportunidad de resolver tu problema.  Pero no importa lo difícil que esté la cosa, él siempre responde.

Es más, hay quienes le rezan a la santísima muerte.

—En nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo, Inmaculado ser de luz, te imploro me concedas los favores que te pida, hasta el último día, hora y momento en que su Divina Majestad ordene llevarme ante su presencia, Muerte Querida de mi corazón no me desampares con tu protección.

A mí eso me pone la carne de gallina.

También están esos que les dicen protestantes, no creen en rezarle a los santos porque dicen que hay que ir directamente con Dios; son los que utilizan más la palabra “orar” en lugar de “rezar”, aunque dicen que es lo mismo ¿no?  Ellos creen que lo que hay que hacer es hablar desde lo más profundo de tu corazón con Dios, y si somos honestos y de corazón abierto, él responderá.

—Mi Dios, te pido de todo corazón que hagas tu voluntad en mi vida.  En el nombre de Cristo Jesús.  Amén.

La verdad a veces la cosa se pone medio compleja.  Unos creen que usando hechizos puedes obtener dinero, trabajo, protección contra todo tipo de males;  otros creen que rezándole a tu santo o virgen favorito tendrás bendiciones celestiales, mientras algunos dicen que lo que hay que hacer es ser honestos, hablar desde lo más profundo de nuestro corazón para conocer al Dios verdadero.

A mí me confunde toda esta palabrería.  Porque cada vez que quiero comparar a uno con el otro se enojan muy feo conmigo; me dicen que ellos están bien o mal, dependiendo de que perspectiva traigan, y que yo debería seguir su punto de vista, si no, estoy siendo un hereje, estoy cometiendo un pecado, soy un mal entendido, o simplemente soy un verdadero pendejo que no sabe escuchar.

Mi madre usaba algunos hechizos pero no creo que fuese una mala mujer o una bruja como algunos dicen.  Sabía respetar a su prójimo aunque no estuviese de acuerdo con él.  Mi tío Neto es muy buena persona, es muy religioso y a veces es medio fariseo pero plática con todo mundo sin discriminar.  Y creo que podría decir lo mismo de los que le oran a la santísima muerte, de los protestantes o de cualquier otra persona, todos, absolutamente todos creen sinceramente lo que dicen.  Y creo que ahí está el problema, todos están bien porque nunca se equivocan.

Lo que yo no puedo entender es porque la gritería y el desacuerdo.  Ha habido personas que incluso han matado por su forma de pensar, hay quienes han muerto por su manera de ver las cosas.  ¿Por qué?  No entiendo.  Es como si prefieren destruir al “otro” en lugar de aceptarlo tal y como es.  A veces pienso que es más fácil odiar que tolerar al prójimo.  Cualquiera de nosotros se puede enojar y romper la mesa, aventar al prójimo, herir al enemigo y asesinar al que no esté de acuerdo con nosotros.  Pero al final de cuentas, todos creeremos estar en lo cierto.

Voy a inventar un hechizo que logre ver lo bueno del prójimo en lugar de ver sus errores.  Rezaré a la virgen y a todos los santos incluyendo la santísima muerte y además, oraré con todo el corazón pidiendo que en lugar de argumentos existan consideraciones, en lugar de odios, benevolencias, en lugar de palabras huecas defendiendo una ideología, puedan existir acciones que ayuden al hombre a subsistir de mejor manera.  Al final de cuentas todos decimos ser humanos, y la verdad la vida está cabrona.

¡Perdón!

Estoy loco… completamente desequilibrado, me dicen que no tenemos remedio, que somos uno depravados totalmente, unos desahuciados sin esperanza alguna…

Bueno, entonces, sigamos tal y como estamos.

© David Alberto Muñoz

 

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Hay días en los que las cosas me salen muy mal.  Todo se descompone, la gente nada más anda de mal humor gritándole a uno, existen personas que son muy incompetentes, y la mayoría de la veces las cosas no salen como a mí me gustaría que salieran.

 

Si te contara…

Un cuento

Por David Alberto Muñoz

 

Hay días en los que parece todo me sale mal.  Como el otro día cuando se me descompuso el carro.  Había llevado a mi novia a su trabajo, y me dejó instrucciones precisas de que ya era hora de ir hacer los impuestos.   Las mujeres de este lado del río puede ser muy mandonas, no que no lo sean en mi México lindo y querido, pero a veces dan órdenes muy directas, y pues ¿que va uno hacer?  Renegando accedí, con el cuento de que a lo mejor nos regresarían una buena cantidad, ahí voy, según yo con casi cuatro horas para darle tiempo suficiente al mentado preparador de impuestos para que me llenara mis formas 1040 y mamada y media.

Al ir en camino se me poncha una llanta.  Cuando iba a sacar la extra me di cuenta que no traía repuesto, ni siquiera una de esas donitas que les llaman, que por lo menos te sacan del apuro.  Pues ahí voy caminando hasta encontrar un lugar donde pudiera comprar una, o por lo menos hablarle a alguien para que viniera a ayudarme, porque mi celular ya no traía minutos.  Esta cuestión es muy difícil por acá, cuando la gente trabaja pues no tiene tiempo de ayudar al amigo, al compadre o al vecino.  Lo bueno fue que no muy lejos de donde estaba vi un lugar donde vendían llantas de segunda, de esas de piojito como les diría mi padre, y logré comprar una, ya usada, por $15.00 dólares.

Maldije a medio mundo porque yo tenía pensado comprarme unas chelas el fin de semana con ese dinerito, pero ni modo.  ¡Qué le vamos hacer!

Ahí voy de regreso…con paso lento pero seguro, cuando de pronto se para una patrulla, y un gringo con cara de pocos amigos me detiene y me pide mis papeles.  Yo creo por la cara de indio que tengo, no por otra cosa.  Puedo asegurar que si fuera güero de ojos azules y midiera cinco pies once pulgadas, hasta me hubiera dado raite para llegar a mi carro.

Le levanté la voz yo también porque a mí me enseñaron que no hay que dejarse de nadie, sobre todo cuando no debes absolutamente nada.  Y yo, ya me hice ciudadano, no sólo soy legal, sino hasta voté en las pasadas elecciones por el Obama, que por cierto no nos cumplió.  Nos dijo que iba arreglar una reforma migratoria, y nada más nos ha estado dando atole con el dedo.

Pero en fin, una vez que el güero desabrido se convenció que yo tenía derecho para caminar por la calle sin ningún problema, con cara de constipado me dejo ir.  Es muy curioso cómo de este lado de la frontera la gente casi no camina por las calles.  En México hasta los perros transitan por las avenidas, siempre hay un escándalo, silbatos de mordelones, los que venden el gas, la campana de la basura, la marchanta que vende sopes y tacos, vendedores ambulantes gritando a garganta abierta, y yo no sé qué más.  Pero aquí, es un silencio que aturde, la mera verdad un silencio de la chingada, dicho con el debido respeto.

Pues finalmente llegué, cambié mi llanta, y los carros pasaban bien rápido, mientras los choferes me insultaban.

—Get out of the way you wetback!

—¡Muévete compa!  ¡Qué no ves que estorbas!

—¡Haste a un lado jijo de…!  Get out of the way!

Ya no sé de quién me duelen más los insultos, si de los que no nos respetan a los hispanos, o de mi mismos compatriotas que ya se creen gringos, y te refieren hasta el inglés mal pronunciado que usamos.

Una vez cambiada la llanta, me montó en mi ranfla y ¿qué creen?  No arranca.  ¡Le menté la madre a medio mundo mientras me jalaba los pelos mordiéndome la lengua!  De seguro era la batería que desde ya hace dos semanas me habían dicho la tendría que cambiar porque en cualquier momento se me moría.  Y pues ese era el momento…

¿Y ahora qué hago?—me dije a mí mismo. 

Pues gracias a Dios y a la virgencita de Guadalupe mi rentero andaba por ahí comprando no sé qué en el QT que estaba frente al lugar donde se me paró mi coche.  Después de un rato logré convencerlo de que me llevará al lugar de los impuestos, que yo tomaría un autobús de regreso y por cierto, me dijo que la renta se vencía en dos días y que no se me fuera a olvidar.  Yo no sé por qué de este lado de la frontera cuando alguien te hace un favor como que les debes algo, y yo no sé, yo me siento comprometido con todas las personas que se “dignan” a hacerme un favor.

Cuando por fin llegué a la oficina de Jackson Hewitt Tax Service, se me iluminó el rostro.  Era un cuarto con varios escritorios una tras otro, y hasta el fondo una mujer oriental con rostro de estar no sé si medio despierta o medio dormida me recibió.

Tuve que llenar varias formas mientras ella se hacía la mensa como que estaba hablando con un cliente por teléfono, o como que estaba muy ocupada en la pantalla de la computadora.  No les miento, por un momento hasta me puso a sumar las cantidades separando gastos, gastos médicos, deducciones de trabajo, dinero salido de mi propio bolsillo y no sé qué más.

—¿Pues que no iba a ser usted la que iba a llenar la forma?—le pregunté con voz de idiota.

Ella simplemente se mantuvo hablando sola, y de cuando en cuando me pedía el resultado de mis calculaciones. 

Para no hacer el cuento largo, resultó que el gobierno estatal me va a regresar $13.00 dólares, y al gobierno federal le debo $500.00 dólares.

¡AY GÜEY!

Si con trabajos me alcanza el dinero y ahora me quieren quitar más.  No es justo le dije, la mentada señora expresó:

—The manager will be here this afternoon.  Do you want to make an appointment?

—No muchas gracias, prefiero hacerlo yo mismo, por lo menos así no tendré que pagar.

Después de más de dos horas en ese lugar, más el tiempo que me tardé reparando la llanta, escuchando los insultos de mis amables conciudadanos y policemen,  y haber tenido que rogarle al rentero me trajera a la oficina de Jackson Hewitt, recapacito:

Hay días en los que las cosas me salen muy mal.  Todo se descompone, la gente nada más anda de mal humor gritándole a uno, existen personas que son muy incompetentes, y la mayoría de la veces las cosas no salen como a mí me gustaría que salieran.

—¿Cómo estuvo tu día mi amor?—Me preguntó mi novia al regresar de su trabajo.

Le respondí:

—Tomando en cuenta las cosas…no estuvo tan mal, si me comparo con las pobres familias en Siria que están enfrentando la muerte a cada segundo… pero la verdad, a veces las cosas no me parecen justas… ¿y a ti?  ¿Cómo te fue?

—Si te contara…

© David Alberto Muñoz

 

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“Pues ni ellos ni Dios impedirán que mueras consumido por las llamas; que ése es el suplicio con el que se castiga a los parricidas y a los filósofos que no son de nuestra opinión”.

Energúmeno

Por David Alberto Muñoz

 

Es muy curioso ver  la forma tan cómica en la cual los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos  se enfrentan unos a otros.  Se destruyen literalmente por medio de insultos, indirectas muy directas y verdaderas falacias que cualquier profesor de lógica puede exponer. 

Esto manifiesta de forma irrefutable cómo el uso de la palabra se ha convertido en simple retórica, sobre  todo en relación al discurso que cada uno de los candidatos ha escogido sobre la religión.  El ser humano por años ha discutido quién tiene la razón.  Parece no haber nada nuevo debajo del sol.  El debate permanece, y los humanos parecemos enfrascados en una lucha no por encontrar la llamada “verdad”, sino por demostrar que nosotros estamos bien, y todos los demás no están en lo correcto. 

Lo que sí podemos ver claramente es que dentro de este debate ideológico existe un delineamiento que intenta mostrar dónde empieza la libertad y dónde termina.

En este país se nos dice que existe la libertad de religión, libertad de expresión, en términos generales la libertad;  este concepto  es parte del mismo discurso que utiliza el gobierno estadounidense cuando defiende los derechos humanos en el mundo.

“We need to defend human rights in the world.”

Dentro de la retorica nacional existe el repudio al fascismo por ejemplo, que es un movimiento político y social de carácter totalitario que se produjo en Italia, por iniciativa de Benito Mussolini.  Obviamente no faltan las duras criticas en contra del comunismo, doctrina formulada por Karl Marx y Friedrich Engels, teóricos socialistas del siglo XIX, y desarrollada por Lenin, revolucionario ruso de principio del siglo XX, que interpreta la historia como lucha de clases regida por el materialismo histórico, que conducirá tras la dictadura del proletariado, a una sociedad sin clases ni propiedad privada.

En los Estados Unidos de América se predica que todo gobierno totalitarista debe de ser eliminado, ya que creemos en el individualismo, y toda esa mentalidad “totalitaria”, intenta controlar a los individuos, viéndolos no como personas únicas, sino más bien como una entidad colectiva que desarrolla el papel que el estado le da, convirtiéndose de esta manera,  en enemigo de la “libertad”.  Por lo tanto, es parte del discurso estadounidense el oponerse a cualquier ideología que esté en contra de la libre empresa y el capital como elemento de producción y creador de riqueza.

Sin embargo, cuando escuchamos el discurso de la mayoría de los candidatos a la presidencia, escuchamos voces teológicas, palabras que intentan identificarse con la biblia, narrativas que intentan imponer una forma de pensar religiosa dentro del ámbito político.

Tanto se habla de que existe en este país la separación entre la iglesia y el estado pero no es así.  En las mismas notas del gobierno federal podemos leer: “In God We Trust”.  Siempre me he preguntado ¿de cuál Dios estamos hablando?  Porque si me enseñaron bien en la universidad existen infinidad de ideologías religiosas, y cada una de ellas posee una interpretación distinta del concepto “dios”. 

Los votantes muchas veces están más interesados en saber cuál es la religión del candidato que en preocuparse por entender cuál es su plataforma política.   

Dentro de este trasfondo se habla de crear leyes que supriman los derechos de la comunidad lesbiana y homosexual, y el único argumento presentado es un argumento moral que dice: “Ese tipo de comportamiento está en contra de la voluntad de Dios”.  De igual manera la iglesia católica parece estar entercada en no permitir el control de la natalidad, y todo  ¿por qué?  “Porque esa no es la voluntad de Dios”. 

¿Dónde principia la libertad, el libre albedrio?  Esa capacidad de escoger una religión, o quizás el ser ateo, agnóstico o simplemente el no ser juzgado por no encajar en el status quo de una sociedad que dice a los cuatro vientos que lo más importante es la libertad humana.  ¿Qué tiene que ver si mi fe es islámica, judía, cristiana o atea?  Dentro de la premisa que para la libertad no debe de importar si simpatizo con la derecha o la izquierda, o si tengo influencias filosóficas del oriente, o a lo mejor me da por darle culto a la madre tierra.

Si definimos la libertad como esa facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, esto nos hace responsable de nuestros actos, esto nos muestra que mientras sepamos respetar las leyes que nos gobiernan, y sepamos tolerar al prójimo, no debemos de procurar imponer nuestra ética, nuestros principios, o nuestra forma de ser y pensar sobre alguien que no está de acuerdo con nosotros.

Entendemos las luchas ideológicas que el ser humano ha experimentado.  Sabemos que toda ideología ha sido perseguida, existen mártires no sólo dentro del cristianismo, a los mormones también se les persiguió, es más, matamos a Joseph Smith y a Gandhi porque no pensaban como nosotros.   ¿Si criticamos a todos los gobiernos comunistas por los prisioneros políticos que  han puesto en prisión, no deberíamos también acusar públicamente a todo aquel que haga lo mismo con los que no están de acuerdo con él?

Y es quizás aquí, donde podemos empezar a ver dónde termina la libertad humana.  Cuando por deseos de tener la razón, o anhelos de que todo el mundo se convierta a mi religión, cuando por inclinaciones a que un día todo será color de rosa y los hombres viviremos como verdaderos hermanos (cristianismo y comunismo), cuando a favor de eliminar elementos “negativos” comencemos a matar a nuestro prójimo, es precisamente cuando la libertad humana debe de terminar.

Después de más de XXI siglos de historia escrita deberíamos haber aprendido algo pero parece que no.  Seguimos no sólo criticándonos unos a otros sino simplemente hablando del por qué el “otro” es  tan mal político, tan mal candidato o tan mala persona.  En lugar de presentar ideas frescas las cuales podamos discutir, debatir y llegar a acuerdos para solucionar los problemas que como raza humana enfrentamos.

Voltaire trae a colación una conversación entre un energúmeno[1]y un filósofo[2]:

“El energúmeno: Pues ni ellos ni Dios impedirán que mueras consumido por las llamas; que ése es el suplicio con el que se castiga a los parricidas y a los filósofos que no son de nuestra opinión.

El filósofo: ¿Es el Diablo que te posee el que te enseñó esa manera de argumentar?

El energúmeno: ¡Te atreves a ponerme al nivel del Diablo!

El energúmeno da un bofetón al filósofo y el filósofo se lo devuelve con usura”.

Esta parece ser la condición actual nuestra, todos podemos llegar a ser energúmenos permitiendo que el enojo nos controle, en lugar de ser dominados por la palabra, ya sea hablada o escrita, que bien puede ser el reflejo final que lleve consigo al menos un intento de explicar qué significa ser un ser humano.

Intentemos no  ser energúmenos…

© David Alberto Muñoz



[1]Alguien poseído por la rabia, la ira, el enojo y tal vez un espíritu maligno.

[2]J. Corominas y J.A. Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid: Gredos, 2001.

 

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“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.

 

Shiva

Por David Alberto Muñoz

 

La manera de lidiar con los problemas y conflictos humanos en el occidente siempre ha tenido una tendencia muy dualista.  Poseemos la predisposición de querer dividirlo todo en dos partes.  El bien contra el mal, Dios contra Satanás, la luz contra las tinieblas, los ángeles contra los demonios, los técnicos contra los rudos.  También dentro del ámbito político y social, la derecha contra la izquierda, los ricos contra los pobres, sin poder faltar el hombre contra la mujer, el viejo contra el joven,  etc.

La discursiva del oeste está definitivamente anclada en la idea de que nosotros estamos bien y todos los demás están mal.  Nuestra personalidad ha sido construida bajo dos fuentes claramente diseñadas que incluso ya poseen los contraargumentos para combatir al eje contrario.

Sin embargo, debemos de reconocer que nuestra narrativa no es la única, y que existen de perspectivas a perspectivas, sobre todo cuando estamos hablando de esas dos fuerzas que aparentemente son adversas, y que en ocasiones pueden dominar al espíritu humano.

En la parte oriente del planeta existe el cuerpo ideológico del hinduismo.   Una religión por demás interesante sobre todo para aquellos que fuimos creados dentro de un monoteísmo cristiano, judío o islámico.  No obstante, mi propósito no es el plantear principios teológicos que al final de cuentas terminan atrapados en dogmas ya pasados de moda.  Lo que deseo es presentar la manera en la cual, la gente de al menos la India lidia con el problema de la existencia de la maldad.

Dentro del hinduismo existe lo que se conoce como el “trimurti”, que significa “tres formas”, en idioma sánscrito.  Esto representa dentro de la compleja teología hindú a los tres dioses principales: Brahma, Visnú y Shiva.  Esta idea ha sido comparada con la trinidad dentro del cristianismo.  Dentro de esta estructura encontramos precisamente a Shiva, mejor conocido como: “El destructor”.

La gente que cree en Shiva ve las tragedias humanas, los grandes cataclismos, las injusticas y todo aquello que nos acongoja como raza humana, como labor directa de Shiva, el destructor.  Cuando pasan malas cosas:

—Shiva está siendo simplemente Shiva.

Esta manera de pensar sólo ha admitido una realidad que a muchos en el oeste todavía les es difícil reconocer: la vida es muy compleja y en ocasiones injusta, malas cosas le pueden pasar a gente buena, los incidentes de la vida pueden ser arbitrarios. 

—¿Por qué se murió la hija de mi comadre y la mía no? 

—¿Cómo es posible que haya gente que pueda asesinar a sus propios hijos? 

—Tengo muchos años fumando y mis pulmones está bien pero a mi tío Neto,  le dio cáncer en el pulmón y nunca en su vida ha fumado.

Conozco muy bien  los argumentos que se pueden presentar para querer racionalizar el argumento del mal.  Sin embargo, mi propósito no es debatir, más bien es el proponer otra forma de ver las cosas, ¿cómo podríamos saber la verdad si no conocemos la mentira?   ¿Cómo entender el amor sin conocer el odio?  ¿Cómo admirar el valor si desconocemos la cobardía?

La vida de por sí es difícil, cualquier ser humano puede atestiguar al respecto.  ¿Quién no ha sufrido?  ¿A quién no le han roto el corazón?  ¿Quién no tiene una historia que contar?  ¿Quién no ha llorado amargamente?

Considero que deberíamos ser más pragmáticos, en lugar de ver en nuestras propias tragedias un castigo divino, o una realidad injustificada, deberíamos simplemente aceptar que el mal es parte de la existencia humana.  Todos reímos, todos lloramos, todos tenemos adversidades y logros.  Y sí, quizás unos más que otros, pero el hecho de reconocer nuestra condición de humanos, significa tener que aceptar nuestras limitaciones y nuestra realidad, aunque tales realidades puedan ser diferentes para cada individuo.

En su calidad de destructor, a Shiva, a veces se le llama Kāla (negro), es entonces identificado con el tiempo, el tiempo humano que bien pueden ser sólo unos segundos dentro de la dimensión de la eternidad.  Estamos vivos porque tenemos conciencia de ello—al menos algunos, ya que sí hay personas que ni siquiera se dan cuenta que respiran—por lo tanto, es necesario aprender a aceptar las condiciones de la vida.  Pero no sólo eso, en lugar de pensar que el día de mañana heredaremos un cielo, un paraíso donde todos cantaremos juntos tomados de la mano “Kumbaya”, por qué no aprender desde este momento, y al menos intentar existir de la mejor manera al alcance de nuestras posibilidades.

Shiva tiene tres ojos, indicando su capacidad de ver las tres divisiones del tiempo: pasado, presente y futuro, y la conclusión es, siempre ha existido Shiva, el dios que destruye, y siempre existirá, porque esa es parte de la compleja experiencia humana.

Todos tenemos demonios por dentro, todos tenemos un lado oscuro, pero también todos poseemos una inmensa capacidad de bondad, misericordia y amor.

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)  Escritor Británico

 

 © David Alberto Muñoz

 

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Ya es muy bien conocida la estatura alburera de mis conciudadanos defeños, sobre todo los del barrio popular de Tepito.  Este “Barrio Bravo” que ha atraído también a toda una subcultura de artistas, pintores y escritores, representa gran parte del rompecabezas cultural mexicano.

 

Dicharachera: un sabor nacional

Por David Alberto Muñoz

La cultura mexicana es sin duda alguna una cultura dicharachera, pícara, ingeniosa, franca, altisonante.  El ser mexicano representa una estructura discursiva que va más allá del humor, del chiste; es chusca, rimbombante, altanera, curiosa, incluso puede ser extremadamente cruel, pero sin perder ese elemento dicharachero que nos lleva a reírnos de nosotros mismos, de la misma muerte, de todas las tragedias que vivimos a diario y sobre todo, de la vida misma que es el brebaje que alimenta nuestra compleja condición humana.

El mexicano es aventado como el “Borras”, aquel personaje protagónico de la serie de televisión Los Beverly de Peralvillo (1968-1971), donde el susodicho hacía las cosas sin pensar, sin al menos intentar hacer un juicio de las consecuencias de sus actos.   El Borras era un ser extremadamente imprudente,  que actuaba por instinto.  Esta característica de la personalidad del colectivo mexicano nos lleva muchas veces a ser testigos o incluso participes de situaciones sumamente ridículas, grotescas y a veces simplemente muy mala onda.  La madre que se pelea con la maestra porque no se le da el tiempo adecuado a su hijo, y el condenado chamaco se la pasa brincando todo el día.  El chavo que les dice a sus amigos: “Vámonos a Pachuca ahorita mismo a comer unos tamales después regresamos…”  Y sí, regresan dos días después porque se fueron en camión, se les acabo el dinero y no conocían a nadie que les pudiera ayudar. El padre que le grita a su hija porque según él, andaba de puta, asumiendo que es esa la razón por la cual ella llega tarde a casa, cuando la muchacha sólo estaba haciendo la tarea con sus amigos, siendo supervisada por unos padres más buena onda.

El mexicano también es alburero, ese juego de palabras donde los significados se pierden para cobrar otras connotaciones por regla general sexuales, donde también entran gestos, ademanes o silbidos.

—Una noche me metí a tu casa por la azotea,

    después penetre a tu recamara con cuidado,

    y haciéndome el despistado,

    con mi encanto y talento,

    ¡te metí el instrumento!

—¡Papasito, papasote pa pasearte! ¡En esa si me siento! ¡Nálgame dios! ¡Quisiera ser tu hamburguesa y que me eches harta mayonesa!  ¡Quisiera ser sol, para darte todo el día!

Además, el mexicano es bastante grosero.  A principios del siglo XXI el usar malas palabras ya no es considerado un “crimen” a la moral como lo era en antaño.  Hoy en día, las palabrotas, groserías o descaros de la gente se toman de otra manera.

Ya es muy bien conocida la estatura alburera de mis conciudadanos defeños, sobre todo los del barrio popular de Tepito.  Este “Barrio Bravo” que ha atraído también a toda una subcultura de artistas, pintores y escritores, representa gran parte del rompecabezas cultural mexicano.  Pero lo curioso no es descubrir que las malas palabras se gestan y desarrollan dentro de este suburbio urbano, más bien, en todo el país fluye un lenguaje que todos hemos aprendido y conocemos. Esta verborrea no se utiliza solamente para joder o maldecir al prójimo, sino que ya está integrada altamente al hablar mexicano.

“¡No me chingues!  Expresión coloquial que sustituye a los desconfiados ‘no inventes’ y ‘¡no te creo!’  Se utiliza cuando dos personas están en plena corcha tocando un tema de interés…—o sea, chismeando—, y una de ellas dice algo que a la otra le parece de lo más extraordinario, como para, simplemente, no creerlo”.

—Te cuento, mana, la semana pasada detuvieron a Inés y a su novio por faltas a la moral en la vía pública.

—¡No me chingues! Tan bien portadita que se veía.[1]

Las groserías hoy en día las pueden decir no solamente los “incultos” de acuerdo con cierta élite nacional.  Sino también dentro de los círculos aristócratas o moralistas, las madres abnegadas pueden expresar: “Dile a tu papá que no esté chingando”.  Un estudiante ya puede decir: “Pinche profesor no sea gacho”.  Hasta un sacerdote se da el lujo de expresar: “Estas pendejadas sólo las puedes hacer tu hijo mío”.

Sin poder faltar por supuesto la tendencia del mexicano a beber.  Si estamos tristes es para olvidar.  Si estamos contentos es para celebrar.  Cualquier pretexto es bueno para echarnos unos tragos y tener una parranda.  La quinceañera de la hija de mi compadre, la boda de Luisito con Lourdes porque se comieron la torta, la graduación de Don Pepe, que por fin terminó la escuela de leyes, Marianita que va a salir del kínder, que linda la niña, porque tenemos nueva sirvienta en casa, porque queremos recibir a los vecinos de buena forma, porque Rebeca por fin se divorcio de Pepe quien es un jijo de la chingada, porque hoy hay partido de fútbol, porque hay que apoyar a Guadalupe en su tristeza, no sé cuál es pero hay que apoyar…TOTAL…al mexicano le gusta celebrar la vida, sus tragedias, sus incidentes de a diario, sus rarezas, sus contradicciones, su complejo existir humano.

Al ver todo este panorama cultural discursivo, llegamos a nuestra conclusión, México es una cultura dicharachera, insolente, atrevida, chistosa…este es nuestro sabor nacional.

©David Alberto Muñoz


[1]Editor, María del Pilar Montes de Oca Sicilia.  El Chingonario Diccionario de Uso, Reuso y Abuso del Chingar.  Editorial Otras Inquisiciones, 2011.

 

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Nunca podré olvidar las voces y los personajes folclóricos que conocimos.  Un réferi que subía al ring totalmente alcoholizado,  una señora a la cual le decían “la tequilera”, que se mentaba la madre cara a cara  con los luchadores. 

 

A dos caídas de tres

Por David Alberto Muñoz

 

“Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro, máscara la...”

Octavio Paz

 

En México, la lucha libre parece seguir siendo una institución popular al servicio de la tiranía ideológica del discurso oficial.  Esto, no sin antes describir sus propias expresiones que de alguna forma mítica se han convertido en parte de la estructura que sostiene al mexicano actual de principios del siglo XXI.

La formula ya es muy antigua pero muy bien conocida.  Las fuerzas del bien contra el mal, los buenos contra los malos, los chidos contra los débiles, los técnicos contra los rudos.  Si a todo esto le agregamos una cucharita de albur, tenemos en nuestras manos una fórmula explosiva que producirá  el mentado “machismo”, con toda su bravura, con sus frases mal intencionadas: “yo no me rajo, yo me parto la madre con cualquiera”.

Es curioso el asistir a una función de lucha libre en México, y ver los mismos fenómenos que suceden en la política nacional.   A dos caídas de tres sin limite de tiempo, la izquierda contra la derecha, el religioso contra el ateo, el hombre contra la mujer, el gobierno contra el pueblo; cada uno de estos universos han sido creados desde un punto de vista dualístico, en otras palabras o somos de aquí o semos de allá.    Parece no haber un término medio en esta constante lucha política, social, intelectual e incluso humanista que peleamos a diario.  De aquí que en México todavía se busque a un mesías, un Hidalgo, un  Morelos o  un Zapata, que son los héroes con menos imperfecciones (al menos eso se nos ha dicho), y cuya huella parece haber permanecido casi intacta en las mentes de los mexicanos.

Considero que los tiempos de las ideologías dominantes, y los movimientos revolucionarios que eliminan al contrario ya han desaparecido.  El mundo actual es un verdadero rompecabezas ideológico, las piezas simplemente no encajan.  Los antiguos soldados continúan peleando solamente por inercia, por costumbre, y lo que podemos ver es la gran necesidad de encontrar puentes de comunicación entre tantas ideologías humanas. 

Ya no es la época de frases cuya única intención es el destruir el espacio ideológico del contrincante.  Si utilizamos la metáfora de la lucha libre ya no es un máscara contra cabellera, o un máscara contra máscara, dentro de la lucha libre se recalca que el perder  no es  sólo el descubrir quién eres realmente detrás de tu máscara, es el tener que revelar tu verdadera  identidad, es el tener que ser depilado  de tu cabello, siendo avergonzado ante toda la tribuna porque no tuviste el valor, la valentía, el coraje, el “machismo” para salir adelante, y por lo tanto, desde este momento te has convertido en ciudadano de segunda clase, eres simplemente un luchador que ha perdido  sus grandes e importantes  batallas.

De ahí que nuestro México continúe siendo lo qué es, una nación que se preocupa más en las estructuras de los discursos, en la construcción de los dogmas, en la retórica que sus representantes dan ante la sociedad  que en el verdadero progreso de la misma,  o mejor todavía, en el plantear soluciones prácticas que ayuden a la nación. 

Todos gritamos en la lucha libre: “Yo quiero ver sangre.  Quítale la máscara.  Pártele todita la madre.  Muérdelo al cabrón.  No te dejes”.   Todo esto, en lugar de plantear soluciones basadas en los problemas que todo ciudadano experimenta a diario.

Cuando era niño mi padre nos llevaba a mí y a mis hermanos  a la lucha libre.  Tuvimos el privilegio de ver en vivo a Santo el enmascarado de Plata, Blue Demon, Mil Máscaras, René Guajardo, el Ángel Blanco entre muchos otros, y cada vez que asistíamos tomábamos bando.  A veces  éramos rudos, a veces éramos técnicos. 

Nunca podré olvidar las voces y los personajes folclóricos que conocimos.  Un réferi que subía al ring totalmente alcoholizado,  una señora a la cual le decían “la tequilera”, que se mentaba la madre cara a cara  con los luchadores.  Una familia de gorditos que con rostro de aristocráticas aplaudían y cuestionaban las decisiones echas en el ring.  Y los jovencitos que íbamos para ver si El Bombero o Centella Nolasco nos daban su autógrafo.

Considero que México debe de eliminar esta mentalidad.  No la lucha libre porque creo es toda una institución popular que entretiene todavía a la gente, pero sí la mentalidad cerrada de querer seguir venciendo al enemigo en dos caídas de tres cuando nuestros problemas llevan siglos y siglos de gestación, y nuestra cultura aún no logra resolverlos.

—Lucharan a dos caídas de tres caídas sin límite de tiempo.  En esta esquina el mexicano, en esta otra, el mexicano. 

¿Por qué no podemos vencernos a nosotros mismos?

© David Alberto Muñoz

 

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Puestos de máscaras de lucha libre, curiosidades, mendigos, mujeres tiradas en la calle con más de tres niños que le ayudaban a pedir limosna, mientras que a la misma vez, mancebos tocaban instrumentos junto con su padre intentando voltear el rostro para no ser fotografiados.

D.F.

Por David Alberto Muñoz

México, Distrito Federal.-  Con el paso de los años el sentimiento parece cambiar cada vez que viajo a la tierra que me vio nacer.  Es como que de pronto, mis memorias ya quedaron guardadas en unos negativos que tal vez nadie revelará, o quizás, lo único que realmente vive dentro de mí es una curiosa cosquilla que me hace seguir observando, analizando, seguir plasmando en papel mis locas observaciones de un país que después de más de 30 años todavía está en la misma médula de mi ser, con la intención de no pasar por desapercibo, al contrario, tiene todo aquello que sigue mostrándome que algo cruza por mi mente y corazón añadiendo vivencias, experiencias, momentos nuevos  a las circunstancias con las que vivo actualmente.

Partí de mi hogar junto con mi familia para pasar algunos días en México.  Íbamos con el corazón en la boca.  Mis suegros celebraban 60 años de casados.  ¡Qué aguante!  ¿No?  Toda la familia del lado de mi esposa se juntaría para celebrar tal acontecimiento que hoy en día es ya un mito inalcanzable, ya que las parejas se casan, juntan o enlazan, ya con la idea de que en algunos años todo terminará, si no es que antes.  Es increíble ver a una pareja junta después de tantos años.  Y no junta necesariamente en el aspecto de vivir bajo un mismo techo, sino más bien, el poder percatarse que de alguna manera todavía existe comunicación, cariño, tolerancia.  Son muchos años, muchas luchas, muchas desilusiones pero también muchos logros.

¡Felicidades!

Encontré a México con una rara calma que antes no había sentido.  Era un México lleno de contradicciones, impugnaciones hechas a altas horas de la madrugada mientras las fiestas decembrinas se perdían detrás de las protestas hechas en el zócalo, y la gran presencia policiaca se dejaba ver a través de los vendedores ambulantes, los taqueros, las celebraciones de fin de año puestas a lo largo de casi toda la ciudad, dónde de las alcantarillas que en ocasiones huelen a mierda, brotaban millones y millones de seres humanos intentando darse espacio a sí mismos en medio de música, de algarabía o muy probablemente dentro de un simple deseo de olvidar los obstáculos que la vida diaria presenta para refugiarse en un bar a las once de la noche, donde un guitarrista toca los boleros con los cuales muchos de nosotros hemos crecido.

Caminé por Avenida Juárez, junto con Hidalgo y vi a distancia Tacuba para después deslizarme sobre  San Juan de Letrán, avenida cuyo nombre cambió casi al mismo instante en el que Sergio Esquivel le compusiera una bella canción.  Escuché a Garibaldi a la distancia, ya que no tuve tiempo de irme a tomar dos tequilas en el Tenampa.  El tráfico estaba raramente calmado.  Más de dos taxistas me comentaron que era por las fiestas.

—Nada más espérese a que llegue el día 3, y esto se vuelve el mismito infierno.

Mis compatriotas chilangos andaban enojados.  Los mismos dueños de negocios no lograban presentar esa característica tan peculiar de mi México, los buenos modales, la educación que nos ha hecho ser trasmisores de la buena palabra, de los modos atentos o tal vez, sólo una forma de sacarse del saco al “otro” en una ciudad de más de 20 millones de personas, que salen como cucarachas de las estaciones del metro, que nos hacen sentir la gran tensión existente en esta metrópoli.

Puestos de máscaras de lucha libre, curiosidades, mendigos, mujeres tiradas en la calle con más de tres niños que le ayudaban a pedir limosna, mientras que a la misma vez, mancebos tocaban instrumentos junto con su padre intentando voltear el rostro para no ser fotografiados.  Comedores de fuego con la boca quemada literalmente, payasos buscando la moneda, sin poder faltar las parejitas que casi cogiendo a plena luz del día, se mostraban a lo largo de toda la ciudad de México revelando esa fuerza que no es otra cosa más que el deseo de seguir vivos en medio de un mundo que de acuerdo con los mayas terminará a fines del año 2012.

Tuvimos el privilegio de asistir a varios eventos donde pudimos ver el otro lado de México; después de habernos detenido en un restaurante bar llamado La canción done bailé con mi hija, y disfrutamos de un ambiente sano y acogedor, asistimos al Teatro Insurgentes para ver la obra Filomena Marturano: Matrimonio a la italiana con Rebecca Jones—quien descubrí  fue llevada a los Estados Unidos donde crece para llegar a México a principios de los años 80’s— y Juan Ferrara.  Debo de confesar que no es lo mejor de teatro que haya visto en México pero me trajo recuerdos de mi juventud cuando asistía a este mismo escenario junto con mi madre para ver a Silvia Pinal, Enrique Guzman, Ignacio López Tarso, Héctor Bonilla u Ofelia Guilmáin, madre entre paréntesis, del mentado Juan Ferrara.

Además, durante la última noche de nuestra estancia tuvimos el privilegio de ver al Ballet Folclórico de Amalia Hernández en la explanada del Castillo de Chapultepec, desbordando lo que todavía llevo dentro de mi corazón, un amor muy grande por mi México lindo y querido, un gran cariño por su música, su arte, su cocina, su forma de ser y ver la vida.  Parece ser un patriotismo muy particular.  Todos queremos a México, seamos de izquierda o de derecha, creyentes o ateos, todos nos comemos unos tacos en la esquina del metro Hidalgo cruce con Paseo de la Reforma.  Todos gritamos al escuchar al mariachi tocar La negra, cada uno de nosotros apoyamos a la selección nacional de fútbol cada vez que juega.  Todos estamos orgullosos de ser de Puebla, de Hermosillo, de Guerrero, de La paz, de Quintana Roo, de México, con toda esta riqueza cultural que desafortunadamente está siendo ahogada por intereses que no buscan el bienestar del país.

Principia un nuevo año y descubrí que la vida sigue aunque algunos de nosotros ya tengamos muchos años lejos de nuestra tierra.  Aunque unos ya tengamos raíces en otros países, nunca podremos olvidar nuestro México.  Seguiremos regresando cada vez que se pueda.  Nuestras familias conocerán nuestra lengua, nuestras costumbres, cada una de las tradiciones que fueron inculcadas en otras generaciones a pesar que de alguna forma extraña ya no seamos de aquí. 

Somos, más a la vez ya no coexistimos...  Estamos pero a la vez ya vivimos…fuimos y queremos seguir yaciendo…

Estas son mis impresiones del México que vi, y del México que tanto amo.

¡Feliz año 2012!

 

© David Alberto Muñoz

 

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Salimos para continuar nuestro recorrido. Por la ciudad capital de este estado donde la discursiva cultural chicana todavía encuentra oposición, nos deslizábamos en medio de autos, edificios, peatones, así como: “…figuras dantescas de la compleja  comedia humana”, como escribiese mi abuelo hace ya dos generaciones.

Arriba, de izquierda a derecha, Bill Barquin, Cesar Chavez Foundation, Maria Barquin, Radio Campesina, Pablo Muñoz, YMCA, Mirita Muñoz, Independence High School, Mireya Muñoz, Desert Garden Elementary, David Muñoz, Chandler Gilbert Community College.  Abajo, de izquierda a derecha, Luis Valdez, Lupe Valdez, Lilia Samaniego, Martin Samaniego, President Governing Board Glendale District.

 

48 horas con el maestro

Por David Alberto Muñoz

 

Phoenix, Arizona.- El otoño por fin había caído sobre el valle del sol.  La gente comenzaba a caminar con pasos aún más apresurados que de costumbre.  Se respiraba en el aire un anticipado aroma a fiestas decembrinas con varias gotas de consternación.  Paradójicamente, podíamos sentir  un agradable clima que de alguna manera preparaba la escenografía para recibir al autor y director de la obra de teatro Zoot Suit, al IV Encuentro de Escritores Iberoamericanos en Estados Unidos/Tributo a Luis Valdez.

Me sentía nervioso y muy emocionado.  En mi mente, el recuerdo de Luis Valdez había permanecido desde mis años mozos cuando era estudiante de teatro, y mis sueños se concretaban en actuar, dirigir y escribir. 

One out of three is not bad!

Había escuchado mucho sobre Valdez de mis profesores, William Virchis y Jorge Huerta, dos hombres de teatro chicano que marcaron mi juventud con la fuerza de su gran pasión por los escenarios.

Hasta ese momento, Luis Valdez era simplemente un modelo a seguir, un impulso que como catapulta me había lanzado en medio de un mundo en ocasiones adverso,  desfavorable, pero en otras ocasiones había logrado hacerme ver más allá de los mismos límites que la sociedad estadounidense de mi generación me había querido imponer.

Llegada del Maestro

El jueves 17 de noviembre del 2011 me levanté temprano como lo hago por regla general todos los días.  Tenía cosas que hacer en el trabajo, evaluaciones que realizar, trabajos que revisar, reuniones que atender, clases que enseñar, y por si fuera poco como suele suceder en eventos como este, encargarme de que todo estuviese listo para recibir a nuestro invitado.

Llegué con casi una hora de anticipación al aeropuerto; no quería que Valdez tuviese que esperar en lo absoluto.  Incluso, imprimí el poster para la actividad, y junto a este, el nombre en grandes letras: LUIS VALDEZ, para asegurarme que fuese recibido como era debido.  Esperé, esperé y esperé.  Los nervios comenzaron a invadirme, no llegaba el maestro, en momentos como ese las más inimaginables situaciones vienen a tu mente, es casi como una película de terror, monstruos brotan de las mismas alcantarillas de la calle, de las escaleras eléctricas del aeropuerto una presencia funesta  acarreaba un olor a día de los muertos que deseaba ahogarte y destruir todo aquello por lo que habías estado trabajando  desde hace ya más de un año exactamente. 

Revisé que el vuelo hubiese arribado y sí, decía en los monitores: ARRIVED.  ¡Me lleva la chiquita!  Siempre pienso lo peor.  Tomé mi celular con la idea de hablarle al director de “ya nos llevó la chingada” cuando suena el mismo.

—Hello, habla Lupe Valdez.  Do you want us to go outside?

—¡No!—casi grité—I’ll be there in a minute.

Me disculpé una y mil veces.  Habían llegado en otra sala mientras yo esperaba en la que me habían indicado los monitores.  Bajé a toda prisa buscando al maestro y a su esposa sudando gotas de nerviosismo con una euforia muy particular.  Finalmente lo tuve frente a mí.  Me sentí como niño chiquito, con un papel en la mano que decía: “Luis Valdez” y una sonrisa que no desapareció durante todo el evento.

—Welcome maestro Valdez!

Cena de bienvenida

Pronto descubrí la gran sabiduría del maestro y su compañera.  Las primeras palabras se pronunciaron en medio de halagos, frases de expectación, gente que ambos conocíamos, adulaciones bien plantadas, risas relajadoras.  Era un jueves por la tarde y tuvimos que enfrentarnos al tráfico local para finalmente llegar al hotel e informarles que teníamos una cena de bienvenida preparada para ellos.  Con mucha finura aceptaron nuestra invitación, y una vez instalados, nos dirigimos al lugar del pre-evento, no sin antes tener que pasar nuevamente por un tráfico de los mil demonios que me hizo imaginar:

 “Sería bueno tener unas líneas en los freeways para que los que organizamos eventos, pudiéramos de esa manera llegar más rápido a nuestro destino”. 

Tuvimos el privilegio de tener a Don Luis Valdez en nuestro hogar.  En medio de un ambiente totalmente familiar contamos con la presencia de Bill y Maria Barquin – representando a la Fundación Cesar Chávez y Radio Campesina, Chief Operating Officer y Jefe de programación, respectivamente.  Pablo Muñoz, representando a la YMCA Valley of the Sun - Executive Director, Martin Samaniego y su esposa  Lilia, Governing Board President for the Glendale Elementary School District, Mireya Muñoz, maestra de música representando a la escuela primaria Desert Garden y a la estudiante Mirita Muñoz en representación de Independence High School (entre paréntesis mi familia, mi esposa y mi hija), y por supuesto, su servidor representando a Chandler-Gilbert Community College y Peregrinos y su letras.

Fue una velada muy agradable, platicamos, brindamos y comimos todos bajo una mesa donde el tema de conversación fue la importancia de mostrarle a nuestra comunidad no sólo nuestra cultura, sino quienes son los creadores de la misma, así como el reconocer el trabajo de aquellos que antes de nosotros abrieron brecha, como Luis Valdez, para permitirnos expresar nuestros deseos, anhelos, luchas, frustraciones, y demás ante la cultura preponderante.

Lupe Valdez nos mostró fotos de la boda entre ella y el maestro, asunto que nos hizo a todos relajarnos aún más y disfrutar de la cena; cada uno de nosotros pudimos expresar el gran orgullo que sentíamos de tener a un verdadero icono de la cultura estadounidense en nuestra ciudad.  Mientras las copas se llenaban y nuestros platos incitaban nuestros apetitos, pudimos familiarizarnos con el maestro Luis Valdez y su esposa.  Nadie tenía ganas de irse, sin embargo, tuvimos que darle cierre a nuestra cena, ya que al día siguiente  el maestro tenía una agenda bastante ocupada.  Nos despedimos para consultar con la almohada nuestra experiencia primicia después de conocer al maestro.

IV Encuentro de Escritores Iberoamericanos en Estados Unidos/Tributo a Luis Valdez

Recogí al maestro y su esposa a las 7:30am.  El primer ítem en la agenda era una entrevista en los estudios de UNIVISION con nuestro compañero y amigo Juan Villa, director de noticias y candidato al doctorado en letras por la Arizona State University.  Llegamos con una puntualidad inglesa que me enorgullece.  El hecho de siempre llegar tarde en nuestra cultura es algo que desde niño no me gustó.  Hay que cumplir con nuestros compromisos a tiempo, mostrando nuestro profesionalismo porque eso muestra nuestra consideración para con los demás y la responsabilidad personal que le damos a nuestras actividades.  Hay que rechazar el famoso: “Ahí se va”.

Los estudios de televisión fueron un marco que plasmó una fina galanura a nuestro evento.   Se recibió al maestro con todas las atenciones, y de inmediato Valdez principió a disertar sobre la historia de la comunidad México-americana y sus luchas, sus logros, las caminatas con Cesar Chávez, los infortunios,  con esa voz profunda y baja que posee, sus palabras parecían emitir una convocatoria para todos los hispanos a continuar elevando no sólo nuestra condición social dentro de la comunidad estadounidense, sino de igual manera, a exponer la problemática actual tal y como es, sin máscaras, sin falsedades, hablando con la verdad en la boca.

Salimos para continuar nuestro recorrido. Por la ciudad capital de este estado donde la discursiva cultural chicana todavía encuentra oposición, nos deslizábamos en medio de autos, edificios, peatones, así como: “…figuras dantescas de la compleja  comedia humana”, como escribiese mi abuelo hace ya dos generaciones.  

Llegamos a las oficinas de la publicación semanal La Voz, donde Luis Manuel Ortiz, Editor en jefe/ Director editorial y todo su equipo periodístico, nos recibieron de manteles largos.  Nuevamente el maestro Valdez respondía a las preguntas que le presentaban con candidez, sabiduría y humor, característica muy particular del maestro.  El evento tomaba velocidad, fuerza, al estar ante los grandes edificios del centro de la ciudad, la voz de Valdez se convertía en la voz de muchos de nosotros quienes al igual que lo hicimos en aquella ya famosa marcha en pro de la reforma migratoria, agregábamos nuestros pasos teniendo al frente a un vocero muy particular, Valdez, quien con voz de predicador hacia resonar las injusticias cometidas, los atropellos incurridos, mientras las voces mayas y aztecas surgían de la misma tierra para darnos identidad a todos de una manera u otra.

Chandler Gilbert Community College

Nuevamente con puntualidad inglesa llegamos al campus del Colegio Universitario Chandler-Gilbert donde laboro día a día.  Con teatro lleno Valdez habló sin pelos en la lengua. Al verlo en escena descubrí que no sólo es un gran dramaturgo, cineasta y activista, sino que también es un gran actor que conoce su arte.  Hipnotizó literalmente a la audiencia con un humor muy pícaro, sin dejar de decir que era una tontería construir un muro entre México y los Estados Unidos, que era una insensatez el seguir con la terquedad del English Only, que todo el país está preñado de mexicanos, aunque algunos no encuentren gracia en esto.  Hubo risas, sentimientos de libertad, y quizás lo más importante fue que provocó el pensamiento del público, de cada uno de los estudiantes presentes, algunos que quizás nunca habían estado expuestos a este discurso que muchos de nosotros hemos vivido casi toda nuestra existencia.

Después de haber sido invitado a comer o lonchear con el grupo de estudiantes hispanos del colegio, quienes mostraron más que interés en escuchar al maestro, partimos para dejar descansar a nuestros invitados unas horas antes del tributo que le teníamos preparado.

El clímax de la actividad

La atmosfera estaba lista, música como el Pachuco Boogie con la orquesta de Don Ramón se escuchaba dentro del auditorio Bulpitt de Phoenix College.   Imágenes del celebrado y sus creaciones literarias tales como Zoot Suit, La Bamba, Bernabé  y fotografías de sus años junto a Cesar Chavez se mostraban mientras el público entraba al teatro para encontrar al personaje más representativo de Valdez, su alter-ego, el Pachuco,  quien en esta ocasión fue representado por el joven actor Nathan DeLa Torre, que recibía a los invitados con su muy particular lingo.

Principio el tributo con mesas de lecturas donde escritores locales mostraron su trabajo ante Valdez.  Esmirna Rivas, David Durán, leyeron ambos poemas y un cuento respectivamente.  El Dr. Saúl Cuevas y su hijo Luis Holguín de la Cruz representaron al estilo del teatro campesino un sketch humorístico para después dar lugar al maestro Mario Zapién, director artístico de Teatro Meshico, que con su tropa de actores, Jose Luis Bahena, Maria del Carmen Bahena, Esmeralda Beltrán, Rubén Calzadillas, Esly Fombona, Theresa Velázquez y Germán Vergara Arcelia, representaron: Pensamiento Serpentino de Luis Valdez y finalmente Nathan DeLa Torre representó el monologo del Pachuco.

Llegó por fin el plato mayor, el Dr. Manuel de Jesús Hernández habló de la importancia del trabajo de Luis Valdez dentro de la comunidad chicana, y de la forma tan especial en la que Valdez ha logrado dominar dos culturas, dos idiomas pero sólo una voz discursiva, la voz Valdeziava, dando así lugar a mi pequeña reflexión donde emití recuerdos de mis años de actor, y el significado personal que tiene Luis Valdez para mi vida y mi identidad cultural actual.

De esta manera el doctor Don Luis Valdez tomó el micrófono para deleitarnos con tantas historias y  profundas reflexiones como cuando contó que cuando era niño lo único que el quería era jugar al teatro, y sus compañeros se cansaban porque no sabían que decir, y él les decía escribiendo en una hoja de papel:

—Di esto.

Ahí surgía el escritor, el dramaturgo que llegó a ser un cineasta que fue nominado a un Golden Globe, llenando de mucho orgullo, no sólo a los chicanos, sino a todos los hispanos viviendo en Estados Unidos.

Epilogo

Así, en medio de conversaciones, retos, recuerdos, lecturas, representaciones, chistes y brindis, nos despedimos del maestro el sábado por la mañana agradeciéndole a él y a su bella esposa, su presencia entre nosotros.  Descubrimos que la lucha todavía no termina, que ya hay una nueva generación de hispanos, chicanos, latinos, o como deseen llamarse, que lleva en alto nuestra herencia cultural pero que a la misma vez, ya ha impuesto dentro de su identidad formativa contemporánea, el sello de su etnia, el amor por un idioma y una tradición que permanece, un testimonio que ya ha contraído matrimonio con este país, adoptando sus propias costumbres y creando además, un nueva cultura, una civilización bilingüe, tricultural (estadounidense, chicana y mexicana), que deseamos continuar mientras tengamos vida, y mientras podamos seguir realizando estos encuentros de escritores iberoamericanos viviendo en Estados Unidos.

Muchas gracias maestro, de todo corazón a usted y su esposa por habernos dado el privilegio de contar con su presencia, y haberme dado a mí en lo personal, la oportunidad de pasar 48 horas con el maestro Valdez.

Órale carnal, hubo borlo.  A’i te Watcho al rato, eres un chingón, say hi to the Pachucada en San Juan Bautista.  Mi jefe nació en  El Chuco… nos faltó echarnos un frajo y unos Leños de hierba.  Cuidado con La Jura, con Cuico, no nos vayan a sacar mole.  Simón Ése, gracias por la retra que nos tomamos, le vamos a seguir taloneando por acá…be trucha.  We love you carnal.  Con safos. 

© David Alberto Muñoz

 

 

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Valdez and my own identity

By David Alberto Muñoz

 

To talk about Luis Valdez is to talk about my own search for identity.  My own myth creation written during the years of my youth, always searching not just for who I was but who I might become.  I came to the United States of America in 1973 directly from Mexico City.  By the time Zoot Suit debuted in 1979 I was in college already getting a degree in Theatre Arts, and by 1981, when Luis Valdez directed the film version, I was a young man of 22 years of age working under Jorge Huerta and William Virchis in a theatre company named Teatro Meta. I still remember when Valdez was nominated for a Golden Globe, the pride all of us felt seeing a Mexican-American artist reaching that level of recognition and respect through artistic means, it meant a lot for many of us.

I still remember the great impact of Valdez in my life.  He represented the ideal for many of us young actors during the 1970s. The man born on June, 26, 1940, the playwright, the film director, the actor, the civil rights activist, the man who is considered to be the father of Chicano Theatre in the United States, the man who worked with Lalo Guerrero known as the father of Chicano music, and with Cesar Chavez, co-founder of what became the United Farm Workers, became the center of our conversations for many years ahead.

Valdez became the voice of many farm workers; individuals that were oppressed by the forces of main stream culture as well as radicals who for some strange reason did not want the economic, social, and artistic development of our community.  He was the one that helped create Chicano Theatre.  He showed many of us that through writing and performing we can communicate a social message that entails the treatment of our community with dignity and respect.

Perhaps, without Luis Valdez we would not have the voice we have today.  The images of the Mexican-American have changed in the media and in reality.  Many young individuals of Mexican descent are now professionals, doctors, lawyers, actors, painters, scientists, professors.  But how can we forget el Teatro Campesino and its Actos, its mitos, how can we not remember those unforgettable characters like Bernabé, el idiota, who wants to marry La Tierra portrayed as a Soldadera, foreshadowing his most powerful character:  El Pachuco, o Soldado Razo, or the epic scope of La carpa de los Rasquachis following a Cantinflas-like, the Mexican Charlie Chaplin, whose Mexican character crosses the border from Mexico into the U.S. and he suffers many indignities until his death.

Valdez has described Chicano theatre as a reflection of the world; “…a universal statesmen about what it is to be Chicano in the United States.”  On July 30, 1978, Zoot Suit played too sold out houses for eleven months.  On March 25, 1979, it became the first Chicano play to open on Broadway, and in 1981, Zoot Suit became a motion picture.  By the year 1987, when Valdez directed the blockbuster La Bamba, his worked had penetrated main stream America. Luis is quoted by Jorge Huerta saying about his first experience arriving at Hollywood’s studios:  “When I drove up to the studio gate, the guard at the gate told me that the pastries were taken to a certain door. The only other Mexican he ever saw delivered the pastries.” Hijos de la Chihuahua… Did you hear what he thought? Mexicans can only deliver pastries in Hollywood…hay qué decirlo…  Hijos de la chiquita…

But no, Valdez not only delivered a great scrip with excellent actors and great directing.  He delivered the entire Chicano community inside Hollywood’s gateway, and he opened the way for many future artists.  He is the Pachuco mayor, he is the father of Chicano Theatre, he is the individual who fought before all of us, members of the Chicano community who could not even begin to image it was possible to make it into main stream America.  

This is why we are here tonight honoring this living icon, this living legend, this living myth and I don’t believe I am exaggerating; this man that knew many years ago how to use the tools of the theatre to express not only himself but an entire community, nuestra gente, la raza, our people, and he was able to give us something that up to this day has not died.

Damas y caballeros it is my privilege to introduce to you, the father of Chicano theatre, and a role model for many years, and for many Mexican-Americans: el doctor, Don Luis Valdez.

© David Alberto Muñoz

 

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All of the sudden she got up and like in a stage play, she walked into the spotlight allowing her “rostro” to be seen by all the members of the audience.

 

His glasses

A short story

By David Alberto Muñoz

He could not see very well even with his glasses.  It has been a while since they had told him it was time for a new eye examination but sometimes he could be so stubborn.  He always refuse to hear the truth, quite the contrary, the more people insisted, the worst he got.

            He was yawing with a great deal of exasperation while his girlfriend was only trying to fix her makeup.  She was a beautiful blond whose face appeared to be the face of an angel.

            “A sinful angel.”  He used to say.

            “Listen!  Have you heard the one about a guy in a job interview?”

            “Not that one again Kevin!  Please!” 

            “Come on Sharon!  We are among friends, let’s laugh a little bit!  One day a man tried to get a job at a great company.  He passed every test with flying colors. At the final of the interview, the CEO told him that his constant blinking would bother customers.  I can fix that with some aspirin.  He said.  I’ll just take some and I'll be better in a second.  So, he reaches into his pocket and pulls out condom after condom until he finds the aspirin. He takes it and his blinking goes away. The CEO says: we don't approve of womanizing!  The guy says: Oh! No! Have you ever tried to ask a pharmacist for aspirin while you’re winking?”

            “That is so stupid Kevin!” 

            “But it’s funny girl!  Or not?”

            Everybody laughed.  They opened more beer.

            As he was trying to see around him, the only clear image that went through his brain was the reflection of a woman sitting down in one of couches with her arms crossed, wearing a long light purple dress and heels.  He could not see her eyes.  But she was there.  She looked so sensual from a distance that her presence intrigued Kevin.

            “Who is she?”  He asked Sharon.

            “I don’t know.  She’s been here since we arrived.  Nobody knows who she is.  Who cares anyway?  Do you want to go the car now?”  She flirted.

            “Why hasn’t anyone asked her?”

            “Como on Kevin!  She looks old.  Why would we ask her anything except did you bring your dentures?”  She giggled producing the typical snort of a dumb blond.

            “Shut up Sharon!  You sound so stupid.”

            “Leave me alone!  I am not stupid Kevin.  Get it through your head.  I am a smart girl and I can do anything you can and even more.  I don’t understand you guys.  First you want to get into my pants and you are very nice and gentle, yes a complete gentleman.  Once you get me, you start insulting me with your unintelligent comments.  If you are not careful you’re not going to get any tonight.  You hear?”

            Kevin looked at her with paradoxical eyes while she sat in the sofa crossing her legs and letting him see her physical attributes which made him think twice about his words.

            “Two blondes are walking down the road when one says: look at that dog with one eye!  The other blonde covers one of her eyes and says, where?”           

            Sharon took off one of her heels and threw it in the face of Kevin whose eyes even though he could not see with certainty, by that moment were pasted on the woman no one knew who she was and what she was doing there.

            In the midst of a curtain call, places, entrances and exits, Kevin was still trying to see the face of that strange female who did not seem to fit with a group of young people whose experience did not go further than last night.

            “Excuse me!”  He spoke with a voice of command.  He thought.

            “My name is Kevin.”

            He could not still see her face with clarity.

            “Who are you?  Nobody has seen you before.  May I ask you what are you doing in a place like this, with a bunch of stupid kids drinking beer, just sitting there?  You are not Aaron’s mother are you?  No, he is too ugly to have such a beautiful mom.”

            He heard the crack of a smile.

            “At least you have a sense of humor.”

            She got a cigarette out of her purse.  Kevin immediately offered to light it up.”

            “Thank you!”  The woman finally said with a voice of ambiguity.

            “God damn it!  Who are you lady?”

            All of the sudden she got up and like in a stage play, she walked into the spotlight allowing her “rostro” to be seen by all the members of the audience.

            “Sharon?”  Kevin said with his eyes full of surprise.

            “It can’t be.  I just left you a few moments ago.  Plus she was here while you and I were talking.”

            “You are so stupid Kevin.  You think you are the greatest human in the face of the planet but in reality you are only a man with as many imperfections as I have.”

            He babbled with saliva coming down his mouth.

            “Have you heard the one about Adam and Eve?  Adam says to God, God, why did you make Eve so beautiful?  God says, so you would love her.  But God, the man says why did you make her so dumb?  God replies, so she would be able to love you.  Kevin, you cannot not see very well even with your glasses.”

            She kissed him in the lips and walked away like a queen after receiving her crown.         

© David Alberto Muñoz

***

Eso de la identidad es puro pedo, como dijo el profe de sociología el otro día, la identidad cultural la encontramos cada uno de nosotros… ¿no?  ¿Pero la identidad biológica?  Eso es cuestión de sangre.

¿…qué voy hacer?

Por David Alberto Muñoz

Jaime jamás había pensado en su identidad hasta aquel día cuando todos en la escuela comenzaron a burlarse de él.  Lo empujaban con bastante violencia y aunque todo empezó como un simple juego, las cosas de pronto se pusieron color de hormiga.  Todos en la clase parecían bruscamente haberse convertido en enemigos acérrimos del pobre muchacho, quien había logrado entrar en aquella institución de pura chiripada, y con la ayuda de su tío que le consiguió media beca.

—¡Estás más negro que el mismo chapopote!

—¡A mí se me hace que eres hijo de la criada!

—¡No te pareces a tus papás Jaime!  Haz de ser adoptado o más bien recogido de la calle.

—Sí, es corriente cruzado con de la calle

—¡Hasta hueles a mierda pinche Jaime!

Las palabras se volvían cada vez más insultantes.  El joven Cabrera Ramos se sintió como león enjaulado.  Volteaba para todos lados en busca de salida.  Buscaba algún maestro pero los mismos peritos, esos expertos y diestros educadores habían decidido simplemente observar desde lejos, ya que ellos mismos dudaban de la legitimidad del nacimiento de Jaime.

—A mí se me hace que todos tienen razón.  No se parece en nada el mentado jovencito a su papá.  ¿Usted que cree señorita Peralta?

—Pues tiene rasgos indígenas, no de español como el señor Cabrera Ramos.  Aunque ya sé que algunos dirán que pudo parecerse a un tío lejano pero toda la familia son gente de sangre azul.  Bueno, sin agraviar lo presente… 

—¡Ya cállense todos!  ¡Están locos!—gritaba Jaime.  Por su mente atravesaban imágenes en las cuales él buscaba alguna indicación de no ser hijo verdadero de los señores Cabrera Ramos—Mis jefes nunca me han dicho nada.  Además, jamás me han tratado diferente.  No, al contrario, en ocasiones he pensado que soy el consentido entre todos mis hermanos.

—¿Por qué tu papá es güero y tú no?

—Y tu mamá es más blanca que la porcelana.  Mira nada más el color de chocolate que tienes.  No eres legítimo pinche Jaimito. 

—¡Ya déjenlo en paz!—exclamó de pronto Patricia, la niña nueva que acababa de llegar hace apenas tres meses, y gozaba ya con el privilegio de haberse convertido en el mayor atractivo femenino de la escuela secundaria Sara Alarcón—¿Qué les ha hecho?  Son una bola de bullies, sobre todo tú Arturo.  Montoneros…

Jaime tan sólo lanzaba trancazos al más no poder mientras más de la mitad de la clase de tercero de secundaria, movidos por Arturo Salgado, hijo del licenciado Salgado, el muchacho con más dinero en toda la escuela, se encargaba de lograr la burla de cada uno de los presentes.

—Tú no digas nada Patricia que ni siquiera lo conoces—respondió Arturo con voz de ira—No te hagas la heroína que no te queda.

—¡Déjenlo en paz por el amor de Dios!

Poco a poco cada uno de los agresores pareció cansarse, y eventualmente todos se retiraron dejando al adolescente junto con Patricia.

—¡Hijos de su pinche madre!  ¡Bola de cabrones!

—Cálmate Jaime, no vale la pena.  ¿A poco de verdad tú crees lo qué dicen?

La mirada del mancebo mostraba bastante enojo.  A Patricia se le figuró un toro encerrado en el ruedo a punto de ser sacrificado.

—¿Quieres agua? —preguntó la muchacha después de una pausa.

Jaime negó con la cabeza mientras intentaba calmarse lanzando patadas al aire con mucha rabia.  Nunca es sus escasos 15 años de existencia se había preguntado si sus padres eran en verdad los suyos. 

—¿Qué tal que me adoptaron y nunca nadie me ha dicho nada?—su mente viajaba a más de cien kilómetros por hora—Nunca lo había pensado pero la mera verdad no me parezco a nadie en mi familia.  ¿Bueno y eso qué importa?   Yo sé que todos me quieren mucho.  Me lo han demostrado.  ¿Por qué me va a importar tanto lo qué piensen los demás?  Eso de la identidad es puro pedo, como dijo el profe de sociología el otro día, la identidad cultural la encontramos cada uno de nosotros… ¿no?  ¿Pero la identidad biológica?  Eso es cuestión de sangre.

—¿En qué piensas Jaime?

—En nada Patty.

—¿Cómo qué en nada?

—¿Por qué nos importa tanto la pinche legitimidad de nacimiento?  Todo está bien hasta que alguien pone en duda nuestras raíces.  Y todos se van como pendejos al matadero nada más por habladurías y chismes.  ¿Si soy o no soy qué chingados les importa?

Patricia se acercó con dulzura a Jaime.  Tomó su mano derecha y la depositó sobre su pecho  procurando que el chico palpara el latir de su corazón.

La mente de Jaime de pronto cambió su dirección.  Se excitó de sobremanera.  Ya le había ocurrido sólo pensando en Patricia pero en esa ocasión el sentir el palpitar de su pecho lo había perturbado.

—Ven, siéntate…respira profundo y no hagas caso.  Arturo es in idiota que no tiene otra cosa qué hacer que andar jodiendo.  Ya lo conoces.  Además, incluso que fuera cierto ¿qué tiene que ver?

Jaime se sentó mientras Patricia pudo ver una lágrima que intentaba esconderse detrás de su mirada.    

—No les hagas caso Jaime, son una bola de inmaduros.  No tomes las cosas tan a pecho.  Te tienen envidia porque siempre sacas buenas calificaciones. 

—Pero que tal que tengan razón.  Tú nunca te has preguntado qué pasaría si de pronto descubres que no llevas la sangre de tus padres.  ¿Qué tal si soy un bastardo?

La muchacha lanzó al aire el comentario del jovenzuelo.

 —¡Eso qué tiene que ver!  La gente nada más se anda fijando en estereotipos y babosada y media.  Esa es cuestión del siglo pasado, de la época de mis abuelos, que la legitimidad de la estirpe, que la herencia de sangre que no sé qué.

—Pero es cierto Patty… ¿o no?  Puedo ser alguien que degenera de su origen.

—¡Ay Jaime no seas tonto tú también!  Si te vas a preocupar por todo lo que la gente dice de ti nunca vas a lograr nada absolutamente.  La gente siempre anda de habladora.  ¿Te acuerdas cuando la señorita directora faltó toda una semana a la escuela?

—Sí.

—¿Qué andaba diciendo la gente?  Que estaba embarazada, que había tenido un aborto, que obviamente no estaba casada, que tenía cáncer y era ya una enferma terminal, que el trabajo había sido demasiado para ella, que habían visto fotos de ella en una revista para caballeros, en fin.  ¿Y cuando regresó qué paso?  Todo mundo se dio cuenta que sólo había tomado una semana para cambiarse de casa, y no le quiso decir a nadie para que no la enfadaran. 

Jaime respiró con tranquilidad quizás por primera vez durante aquella dura tarde.  Levantó los ojos y vio a la muchachita que estaba frente a él.

—¿Y tú por qué me defiendes?

Patricia lanzó una carcajada burlesca que fue como una cachetada sobre el rostro del joven Cabrera Ramos quien nuevamente puso su cuerpo tenso y su mirada clavada sobre los ojos de Patricia.

—Mira Jaime, no te hagas pendejo por favor.  Tú bien sabes que no debes de prestar atención a lo que digan de ti.  No eres ningún idiota.  A mí no me gusta la injusticia y a lo mejor… a lo mejor me gustas.  Pero ¿sabes qué?  Vete mucho a la chingada.

La muchacha se puso de pie con bastante violencia y caminó para alejarse de Jaime.

—¡No Patricia!  Discúlpame…por favor…soy un idiota.

La joven se detuvo, volteó discretamente su rostro en dirección a Jaime esperando que él dijera algo que la hiciera regresar.

—¿Nunca te has enojado tanto que pierdes la razón?  Yo sé que mis papás me quieren y que soy diferente a ellos…bueno físicamente.  Pero eso no importa, lo qué pasa es que a veces los demás me hacen perder la calma.  El pinche Arturo sobre todo.  Se cree la gran chingadera y consigue que todos los demás le hagan caso, incluso la maestra Torres que a veces pienso le coquetea la pinche vieja al subdirector, y el cabrón nada más se hace pendejo porque le encanta ir a la clase a verle las piernas a la maestra, y se pone a hablar inglés porque piensa  que no nos damos cuenta lo qué está haciendo…y…

La mirada de Patricia lo detuvo.  En aquel preciso momento Jaime descubrió lo qué es gustarle a otra persona.

—¿Patty?

—¿Sí?

—¿Te puedo dar un beso?

—Róbame uno antes de que me arrepienta.

De inmediato Jaime se acercó y puso sus labios que temblaban sobre la boca de Patricia para sentir por primera vez el aliento de otro ser sobre sus pulmones.  Las bocas se movieron levemente mientras que la saliva mojada tercamente acariciaba los paladares marcando el evento como el primer beso de Jaime.

Patricia, cansada de esperar palabras del joven, acarició su pelo maternalmente para decirle:

—Ya despierta tontito, tienes mucho que aprender.

Se retiró con una sonrisa en los labios, con una victoria en su haber.

Jaime permaneció sólo pensando.

El tiempo le cayó en las manos...

—Ya sé lo que se siente besar a una chava… ¿y ahora qué voy hacer?

© David Alberto Muñoz

 

 

***

 

Manejaba a paso algo lento.  Su mirada se perdía de cuando en cuando con alguna muchachita yendo a la escuela que de alguna manera de acuerdo con él seducía a los presentes ya sea elevando su falda, pintando su cara o mostrando sus senos.

 




Otro día
Por David Alberto Muñoz
Un cuento


Despertó con un ligero dolor de cabeza.  La noche anterior no había tomado, al contrario, ya tenía más de dos semanas de no ingerir alcohol cuestión que le daba mucho orgullo, ya que al menos se convencía que no era un adicto, sólo un bebedor empedernido con la fuerza suficiente para detenerse cuando fuera necesario.  No estaba seguro por qué ese malestar que lo único que lograba era distraerlo de su actividad más importante en los últimos seis meses: pasar el examen de bienes y raíces y convertirse en un agente oficial aprobado por el gobierno con la autoridad de vender y comprar  casas que ya le habían dicho era la mejor manera de salir de su ruina.

—Aunque a veces me pregunto—se decía así mismo—con eso de la crisis económica y la devaluación del valor de las casas la cosa está de la chingada… Bueno… tengo que hacer algo.  No me la voy a pasar llorando mi tragedia.  No soy el único, hay mucha gente sin trabajo y el mentado congreso no se pone de acuerdo en qué hacer.

Se dio un baño y se perfumó con la loción que su hermano Jacinto le había regalado.  Polo, a él se le figuraba ser un aroma vanguardista que iba más allá de la postmodernidad, mucho más allá de la identidad contemporánea, lugar donde las  semejanzas humanas desaparecían dando entrada al mundo de lo absurdo y la muy reconocida estupidez. 

No obstante, le agradaba la fragancia que siempre pensó era muy masculina y llena de una magia que conquistaría a las mujeres con sólo el olerla.  Además, en su casa siempre le enseñaron que aunque fuera uno hombre debía de usar loción.  Era una señal del modernismo, ya era necesario dejar atrás los tiempos donde los varones olían a campo con estiércol, cuestión que le daba mucho asco.

Sobre el comedor de su hogar, encontró el panfleto que Luz le había obsequiado hace dos días.  Esa muchachita linda, morenita clara, de ojos verdes,  inocente pero con una sensualidad enjaulada que lo hacía masturbarse a escondidas  a pesar de sus años, pensando en poder acariciar ese cuerpo joven, puro, lleno de intocables reacciones, e igualmente, dispuesto a ser penetrado…bueno, al menos de acuerdo con su mente. 

Aquella joven lo traía loco.

—Son Testigos de Jehová—gritó con desencanto—Dicen que Jesús no era Dios hecho carne, que era simplemente “un” hijo de Dios.  Yo no los entiendo.  A mí siempre me enseñaron que Jesús el Nazareno era Dios hecho carne.  ¿Por qué ahora voy a dudarlo sólo porque la pinche Luz viene con sus cosas?  Toda mi vida asumí que Cristo era Jesús y que Jesús era el hijo de dios y que Jesús era Dios hecho carne.  ¿Por qué ahora no lo voy a creer?   Aunque por un faje a lo mejor le digo a la Luz que ya estoy cuestionando mi propia fe… Esta linda la criatura, huele a juventud, a frescura.  No importa… lo que creemos, lo que podemos creer, lo que tal vez creeríamos… todo es puro pedo.

Salió de su casa una vez que tomó la guía de estudios otorgada por la compañía que él contrató para ayudarlo a pasar el examen de Real Estate.  Eran más de 500 páginas, elegantemente acomodadas en una carpeta de color azul claro con impresiones en la portada y además, con espacio para que Eusebio Dolores Perez pasara el examen con garantía de o pasa, o la devolución de su dinero.

—¿Por qué me pusieron “Dolores” mis padres? —continuaban con un necio monologo—Ese es nombre de viejas.  Yo sé que hoy en día tiene uno que ser más complaciente con el discurso de la mujer pero yo crecí en otra generación.  Mi padre era un borracho de primera.  Mi mamá le aguantó todas sus infidelidades.  En aquellos tiempos todos sabíamos lo qué teníamos qué hacer.  No existían tantas alternativas como ahora.  Todo era mucho más sencillo… ¿no?  

Manejaba a paso algo lento.  Su mirada se perdía de cuando en cuando con alguna muchachita yendo a la escuela que de alguna manera de acuerdo con él seducía a los presentes ya sea elevando su falda, pintando su cara o mostrando sus senos.

—Yo creo que es cierto eso que dicen de los hombres.  Pensamos en el sexo cada 10 segundos.  Bueno, no 10, a lo mejor nada más cada 9 segundos.

Una carcajada infernal se dejaba escuchar mientras Eusebio continuaba dirigiéndose hacía el lugar donde él esperaba encontrar alivio a su precaria condición económica.

Finalmente llegó a la cita.  Más de seis meses en espera de poder tomar el examen y finalmente entrar a trabajar en algo que le daría estabilidad y dinero.

Era un cuarto inmenso con mesas acomodadas a manera de salón de clases.  Un tipo gordo, mal rasurado con cara de pocos amigos bostezaba mientras entregaba el examen a cada uno de los presentes que con rostro de esperanza deseaban ver el signo del dinero en sus futuros.

—You will have 3 hours to take the exam—hablaba el gordo con cara de enfado y casi sin acento—Once you are finished, please drop your exam at the main table  and make certain you get a number which will be your verification number with the Board for the Arizona State Exam.  Good luck!

Eusebio nada más observaba la escena mientras sus movimientos continuaban por simple inercia.  Gente vestida de traje, con nudos de corbata mal hechos, camisas manchadas de café o incluso de mole, hembras  vestidas con tacones y medias rotas,  así como algún otro loco que iba de shorts y sandalias; cada uno  tomaban su lápiz casi con desesperación mientras las autoridades competentes tan sólo se rascaban la cabeza en espera de que  algo sucediera.

Eusebio se sentó después de sonreírle a una mujer ya algo madura pero con un rostro agradable.

Leía:

“All of the following are included in the bundle of legal rights EXCEPT
     A.  right of control of the property.
     B.  right of enjoyment.
     C.  right of exclusion.
     D.  right of survivorship.”

—¡Que chingaos voy a saber yo!   Derechos, derechos, derechos—no cesaba de hablar consigo mismo—El único derecho que quisiera es el derecho de poder hacer dinero.  Lo mero que yo quiero es que me dejen pasar el examen.  A lo mejor le puedo dar una mordida al gordo ese con cara de pocos amigos.  Es hispano, y pues puede que sea paisa ¿no?  ¿Por qué no podemos hacer lo qué hacíamos en nuestra tierra?  Yo sé que hay leyes y demás pero que les cuesta darme una manita ¿no?  Me lleva la que me trajo…

Volteó a su lado derecho y pudo ver la pierna cruzada de aquella señora que le había llamado la atención. 

—¡Qué linda mujer! —pensaba—¿Tendrá hombre?  A esa edad y sobre todo en este país las mujeres se vuelven muy liberales.  Como la Juanita, que hasta se cambió el nombre por Johanna.   ¡Quién la viera!  En el pueblo a veces ni zapatos traía, y ahora nunca se quita los tacones y se pinta un chingo.  A mí a veces se me figura como si fuera un payaso… ¡Pero esa vieja está bien chula!  A mí siempre me han gustado las mujeres con buena pierna.   Bueno… tengo que poner atención en el examen.

“Emblements are
    A.  real property/fructus industriales.
    B.  real property/fructus naturales.
    C.  personal property/fructus industriales.
    D.  personal property/fructus naturales.”

—…a veces creo que a mí también me pasó.  No sé… tantos años de vivir en tierra extranjera y te haces mañoso.  A lo bueno se acostumbra uno muy rápido.  La primera vez que regresé a mi tierra todo se me hacía color de rosa pero al ratito ya andaba yo preguntando por la oficina de quejas y el departamento de desempleo.  No a de ser justo pero ahorita con eso de la crisis ando que me lleva la chingada.  No he trabajado en más de dos años, el desempleo ya se acabó, hasta traté de ir a piscar pero la mera verdad ya no aguanto, ya estoy medio viejo… ¡Mira nada más le vi el chon a esa vieja!  ¡Madre santa!

—You have ten more minutes to finish the exam.

—¡Uy qué mamones!  No dan chanza de terminar.  Creo que debí haber leído todo lo que estaba en la carpeta.  Pero a mí me da hueva.  No que no sepa inglés, pero es mucho material.  ¿Quién tiene tiempo?  Además, tanto término y la chingada.  ¿No podrán nada más darme la aprobación?

El gordo mal encarado recogió los exámenes de todos.  Les dio un número insistiéndoles que no lo perdieran porque esa sería la prueba de que habían tomado el examen.

 —¿Entonces todo lo que hay que hacer es tomarlo?

—No señor—respondió el gordito con un buen español—lo tiene que pasar pero eso se le hará saber a usted en tres a cinco semanas.

—¿Y mientras qué?

Aquel hombre con algo de sobrepeso solamente miró a Eusebio con ojos de misericordia para salir de aquel lugar con cada uno de los exámenes bajo su brazo.

Eusebio volteó a sus espaldas cuando sintió la mirada de alguien.  Eran sus compatriotas, sus paisas, sus compañeros inmigrantes.  Un hombre de ya más de 60 años con rostro de cansancio, una joven mujer con un vestido percudido, una señora con el pelo corto pintada a la moda con uñas de gavilán muy bien maquilladas, y él mismo, un ser en busca de una resolución para su vida.

Despertó con un ligero dolor de cabeza… 

Era un día más del otro lado de la frontera…

© David Alberto Muñoz

 

***

No pueden faltar consultas esotéricas, lugares donde se le promete al cliente ayuda por medio de la virgen de Guadalupe y las cartas del Tarot, respuesta a los problemas de alcoholismo, suerte, prosperidad, enemigos, infidelidades, envidias, limpias…

 

 

Ninel: El proceso continúa

Por David Alberto Muñoz

 

Phoenix, Arizona.- Deambulando por las avenidas de Phoenix, el individuo percibe una ciudad en proceso de desarrollo.  Los altos rascacielos son testigos oculares de todo lo que se lleva a cabo en esta metrópoli donde el ser inmigrante hispano, puede ser el mayor crimen imaginado.  Durante los meses de verano, cuando hace un calor de los mil demonios, encuentra uno una curiosa manifestación cultural hispana: revistas impresas de pura publicidad.  Todas son absolutamente gratis, pero leí en una de ellas donde ofrecían una recompensa de $500.00 dólares a quien reportara a personas robando revistas o racas, y que si observábamos cualquier actividad sospechosa la reportáramos de inmediato.   Este fenómeno no es nuevo dentro del valle del sol.  Hubo una época en la que al estilo Cacique se robaban revistas para ser destruidas.  Creo que esto constituye una violación a los derechos de la libre expresión y el libre negocio que reina dentro de la cultura estadounidense.  En la mayoría de estas revistas se puede leer: Tome una ¡GRATIS!

Existen infinidad de publicaciones que sirven el propósito de ser un termómetro social, económico y cultural de la gente hispana viviendo en el valle del sol.  Segunda mano, Latina, Somos, ¡Qué! Magazine, Employment Guide por mencionar sólo algunas.  Ya que cabe mencionar el hecho de casi cada semana surgen estas manifestaciones culturacapitalistas que muestran cómo muchos hispanos están siendo absorbidos por el cultivo local, mientras que de la misma manera, continúan mezclándose nuestras culturas híbridas, creando ya hasta tercera y cuarta generación de personas provenientes del sur de la frontera México-Estados Unidos.

Varios aspectos llamaron mi atención al leer estas publicaciones.  Muchos de los negocios grandes se anuncian casi en todas.  Bufetes de abogados que se especializan en aéreas distintas de la ley, inmigración por supuesto, caso familiares, DUI (manejando bajo la influencia por su siglas en inglés), casos criminales, casos de accidente, bancarrota, incluso abogados que supuestamente ayudan a evitar el mentado foreclosure con eso de la crisis de bienes y raíces, presentando también infinidad de agentes que se dedican a esta profesión. 

Multitud de compañías de seguro,  seguro de carro, de casa, de vida.  Dentistas, yerberías, médicos generales,  ginecólogos,   clínicas hispanas, mueblerías, restaurantes, compañías de aire acondicionado, tapicerías, llanterías etc. 

También, encontramos muchos anuncios que venden pastillas que supuestamente ayudan a combatir la impotencia sexual, o a aumentarla de manera considerable.  Productos 100% naturales que prometen erecciones de hasta 48 horas por medio de la estabilización hormonal, el aumento de la testosterona procesando de esta manera los orgasmos para que sean más sensitivos y de mayor duración.  Golden 7, Erecta Porte,  Pro-Sexsenxual, nuevamente mencionando sólo algunos.

No pueden faltar consultas esotéricas, lugares donde se le promete al cliente ayuda por medio de la virgen de Guadalupe y las cartas del Tarot, respuesta a los problemas de alcoholismo, suerte, prosperidad, enemigos, infidelidades, envidias, limpias, “salamientos” (andar salado), cambios de vida.  Hay infinidad  de estos lugares por todo el valle del sol, Familia de la Fe, Sra. Julia, Consejera Espiritual, quien es experta en amarres, triunfa en problemas imposibles, aleja rivales, enemigos y amores no deseados entre muchas otras cosas.   También tenemos al Profesor y profesora Guadalupe, expertos hechiceros y curanderos en la magia blanca y negra, quienes garantizan su trabajo 100%.   Clarividentes como Alejandra, expertas en amarres con poderosos hechizos para atraer, conquistar y “dominar” al ser amado.  Cura males y enfermedades desconocidos y además, su trabajo está garantizado en su totalidad en pocos días.

Cada una de estas publicaciones tiene su sección de clasificados personales, lugar donde el romance, los encuentros, el cortejo y el flirteo junto con el deseo de hallar  a un ser con quien compartir la vida produce  manifestaciones que bien pueden ser una disertación sociológica de qué sucede en la frontera a principios de siglo.  Por ejemplo:

“Hombre de 43 años, trabajador, casado, pero como si no lo fuera.  Busco dama entre los 30-40 años, que no sea borracha para compartir nuestras penas.”

“¡Hola soy Chuyita!  Mujer blanca de ojos café claros y buen cuerpo.  Busco hombre, que sea legal, que no sea problemático, ni mentiroso, ni infiel, que ofrezca una bonita relación.  Llámame y a lo mejor hacemos algo.”

“Sr. de 57 años, mido 5’7” y peso 200 libras. Busco dama, aunque no sea bonita no importa.  Sólo alguien que desee platicar con sinceridad.”

“Dama de 29 años.  Sola, sólo un hijo de 17 años.   No soy gorda ni flaca, no fumo ni tomo, me gusta bailar y pasarla bien.  Busco a un hombre, la edad no importa, sólo que sea detallista, limpio y sincero.”

Dentro de todo este panorama se publican en medio de miles y miles de anuncios secciones que intentan ser culturales: Un cuento corto: La cadenita, sobre un soldado que murió con una cadenita igual a la que la enfermera le dio a su hijo.  Entre amigas, donde las amigas se ofrecen ayuda, críticas, y lo qué sucede cuando aparecen “cuñaditas detestables”.  Una que otra biografía de página completa sobre el personaje de la semana, en este caso Facundo Cabral.  Psicólogos ofreciendo consejos con secciones tituladas: Dime cómo duermes y te diré quién eres.  Si alguien duerme boca abajo representa inestabilidad emocional, refleja una carencia afectiva o hipersensibilidad.   Sin poder faltar amputaciones llenas de sabiduría, donde se regala la forma más sencilla de vivir:

“Se tierno con la naturaleza”. 

“Mide tus triunfos por lo que tuviste que dar para obtenerlos”. 

“Abraza el cambio pero no olvides tus valores”. 

“Vive una buena vida y honorable.  Así, cuando llegues a viejo/a  puedas recordar tu pasado y disfrutar de tu vida una segunda vez”.

Todo este material confronta una cuidadosa reflexión.   La condición nuestra como grupo inmigrante está en pleno desarrollo.   Hay muchos de nosotros que para bien o para mal ya hemos echado raíces en tierras rojo azul.  Existen no sólo segunda, tercera y cuarta generación.  Sin embargo, hace más de 30 años no existían publicaciones de esta índole.  El español no se hablaba de la manera en que se habla hoy en día.  Los productos mexicanos que compramos a diario no existían.  Las tortillas que comíamos parecían de papel.  No encontrábamos tiendas como Food City, o Ranch Market Place.  La invasión hispana no se había llevado a cabo.  Era relativamente fácil cruzar la frontera, y si acaso es verdad que el racismo y la discriminación siempre han existido, el ser individuos procedentes del sur de la frontera representaba todavía cierto valor folclórico, cierta condición que nos proveía de ser seres algo “curiosos” para la mentalidad anglosajona de aquella época.

Actualmente las cosas han cambiado.  Esa explosión cultural reflejada en cientos de revistas con portadas sexys para atrapar no a los lectores pero sí a los mirones, muestran nuestra presencia ya trasformada en un capitalismo neto, donde utilizamos las mismas técnicas que hemos aprendido de los “dueños”, y que expresan ya de una manera aculturada, nuevos fenómenos que ya pueden ser considerados cultura actual, surgida del suroeste de los Estados Unidos.

Nos guste o no aquí estamos, esta es la condición actual de nuestra cultura que parece permanecer todavía en lo que podríamos llamar “cultura popular”.  No obstante, el proceso de desarrollo continúa.  En 10 o 20 años habremos avanzado (me gusta pensar) de manera increíble, y estaremos leyendo quizás no las mismas manifestaciones, sino más bien una cultura mucho más madura, donde podamos darnos cuenta del gran valor que tenemos, y donde podamos reflexionar de manera cuidadosa sobre los elementos que nos han llevado a ser lo que seremos.  Todo esto, con una verdadera apreciación de las artes, la literatura, la misma mercadotecnia que ya no nos cegara con la figura de Ninel Conde.  Más bien nos demostrará que ya hemos avanzado y que nuestro “crecer” no puede ser ya detenido.

Esta semana con un calor de los mil demonios, descubrí que el proceso continúa.

© David Alberto Muñoz

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Frente al escenario, un hombre ya maduro bailaba con una energía envidiable.  La banda de rock tocaba música de los años ochenta y más de dos mujeres se detenían a bailar con el susodicho quien cansó a más de cuatro y saltaba gritando con mucha emoción.


 

Crónica de un 4 de julio
Por David Alberto Muñoz
 

Tempe, Arizona.- El ambiente en todo el valle del sol se antojaba sazonado.  Un calor de los mil demonios hacía acto de presencia al igual que siempre.  Una a una más de 60,000 personas iban llegando al lago creado por manos humanas en la ciudad de Tempe, lugar donde también se encuentra la Universidad Estatal de Arizona.  Todos íbamos con el propósito de celebrar un aniversario más de la independencia de este país que ya es mío también.  Después de más de30 años de vivir en tierras rojo azul, es imposible negar el cariño que ha brotado en mi corazón para con los Estados Unidos de América.  Y debo decirlo, esto no ha disminuido en ninguna manera mi cariño por mi tierra ancestral.

Este cuatro de julio, la cultura anglosajona se dejaba ver en todo su esplendor.  Hombres vestidos de shorts con camisetas conmemorativas de la celebración de este año (incluyéndome a mí).  Algunos vestían anuncios de Jack Daniel’s, el whiskey de Tennessee, uno que otro, sin camiseta, con cuerpos de bodybuilders se lucían a lo largo de todo el parque, mientras que un montón de güeras alumbraban la escena con sus cuerpos tatuados y algunas deleitaban el ojo del varón con sus falditas diminutas.


 

Era una escena muy peculiar, el hombre pasado de peso que apenas puede caminar tomado de la mano de su niña quien se sentaba en una sillita de acuerdo a su pequeña estatura, mientras la gordita comía y comía con la desesperación producida por la común ansiedad del vivir diario.  No podían faltar las parejas jóvenes que desde que llegamos nos entretuvieron con un faje mutuo tirándose literalmente en el césped para aliviar al menos momentáneamente el deseo carnal que existe dentro de todos nosotros.  Algunas retrataban desvergonzadamente mientras sus ojos se cruzaban con los tuyos.  Los gringos escandalosos gritaban con orgullo al mismo ritmo que los veteranos anunciaban su presencia vistiendo parte de sus uniformes y la bandera estadounidense colgada en sus sombreros.  


El lugar se iba llenando poco a poco. 

Los patrocinadores eran mencionados cada cinco minutos, Wells Fargo, Cox Cable, Verizon, Budweiser,  y un montón de vendors que vendían hot dogs, pan indio, barbecue ribs y Pepsis a cinco dólares por botella.

La mayoría de la gente era blanca, uno que otro afroamericano y pocos mexicanos.  Tal vez se quedaron a ver perder a México contra Chile.  De pronto, a distancia pude ver un sij, miembro de la religión del Sijismo, esa curiosa combinación de islam con hinduismo.  De pie con su turban y su barba bien crecida el hombre entraba a una nueva cultura.  Su familia detrás de él vislumbraban un ambiente que tal vez era nuevo para ellos.  Su niña, de alrededor de 10 años de edad, observaba con asombro a las muchachas que vestían bikinis y volteaba a ver a sus padres como preguntando: “¿Qué es esto?”


Frente al escenario, un hombre ya maduro bailaba con una energía envidiable.  La banda de rock tocaba música de los años ochenta y más de dos mujeres se detenían a bailar con el susodicho quien cansó a más de cuatro y saltaba gritando con mucha emoción.

La noche llegó con una esperada frescura.  La gente continuaba llegando.  La noche era testigo del calor sudado de miles y miles de personas que deseaban celebrar la “libertad” que ofrece esta nación, aunque a veces a muchos todavía no la nieguen por ser distintos al status quo. 

Las voces crecían con el paso del tiempo.  Es muy curiosa la atmosfera general de las celebraciones estadounidenses, todo se hace decentemente y con orden.  Agentes de seguridad caminaban checando IDs sobre todo  si observaban a un joven bebiendo alcohol.  Traían una maquinita que de inmediato comprobaba si la identificación era legítima o no.   Policías del departamento policiaco de Tempe cercaban la escena siendo simplemente observadores de lo que ocurría.  Estudiantes de ASU llegaban haciendo sus observaciones intelectuales mientras se repartían cervezas y estiraban los brazos en señal de celebración.

Después de varias horas se presentó el espectáculo de los fuegos pirotécnicos.  Por más de 40 minutos el cielo se alumbró con luces de colores que parecían despertar a las mismas estrellas lejanas que observaban con ojos de sueño la escena.  Fue precisamente ese momento el que me hizo reflexionar.  Lo